Capítulo 3

Sandra

«Espero que le regalen todo lo que desea». He repetido esas palabras una y otra vez en mi cabeza, cientos de veces, y siempre que lo hago me siento humillada. Ya que estaba, podría haberle dicho que se quitara los pantalones. No podría haber sido menos sutil. Como si el copropietario de treinta y cinco años de una enorme empresa fuera a interesarse por una asistente administrativa de veintiséis… En mí. Estúpida, estúpida, estúpida.

Y el cuestionario sexual… No puedo dejar de pensar en Gabe doblándolo y metiéndoselo en el bolsillo. Ese recuerdo me hace estremecer. O sea, llegué a pensar en mudarme durante las vacaciones, en serio. Cuando pasé el día de Navidad en casa, pensé en quedarme ahí indefinidamente. Pero entonces vi el coche de Amanda aparcado en la entrada de la casa de al lado y volver a Filadelfia me pareció la menos humillante de mis opciones.

Mi nombre no estaba escrito en ese papel.

Mi nombre no estaba escrito en ese papel.

Mi nombre no estaba escrito en ese papel.

Sí, me lo he repetido unas cuantas veces. Unos cientos de veces. Pero… seguramente sabe que es mío. Puede que solo escribiese unas pocas palabras, pero son suficientes para reconocer mi letra. Además, me pidió que escribiera la dirección de los padres de Sawyer. Seguro que sabe que es mío.

Me pregunto si se lo ha contado a mi jefe, a Sawyer. La idea me resulta inconcebible. Sawyer se portó muy bien conmigo cuando me ofreció un puesto de trabajo en Filadelfia sin hacerme una entrevista, sin ni siquiera haberme visto nunca. Nuestros padres estaban en la misma fraternidad cuando estudiaban en la universidad, y así fue como conseguí el trabajo. Necesitaba empezar de cero, en una nueva ciudad, y Sawyer me dio una oportunidad, sin hacer preguntas. Me ha dado mucho más desde entonces. Me ha convertido en un miembro más de un equipo y ha hecho que me sienta útil, necesitada. Y yo se lo he devuelto comportándome de manera poco profesional durante una reunión. Como una adolescente colada por un profesor, algo inapropiado. Me pregunto si me despedirán. «Me lo merezco», pienso mientras suelto un triste suspiro.

Esta noche es Nochevieja y mi jefe celebra la fiesta anual para los empleados de Clemens Corporation. Hasta aquí ha llegado mi semana evitándolo. Arrugo la nariz al ver mi reflejo en el espejo. Tengo el pelo rebelde, así que me he hecho una coleta baja. Soy rubia. Siempre me ha parecido irónico, por eso de que las rubias se divierten más y tal. No creo que yo sea de las que se divierten.

Me pongo unos pendientes largos de fiesta, dedico algo más de tiempo de lo habitual a maquillarme y, luego, me calzo los tacones. Me encantan estos tacones. Son altos y muy sexys, aunque en realidad yo no soy una chica sexy, así que me los pongo con unos pantalones de traje que los ocultan casi por completo.

Treinta minutos después estoy en el Ritz-Carlton. El organizador del evento anota mi llegada y, acto seguido, camino sin rumbo, saludando a mis compañeros y a sus acompañantes. ¿Y si Gabe trae acompañante? Me moriría de vergüenza si lo viera con una chica. El año pasado vino con una modelo. Quiero pensar mal de ella, pero la verdad es que era una chica increíble y todos la adoraron.

Sawyer llega con su novia, Everly. Me cae muy bien, y Sawyer está loco por ella. No es que me lo haya contado, pero lo sé. Nunca lo he visto tan feliz. Tampoco es que estuviera triste antes de que ella apareciera; de hecho, no lo estaba, siempre ha sido un tipo alegre. Pero ahora es diferente. Me hizo darle a Everly las llaves de su piso una semana después de conocerla. Nunca me había pedido que hiciera una copia de sus llaves para una mujer. ¿Y qué decir de su mirada cuando Everly aparece sin avisar en la oficina? Sawyer está coladito.

—Sandra, me he dejado el pintalabios en casa de Sawyer. ¿Me acompañas a buscarlo? —suelta Everly un segundo después de decir «hola».

Sawyer murmura algo sobre ir a buscar una bebida justo cuando Everly me agarra del brazo y me arrastra hacia los ascensores. Sé que Sawyer vive en la torre residencial adjunta al hotel, así que su piso no está lejos.

—¿Has visto ya a Gabe? —dice Everly.

—¿Al señor Laurent? —pregunto, sorprendida por que me pregunte por él—. No, todavía no ha llegado. ¿Lo necesita Sawyer para algo?

