26

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Joanna fue violada cuando tenía veintiún años. Nos habíamos…

 

Puede ahorrarse esa parte Señor Cummings, estoy al tanto de todo aquello.

 

¿Sí?—preguntó muy nervioso—. ¡Nadie está al tanto de ese asunto! ¿Quién mas sabe esa historia?

 

De momento solo yo y Alex, mi ayudante. Continúe. ¿Cuándo se enteró usted de esos acontecimientos? Me refiero a que si la Señora Makenzie le informó cuando se reencontraron ustedes de jóvenes en la universidad o fue posteriormente. Supongo que me explico…

 

Se explica perfectamente detective. Yo tuve conocimiento de esos hechos hace aproximadamente un mes—contestó muy afectado—. Fue horrible para nosotros, como se podrá imaginar.

 

Lo lamento. Doy por hecho que después de cuarenta años juntos tuvo que ser muy duro.

 

Más de lo que pueda usted pensar, detective…

 

Más o menos imagino la historia, pero continúe por favor.

 

Joanna llevaba ya un par de años muy deprimida y desanimada. Le pregunté cientos de veces que le sucedía exactamente, pero nunca me quiso confesar nada. Hasta hace un mes, como le digo. Como sabe, por lo que usted me comenta, ya está al tanto de que Joanna fue violada muy joven. Fruto de esa violación nació un hijo que entregó en adopción…

 

Del cual nunca volvió a saber nada, hasta hace un par de años—continúe para hacer avanzar el tema—.

 

Efectivamente. Joanna había conservado en secreto todo ese desgraciado asunto durante más de cuarenta años. Era un tema muy duro y a la vez delicado para ella. Una violación, un embarazo no deseado, un niño en adopción. Los tiempos entonces no funcionaban como ahora. Ahora sería un asunto terrible. En aquellos tiempos habría sido un estigma insalvable para ella, le habría destrozado la vida.

 

Entiendo…

 

Joanna conservó su secreto. Empezó una nueva vida lejos de todo aquello y jamás le contó su historia absolutamente a nadie, yo incluido.

 

¿Cómo reaccionó usted cuando se lo contó?

 

¿Me dolió mucho? Sí, por supuesto. ¿Lo entendí? Pasado el primer impacto emocional, sí, lo entendí, y así se lo hice saber. Ella estaba muy mal de ánimos y me necesitaba a su lado en ese momento.

 

¿Por qué se lo cuenta ella exactamente? ¿Por qué hace un mes? ¿Por qué razón?

 

Al parecer, ese hijo de puta apareció en escena hace un par de años. Había descubierto quien era su verdadera madre y que Joanna era una abogada prestigiosa de Nueva York. Un día se presentó en su despacho y la chantajeó.

 

Me imaginaba que la cosa iba por ahí…

 

Al parecer le dijo que estaba dispuesto a hacer público todo el tema de la violación y la entrega en adopción. Prácticamente quería responsabilizarla de que él fuera un marginado, un tirado de la vida, un delincuente. Si lo hubiera hecho, habría sido un escándalo brutal que a Joanna le habría destrozado la vida.

 

Y entró en el chantaje…

 

Así es. Al parecer quedaban en ese bar cada dos o tres meses y Joanna le daba dinero…

 

¿Cuánto dinero?

 

La cosa empezó en diez mil dólares en cada encuentro, pero fue subiendo cada vez que se veían…

 

Siempre pasa…

 

Tras cada encuentro la cifra subía. La tenia bien pillada, Joanna estaba aterrorizada y seguía soltándole dinero con tal de tenerle tapada la boca.

 

Craso error. Los chantajes siempre van a más y nunca tienen fin. Tenía que haberlo denunciado a la policía según apareció en escena por primera vez.

 

Se lo dije cuando me lo contó todo, pero argumentó que estaba aterrada, no quería bajo ningún concepto que todo aquello saliera a la luz. Pero cada vez le fue pidiendo más y más dinero. La última entrega que le hizo fue de treinta mil dólares. Pero no le pareció suficiente, quería más. Fue ahí cuando Joanna, completamente desesperada, me lo contó todo.

 

¿Cuánto le pidió?

 

Un millón de dólares.

 

¡¡Joder!!

 

Eso dije yo. Joanna había ido sacando dinero de sus ahorros para ir haciendo los pagos hasta ese momento. Pero lógicamente ya no podía atender esa cantidad.

 

¿Qué le aconsejó usted?

 

Que no pagara, lógicamente…

 

¿Tenían ese dinero?

 

Teníamos ese dinero ahorrado para nuestra jubilación. Afortunadamente nos ha ido bien en la vida y ahora queríamos comprar una casa en Los Hamptons para retirarnos allí a disfrutar de nuestros últimos días. Le dije que no podíamos hacer eso. Era renunciar a todos nuestros planes y en pocos meses nos volvería a pedir de nuevo más dinero.

 

Entonces decidió usted hablar con él…

 

Correcto, así fue. Joanna le convocó nuevamente en ese bar, pero acudí yo en su lugar.

 

Y le amenazó…

 

Sí y no. Estuvimos casi una hora hablando. Le planteé dos cosas. Por un lado pagarle cien mil dólares. Por otro, que a cambio de ello, firmara un contrato con una clausula de confidencialidad por la que renunciaba tanto a hacer público todo aquello, como a solicitar ninguna otra cantidad futura en concepto de indemnización.

 

¡Por el amor de Dios!—exclamé—. ¿Fue ese abogado que está esperándole en la puerta el que le sugirió esa puta gilipollez?

 

Si, fue él. Estoy seguro que lo hizo con su mejor intención.

 

Eso no lo dudo. Pero mire las consecuencias. ¿Qué le dijo entonces ese cabrón?

