CONCLUSIÓN

FANZINE

JOHN BERRY

Se arropó con la hoja. Los pequeños aguijones le molestaban, pero por eso mismo le proporcionaban una débil sensación de calor. Levantó un poco la cabeza por encima del arnés para dar una ojeada a los rayos, rojo oscuro, del sol. Le dolió. No el resplandor del sol, porque era un sol agonizante, sino el esfuerzo de tratar de mantener la cabeza fuera del arnés. Era un placer exquisito el bajar la cabeza y notar cómo el cuello se acomodaba en el armazón. Además, esto terminaba con la migraña.

Se estremeció y movió un poco los maderos.

Mientras movía su huesuda muñeca para apretar aún más la hoja, apareció una seca sonrisa en sus labios al ver el brazalete verde. En él se leía Archie. Era una especie de broma, de chiste familiar. De tiempo atrás. La Tierra estaba tan superpoblada que se conocía a las personas por la clasificación de sus huellas digitales. Eso ocurría, claro está, aproximadamente en el año 23.000 d. J.C. Ahora todo era diferente. No es que fuera tan egoísta como para pensar que era el último homo sapiens, sin duda habría docenas, quizá millares, desparramados por el mundo, escondidos como él; bajo nudosas raíces de árboles, en cavernas... eso, huellas digitales... sí, eso era. Su esposa lo había hallado en las ruinas de un museo, aquel brazalete verde. Archie. Su esposa... sí, tenía huellas ajustadas al arquetipo en sus seis dedos y dos pulgares... archi... Archie... una broma esotérica compartida entre seres que se amaban hacía millares de años... o quizá, en aquellos días, había un hombre que se llamaba Archie... o tal vez una mujer... como un apodo... claro está que extraoficialmente, porque debía tener la clasificación por las huellas digitales...

Movió los maderos, pensó por un momento, y se colocó uno bajo el brazo.

Era curioso ver cómo había llegado el fin. No toda la culpa había sido de las termitas. Simplemente fue el sexo. Una palabra tabú durante los últimos tres mil años. Era por la cabeza. No era mucho el tener que pasarse la vida usando un arnés para evitar que su peso dislocase el cuello... cabezones... una broma de la naturaleza... tenía que llegar... siempre había sido así... una línea evolucionaria que concluía... cabezas grandes, y después aún más grandes. Un niño que nacía y una madre que moría. Tenía que ser así, cabezas grandes, y después aún más grandes... por eso, como es natural, las mujeres no querían tener niños... aunque la evolución hasta había solucionado esto... ¿no decían que las mujeres de los desiertos del norte ponían huevos?

Los maderos. Los movió. Aquel día había encontrado tres. Uno grande. Se sentó sobre este. Dos pequeños. Tenía uno bajo cada brazo.

La luz roja se fue oscureciendo hasta llegar a marrón, luego cayó una total oscuridad. Era la hora de tomar una píldora. Tal vez le quedasen unas cincuenta en la pequeña cajita situada en la parte delantera del arnés para la cabeza. Cuando eran digeridas, el cuerpo emanaba un olor. Mantenía apartadas a las termitas. Así que, por lo menos, le quedaban cincuenta días. ¿Y luego...?

Se tapó completamente con la hoja, como con una tienda.

Con cuidado, no debía dejar caer ningún madero.

Contó... 5341...

Una nubecilla de humo al encender los maderos, por frotación, la yesca seca.

Se acurrucó junto al fuego.

Otros cincuenta días...

Título original:

CONCLUDING ACT

© 1962, Pot Pourri.

Traducción de M. Sobreviela

Hace algunas semanas, Irlanda del Norte atrajo la atención mundial por los sucesos políticos que en ella estaban acaeciendo. No es esto lo normal, ya que si exceptuamos algunos ataques de comandos de la IRA (El ejército Republicano Irlandés, grupo guerrillero que pretende la unión del Norte al Eire), el Ulster, que es como llaman los británicos a este reino de su corona, casi nunca es noticia.

Esto es casi idéntico en el terreno del fandom, pero no fue así siempre, pues hace unos años, a principio de los sesentas, un fanzine polarizaba la atención mundial: se trataba de Pot Pourri, el fanzine de John Berry.

Era esta una muy singular publicación de aficionado, pues igual discutía en un número la forma de hacer mermelada de ciruelas, que en el siguiente daba la descripción de unas antiguas ruinas visitadas por su faneditor.

Pot Pourri fue, ciertamente un fanzine muy original. Por ello, los afortunados que pudieron hacerse con algunos ejemplares, como nuestro especialista en cuestiones del fandom, Luis Vigil, los guardan como oro en paño.

Por ello, para este número hemos seleccionado una de las muy frecuentes incursiones de John en el campo de la ciencia ficción (pues no todo iban a ser mermeladas y ruinas), en un corto relato que nos habla de un mundo y una humanidad agonizantes.