FÁBULAS CÓSMICAS

JAIME BATLLE

Jaime Batlle destaca sus Fábulas Cósmicas como la obra más significativa entre todos sus trabajos literarios y periodísticos. Oriundo del Brasil, ha escrito y dirigido shows, se ha dedicado a la fotografía, a la publicidad, al cine, centrándose después en la realización de revistas especializadas. En España, después de crear “Doctor/información profesional y administrativa”, se halla actualmente poniendo en marcha una nueva revista de “actualidad-ciencia-anticipación”, destinada a poner al alcance del gran público un periodismo de perspectivas cósmicas bien enfocadas en el ser humano rumbo a una consciencia de los factores que condicionan su futuro.

ilustrado por el autor

  

¿POR QUÉ FÁBULAS?

Mitología, apólogo, cuento popular, cuento de hadas, leyenda, folklore y filosofía:

he aquí lo que la fábula sintetiza.

Y la síntesis me parece la manera más eficaz y honesta de comunicación moderna.

En los orígenes ancestrales de la fábula se halla el Panchatantra

con que el sabio braman Vixnuzarma instruyó

a los cinco hijos necios del monarca Amarazakti

en seis meses en vez de los veinte años que sus tutores decían necesarios.

Demóstenes sólo obtuvo la atención de los atenienses sobre la gravedad de la situación

substituyendo el discurso político por una fábula.

Y estas fábulas, de simplicidad consciente, se destinan objetivamente,

vehementemente, a ser útiles al buen entendedor.

¿POR QUÉ CÓSMICAS?

Para emerger de convenciones mezquinas que atrofian la naturaleza humana

y alcanzar perspectivas más libres y elevadas desde donde contemplar al hombre.

Del macrocosmos al microcosmos. Una antítesis de la evasión.

Las civilizaciones precoloniales de Iberoamérica, especialmente la maya,

dedicaban su esfuerzo supremo a la preservación del orden cósmico.

En él se basaba su culto mitológico;

cuyas deidades resultan más coherentes que las actuales.

Ya se sospecha que el llamado progreso no sea más que el desarrollo de un error.

Más importante que el descubrimiento de nuevas vidas extraterrenas,

es que el hombre manifieste nueva y verdadera vida en sí mismo:

librándose de preconceptos, de obsesiones irracionales,

de la inconsciencia. De cuanto no sea espontáneo, natural, afectivo, profundo.

¿Vamos a esperar que los serafines o los marcianos nos lo enseñen?

La tomada de consciencia ofrece a quien no esté inerte la solución.

Y salvación.

  

TIERRA PROMETIDA

Los habitantes de la Tierra se reunieron.

Después de todas las conferencias de Ginebra, Habana, Washington y Moscú

decidieron que nada cabía esperar. Que la guerra total era siempre inminente.

No había posibilidades de vivir en paz.

Los intereses chocaban unos contra otros y no conseguían armonizarse.

En la Tierra no se podía encontrar la felicidad.

Por tanto juntáronse en los espacios mayores de cada país y emprendieron la partida.

Los cohetes levantaban vuelo sucesivamente y hendían el espacio cósmico

con destino a un nuevo planeta

donde la humanidad podría realizar sus ideales y vivir feliz.

Iban todos contentos y esperanzados.

No lamentaban dejar atrás la esfera cada vez más distante de la Tierra.

Pues el lugar para donde se dirigían representaba la solución de todos los problemas.

A medio camino se cruzaron con otros cohetes.

Eran extraños; muy diferentes.

Iban también en gran cantidad; un éxodo en dirección contraria.

Y posaron en la Tierra.

  

EL JURADO DEL JURADO

Y la humanidad fue aniquilada por la Justicia.

Sucedió así:

un hombre fue expulsado de una hacienda que no le pertenecía.

Había construido en ella una cabaña y la cabaña fue destruida.

Enfurecido, el hombre apuñaló al dueño de la hacienda.

Los doce jurados condenaron al asesino y éste fue ejecutado.

Pero doce nuevos jurados juzgaron a cada uno de esos jurados

para verificar si obraron bien.

Efectivamente el asesino era pasible de castigo por haber asesinado.

Pero, consultados varios tratados, se apuró que su expulsión de la hacienda

relativamente no se justificaba.

El terrateniente la había comprado, existían documentos.

Y el vendedor a su vez la había adquirido de otro.

Todos exhibían escrituras que probaban la transacción legal.

Uno comprara de otro, excepto algunas expropiaciones y apropiaciones

también legalizadas.

Y así la investigación fue remontando generaciones y siglos

hasta que llegó al creador de la Tierra; quien declaró que la hizo para todos,

incluso para el que construyó la cabaña.

Entonces los doce jurados fueron condenados a muerte por haber asesinado al asesino.

Pero llegaron otros doce jurados para juzgar a cada uno de los doce jurados

que condenaron a los doce jurados que condenaron al asesino.

Y éstos también fueron hallados culpables.

Pues si los primeros jurados no tenían el derecho de matar al asesino

los otros jurados tampoco tenían el derecho de matar a los asesinos del asesino.

Se comprobó que no eran capaces de dar vida a nadie;

ni siquiera sabían explicar claramente cómo se engendra el ser en el vientre materno.

Y no siendo señores de la vida, no lo podían ser de la muerte.

Por consiguiente fueron condenados de acuerdo con la ley.

Pero otros doce jurados vinieron a juzgar a cada uno de los doce jurados

que condenaron a los jurados que condenaron a los jurados

que condenaron al asesino.

Y los hallaron culpables. Y los mandaron matar.

Pero otros doce jurados vinieron...

Yo soy uno de los doce jurados que van a juzgar a cada uno de los jurados

que condenaron a toda la humanidad.

Con suerte, no habiendo más jurados para mí, quizá sobreviva.

  

LA PIEZA

Cuando Juan despertó cierta mañana de un sueño agitado

vio que se había convertido en pieza.

Al principio se sintió incómodo, extraño. Trató de moverse. No lo consiguió.

Se esforzó mucho antes de darse cuenta de que se esforzaba de manera inadecuada.

Sólo los movimientos humanos le eran penosos.

Al fin y al cabo no era una pieza cualquiera.

Un Procesador Central (serie B-34238898 barra 24 guión 32 coma 001)

podía enorgullecerse de su importancia.

Era el verdadero centro de todo el Computador Electrónico.

Y operaba con el sistema básico de tarjetas perforadas y cintas magnéticas

en conexión con la Unidad Perforadora y la Unidad Listadora.

La posibilidad de combinar unidades distintas

formando gran variedad de configuraciones

con el mínimo de reprogramación

eran factores que resaltaban su magnitud.

Juan pensó en las limitaciones de locomoción; y otras.

En compensación disponía de 4870 posiciones de núcleos magnéticos,

siendo cada posición un carácter alfanumérico individual.

Contaba también con dos memorias intermediarias de 80 caracteres para entrada

y una de 80 caracteres para salida, mandos internos de multiplicación,

suma, no-suma y comparación.

La extrañeza inicial desapareció por completo.

Juan reconoció que siempre se había sentido muy unido a la pieza.

Trató de ella la mayor parte del día durante años, pensó en ella, soñó con ella.

La identificación simplemente se había completado.

En su actual condición no podía hablar, no podía salir con los amigos,

ya no podría ir nunca más con su mujer ni con sus hijos.

Pero lo principal era que el empleo estaba garantizado.

¡Ahora más que nunca!

© 1969, Jaime Batlle y Nueva Dimensión