Capítulo 9

"Trajiste a una mujer a la casa."

"Sí, mamá".

"Es la primera vez."

"Sí, lo es."

"No creo que vaya a pasar desapercibido o que no tenga preguntas."

Tara estaba arriba dándose una ducha antes de que salieran esa noche al bar. El padre de Mick y Nathan se habían unido y estaban afuera en algún lugar del taller de su padre haciendo Dios sabe qué. Construyendo algo... juntos. Lo que dejó a Mick en la cocina con su madre.

"Así que, ¿Es serio?"

Mick se apoyó en el mostrador. "No lo sé. Recién hemos comenzado a salir."

"Eso no importa. ¿Es en serio?"

"Tal vez".

Su madre se cruzó de brazos, con una sonrisa levantando sus labios. "Me gusta ella, Michael. Muchísimo."

Ella siempre utilizaba su nombre de pila cuando quería llamar su atención.

"Me gusta, también, mamá. Pero no le he dicho todo, todavía, así que no vayas a decir nada."

Ella golpeó su brazo. "No es mi lugar decirle todos tus secretos. Eso depende de ti." Ella chasqueó la lengua. "Como si lo fuera a hacer."

La tomó en sus brazos y la abrazó. "Lo sé. Pero estoy tomándolo con calma, y no quiero estropearlo todo. Ella es especial para mí. Es... diferente".

Su madre se alejó. "¿A diferencia de las flacas mujercitas que llevan todo ese maquillaje, con las que te veo en las portadas de todas esas revistas?"

"No estaba realmente saliendo con ninguna. No en serio".

"Bueno, trataría a ésta con cuidado. Tengo la idea de que está pisando las aguas del amor con mucho cuidado."

"Sí, también tengo esa idea. Tendré cuidado con ella, Mamá. Te lo prometo."

 

Mick disfrutaba del béisbol bastante como disfrutaba de todos los deportes. Pero hoy era diferente, porque tenía que ver el partido a través de los ojos de Tara y Nathan.

Nathan tenía los ojos muy abiertos cuando los llevó a los palcos encima de la caseta. Gracias a Gavin, tenían una gran vista del juego y de los jugadores.

Gavin salió durante el calentamiento, vio a Mick, y lo saludó. Los ojos de Nathan casi se desorbitaron en su rostro.

Por supuesto, Mick tenía para Nathan aún más sorpresas bajo su manga.

Y a Tara también le encantaba el béisbol, según descubrió cuando viendo el partido. La mujer era una constante sorpresa para él. Pensó - como con la mayoría de las mujeres con las que salía - que tendría que explicarle los matices del juego. Pero no fue necesario. Entendía las entradas y los equipos y las bolas y huelgas y salidas y las posiciones del pitcher central y el campo corto y cuáles eran sus funciones, de hecho, se vio francamente insultada cuando comenzó a explicarle lo que cada jugador hacía.

Lo miró como si le hubieran brotado dos cabezas. "Me gustan los deportes, Mick. Sé todo sobre béisbol, igual como sé de fútbol. No me des manotazos en la cabeza con mi hot dog".

Inmediatamente se calló y la dejó ver el juego.

Nathan, sin embargo, habló sin parar sobre Gavin y el equipo de Saint Louis. Él sabía su situación en su división, quien eran los jugadores más débiles, el promedio de lo que Gavin llevaba, y supo que este se inclinaba demasiado lejos dentro de la caja de bateo y la razón por la que caminaba con mayor frecuencia, debido a que fue golpeado por la pelota más que el promedio del equipo, algo que Mick le decía a Gavin una y otra vez, a pesar que Gavin le decía que se fuera a la mierda y se metiera en su propio deporte.

Nathan era muy astuto, y pasaron un montón del juego diseccionando a los jugadores y sus obras así como los puntos fuertes del otro equipo y sus debilidades.

Afortunadamente, el equipo local ganó, y ya que era un partido con lleno total, el sonido fue muy ronco, y Tara y Nathan parecían haberse divertido.

"Gracias, Mick," dijo Tara después del partido. "Lo hemos pasado maravilloso."

"Sí, fue increíble", dijo Nathan, mientras veían a los equipos dejar del campo y esperaban a que las multitudes se dirigieran hacia las salidas.

"Oh, no ha terminado aún. Tengo una sorpresa para ti."

"¿En serio?" Los ojos de Nathan se abrieron. "¿Qué es?"

"Tomará un tiempo, pero, toma asiento y sé paciente".

Esperaron cerca de una hora, después Gavin apareció desde el banquillo. "Hola".

"Hola a ti también.” Se volvió a Tara y a Nathan.

"Vamos. Bajemos."

"Santa mierda."

"Nathan," Tara dijo en voz baja. "Por favor, vigila tu lenguaje, por enésima vez."

Gavin posó su brazo alrededor de Tara. "Creo que es una excusa por su entusiasmo."

Bajaron a la cueva[9], y Mick abrazó a su hermano. "Buen juego. No la regaste".

Gavin se echó a reír. "Muérdeme". Se volvió a Tara.

"Debes ser la chica que es lo suficientemente estúpida como para salir con mi hermano".

"Creo que acabo de ser insultada, pero sí, Soy Tara." Sonrió y le tendió la mano. En cambio, Gavin la asió y la abrazó.

"Encantado de conocerte, Tara, pero creo que te has vuelto loca por salir con este perdedor.” Se alejó y estrechó la mano de Nathan. "Y tú debes ser Nathan."

Nathan sonrió. –“Sí. Jugaste muy bien hoy."

"Gracias. Ganamos, lo que es un buen regalo de cumpleaños".

"Feliz cumpleaños, Gavin," dijo Tara.

"Gracias. Entonces, ¿qué tal un paseo por el lugar?"

La mandíbula de Nathan cayó. "¿En serio?"

"En serio".

Gavin fue un buen anfitrión y los llevó a todos en torno al estadio, hasta los vestidores, que habían estado más o menos despejados, por lo menos para que Mick no tuviera que proteger los ojos de Tara de cualquier de los jugadores desnudos. Y la mayor sorpresa de Nathan vino cuando Gavin le dio una camiseta autografiada.

