«-Perfectamente —dijo el Gato; y se fue esfumando poco a poco, comenzando por la cola y terminando por la sonrisa; ésta permaneció largo rato allí cuando ya todo él se había desvanecido.
—¡Qué extraño! ¡Nunca había visto que los gatos se sonrieran; pero una sonrisa sola, sin gato, es una cosa más rara todavía!»
Lewis Carroll,
Alicia en el País de las Maravillas.