—Sólo bromeaba —contestó muy sonriente—. Por supuesto que deseo ser padre y tener nuestros hijos, pero más adelante, disfrutemos primero nuestra vida juntos.
—Y por supuesto que la disfrutaran, hacen una linda pareja y sus hijos serán preciosos.
—Ah eso sí —dijo Jonathan con modestia—. Siempre y cuando se tenga que trabajar arduamente en el asunto y hacerlos con mucho amor.
—¡Jonathan! —Exclamó Regina apenada.
No cabe duda que la conversación nos distrajo un poco y hasta pudimos reír después de tanto tiempo, pero de nuevo Randolph subió para convocar a Regina de inmediato al despacho del rey;
—Señorita Regina, su majestad el rey le pide que baje a su despacho inmediatamente.
—¿Qué sucede? —Preguntó asustada.
—Su majestad se lo dirá, por favor acompáñeme y Jonathan, será mejor que usted también acompañe a su prometida, lo necesitará.
—Randolph, estáis preocupándonos a todos —dijo Jonathan.
—Por favor, no hagamos esperar a su majestad ni a las autoridades.
—¿Randolph que sucede? —Pregunté también asustada.
—No se preocupe, pronto su majestad Ludwig vendrá a reunirse con usted, por favor esté muy tranquila, no se preocupe.
Todos bajaron con Randolph mientras a mí me quedaba la curiosidad de saber que había sucedido, pero por la expresión de él supe que no sería nada bueno. Leonor comenzó a llorar y a ponerse inquieta y eso me puso más nerviosa, Gertrudis la cargó con cuidado para que tomara sus fórmulas, cambiarla y dormirla después, mientras que yo me sentía impotente al no estar junto a Loui es ese momento, así que no tenía más remedio que esperar a que subiera para decirme que estaba sucediendo. Mientras esperaba a que Loui regresara y me dijera que estaba pasando y mientras Leonor logró dormirse también, decidí ir a ver al príncipe y estar cerca de él, al verlo tan indefenso deseaba que saliera pronto de la incubadora para tenerlo en mis brazos, su recuperación era lenta pero favorable decían los médicos, definitivamente era un bebé muy fuerte que estaba luchando y aferrándose a la vida y eso era admirable en un ser tan pequeño, frágil e indefenso como él;
—Me dijeron que estabas aquí. —Escuché que me decían mientras me abrazaban.
—¿Mi amor que pasó? Me quedé muy asustada por la expresión de Randolph y vine a distraerme un poco.
—Recuerda que no debes esforzarte demasiado, es necesario que sigas en reposo, no sólo por la herida de tu pecho sino por la cesárea también.
—Me siento mejor, además necesito estar cerca del príncipe, verlo y que él también sienta que su mamá está cerca de él, quiero que salga de la incubadora y tenerlo en mis brazos.
—Lo sé amor mío —dijo besando mi mejilla—. Pero no desesperes, estoy seguro que el príncipe pronto saldrá de allí y estará con nosotros, ya lo veras. Ludwig es un bebé muy fuerte a pesar de su condición tan frágil, creo que mis herederos se parecen mucho a su mamá en ese aspecto y eso hará que me vuelva loco por ellos también.
—¿Loui qué ha pasado? —Insistí.
—Ven, volvamos a la habitación, dejemos descansar al príncipe.
Segunda Parte
Regresé a la cama como Loui lo quiso y después de acostarme y consentirme como a una niña, me dijo lo que había sucedido;
—No es fácil lo que voy a decir, así que quiero que lo tomes con calma, recuerda que tienes que estar tranquila.
—Loui me asustas, es sobre el duque, ¿Verdad? ¿No lo han encontrado?
—Sí, ya lo encontraron.
—¿Y a Juliana?
—No, de ella no se sabe nada.
—Entonces, ¿Qué pasara con él? ¿Volverán a encerrarlo? Loui tengo miedo, eso no va a detenerlo, recuerda que parece que una prisión no es suficiente, puede volver a escapar y esta vez intentar algo contra nuestros hijos y esa mujer... Loui tengo mucho miedo.
—Tranquila amor mío. —Me estrechó en sus brazos—. Eso ya no podrá ser, él ya no podrá hacernos daño directamente.
—¿Qué quieres decir?
—Encontraron al duque Rodolfo… muerto.
—¿Cómo? —Pregunté sorprendida mirándolo fijamente—. ¿Qué le pasó?
—Todavía no sé sabe que fue lo que sucedió, sólo la autopsia lo revelará.
—Pobre Regina —susurré.
—Sí, se descontroló cuando se le dio la noticia, por poco se desmaya. Jonathan piensa que seguramente fue un infarto fulminante y ambos se han ido al pueblo a medicina forense, es necesario que reconozcan el cuerpo.
—A pesar de todo, es un duro golpe para ella.
—La impresión que recibirá, será muy fuerte, el cadáver está en descomposición. Según los investigadores, el forense dijo que presenta unos veinte días de fallecido.
—Eso significa que…
—Que seguramente murió en los días después del atentado, con justa razón no se sabía nada de él, nunca salió del reino y supongo también que el frío hizo lo suyo.
—Pero, ¿Y sus cómplices? ¿Qué pasará con esos tipos?
—Desgraciadamente no sabemos quiénes son y si son ciudadanos comunes será muy difícil identificarlos. Esos tipos seguirán siendo un misterio pero si trabajaban pagados por él, que es lo más seguro, su mina de oro se les acabó, es posible que huyan y salgan de la isla sin problemas, igual las salidas están en alerta, cualquier sospecha será reportada.
—¿Dónde lo encontraron?
—Su cuerpo fue encontrado montaña arriba, en unos manglares de difícil acceso enredado en las raíces de un pantano, lo que impidió que el cuerpo pudiera hundirse por completo.
—Loui por favor, abrázame de nuevo. —Le supliqué imaginando tan grotesca escena.
—Por fin, todo ha terminado amor mío —dijo mientras me abrazaba besando mi frente—. Ya no temas más, él no volverá a hacernos daño, ya ha pagado su maldad.
Yo seguía sin sentirme segura;
—No puedo creerlo, ¿Están seguros que se trata de él?
—No hay dudas, la descripción física y de su vestimenta coinciden con él, lo único es que no llevaba puesto el anillo que le acreditaba su apellido el cual le hubiera sido entregado a Regina, es obvio que esos delincuentes se lo quitaron y es por eso mismo que podrán ser encontrados. Como rey tengo que ir a reunirme con ellos al pueblo, es necesario hacer y firmar una serie de trámites y la documentación necesaria, para que puedan entregar el cuerpo y más, tratándose de un miembro de la familia real.
—Está bien.
—No quisiera dejarte, pero mi presencia es necesaria.
—No te preocupes —le dije acariciando su rostro—. Ve, yo estaré bien.
—Volveré tan rápido como pueda —dijo besando mis manos y mi frente.
—Estaré esperándote.
Cuando Loui salió de la habitación me quedé pensando en todo eso, la noticia me había sorprendido mucho, el duque finalmente había cosechado lo que había sembrado, la justicia divina tarde o temprano llega, no podía evitar sentirme nerviosa, no había deseado su muerte como él deseo la mía, sólo deseaba que de alguna manera pagara todo el mal que había hecho y al parecer, Dios mismo se había encargado de eso, la maldad del duque había sido detenida de una vez por todas. Gertrudis me sugirió que descansara un buen rato ya que el rey se había ido y la bebé seguía dormida, tenía que ser paciente y esperar a que todos regresaran al castillo para saber con detenimiento, las noticias que revelaran lo que había sucedido con el duque y cuando digo que esperaba que “todos” regresaran, estaba refiriéndome también al cadáver del duque. A esas alturas de las circunstancias y habiendo traicionado de esa manera a la familia real, no sabía a ciencia cierta qué decisión tomaría Loui al respecto. Para la hora de la comida todavía no habían regresado, así que tuve que almorzar sola y Gertrudis, aprovechó para darle su biberón a Leonor que ya había despertado, era una bebé muy hambrienta lo que me daba mucha satisfacción porque estaba ganando peso y se estaba recuperando tan rápido, que ya no parecía un bebé prematuro. Leonor no sólo había peleado con su destino, sino que parecía que había tenido las fuerzas para arrebatar lo que por derecho le pertenecía, el derecho a vivir, la personalidad de mi hija me desconcertaba sentía que Leonor tendría mucho temple y carácter fuerte, posiblemente sería una mujer agresiva, muy fuerte y muy decidida y yo no sabía si debía alegrarme o preocuparme por eso. Después del almuerzo le pedí a Gertrudis que me prepara el baño tibio, esperaba que el doctor Khrauss llegara por la tarde para revisar mis heridas y cambiarme las vendas, así que después del baño aproveché para ir a ver al príncipe de nuevo. En dosis pequeñas la enfermera le daba su fórmula, Ludwig era más tranquilo no se desesperaba y se tomaba todo su tiempo para hacer las cosas y esa ternura que reflejaba, lo hacía ganarse a las personas que lo rodeaban. Estaba observándolo cuando una mucama llegó a decirme que todos ya habían llegado, así que rápidamente regresé a la habitación y ordené que tuvieran listo del baño del rey, porque seguramente llegaría muy cansado y hasta no saber qué había pasado, preferí esperarlo en la cama;
—Amor que bueno que ya llegaste —le dije cuando entró.