"Wow, gracias. Y ni siquiera es todavía mi cumpleaños."

"Mick me dijo tu cumpleaños en un par de semanas. Quince años, ¿eh?"

"Sí".

"Pronto conducirás, y tu mamá no dormirá más."

Tara se echó a reír. "No me lo recuerdes."

"Te ves muy joven para tener un niño que tenga quince años."

"Gracias. Eres ahora mi persona favorita en el mundo entero."

Gavin le guiñó un ojo. "Tengo que irme. Tengo unas cuantas cosas que hacer antes de esta noche. ¿Nos vemos en el bar más tarde?"

"Sí," dijo Mick. "Gracias, Gavin".

"No faltaba más. Gracias por venir al juego."

 

“¿Quién es la nena? ¿Otra estrella de cine?"

Mick se echó a reír y se inclinó sobre la barra para poner un beso en la mejilla de su hermana. "No, en absoluto. Es una organizadora de eventos, no una actriz, ni modelo."

Jenna se quedó sin aliento. "¿Quieres decir que es una normal, una persona común como tú y como yo? Bueno, como yo. Tú eres un semental y una estrella. Yo soy la don nadie de la familia."

Él puso los ojos en blanco. "Tú eres la estrella de Riley, calabaza."

“Sí, eso es exactamente lo que siempre soñé ser desde que era una niña."

"Bueno, con esos tatuajes y perforaciones en el oído, estoy pensando en una estrella de rock, pero ya que aún no has puesto el pie en la línea de American Idol, no tengo ni idea de lo que estarás soñando."

Lo golpeó en su nariz con el dedo y le guiñó un ojo. "Estoy totalmente satisfecha de estar a la cabeza de los camareros en el restaurante de mi familia."

Él soltó un bufido. "Sí, lo apuesto".

Jenna era hermosa, y se veía realmente como una estrella de rock con el pelo corto y negro disparado por todo el lugar y teñido en los extremos con suponía, púrpura. Había unos amplios y salvajes tatuajes en varias partes de su cuerpo y, probablemente, otras partes que como hermano de plano no deseaba conocer. Su oreja izquierda estaba traspasada con un arete de una pulgada, y tenía un diminuto diamante perforado al lado de la nariz que ni siquiera él pensaba que era muy lindo. Pero realmente no tenía idea en lo que Jenna estaba o lo que quería hacer de su vida, ya que parecía lo suficientemente contenta en liderar el bar de los Riley. Por otra parte, a los veintitrés, tal vez no lo descubría todavía.

"¿Y tiene un niño, también?"

La mirada de Mick viajó a donde Tara y Nathan estaban pasando mucho tiempo con su padre en los videos juegos.

“Sí. Nathan tiene catorce. Casi quince años."

"Una familia ya hecha. Cuan totalmente diferente de ti, Mick. ¿Qué pasa con esto?"

Él se apoyó en la barra. "No tengo ni idea."

"Así que, ¿Me gustará?"

Se volvió a Jenna. “Sí. Creo que si."

 

Tara pasó un maravilloso día, y Nathan También. El hermano de Mick era increíble. Se veían muy similares, aunque Gavin era más delgado y sus ojos eran verdes esmeraldas como los de Kathleen.

Nathan estuvo en el cielo después del partido y del tour, y conseguir la camiseta fue la guinda del pastel. Y ahora estaban en el bar esta noche.

No sabía que esperar cuando le dijeron que los Rileys tenían un bar en la familia, pero no fue esto. Riley era un increíble lujo de Sports Bar y restaurante.

Tara pensó que iba a ser una noche tensa, pero hasta ahora iba bien, incluso cuando había perdido de vista a Mick. Pero al menos Nathan estaba en el cielo. Estaba en un bar real, por un lado, y con ruido y con atmósfera. Había juegos de video como Pac-Man y Donkey Kong, y él con padre de Mick se había unido de una manera importante. El que Nathan no tuviera abuelos fue algo lamentable para Tara, pero no había nada que pudiera hacer al respecto. Había cortado todo contacto con sus padres hacía mucho tiempo, y ni una cosa había cambiado entre ellos después de todos esos años, por lo que no tenía sentido exponer a Nathan a su estilo de crianza de hijos. O a la falta de él.

Estar cerca de Kathleen y Jimmy era bueno para Nathan. Eran cariñosos y afectuosos, y Nathan gravitaba naturalmente hacia la pareja de ancianos que le ofrecían amor incondicional, sin expectativas.

"¿Te vas a esconderte contra este pilar toda la noche?"

Ella levantó la vista hacia Mick. "Sólo me estoy asegurando que Nathan se comporte."

"Mi mamá y mi papá se encargarán de que esté atendido. Y si no son ellos, tengo un montón de tíos y tías y primos que ni siquiera has conocido aún. Una vez que Nathan les sea presentado, el chico no tendrá oportunidad de estar solo ni un segundo. Será vigilado como un halcón. Mi madre se asegurará de eso, ya que es un menor de edad en su bar."

Ella le creyó. Se apartó del pilar de madera para enfrentarse a él. "¿Tienes una familia numerosa?"

"Sólo mi hermano y hermana, pero sí, un montón de familiares. Te encontrarás con un montón de ellos esta noche."

Ella miró alrededor del bar, que ya se estaba llenando de gente que se agitaba y se abrazaba los unos a los otros. Riley era cálido y acogedor, con pulidos pisos de madera y paneles, mesas y cabinas en conjunto cerca de todos los televisores y había otro montón extendidos por todo el lugar, así como mesas de billar y dos juegos de video y una muy larga barra donde una impresionante joven mujer vertía la cerveza.

"¿Esa es Jenna?", preguntó ella.

"Sí".

"Es hermosa."

"Lo es, pero no se lo digas. Ya tiene el ego inflado."

Mick la tomó de la mano y la condujo a la barra, donde Jenna servía los vasos y vertía la cerveza.

"Jenna, esta es Tara".

Jenna se inclinó sobre la barra y le tendió la mano, con una genuina sonrisa. "Encantada de conocerte, Tara. Bienvenida a la locura que se encuentra en el Bar Riley y en la familia Riley."

