Capítulo 12

Tara sabía que estaba siendo irracional. Y, muy posiblemente, una bruja total.

Pero lo que pasó con Nathan, quien estaba ahora castigado – le daba muchísimo miedo. Beber y salir a una fiesta sin supervisión a los catorce podría haber acabado mal de formas en que ni siquiera quería empezar a pensar.

Por desgracia, todo lo que hizo durante los últimos tres días era pensar en todas las posibilidades. Y había escuchado hablar al entrenador de Nathan, que fue informado de la fiesta, aunque no dijo por quién. Tenía la intención de tener una larga conversación con Tim al respecto, aunque no habrían sanciones. Estuvo a punto de sentir pena por Tim porque estaba segura que sus padres iban a estar furiosos cuando se enteraran que el equipo completo de fútbol – incluidas las chicas - habían estado en su casa más que bebiendo.

Y nada de lo que había sucedido fue culpa de Mick. De hecho, ella estaba agradecida que hubiera sido el que había intervenido y sacado a Nathan de esa situación. Si ella hubiera sido la primera en caminar por esa casa, hubiera probablemente sacado y avergonzado a su hijo. Por lo que Nathan le dijo – que fue todo lo que pudo recordar - Mick estuvo calmado e hizo a Nathan saliera de allí sin hacer una escena. Tara habría provocado definitivamente una escena. Seguro que hubiera gritado a todos los hubieran esta implicados. Y habría conseguido probablemente llamar a los padres de cada niño, lo que hubiera mortificado Nathan, que probablemente nunca le hubiera hablado de nuevo. Estaba tan contenta de que Mick hubiera estado allí y hubiera actuado de forma racional con Nathan.

Pero ¿ella se lo había agradecido profusamente? No. Básicamente lo había culpado por ello. No directamente, por supuesto, sino indirectamente había señalado con el dedo a Mick por todas sus fallas como madre.

Dios. Dejó descansar la cabeza en sus brazos y sólo dejó que todo saliera por unos minutos.

"¿Has pensado en terminar con todo?"

Levantó la cabeza, y vio a Maggie, quien estaba apoyada en la puerta de su oficina.

"Piénsalo bien, sobre todo si me traes alguna nueva catástrofe. Estoy llena hasta el tope."

"No hay crisis que informar, pero Jenna te llamó mientras estabas en el teléfono antes, y tiene la últimas reservas del lugar para la fiesta de aniversario, así que tiene el recuento de personas, además de que quería revisar la distribución del lugar y algo sobre el servicio de comida."

Oh, infiernos. La fiesta de aniversario de los padres de Mick se acercaba en el fin de semana. Y el cumpleaños de Nathan era también este mismo. Puso la cabeza entre sus manos y cerró los ojos, deseando poder estar en cualquier lugar menos aquí.

Maggie cerró la puerta. "¿Quieres decirme cuál es el problema?"

"Todo."

"Tengo tiempo. Dispara."

Tara se lo dijo todo a Maggie, sin saltarse nada. Le habló de Nathan emborrachándose y de Mick yéndolo a buscar, y de Tara no estando allí, porque estaba fuera ayudando a Maggie, a pesar de que era probable que se sintiera culpable por eso. Sin embargo, ella y Maggie eran las mejores amigas, y Maggie entendería que no tenía nada que ver con ella.

"Así que es culpa de Mick."

Tara se inclinó y cruzó las manos juntándolas. "Por supuesto que no es su culpa."

"Me parece que lo estás culpando de todo, de que Nathan se haya emborrachado, para no sentirte como si no fueras del todo perfecta en el trabajo como una super-mujer".

Eso había dolido. "Jódete, Maggie."

"No, gracias. Me gustan los hombres. Mira, Tara, ¿no es cierto que hace apenas unos pocos días me dijiste que no podía salvar a mi hermano? ¿Que tengo que dejarlo caerse sobre su cabeza y que sólo lo hago un inútil rescatando su trasero cada vez que se mete en problemas?"

“Sí. Te lo dije, porque es verdad."

"Bueno, me dolió cuando me dijiste eso. Pero estabas en lo cierto. Y ahora te haría daño diciéndote que está tratando de ser perfecta para todo el mundo, y al final tienes que darte cuenta que no se puede. Está bien tener una carrera impresionante a la que ames y ser madre a la vez. Está bien salir en citas, al mismo tiempo que haces malabares, llámese con tu carrera o llámese con tu hijo, y que está bien no hacer nada perfectamente. Lo vas a estropear todo de vez en cuando. Tienes que darte un descanso".