—Sí, los trámites se tardaron un poco —dijo besando me frente—. Pera ya todo está hecho, el cuerpo permanecerá en la morgue, mañana por la mañana llegará el féretro y se llevará a su castillo de Italia, en donde será sepultado junto a la madre de Regina.
—Quisiera verla.
—En cuanto salga del baño te llevaré con ella, la impresión fue muy fuerte, está muy mal de los nervios, sus mucamas la están atendiendo y Jonathan iba a aplicarle un tranquilizante.
Mientras Loui se daba su baño Gertrudis me ayudó a vestirme, todo esto había pasado muy rápido y desgraciadamente todavía se tenía que hablar del asunto. Cuando Loui estuvo más relajado después del baño me llevó a ver a Regina a su habitación, Gertrudis se quedó cuidando de Leonor mientras salimos y en efecto, Regina estaba muy mal y Jonathan ya la había tranquilizado;
—Regina, lo siento mucho —le dije abrazándola en su cama. Jonathan estaba junto a ella—. Esto nadie lo esperaba y nos ha tomado por sorpresa a todos.
—Gracias, yo estaba consciente que papá tenía que pagar por lo que había hecho, pero no de esta manera.
—¿Y qué fue lo que sucedió al fin?
—Al parecer, estaba huyendo al saberse buscado —contestó Loui—. Y su orgullo, no le permitió volver a verse de nuevo en la prisión o enfrentar la pena de muerte a la vista de todos por sus delitos en contra de la familia real.
—El lugar donde lo encontraron es de difícil acceso —dijo Jonathan—. Y según la autopsia su corazón falló paralizándolo, lo que ocasionó que tal vez cayera del caballo al pantano y al no tener las fuerzas para respirar y mantenerse, a flote poco a poco se ahogó. El cuerpo fue arrastrado a unas raíces, lo que le impidió que se hundiera y presenta unos veinte a veinticinco días de fallecido seguidamente de vuestro atentado, seguramente en los días de navidad.
Regina suspiraba y sus lágrimas seguían cayendo;
—Me parece muy extraño —les dije—. Recuerden que no estaba solo.
—Pueden haber muchas hipótesis —dijo Loui—. Y obviamente eso confunde a todos, o bien pudo separarse de ellos y seguir solo, o bien seguir con ellos y…
—Y que lo hayan asesinado —continuó Jonathan—. Seguramente alguna falta de acuerdo o de dinero, es muy fácil provocar un infarto a una persona que lo padece, alguna discusión, algún coraje, él era un hombre que no se dejaba intimidar y si las cosas no salían como él quería se enfurecía con facilidad. El duque se subestimó él mismo, se confió creyendo que su corazón no le fallaría cuando más lo necesitara y ahora vemos las consecuencias.
—Claro —secundé—, suena lógico y como dice Loui, al saberse buscado su orgullo le hizo preferir huir que enfrentar la justicia sin saber que encontraría la justicia de Dios en su camino o lo que haya sido, huyó sin saber que pagaría su maldad y encontraría la muerte y al parecer, la misma muerte que sufrió el hombre que supuestamente cortó el cinto de la silla de mi caballo.
—Sí, es increíble cómo se pueden pagar las cosas —dijo Loui—. Bien dice el dicho “El que a hierro mata, a hierro muere” y eso se aplicó en él.
—Me duele que su vida haya terminado así —dijo Regina un poco más calmada—. Y más en la época de la navidad, pero fue su decisión, sé que no tiene justificación pero a pesar de toda su maldad, era mi padre y el hombre que me dio la vida.
—Eres una persona muy noble —le dije sujetando sus manos—. Él no mereció tenerte como hija, nunca supo apreciarte, es más, ni siquiera se arrepintió por todo lo que hizo, perdóname por lo que voy a decir, pero creo no obtuvo el perdón divino.
Por un momento mis palabras descontrolaron a Regina, quien se aferró en los brazos de Jonathan para llorar desconsoladamente en su pecho. Su educación religiosa la atormentaba al saber que podía tener razón y ni con todas las misas que pudieran rezar, harían que el alma del duque escapara al fuego de su castigo, por toda la maldad que cometió en vida;
—Lo siento Regina, perdóname —le dije apenada mientras Loui colocaba sus manos en mis hombros.
—No te preocupes, tienes razón —dijo calmándose—. Mañana llegara el féretro y yo me iré con él, es natural que por todo lo que hizo no merezca estar en la cripta de la familia real de Bórdovar, por lo que será sepultado en las propiedades de la familia, en nuestro castillo en las afueras de Turín, junto a mi madre.
—Obviamente yo me iré con vos —dijo Jonathan besando su sien—. No os dejaré pasar por esto sola.
—Como pueden comprender yo no puedo ir —dijo seriamente Loui—. No puedo dejar a Constanza en su estado, tengo que cuidarla y debo de estar pendiente de la evolución de los príncipes también.
—No te preocupes —dijo Regina—. Yo entiendo muy bien, ya hiciste mucho hoy.
—Te dejaremos descansar —le dije—. Necesitas recuperar todas tus fuerzas para mañana, ordenaré que te suban algo de comer y que las mucamas arreglen todo tu equipaje.
—Yo aprovecharé darme un baño —le dijo Jonathan—. Por mientras, descansad.
—También ordenaré que lleven algo de comer para ti —le dije a Jonathan—. Debes estar muy cansado y las mucamas arreglaran tu equipaje para que viajes con Regina.
—Os lo agradezco.
Cuando regresamos a la habitación, le pedí a Gertrudis que ordenara unas viandas para que Regina y Jonathan pudieran merendar algo, por mientras se llegaba la hora de la cena y que también, mandara a las mucamas a que prepararan sus equipajes. Cuando nos quedamos solos Loui, se acostó conmigo por un momento, estaba cansado y creo que en el fondo no podía creer lo que había pasado;
—Reconozco que cuando sentí que te perdería mi furia lo quería muerto —dijo tomando mi mano y observando el techo—. Saber lo que le hizo a mi madre y el ser testigo de lo que te hizo a ti, me cegó de rabia y creo que prácticamente puse precio a su cabeza y no me importaba, si lo traían ante mi vivo o muerto. Era capaz de matarlo con mis propias manos si te hubiera perdido a ti y a nuestros hijos, hubiera dedicado lo que me quedaba de mi existencia para buscarlo y para vengarme de él, pero al sentir que luchabas por vivir para dar la vida a nuestros hijos que tuvieron que nacer prematuramente y que también se vieron obligados a aferrarse a la vida… al sentir el afecto que todos en el castillo y en el pueblo nos profesaron y sus palabras de aliento, sentí que no estaba solo y que de alguna forma Dios estaba conmigo. En mi desesperación y angustia lo busqué como nunca lo había hecho antes, me humillé a él para pedirle por ti y por nuestros hijos, le prometí que si te restablecías y te permitía vivir, yo olvidaría mi venganza y no haría nada contra el duque y lo perdonaría, no sé cómo ni por qué lo hice, pero sentí que eso me dio mucha paz.
—Loui mi amor —le dije sorprendida acariciando su rostro—. No me habías comentado eso, estoy muy orgullosa de ti, Dios escuchó tu humilde súplica y no permitió que tus manos se mancharan de sangre, no permitió que te convirtieras en un asesino igual que él, creo que Dios ha roto la maldición que te ataba y tu corazón ya está sano y libre, para que puedas sentir la paz y ser completamente feliz.