"Encantada de conocerte, Jenna. ¿Hay algo que pueda hacer para ayudar?"

“No, pero gracias por ofrecerte. Eres obviamente, mejor que mi hermano."

"Oye, no te ofreces a jugar al fútbol por mí."

Jenna resopló. "Probablemente podría lanzar mejor que tú."

Mick arqueó una ceja. "¿Es un reto?"

“Tal vez. Sabes que tengo un buen brazo."

"En tus sueños, calabaza."

"Wuss. Tienes miedo de que te muestre que soy una estrella del pase largo y que ya eres un hombre viejo."

"Tú y yo. Patio trasero. Mañana."

Jenna sonrió y asintió. "Es un compromiso. Ahora ve y aléjate para poder trabajar un poco. Tara, fue un gran gusto conocerte."

"A ti también, Jenna. Estaré allí para ver que le das una patada en el trasero."

Jenna miró a Mick. "Oh, me gusta esta mujer."

Mick miró airadamente a Tara. "No puedo creer que estés en mi contra."

Tara se encogió de hombros. "Chica superpoderosa, ya sabes."

Mick se echó a reír y puso su brazo alrededor de ella.

"¿Y dónde está el niño de cumpleaños?"

"Llegará al final como de costumbre para poder hacer su entrada. Le gusta ser el centro de atención. Tiene el síndrome del niño del medio, creo."

Mientras que Jenna se iba a servir a algunas bebidas, Tara miró a Mick. "Tú y Gavin parecen llevarse bien."

"Sip. Debiste habernos visto cuando éramos niños. No había que llevarse bien entonces. Competíamos por todo, desde deportes a juguetes por la atención de nuestros padres."

"Algunos niños lo superan."

Él le sonrió. "Algunos lo hacen."

"Y ¿qué pasa con tu hermana? Ella debe haber tenido momentos difíciles teniendo dos hermanos mayores. ¿Eran sobreprotectores con ella?"

Él negó. "Ella nunca nos dio una oportunidad. Sólo se lanzó a la pila y se mezcló con nosotros dos. O eso intentaba, de todas formas. La chica no tenía miedo."

"Obviamente, si pudo lidiar con los dos, probablemente podrá manejar cualquier cosa."

“Sí, nunca hemos tenido que preocuparnos de que se cuide a sí misma."

Durante la siguiente hora más o menos, Tara fue presentada a las tías y tíos y primos y demás gente de la que podía posiblemente nunca recordar de Mick. Lo bueno fue que había algunos niños de las edades de Nathan, por lo que Mick hizo un punto al presentárselos. Parecía que se habían caído bien, y Tara dio un suspiro de alivio porque no era el único adolescente aquí esa noche.

En el momento en que estuvo sentado en una mesa con un grupo de alrededor de seis chicos de edades comprendidas entre los doce a los diecisiete años, todos peleaban por meter alimentos en sus bocas, beber refrescos, y reían. Dios, le encantaba ver la sonrisa de su hijo y verlo reír. Todo estuvo demasiado raro en esos días.

"Él está bien. Deja de preocuparte."

"No me preocupo en absoluto. Estoy... feliz, creo que esa es la palabra.” Se volvió a Mick. "Tienes una gran familia. Gracias por este fin de semana."

Él ahuecó sus mejillas y la llevó frente a él. "No hay de qué. Gracias por venir conmigo."

Rozó los labios con de los de ella, y Tara respiró su aroma, deseando poder hacer más que sólo darle un beso ligero. Si bien ese fin de semana fue de diversión y había querido conocer a su familia, no habían tenido más que unos segundos de tiempo para estar a solas. Ella perdidamente ansiaba tener tiempo para hacer algo más que tomar su mano y robarle unos cortos besos.

Cuando él se retiró, vio el destello de calor en sus ojos y supo que él pensaba lo mismo.

"Vamos a tener que robarnos una hora en un armario o en el sótano o algo así."

Ella se echó a reír. "Me gustaría eso."

"Y si no dejo de pensar en todas las sucios ideas que tengo sobre ti, obtendré una erección frente a toda mi familia."

Ella le coqueteó con sus pestañas. "No estoy haciéndote tener esas ideas."

"Tú no tienes que hacer nada, pero me miras como si quisieras comerme. O follarme".

Tara se estremeció inhalando, presionando ligeramente el alcance de su mano contra su pecho y se inclinó para hablarle en voz baja. "Deja de hablar así. Me haces ponerme mojada."

Mick miró a su alrededor, y luego a ella.

"Tengo una idea. ¿Qué tal si—"

"Bueno, por fin tengo la oportunidad de conocer a esa misteriosa mujer con la que has estado gastando todo tu tiempo."

"Elizabeth".

Tara volteó a ver la cara de mujer increíblemente hermosa. Llevaba un traje negro que se ajustaba a sus perfectas curvas. Su pelo rojo estaba detenido con un toque francés, sus uñas cuidadas, y los zapatos que llevaba no eran en absoluto una imitación, sino de diseño, con tacones que mostraban sus piernas de dinamita. Tara podría ser mujer, pero podía apreciar a otra hermosa, y Elizabeth era el sexo con tacones de aguja. ¿Y era agente deportivo? Dios mío, los pobres propietarios nunca tuvieron una oportunidad una vez que se quedaban enganchados en sus ojos azul hielo.

"Hola, cariño", le dijo a Tara, extendiendo una cremosa mano. "Soy Elizabeth Darnell, la agente de Mick."

Campanas de alerta sonaron directo en la cabeza de Tara fuera de base. Por la mirada escudriñadora en los ojos de Elizabeth, podía decir que esta mujer no le gustaba. Ella pegó una sonrisa profesional y movió su mano. "Mucho gusto, señorita Darnell."

"Oh, llámame Liz. Todas las mujeres en la vida de Mick lo hacen."

Zing. Era evidente que quería que Tara supiera que ella era una de una serie de muchas mujeres que Mick había follado. "Qué bien".

"¿Por qué estás aquí, Liz?" Mick preguntó.