"Es más fácil decirlo que hacerlo. Qué pasa con Nathan asustándome."

"¿Porque se emborrachó? Por favor. Los chicos hacen eso. Meten la pata. Así lo hice a esa edad. Así lo hiciste tú."

“Ya lo sé. Dios, no lo sé. No quiero que cometa los mismos errores que yo."

"Pero puedes seguir detrás de todos sus pasos tratando de evitar que suceda, tampoco. Lo sofocarás si lo intentas. Deja que se caiga unas cuantas veces y veremos qué pasa."

Ella inhaló y dejó escapar un suspiro tembloroso. "Lo intentaré. Aunque no te lo garantizo".

"Y mientras tanto, pídele disculpas a tu guapo novio por culparlo, porque el idiota de tu hijo se emborrachó".

Ella se echó a reír. "Sí, creo que tienes razón en eso. Lo lastimé."

Maggie asintió. “Muy bien, así que besa al tonto y hazlo mejor la próxima vez."

Tara estuvo a punto de no hacer el viaje a Saint Louis para la fiesta. Ella podría haberla manejado a larga distancia, pero era su negocio y su reputación los que estaban en juego y, además, le había prometido a Nathan un partido de béisbol por su cumpleaños. A pesar de que estaba castigado por haber bebido el fin de semana pasado, todavía era su cumpleaños, y ella no le quitaría eso.

Así que hizo el viaje con Mick, que sorprendentemente aún hablaba con ella, aunque las cosas entre ellos se encontraban en dificultades y no había tenido ni un momento a solas con él para hablar sobre ello.

Ella había tenido que trabajar sin parar antes de salir el viernes, y luego, por supuesto, Nathan estuvo con ellos. E incluso Nathan estaba teniendo dificultades para tener una conversación con Mick, sin duda porque estaba muy avergonzado por el fin de semana anterior, que con razón debía estar. Le había pedido disculpas a Mick por el episodio de embriaguez, y por suerte Mick lo había dejado de lado diciéndole que no fue gran cosa.

Había aceptado la disculpa de Nathan, pero no dijo nada más.

Así que se habían sentado juntos en el avión y habían hablado de... nada. Afortunadamente, Mick había tomado el relevo y hablado con Nathan sobre su práctica con el equipo en los últimos dos días, del trabajo con su entrenador, de la reunión con su nutricionista, y los dos habían hablado de un par de chicos del equipo. Habían mantenido la conversación fluida, y Tara abrió su ordenador portátil y trabajado para no decir mucho más que no fuera interponer algunos "Oh, es interesante" y "¿De verdad?" y "Es grandioso." Fue incómodo, y estuvo realmente contenta cuando habían llegado a casa de los padres de Mick.

"Tara, estoy tan feliz de verte de nuevo." Kathleen la dobló en un abrazo.

"Estoy feliz de estar aquí." Todo era cierto. A ella le gustaba la madre de Mick, y deseaba poder hablarle acerca de la tensión entre ella y Mick, pero eso sería un poco difícil.

Kathleen había abrazado a Nathan, también, al que no parecía importarle en absoluto. Él incluso había enseñado una gran sonrisa cuando Jimmy había dado vuelta a la esquina desde la otra habitación y envolvió a Nathan en un abrazo de oso.

"Te extrañé, muchacho. No tuve a nadie con quien tirar al aro."

"¿Nadie que pateara tu trasero, quieres decir?"

"Nathan", Le advirtió Tara.

"Hey, sólo piensa que es muy bueno", dijo Jimmy, pasando su brazo sobre los hombros de Nathan. "Pero, como Mick y Gavin y Jenna, pronto aprenden a ser superados por el maestro."

"En tus sueños, anciano." dijo Mick, abrazando a su padre.

"Bueno, lo veremos, ¿no es cierto?"

El equipaje fue olvidado pronto en la entrada, Jimmy, Nathan, y Mick lo habían quitado de la parte posterior, donde rebotaban una pelota de baloncesto y los gritos e insultos se oían.

"Es siempre así, me temo", dijo Kathleen desde la cocina mientras daba a Tara una taza de té helado. "Jimmy los reta, y ninguno de los chicos puede nunca resistir el desafío."

