EL NACIMIENTO DE SENSOATANATH
Isidro López Neira
«...De manera que no hay un solo mundo, una sola tierra, un solo sol, sino tantos mundos cuantas lámparas brillantes vemos en torno a nosotros, las cuales están en un único cielo, lugar y ambiente, tanto como este mundo, en el cual nos hallamos nosotros, está en un único ambiente, lugar y cielo. Pero si infinitos son los mundos y las Galaxias, el hombre no puede ser el privilegiado de la creación. Tanto menos lo es un único pueblo, perteneciente a las múltiples y multifacéticas razas humanas.»
Giordano Bruno
Astrónomo, filósofo, religioso y poeta italiano, condenado por la Inquisición y quemado en la hoguera por herejía en 1600. Afirmó que el Sol era una estrella más y que había infinitas estrellas en el Universo, con infinitos planetas con vida en ellos, en los que podía haber apariciones de Jesús y otros Papas. Esto último, que no podía ser admitido por el Papa Clemente VIII le costó la vida.
La tenue luz del crepúsculo iluminaba las suaves colinas de Urgur tintándolas de morado y azul, mientras los hazak se desplazaban suavemente por encima de las rocas y los arbustos del terreno. Casi se había ocultado Milón, una de las estrellas del sistema doble que calentaba el planeta y estaba a punto de hacerlo Turón, el otro astro que iluminaba a Izven.
Los hazak son unos animales similares a los mamíferos procedentes de la Tierra, con la diferencia de que en vez de tener cuatro patas tenían ocho, dispuestas alrededor de su cuerpo circular, lo que les daba un aspecto parecido al de un arácnido o un cangrejo, pero con cabeza de hipopótamo. Esta disposición morfológica les permitía desplazarse fácilmente por cualquier tipo de terreno, manteniendo el equilibro y una posición horizontal, lo que había sido aprovechado por los habitantes de Izven para usarlos como un excelente medio de transporte.
Desde la ventana de la cabina ubicada a lomos del hazak contemplaba el extraño atardecer, y como no había nada mejor que hacer, comencé a hacer un repaso mental de cómo la historia me había llevado hasta estos parajes perdidos de un planeta, ubicado a 15 años luz de la colonia de humanos más próxima.
Todo se inició en el planeta madre: la Tierra, que a mediados del siglo veinte de su historia, comenzó a explorar el espacio cercano, haciendo que la humanidad empezara a tomar conciencia de su destino colectivo. Hubo un momento complicado en aquel azaroso siglo, en el que la civilización humana estuvo a punto de sucumbir víctima del fanatismo y del odio, pero surgió una especie de “mano protectora” que impidió que la humanidad, se volviera loca y se autodestruyera en un holocausto nuclear. Posteriormente se vislumbró que la acción del hombre podía acabar con la naturaleza, con el medio ambiente, que un desarrollo infinito sólo era posible expandiéndose fuera de los límites del planeta, y había que limitar el crecimiento en la Tierra en un punto de equilibrio en el que la biodiversidad y el medio ambiente pudieran sobrevivir.
En el siguiente siglo, quedó claro que la forma de pensamiento que predominaba desde hacía dos siglos, no era la correcta para llegar a este equilibrio, el capitalismo era bueno pero para una sociedad atrasada que tenía que dar el salto para poder abastecer a toda la población, pero este desarrollismo a toda costa tenía un límite; el desarrollo en un planeta, no podía ser infinito porque los medios y los recursos de los planetas son finitos. La raza humana tendría que expandirse más allá de su planeta azul, si quería seguir creciendo.
Pronto se dio cuenta la humanidad en el siglo XXI, que un sistema basado en la acumulación de capital, había dado lugar a poderosas empresas multinacionales que concentraron primero el poder económico y finalmente el poder político; llegando a dominar los gobiernos de los países, que eran las regiones independientes que existían en aquellos momentos en el planeta.
Estos estados, —era como se llamaban también aquellas divisiones de antaño— no tuvieron más remedio que unirse, para hacerse tan poderosos como las multinacionales que controlaban casi toda la producción de bienes en la Tierra; lo que había generado una legión famélica de ciudadanos sin recursos porque no encontraban trabajo, ya que la automatización y robotización de la producción, había expulsado a los seres humanos de las fábricas y de los centros de producción.
Los últimos rayos de Turón bañan los gigantescos árboles del valle, que con la luz violeta parecen gigantes bailando una danza pétrea y milenaria. Las montañas por las que transito ahora, están compuestas por un mineral parecido a las rocas graníticas que he visto en los documentales sobre la Tierra, y caen por las laderas, como gigantescos y macizos racimos de uvas entre los que crecen los barobanes, parecidos a los baobabs traídos desde la Tierra para poblar mi planeta de origen.
Los hazaks no necesitan caminos llanos para desplazarse, caminan perfectamente por terrenos pedregosos porque la evolución les ha adaptado para ello, no obstante el ir y venir por el fondo del valle que estamos recorriendo, ha ido creando una especie de camino con los siglos.
Diviso al fondo un estrechamiento, en el que las montañas se juntan casi tocándose en sus cumbres, creando un desfiladero sinuoso por el que se llega a Masodo, ciudad rodeada por un gigantesco círculo de montañas formando un gigantesco cráter; posiblemente formado por un meteorito hace millones de años. Ya me quedaba poco para llegar al estrecho pasillo que atravesaba las montañas, después del cual, podría divisar el pueblo escondido.
Volví la mirada hacia adentro, dejando que mis pensamientos, fluyeran suavemente como las aguas de un río que acarician suavemente las orillas por donde transita.
Ya a finales del siglo XXI los continentes se habían unido formando un solo estado; América desde el norte hasta el sur constituía una nación; lo mismo sucedía con África, Europa y Asia que se unieron en un solo país llamado Eurasia; a excepción de La India y todos los países musulmanes, que formaron una nación y la antigua Oceanía, que constituyó su propio estado disperso por todo el océano Pacífico.
Pronto los gobiernos de estos gigantescos estados, se dieron cuenta que las poderosas multinacionales seguirían creciendo permanentemente, si no se les impedía de alguna forma hacerlo y finalmente, se reproduciría el mismo problema que existía antes de la unificaciones del siglo XXI. Entonces se pusieron de acuerdo en limitar su poder obligando a las empresas a fraccionarse, a dividirse, cuando alcanzaran cierto tamaño, no permitiendo además que una persona sola, o un grupo familiar poseyera más del 20 por ciento de una de estas gigantescas empresas. Además se fue limitando su movimiento más allá de las fronteras de los macroestados del siglo XXI con medidas proteccionistas que frenaron la globalización, evitando que los centros de producción se trasladaran a zonas del planeta donde los salarios fueran más bajos; lo que permitió una estabilidad en la calidad de vida de la población. Las poderosas empresas de antaño, se fueron convirtiendo en agrupaciones de cooperativas gestionadas por los trabajadores, que aunque se les permitía financiarse a través de la bolsa, solamente lo podían hacer con el 30 por ciento de su capital; el resto tenía que estar en manos de los productores. La economía se localizó, y el campo y la ciudad se equilibraron, empezando a producirse los alimentos, en un radio no mayor de 100 kilómetros de sus consumidores. La producción artesanal se desarrolló por todo el mundo, así como la descentralización de la producción energética, y de los bienes manufacturados que se distribuían por todo el planeta gracias a internet. Los beneficios se repartían entre los socios cooperativos, en vez de acumularse en pocas manos, y esto permitió la estabilidad del sistema financiero, que ahora estaba bajo el control de los productores y que se autorregulaba, permitiendo una calidad de vida satisfactoria para toda la población.
Durante el siglo XXII los continentes-nación se fueron desarrollando, manteniendo el equilibrio de poder entre lo público y lo privado, y creando unas condiciones de bienestar que permitieron prosperar a los ciudadanos.
Pero una sombra se cernió sobre el futuro de la humanidad, porque se conservaron los ejércitos y los sentimientos nacionalistas, ahora engrandecidos e inspirados por los enormes tamaños de los nuevos países, y empezaron a surgir las rivalidades y los fanatismos patrióticos, que pusieron en peligro el equilibrio y la armonía en la que habían vivido las naciones construyendo los nuevos continentes-estado.
El concepto de nación fue inventado en la Tierra, por la burguesía en la Revolución Francesa del siglo XVIII en oposición al concepto de súbdito de un señor, que mantuvieron las Monarquías, hasta aquel momento en el que surgió la concepción del ciudadano libre con derecho a decidir agrupado en una nación. Los hombres dejaron de ser siervos en el siglo XIX y posteriores. El ejército era un servicio a la patria, a la colectividad, no una soldadesca pagada por el Rey y esa conciencia colectiva, que en principio significó la liberación para muchos seres humanos, que no dependían de la estirpe en la que habían nacido para poder prosperar e influir en el poder, consiguió que la burguesía desbancase a la nobleza y la aristocracia, realizando una Revolución Industrial, que desembocó en lo que se conoció como capitalismo, generando nuevos imperios y dos guerras mundiales en el siglo XX.
La luz anaranjada de la primera luna de Izven asoma por el horizonte, y empieza a iluminar levemente el terreno, mientras el hazak, está a punto de internarse por el estrecho sendero que atraviesa las montañas que rodean a Masodo. Estos animales no necesitan luz para desplazarse en la oscuridad, poseen una excelente visión nocturna, y sus pupilas se dilatan para recoger la más mínima claridad reflejada por lo que les rodea, por lo que la cabina que me transporta a mí, y a unos intrigados y silenciosos compañeros de viaje, no llevan ningún foco, o algo similar que permita ver los parajes por los que viajamos; por lo tanto decido continuar con mis meditaciones mientras intuyo a pocos metros de mí, las formas de las grietas en las rocas de la pared, que al pasar por la ventana parecen dibujar figuras extrañas.
El caso es que el belicismo acompañado del nacionalismo, empezó a crecer en las poblaciones de las cinco naciones que existían a finales del siglo XXII y principios del XXIII, y los formidables ejércitos, y el poderoso armamento que habían acumulado las cinco potencias a lo largo de más de un siglo de prosperidad, eran temibles, tenían la capacidad de acabar con la vida en la Tierra cientos de veces.
Esta situación ya se había repetido en la historia de la Tierra en el siglo XX. En aquella ocasión entre dos bloques que se disputaban la hegemonía en el planeta, pero finalizó con la caída de uno de ellos. En esta ocasión, todas las regiones del planeta estaban en una situación de prosperidad, y aunque había diferencias en el potencial armamentístico, cualquiera de las naciones podía acabar con las restantes con su capacidad de destrucción. Si se iniciaba una guerra, la autodestrucción de la raza humana estaba garantizada.
Esto mantuvo la paz hasta más allá de la mitad del siglo XXIII, la búsqueda de alianzas entre los cinco continentes para dejar desbancado a los oponentes fue infructuosa; al no existir la dependencia económica de ninguno de ellos las alianzas eran frágiles y se quebraban al poco tiempo, las materias primas empezaban a escasear y las enemistades con un continente significaban la escasez de esas materias, con lo que de nuevo había necesidad de establecer alianzas con los que hasta hace poco eran oponentes. Por otra parte en oposición al belicismo y fanatismo nacionalista, empezó a crecer un sentimiento pacifista e integrador que reclamaba la unificación de toda la raza humana, y la población empezó a organizar a través de internet protestas de desobediencia civil, de resistencia pasiva y no violenta a los gobiernos para que se unieran en una sola nación universal, desterrando para siempre el peligro de la guerra y la autodestrucción de la vida en el planeta.
Al principio la represión fue terrible y millones de personas fueron encarceladas por todo el orbe, pero finalmente la reivindicación de la unificación, fue calando poco a poco en la población, lo que obligó a los gobernantes a aceptar la idea. Primero fueron América y Eurasia las que decidieron unirse en una sola nación, después de consultas populares. África y la República Musulmana que abarcaba también a la India, se mostraron más reticentes por su secular rechazo a lo que antaño representó el “primer mundo”, pero finalmente terminaron por sumarse a esta nueva unificación, sucumbiendo a la presión de sus ciudadanos. Y finalmente Oceanía, ya entrado el siglo XXIV también aceptó un gobierno mundial renunciando a su bandera pero conservando cierta autonomía, debido a sus peculiares características insulares.
Al frente y a lo lejos se divisa una franja anaranjada-rojiza entre las gigantescas paredes de roca, que se va agrandando lentamente a medida que nos acercamos a ella, indicándome que la segunda luna roja de Izven, ya ha debido de elevarse por el horizonte derramando su luz escarlata por las llanuras que preceden a Masodo. La sensación de pasillo oscuro del desfiladero, me produce cierta intranquilidad y aunque no llevo mucho tiempo en el planeta, me han hablado de ciertos animales salvajes que pueblan estas montañas y que podrían poner en peligro el término del viaje; a falta de mejor cosa que hacer, procuro calmar mis malos presagios, quedándome absorto en mis pensamientos sobre la historia de la raza humana.
Con toda la humanidad unificada en el siglo XXIV, el gobierno mundial se concentró en aumentar el bienestar de los habitantes del planeta, y enseguida se vio la necesidad de destinar todos los medios que se habían empleado en los ejércitos y en el armamento, en la exploración del sistema solar, también porque determinados recursos minerales habían empezado a escasear, e incluso en algunos casos se habían consumido totalmente en la Tierra.