—Siento que lo que dices es cierto —dijo levantándose y abrazándome—. Tal vez puedo sentirme libre al fin, a pesar de haber tenido todo materialmente nunca volví a sentir la paz, el amor y la felicidad hasta que te conocí, tú viniste a salvarme con tu amor, el haberme enamorado como un loco de ti me hizo cambiar una vida sin sentido a una vida completamente llena. Dios te trajo a mí para rescatarme del abismo en el que estaba y ha sido nuestro amor, el que ha podido hacer todo, el duque me dio una lección tocando lo más importante para mí y fue eso, lo que hizo que me acercara a Dios. Sólo de esa manera lo pude hacer, siempre he estado seguro de mi posición y de mi poder y ese orgullo, me ha hecho daño pero ante ti siento que soy un cachorro en tus manos, tú me has hecho cambiar y te prometo vivir para hacerte feliz siempre, a ti a y nuestros hijos.
—He sido feliz desde que te conocí —le dije besando suavemente sus labios—. Eres el hombre más maravilloso de la tierra, ningún otro pudo haber sido mejor para mí, no me importaba si eras una persona de bajos recursos, de clase media o acaudalado, eres como eres y eres lo mejor para mí.
—Amor mío, no sé que hubiera sido de mí si te hubiera perdido —dijo besando tiernamente mi mano—. He podido comprender la desesperación de mi padre y he sentido que me amó a su manera a pesar de todo, ahora lo comprendo y entendí su dolor perfectamente, es más lo admiro, admiro que haya vivido tanto después de perder a su esposa y sé que lo hizo por mí, para asegurar mi futuro y protegerme, me amó a su manera, lo sé y yo no lo entendí. De haber muerto también mi vida hubiera estado en peligro, pero vivió y sé que lo hizo por mí, me arrepiento no haber sido de ayuda cuando él tuvo que soportar el peso de su agonía solo.
Las lágrimas del rey caían por sus mejillas, cerró sus ojos y enterró su cara en mi regazo;
—Amor ya no hables más de eso —le dije sosteniendo su cara—. Me hace daño verte triste y te hace daño seguir recordando, pero me alegra que lo reconozcas.
—Después de haber estado en la iglesia —continuó—. Fui a la que era su recámara para poder sentirlo y hablar con él, mientras caminaba por la habitación trataba de encontrar una respuesta a mi sentir y en medio de las páginas de uno de sus libros preferidos que estaba en una de las gavetas de su cama, encontré algo que me sorprendió mucho.
—¿El qué?
—Una carta —dijo sacándola de su gaveta para mostrármela—. Está escrita para mi madre de su puño y letra y en parte escrita para mí también, ya puedo sentirme en paz, ya sé lo que necesitaba saber, ya lo he perdonado completamente y también sé que él me ha perdonado, mírala ahora comprendo su sentir y su forma de actuar.
Sostuve la carta en mano y sorprendida comencé a leerla;
“Mi bella y amada Leonor:
Todos estos años sin ti han sido un verdadero tormento, no sé cómo he podido seguir adelante todo este tiempo, la vida para mí dejó de tener sentido desde el momento en que cerraste tus hermosos ojos para siempre. Perdóname mi amor, te fallé desde el principio y no supe valorar el regalo que me dejaste, no supe cómo educar a Ludwig y todo lo hice mal creyendo que lo hacía bien, lo alejé de mí y también de ti, mi amor no sabes cómo me arrepiento por haber desperdiciado un valioso tiempo que ya no puedo recuperar. Él es todo un hombre ahora y sé que estarías muy orgullosa de él, pero ya no es el mismo y ha cambiado drásticamente lo cual te haría muy triste, no es el hombre que tú querías y de eso yo soy el único culpable, te decepcionarías de mí al ver lo que hice con él. Ludwig no es el mismo y no lo volverá a ser, yo me encargué de su cambio y no lo culpo, pero siento que ya es tarde para remediarlo, estoy muy preocupado por él y su nueva personalidad me aflige, por lo que me veo obligado a tomar una decisión para tratar que vuelva a ser el mismo, no me es fácil porque el futuro del reino penderá de un hilo, pero voy a jugarme todo para lograr que vuelva a ser el mismo y para que se convierta en el hombre que tú deseabas.
Por lo pronto te complaceré mi amor, Ludwig será libre para escoger a la mujer que él quiera por esposa pero sé que me odiará aún más por lo que haré, si él no demuestra un cambio a su indiferencia no será un buen monarca y por ese motivo me veo en la obligación de decretar dos leyes; la primera, que como hijo y príncipe de Bórdovar vea por los intereses de su pueblo antes que en los suyos velando por el bienestar de su pueblo y para hacerlo, tendrá que cambiar la detestable personalidad que yo mismo le forjé y la segunda, que al verse libre para escoger esposa pueda enamorarse y casarse antes de ser coronado rey, si no cumple estos dos requisitos antes de su trigésimo cumpleaños el trono pasará directamente a Rodolfo como segundo en la línea de sucesión y él perdería su derecho como príncipe heredero, obteniendo entonces el título del ducado de Kronguel, salvo que Rodolfo abdicara o muriera y Regina o sus hijos renunciaran al trono, él entonces podría convertirse en rey. No me place mi decisión en lo más mínimo, miles de almas penderán de un hilo y el futuro de la monarquía estará al borde de un abismo, el esplendor que se ha conocido de nuestro reino está a punto de desaparecer, pero sólo así me aseguraré que Ludwig se convierta en un hombre de bien y asegure nuestro apellido y nuestro linaje, si no lo permite, entonces un nuevo apellido regirá y la casa Waldemberg habrá pasado a la historia y al olvido, pero alguien más deberá tomar las riendas del reino en mi ausencia y que Dios tenga misericordia en la bruma de un futuro incierto, al que los obligo. Realmente suplico a Dios por el príncipe, porque cambie y recapacite, tomando el lugar que por derecho le pertenece.
Ludwig hijo mío, perdóname por haber hecho las cosas mal y por haberte hecho sentir lo que creí que era lo mejor. Te amé a mi modo, pero comprendí muy tarde que no era la manera correcta, desde el momento en que naciste fuiste mi orgullo y te amé porque Leonor y yo te deseábamos con ilusión, el día que naciste mi corazón rebosaba de júbilo, cuando tuve a mi heredero en mis brazos lloré de alegría, eras hermoso, un digno príncipe y yo no cabía en mi orgullo al ser padre de tan robusto y precioso varón, mi hijo, mi heredero, mi alegría y mi razón de vivir, sé que eres fuerte y sé que llegarás a ser el hombre que tu madre anhelaba. Te amo hijo mío, mi príncipe y futuro rey, lo decreto, decreto en nombre de Dios que serás rey y que te sentarás en el trono, tú y tu descendencia por largo tiempo, sé que tú si harás las cosas correctamente, gracias a Dios cuentas con Randolph para ayudarte el cual creo que ha sabido ser mejor padre que yo.
Leonor amada mía ya estoy cansado, han sido muchos años de soledad, ya no tengo fuerzas para continuar y mi tiempo aquí ya se terminó, pronto estaré contigo y estaremos juntos para siempre, para ya nunca más volver a separarnos, mi amor te amo.”
L.W.
No pude evitar terminar de leer la carta con mis ojos llenos de lágrimas, después de muchos años el amor del rey Leopoldo para su reina seguía intacto como el primer momento lo que lo hacía un amor envidiable, un amor que ni la misma muerte pudo borrar;
—Loui… esto es… —comencé a decir sin poder articular palabra.
—No digas nada —dijo acariciando mis labios con sus dedos—. Afortunadamente el duque nunca supo que Randolph fue nombrado regente durante mi minoría de edad y lo agradezco, de haberlo sabido el duque se hubiera desecho de él también.
—Mi amor… —Acaricié su cara.
—Ya no reniego de mi destino. —Besó mis manos con fuerza—. Sólo sé que si las cosas no hubieran sido así, jamás nos hubiéramos conocido. Para mí ha valido la pena el precio que pagué para conocerte.
—Loui, te amo —le dije mientras lo abrazaba para sentir su calor.
—Yo también te amo —dijo mientras sostenía mi cara y nos besábamos dulce e intensamente como la primera vez.
Capítulo XXII
¿Final Feliz?