Tara se echó a reír. "Estoy segura de que es cómo tus hijos llegaron a ser tan buenos en los deportes competitivos."

Kathleen asintió. "Los Rileys tienen espíritu competitivo, seguro. Pero Jimmy lo utiliza para mantenerse en forma. Casi todas las noches me arrastra hacia afuera para un juego o dos."

Tara puso la mano sobre Kathleen. "Así es como te mantienes en tan buena forma."

Ella se echó a reír. "No nos sentamos sobre nuestros culos por aquí, eso seguro. Y tú tampoco, por lo que pareces, pequeña."

"Me mantengo ocupada."

"Y hablando de mantenerse ocupada, gracias por haber planeado esta fiesta. Jimmy y yo estamos muy honrados."

"Yo soy a la que honran al ser parte de ella."

"Tonterías. Estás prácticamente en la familia."

Tara se echó a reír y llevó sus manos alrededor del frío vaso. "Difícilmente".

Kathleen la estudió. "¿Así que me estás diciendo no tienes sentimientos por Mick?"

Oh, mierda. ¿Cómo iba a evitar esto? "Tengo un montón de sentimientos por Mick. Sólo que no sé exactamente lo que tenemos juntos todavía."

"Bueno, te puedo decir que nunca ha traído a una mujer a casa a conocer a la familia, por lo que sea que siente por ti, es muy especial."

"Gracias. Pero no creo que sea nada permanente o de larga duración, Kathleen. Quiero decir, tenemos vidas muy diferentes."

"¿Y qué tiene eso que ver con cómo se sienten el uno del otro?"

"Puede que sea difícil hacer que la relación funcione".

"¿Por qué? ¿Porque es un jugador de fútbol y está en la carretera durante la temporada? ¿Crees que serías diferente de cualquiera de los otros jugadores que tienen relaciones con sus novias o esposas?"

"No. Eso no es lo que quise decir." Estaba manejando esto mal. "Pero tengo a Nathan, y necesita algo de estabilidad en su vida. He trabajado muy duro para crear eso para él".

"¿Así que estás diciendo Mick no podía darle eso a él?"

Oh, Dios. ¿De dónde había salido esto todo mal? "No sé lo que estoy diciendo. No hay nada malo con Mick. Nada en absoluto. Kathleen, es maravilloso. Cualquier mujer podría tener mucha suerte al tenerlo."

Kathleen se recostó en su silla. "Pero no tú."

"Yo no he dicho eso."

Kathleen exhaló un suspiro. "Y yo estoy siendo defensiva sobre Mick, que te hace ser defensiva a la vez. Lo siento."

"Yo también."

"Las dos somos madres, por lo que entendemos lo que es proteger a nuestros hijos."

Tara asintió. "Lo sé".

"No quiero que nadie le haga daño. Y sé que él te importa."

"No te preocupes por él, Kathleen. Pero danos tiempo para saber lo que sentimos el uno al otro. Esto sigue siendo nuevo."

Kathleen se echó a reír. "Los presiono, lo sé. Quiero que sea feliz. Quiero que tenga lo que Jimmy y yo tenemos juntos. Y me gustas. Me gustan tú y Nathan. Me gustan los dos junto Mick, así que no puedo dejar de querer presionaros para que se vuelvan una familia." Ella se levantó y puso su vaso en el fregadero. "Es hora de que me detenga y te deje a ti y a Mick descubrir las cosas por ustedes mismos."

Tara levantó la mirada a Kathleen. "Gracias."

Kathleen dio la vuelta y se abrazaron. "Pero sabes, estoy lista para tener una nuera. Y no puedo pensar en nadie que prefiera tener en la vida de mi hijo más que a ti."

Ella se enderezó y se dirigió a la puerta de atrás.

"Ahora creo que veré si los chicos no se han matado unos a los otros todavía."

Después que Kathleen se fuera, Tara tuvo que abrir y cerrar los ojos para evitar el aguijón de las lágrimas. ¿Cuánto tiempo había anhelado una madre en su vida? Dios sabía que su madre nunca fue el tipo de que Tara había necesitado. Había deseado a alguien cuyo consejo podría buscar, y nunca había tenido eso, ni siquiera cuando fue una niña. Había aprendido a confiar en sus propios instintos, y con frecuencia había tomado las decisiones equivocadas.