Finalmente, se tomó conciencia definitivamente de que un desarrollo infinito era imposible sin salir más allá del planeta. Había que mantener la población en unos límites razonables para el medio ambiente, para que hubiera suficientes medios para alimentar a los cerca de 40.000 millones de habitantes, a los que se había llegado pese al control de natalidad. Más allá de esta cifra, peligraba el equilibrio ecológico y se deterioraría tanto la calidad de vida de las personas, que no merecería la pena vivir en el planeta, y además se terminaría por alterar el medio ambiente de tal manera, que el calentamiento global que se había conseguido frenar en los siglos anteriores, sería irreversible. La única solución sería la expansión de la especie humana a las estrellas, pero a pesar de los avances que se habían conseguido en los últimos siglos, en los que se habían establecido pequeñas colonias en Marte, había bases en la Luna y en algunos satélites de Júpiter, y estaciones espaciales permanentes en la órbita de Venus, Mercurio, y Saturno, todavía no se había desarrollado una nave espacial que fuera capaz de viajar a las estrellas más cercanas, en un periodo de tiempo razonable a escala humana. Los propulsores de plasma proporcionaban una impulsión constante, pero no suficiente para alcanzar la velocidad de la luz en un periodo de meses e incluso años, por otra parte, cuando los viajeros se encontraran al final de su viaje, estos cohetes no tendrían la suficiente potencia para frenar la nave. Había que buscar otras soluciones.
Por fin, se desarrollaron los cohetes actuales, en los que la propulsión viene dada por la detonación nuclear controlada del uranio, retardando ésta durante varias horas, lo que proporciona un impulso suficiente a las naves que surcan el universo cercano a nuestro planeta madre, para alcanzar una velocidad cercana a la luz; aunque el proceso necesita de varias explosiones en un periodo de algunos meses, para adaptar a los tripulantes a la velocidad que se va generando en cada explosión.
Pronto se empezaron a construir naves espaciales a modo de arcas de Noé, conteniendo toda la información que había acumulado el ser humano a lo largo de su historia, y también los elementos necesarios para reproducir el medioambiente de la Tierra en ellas, permitiendo la supervivencia de la tripulación de forma permanente gracias al desarrollo de las técnicas de reciclado, si bien, había que mantener la población de estas naves dentro de unos límites razonables, mediante el control de la natalidad.
Los telescopios habían descubierto miles de planetas orbitando estrellas cercanas al Sol, y cientos de ellos reunían las condiciones para albergar vida. Si bien, no se han encontrado seres con una inteligencia similar a la especie humana, salvo en cuatro planetas, pero todos ellos con civilizaciones muy poco desarrolladas, análogas al periodo posterior a la última glaciación de la Tierra, salvo el caso de Izven, que tenía una estructura social más compleja y cierto nivel de desarrollo técnico, parecido al siglo XVIII terráqueo en algunos casos, y en otros aspectos incluso posterior a esa fecha.
El hazak ha traspasado la barrera de montañas que rodean Masodo, dejando atrás el estrecho desfiladero, que permite la entrada a una gigantesca planicie plagada de arbustos aplastados y circulares, cuya forma almohadillada les sirve para generar su propio microclima, conservando el calor del largo día Izveniano para las frías noches; a la vez que les vale para protegerse de los violentos vientos y las tormentas de arena, que se desatan en las llanuras de Masodo.
Sobre el firmamento se ven ya las tres lunas de Izven. La tercera con un aspecto similar a la de la Tierra de color blanco, contribuye con su resplandor plateado a tamizar el ocre y el naranja de las otras dos, dotando de un color ambarino a las llanuras moteadas de arbustos carmesí.
Esta visión me recuerda a mi planeta natal: Baruyan distante 15 años luz de Izven y a otros 40 del planeta madre, es muy posible que no vuelva a ver el primero, y seguro que nunca llegue a conocer los verdes prados del segundo, solamente por las holografías que he visualizado en Baruyan que tiene cuatro lunas anaranjadas orbitándole. Pero no me quejo de ello, y tengo que desterrar todo sentimiento de melancolía, éste es el destino de miles de humanos que han abandonado la Tierra, o los planetas colonizados en los últimos siglos. Desprenderse de sus orígenes y poblar el Universo, esa es la misión del hombre.
La humanidad comprendió a partir del siglo XXV que había que abandonar toda concepción geocéntrica respecto al Universo. Con la tecnología y conocimientos que habíamos alcanzado, no es posible superar la velocidad de la luz sin destruir la nave y sus tripulantes, que se convertirían en energía, por lo tanto, con velocidades sublumínicas aunque próximas a los 300.000 kilómetros por segundo, sólo se podrían hacer viajes que duraran como máximo 15 o 20 años, para que el ideal de una nueva colonización fuera alcanzable y se llegara a destino con una edad apropiada para reproducirse en el nuevo planeta, o bien volver al de origen o poder continuar a otra estrella cercana. Las técnicas de congelación habían fracasado, una tras otra, y las secuelas de todo tipo que se producían al despertar, habían hecho imposible la aplicación de la criogenización para los viajes espaciales. Se intentaron otras posibilidades basadas en la hibernación de algunos animales de la Tierra como los osos, o ciertas ranas, que tienen la capacidad de congelarse en invierno y revivir en la primavera, pero todos los experimentos fracasaron, ni psicológicamente, ni biológicamente resultaron viables.
Como alternativa, el gobierno mundial decidió construir las gigantescas naves-arca, que irían repartiendo a la raza humana por todo el Universo cercano a la Tierra, y que una vez que arribaran a los nuevos planetas, pudieran establecer pequeñas colonias que tuvieran la capacidad de poblar los nuevos mundos, con el devenir de los siglos, reproduciendo la civilización alcanzada en el planeta madre, gracias a todo el saber acumulado en los archivos de las naves espaciales, y a los bancos de semillas y a los animales que llevaran consigo, en los pequeños mundos enviados a los distintos planetas exteriores.
Por otra parte la estrella más cercana con planetas habitables es Alfa Centauri; distante 4 años luz de la Tierra, pero el resto están ubicadas a una distancia media de 15 a 80 años luz, por lo que se hizo evidente que una comunicación con esos años de retraso, impedía todo intento de gobierno central desde la Tierra. Se optó por lo tanto, por la solución de dar autonomía total de gobierno a estas naves, y posteriormente a las colonias que se establecieran en los planetas visitados, confiando que entregándoles toda la herencia cultural y los medios para poblar el planeta, se repitiera el esquema que había permitido sobrevivir a los humanos en la Tierra y expandirse más allá del sistema solar.
En la línea del horizonte se empieza a dibujar la forma de Masodo, construida sobre una gigantesca roca negra que sobresale unos quinientos metros sobre la planicie que la rodea.
Desde la muralla circular de montañas, hasta la ciudad situada en el centro de la circunferencia, hay cincuenta kilómetros de los que ya habíamos recorrido aproximadamente la mitad; por lo que me quedaba media hora de suave balanceo, hasta llegar a las puertas del Palacio presidencial, donde según el protocolo establecido, me estarían esperando las autoridades de la ciudad para recibirme.
Al descubrir el estado evolutivo de los habitantes de Izven, se produjo un intenso debate en Baruyan el planeta colonizado más cercano —y encargado por lo tanto de colonizar Izven—. En los otros tres planetas en los que se encontró vida inteligente similar a la especie humana, su estado evolutivo era muy primitivo, y su estructura social muy poco compleja, ni siquiera habían desarrollado la escritura en dos de ellos, y en los otros dos, las civilizaciones permanecían aisladas. La colonización fue muy sencilla, y el bienestar y la organización social que se les proporcionó a los primitivos habitantes de esos planetas, hizo que la irrupción del hombre en ellos fuera pacífica y poco traumática. Pero en Izven las cosas eran distintas, los conocimientos culturales de los izvenianos eran complejos, su civilización estaba todavía dividida en distintos imperios, pero tenían conocimientos suficientes para saber por ejemplo, que su planeta era redondo y que en el universo había otros similares al suyo; ya tenían telescopios que les permitían observarlos.
Se planteó en un primer momento el respetar su desarrollo sin intervenir en él, sacando a colación una antigua tesis que tenía sus orígenes en el Derecho Natural, diciendo que una especie de justicia universal velaba, porque solamente alcanzaran un cierto grado de desarrollo, las especies que fueran capaces de superar sus peores instintos violentos. Por el contrario, aquellos planetas en los que sus pobladores no consiguieran trascender sus impulsos primitivos, terminarían autodestruyéndose y por tanto no llevarían la violencia más allá de su propio planeta. Es como si existiera una especie de barrera de seguridad en un plan universal que no debe de quebrantarse, que indica que debe de dejarse a las civilizaciones que han alcanzado cierto grado de desarrollo, que sigan su camino, hasta alcanzar un crecimiento tecnológico suficiente en el que tengan capacidad para autodestruirse, y comprobar si superan este momento o no, para poder incluirlos en una hermandad universal una vez que ya se tiene la seguridad que esa especie, ha superado su estado primitivo y ha renunciado a cualquier instinto violento destructivo.
Pero finalmente ganaron las tesis más pragmáticas, que se apoyaban en la falta de solidaridad que suponía, el dejar que una especie se autodestruyera sin hacer nada, teniendo los medios para impedirlo, y también el sufrimiento que se podía evitar, proporcionando la tecnología necesaria para lograr una producción de alimentos para toda la población, que evitara las hambrunas por el desabastecimiento, así como las muertes prematuras que también se evitarían, por los conocimientos médicos que los humanos podíamos transmitir a los izvenianos. Se concluyó que quedarnos como meros espectadores, esperando a ver si los habitantes de Izven superaban esa hipotética barrera, era arrogante y un punto de vista desde una posición de superioridad, que no estaba justificada nada más que por una diferencia de unos pocos siglos o milenios de historia. Por otra parte, no estaba claro que las civilizaciones humanas que se estaban desarrollando en los nuevos planetas colonizados, no pudieran retroceder a etapas históricas anteriores, ni lo que sucedería cuando el hombre entrara en contacto con otras especies más evolucionadas del universo.
Se decidió, por lo tanto, intervenir en la evolución de Izven, darse a conocer, pero no de forma brusca, sino escalonada permitiendo que la civilización del planeta conservara sus estructuras sociales, y no se produjera el caos en los estados existentes en ese momento. Para ello, se hizo un despliegue muy planificado, en el que una nave aterrizó cerca de los edificios emblemáticos de cada imperio, y se entrevistó con los líderes políticos que los gobernaban. Al principio existió recelo y desconfianza, pero pronto, al ver como nuestros médicos curaban sus enfermedades, como les facilitábamos medios tecnológicos para aumentar sus cosechas y producir alimentos, la especie humana fue ganando su confianza, convenciendo a los Izvenianos para que se unieran en un solo imperio, y luego destruyeran sus inútiles armas disolviendo los ejércitos.
Esto se hizo con una expedición de humanos muy reducida, pero muy instruida en la diplomacia y en la sociología. Primero, se priorizaron las ciudades, y se fue implantando un régimen democrático basado en la autogestión y la libertad de expresión en las urbes, y luego se decidió enviar a expedicionarios a las provincias más alejadas, para ser los portavoces del nuevo sistema y también, para hacer trabajos de campo sobre el sistema sociológico de las distintas regiones. Esa era mi misión en Masodo, tratar de estudiar las costumbres de los habitantes de la ciudad, y servir de enlace con el gobierno de la Capital del Imperio.
El hazak estaba a pocos metros de la antigua muralla de la ciudad, a punto de atravesar una de sus puertas, e internarse por las calles que escalaban la gigantesca roca, sobre la que se asentaba Masodo. El palacio presidencial se encontraba en una meseta ubicada en el centro de la ciudad, justo al lado del templo de Sensoatanath, consagrado a la extraña religión de los habitantes de esta región.
El gobernador de la ciudad y otros representantes del gobierno local, junto a los sacerdotes del templo, me esperaban a la puerta del palacio. Me recibieron al bajar de la cabina que transportaba en su lomo el agotado animal, con una mezcla de parsimonial reverencia y espíritu ceremonioso, que caracteriza a los masodianos. Tras una breve cena, en la que fui apabullado a preguntas sobre el cambio que se estaba produciendo en la capital, me condujeron al hotel donde iba a alojarme durante mi estancia en Masodo, para que pudiera descansar del viaje.
A la mañana siguiente, después de un buen desayuno me dirigí al despacho del gobernador de la ciudad, en el breve itinerario del hotel al palacio, a pesar de que todo el mundo estaba avisado de mi llegada llamé la atención de los transeúntes; aunque iba vestido de acuerdo a los modos de la ciudad, mi aspecto físico difería notablemente de los masodianos. Mi altura es similar a la de ellos, pero mi ascendencia familiar procedente de la región escocesa de la Tierra me ha proporcionado una cabellera pelirroja y una piel blanca, y me hacen destacar enseguida atrayendo las miradas, unas veces furtivas, otras descaradas, sobre todo de los niños y adolescentes.
Morfológicamente los masodianos tienen un aspecto parecido al del ser humano, un tronco esbelto, cuatro extremidades como las nuestras, pero la cabeza es distinta es casi cónica con una inclinación de 45 grados, rematada en una pequeña protuberancia también de forma cónica que los distingue del resto de los izvenianos. Los ojos son grandes y ovalados disponiéndose de forma inclinada hacia arriba, a ambos lados de una pequeña nariz, los labios son carnosos y grandes, y las orejas son prácticamente iguales a las nuestras pero más aplastadas.
El gobernador me estaba esperando en su espacioso despacho con unas vistas increíbles a la llanura que rodea la ciudad, y la muralla de montañas al fondo, iluminadas por la fuerte luz de los dos soles del planeta.