Por alguna razón, Tara se alegró de que Mick no pareciera feliz. Y estuvo doblemente satisfecha cuando pasó su brazo por su cintura y tiró de ella junto a su lado, con un movimiento que hizo que Liz estrechara los ojos.

"Tenía unos papeles que necesitaba que Gavin me firmara, e insistió en que asistiera a su fiesta de cumpleaños esta noche."

“Insistió, ¿verdad? ¿Tú y Gavin son tan cercanos?"

Liz le echó la cabeza hacia atrás y rió. "Por qué, prácticamente estamos casados, ¿no lo sabías?"

"Elizabeth, nadie querría casarse contigo. Te lo comerías en el desayuno."

"Mick, ¿por qué dices eso? Algún día espero establecerme y criar dos niños como se espera de mi género."

Mick resopló. "No. No puedo imaginar la foto, lo siento. Amas tu carrera y todo el dinero que todos tus clientes hacen. No puedo verte con ningún hombre. De hecho, no creo que jamás te haya visto en citas con ningún hombre. No tienes tiempo para el amor en tu vida, Liz. Estás demasiado ocupada persiguiendo el dinero y el éxito y tratando de vencer a los chicos grandes con los que compites."

Liz se echó a reír. "Probablemente tienes razón. Qué haría con un hombre que no sea darle una bofetada con su contrato en la mano y esperar en Dios que pueda hacer algo con una pelota o conducir un coche de carreras, ¿verdad?"

Tara atrapó un destello de algo en los ojos Elizabeth, pero con la misma rapidez se fue. Puede ser que fuera de pesar o tristeza, pero no conocía a la mujer del todo bien, así que no podía estar segura.

Liz volvió a Tara. "Por lo tanto, ¿He oído que tienes un hijo?"

"Adolescente, en realidad. Nathan. Está allí con la camiseta del Saint Louis con los primos de Mick".

"Ah, ya veo. Bueno, debes haber comenzado cuando eras joven."

"Sí, de hecho. Me embaracé a los quince años."

Elizabeth arqueó una ceja perfecta. "¿Eres de una... zona rural?"

"Liz, Jesús. Es suficiente."

"No. De una ciudad bastante grande, en realidad."

Elizabeth esperó, sin duda pensando en que Tara derramaría sus tripas por el suelo. Error. Había llegado el momento en que Mick le dijera algo al respecto.

"Hola, preciosa. Me alegro de hayas podido venir."

Gavin giró en torno a Liz, y la mandíbula de Tara cayó cuando pudo ver la forma en la que la cara de Elizabeth había cambiado. La altiva, más santa-que-tú cimentada en expresión desapareció y el frío del hielo en el aire se derritió. La mujer ahora lucía una sonrisa genuina.

Se vio como de unos dieciséis años cuando le sonrió a Gavin. Sus ojos sólo se derritieron.

Santo Dios.

"Hola, no, guapo. Feliz cumpleaños." Ella mantuvo la distancia y le dio lo que Tara consideró un abrazo profesional, pero Gavin se retiró de sus brazos, puso sus labios en ella, y le dio un beso que no era del todo profesional. Cuando lo empujó hacia atrás, sus mejillas estaban rojas. Ella lamió sus labios. Y no pudo apartar la mirada lejos de la cara de Gavin.

Bien, bien, bien. Así que la reina del hielo era humana después de todo.

"Ven conmigo", dijo Gavin. "Algunos amigos míos están aquí y quiero que los conozcas."

Elizabeth puso los ojos en blanco y dijo, "Las cosas que tengo que hacer para mantener a un cliente feliz. Ta-ta."

Gavin tomó su mano y tiró de ella.

"Oh. Mi. Dios," dijo Tara, mirando a Liz desaparecer en la gruesa multitud con Gavin.

Mick se rascó un lado de la nariz. "Sí, lo sé. Liz puede ser una verdadera perra a veces. Nunca piensa antes de hablar. Infiernos, deberías escuchar las cosas insultantes que me dice. Pero es realmente buena en su trabajo y—"

"No, Mick. No se trata de eso." Tara agitó la mano, despidiendo sus preocupaciones acerca de los desagradables comentarios de Liz. "Eso no me molesta en absoluto." Levantó su mirada a Mick. "Pero ¿has visto a los dos juntos?"

"¿A los dos?" Él siguió su mirada. "¿A Gavin y a Liz? Oh, sí, lo representa, también."

Ella negó. "No es lo que quise decir. Tan pronto como él se presentó, un interruptor se encendió dentro de ella. Fue un trasplante de personalidad total. Se torno cálida. Derritiéndose, de todo lo cálida. ¿Sabes lo que significa?"

"¿Qué?" Mick pasó su mirada a donde Liz estaba en el bar junto a Gavin y a sus amigos. Ella los miró a su vez. "No. De ninguna manera. Liz no tiene sentimientos."

"Sí los tiene, Mick. Los tiene, y en grande. Por Gavin. Quiero decir, no la conozco en absoluto, pero puedo leer las señales de una mujer con un hombre, y sus señales se fueron al tope de alto y claro. Ella está enamorada de él."

Mick frunció el ceño y sacudió la cabeza. "Liz no ama a nadie. Liz ama el dinero. Y a su carrera como agente deportivo. Créeme, lo sé. Ella ha sido mi agente y de Gavin desde que comenzamos. Por otra parte, es mayor que Gavin como... cuatro años. Tiene como... treinta y dos o algo así."

Tara se echó a reír. "¿Y?"

"Así que no tiene ese tipo de sentimientos, Te lo digo. Gavin es un bien[10] para ella. Todos lo somos. Y ¿Piensas que todas esas historias sobre siendo mujeriego son ciertas? Confía en mí, con mi hermano se cumplen. Él cambia de mujeres como yo cambió de las camisetas. No ve a Liz como nada, sino como su agente. Es dulce con ella, porque lo ayuda a su carrera. No hay nada entre los dos."

Tara se encogió de hombros. "Bueno, puede que no haya nada al fin y al cabo, pero puedo garantizarte que ella siente algo."