Kathleen era cálida y de buen corazón, además de una jugadora directa que todo lo sacaba. Era exactamente el tipo de mujer que Tara quería y necesitaba en su vida. A ella le encantaría ser su nuera. O su hija. O su amiga.

Pero no a costa del bienestar de Nathan.

No iba a precipitarse en algo que podría poner en peligro la familia que ahora tenía, que eran sólo ella y Nathan. Se había sacrificado tanto por él. Si tenía que renunciar a más, lo haría. Si ella y Mick estaban destinados a estar juntos, sucedería.

Como lo veía en este momento, sin embargo, había una gran cantidad de insuperables obstáculos para que eso sucediera. Igual que el hecho de que no había hablado aún sobre cómo se sentían el uno por el otro.

Todavía era demasiado pronto. Ella y Mick se paseaban sobre cáscaras de huevo alrededor de cada uno justo ahora, sobre todo debido a su propia estupidez y a su ceguera.

Así que sí, Tara podría amar todo lo que Kathleen era, pero no era con ella con quien tenía una relación primaria. Tal vez había llegado el momento de averiguar si había algo más en su relación con Mick más allá del sexo. Estaba empezando a preguntarse si eso era todo lo que tenían. Y si lo era, sí, era muy, muy buen sexo, pero no era suficiente para ella.

Había demasiado en juego como para involucrar su corazón, y el de Nathan, en algo que podría ser quemado al final.

 

Tara dio un paso atrás y admiró su trabajo. Era cierto, hizo un trabajo increíble. El lugar era perfecto y estaba decorado en blanco con verde, intercalados en todas las mesas. Las flores frescas en jarrones de cristal adornaban cada mesa, y arbustos vivos fueron traídos para dar la ilusión de un entorno exterior, por lo que incluso aunque la fiesta de aniversario se llevaría a cabo en el interior, Tara había replicado el prado donde Jimmy y Kathleen habían dicho sus votos hacía cuarenta años.

"Hola mamá -"

Ella envolvió sus brazos contorno a su hijo. "Hola muchacho del cumpleaños. ¿Cómo se siente tener quince años?"

Él sonrió. "Bastante bien".

Todavía se sentía un poco culpable de que estuviera trabajando en su cumpleaños. "Lo siento, no tuve la oportunidad de organizarte una fiesta ni nada. Y tampoco estuviste con tus amigos en tu cumpleaños."

"¿Estás bromeando? Fui al partido de hoy, y Gavin me consiguió una pelota firmada por todos los miembros del equipo, además que Mick me llevó a bajo después del juego para pasar un rato con los chicos en el vestidor. Y ganaron. Es mi mejor regalo de cumpleaños."

Ella se apoyó contra él. "Me alegro. Me estaba preocupado."

Él se recargó en ella. "Te preocupas demasiado."

"Probablemente".

"Voy a encontrar a mis amigos. ¿Nos vemos más tarde?"

Ella asintió, dándose cuenta de lo fácil que era complacerlo, y lo afortunada que era en tener un hijo como él. "Más tarde".

Lo vio alejarse, dándose cuenta de lo rápido que estaba creciendo. El tiempo era tan fugaz. Nathan se sentó a una mesa con los primos de Mick, con su risa sonando y tan fácilmente discernible incluso en esa ruidosa multitud. Dios, amaba tanto a su hijo.

"Es hermoso, Tara. Impresionante. Gracias."

Kathleen se acercó a ella y la abrazó, con los ojos llenos de lágrimas.

"Lo hiciste bien, nena", dijo Jimmy, arrastrándola a un abrazo de oso. "Hiciste que Kathleen llorara de felicidad."

Tara se echó a reír. "Jenna me ayudó con fotos de su boda. Fuiste una hermosa novia, Kathleen. Y te ves tan hermosa hoy."

Las mejillas de Kathleen se tornaron rosa. "Ahora no seas tonta. Soy un poco mayor."

"Pero sigues siendo tan sexy como el día que me casé contigo" Dijo Jimmy, agarrando a Kathleen a sus brazos y plantándole un caliente beso a su esposa.

Tara hizo una salida discreta mientras Jimmy llevaba a su esposa a la pista de baile. La banda comenzó a tocar algo de música rock de los setenta, que hizo que la mayor parte de la multitud se abriera camino a la pista de baile.

Tara se dirigió al bar donde naturalmente encontraría a Jenna, que parecía fuera de sí de pie al otro lado de la misma. Pero Kathleen había insistido en que su hija no trabajara esa noche y en su lugar disfrutara de la fiesta.