—¿Ha dormido bien?
—Perfectamente, la habitación es muy acogedora, le agradezco su estupenda elección.
—Dígame ¿Qué planes tiene usted con respecto a la ciudad?
—Yo vengo solamente en calidad de observador, vengo a aprender de ustedes, no quiero interferir en las tareas de gobierno, ni en el desenvolvimiento habitual de la actividad de Masodo. Las directrices generales se marcarán desde la capital poco a poco, y en ese momento yo estaré aquí para ayudarles en lo que sea necesario; pero el cambio, la transición, la realizarán los masodianos y cuando concluya mi misión, abandonaré el lugar. Mientras tanto, disfrutaría muchísimo si pudiera conocer sus costumbres y sus gentes, también su historia.
—No hay problema, entonces le asignaremos un secretario particular para que le ayude en su tarea y le vaya mostrando todo lo que usted desee.
Pulsó un timbre (los masodianos conocían la electricidad desde hacía pocos años, pero los edificios públicos y los barrios más pudientes ya la tenían instalada) y entró un funcionario al que le dio instrucciones para que hiciera pasar a una persona, que estaba esperando en la sala contigua. Al momento, penetró en la estancia acompañado de quien iba a ser mi compañero y confidente a partir de ese momento en Masodo.
—Este es Mercurial que desde ahora le ayudará en todo lo que necesite.
Me levanté presentándome amablemente estrechando su mano.
—Así nos saludamos los humanos, espero que no le moleste.
—Por supuesto que no, ya he leído algo sobre ustedes.
Continuamos la conversación explicándole el gobernador a mi nuevo amigo, lo que yo le había comentado antes, y las instrucciones que tenía de la capital del Imperio, de que me prestarán la máxima atención y ayuda posibles; insinuándole que esto podría ser decisivo en su carrera profesional.
Posteriormente seguimos conversando sobre la marcha de la unificación de los imperios, y de los adelantos médicos y tecnológicos que estaban produciéndose en todo el planeta. Yo le indiqué que lo importante no era solamente el progreso material, que sin duda se iba a producir lo que realmente era prioritario, es que los izvenianos interiorizaran los valores que acompañaban a ese progreso; como la resolución pacífica de los conflictos, la tolerancia con los semejantes y el predominio de la solidaridad sobre el egoísmo. La civilización que habíamos llegado de las estrellas podíamos facilitar el bienestar económico y la salud de la población, incluso podíamos alargar el periodo de vida de los izvenianos hasta superar los 150 ciclos, pero nada de esto valdría de nada si no se incorporaban esos valores en cada habitante del planeta, porque entonces en cualquier momento se volverían a repetir las terribles guerras que habían sufrido, y también las mismas desigualdades y miserias que venían padeciendo desde hacía miles de ciclos. Se retrocedería a un estadio anterior, pero ahora en una situación mucho peor, porque el poder destructivo estaría aumentado por los avances tecnológicos proporcionados y se podría acabar con la vida en el planeta.
Los dos parecieron muy interesados con esta disertación; en un momento de la conversación el gobernador dijo que se acercaba la hora del catarcol, ceremonia que celebran cada cinco días y a la que asisten todos los habitantes de la ciudad en los respectivos templos barriales.
Nos dirigimos hacia el contiguo templo de Sensoatanath, que se erguía majestuoso sobre toda la ciudad con sus torres cristalinas construidas con un material parecido al cuarzo, que se extraía de las montañas que rodean Masodo. Su altura era mayor que la del palacio presidencial de forma intencionada, como una muestra de que el poder espiritual es superior al poder terrenal de los gobernantes de la ciudad.
A las puertas del gigantesco templo nos esperaba una multitud, que se había congregado por la curiosidad que provocaba mi presencia, y que me observaba con ojos inquirentes y temerosos. Pasamos entre medias de ellos a través de un pasillo que se fue abriendo en silencio a nuestro paso, e introduciéndonos en el templo nos sentamos en unos asientos de primera fila, en una sala que tenía dispuestos cientos de bancos circularmente, en torno a una roca de un metro y medio de alto de forma irregular, pero que en su conjunto parecía un cilindro rematado en una cabeza roma, de algo que se parecía a los dragones de la Tierra, que había visto en algunas holografías del planeta-madre. El dragón tenía la boca abierta, tratando de infundir temor, y en sus fauces amenazadoras de piedra tenía una puerta, en lo que podría ser el fondo de la garganta.
Todo el conjunto estaba ubicado bajo una gigantesca cúpula hecha de un material transparente, que cuando era iluminada por los soles de Izven, producía unos reflejos iridiscentes por toda la sala. Había unos sahumerios que arrojaban su aroma por todos los rincones, y en un costado un coro que entonaba unos cánticos que me recordaban a las letanías de los monjes budistas del Tíbet allá en la lejana Tierra.
¡Qué curioso! —pensé— todo estaba dispuesto para exacerbar los sentidos, y estimular la mente provocando una experiencia mística, algo que se había probado desde hacía siglos por los humanos, y que últimamente se estaba abandonando, por la implantación de una religión interior que no necesitaba de estos ritos colectivos.
Irrumpió en la sala el sacerdote mayor de Masodo; iba ataviado con una gigantesca túnica de varios colores que arrastraba dos o tres metros por detrás suyo, flanqueado por dos masodianas portando también vestidos que dejaban ver parte de su sinuosa anatomía de forma aparentemente descuidada, mientras andaban con movimientos sinuosos y sensuales.
—Son las vírgenes del templo —me comentó Mercurial.
—Están educadas desde niñas para manejar el orgón y llegar a la transmutación espiritual, cuando lleguen a su edad adulta. De esa manera podrán convertirse en pitonisas del oráculo de Sensoatanath.
El sacerdote inició el ritual con un cántico en Masodo antiguo que no entendí, y que era seguido por los asistentes de forma rítmica.
Cuando terminó, y después de hacer varias invocaciones que acompañaba con una géstica un tanto histriónica, llamó a los asistentes al catarcol, para lo que se fue formando una cola en forma de espiral que terminaba ante la piedra de forma cónica, ubicada en el centro del templo.
A continuación el sacerdote con un gesto brusco, abrió la puerta de la boca del dragón, de la que salió un olor pestilente que inundó las cercanías incomodando a los que estábamos cerca.
Seguramente el orificio conectaba directamente con las cloacas de la ciudad, por eso expelía ese desagradable hedor a excrementos.
El primero de la fila se adelantó, y acercando su rostro a las fauces del dragón comenzó a recitar sus pecados en voz alta, que amplificada por la forma circular de la bóveda bajo la que nos encontrábamos, llegaba a todos los lugares de la estancia permitiendo que todos oyéramos en silencio la confesión.
Para mi sorpresa, el primero en realizar este rito fue el gobernador de la ciudad que relató sus experiencias sexuales con varias amantes, sin que su esposa allí presente, moviera siquiera una pestaña al oírla; cuestión que luego comprendí porque cuando le tocó su turno, fue ella la que describió sus relaciones con distintos amantes.
Uno a uno, fueron pasando por la cabeza de dragón los que estaban esperando en la cola, hasta que el último finalizó su relato. El resto de los asistentes, lo haría otros días asignados según turnos para no alargar la ceremonia, según me explicó Mercurial después.
A continuación de esto, el sumo sacerdote cerró la puerta y con una antorcha incendió la piedra que había sido previamente rociada con un líquido inflamable por sus ayudantes. Todo el mundo entonó un cántico glorioso que según me dijeron ensalzaba la pureza y los buenos actos.
Terminada la ceremonia, Mercurial y yo nos dirigimos hacia un mirador situado en las cercanías del templo dando un paseo.
—¿Qué te ha parecido?
—Me ha impresionado, pero ha habido algo que me ha llamado la atención.
—¿El qué?
—¿Por qué todos los pecados que se han confesado, giran en torno al sexo? ¿Es que no hay otro tipo de pecados más relacionados con las emociones o las cosas, como por ejemplo la mentira, el robo, etc.?
—Es verdad lo que dices, pero en Masodo todo gira en torno a lo mismo, los de fuera nos tachan de reprimidos, de puritanos, y algo de razón puede que tengan.
Llegamos pronto a la plaza ubicada en lo alto de la ciudad desde la que se veían todas las terrazas de los edificios, que bajaban en cascada hacia las murallas que bordeaban Masodo, y más allá la enorme planicie grisácea salpicada de pequeños puntos rojos, por los arbustos endémicos de esta zona del planeta. A lo lejos y en todo lo que abarca la vista en trescientos sesenta grados, la cadena montañosa que ha mantenido aislada la ciudad durante siglos.
Mercurial me explicó que la sociedad masodiana se divide en varios grupos sociales dependiendo de sus inclinaciones sexuales.
Los izvenianos tienen un desarrollo sexual distinto a los humanos, se van transformando con la edad pasando por distintas etapas, nacen con el sexo diferenciado; así hay machos y hembras, y continua lo mismo hasta que llegan a la adolescencia. Sus órganos genitales son similares a los nuestros y los dos géneros también asumen unos roles muy parecidos a los humanos, aparte de adoptar sus cuerpos formas parecidas a las nuestras, más redondeados en las mujeres y más angulosos y cuadrados en los varones. Durante la adolescencia y la primera juventud no pueden procrear, aunque sí tener relaciones sexuales satisfactorias. Posteriormente, cuando llegan a la madurez van sufriendo una transformación paulatina sorprendente para una óptica humana, porque se vuelven andróginos, ambos sexos desarrollan los órganos y las características sexuales del contrario y es el momento en el que se vuelven fértiles, que pueden procrear.
La unión sexual es tan fuerte en un masodiano maduro, que alcanzan éxtasis muy intensos, y los dos se quedan embarazados en el mismo acto y ambos terminan pariendo hermanos, pero incubados en distintos vientres.
Pero lo más curioso es que para que esto suceda, se debe de producir una descarga energética sublime, algo que les suele llevar al desmayo, y justamente antes de que suceda esto, la pequeña protuberancia cónica que tienen en lo alto de la cabeza se abre como una flor lanzando unas partículas lumínicas y olorosas. La luz de estos efluvios luminosos depende del estado mental de los amantes, dicen que en el estado ideal, donde se suman el amor y el instinto esa emanación es blanca, y emite destellos pero va disminuyendo de color hasta llegar al marrón que es el color que emiten en el acto sexual, cuando lo que prima son los instintos sin participación del amor.
Siempre he tenido curiosidad por saber cómo sería hacer el amor con una izveniana, pero las normas son muy claras al respecto: no debemos de mezclarnos genéticamente, aunque dudo mucho que una hembra humana pudiera quedarse embarazada de un izveniano, e igualmente una izveniana pudiera tener hijos con un macho humano, la diferencia genética es demasiada.
Mercurial siguió explicando la estructura social de Masodo.
—Primero están los ortodoxos, los que simplemente son estrictos en el cumplimiento de los severos mandatos religiosos sobre el sexo, que en Masodo son mucho más rígidos que en el resto de las regiones de Izven. Son la mayoría y sus miembros, suelen ocupar los cargos de responsabilidad en la ciudad. Suelen ser bastante intolerantes con lo que llaman “desviaciones sexuales” como la homosexualidad, la bisexualidad, el lesbianismo y el adulterio. Pero entienden que todo es perdonado cuando se recita ante la boca de dragón en el templo, esa ceremonia es una especie de válvula de escape de las tensiones sociales de la ciudad, reequilibra el tejido social.
—Luego están los que vosotros llamaríais homosexuales, que como es lógico y teniendo en cuenta lo que ya sabes, sólo pueden estar compuestos por adolescentes y jóvenes.
—Las lesbianas, con las mismas características que los anteriores, pero en el género femenino.
—Además están los bisexuales mejor comprendidos por los ortodoxos ya que lo observan como una especie de adelanto de lo que van a experimentar después cuando lleguen a la madurez.
—Dicen que si estos tres últimos grupos se unieran, podrían tener mucha mayor influencia en la asamblea local, pero siempre están divididos por rivalidades y disputas entre ellos.
—Luego están los clandestinos, a los que la moral imperante no ha permitido su existencia, destacan los imaginativos a los que dicen que pertenecen miembros de los anteriores grupos.
—Su ideología dice que todo lo que se represente con la imaginación no es pecado, y por lo tanto, no debe de confesarse en la ceremonia del catarcol, por lo que recurren a usar la imaginación apoyados en imágenes o dibujos de todo tipo. Y no recitan en el templo nada de lo que imaginan.
Mercurial, siguió describiendo varios grupos más todos ellos agrupados en torno a las mismas obsesiones sexuales, compartidas colectivamente.
Lo curioso del caso, es que todos estos grupos tenían su representación más o menos numerosa en la asamblea local, donde se tomaban las decisiones sobre el gobierno de la ciudad, y aunque no se declaraban abiertamente se autodenominaban con nombres pintorescos, como “los imaginativos”, “los amigos de los animales”, “los amigos de la técnica”, etc. estos últimos, supongo que relacionados con las aplicaciones técnicas del sexo, y así siguiendo.
Sin embargo, la doble moral puritana de esta sociedad, ocultaba tajantemente la desnudez no permitía la pornografía, y todo rastro de erotismo estaba prohibido.
En las salas de visualización que habían inaugurado hacía pocos años, la gente asistía a ver películas y documentales, pero como había necesidad de presenciarlas en penumbra los dueños de los locales contrataban a vigilantes que con sus linternas impedían que las parejas se abrazaran o tocaran.