"Creo que estás equivocada. Liz es una gran actriz, y acabas de equivocarte. Ella interpreta las debilidades de Gavin, es una hermosa mujer con buenas piernas."

"Si tú lo dices."

Pero Tara no se lo había comprado ni por un segundo. Si había una cosa que podía descubrir, era a una mujer caliente con pegajosos anhelos de amor por un hombre.

Y Elizabeth Darnell los tenía fuertemente por Gavin Riley.

 

 

 

 

Capítulo 10

Mick estaba harto de sacudirse y rodar por una cama demasiado pequeña para su maldito cuerpo. Y saber que Tara dormía al final del pasillo lo estaba volviendo loco.

Nathan fue a parar a casa de una de las tías de Mick para una pijamada con ella, su marido y dos hijos adolescentes, que ya se habían colgado bastante sin parar de hablar de fútbol en el bar de todos modos y probablemente se quedarían toda la noche jugando algún juego de vídeo en línea.

Tara estaba muy emocionada de que hubiera encontrado algunos amigos, por lo que estuvo de acuerdo con eso.

Pero Mick pasó toda la noche en el bar viendo y tocando a Tara, pero en realidad no tocándola, sino respirándola y deseando poder hacer lo que quería hacer con ella. En cambio, había tenido que estar contento con sostener su mano y con un ocasional beso, y eso no fue suficiente.

Finalmente, se puso sus shorts, agarró un par de condones, y lo más silenciosamente que pudo, abrió la puerta del dormitorio. La casa estaba en silencio, sin ruido de la TV o algún movimiento desde la planta baja, lo que significaba que todos se habían ido a la cama. Se arrastró por el pasillo a la habitación de Tara. No quería tocar, porque que no quería despertar a sus padres, y tampoco quería asustar a Tara con sólo entrar en su habitación.

Decidió correr el riesgo, giró el picaporte, y abrió la puerta.

"¿Tara?” Susurró.

"Estoy despierta. Entra."

Gracias a Dios. Se deslizó dentro y cerró la puerta, cerrándola con llave como una buena medida.

Ella estaba sentada, con las almohadas apuntaladas detrás de ella. Tenía las persianas abiertas, con la luz de la luna derramándose y brillando sobre ella mientras estaba sentada allí y lo veía acercarse a él.

Ella llevaba su camiseta del equipo. Él tragó, maldita si no se veía sexy como el infierno en eso. Estaba desgastada y raída, la había conseguido la primera vez que se unido al equipo. Ella se la había arrebatado y dijo que era suave y cómoda y que pretendía dormir con ella. Se le hacía difícil sólo pensar que sus pechos la rozaran, con su piel contra algo de su propiedad.

Lo hacía sentirse posesivo con ella, y una oleada de calor se apretó en su ingle. "No podía dormir", dijo ella. "Tenía la esperanza de que encontraras una manera de venir aquí."

La arrastró a sus brazos. "No podía soportar no tocarte una noche más."

“Bien, porque sólo te iba a dar otra media hora, luego iba a ir por ti."

Su boca cayó sobre la de ella con el hambre que había sostenido durante demasiado tiempo. Tenía miedo que no sería capaz de contenerse, que le haría daño, pero ella parecía tan necesitada como él. Subió a su regazo y deslizó sus dedos en su pelo.

"Ha sido un fin de semana largo, muy seco," dijo ella, acariciando sus labios contra los suyos.

La besó, y sólo hizo que el calor explotara en su interior.

Él le levantó la camiseta y vio que no llevaba bragas. Su pene se disparó contra sus pantalones cortos, su necesidad de follarla lo estaba volviendo loco.

Levantó la mirada hacia ella, viendo el destello de calor en sus ojos.

"Te necesito, Mick. Sin preliminares. Todo lo que he hecho es pensar en ti dentro de mí. Estoy mojada y caliente y te necesito. Fóllame ahora."

Él recorrió su mano por su espalda, sobre el frente de su camiseta, por el logotipo del equipo que pulsaba sobre sus pechos. Deslizó sus pulgares sobre sus pezones. Eran como piedras duras, y necesitaba llenarse las manos de ellos. Deslizó sus manos bajo la camisa para masajear sus pechos, para sentir sus pezones, después la agarró por la cintura y la echó sobre la cama, le bajó sus pantalones cortos, y agarró un condón del bolsillo. Se lo puso en un tiempo récord y levantó sus caderas, se inclinó y metió su pene en su interior. Ella se quedó sin aliento, agarrándolo por los brazos y sosteniéndose mientras la follaba, vertiendo todo lo que estuvo reteniendo durante todos esos días.

"Te he necesitado", susurró. "He estado pensando en follarte, en besarte. He extrañado tu boca." Se inclinó y apretó los labios a los suyos, necesitando su lengua mientras se reunía con su vagina apretándose alrededor de él.

Ella se lamió los labios, con su mirada tan clara, tan llena de emoción, era casi difícil mirarla. "Yo también te he extrañado, Mick. Es difícil dormir sin tu cuerpo a mi lado en la noche, sin tus manos en mí, sin ti dentro de mí. Es en todo lo que puede pensar."

Saber que ella sentía la misma desesperada necesidad hizo que se calmara de alguna manera, y que desacelerara el ritmo, que quisiera asegurarse de que ella se viniera, que fuera bueno para ella. Estuvo a punto de salirse la segunda vez que se había deslizado en su interior. Estaba caliente y apretada, y eso era todo en lo que estuvo pensando durante días.

Parecía como si no pudiera tener suficiente de ella.

Y cuando se levantó y ella se agachó para frotar su clítoris, él se sacudió.

“Sí. Córrete. Déjame verte."

Se echó hacia atrás, sacó su pene hasta la mitad, y disminuyó lentamente su ritmo, dejando que ella fuera quien lo marcara.

"Dime lo que deseas, cómo quieres hacer esto. Y lo haré bueno para ti. Porque estoy listo para entrar en ti cuando estés lista."

Ella se aferró a su muñeca con una mano, levantó el trasero, y pulsó su clítoris más rápido. Su pelo dorado estaba derramado sobre las sábanas, con su cuerpo desnudo y abierto a él mientras seguía entrando y saliendo de ella mientras ella se llevaba a sí misma hasta el borde con sus dedos, con desnudo deseo apretando sus facciones.