Al día siguiente muy temprano, Regina y Jonathan se preparaban para irse, el ataúd había llegado en la madrugada por vía aérea al todavía aeropuerto provisional y el cuerpo del duque, ya estaba listo en el puerto. El barco de Loui, el mismo en el que había llegado yo, los llevaría directamente hasta Lisboa, en donde los esperaba su avión privado para llevarlos a Italia. Loui le había pedido a Randolph que los acompañara representado a la casa de Bórdovar ante las monarquías que asistirían al funeral, al verlos partir sentimos que ese capítulo en nuestras vidas se había cerrado y ya no volvería a leerse, al fin pudimos sentir la paz que necesitábamos, después de todo, faltaba poco para la boda de Regina y Jonathan la cual se celebraría en el castillo y una nueva vida para todos estaba ya por comenzar. Todos deseábamos olvidar la triste historia que había envuelto a Bórdovar y a su heredero por mucho tiempo, todos los que habíamos sido parte de ese episodio independientemente, queríamos dejar todo atrás como un mal sueño y proseguir hacia adelante, como cuando el ocaso da lugar a la noche y esta a su vez al amanecer de un nuevo día, sentimos que a partir de ese momento en adelante, todo sería hecho nuevo.
Pronto me sentí mejor y dejé de usar el cabestrillo, el príncipe ya no tuvo necesidad del oxígeno aunque siempre necesitaba de la incubadora unos días más, pero su color ya era normal y había ganado peso, la princesa cada día más hermosa y muy consentida por su enamorado padre y yo, ya no necesitaba de tanto medicamento así que poco a poco fui desintoxicándome de ellos para poder amantar a los bebés, algo que haría nuestro vínculo aún más fuerte. Cinco días después de la partida de Regina y Jonathan, Randolph regresó con nosotros y nos relató cómo estuvo todo; el funeral del duque había sido muy frío y sólo unos cuantos amigos, conocidos y ciertos representantes de las casas reales habían asistido. Al parecer sabían cómo era él y no gozaba de la estima de muchos, pero el suceso que ocurrió durante el servicio fúnebre fue una sorpresa que nadie esperaba; Juliana apareció enloquecida de dolor, gritando desesperadamente por su amor y lanzándose sobre el féretro. Ni Regina ni los presentes podían creer lo que miraban, Juliana estaba aferrada al ataúd del duque y deseaba morir con él, lloraba desconsoladamente gritándole para que según ella pudiera despertar, la policía no dudó en hacer acto de presencia ya que estaba la orden de captura contra ella, lo cual parecía ya no importarle. Juliana estaba enloquecida y tuvieron que forcejear con ella para apartarla del ataúd, gritaba muchas cosas pero dijo algo que desconcertó a todos: “Seguiréis viviendo, vuestra sangre seguirá fluyendo y viviréis” nadie entendía lo que repetía pero asociaron sus palabras a Regina y todos pensaron que se refería a ella. La policía se la llevó pero todo resultó peor y no se pudo saber nada más sobre ella o el duque o sobre todo lo que habían hecho, el psiquiatra que la vio constató que había perdido la razón completamente, aunque no sé por qué a mí me entró la duda de que posiblemente estuviera fingiendo, pero preferí callarlo en el momento. Fue traslada a un sanatorio en Madrid en donde cumpliría su condena y de donde no podría volver a salir, estando ajena a todo lo que sucedía a su alrededor. Ahora si sentíamos que todo había terminado y la justicia divina se había encargado de castigar su maldad, la maldad de ambos. Con Juliana loca, encerrada en una clínica custodiada con fuertes medidas de seguridad y con el duque muerto ya podíamos estar en paz, ella ya no era un peligro y sabíamos donde terminaría sus días y el duque, ahora sí ya estaba junto a la que fue su esposa y se quedaría allí para siempre.
Los días pasaron y todo era felicidad para mí, el príncipe ya no necesitaba la incubadora y por fin pude tenerlo en mis brazos, era el bebé más lindo y tierno para mí y mi cariño hacía él, era especial porque al verse tan frágil había demostrado una gran fortaleza y valentía al haber peleado y luchado por vivir también. Para mí el príncipe era un héroe y sentía que llegaría a ser un hombre muy especial, no podía evitar sentirme celosa al pensar que algún día llegaría otra mujer a su vida y ya no estaría más a mi lado, mi cariño por Ludwig era muy diferente a Leonor ya que sentía que él sería más apegado a mí que su hermana. No se trataba de hacer distinciones, amaba mucho a mis dos hijos, pero sentía que Leonor será más independiente, más fuerte y más apegada a su padre, y él sería un hombre de sentimientos puros, auténticos y nobles, lo que lo hará de su persona un ser muy especial para cualquier mujer.
En una noche muy especial, mientras los príncipes se habían dormido en sus cunas yo aproveché darme un baño tibio antes de dormir y estando frente al tocador del baño arreglándome vestida sólo en mi toalla, Loui entró muy silenciosamente;
—Que hermosa te ves, realmente eres más mujer.
—Loui me asustaste —le dije dando un brinco y sujetándome la toalla, estaba observándome con detenimiento apoyado en la puerta—. No te escuché entrar, ¿Por qué me ves así?
El silencio nos envolvió por un momento, Loui parecía hipnotizado y tenía una expresión muy conocida que me hacía estremecer sólo al verlo. Nuevamente, parecía un felino dispuesto a atacar a su presa con el poder de su seducción, pero a la vez sus manos hacia atrás, delataban que estaba tramado y escondiendo algo;
—Loui, ¿Me escuchaste? —Insistí.
—Sí, claro —contestó reaccionando y sonriendo tratando de disimular—. Es sólo que, estás muy… bella, muy diferente, te veo y te deseo, soy muy afortunado por tenerte ¿Te molesta que te vea así?
—No, para nada —le dije ruborizada intentado jugar con el cepillo de cabello. Mi sonrisita me delató—. Gracias, es sólo que… sólo tres veces he visto en tu cara esa misma expresión, o tal vez cuatro.
—Ah… —dijo mientras se acercaba lentamente a mí—. ¿Y recuerdas cuando fue?
—Por supuesto —contesté estremeciéndome—. La primera, la sentí en el arroyo de la cascada cuando querías que nadara contigo, la segunda, fue en nuestra noche de bodas en la cabaña y la tercera, fue en nuestra noche de bodas en el crucero.
—¿Y la cuarta? —Susurró.
—No estoy segura pero creo que fue… en la cueva detrás de la cascada. —Tragué en seco sólo al recordar.
—Mmmm… cierto —dijo acariciando mi piel y susurrándome al oído—. Tienes toda la razón, recuerdo que esa primera vez en el arroyo me sentí muy excitado por ti, lo cual me hizo muy feliz, la segunda vez fue mucho mejor porque nos entregamos y por fin fuiste mía completamente, la cuarta… creo que pudiste sentir el deseo de mi mirada penetrando cada poro de tu piel, sin duda una visión muy excitante que pude disfrutar y consumar, pero la tercera… también fue una noche muy especial en medio del mar, era una noche como hoy.
—¿Cómo hoy? Oh no —dije sorprendida y apenada—. Hoy es…
—Así es —susurró mientras comenzaba a besar mi cuello—. Hoy es nuestro primer aniversario de la boda eclesiástica.
—¡Ay Dios! —Exclamé asustada—. No puede ser, lo olvidé, es imperdonable, Loui por favor perdóname.
—Amor mío, no tengo nada que perdonarte —dijo sujetando mi barbilla—. Con todo lo que ha pasado y al estar pendiente de los niños es natural que no lo hayas recordado, todo ha sido muy rápido, sé que has puesto mucho empeño para recuperarte y a eso has dedicado tus fuerzas. Debido a esas circunstancias, no pude llevar a cabo lo que realmente había planeado desde el principio, pero recuerda que tenemos un viaje pendiente solos tú y yo y sé, que lo podremos hacer más adelante.
—Eso sería maravilloso. —Rodeé su cuello con mis brazos—. Pero no tengo excusas, es imperdonable que lo haya olvidado.
—Pero yo no —dijo mostrándome una caja de terciopelo—. Y esto es para ti.
—Loui, no me hagas sentir más mal, yo no tengo nada que darte.
—Por supuesto que ya me has dado y mucho.
—¿Qué?