Igual control existía en los parques públicos en los que lo que un cuerpo de vigilancia patrullaba por ellos, multando o deteniendo a las parejas que trataban de aprovechar la soledad y la oscuridad para tener relaciones sexuales.
Aunque existían los grupos que me había comentado Mercurial y tenían su representación en el órgano legislativo de la ciudad, las relaciones homosexuales y lésbicas estaban prohibidas, así como el adulterio que era castigado con la cárcel. Algo incomprensible en una sociedad que finalmente, iba a devenir en su conjunto en seres hermafroditas.
Me habían avisado sobre la cateta moralina de Masodo y de la hipocresía de sus habitantes, que vivían reprimiendo el sexo y que producía que sus maneras fueran cortantes, secas y que un aire triste y melancólico imperara en la ciudad. Pero el relato de Mercurial y lo que había visto en el templo de Sensoatanath me dejaron perplejo.
Pasé las siguientes semanas acompañado de Mercurial, entrevistándome con los grupos sociales de la ciudad, tratando de entender sus códigos colectivos y asistiendo cada cinco días, a la ceremonia del catarcol por respeto a sus tradiciones.
Realmente era sorprendente como la política y el sexo se aliaban, pero de forma hipócrita sin mostrar claramente sus cartas.
Al principio me provocó cierta extrañeza la aparente paz social de la ciudad, no había grandes diferencias de clase en ella, tal vez los gobernantes y su equipo gozaban de más comodidades que el resto, pero nunca de forma exagerada, o que pudiera provocar la irritación de los más necesitados, porque los masodianos habían impuesto un sistema social muy parecido al conocido como comunismo inventado en la Tierra en el siglo XIX.
La ubicación de la ciudad, alejada de las rutas comerciales del imperio, forzó a sus habitantes a autoabastecerse desde los comienzos de su fundación; para ello importaron semillas y animales para las grandes granjas que crecieron alrededor de las murallas de Masodo en unas tierras ricas en minerales muy fértiles; seguramente producto del impacto del meteorito que arrojó grandes cantidades de rocas a la atmosfera, y a la meteorización de esta con el paso del tiempo. El agua necesaria para los campos, la almacenaban en la época de lluvias que cíclicamente atravesaba la región, recogiéndola en las terrazas de las viviendas de la ciudad, y almacenándola en gigantescos depósitos subterráneos que aseguraban el suministro durante todo el año.
Desde el principio, colectivizaron la producción alimentaria no existiendo dueños de los terrenos donde estaban las granjas; toda la producción se entregaba al gobierno de la ciudad, que luego lo distribuía gratuitamente entre la población, dedicando el excedente a la exportación para conseguir bienes manufacturados y otras mercancías del resto del imperio.
El trabajo se distribuía por los dirigentes, asignando a los adolescentes y a los jóvenes el trabajo en las granjas, todo masodiano sabía que tenía que pasar por esta etapa en su juventud para luego, cuando sus rasgos sexuales empezaran a cambiar, ocupar los puestos burocráticos, artesanos y de servicios de la ciudad, salvo cuando estaban en periodo de gestación que duraba año y medio, y el posterior periodo de crianza de los recién nacidos que se prolongaba durante tres años más.
De esta manera, los masodianos habían conseguido un equilibrio en las relaciones y en los modos de producción que había eliminado las tensiones sociales. Existía cierta dialéctica generacional como en cualquier civilización dominada por la generación adulta; así los niños pugnaban por llegar a adolescentes y éstos, despreciaban a los jóvenes que dedicaban todo su tiempo a trabajar, y los jóvenes rivalizaban con la generación madura que gobernaba la ciudad, e imponía las rígidas e hipócritas costumbres moralistas y represivas del sexo, de las que ellos conseguían más o menos escapar, en los campos de cultivo y las granjas que rodean la ciudad. Por último, estaban los ancianos, desplazados como los niños y los adolescentes de los mecanismos de poder del tejido social.
Todas las etapas estaban marcadas y eran conocidas por los masodianos, y todos sabían que más tarde o más temprano, tendrían que pasar por donde estaban ahora las generaciones que les habían precedido y que ocupaban otras funciones en la ciudad, por lo que el relevo estaba asegurado sólo era cuestión de esperar, y los jóvenes ocuparían el lugar de los andróginos adultos y gobernarían la ciudad. Tan sólo los adolescentes que no trabajaban todavía en las granjas y tampoco ocupaban el poder, manifestaban cierto rechazo visceral por el orden establecido, por esa noria que llevaba girando durante siglos en Masodo, pero el sistema educativo ya se ocupaba de mantenerlos ocupados con los estudios y haciendo deporte todo el día.
Sin embargo la represión sexual que también provocaba la represión cultural, producía un ambiente tenso y gris, sórdido en la mayoría de las ocasiones. Había muy pocos espectáculos musicales y muy pocas actividades culturales, y las que había, estaban seriamente censuradas por las autoridades, los besos en las películas estaban cortados, las canciones que hablaban de sexo prohibidas, y no se permitían las palabrotas y el argot en las expresiones artísticas.
Esto había producido algo bastante patético, que es el lenguaje con doble sentido, en el que se habla del sexo, pero sin nombrarlo específicamente, usando sinónimos o metáforas. Por ejemplo: últimamente se puso de moda una canción que se llamaba “Quiero chocolate”, en la que se ensalzaba y describían las propiedades de este producto traído por los humanos, en una clara alusión al sexo.
Toda la ciudad parecía como una inmensa olla a presión a punto de estallar, pero no lo hacía, manteniéndose en orden gracias a la represión y a la rígida moral imperante.
Llevaba cuatro meses en la ciudad y todas las noches me conectaba desde la habitación de mi hotel, con la nave-arca que orbitaba Izven; un gigantesco cilindro de veinticinco kilómetros de largo por tres de ancho, que giraba sobre su eje continuamente produciendo artificialmente sobre sus paredes interiores, una gravedad similar a la de la Tierra o Baruyan mi planeta natal.
Este contacto frecuente con mi coordinador de misión era parte del protocolo establecido en la misión, para evitar peligrosas desvinculaciones con respecto al plan general de apoyo a Izven, y en las transmisiones participaban otros compañeros desplazados a otras regiones del Imperio y el coordinador de la misión en el planeta. El último transmisor holográfico que me facilitaron era extraordinario, lograba reproducir perfectamente las imágenes tridimensionales dándome la sensación de que estaba en una sala con mis compañeros de equipo. Esto me generaba un equilibrio sicológico necesario y un contacto con mi “realidad” de origen que me animaba a seguir con el plan.
El resto de expedicionarios se lo pasaban de miedo con mis explicaciones, y por más esfuerzos que hacía el coordinador general, frecuentemente era motivo de chanza en las reuniones, pero no me importaba, nos conocemos todos desde hace años, y las bromas relajaban el ambiente.
Sin embargo hubo algo que me empezó a preocupar seriamente. Los visualizadores empezaron a distribuirse entre la población y la red eléctrica se generalizó por todo el planeta, así como las señales repetidas por todo Izven gracias a los satélites geoestacionarios que se pusieron en órbita desde la nave-madre. Esto facilitó la comunicación del recién formado gobierno central planetario con los habitantes de todos los imperios, pero también generó que se empezaran a emitir programas con películas, documentales, programas de entretenimiento, y finalmente también la población empezó a demandar sexo, pornografía.
Al tema, no le dieron mucha importancia en el control central y se vio como algo normal en el proceso evolutivo de la misión, pero a mí me aterrorizó por las consecuencias que podía tener en Masodo. Pedí varias veces un retraso en la toma de esta decisión, elaboré varios informes sobre las posibles consecuencias que tendría algo tan brusco en la ciudad, pero al final se decidió dar un permiso especial para que el gobierno local censurase estas emisiones, pero que se le diera la posibilidad a la población de elegir que hacer al respecto.
A los seis meses de mi estancia en la ciudad informé al gobernador en su despacho, de la noticia y de la decisión que se había tomado. Me pidió consejo, y le dije que pensaba que lo mejor era discutir el tema en la asamblea local y que se votase, no era conveniente que él asumiera la responsabilidad de ocultar esa información que por otra parte, llegaría fácilmente a la población por otros medios, ya que se informarían por contactos en otros lugares del imperio y podría quedar en muy mal lugar, le podría costar la reelección, mejor era pasar esa patata caliente al órgano legislativo.
Y así lo hizo, planteó la cuestión en el siguiente plenario. Al principio, el sector maduro andrógino se posicionó en bloque con una negativa, pero los demás grupos minoritarios de mentalidad mucho más abierta, reaccionaron virulentamente oponiéndose a la negativa y amenazaron con organizar protestas en la calle, y en los nacientes medios de comunicación electrónicos.
La dialéctica fue en aumento y los diversos grupos que habían permanecido actuando en la clandestinidad, empezaron a hablar abiertamente de sus planteamientos. Empezó a correr por la población una corriente liberadora del pasado, no exenta de cierto revanchismo. “Vamos a demostrarles a los que nos han criticado toda la vida, que no somos unos puritanos atrasados”, repetían sin cesar los que estaban a favor de las emisiones porno por los visualizadores.
La conflictividad fue in crescendo y pronto se hicieron manifestaciones por las calles en las que los homosexuales, lesbianas, bisexuales y demás tendencias hablaron abiertamente de sus inclinaciones, finalmente también se unieron los fetichistas, los imaginativos, los partidarios del sexo con animales y el resto de grupos afines que hasta ese momento habían vivido en la clandestinidad.
El gobernador me llamó a su despacho para una entrevista.
—Se nos está yendo de las manos este asunto.
—Si gobernador era de esperar entre las distintas opciones, esta era la más probable.
—¿Entonces por qué no me advirtió de ello?
—Porque era probable, pero no tenía la certeza de que fuera a suceder, también existían otras posibilidades, había que esperar acontecimientos.
—Muy bien, ya tenemos los acontecimientos aquí. Y ahora ¿Qué hacemos? —respondió malhumorado.
—Ir contra la evolución de las cosas, es ir contra uno mismo gobernador, las emisiones porno se van a producir en todo el antiguo imperio y en todo Izven; Masodo no puede continuar en el aislamiento secular en el que ha vivido hasta ahora. Pronto cada izveniano estará conectado a la red electrónica que estamos creando, que servirá para que todos los habitantes del planeta se comuniquen e interactúen entre sí; cualquier intento de censura será inútil en unos meses más, en los que haya un ordenador personal en cada casa de Masodo.
—¿Entonces qué me aconseja?
—Creo que lo más acertado, sería que la población madurara por sí misma, que organice asambleas locales, que participe y que su gabinete observe este desarrollo; si llega a conseguir la fuerza suficiente, le recomiendo que organice un referéndum entre la población para aprobar o rechazar la censura a las emisiones porno, que sea el pueblo el que decida.
El gobernador masodiano adulto y por tanto hermafrodita de morfología indefinida y moral rígida, no le gustaba el asunto veía perfectamente que todo esto llevaría al final del control sobre la población, al fin de los principios que le habían permitido a él y sus antecesores mantener la ciudad bajo su mando, pero como buen político, instintivamente sabía que llevaba razón, y no le quedó más remedio que aceptar mi propuesta con la esperanza de que las protestas se diluyeran, o que el movimiento que había surgido no llegara a organizarse.
—De acuerdo, así lo haremos, pero no estoy dispuesto a consentir manifestaciones violentas, si esto sucede, la guardia presidencial actuará con contundencia.
—Lo veo razonable gobernador, al igual que también veo justo que cuando no exista ese peligro, la guardia vele por el desarrollo pacífico de las reuniones o manifestaciones.
Terminamos la entrevista, sabiendo que eran momentos de tensión. Mercurial me esperaba en la sala contigua y me preguntó por el resultado de la reunión, estaba expectante. Le comenté lo acordado que fue recibido con entusiasmo porque de alguna forma, nuestras continuas charlas habían empezado a influir en él, y ya sentía una profunda admiración por la civilización humana. Yo sabía que este masodiano maduro que acababa de dejar el trabajo colectivo en las granjas, fue puesto a mi lado para ser los ojos y los oídos del gobernador pero poco a poco, la amistad que fuimos forjando y nuestras largas charlas habían empezado a hacer mella en sus lealtades, y ahora mismo posiblemente me fuera más leal a mí, que al gobernador.
—Me alegro de lo que está pasando, así el viejo conocerá un poco de su propia medicina, siempre ha sido un manipulador y un ególatra. Creo que ha dado con la horma de su zapato en esta ocasión.
—No hay que adelantar acontecimientos Mercurial, y sobre todo hay que desterrar actitudes revanchistas, lo mejor es tomarse esto con espíritu lúdico, de forma positiva. Seguramente las próximas semanas van a ser muy divertidas.
Y ya lo creo que lo fueron, después de un discurso conciliador del gobernador que le hizo ganar simpatía y subir en intención de voto, en el que animó a la población a discutir en asambleas barriales el tema, y a que se manifestara libremente al respecto. Los ciudadanos se tomaron al pie de la letra las palabras del gobernador, y empezaron a realizar reuniones y asambleas por todos los barrios de la ciudad.
La lucha contra la represión sexual fue como una gigantesca marea, como un tsunami que parecía recorrer toda la ciudad. Era el tema de conversación a todas horas en todos los lugares, en las mesas familiares, en los trabajos y en las reuniones de amigos, los masodianos no paraban de hablar del asunto. Fue como una presa que revienta por la presión del agua y que arrolla todo a su paso.