"Córrete” dijo, empujando su pene dentro de ella. "Córrete, cariño."

"Estoy cerca, Mick. Oh, Dios, me vendré ahora mismo."

Él lo sintió mientras lo decía, sintió como su vagina se contraía alrededor de su pene. Se metió dentro de ella y tomó su boca y lengua en un momento abrasador, en un beso mientras él se vaciaba en su interior, deseando poder gritar, porque era tan malditamente bueno que sintió el orgasmo dispararse a través de él hasta que sus rodillas estuvieron débiles.

Cuando ella dejó de temblar, dio la vuelta a un lado y tiró de Tara en su contra, besándola y acariciando su cuerpo.

Él esperó, pensando que ella iba conciliar el sueño, pero ella se dio la vuelta para mirarlo, con el baño de luz de la luna sobre su rostro. Parecía preocupada por algo, estaba tirando de su labio inferior con sus dientes.

Él le alisó el pelo hacia atrás. "¿Qué sucede?"

"Quiero decirte quien soy, de dónde vengo".

Él se sentó y se la llevó con él, presionando la almohada de modo que estuviera cómoda. "Está bien. ¿Quieres encender la luz?"

"No, así está muy bien. Probablemente sea más fácil para mí de esta forma".

Aún podía verla, pero si era de la forma en que lo quería, le daría todo lo que necesitaba.

Muy bien. Prosigue."

"Como te habrás imaginado, no tengo hermanos o hermanas. Era hija única y ambos de mis padres trabajaban, así que tuve un montón de tiempo a solas cuando era niña. Caminaba desde la escuela, yo sola me metía en casa, y era mi responsabilidad asegurarme de comer algo. Mi mamá era camarera, y a menudo trabajaba de noche. Mi padre trabajaba en la construcción, así que trataba de asegurarme en que tuviera algo para comer, de lo contrario él no comía nada".

"¿Cuántos años tenías?"

"Ocho o nueve, creo. Realmente no recuerdo todo eso muy bien."

Jesús. Era una niña. Se suponía que deberían haber cuidado de ella, no al revés. "De todos modos, me gustaba hacer mi tarea, y lavar los platos de la cena, y después me iba a mi habitación. Papá se sentaba en la sala y veía la televisión. La cosa es, Mick – que bebía. Y cuando mi mamá no estaba en el trabajo, se reunía con él. Y por la noche, las cosas entre ellos tendían a ser a viva voz. Peleaban mucho cuando estaban en estado de ebriedad."

Mierda. Mierda, mierda, mierda. Una roca se desplomó en su estómago y se quedó asentada allí.

Sus dedos estaban torcidos con tanta fuerza, que sus nudillos se volvieron blancas. Metió la mano en el medio y tomó una mano en la suya. "No debes hablar de eso. Puedo ver que te duele."

Ella lo miró. “No, está bien. Quiero hacerlo. Es importante para mí que tú lo sepas."

"Está bien." Él puso su mano en la palma de la suya, entonces frotó el pulgar sobre la parte superior de la suya, tratando de calmarla mientras hablaba. Ella estaba temblando ahora, y odiaba que traer todo eso de vuelta la asustara tanto. Quería hacer que su dolor se alejara, que nunca le hubiera sucedido, pero era parte de ella, la transformó lo que era hoy, y tenía razón - tenía que oírlo.

"Las peleas entre ellos crecieron con los años, mientras su consumo de alcohol aumentaba. Llegaron al punto en que no quise estar cerca de ellos."

"¿Te duele?"

Ella se encogió de hombros. "Ellos me gritaban cosas estúpidas, pero sobre todo acabaron por marcarse el uno al otro. Yo aprendí a mantenerme al margen de la situación; encerrada en mi habitación escuchando música. Entre más fuerte fuera la música y la TV, menos tenía que escucharlos. Cuando llegué a la edad suficiente, me gustaba salir con mis amigos por la noche sólo para no tener que estar cerca de ellos."

Él asintió. No había nada peor que estar cerca de un borracho malhumorado. Él entendía eso mejor que nadie.

"Cuando tenía catorce años y comencé la escuela secundaria, me reuní con algunos nuevos amigos. No eran mis grandes amigos, tampoco. Era una multitud bastante dura. Grandes bebedores, consumidores de drogas, y fiesteros, pero se quedaban hasta tarde, y todo lo que me mantuviera lejos de los borrachos centrales estaba bien para mí.

Me dejaban ir a su lugar tanto como yo quería, y me convenía. Todos mis viejos amigos se hicieron a un lado porque eran los chicos buenos, los chicos que hacían su tarea e iban a la cama temprano. Pero no podía quedarme en su casa, no podía enfrentar que supieran cuan estropeada era la vida en mi hogar. Los otros chicos, mis nuevos amigos, me entendían y no me juzgaban.

Hubo un hombre - había abandonado la escuela un par de años antes y tenía su propio apartamento. Tenía diecinueve años y yo tenía quince. A todos nos gustaba pasar el rato en su lugar con la fiesta. Para entonces ya estaba bebiendo y experimentando con algunas drogas también, algo que adormecía el dolor, ¿sabes?"

Él asintió, tragándose el nudo en su garganta. Él lo sabía. Dios, cómo lo sabía.

"De todos modos, me gustó. Realmente me gustaba. Y yo a nadie le gustaba tanto como para que me prestara atención. Me doy cuenta de eso ahora porque había tenido tan poco amor y atención en mi hogar. Empezamos a tener sexo con mucha regularidad. Él usó condón, pero no son 100 por ciento efectivos. Y ya sabes, cuando estás en las drogas o en estado de ebriedad, quién sabe si se acordaba incluso de usar uno. Quedé embarazada. Ese fue el final de su deseo de tener que ver algo conmigo. Se asustó, dijo que el bebé no era suyo. Yo no estuvo con nadie más, así que sabía que era su bebé".

"Qué hijo de puta."

Ella sonrió. "Sí, lo era, pero sabes, tuve sentido de pertenencia. Había tomado la decisión de tener sexo con él."