"¿No sabes qué hacer contigo misma?"

"No. Y me hizo usar este maldito vestido".

"Te ves increíble. El vestido se ve hermoso en ti." Un veraniego vestido de seda se ajustaba al delgado cuerpo de Jenna tan bien, con múltiple impresiones que mostraba algunos de los tatuajes de Jenna. Incluso tenía tacones gastados.

Jenna arrugó la nariz. "Supongo que está bien vestirse como una chica de vez en cuando. Será difícil defenderse de mis idiotas hermanos si quieren jugar fútbol americano sin embargo."

"Dudo que vayan a hacerlo esta noche. Creo que estás a salvo."

Ella se echó a reír. "Probablemente tienes razón."

"Y es posible que desees bailar."

Jenna se encogió de hombros. "Lo dudo. Prefiero destapar las botellas de cervezas".

"¿Así que no le has echado el ojo a ningún hombre?"

"No me satisfacen estos idiotas deportistas, bebedores de cerveza del bar. No necesito bailar con ninguno de estos twits sin cerebro."

Tara podía decir que Jenna no tenía simpatía por ninguno de los amigos de Mick o Gavin.

"De todos modos," dijo Jenna dando su copa de vino a Tara. "Brindemos por el éxito. Lo lograste."

Tara asintió. "Se ve de esa manera. Y tú también hiciste una gran parte del trabajo."

Jenna agitó la mano en un gesto desdeñoso.

"Yo no hice más que darte la lista de invitados, algunas fotos, y sugerir algunos puntos que podrían albergar a esta gente loca". Jenna se volvió hacia ella. "Eres realmente buena en esto."

Tara se echó a reír. "Gracias, Jenna. Me gusta mi trabajo."

"Tal vez todavía haya esperanza para mi hermano. Ya me había empezado a preguntar porqué todas sus citas alguna veces eran con cabezas huecas."

"Creo que esas fueron arreglos de relaciones públicas en su mayoría."

Jenna tomó un sorbo de su vino. "Uh-ajá. ¿Es lo que te lo dijo?"

Tara se volvió hacia ella. "Sí".

"Bueno", dijo Jenna con una sonrisa irónica. "Está bien, entonces."

Tara ponderó los comentarios Jenna después que se había escapado a hablar con su madre, preguntándose lo que había querido decir. ¿Mick habría tenido relaciones con algunas de las mujeres con las que fueron algo más que fotos y trucos de relaciones públicas? Ella sabía que tenía la reputación de ser un chico malo seductor, pero había supuesto que también fueron relaciones públicas.

Tal vez no.

"Buena fiesta. Haces un buen trabajo."

Elizabeth Darnell. La persona perfecta para preguntarle eso, como agente de Mick, pero no había manera en que pudiera comentárselo, o se lo preguntara.

"Gracias. Te ves hermosa. ¿No estás trabajando esta noche?"

Elizabeth arqueó una perfecta ceja. "Ahora, ¿por qué lo preguntas?"

"Estás con un vestido, no en un traje."

Elizabeth se echó a reír. "Siempre estoy trabajando, cariño, no importa lo que me ponga. Sólo tengo que vestir el traje para la ocasión."

Y Elizabeth estaba vestida impecablemente en un ajustado vestido de cóctel negro sin tirantes que se envolvía contorno de su increíble cuerpo, y con sus zapatos de diseñador con cristales brillantes en las correas que llamaban la atención a los perfectamente cuidados dedos de los pies y excepcionales piernas de Elizabeth. "Así que ¿Te encontrarás con clientes, entonces?"

"Mick y Gavin son mis clientes, así como otro par de hombres que asistieron aquí."

“Sin embargo, Gavin no es en realidad un cliente para ti,¿verdad?"

Tara leyó el shock en los ojos de Elizabeth, pero lo enmascaró de inmediato. "No sé que estás insinuando".

"Oh, he visto la forma en que lo miraste en su fiesta de cumpleaños. Tienes algo con él."

"Gavin es mi cliente. Trato a mis clientes como seres especiales."

"Estoy segura de que lo haces. Pero la forma en que miras a Gavin es diferente."

"No lo veo de ninguna forma especial. ¿De qué estás hablando?"