Se formaron asociaciones vecinales para discutir en público y abiertamente sobre el sexo, se discutían horas enteras sobre temas tan peregrinos como si las mujeres necesitaban la penetración para obtener placer, porque la penetración era muy agresiva y suponía una situación de sumisión al macho —postura defendida evidentemente por las lesbianas—, o bien sobre la necesidad de que cada sexo descubriese antes de llegar a la andrógina edad madura, las bondades del otro género y que para ello se debería de imponer determinados días del año que los varones se vistieran de mujeres, y estas utilizaran los atuendos del género masculino —posición defendida por los bisexuales y transexuales—. Y así siguiendo, cada grupo trataba de defender sus inclinaciones y de imponerlas al conjunto. Los ortodoxos no entraron en estas discusiones debido a su condición, ya que tenían el punto de vista de los dos géneros y permanecían ajenos a la problemática de los masodianos más jóvenes, sin embargo sí que hicieron hincapié en aspectos como la libertad de expresión, y del acceso de información para los adolescentes y los niños sobre la sexualidad, para que empezara a verse como algo normal desde los primeros años de edad.
Lo que llevaba siglos sin hacerse empezó a fomentarse por doquier, grupos de profesores decidieron elaborar módulos sobre sexualidad, en los que explicaban a los adolescentes con todo lujo de detalles las distintas inclinaciones sexuales existentes, las formas de hacer el amor, los métodos anticonceptivos, etc.
Los masodianos libres del sentimiento de culpa respecto al sexo que se había estado fomentando durante siglos, empezaron a hablar de ello abiertamente, pero esta vez no con la mala conciencia de la ceremonia del catarcol donde se hacía para redimirse de los supuestos pecados, sino con un sentimiento de liberación de prejuicios absurdos propiciados desde el poder para mantener el control sobre la población.
Los quioscos de la ciudad cambiaron las revistas de información que vendían antes, por toda una pléyade de revistas pornográficas, cuyas portadas colgaban como cortinas lascivas de las paredes de los templetes, desafiando a la policía local que finalmente renunció a multar a los comerciantes.
Lo que antes estaba mal visto y era rechazado socialmente, en pocos meses empezó a convertirse en una práctica habitual, los distintos grupos sexuales comenzaron a mostrar las manifestaciones de su sexualidad en público, los jóvenes homosexuales los caracteres femeninos, las lesbianas los masculinos y algún transexual hubo, que empezó a acudir a su trabajo en las granjas con atributos del sexo contrario.
Los sacerdotes de Sensoatanath y del resto de Masodo estaban indignados, la afluencia a los templos bajó considerablemente; los ciudadanos dejaron de tener la necesidad de redimir sus pecados porque estos habían dejado de serlo. Sin embargo entre la gente que seguía asistiendo a los catarcoles, había calado una corriente de opinión que consistía en hacer más hincapié en la confesión de otros tipos de pecado no relacionados con el sexo, y esto se interpretó como un indicio de normalización.
Lo que me llamaba la atención es que cada grupo trataba de convencer a los demás de que sus inclinaciones sexuales eran mejores que las del resto, y desde luego este cambio de rumbo provocó nuevas bromas y chanzas de mis compañeros de misión en el planeta en las holotransmisiones.
Era curioso como los masodianos no podían desplazar de su interés central al sexo, en otras regiones del imperio y del planeta, las preocupaciones eran más de índole social, religioso o político, los humanos que habían viajado a otros lugares se enfrentaban a los pequeños caciques locales, que ante el progreso y la democracia participativa que estábamos propugnando los humanos, veían peligrar su posición y estaban poniendo trabas a la nueva era, pero estas se solucionaban enseguida con la intervención de algún funcionario o político del nuevo gobierno central, que terminaba venciendo la resistencia del antiguo poder provinciano, pero en mi caso no conseguía siquiera que me escucharan, lo veían como una etapa provisional que pronto sería superada. Y el gobierno local de forma inteligente se sumó a la corriente, encabezando en algunas ocasiones este movimiento liberador, con lo que no había conflictividad social en Masodo, a pesar de que mi instinto me indicara lo contrario.
Finalmente en todos los barrios de la ciudad, se decidió por mayoría que las emisiones de programas porno se emitieran libremente como en el resto del imperio. Los sacerdotes se opusieron pero sabiendo que tenían la batalla perdida, tampoco hicieron mucho hincapié en el asunto, prefiriendo guardar un conveniente y oportuno silencio.
Y así se planificó el primer programa porno para el fin de semana, y corrió gran expectación por la ciudad, en los trabajos, en las reuniones de amigos, en las familias, no se hablaba de otra cosa. ¡Por fin se iba a romper con el aislamiento secular de Masodo! Sus habitantes se pondrían al mismo nivel que el resto de los ciudadanos de la región de Urgur y del Imperio. Las fábricas automatizadas que los izvenianos habían construido con el apoyo de los humanos, estaban produciendo en serie desde hacía meses visualizadores, que se estaban distribuyendo por todos los imperios y la región de Urgur estaba ya bastante abastecida, Masodo tuvo incluso más suerte porque se dio prioridad a las ciudades más aisladas para facilitar su integración, y prácticamente había un visualizador en cada casa de la población.
Yo le comenté a Mercurial que le parecía esa expectación, y me confesó que él participaba de ella, el sábado estaría puntual como un reloj delante de su visualizador para presenciar la película porno, incluso me invitó a visualizarlo en su compañía, cuestión a la que accedí atraído siendo sincero por cierta curiosidad morbosa.
En mi viaje de Baruyan mi planeta natal, a Izven, había encontrado una pareja con la que tenía una relación estable en la nave-arca, con la que tenía contacto holográfico frecuente, pero llevaba prácticamente un año de misión en Masodo, las masodianas no me atraían a pesar de su morfología similar a la humana, y tampoco quería traicionar el compromiso que contraje con Minerva, antes de venir a la ciudad, ni la norma que nos prohibía el contacto sexual con los izvenianos; así que tuve que recurrir al placer solitario apoyándome en holosexo que había adquirido en Baruyan antes de mi viaje, por lo que la pornografía, no era algo nuevo para mí, pero tenía curiosidad por ver la reacción de alguien que nunca había presenciado una sesión en su vida, y además quería documentar el fenómeno en mi informe al control central de la misión.
Mercurial era un adulto andrógino que todavía no había elegido su pareja para procrear, aunque tenía ya algunos pretendientes con opciones. Ya había entablado cierta amistad con él después de tanto tiempo. Cenamos en su casa una comida típica masodiana a base de verduras y carne, y posteriormente encendimos el visualizador. El programa estaba dirigido por una hembra izveniana que iba presentando películas cortas, en las que se daban diversas opciones de las dos etapas sexuales por las que pasaban los habitantes del planeta.
Hicimos algunos comentarios chistosos sobre las imágenes que empezaron a transmitir desde los satélites que habíamos dispuesto los humanos en diversas órbitas, y estuvo hasta simpático todo, lo que me hizo pensar que mi preocupación estaba infundada, ese mal presentimiento sobre las emisiones, seguramente no tenía ninguna base.
Pero en un momento pasó algo que me llamó la atención, noté como la pequeña protuberancia —que como todos los masodianos— Mercurial tenía en la parte superior de su cabeza comenzó a entreabrirse y a salir de ella una especie de nieblilla color marrón, era como humo muy tenue que exhalaba por la parte superior de su cráneo, mientras su respiración se alteraba haciéndose rítmica, mientras la habitación se inundaba de un aroma parecido a la lavanda. Comprendí lo que estaba pasando, lo que me hizo sentirme incómodo en la habitación, salí de ella a la terraza y observé las luces de las casas, prácticamente toda la ciudad estaba despierta, seguramente todo el mundo estaba viendo el programa. Al poco salió Mercurial y se apoyó en la barandilla contemplando el paisaje.
—Lo siento. No lo he podido evitar.
—No te preocupes es algo normal, sobre todo las primeras veces. Le contesté esbozando una leve sonrisa. Que fue respondida con el gorgojeo agudo que sustituye a la carcajada humana en los izvenianos.
—Sois muy curiosos los masodianos, ¿No hay otra raza en Izven qué tenga esa protuberancia en la cabeza?
—No, no la hay y nadie sabe a ciencia cierta por qué nosotros sí la tenemos, aunque hay explicaciones en los libros sagrados. Pero es una característica que nos identifica enseguida. Bueno, eso y la transformación que tenemos cuando llegamos al orgasmo en nuestra fase adulta.
—¿Transformación?
—Si, los masodianos a parte de exhalar las partículas luminosas por el hyperiótide, cuando alcanzamos el éxtasis sexual nuestro cuerpo adopta un aspecto similar a la porcelana y emite un suave resplandor verdoso, pero solo en la edad adulta y luego se produce la fecundación.
Al ver mi cara de asombro, Mercurial continuó su relato comprendiendo que es algo que estaba empezando a descubrir.
—Para nosotros el sexo es sagrado, porque descarga el alma de sus males y nos permite entrar en el Moksha, un estado de liberación espiritual en el que el alma se purifica y es necesario para lograr la fecundación. Es lo que permite la conservación de la especie, por eso no se debe trivializar el sexo, no se debe de “degradar” su carácter sagrado, y debe ser orientado además hacia su función de reproducción y de liberación espiritual. Si no se consigue un estado de pureza espiritual, de equilibrio interior, no es posible llegar al moksha y a la fecundación, y las relaciones sexuales se reducen a un simple placer carnal, libera instintos básicos pero no permite la reproducción ni el contacto con lo divino.
Me quedé en silencio escuchando estas explicaciones que me provocaban una mezcla de perplejidad y asombro, pero que me ayudaron a comprender muchos comportamientos que había malinterpretado hasta ese momento.
—¿Y las sacerdotisas del templo como consiguen evitar la transformación de la edad adulta?
—Son elegidas desde que cumplen seis años para ser instruidas en el transkooianoj un camino que las lleva a la liberación interior, y a poder alcanzar otro nivel de conciencia cuando llegan al trance. No pueden tener relaciones sexuales porque estas impedirían su evolución espiritual, conservan la virginidad hasta su muerte y no sufren la transformación de un masodiano adulto, permanecen siempre con su género femenino. Sólo algunas de ellas alcanzan el arhat, estado de trance en el que tienen la virtud de conectar con otra dimensión en la que los tiempos dejan de ser lineales y pueden acceder a conocer el futuro y el pasado como si lo estuvieran viviendo en el presente. Las pitonisas de Sensoatanath son consultadas sobre todo tipo de cuestiones importantes, vienen emisarios de todas las partes de Izven a preguntarles sobre cuestiones de estado, y en tiempos de guerra sobre cuáles son las mejores estrategias a seguir.
Me quedé fascinado con la explicación y empecé a comprender el sentido de algunos comportamientos que había observado en la ciudad respecto al sexo, de alguna manera los masodianos habían asociado el sexo a la mística y a la reproducción, pero seguramente esta asociación había degenerado con el paso de los siglos en una mentalidad reprimida y puritana, eso explicaba lo que había visto desde el principio de mi llegada.
Al otro día toda la ciudad comentaba el programa de la noche anterior, me llamaba la atención como la inmensa mayoría de los masodianos, se esforzaban por quitarle importancia a lo que habían visto tratando de dar a entender que para ellos era algo normal, pero a continuación seguían comentando aspectos de la visualización con morbo y pasión.
Informé a control central que en principio, todo parecía normal y que tal vez mis temores eran infundados.
Las emisiones continuaron las siguientes semanas y el interés por el sexo también. Se convirtió en un tema recurrente prácticamente obsesivo. Los comportamientos que previamente se habían reprimido y ocultado, empezaron a manifestarse en público como si existiera una especie de reivindicación pendiente de siglos; todos los grupos sexuales que antes eran clandestinos salieron a la luz pretendiendo que sus inclinaciones se generalizaran, y nadie se atrevía criticar estas manifestaciones por miedo a quedar como un retrogrado.
Por mi parte, me interesé en lo que ocurría durante el éxtasis sexual con sus manifestaciones externas, no me costó mucho conseguir descripciones e información con el ambiente que se respiraba en Masodo. Descubrí que las emisiones que expulsaban por el Hyperiótide, dependían del estado de ánimo del amante y también si tenían alguna disfunción vegetativa.
Así una disfunción en el sistema reproductivo, o una sexualidad descontrolada, se traducía en unas partículas de color marrón, y con aroma amargo como el almizcle o la lavanda, como ya me habían explicado antes. Si el tipo de problemas se daba en el sistema motriz del cuerpo, en sus músculos, exhalaban una tenue coloración roja con un olor pungente parecido al alcohol. Si la disfunción tenía que ver con el sistema respiratorio y las emociones, dejaban escapar durante el orgasmo unas partículas amarillas con un perfume dulzón como el de los plátanos. Si había problemas con el sistema nervioso y el intelecto, lo que emitía el Hyperiótide olía ácido como el limón y era azul. Si había una disfunción generalizada el color era el verde con una fragancia grasa, como la rosa o la vainilla, y por último; si hay un buen estado de salud general en todas las funciones del organismo y los amantes están unidos, se exhalan partículas luminosas blancas e inodoras y se entra en el moksha, que es un estado de éxtasis en el que el cuerpo de los masodianos adopta un aspecto parecido a la porcelana, y emite una suave luz verdosa, y es entonces cuando se produce la fecundación de los dos amantes andróginos.