 

Tuvimos una discusión muy fuerte. Básicamente, me dijo que me fuera a la mierda.

 

Vaya elemento…

 

Me dijo que quería el millón y que no pensaba firmar absolutamente nada. Esta muy crecido. Yo entonces le contesté que esa misma tarde le iba a denunciar y que me iba a ocupar personalmente de que se pudriera en la cárcel para el resto de sus días.

 

Me imagino como siguió la historia.

 

Me amenazó con ir a casa y hablar con Joanna. Fue entonces cuando le dije que si aparecía por mi casa le pegaría un tiro. Se echó a reír en mi cara y me dijo que yo no había visto una pistola en mi vida. Ingenuo de mí, le dije haciéndome el duro que tenía una en mi mesita de noche y le repetí que si tenía huevos de aparecer por mi casa le pegaría un tiro. Maldita sea la hora en la que le dije aquello…

 

¿Qué pasó? ¿Qué le contestó?

 

Me dijo textualmente: "Me vas a pagar viejo cabrón. Puedo asegurarte que me vas a pagar".

 

¿Y…?

 

Y se fue de allí de malas maneras dando voces. Dos semanas después Joanna estaba muerta…

 

Al acabar aquellas palabras el juez se puso a llorar. A llorar como un niño de nueve años cuando se entera de que su madre acaba de morir y no volverá a verla nunca jamás. Y sé de lo que hablo.

 

Le dejé desahogarse un rato. Cuando se tranquilizó le hice la pregunta que llevaba deseando realizarle desde que me había sentado esa tarde frente a él. Aunque ya imaginaba la respuesta.

 

¿Por qué no nos contó todo esto inmediatamente según se encontró usted a su esposa tiroteada?

 

Según vi a Joanna con tres disparos en la cabeza supe que había sido ese hijo de puta. Los primeros días estuve  conmocionado, no podía pensar en el hospital, entre otras cosas porque me tuvieron todo el tiempo medio drogado. Cuando llegué a casa estuve dándole vueltas al asunto. Si le denunciaba todo saldría a la luz. Además del terrible escándalo que sería para toda la familia, Joanna habría muerto para nada. Ella siempre quiso ocultar todo aquello y ahora, después de muerta, no voy a dejar su imagen manchada para siempre por culpa de ese cabrón. No lo voy a hacer, detective Conway. No lo voy a hacer de ninguna de las maneras.

 

¿Aunque sepa que ese tipo asesinó a su mujer?

 

Así es. Ya no tiene arreglo. Denunciarle solo serviría para manchar la memoria de Joanna. Por eso no le conté todo esto. Nadie lo sabe, salvo usted.

 

Encendí un cigarro y le ofrecí otro a él, que rechazo agitando la mano con la que no se estaba tapando su cara para ocultar el llanto. 

 

Juez Cummings. Tengo que ordenar una orden de busca y captura de Raymond Brolin esta misma tarde. Tiene que entenderlo…

 

Lo entiendo detective, claro que lo entiendo—respondió entre sollozos—.

 

Le puedo garantizar que vamos a llevar todo este asunto con extrema confidencialidad. Si lo desea, no comente nada a la familia ni a su abogado por el momento. Primero vamos a detener a ese tipo. Después le pondremos a disposición del fiscal. Un tiempo después comenzará el juicio. Tal vez en ese momento su abogado esté en condiciones de negociar algún tipo de acuerdo favorable con ese desgraciado para consensuar qué y cómo se cuentan los hechos en el juicio. ¿Le parece?

 

Me parece, detective Conway. Se lo agradezco mucho. Es usted un gran hombre, podría haberme acusado de obstrucción a la justicia…

 

No ganaríamos nada con ello juez Cummings. Entiendo por todo lo que está pasando. Tal vez yo en su lugar hubiera hecho lo mismo—mentí para no incrementar el sentimiento de culpabilidad de aquel pobre hombre—.

 

Gracias Conway. Gracias otra vez…

 

Extreme las precauciones hasta que detengamos a ese tipo.

 

Sí, lo haré detective…

 

No creo que vuelva a aparecer por su casa, a estas alturas se debe de haber dado cuenta de que se le ha ido la mano y de que le estará buscando la policía de todos los Estados Unidos.

 

Eso espero…

 

Pero esté muy atento y ante cualquier movimiento sospechoso avísenos inmediatamente. Si tiene oportunidad váyase unos días fuera a descansar, le tendré informado del desarrollo de nuestras investigaciones.

 

Muchas gracias Conway, quedo entonces a la espera de sus noticias. ¿Puedo irme? Necesito meterme en la cama, no me encuentro bien…

 

Por supuesto juez—dije poniéndome en pie y estrechándole su mano—. Y gracias por su colaboración en estos difíciles momentos. No se preocupe de nada, me ocuparé personalmente de que la prensa quede al margen de todo esto.

 

Le acompañé hasta la puerta y aquel hombre que había envejecido diez años en poco más de una semana, abandonó definitivamente la sala de interrogatorios. "5-0", pensé. Aunque no fue lo único que vino a mi cabeza. También me dolió en lo más profundo de mi alma comprobar que a veces resulta muy triste ganar por goleada.

 

 

 
Manhattan
titlepage.xhtml
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_000.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_001.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_002.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_003.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_004.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_005.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_006.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_007.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_008.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_009.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_010.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_011.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_012.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_013.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_014.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_015.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_016.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_017.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_018.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_019.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_020.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_021.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_022.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_023.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_024.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_025.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_026.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_027.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_028.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_029.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_030.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_031.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_032.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_033.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_034.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_035.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_036.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_037.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_038.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_039.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_040.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_041.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_042.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_043.html
CR!48XSK4MP612SN4ZA20G8A1RJCHQJ_split_044.html