Las puertas del ascensor se abren cuando llegamos al vestíbulo del hotel antes de que Everly pueda responder. Entonces, saluda en voz alta a una chica llamada Chloe, que resulta ser su compañera de habitación en la Universidad de Pensilvania. Las tres vamos juntas al apartamento de Sawyer y en cuanto llego al umbral de la puerta pienso que no debería estar ahí.

—No creo que sea apropiado que esté en el dormitorio del señor Camden —digo, intentando mantener los ojos en el suelo. No necesito saber cómo es el dormitorio de mi jefe.

—Relájate. Aquí solo practicamos sexo normal —contesta Everly desde el baño—. No hacemos vídeos ni nada parecido —añade en un tono que sospecho que cree que es tranquilizador.

Encuentra su pintalabios y nos dirigimos hacia la puerta cuando Everly se detiene en seco delante del vestidor y nos grita para que esperemos.

—Deberías probártela —dice mientras sostiene en alto una minifalda negra con lentejuelas.

—Mmm… —empiezo a protestar, pero ella ya me ha puesto la falda bruscamente en las manos y me empuja hacia al baño. Y, bueno, siento curiosidad por saber cómo me quedaría.

—¡Sandra, menudas piernas tienes! Mataría por unas piernas tan largas como las tuyas. Tienes que dejarte puesta esa falda. Insisto —dice Everly con entusiasmo cuando salgo del baño al cabo de un minuto.

—¿Tú crees? —pregunto, y entro de nuevo al baño para mirarme en el espejo—. Soy más alta que tú. Me queda muy corta.

—Sí, lo sé. De nada. Ahora quítate la camisa.

—¿Perdón?

—Solo la camisa que tienes debajo. Luego vuelve a ponerte la chaqueta.

—Mmm, ¿quieres que vaya a la fiesta sin camisa?

—Tú hazlo —dice Chloe, que se acerca a mí desde la ventana—. O nunca saldremos de esta habitación. Créeme.

Las miro y comprendo que hablan en serio. Abro la boca para protestar, pero Chloe niega con la cabeza.

—Soy la mejor amiga de Everly desde que éramos pequeñas. Créeme, no nos marcharemos de este piso hasta que se salga con la suya, literalmente.

Así es como termino vestida solo con una falda demasiado corta y una chaqueta. Everly también me arregla el pelo para darme un aspecto más sexy.

—Está intentando hacer de celestina, lo sabes, ¿no? —pregunta Chloe.

—No estoy haciendo de celestina. —Everly niega rápidamente con la cabeza—. No lo estoy haciendo. Simplemente me limito a crear oportunidades.

Discuten sobre el significado de «crear oportunidades» y, luego, Chloe se gira hacia mí y me pregunta cómo se llama él.

—Gabe —responde Everly por mí mientras volvemos a la fiesta—. No es su jefe, porque yo salgo con su jefe, y eso sería muy raro, pero es el vicepresidente de Clemens Corporation, lo que lo hace un poco obsceno, ¿no creéis? —Parece encantada con la idea—. Sandra quiere hacer cosas guarras, cosas guarras con él en su escritorio.

—¿Cómo sabes eso? Solo nos has visto juntos una vez.

Pero estoy segura de que me he puesto como un tomate. Si es evidente para Everly (y ella ni siquiera sabe nada del maldito cuestionario sexual), debe de ser obvio para otras personas.

—Soy observadora. —Se encoge de hombros como si no fuera importante.

Es importante. ¿También es tan evidente para Gabe? Me refiero a cuando no voy escribiendo por ahí que quiero acostarme con él. Eso fue bastante directo, pero ¿es tan obvio el resto del tiempo?

—No soy su tipo —contesto.

—Ya veremos —responde Everly con total seguridad.

Estamos a unos pocos pasos del vestíbulo del hotel cuando lo veo. Dios, qué guapo. Está al otro lado del vestíbulo, esperando el ascensor para subir al segundo piso, donde se celebra la fiesta. Tiene la mirada puesta en las puertas del ascensor.

Aprovecho para darle un repaso. Es el hombre más atractivo que he visto jamás. Bastante alto como para hacerme sentir enana cuando estoy a su lado, lo cual no es fácil cuando mides algo más de un metro setenta. Supongo que me saca al menos quince centímetros. Esta noche lleva un traje de color negro. No viste de traje en el trabajo habitualmente; suele aparecer con vaqueros, pero, de algún modo, consigue exudar autoridad, sin importar lo que lleve puesto. Y las gafas… Me matan. Unas gafas de pasta que parecen las de un empollón, pero, joder, a él le hacen parecer de todo menos eso.

Me lo estoy comiendo con los ojos cuando Everly interrumpe el momento porque también lo ha visto y lo llama y lo saluda con la mano.