Pensé que era un excelente medio de selección y mejoramiento de la especie, porque los individuos que no gozaran de una buena salud, nunca conseguirían reproducirse, y así era en efecto, el buen estado de salud y la belleza física era una característica de los masodianos muy conocida más allá de las fronteras de la ciudad.
Mercurial me contó que había dos tipos de exhalaciones más que tenían que ver con el éxtasis místico de las pitonisas del templo de Sensoatanath, estas no se producen cuando hay relaciones sexuales, sino cuando las vírgenes mediante un entrenamiento de años muy prolongado llamado Transkooniaoj, consiguen concentrar su energía sexual: el orgón como lo llaman ellas y activar su Ajna, a partir de aquí su desarrollo sexual se detiene y no llegan a la etapa hermafrodita de los adultos. Como compensación alcanzan el poder de la premonición, y de conectar con otra esfera de conocimiento en el que el pasado, el presente y el futuro, dejan de ser lineales para ellas, pudiendo explorar hechos ocurridos hace cientos de años, o que van a suceder en el futuro; igual ocurre con el espacio por el que pueden desplazarse y presenciar sucesos que están ocurriendo en estos mismos momentos en otras latitudes.
El color de las partículas que emiten las pitonisas cuando llegan estimular su Ajna, y llegar al arhat es de un naranja intenso acompañado de una profunda fragancia agridulce parecida al aroma de las naranjas. Dicen los que lo han presenciado que llegan a iluminar perfectamente el lugar donde se encuentran en ese momento, pero ellas una vez que llegan al Arhat entran en un estado de trance en el que su raciocinio queda anulado, pierden la conciencia y es entonces cuando hacen los vaticinios.
Hay un color más pero ha quedado en la leyenda de los tiempos, según la religión de los masodianos, solamente la produjo Mazdal el fundador de la ciudad, y es de un intenso color violeta que tiene la virtud de iluminar la mente de los que lo presencian, según dicen los libros sagrados custodiados en el tempo de Sensoatanath. Mazdal fue el primer masodiano que desarrolló el hyperiótide, y sus hijos transmitieron genéticamente esa característica, junto con sus enseñanzas. Se desconoce si a este estado le acompaña la emisión de partículas olorosas.
Mis estudios sobre los masodianos prácticamente estaban acabados, me pareció bastante interesante su religión que contenía una explicación tan singular de una alteración morfogenética, respecto al resto de los izvenianos. Los estudios de su ADN me revelaron que efectivamente había un gen que había provocado esa mutación en su cadena, y que aproximadamente se había producido unos dos mil quinientos años atrás.
Su organización social previa a nuestra llegada estaba debidamente registrada y transmitida a la nave arca y a control central, los avances tecnológicos estaban empezando a implementarse en la región, la producción agrícola se incrementó, pero sin un empleo masivo de la robótica para hacer la transición menos traumática, y las técnicas de reciclado y de obtención de energía fotovoltaica y eólica iban a muy buen ritmo. Toda la ciudad tenía electricidad y los vehículos eléctricos de transporte, empezaban a sustituir a los hazak. Se instaló en las afueras de las murallas una discreta planta mimetizada con el entorno, que producía hidrógeno por medio de tecnología fotovoltaica, que permitía acumular los excedentes energéticos para momentos de emergencia, y todos los residuos y aguas fecales de Masodo se reciclaban, permitiendo un ciclo energético y de aprovechamiento de los recursos, mucho más eficiente.
Su sistema social ya era democrático, por lo que no hubo que hacer muchos cambios salvo intensificar los mecanismos colectivos de decisión, permitiendo la democracia directa y participativa de los ciudadanos en la gestión de los recursos del gobierno local. Se llegó en muy poco tiempo a la autogestión en los barrios, y en los campos de trabajo de extramuros de Masodo, en donde los vecinos y trabajadores decidían en asambleas populares en que se gastaba el dinero público que empezaba a generar el trabajo colectivo, produciendo bastantes excedentes debido al aumento de la eficiencia en la producción, y en el reciclado de los residuos. Así empezaron a construirse Centros Culturales, Centros Deportivos, Centros de Salud y bienestar en los que se empezaron a aplicar las nuevas técnicas medicinales que hemos introducido los humanos, y muchas más iniciativas que surgían de las asambleas barriales y del Consejo de la Ciudad. Había mucho más tiempo que antes para el ocio, y los masodianos empezaron a disfrutar de una calidad de vida que no habían conocido antes. El gobernador de la ciudad con bastante instinto político, lejos de obstruir esta corriente, procuró erigirse como el abanderado de los nuevos tiempos, y gracias a que apoyó la descentralización del antiguo poder y la implantación del nuevo sistema social, salió reelegido de nuevo, apenas dos años después de mí llegada a la ciudad.
La admiración por los humanos que habíamos venido de las estrellas no paró de crecer, pero siguiendo el protocolo que habíamos elaborado antes de desvelar nuestra presencia en el planeta, no consentimos que se nos entronara ni se nos idealizara de ninguna forma, yo —al igual que los miles de compañeros de misión—, no acepté ningún cargo político, nos mantuvimos siempre ajenos al poder, y solamente cumplimos la función de asesorar dejando que fueran los propios izvenianos los que decidieran sobre el proceso; sin embargo estábamos mezclados con los habitantes del planeta, asistíamos a sus actos públicos, religiosos, culturales, etc. pero como un participante más; los humanos teníamos claro que queríamos unos aliados, unos hermanos en la expansión por el Universo, no el sometimiento de una forma de vida distinta a la nuestra.
Sólo había una cosa que me seguía preocupando, y era la continua obsesión por el sexo que lejos de calmarse como preveían los coordinadores de la nave-arca, había ido en aumento a diferencia de otras regiones de Izven.
Parecía que hubiera una carrera por demostrar quién era más abierto y librepensador, y para ello valía todo. Tendencias e inclinaciones sexuales que habían estado proscritas, ahora ocupaban el lugar central en los programas de visualización locales, que empezaron a emitirse en la recién inaugurada emisora de la ciudad, afortunadamente se aceptaron mis sugerencias con respecto a la niñez y a las lesiones físicas del sadomasoquismo y se excluyeron de las emisiones, pero la insistencia en ocuparse del sexo continuamente era realmente obsesiva.
Estaba enfrascado en estos pensamientos mirando el visualizador en mi habitación, cuando empezó el programa porno semanal. Era de noche y salí a la terraza para contemplar el magnífico espectáculo de la ciudad que pronto abandonaría, y observé algo que me llamó la atención: las luces eléctricas que ahora iluminaban las calles, aunque no producían contaminación lumínica, proporcionaban mayor claridad en la atmósfera nocturna, y me pareció percibir una especie como de alteración en el aire; una ondulación parecida a la que se produce en el desierto cuando se calienta el suelo y el aire asciende hacia capas más altas. Al principio no le di mucha importancia, pero luego me empezó a llamar la atención que el fenómeno pareció incrementarse.
Decidí analizar el fenómeno con mi transmisor holográfico multifunción, para ello me dirigí a la mesa del salón iluminada por los reflejos del visualizador, donde el programa porno seguía emitiéndose.
Otros humanos habían decidido implantarse los accesorios necesarios para no andar cargando con el aparato multifunción a todas partes, pero a mí no me apetecía nada tener un microchip biónico en los globos oculares que me permitiera actuar sobre la realidad, aumentándola y recibiendo datos de la red, sobre la percepción e interactuando con ella, para transmitir la información directamente a la bases de datos de la nave-arca en órbita.
Sé que en algunas ocasiones, el implante ha funcionado mal, y se han producido unas descargas tremendas de información durante una pesadilla, mientras dormía el portador de los aditamentos biónicos. Por otra parte, siempre he pensado que la biónica debe de tener sus límites, nos puede llevar a ser unos vagos mentales, por lo que prefiero mantener a salvo mi capacidad de pensar, deducir y buscar información por medios holográficos externos.
Coloqué el holotransmisor multifunción, sobre la repisa de la barandilla, y lo ajusté para que emitiera una pantalla que filtrara el paisaje que se divisaba con distintos espectros de onda.
El cuadrado de bordes verdes me permitía ver el aspecto de la ciudad con distintas longitudes de onda. Empecé con los ultravioleta y fui haciendo un escáner de todo el espectro y nada, no se veía nada extraño, solamente los cambios producidos por los reflejos de las plantas y organismos vivos. Fui llegando al infrarrojo, al principio no descubrí nada anormal salvo las diversas tonalidades, producidas por las diferencias de temperatura que hacían que las ventanas de las casas adoptaran un color rojo, y los cuerpos de los pocos masodianos que no estaban viendo el programa porno semejaran pequeños fantasmas rojos y amarillos circulando por la calles de la ciudad; pero cuando casi había llegado al límite de la longitud de onda, apareció algo en la pantalla que me dejó petrificado y paré el desplazamiento del escáner. Se veía claramente como de cada ventana, de cada edificio, salía una especie de vapor o de bruma que ascendía hacia el cielo, enfoqué a algunas viviendas que tenían las ventanas abiertas, y pude comprobar como en la estancia observada, se estaba produciendo una especie de nubecilla que provenía de los hyperiótides de los masodianos que estaban viendo el programa porno. ¡Era increíble! La población en su conjunto estaba produciendo unas emanaciones que flotaban sobre las terrazas de las casas, para luego ascender lentamente hacia la atmósfera de la parte alta de la ciudad. Enfoqué el holo-transmisor hacia los masodianos que iban por la calle, y comprobé que no producían ningún tipo de emanación.
Observé como las emanaciones primero adoptaban una forma filamentosa, y después cuando se unían a unos 50 metros por encima de las terrazas de las casas cambiaban su morfología, y asumían un aspecto parecido al líquido. Sin embargo a simple vista, nada de esto era perceptible. El programa porno continuó y las masas que estaban dispersas sobre la ciudad, se unieron y cambiaron su apariencia, esta vez adquiriendo viscosidad a la vez que la nube iba ascendiendo hacia la parte alta de la atmósfera.
A continuación dirigí el holo-transmisor hacia el cielo nocturno y para mi sorpresa, descubrí un gigantesco cúmulo nuboso al que se iba sumando la masa que estaba ascendiendo en ese momento, de la ciudad.
Estuve registrando el fenómeno durante todo el tiempo que duró, y comprobé que al finalizar el programa porno las emisiones acabaron y la atmósfera de Masodo volvió a la normalidad. No cabía duda que el origen de lo que había presenciado, eran los masodianos visualizando la emisión.
Informé inmediatamente a control central del antiguo imperio y a la nave-arca, igualmente le pedí a esta, que alineara sus instrumentos hacia Masodo para poder observar mejor el fenómeno.
Después me acosté para estar descansado al día siguiente, en el que esperaba recibir más información e instrucciones de cómo proceder, pero me fue imposible dormir aquella noche. No podía detener mis pensamientos que trataban de elaborar hipótesis plausibles, sobre las consecuencias de lo que estaba sucediendo.
En la mañana conecté con nave-arca directamente, y tuve una entrevista con tres coordinadores de alto nivel en la que me informaron que estaban procesando los primeros datos sobre la nube que se encontraba encima de la ciudad, a unos 10.000 metros de altura; se decidió no comunicar nada a los masodianos ni al resto de Izven, hasta que tuviéramos una información más clara sobre el asunto.
En las siguientes semanas continuaron los estudios, incluso se envió una nave suborbital al centro de la nube para tomar muestras y analizar su composición. Los datos que arrojaban los informes eran contradictorios. La composición de la masa nubosa tenía que ver más con el plasma que con otro estado de la materia, sin embargo su temperatura no era elevada de hecho, al contacto con las bajas temperaturas producidas a esa altitud, se habían producido unos microcristales de estructura similar al hielo, que estaban aumentando la densidad de la nube y además le daba una tonalidad entre marrón y grisácea.
Se elaboraron diversas hipótesis al respecto, pero no estaba claro qué podía producir ese aumento de densidad, se atribuía en principio a las partículas de polvo del desierto que rodea Masodo, que quedaban atrapadas por el plasma atrayendo por gravedad, partículas subatómicas que quedaban adheridas al polvo, lo que explicaría el color marrón-grisáceo de la nube, pero no se había podido demostrar esto.
Otros científicos sin embargo, atribuían este aumento de densidad y de coloración, a la propia acumulación que se iba produciendo semana tras semana, por las emisiones de los masodianos.
Sea como fuere, había sido imposible tomar muestras de la nube, en el momento en que la nave suborbital se alejaba de Masodo, la muestra desaparecía como por arte de magia, no quedaba nada. Se trató de aislar las muestras en campos de fuerza, en cajas de plomo, en cristal, en varios contenedores de diversos materiales, pero era inútil, en el momento que la nave se alejaba unos pocos kilómetros, la muestra desaparecía y solamente quedaba aire en el contenedor.
Se comprobó que la masa perdía densidad a medida que descendía hacia la superficie de Izven, pero esta disminución de densidad estaba descendiendo con el tiempo, porque cada vez su tamaño era mayor hacia abajo y parecía tener un límite hacia arriba, porque no superaba los diez kilómetros de altura en ningún momento.
Mediciones que realizamos coordinadamente con mi holo-transmisor y nave-arca, confirmaron que la nube estaba creciendo hacia el suelo con cada emisión de los programas porno, y las últimas observaciones empezaban a revelar como una especie de filamentos muy tenues, como vórtices de energía en continuo movimiento que descendían y ascendían de la ciudad.
Sea lo que fuere, la nube se comportaba como una especie de organismo vivo interconectado con Masodo, y dependía de sus habitantes para su supervivencia, en el momento que una parte de esa nube se alejaba de la ciudad se desintegraba.