Él le alzó la barbilla con el pulgar. "Pero tenías quince Tara. Eras una niña. Él no era un niño. Él debía haberlo sabido mejor."

Ella se encogió de hombros. "De todos modos, ese fue el fin de la fiesta para mí. Tan pronto como me enteré de que estaba embarazada, me enderecé. No hubo más drogas o alcohol. Dejé de salir con esa gente, y fui a casa y se los dije a mis padres."

"¿Qué pasó?"

Ella se echó a reír, con las lágrimas llenando sus ojos. "Me llamaron puta y me sacaron a patadas de la casa. Me dijeron que era una irresponsable y debería haberlo sabido mejor. Me dijeron que, cito, sin comillas, me habían criado mejor que eso." Ella secó sus lágrimas. "¿No es de lo más gracioso?"

Las lágrimas caían por sus mejillas, y el intestino de Mick se rompió por dentro. "Buen Dios. ¿Cómo pudieron hacerte eso?"

"Ellos no se preocupaban por mí, Mick. Se preocupaban por sus propias vidas. Yo era sólo una molestia para ellos. Apenas si recordaban haber tenido una hija, y seguro que no querían ser responsables de mí, por no hablar del niño que iba a venir en el mundo."

"Entonces, ¿qué hiciste?"

"Llamé a Servicios Sociales. Sabía que a los quince el estado por lo menos tenía que hacerse responsable de mí. Les dije que estaba embarazada y que mis padres me habían echado a patadas, y que estaban borrachos y eran abusivos."

Mick se echó hacia atrás y la miró. "Eres una estrella de rock, Tara. Estoy orgulloso de ti por no tomar lo que te habían hecho".

Ella se echó a reír, secando las lágrimas de sus mejillas. "Estaba enojada y con miedo por mi bebé."

"Entonces, ¿qué pasó?”

"Me sacaron de la casa y me encontraron un lugar agradable para madres solteras en las que estaba con otras adolescentes que tenían bebés. Tenía que asistir a la escuela, el estado pagaría por mi cuidado prenatal, y yo tendría a Nathan. Siempre fui buena en la escuela, así que comencé a estudiar de nuevo. Me ayudaron con el niño para poder graduarme, y finalmente encontré un apartamento y comencé la universidad. Y me salí del infierno en que viví con mis padres porque me emancipé y me concedió el motivo de ser auto-suficiente, no tenía otros familiares que cuidaran de mí, y el estado pensó en que el mejor interés para mí sería no ser devuelta a ese medio ambiente".

Mick no podía creer lo que Tara pasó al crecer, lo que debía haber sido sentirse tan sola, y lo que hizo en nombre de Nathan.

"Debió haber sido aterrador para ti, tan sólo siendo una niña tú misma."

Su mirada atrapó la de él, y él no vio nada, excepto amor en sus ojos. "Habría hecho lo que fuera para proteger a Nathan. Es por eso que encontré a Damon –quien fue detenido por tráfico de drogas - y me aseguré que firmara, renunciando a sus derechos de padre, a pesar de que todavía insistía en que no era el padre de Nathan. No tuvo ningún problema en firmar ese documento, y me sentí aliviada de sacarlo de nuestras vidas. Quería asegurarme que ninguno de mis errores nunca volverían a acechar a mi hijo."

"¿Cuánto de esto sabe Nathan?"

"Todo. No guardo secretos de él."

"¿Nunca ha querido ver a su padre?"

"No. No tiene esa curiosidad. Le dije acerca de los errores que cometí, y le dije que algún día tal vez me casaría con un hombre que sería un buen padre para él, que Damon fue un donante de esperma y nada más. Y no tenía nada que ver con Nathan, y todo que ver con las malas decisiones que hice cuando era joven y estúpida."

"Admiro tu honestidad, a ti misma y con tu hijo. ¿Sabe de tus padres?"

“Sí. Lo sabe todo, Mick. Nunca voy a esconderle nada. Se merece la verdad. Tenía que saber por qué mis padres no están en su vida."

"Gracias por decirme todo esto. Eso explica muchas cosas acerca de quién eres, de por qué eres tan fuerte, tan impulsada. Admiro esa mierda de ti, Tara".

Ella inclinó la cabeza. "No lo hagas. No soy un héroe, Mick. Fui estúpida e irresponsable, y mi hijo tuvo que pagar por mis errores."

La obligó a levantar la barbilla, para mirarlo.

"¿Me estás tomando el pelo? Eres increíble. Mira lo que te pasó, lo que soportaste. ¿Estar donde estás hoy día después de la clase de infancia que tuviste? ¿Cómo podías haber terminado? En su lugar, tienes una gran carrera, un chico maravilloso, y eres una de las mujeres más notables que he conocido."

"No soy perfecta."

"Nunca he dicho que lo fueras. Pero eres una de las mujeres más trabajadora que he conocido. Y que ha superado más que la mayoría de las mujeres alguna vez lo harán.

“Yo—"

Él había punto de decirle algo. Algo que no estaba seguro que estuviera dispuesto a decirle.

"¿Qué?"

"Te admiro".

Ella se echó a reír. "Deja de admirarme. Acabo de hacer lo que tenía que hacer. Por Nathan. Si no hubiera quedado embarazada, quien sabe qué clase de espiral de auto-destrucción hubiera seguido. Confía en mí, hice todo lo posible para arruinar mi vida."

"A veces somos nuestros peores enemigos."

"Por favor. Tú tienes una familia perfecta y una vida perfecta. Dudo que alguna vez hayas hecho algo para arruinar tu vida."

La atrajo hacia él y la verdad se cernió sobre la punta de su lengua, lista para verterse. Pero no creía que esta noche fuera el momento correcto, no después de lo que Tara le contó sobre su pasado.

Y tal vez no era más que un cobarde.

Tenía que acomodar algunas ideas.

Tara aún dormía cuando Mick bajó a la mañana siguiente para tomar un café. Sus padres iban a recoger a Nathan después de hacer algunas diligencias, por lo que no tenía que preocuparse por eso, lo que le dejaba una bonita y tranquila casa para sí mismo por el momento para sentarse y pensar en lo que ella le dijo la noche anterior.