Su normalmente fresco comportamiento estaba calentándose, Tara podía decirlo. Se preguntó lo que se necesitaría para golpear algunos de los trozos de hielo en el corazón de Liz.

Tal vez no era tan fría como Tara había pensado. Tara se encogió de hombros. "Soy una mujer. Veo cosas."

Elizabeth se cruzó de brazos. "¿Qué cosas?"

"El calor en tus ojos cuando lo miras. Un cierto anhelo. No está ahí cuando te fijas en otros hombres."

Había miedo en sus ojos. Si Tara no pensara que Elizabeth era un dolor enorme en el trasero, habría casi sentido lástima por ella.

Casi.

"Te estás imaginando cosas, Tara. Gavin es un gran cliente que me da un montón de dinero. ¿Sabes lo que ven mis ojos cuando lo miro? Dólares. Hago lo que sea necesario para que mis jugadores sean felices."

"Ya veo. Así que en realidad, nada es tiempo de inactividad para ti, ¿verdad?"

"Siempre hay trabajo por hacer." Elizabeth deslizó su brazo en Tara y la condujo hacia la parte posterior del salón de baile. "Y hablando de trabajo, hablemos de Mick."

Esto debería ser interesante.

Elizabeth la llevó por la puerta y al jardín. La noche era cálida, pero afortunadamente no infernalmente. Elizabeth se acercó hacia la fuente donde una cadena de luces destacaba su rojo cabello, que fue expertamente acomodado en lo que Tara había decidido que era su giro francés de marca registrada. Con algunos mechones caídos para enmarcar su cara.

Elizabeth se volvió a Tara y le sonrió, pero era una sonrisa calculadora.

"Bueno, Elizabeth, me tienes aquí. ¿Qué hay sobre Mick?"

"Me gusta que el tiempo libre de Mick tenga en un buen uso."

"¿Qué significa eso, exactamente?"

"Fundaciones de beneficencia, eventos públicos, estrenos, galerías, donde pueda ser visto y fotografiado. Es bueno para su imagen y para el equipo."

“Y crees que su relación conmigo se interpone en el camino".

"Me alegro que veas las cosas a mi manera."

"No estoy diciendo que estoy de acuerdo contigo, Elizabeth. Estoy diciendo que entiendo el significado. Estoy segura que Mick puede optar por hacer lo que quiera."

Elizabeth no frunció el ceño, pero Tara vio el destello de ira en sus ojos. "Mira, Tara. Estoy segura de que está teniendo un tiempo maravilloso contigo y con tu hijo, pero el atractivo desaparecerá con el tiempo, y que seguirá adelante. Se perderá el glamour, las fiestas, la diversión y el entusiasmo a los que estaba acostumbrado."

Tara se encogió de hombros, negándose a dejar que Elizabeth llegara a ella. "Y si lo hace, entonces creo sucederá. Es su elección hacerlo siempre y cuando suceda. O más bien, es nuestra elección en la medida de cómo es nuestra relación. ¿O es que esperas que lo eche a la calle ahora para llenarme de angustia más tarde?"

"Él te dejará con el tiempo."

Tara se negó a frotar el dolor en su estómago donde las palabras de Elizabeth habían creado un agujero. "Así lo dices tú. Pero tal vez no lo haga. Tal vez pueda ofrecerle algo que no puede conseguir en ningún otro lugar."

Elizabeth se echó a reír. "Tara, no tienes lo necesario para retenerlo, y él es demasiado playboy para establecerse. Llevas demasiado equipaje y no lo podrá manejar. Es sólo cuestión de tiempo. Debes irte ahora antes de que te duela. Tienes a tu hijo en quien pensar, después de todo."

Qué perra. No era de extrañar que fuera tan buena en su trabajo. Sabía exactamente donde meter el cuchillo. "Creo que mi relación con Mick no es asunto tuyo".

Ahora sus ojos se estrecharon. "No quieres que lo haga de mi incumbencia."

"Lo hiciste. Piérdete."

Elizabeth abrió la boca para hablar, después la cerró, con ira en su expresión pero una brillante sonrisa la sustituyó. Tara podía adivinar por qué.

"Oye, ahí está. Te he estado buscando y no podía entender dónde diablos te habías metido y -".

Tara se volvió, ya imaginándose que Mick se había aparecido. "Hola"

Lanzó una mirada de preocupación de ella a Elizabeth. "¿Qué estás tú y Liz haciendo aquí?"