—¿Te parece poco haberme dado toda la felicidad que siempre deseé? —Preguntó besando mis manos—. Tengo el mejor regalo que pude desear, tengo un sol sólo para mí que alumbra y calienta mi vida, tengo a la mujer más maravillosa junto a mí que me ha dado dos hermosos regalos también, tengo en mis manos el mayor tesoro que existe y el único camino que puedo recorrer, tengo la bendición de ser esposo y padre y tengo la dicha y el orgullo, de sentirme un verdadero hombre gracias a ti.
—Loui… —Lo abracé llorando—. No sé qué decirte.
—Pues no diga nada su adorada majestad —dijo inclinando su cabeza para luego secar mis lágrimas—. Y mejor abra su regalo.
—Sí, verdad, gracias. —Acaricié su rostro con devoción—. Eres hermoso, tú y sólo tú, eres lo que quiero, eres mi felicidad.
Besé suavemente sus labios y comencé a estremecerme al contacto de nuestras lenguas que deseaban jugar nuevamente, el deseo volvía a surgir. Tomé entre mis manos la caja y su contenido me sorprendió; era una magnifica joya, un juego de cadena, pulsera, anillo, aretes y reloj de diamantes con rubíes, algo que nunca imaginé que llegaría a ver y mucho menos a tener. Era una joya muy valiosa que no merecía y las cinco piezas tenían la “C” la inicial de mi nombre, pero lo que realmente me hacía muy feliz era tener la vida, tener una familia, tener a mis hijos y tener al hombre más lindo y maravilloso a mi lado, ese era mi mayor tesoro;
—Loui, esto es demasiado para mí, yo no merezco algo así.
—Por supuesto que sí —dijo colocando la cadena en mi cuello—. Tú te mereces todo y mucho más, eres mi reina, la dueña de mi corazón y de mi voluntad, me haces tan feliz que no dudo en poner el mundo a tus pies.
Sus manos tibias envolvieron mi cuello y nuestros labios se encontraron apasionadamente despertando el ardiente deseo de entregarnos, mi corazón palpitaba aceleradamente con fuerza al sentir que sus manos bajaban a mi cintura y un poco más y mi cuerpo se estremecía tanto, como si fuera la primera vez que sentía esas sensaciones;
—Loui, tus labios me llevan al cielo —le dije un poco nerviosa—. No puedo y nunca podré resistirme a ti, me siento mal por haber olvidado este maravilloso día y prometo darte tu regalo lo más pronto posible, ahora voy a vestirme.
—No, no —dijo sin querer soltarme y colocando el anillo en mi dedo—. De mis brazos no escaparás esta noche, el único regalo que quiero eres tú misma, quiero que esta noche seas mía de nuevo, deseo con locura que hagamos el amor.
—Bueno… —comencé a decir rodeándolo con mis brazos—. Creo que es lo menos que puedo hacer para compensar mi olvido.
—Ese es mi mejor regalo de aniversario —dijo besando el anillo que le había regalado—. Todo me conduce a ti, eres mi estrella, la luz que alumbra y guía mi camino, tú eres todo mi universo.
Nuestros labios sedientos y ansiosos se encontraron de nuevo y levantándome en sus brazos, me llevó a la cama. Ese día había sido nuestro primer aniversario de bodas eclesiástica, hacía más de un año que me había convertido en su esposa por la ley y por la iglesia, haciéndome la mujer más feliz de la tierra y que mejor manera de celebrarlo, que estando juntos, amándonos y estremeciéndonos como la primera noche, dando gracias a Dios por permitirnos gozar de la vida, de la dicha y de nuestro amor;
—Definitivamente eres más mujer —dijo quitándome lentamente la toalla, contemplando y tocando mi cuerpo dándome su calor corporal—. Y no sabes cuánto te deseo, le doy gracias a Dios por esta oportunidad de estar juntos nuevamente, tú eres todo para mí.
—Son tus ojos los que me ven con amor —le dije mientras desabrochaba los botones de su camisa—. Creo, que ninguna mujer después de ser madre a los pocos meses se siente atractiva y menos yo con las cicatrices de mis heridas.
—Amor mío, tú luces esplendida —dijo mientras besaba mi cuello y sus manos jugaban al placer en su lugar preferido. Mi cuerpo comenzaba a tensarse deseando más—. No perdiste tu figura, al contrario estás más hermosa, las cicatrices con el tiempo desaparecerán, eres todo lo que quiero, eres perfecta para mí.
—Eres un niño muy travieso —le dije entre jadeos y sonriendo en el éxtasis—. Y muy juguetón, ¿Lo sabías?
—Siempre lo he sido —contestó modestamente mientras me besaba con suavidad—. Y tú eres una buena niña, eres una excelente tutora por permitirme disfrutar mi juego en el recreo.
—Ja, ja, ja. —Me reí soltando una gran carcajada.
—Me encanta verte reír —dijo sonriendo también y colocándose en medio de mis piernas para desnudarse—. Eres el brillo de mi vida, pero corres el riesgo de despertar a los príncipes lo que ocasionará interrumpir el juego y no quiero que el recreo se acabe tan pronto.
Ver como lentamente se quitaba la ropa y me mostraba su deseable cuerpo, me hacía saborearme. Solamente su mirada, sus besos y su toque me habían excitado y la manera en la que me provocaba al desnudarse, estaba a punto de hacerme explotar. Se inclinó a mí y comenzó a besar mi piel, besó la herida de mi cesárea, mi estómago, mis pechos, hasta llegar a mi cuello;
—Loui te amo —le dije sonriendo antes de perder los sentidos—. Eres todo cuanto quiero también, eres el amor de mi vida y te amaré siempre hasta mi último aliento.
—Yo también te amo y prometo amarte más allá de eso —dijo estrechándome en sus brazos y besándome con intensidad, a la vez que me penetraba y mi cuerpo comenzaba a pertenecerle de nuevo.
Ya las palabras sobraban en ese momento, dimos rienda suelta a los sentimientos que por tanto tiempo habíamos reprimido y esa maravillosa noche después de mucho tiempo nos entregamos de nuevo, como si fuera la primera vez.
*******
Dos semanas después sentía que todo volvía a ser como antes, Gastón estaba mucho mejor y Carlota más tranquila al ver a su muchacho intentando ser el mismo. Gertrudis todavía intentaba hacerse la interesante con Beláv pero después de la experiencia y de ver que también lo golpearon y que pudo haber sido herido o perecer, por fin bajó la guardia y se arriesgó a darle una oportunidad, lo cual tenía a mi cochero muy contento. El pediatra encargado de la salud de los príncipes y el mismo que asistió y me atendió durante la cesárea se llamaba Jeremías Valder, era gran amigo del doctor Khrauss y llegaba al castillo periódicamente para chequear a los bebés y constatar que todo estuviera bien para nuestra tranquilidad. Aprovechando que los príncipes ya estaban instalados en sus habitaciones correspondientes y yo había ordenado que Gertrudis fuera instalada en una de las habitaciones contiguas, ya que ella era la encargada de sus cuidados, ese San Valentín me propuse compensar al rey y le preparé una velada especial, podía inspirarme con tranquilidad para seducirlo y cumplir una fantasía;
“Vas a suplicarme que te haga mía” —pensé, recordaba ese sueño, quería escuchar su voz como un rugido y sentir su respiración ardiente. Rocé mi cuello con la punta de mis dedos y comenzaba a saborearme—. “No voy a estar con una muñeca de trapo, no voy a rogar por tus caricias. Vas a complacerme por tu propia voluntad y vas a entregarte mí por tu propio gusto.” —Mi cuerpo se estremecía sin control al recordar sus palabras—. “Vas a desnudarte sola, vas a ofrecerte a mí, voy a hacerte mi mujer y lo vas a disfrutar tanto como yo. Vas a volverte insaciable, vas a arder en mi cama y suplicarás por más—. Sin darme cuenta comenzaba a jadear y mi excitación llegaba a su punto, mis pezones se habían endurecido y mi lubricación me había humedecido, tomé una fresa y mojándola en el chocolate fundido la puse en mi boca, gemí, pero no por el sabor de ella sino por la urgencia de sentir las manos del rey sobre mí y sentir ese orgasmo que mi cuerpo empezaba a exigirme. Todavía no llegaba de su despacho y yo que lo esperaba acostada en mi canapé, vestida sólo por una bata de seda y al calor de la chimenea, tenía que hacer malabares para controlar mi impaciencia, así que pensé algo mejor; me levanté para escribir esas mismas palabras en una nota y la puse junto a la charola con las fresas y el chocolate, al sentir que ya casi llegaba me escondí en el armario. La tenue luz de las velas y de la habitación era propicia para todo;
—¿Constanza? —Preguntó al llegar y ver la habitación vacía, pero con las velas y el postre dispuesto. Miró a su alrededor frunciendo el ceño.