Los masodianos empezaron a preguntarse qué era esa nube que ya habían observado, pero de forma mucho más tenue anteriormente, cuando el frío arreciaba sobre la región de Urgur y el humo de los fuegos de las chimeneas, que usaban para calentarse producía muchas emisiones que se acumulaban sobre la ciudad, a modo de una gigantesca boina marroncina que cubría el cielo de Masodo, pero que desaparecía a las pocas semanas cuando cesaban las bajas presiones y comenzaban las lluvias estacionales.
Pero en esta ocasión el fenómeno era mucho más acentuado, y no tenía explicación posible porque la contaminación se había eliminado prácticamente de la ciudad, no se quemaba ningún tipo de material para obtener energía, todo se hacía en base a la electricidad obtenida por medios renovables no contaminantes, a través de las placas fotovoltaicas y de la energía eólica, no había emisiones a la atmósfera.
Como seguíamos sin encontrar explicación a este fenómeno desconocido para nosotros, y por lo que habíamos podido averiguar también para los propios izvenianos, los humanos decidimos achacar hasta que concluyéramos el estudio, a las tormentas del desierto y a las bajas presiones, la formación de la nube de polvo similar a las calimas que se forman en la Tierra por los vientos alisios, actuando sobre las arenas de los desiertos, o las tremendas tormentas de arena de Baruyan en la estación de verano.
Yo acaté esta decisión por disciplina, pero con una preocupación más que notable, porque los indicadores que se iban manifestando en la ciudad eran preocupantes, toda la población estaba abocada al sexo. Los fines de semana se organizaban concursos en los parques y plazas, a los que acudían las parejas para hacer el amor en público, para luego ser evaluadas por los asistentes que calificaban con distintas puntuaciones la intensidad, la originalidad en las posturas, la incorporación de nuevas técnicas, la imaginación empleada, etc. cuando no, se hacían campeonatos en rapidez, en cantidad de parejas satisfechas, toda una explosión de posibilidades que se realizaban públicamente de forma colectiva. Los comercios dedicados al sexo habían proliferado como las flores en primavera por toda la ciudad, en ellos se vendían toda clase de aparatos y accesorios de tipo sexual a una numerosa clientela que parecía incansable en su curiosidad. En los trabajos se crearon los “cuartos placentarios”, que consistían en unas habitaciones en las cuales el que entraba podía hacer lo que quisiera en la absoluta oscuridad, de tal manera que no hubiera posibilidad de reconocer al partener sexual, con el que luego se compartiría mesa de trabajo a unos metros, o en los huertos de los campos de cultivos. Iguales salas se habilitaron en los bares y establecimientos de ocio, con salones en completa oscuridad en los que se tenían contactos individuales, grupales y con todo tipo de combinaciones. Toda la ciudad parecía vivir en una especie de orgía colectiva permanente, en la que se tenían relaciones sexuales varias veces al día, con distintos individuos desconocidos la mayoría de las veces. La fama de esta locura colectiva empezó a correrse por toda la región de Urgur y se empezaron a organizar excursiones sexuales a la ciudad, que recibía caravanas de unidades de transporte cargadas con turistas ávidos de nuevas experiencias para sus lívidos afiebradas.
Ya llevaba casi dos ciclos y medio completos en Masodo y no veía que las cosas se calmaran, ni que la expectación de lo novedoso, diera paso a una situación más equilibrada, que orientara a los masodianos a cultivar otro tipo de valores culturales, artísticos y espirituales, que reemplazaran al sexo como interés principal de sus vidas; por el contrario, esta obsesión había ido en aumento, y a pesar de los Centros Culturales, Artísticos y de Ocio que se habían construido, todo giraba cada vez con más vehemencia en torno a la sexualidad, incluso en estos centros recién inaugurados.
El espíritu tolerante en el que fui educado, me llevó a aceptar este comportamiento como una forma más de manifestación de la libertad de los seres vivos que pueblan el planeta, y traté de asumir que llevaban varios siglos de represión histórica encima, y que necesitaban sacudírselos del alma, tal vez estaba asistiendo al nacimiento de una nueva forma de organización social, de una nueva forma de expresión de la naturaleza de los masodianos. Por otra parte, era proverbial la tendencia que tenían los habitantes de la ciudad con respecto al sexo. De una manera o de otra, había gobernado su existencia y había sido el centro de gravedad de su religión, había que ver como evolucionaban los acontecimientos... me contaba todo esto a mí mismo, pero una vocecilla dentro de mí, me decía que algo no cuadraba. Intuitivamente no me encajaban las cosas, aunque no sabía decir exactamente por qué sin entrar en disquisiciones moralistas, que la especie humana hacía siglos que había abandonado; porque nuestra misma especie aun teniendo solamente dos géneros experimentaba todas las formas posibles de relación, ya en la historia de nuestro planeta-madre se hablaba de las relaciones incestuosas de los faraones, la Poliginia de los musulmanes y los mormones, la Poliandria de los pueblos del Tíbet, la monogamia de algunas religiones monoteístas, y por último las relaciones totalmente libres que algunas islas del océano Pacífico, habían practicado antes del siglo XX y que se habían recuperado de nuevo desde el siglo XXIII por sus habitantes. Igual sucedía con la homosexualidad femenina y masculina y con los bisexuales, hacía siglos igualmente que estaban integrados perfectamente en el entorno social de la especie humana, se había desterrado toda moralina al respecto, y la única norma que se sabía cierta con respecto al sexo, era que no había normas válidas. Tan sólo se protegían por las leyes, la infancia y se prohibían las prácticas que pudieran lesionar a las personas de forma permanente.
Pero lo que ocurría en Masodo no era normal y no era una cuestión de moralina; lamentablemente mis presagios se hicieron realidad a las dos semanas. Ocurrió mientras se estaba emitiendo el programa ya diario de pornografía y todo Masodo parecía embelesado con su visionado. Me encontraba con mi holo-transmisor en la terraza de mi habitación del hotel, recopilando datos sobre las exhalaciones de esa noche, cuando de repente, presencié a través de la pantalla que filtraba las emisiones, el gigantesco desplome de la nube sobre la ciudad. Ocurrió en menos de un minuto, fue como si una gigantesca bolsa llena de agua suspendida sobre la población, se rasgara de parte a parte, dejando caer su contenido sobre los techos de las casas, las calles y las plazas de Masodo, que quedó inundada en pocos segundos por un mar de plasma con una textura ligeramente viscosa parecida a un líquido.
Dejé grabando el holo-transmisor y me fui a observar a simple vista la ciudad desde la ventana de una habitación contigua; no se percibía nada anormal, salvo una suave niebla de color marrón-grisáceo sobre la que sobresalían unos pocos metros por encima, los tejados y terrazas más altas de las casas, pero aparte de un tenso silencio sepulcral que pareció recorrer toda la ciudad, y un fuertísimo olor a almizcle, no vi nada extraño.
El aviso de llamada sonó desde la repisa de la baranda de piedra donde estaba ubicado el holo-transmisor.
—¿Lo estáis registrando?
—Sí, estamos grabando todo el proceso desde aquí también, teníamos monitorizada la masa nubosa. ¿Qué se observa en la ciudad?
—Se ha hecho un silencio absoluto en el momento del desplome de la nube, fuera del filtro de infrarrojos, no se percibe nada anormal salvo una leve bruma sobre la ciudad.
—La estamos viendo y nos impide una visualización correcta, no te preocupes por las tomas generales, las haremos desde la nave, pero necesitamos un punto de observación a pie de calle, es preciso que salgas a la calle con tu holo-transmisor y grabes lo que está ocurriendo en este momento en la población.
—De acuerdo, paso a modo manual y a cámara subjetiva continúo la transmisión.
Me coloqué el holo-transmisor en su soporte a la altura del hombro, mientras empezaba a oír un ligero rumor como de gritos de varias mujeres, proveniente de las calles de la ciudad.
Bajé atropelladamente las lujosas escaleras enmoquetadas de rojo del hotel, y atravesé con paso ligero el inmenso salón blanco, decorado de una forma que evocaba el periodo barroco del siglo XVIII de la Tierra. No había nadie en el recibidor y las puertas del hotel estaban abiertas de par en par.
Al salir a la calle la niebla me impedía una visión clara más allá de 20 metros de distancia, pero podía oír el ruido de personas corriendo y gritando palabras ininteligibles; más bien parecían alaridos instintivos e inconexos producto de la locura.
En un momento, vi pasar a una masodiana con la ropa hecha girones que corría descalza para desaparecer en la niebla.
—¡Síguela! Espetó el transmisor.
—Sin pensarlo mucho, eché a correr por la calle que me pareció que había ido la mujer masodiana.
El griterío era ya un clamor que provenía de todas las zonas de la ciudad, se oían alaridos, gritos aislados reconocibles de mujeres y voces más graves de masodianos; de vez en cuando gorgojeos colectivos de grupos que se reían al unísono de forma descontrolada.
A lo lejos empecé a ver a la masodiana que corría sobre las piedras de la calle, en dirección a una plaza cercana que conocía por haber visitado varias veces sus agradables terrazas, donde servían las estupendas infusiones de Urgur.
Cuando llegué a la plaza me quedé estremecido por el espectáculo, cientos de habitantes de la ciudad de todas las edades y desarrollos sexuales, participaban en una gigantesca orgía colectiva que ocupaba casi todo el espacio de la plaza.
Hacían el amor de forma salvaje y me parecía que estaba presenciando un mar de cuerpos, brazos, piernas y cabezas, que se movían rítmicamente dibujando algo parecido a las olas del mar. Todo el mundo buscaba la postura más adecuada para dar y recibir placer de una forma lúbrica, y lo hacían como poseídos por un deseo instintivo, primitivo, que les dominaba.
En el centro de la plaza había una especie de promontorio por el que se amontonaban los cuerpos en continuo movimiento, encima de la pequeña colina que había en el medio del lugar una pareja de jóvenes hacía el amor, ella agachada de horcajadas sobre otras mujeres, vuelta de espaldas al muchacho que la penetraba de forma salvaje, hasta que este último emitió un alarido estremecedor, alzando la cabeza como un lobo a las lunas que por las perspectiva desde que observaba, se encontraban detrás de su figura, que se recortaba sobre la superficie naranja y redonda de la primera luna de Izven. Encima de ella estaba la segunda, roja como la sangre y justo encima de ésta, la tercera más pequeña pero más brillante con su característico color plateado. Las lunas estaban en conjunción justo en ese momento.
—¿Lo estáis recibiendo?
—Sí, estamos alucinando. Comprueba que está ocurriendo en el resto de la ciudad, recibimos señales en el espectro infrarrojo que indican que está pasando lo mismo por todas las plazas, trata de averiguar que sucede por las calles y si puedes ayudar a alguien. ¿Te encuentras bien? Te tenemos localizado perfectamente, hemos dado orden a una nave suborbital para que se acerque hasta Masodo, en el momento que nos lo pidas te sacamos de ahí.
—Estoy bien, pero bastante impresionado, de momento lo que sea que está provocando esta niebla en los masodianos no me está afectando a mí. Y parece que afortunadamente mi aspecto físico, sigue produciendo el mismo rechazo que había observado antes, con lo que me están dejando en paz.
—Me dirijo al palacio presidencial y a la sede del gobierno comunal, sigo en modo manual con visión subjetiva del holo-transmisor.
Al internarme por la primera calle que conducía a donde estaban ubicados los órganos de gobierno de la ciudad, descubrí a un grupo de mujeres que estaban violando a un masodiano adulto y a un joven, que estaba sujeto por cuatro hembras, mientras otras tres se empleaban a fondo con él sin conseguir poner su miembro erecto porque seguramente ya había sido obligado a eyacular varias veces. En un momento, una de las masodianas cogió con sus dos manos una piedra que se encontraba suelta del portal donde se encontraban, y alzándola sobre su cabeza, golpeó con fuerza el rostro del joven que comenzó a sangrar a borbotones inmediatamente, convirtiéndose en una masa sanguinolenta que dejó de moverse al tercer o cuarto impacto recibido. El varón adulto que presenció lo que le había ocurrido a su obligado compañero de orgía, empezó a gritar desesperadamente y a forcejear con más fuerza, tratando de evitar su triste final. En ese momento proferí un grito entre amenazador y desesperado, que produjo que las masodianas voltearan su cabeza, mirándome con ojos amenazadores mientras blandían unos hierros en sus manos, comprendí que estaban a punto de abalanzarse contra mí, y eché a correr calle arriba antes de que sucediera el ataque.
La pendiente de la vía y la excitación del momento, producían que respirara con más frecuencia, inhalando grandes bocanadas de aire mezclado de aquella niebla densa, que continuaba con ese intenso olor amargo que casi me hacía vomitar, y que ahora era más espesa
Un poco más adelante, casi al llegar a la plaza donde me dirigía pude ver a otro grupo, esta vez de masodianos machos que estaban violando a tres mujeres jóvenes, los varones serían unos quince y estaban guardando cola, esperando su turno para acceder a una de las mujeres que estaban gritando de dolor, seguramente por los desgarros producidos por las violentas penetraciones que habían sufrido.
Nuevamente noté como todas las miradas se dirigían hacia mí, los cuerpos se arquearon y tensaron en actitud de ataque cerrando los puños, me enfrenté a dos de ellos, pero no era rival para su superior fortaleza física. De un puñetazo me derribaron al suelo y cuando creí que ya estaba perdido, oí que les llamaban del grupo, habían encontrado dos mujeres más. Me dieron dos patadas en el vientre y otra en la cabeza, y me dejaron tirado retorciéndome de dolor, a duras penas pude levantarme, y por segunda vez hui alentado por los compañeros de la nave-arca que me gritaron que abandonara el lugar inmediatamente.