Elizabeth se paseó, con una sonrisa de plástico en su cara. Acarició el brazo de Mick. "Hablando cosas de chicas, cariño. Estaba alabando a Tara por el maravilloso trabajo que hizo en la fiesta de aniversario de tus padres."

Mick relajó los hombros y echó una cálida mirada a Tara. "Es maravillosa, ¿no?"

Elizabeth besó a Mick en la mejilla. "Un durazno".

Ella le guiñó a Tara mientras caminaba a través de la puerta. "Hablaremos de nuevo más tarde, Tara".

Mick siguió a Liz con la mirada, luego se volvió de nuevo a Tara. "¿Qué fue todo eso?"

Tara no tenía necesidad que Mick interviniera en su nombre, y lo último que quería era causar fricciones entre él y su agente. A Elizabeth no le gustaba. Entonces, ¿qué? Tara podía manejarlo. Y si Elizabeth tenía razón acerca de Mick, entonces no había nada que pudiera hacer al respecto, ¿verdad? "Sólo estábamos charlando sobre la fiesta y el fútbol. Y de ti, por supuesto."

"¿Te estaba haciendo pasar un mal rato?"

"Nada que no pueda manejar. Entonces, ¿te estás divirtiendo?"

"No"

Tara frunció el ceño. "¿Por qué no?"

"Porque no te podía encontrar. ¿Dónde has estado?"

"Soy una organizadora de eventos, ¿recuerdas? Tengo que tratar de asegurarme que todo esté en su lugar, y ver que todo el mundo esté pasando un buen rato."

Sus labios se levantaron. "Mis padres están teniendo un buen momento, que es lo único que importa. Gracias."

"No hay de qué."

El silencio se extendió entre ellos, y ella odiaba eso. "Mick..."

Él le tomó las manos entre las suyas. "Vamos a sentarnos".

"Está bien."

La llevó al banco de piedra cerca de la fuente, luego se sentó a su lado. Ella medio se volvió hacia él.

"Dime lo que te molesta, Tara".

"Nada me molesta, pero necesito disculparme."

Él inclinó la cabeza hacia un lado. "¿Por qué?"

"Por mis malditos fallos y el de Nathan. Fui un desastre, el otro día cuando Nathan estaba en estado de ebriedad. No estuve allí cuando sucedió, y por alguna razón sentí que debía haber estado."

Él le frotó la mano con la yema de su dedo pulgar.

"¿Así que ahora que se supone que debo ser psíquico?"

Ella suspiró. "No lo sé. Esta cosa de ser padres es duro. Y estarlo haciendo sola todos estos años ha sido aún más difícil. A veces me equivoco. Muchas veces."

"¿Sabes qué? Incluso las familias con padre y madre no lo logran. Uno no es perfecto al criar a los chicos."

Ella dio un vistazo a través de las puertas a los padres de Mick, viéndose amorosamente a los ojos del otro mientras bailaban lentamente. "Algunos logran hacerlo bien sin cometer errores."

"¿Crees que mis padres criaron hijos perfectos?" Él inclinó la cabeza hacia atrás y se echó a reír, y luego se puso serio otra vez. "Creo que hay algunas cosas que necesitas saber de mí, Tara. No soy perfecto. Nunca lo he sido y nunca lo seré. Cometí errores cuando era joven. Metí la pata. Muy mal".

Ella se cruzó de brazos. "Me parece tan difícil de creer. Mira donde estás ahora."

“Así es. Sin embargo, sólo estás viendo el producto terminado. No viste lo que me trajo hasta aquí." Miró a su alrededor. "Hay algo que tengo que hablar contigo pero no aquí. Más tarde, cuando regresemos a la casa. Es importante, y tiene que ver con tu idea de la perfección. Y con Nathan, también."

Ella le lanzó una interrogante mirada. "No te entiendo."

"Sé que no, pero no quiero hablar de ello aquí, donde hay tanta gente. ¿Podemos dejar esta conversación para más tarde?"

"Claro".

Levantó la mano y posó un beso en sus nudillos. "Entremos y bailemos. Muéstrame tus movimientos en la discoteca."

Ella dejó escapar una suave risa. "Oh, Señor. Puede ser que necesite algunas clases de baile de tu madre antes de intentar moverme."

Él deslizó su mano en el hueco de su brazo. "No te preocupes, cariño. Te enseñaré todo lo necesario".