—¿Amor mío estás ahí? —Insistió tocando y abriendo la puerta del baño.
Cerró la puerta de nuevo y se acercó a la mesita donde estaban las fresas y el chocolate, miró la nota y la leyó. Levantó una ceja y noté seriedad, seguramente no entendía y por un momento vi su expresión de molestia, torció la boca, respiró profundo y su mirada se oscureció por un momento, se sentó en un sillón cerca y tarareaba con sus dedos sus rodillas, estaba ansioso por una respuesta;
—Aquí estoy —le dije saliendo del armario antes de que se molestara más sin razón, intentaba mostrarme sensual. Me miró seriamente y por un momento bajé la cabeza.
—Supongo que las velas, la fresas y el chocolate es idea tuya —dijo tratando de disimular su molestia.
—Así es —contesté acercándome a él.
Asentó con la cabeza, levantó de nuevo una ceja y apretó la mandíbula, quitó sus ojos de mí;
—¿Y bien?
—¿Y bien qué?
—¿Tienes algo que decirme?
—¿Sobre qué?
Respiró hondo, definitivamente se contenía, pero comenzaba a desesperarse;
—Sobre esto. —Tomó la nota entre dos dedos y me la mostró.
—¿Y qué te parece?
—¿Cómo que qué me parece? —Contestó poniéndose de pie y colocándose detrás del sillón—. ¿Vas a decirme qué significa?
Loui estaba entendiendo las cosas de otra manera y eso me asustó un poco;
—Me gustaría por ti —contesté encogiendo mis hombros.
Me miró sorprendido frunciendo el ceño, puso la nota en la mesa y pasó las manos por su cabello;
—No juegues.
—No juego.
—Basta.
—Loui no entiendo, yo…
Tomó la nota de nuevo y con esa voz que casi era un rugido y esa mirada oscura, repitió lo que la nota decía;
—Vas a suplicarme que te haga mía… —Hacía énfasis con ese tono que me estremecía.
—Sí… —dije como si me ordenara hacerlo. Me miró aún más desconcertado.
—Vas a complacerme por tu propia voluntad… —continuó—. Y vas a entregarte mí por tu propio gusto…
—Sí… —Volví a decir mordiendo mis labios y saboreándome.
—Vas a desnudarte sola… —Su respiración ardía y cada palabra pesaba más—. Vas a ofrecerte a mí, voy a hacerte mi mujer y lo vas a disfrutar tanto como yo…
—Sí… —continué casi en gemidos, mientras me acercaba a él, mi cuerpo reaccionaba y deseaba liberarse. Su mirada me excitaba más, se posesionaba de mí y me dominaba.
—Vas a volverte insaciable, vas a arder en mi cama y suplicarás por más. —Terminó diciendo a la vez que lanzaba la nota al suelo—. ¿Y bien? ¿Qué significa eso?
—Lo quiero.
Los ojos de Loui se abrieron al máximo, se molestó más, me tomó fuertemente de la cintura lo que hizo que el dolor de mi herida se instalara de nuevo y poniendo su mano en mi cuello como si no le importara lo que yo sintiera continuó;
—¿Quién es?
La fuerza de Loui estaba lastimándome y decidí terminar el juego;
—¡Loui me lastimas! —Le dije intentando liberarme.
—¡Dímelo! —Ordenó.
—¿Qué te diga qué?
—El autor de la nota, quiero su nombre y su cabeza.
Lo miré sorprendida, el juego me había salido al revés y no como yo lo esperaba, estaba celoso, extremadamente celoso y para colmo de sí mismo;
—De nada servirá darte su nombre, no podrás tener su cabeza, es demasiado importante.
—¿Importante para quién? ¿Para ti?
—¿Sabes que me estás ofendiendo?
—¡Dímelo! —Exigió amenazando con asfixiarme.
—¡Eres tú! —contesté ante su actitud.
Su respiración se detuvo y me miró fijamente sin saber qué decir o cómo actuar, estaba desconcertado, quitó su mano de mi cuello y me soltó. Aproveché para apartarme de él, realmente me había asustado pero entendí que en parte era mi culpa. Exhaló lentamente, pensó por un momento y continuó;
—No entiendo… yo… perdóname no sé lo que me sucedió… por un momento creí que esa nota era… yo no escribí eso, no entiendo…
—La escribí yo.
—No se parece a tu letra.
—La cambié un poco.
—¿Cómo es que dices que soy yo…? No entiendo.
—Me lo dijiste a través de un sueño, cuando pensé que eras gemelo, omití decir esa parte por… mi pudor de ese entonces. Me lo dijiste como príncipe, no como Loui.
Respiraba lentamente y se sentó de nuevo en el sillón, estaba muy confundido;
—Perdón —dijo mientras pasaba su mano por la frente, cerrando sus ojos por un momento—. Creo que el revisar tantos papeles me estresó y esto… me desconcertó aún más, creí que…
—Sé lo que creíste y me ofende, nunca pensé que se te ocurriera algo así.
—Amor mío, perdóname. —Se levantó de un solo golpe, sujetándome de nuevo y besándome como loco—. Soy un estúpido, tenías tus planes y arruiné la velada, yo… jamás dudaría de ti, es por eso que el sólo hecho de imaginarlo…
—Sigues sin controlar tu agresiva naturaleza, me asustaste, sujetaste mi cuello y comenzaste a apretarlo, no sé qué pesar o tal vez no quiero pensarlo por miedo.
—No, no, por favor…
—¿Puedes matarme? —Pregunté con decepción.
—No, por favor no pienses eso, jamás lo haría, por favor…
Lo miré fijamente y un nudo se instaló en mi garganta, me pregunté si realmente mi historia tendría un final feliz o sólo me estaba engañando. Lo cierto es que debido a lo que pasó, comenzaba a cuestionarme y no supe qué sentir, lo único que tenía claro en el momento era que la fantasía que deseaba cumplir se había ido al caño, el calor que mi cuerpo sentía se había enfriado completamente.
Capítulo XXIII
Segunda oportunidad; una nueva vida
Desperté asustada sentándome de un solo golpe en mi canapé, había transpirado y mi respiración acelerada no podía controlarla. Ver a Loui a mi lado mirándome sorprendido y sin entender nada, me asustó más por un momento, sin darme cuenta me había quedado dormida y lo que pasó había sido un sueño, pero tan real, que no podía controlar mis nervios;
—¿Te hice esperar mucho amor mío? —Preguntó con esa sonrisa que me hacía olvidar todo—. Te quedaste dormida, disculpa, quise despertarte con un beso pero reaccionaste bruscamente cuando quise tocarte, creo que arruiné la velada que tenías, lo siento, prometo compensarte.
Intentaba controlar mi respiración y asimilar lo que había sucedido. Tenía mucha sed, necesitaba beber algo;
—Tengo sed. —Me limité a decir.
—Por supuesto. —Besó mi frente y se levantó de mi lado para ofrecerme una copa con agua de mi mesa de noche—. Enseguida te la traigo.
Llevé una mano a mi cuello y miré hacia la charola con el postre, no había ninguna nota, estaba desconcertada;
—Aquí está —dijo entregándome la copa la cual bebí de un sorbo sin dudarlo—. De verdad que estabas sedienta, ¿Se puede saber qué soñabas?
Lo miré sin saber qué decir, levantó una ceja y curvó sus labios, tenía que inventarle algo para disimular;
—Soñaba contigo —contesté intentando sonreír.
—¿En serio? —Preguntó sonriendo pícaramente.
—Loui… —Tenía que preguntarlo, no podía quedarme con la duda—. ¿Tomaste alguna nota?
—¿Cuál nota?
—¿Había una nota junto a las fresas?
—No, no había nada, yo no vi nada, incluso deguste una fresa mirándote en tu sueño y pasaron muchas cosas por mi cabeza, pero no había ningún papel.
Me incliné para ver si de casualidad se había caído al suelo, pero no había nada, aún dudaba en si lo había soñado;
—¿Y bien? —Preguntó alertando mis sentidos.