¿Cómo le iba a decir la verdad sobre sí mismo después de que ella fue tan honesta la pasada noche? Ayer por la noche habría sido demasiado. Fue su noche. Y ahora...

Bueno, ahora no. Simplemente no era el momento. Ahora sólo iba a sentarse y a disfrutar de su café solo.

"Bueno, no te ves como toda una gallina clueca ni de mal humor esta mañana."

O al menos eso pensaba. Levantó los ojos hacia Jenna, que se había deslizado por la puerta de atrás. "¿Qué haces aquí? Pensé que eras un vampiro y no te levantabas hasta el mediodía o algo así."

"Sé que se van hoy. Pensé en sacar mi trasero fuera de la cama temprano para poder despedirme."

"En serio." Él reparó en cómo se movía alrededor de la cocina, tomando una taza y llenándola de café, después agregándole crema y azúcar suficiente para que realmente no fuera un café cuando ella terminara con él.

Acercó una silla a su lado.

"No vienes a casa con tanta frecuencia, y no tuvimos mucho tiempo para hablar anoche.

Uh-oh. Jenna no era el tipo de hermana cálida y difusa. Lo que significaba que algo estaba pasando.

"¿Tienes algo en mente de lo que desees hablar?"

Ella palmeó su taza y se la llevó a los labios, tomó un sorbo, y posó la mirada en él. "Son mamá y Papá."

Su corazón se tropezó, su mente ya estaba girando con las posibilidades, ninguna de ellas buena. "¿Qué pasa con ellos?"

"Su cuadragésimo aniversario se acerca".

"Oh. Rayos. Ni siquiera sabía."

"Por supuesto que no. Eres un tipo, y los chicos no prestan atención a cosas como esa. De todos modos, creo que debemos organizarles una fiesta."

"Está bien. ¿Cuándo y dónde?"

Ella sacó su teléfono, haciendo clic en su calendario, y moviéndose por él. "Su aniversario es el quince. Gavin estará en la ciudad de nuevo el fin de semana del once para una serie de juegos. Tiene un día de juego el sábado, el once, lo que significa que podría hacerse algo esa noche. Lo llevé a un lado ayer por la noche y se le dije, le pregunté si estaría en los alrededores ese sábado por la noche, y dijo que podría ser."

"Yo puedo estar aquí, seguro."

"Grandioso. Ahora todo lo que necesitamos es a alguien que organice una gran fiesta para ellos". Empujó su teléfono a un lado y lo miró fijamente.

"¿Qué? ¿Por qué no podemos hacerlo en el bar?"

Ella le fulminó con mirada. "Ah, cierto. Ya sabes cómo resultará. Tendremos una fiesta para ellos en el bar, y mamá y papá terminarán trabajando toda la noche. ¿Es esa realmente la forma en que ellos querrían celebrar su aniversario?"

Él apoyó la cabeza en su mano. “Tienes razón. No podemos hacerla en el bar. Entonces, ¿qué vamos a hacer?"

"No me mires. Soy la barman. No soy una organizadora de eventos".

"Pero yo lo soy".

Mick se volvió para ver a Tara en la puerta de la cocina. Ella entró.

"Hola. Buenos días", dijo Jenna.

"Buenos días", dijo Tara. ¿Te importa si me sirvo un café?"

"Por supuesto." Mick la vio agarrar una taza y llenarla con café. Se veía hermosa con su playera y top.

Ella tomó una silla. "No tenía la intención de espiarlos. Estaba pasando y escuché parte de su conversación cuando estaba caminando por el pasillo. ¿Están planeando una fiesta?"

"Sí", dijo Jenna. "El cuadragésimo aniversario de la boda de nuestros padres es en un par de semanas."

"Oh, qué bonito. Puedo ayudar. Es lo que hago para vivir."

"Por supuesto", dijo Jenna, situando su mano sobre la de Tara. "¿Lo harías? Quiero decir, sé que no vives aquí, así que tal vez sólo haces cosas locales ahí en California."

"Puedo hacer cualquier cosa, en cualquier lugar. Estaría feliz de planear el evento. Finalmente quiero ampliar mis negocios a un nivel nacional." Se volvió a Mick. "No es que quiera entrometerme. Estoy segura de que podría ayudarles a encontrar a alguien de la zona, lo que probablemente sería más fácil para ti."

"¿Estás bromeando? No puedo pensar en alguien que pudiera organizar esta fiesta mejor. ¿Hablas en serio acerca de esto? ¿De coordinar todo?"

Sus ojos brillaban con calidez. "Me encantaría, Mick. Toda tu familia ha sido maravillosa conmigo este fin de semana. No puedo pensar en ningún evento que me encantara planear más que la fiesta de aniversario de tus padres. Así que ¿Cuándo es?"

Jenna le mostró las fechas.

"Bueno, es el fin de semana del cumpleaños de Nathan, pero trabajaré alrededor en ella."

"No," dijo Mick. "No pongas en segundo lugar a tu hijo."

Ella puso su mano sobre la de él y le ofreció una cálida sonrisa. "Nunca he puesto en segundo lugar a Nathan. Pero imagino que por unos boletos para el juego, le encantaría pasar su cumpleaños aquí. Y ama a tu familia. A menos que lo veas que como un problema."

La besó en la frente. "Pasar tiempo contigo y Nathan no es problema."

Captó la mirada que Jenna le lanzó, pero no le importó lo que pensaba. Él tenía un momento bastante difícil ciñendo su mente en torno a sus sentimientos por Tara y lo que significaba todo aquello. Estaba seguro como el infierno que no se lo iba a tratar de explicar a Jenna.

Tara se dirigió a Jenna. "Jenna me puede ayudar en eso, y será una brisa."

Jenna asintió y tomó su taza de café. "Hecho, de acuerdo, entonces. Quedamos para el doce. Enviaré un mensaje de texto a Gavin para decírselo."

Poco a poco, su vida se estaba volviendo más y más entrelazada con la de Tara.

Y el nudo en su garganta se hacía cada vez mayor.