Llegué extenuado a la plaza y mientras caía de rodillas por el cansancio, el dolor y el horror, presencié la misma escena que había visto antes, un mar de cuerpos moviéndose por el suelo de forma lúbrica buscando el placer en el cuerpo de al lado, esta vez iluminados por el resplandor rojo de los incendios cercanos.
A un costado había un autobús ardiendo que producía unas llamas de varios metros, y me quedé absorto mirando las llamaradas, mientras se transformaban en cuerpos humanos femeninos que bailaban una frenética y sensual danza, a la que me estaban invitando a participar. Cuando me dirigía hacia las llamas como hipnotizado, me interrumpió la voz metálica del holo-transmisor.
—Te estamos perdiendo, ¡Párate por favor! Te vas a abrasar. En menos de un minuto va a aterrizar la nave en la plaza y te van a recoger dos compañeros de seguridad, hazles caso por favor, acompáñales.
Efectivamente, al poco tiempo se acercaron dos humanos uniformados, que me condujeron casi en volandas a una pequeña nave suborbital que despegó inmediatamente hacia la nave-arca.
Al elevarme sobre la ciudad pude comprobar como ésta, estaba plagada de resplandores rojizos de varios incendios que se adivinaban a duras penas, entre la niebla que se había adueñado de Masodo mientras arrojaban columnas de humo al cielo, que había adoptado un color anaranjado por el reflejo de las llamas.
Continuamos el ascenso en silencio, no quería hablar de lo que había visto; recordaba las viejas batallas y novelas sobre las guerras que había leído en clase de historia sobre Tierra-madre y ahora todo se me hizo más claro, comprendí el horror que había superado la humanidad y que nos dignificaba como especie.
Al atracar en la nave-arca fui examinado inmediatamente por los médicos, que me diagnosticaron un estado de shock y de intoxicación por el plasma que había respirado, me pusieron una máscara de oxígeno y me inocularon un calmante que me hizo dormir 12 horas.
Antes de abrir los ojos, sentí la mano de Minerva —mi pareja— sosteniendo la mía, nos miramos y nos unimos en un cálido abrazo, que me hizo saber que había vuelto a casa.
Me dijo que me estaban esperando para una reunión con los coordinadores de la misión; estaban muy preocupados por lo que había ocurrido en Masodo porque había puesto en cuestión toda la misión en Izven. En el resto del planeta la intervención humana había funcionado bien, las resistencias de los caciques locales en algunas regiones se habían vencido con facilidad, y la destrucción del armamento de los ejércitos había comenzado. Ya había varios centros de formación, en los que se estaba instruyendo a los Izvenianos en los avances necesarios en todos los campos, pero los acontecimientos de Masodo, no eran un buen ejemplo para el resto de los habitantes del planeta.
Me vestí rápidamente, tomé un café y un pequeño tentempié, y me trasladé a la sala de reuniones en la que me estaba esperando el consejo de coordinación de la misión.
Me explicaron que finalmente tuvieron que intervenir las fuerzas policiales de las ciudades limítrofes de Masodo, que fueron trasladadas la misma noche en que sucedieron los hechos a la ciudad por naves suborbitales que pusimos a su disposición.
La operación había sido complicada porque los masodianos parecían enloquecidos y opusieron resistencia para abandonar la ciudad, hubo que reducirlos por la fuerza y con gases lacrimógenos. Estaban poseídos por un estado de excitación sexual extremo, cuando se les retenía en las celdas que se habían preparado para el traslado, seguían en el mismo estado e improvisaban orgías frenéticas y espontaneas, hubo que dormirlos con altas dosis de sedantes.
Había un número indeterminado de heridos porque todavía se estaban organizando los campamentos de acogida en distintas ciudades, pero fácilmente superaban los cuatro o cinco mil. La cifra de fallecidos se desconocía, se estaba haciendo el recuento, pero las últimas informaciones hablaban de más de un millar.
Las últimas noticias de los campamentos decían que lejos de la ciudad, el estado de excitación había cesado en los masodianos y que se encontraban bien de salud, salvo por el lógico cansancio físico. Psicológicamente los síntomas eran diversos, algunos no recordaban nada de lo sucedido, otros les parecía haber sufrido una terrible pesadilla, y los que eran conscientes de lo que había pasado permanecían en silencio y depresivos.
En la reunión me preguntaron si tenía alguna hipótesis al respecto, les contesté que alguna idea tenía, pero les pedí tiempo para elaborarla.
Las siguientes semanas volví a la granja en la que había vivido con Minerva antes de mi llegada a Izven, y ocupé el tiempo entre el cuidado de las verduras que estaban empezando a germinar, las reuniones con la comisión que se creó para estudiar el fenómeno de Masodo y ponerme al día con Minerva.
Después de los casi tres años que pasé en el planeta, me resultaba extraño estar cuidando el huerto que ascendía por la pared interna del gigantesco cilindro, hasta ver arriba como colgando del techo, en la lejanía, a otros granjeros que cuidaban otros campos y que parecían difuminados por la luz de la barra luminosa, que recorría el centro del cilindro haciendo las veces de estrella para las plantas y los tripulantes de la nave-arca, que girando en torno a su eje a una velocidad constante, simulaba perfectamente las condiciones de gravedad de un planeta.
El reencuentro con mi pareja humana y con el resto de humanos en la nave-arca fue muy reconfortante; necesitaba volver a la normalidad, a sentir que las personas con las que me relacionaba pensaban como yo, comprendían mi forma de entender las cosas.
Minerva percibió perfectamente el estado en que me encontraba y me dedicó un trato especial; en los periodos nocturnos cuando apagaban la luz de la nave-arca, me perdía en su cuerpo de piel sedosa, y hacíamos el amor con ternura, lentamente, muy lentamente. Ella me decía que algo había cambiado en mí, después de mi estancia en Masodo que me había vuelto más sensible, preferí no hablar de lo que había presenciado la noche del desplome de la nube.
En varias sesiones de trabajo fuimos concluyendo en la comisión que realmente la intervención humana en la cultura masodiana, había alterado profundamente el equilibrio en el que habían convivido durante siglos. Comprendimos que los hábitos puritanos que se habían impuesto en la ciudad, tenían un sentido lógico más allá de las costumbres y de los sentimientos religiosos; constituían un mecanismo de seguridad esencial del grupo social.
Al romper este mecanismo, se desestructuró totalmente su sistema y sobrevino la locura colectiva en la que cayeron aquella noche.
Yo estaba de acuerdo en esto, pero pedí que se hicieran otro tipo de investigaciones; del resultado de las mismas, se descubrieron aspectos que terminaron por desvelar la raíz de lo que ocurrió.
Se concentraron todos los aparatos de medición de la nave sobre Masodo, y los escáneres de profundidad revelaron algo sorprendente: la ciudad estaba construida sobre la parte superior de un gigantesco meteorito férrico con fuertes propiedades magnéticas, que llegaban a alterar el campo electromagnético y gravitacional del planeta, la gigantesca roca seguramente se estrelló contra la superficie todavía en formación de Izven, lo que sumado a la gran densidad del meteorito, provocó que éste se “sumergiera” en el planeta más que se estrellara haciéndose añicos; no obstante en la parte externa del astro que estaba más solidificada, el impacto formó el gigantesco cráter que rodea a la ciudad.
Esta alteración geomorfológica condicionó biológicamente y genéticamente a los masodianos, haciéndolos más resistentes físicamente, pero seguramente también afectó a su cerebro volviéndolo más inestable, algo que se manifestaba en la relación con juicios extremos sobre la realidad, como una dificultad en apreciar los matices, los grises entre el negro y el blanco.
Estudiando la historia de Masodo comprobamos que efectivamente, sus habitantes siempre habían apostado por posturas políticas radicales y habían tenido un comportamiento un tanto espartano socialmente hablando, habían adoptado posturas extremas sistemáticamente, parecía que ese era el terreno donde encontraban su lugar.
No se consiguió establecer una relación con fundamento de todo esto con la peculiaridad del Hyperiotide, las extrañas manifestaciones de sus orgasmos y la Religión de Masodo, pero se intuía que algo tenían que ver las alteraciones de los campos electromagnéticos y gravitacionales producidas por la gigantesca roca férrica sobre la que se levantó la urbe.
A todo esto, se sumó una etapa de bajas presiones que mantuvo la nube encima de la ciudad cuando comenzaron las emisiones de programas porno, y que las lunas de Izven se alinearon perfectamente el día que la masa de plasma cayó sobre la ciudad. La fuerza gravitacional de las tres lunas produjo sobre los cerebros de los masodianos, un efecto parecido al de una goma elástica que se estirara tirando de ella por sus dos extremos, lo que seguramente produjo la locura colectiva que viví en primera persona, aunque faltaban datos de campo que avalaran esta explicación.
Los resultados del estudio fueron presentados al Consejo de Coordinación de la Misión, el cual convocó una reunión con el Gobierno Mundial de Izven en la que se trató el caso.
Finalmente se decidió despoblar la ciudad de seglares, convirtiéndola en un gigantesco centro religioso dedicado al culto de Mazdal. Los habitantes que ahora se encuentran dispersos por diversos campamentos de refugiados por las ciudades de Urgur, serán apoyados para que construyan ciudades permanentes y se integren en su nueva residencia. Solamente los sacerdotes de los templos y las pitonisas que permanecieron a salvo del fenómeno, volverán a la ciudad, así como todos aquellos masodianos, que quieran iniciar una vida monástica.
Se me pidió colaboración en el proyecto debido a las buenas relaciones que mantenía con los masodianos, y a la semana siguiente ya estaba de nuevo en la habitación de mi antiguo hotel.
El periodo de lluvias había barrido todo rastro de la nube, y el viento frío que soplaba desde las montañas acariciaba mi rostro con una brisa suave y fresca, mientras contemplaba la ciudad semidestruida y casi desierta.
Comprobé con alegría en la lista de supervivientes que Mercurial había sobrevivido, por lo que lo llamé para que me ayudara —si era su deseo— a reconstruir la ciudad, lo que aceptó inmediatamente, creo que siempre tuvo tendencias místicas.
En las siguientes semanas, se llamó a los mejores arquitectos de Izven y se planificó una nueva ciudad coronada en su parte más alta por el templo, rodeado de monasterios que descendían hasta las murallas que separaban la urbe de la planicie que se extiende hasta las montañas.
Se decidió cambiar el nombre de la ciudad que a partir de entonces, tomó el nombre del templo y se llamó Sensoatanath.
Una ciudad dedicada a la elevación espiritual de la sexualidad y que ya no volvería a explotar en una locura colectiva.
A los pocos meses retorné a la nave-arca a la espera de una nueva misión en Izven.
PÉRDIDA Y REPRESION DE LA FUERZA
Las mayores descargas de la Fuerza se producen por actos descontrolados, éstos son: la sexualidad excesiva, la imaginación sin freno, la charla desmedida, la curiosidad sin control y la percepción exagerada (el mirar, oír, gustar, etc... de manera desbordada e inútil).
En cuanto a la sexualidad, debes interpretar correctamente esto: tal función no debe ser reprimida, porque en ese caso crea efectos mortificantes y contradicción interna. La sexualidad comienza y concluye en su acto, pero de ninguna manera debe continuar afectando la imaginación o buscando nuevo objeto de posesión. Se hace evidente que si los estímulos externos o la fantasía exacerban la función del sexo, ésta resulta excesiva.
Está claro que las recomendaciones de castidad y abstinencia tuvieron en su momento relación con la Fuerza, pero los instructores que pusieron atención en aquello, de ningún modo lo explicaron de manera represiva, sino sobreelevada.
Posteriormente, el control del sexo por una determinada “moral” social o religiosa, sirvió a designios que nada tenían que ver con la evolución sino más bien con lo contrario.
La Fuerza se desbordó hacia lo crepuscular en las sociedades reprimidas y allí se multiplicaron los casos de “endemoniados”, “brujos”, sacrílegos y criminales de toda laya que gozaron con el sufrimiento y la destrucción de la vida y la belleza. En algunas tribus y civilizaciones, los criminales estuvieron repartidos entre los que ajusticiaron y los que fueron ajusticiados. En otros casos, se persiguió a todo lo que era ciencia y progreso porque se oponía a lo irracional, a lo crepuscular y a lo reprimido.
En ciertos pueblos primitivos, existe aún la represión del sexo, como en otros considerados de “civilización avanzada”. Es evidente que en unos y en otros, el signo destructivo es grande aunque en los dos casos el origen de tal situación sea distinto.
Si me pides más explicaciones, te diré que en realidad el sexo es en sí santo, ya que gracias a su ejercicio la caída de la luz en escalas inferiores (al desintegrarse los cuerpos), es compensada por la reproducción, que permite el surgimiento de nuevas posibilidades evolutivas.
Jamás creas las mentiras de los envenenadores de la vida cuando se refieren al sexo como algo despreciable. Por el contrario, hay en él belleza y no en vano está relacionado con los mejores sentimientos del amor.
Sé cuidadoso entonces y considéralo como una gran maravilla que debe tratarse con delicadeza, sin convertirlo en fuente de contradicción o en desintegrador de la energía vital.
Fragmento de “La Mirada Interna” —Anónimo
Editorial Transmutación, Santiago de Chile 1973