—Nada —contesté tratando de controlar mis nervios—. Creo que lo soñé, me siento confundida, no me hagas caso.
—Entonces… —Se acercó a mí para besar mi cuello—. Ya que despertaste, ¿Qué te parece si celebramos la noche?
Sentirlo tan cerca y tan tierno, me hizo sentir confiada, había sido sólo un mal sueño, él no dudaría de mi amor y muchos menos intentaría lastimarme atentando contra mi propia vida. Necesitaba olvidar eso, me sentía confundida pero necesitaba estar en sus brazos, necesitaba sentirme protegida y amada, necesitaba creer en él;
—Mi amor por favor abrázame. —Le supliqué aferrándome a él.
—Amor mío tranquila. —Me estrechó con fuerza—. Aquí estoy y muy ansioso de tenerte en la cama, sé que me esperabas, vamos a cumplir nuestras fantasías.
Tendría que hacer malabares en eso, la idea de mi “última fantasía” me llevó a tener otra pesadilla;
—¿Cómo sabes que te esperaba para eso?
—¿De verdad quieres respuestas?
Lo miré encogiendo los hombros;
—Pues creo que las fresas y el chocolate no están por aquí de vacaciones para luego regresar a la cocina, además… tu atuendo te delata, me esperabas y muy dispuesta.
Bajé mi cabeza, de verdad que había sido una pregunta muy tonta, la pesadilla había afectado mis neuronas;
—Ponte de pie —dijo mientras él se quedaba sentado en el canapé, obedecí—. Muy bien, ahora desnúdate.
Tragué en seco. Me quedé quieta sin poder reaccionar, mi cerebro se bloqueó;
—Amor mío ¿Me escuchaste? —Hizo un ademán con sus manos para sacarme de mi trance.
—Sí, claro —contesté reaccionando pero sin saber qué hacer.
—Bueno, estoy esperando, quiero que te desnudes frente a mí.
Lentamente comencé a soltar el nudo de mi bata y llevando mis manos al cuello de la misma procedí a abrirla, hice que resbalara por mis hombros y cayó al suelo, me mostré ante él como lo quería. Exhaló lentamente y su mirada recorrió todo, sutilmente llevé mis manos a mi vientre a modo de ocultar la herida de la cesárea. Loui me miraba con la mirada felina que lo caracterizaba y su pecho subía y bajaba conteniendo su respiración y su excitación, se levantó del canapé y lentamente se acercó a mí, comenzó a desabotonar su camisa y rodeándome como a una presa me observó más de cerca, rozó con la punta de sus dedos mis hombros y comencé a estremecerme, intentaba controlar mi respiración, necesitaba olvidar ese sueño y entregarme a él con la misma disposición con la que lo esperaba. Acarició mis hombros con la punta de su nariz a modo de sentir mi aroma y dándome cortos besos en los mismos, me mostró su ternura y sensualidad a la vez, comencé a excitarme de nuevo. Tomó una fresa y mojándola con el chocolate rozó mis labios con ella, luego la puso en su boca y la mordió, yo me saboreaba el chocolate de mis labios y al verme, me besó sin poder resistirlo a la vez que me convidó parte de la fresa que estaba en su boca, la degusté junto con él;
—Delicioso —susurró en éxtasis, sus cálidas manos acariciaban la piel de mi espalda.
Sus besos bajaron a mi cuello, al igual que sus manos bajaron un poco más. Yo no me quedé atrás, terminé de quitarle la camisa lanzándola al suelo y liberándolo de su cinturón hice lo mismo, sentía su potente erección ya saludándome;
—Loui ámame —le dije al sentir su mano jugando con uno de mis pechos. Levantó su cara y me miró fijamente—. Lo necesito, quiero que me hagas el amor, lo quiero ahora.
Curvó sus labios y levantó una ceja, la tenue luz oscurecía su mirada y ese deseo comenzaba a quemarme, me dispuse a olvidarme de todo y continué;
—Hazme tuya, quiero complacerte y entregarme a ti, me estoy ofreciendo, hazme tu mujer y disfrútalo. Quiero ser insaciable, arder en tu cama y suplicar por más.
Mis palabras tuvieron en él el efecto esperado, me besó con fuerza y me levantó con ambas manos a la altura de su cintura, me sujeté de su cuello y rodeé su pelvis con mis piernas, tocó mi intimidad y supo que estaba lista para recibirlo. Me llevó a la cama y caímos en ella, entre besos y caricias lo liberé de su pantalón y de su ropa interior y me penetró con fuerza, me hizo temblar y gemir, el vaivén de sus caderas me enloquecía, ardía de excitación y yo suplicaba por más, sus embistes me llevaban al borde del placer y a la cima de la fantasía, era perfecto, único, incomparable, una delicia de hombre en todos los sentidos. Salió de mí, se hincó, me giró para darle la espalda y sujetándome de las caderas me llevó a él de nuevo, apoyada en mis rodillas y en mis manos me penetró de nuevo, ambos gemíamos ante la reacción de nuestros cuerpos al placer que sentíamos, su fuerza que entraba y salía de mi vagina empezaba a llevarme al clímax;
—Dilo. —Ordenó entre jadeos— Quiero oírlo.
—Más, más, así…
—¿Así? —Preguntó aumentando la potencia de su embiste.
¡Dios! Mi cuerpo comenzaba a sacudirse y ya no podía sostenerme;
—Sí, así, más, no te detengas, lo quiero todo.
Hizo que me inclinara más a modo de apoyarme en mis codos y de enterrar mi cabeza en el colchón, la fuerza de su penetración era sencillamente deliciosa y arrolladora;
—Sí, más… —Gemía él también, su placer era mi delirio.
—¡Ah, sí…! —Gemí llegando a un orgasmo que se llevó todas mis fuerzas—. Loui…
Exploté placenteramente al mismo tiempo que caí en el colchón sin fuerzas, necesitaba respirar. Él también liberó su orgasmo y su preciada esencia dentro de mí, su cuerpo cayó junto con el mío y sentirlo en mi espalda, jadeando muy complacido, me hizo sentir aliviada y satisfecha.
*******
Dos semanas más tarde todo lo malo ya estaba olvidado, comenzaba el mes de Marzo y esperando la llegada de la primavera el castillo se estaba preparando para otra gran fiesta, Jean Phillip había diseñando el vestido de Regina, el traje de Jonathan y todos los demás atuendos que usaríamos, la sede sería la capilla privada del castillo y la recepción en sus bellos jardines, sólo Regina había regresado un mes antes de su boda para que todo ese tiempo estuviera tranquila en nuestra compañía y pesar de que yo seguía teniendo dudas sobre el estado mental de Juliana, no quise ser indiscreta y entorpecer con mis comentarios las ilusiones que Regina demostraba preparándolo todo personalmente como siempre lo quiso. Jonathan estaba en Inglaterra ultimando algunos detalles personales también, ya que su vida cambiaría radicalmente y dejaría de ser un simple cardiólogo para convertirse en duque, ese era el regalo de bodas que Loui les daría, oficializar su título. A la muerte del duque Rodolfo, Regina como única heredera tomó posesión de toda su fortuna, propiedades y blasones dejando de ser baronesa y convirtiéndose en duquesa y en la cuarta en línea de sucesión al trono, en consecuencia Jonathan se convertiría en duque al casarse con ella y por petición de Regina, también se convertiría en el hombre con quién compartiría todo en partes iguales, incluyendo el ducado de Kronguel. Dos semanas antes de la boda a principios de Abril Jonathan y su familia llegaron a Bórdovar y esta vez, ya estaba mentalizado de que ya no volvería a salir del reino soltero. La despedida que le hicieron a él fue en el Ange Château, mientras que la de Regina fue en el castillo de Bórdovar ya que yo no quería salir fuera de la propiedad por los bebés. Las fiestas fueron muy elegantes e íntimas, llenas de regalos y de los mejores deseos para los futuros esposos por parte de los nobles y de la casa Waldemberg de Bórdovar. Dos días después de las fiestas el día soñado de Regina llegó, era la mañana del 15 de Abril y Jean Phillip como siempre se encargó de que todo estuviera hermosamente decorado, la iglesia, las flores, la música, el banquete, el pastel, todo era como Regina y Jonathan lo dispusieron y mientras Jonathan la esperaba vestido con un finísimo traje frac de color oscuro en el altar, Regina caminó hacia él con un precioso vestido en talle tipo sirena, en seda y encajes, con velo de fina mantilla española y una pequeña tiara de diamantes que perteneció a su madre y su familia, en los tiempos de los Saboya. Al sonido del “Canon” de Pachelbel caminó muy emotiva hacia su amado acompañada del brazo del rey, quién como único pariente se encargó de entregarla. La ceremonia fue muy elegante, discreta, emotiva y muy romántica, Regina no pudo evitar llorar al ver su sueño cumplido, entregarse al hombre de su vida por amor y muy enamorada, el día era hermoso para compartirlo y sobraban los motivos para estar agradecidos. Loui y yo nos sentíamos muy felices y bendecidos por la familia que habíamos logrado formar, la princesa Leonor estaba muy hermosa y el príncipe también muy apuesto y lleno de salud, lo que me hacía sentirme realmente feliz, yo solamente tenía las cicatrices de mis heridas pero sin problemas volví a ser la misma de antes y muy feliz al tener a mis hijos en mis brazos, ahora si estábamos todos juntos y Loui no podía sentirse más orgulloso y enamorado de su familia. No sé cuánto tiempo duró la fiesta pero al atardecer, el crucero que Loui y yo habíamos disfrutado llevándonos en un viaje a la felicidad, también se encargó de llevar a Jonathan y a Regina en su viaje de bodas, quienes habían decidido pasar su luna de miel en América. Llegarían a Nueva York para después recorrer vía aérea, todo el continente americano en un viaje que duraría casi seis meses y hasta que se cumpliera ese tiempo, Loui que ya sabía mi inquietud trataría de convencer a Regina para que visitara a Juliana y constatar, si en verdad había perdido la razón para que yo pudiera estar tranquila y ya no siguiera teniendo esa duda. La verdad yo estaba muy inquieta por eso pero reconozco, que sentía que ella posiblemente no estaba fingiendo su locura, para haberse atrevido a aparecer de su escondite en el funeral del duque, sin importarle ya lo que pasara con ella.
Cinco días después de la boda decidimos mudarnos definitivamente al Ange Château, Loui era un hombre completamente nuevo y quería una nueva vida para todos en un lugar diferente a sus recuerdos, cumpliéndose así la promesa que me hizo el día que me besó por primera vez cuando me dijo que no descansaría hasta convertirme en su esposa y sacarme del castillo de Bórdovar. Deseaba comenzar una nueva vida y un nuevo ciclo en su historia, él mismo era muy diferente al hombre triste, antisocial, inseguro y atormentado que conocí y quería todo lo mejor para nosotros, yo ya estaba completamente restablecida y recuperada y según mi amado esposo, también más hermosa después del parto, según Loui la maternidad me había hecho más mujer lo que lo tenía aún más loco y enamorado de su reina. Los bebés eran unos niños sanos y fuertes y eran la luz que brillaban en el castillo, el día de mi segundo cumpleaños felizmente casada con la compañía de mis perros y el primero siendo madre, Loui me hizo un estupendo regalo que no esperaba; no era sólo la fiesta íntima de celebración sino también una hermosa yegua frisón la que me había obsequiado, tan bella y tan blanca que sólo le faltaban las alas para que pareciera una hermosa criatura mitológica. La llamé “Altaír” como la estrella y Bucéfalo ya no estaría solo, ahora tenía una novia como él, por lo que estaba segura de que estaría tan feliz, como su dueño.
El mes de Mayo llegó y un nuevo cumpleaños para Randolph también, el cual se celebró íntimamente para agradecerle de nuestra parte su ayuda y compañía, dando gracias a Dios también por otro año más que nos permitía tenerlo con nosotros. A finales del mes, se conmemoró el primer aniversario de la coronación de Loui, lo cual fue motivo para ofrecer una ceremonia en la iglesia de la ciudad dando gracias a Dios por su misericordia a lo largo de su primer año como rey, seguidamente celebrando con una recepción en el Ange Château. Días después, salimos en nuestro primer viaje oficial como monarcas para visitar las regiones que habíamos dejado pendientes o al menos yo, que por diversos motivos aún no los conocía me sirvió mucho y fue una experiencia maravillosa, pero debido al cuidado que necesitaban los príncipes, tuvimos que agendar cada provincia para no estar muchos días fuera del castillo, así que ese mes de Junio visitamos Kronguel y al comenzar el verano lo hicimos con Montfork luego hicimos tiempo para visitar los demás al comenzar el otoño. A principios de ese verano, Loui me dio una sorpresa que tenía muy bien reservada; me había obsequiado una residencia de verano que había comenzado a construir un año antes en una propiedad privada de la familia en la playa cerca del mar, al parecer, al saber que me encantaba la arena y el mar y al haber cumplido algunas de nuestras fantasía sexuales allí hacía un año, lo motivaron para ordenar la construcción de nuestro “nido de amor” que disfrutaríamos en esa época. En ese mismo tiempo y cuando los príncipes tenían seis meses, en una ceremonia especial se hizo la presentación oficial de los gemelos como los señores y príncipes herederos de Bórdovar, en donde recibieron sus títulos nobiliarios y fueron conocidos ante el mundo por primera vez. Fue una lástima que Regina y Jonathan no nos pudieran acompañar debido a su viaje de bodas, pero éste era un acto oficial que ya no se podía seguir posponiendo y los bebés, tenían que ser inscritos en las actas correspondientes para hacer constar que ya pertenecían a la familia real y eran parte de este mundo. Disfrutamos el resto del verano en nuestra residencia familiar, pero al terminar lluvioso como siempre regresamos al Ange Château, dando paso al principio del otoño para continuar nuestra agenda y a mediados del mes de Octubre, recibimos noticias de Jonathan y Regina que ya habían regresado de su viaje de bodas y estaban instalados en un nuevo palacete en Turín, Italia, lo que nos dio mucho gusto y saber que ellos también, habían dejado todo lo malo atrás y disfrutaban de su nueva vida juntos. Loui le escribió a Regina para hacerle saber mis dudas sobre Juliana pero ella se negaba a visitarla, todavía estaba muy dolida por lo sucedido y el sólo hecho de dirigirse a ella, Regina sentía que era algo indigno y tenía que respetar su decisión. Randolph se había ofrecido para hacer esa visita en Madrid, pero era obvio que perdería su tiempo, ya que ni él ni ella se conocían bien y no obtendría los mismos resultados que Regina hubiera tenido.
Por lo pronto decidí olvidar el asunto y con la llegada del invierno, celebramos el trigésimo cumpleaños del rey y esta vez, Regina y Jonathan llegaron a tiempo para compartir con nosotros ese día. Durante la fiesta, la orquesta que amenizaba el baile le obsequió al rey un especial —de mi parte—, con una melodía de su compositor favorito, la sutileza de su introducción y luego la fuerza que toman los instrumentos en la melodía, me hizo asociarla con su personalidad, el “permanecer en movimiento” era algo típico en él. Loui recordó que el destino del reino pudo haber sido diferente y hundirse en la más completa oscuridad de no haberme conocido, por lo que aprovechó la ocasión para repetir su pregunta: “¿Quieres ser mi esposa?” a lo que yo le volví a contestar “Siempre”. Tres días después, celebramos íntimamente nuestro segundo aniversario de boda civil muy románticamente en el mismo mirador donde nos habíamos casado renovando los votos que nos habíamos hecho hace dos años, por lo que ahora sólo restaba hacer una celebración más para salir en un segundo viaje de bodas que teníamos pendiente; el día siguiente se proclamó de nuevo día de fiesta, era el primer cumpleaños de los príncipes y era motivo de regocijo para todos, lo que pudo haber sido una tragedia quedó en el olvido y se convirtió en una fecha memorable, en el que el rey se había convertido en padre y había tenido los herederos que tanto el reino deseaba. Fue un gran día de fiesta nacional, en el que todo el reino festejó con nosotros y fue precisamente durante la fiesta, que Regina se sintió indispuesta siendo necesario que el doctor Khrauss la revisara dándonos la buena nueva; ya estaban esperando a su primer bebé lo cual nos regocijó como familia e hizo que también la fiesta tuviera doble motivo de celebración. Durante el festejo, Loui dio a conocer la noticia de la próxima llegada de un nuevo miembro a la familia real de Bórdovar, por lo que las felicitaciones a los recién casados los cuales estaban muy felices y sorprendidos no se hicieron esperar, ocurriéndosele a Loui la misma idea de su padre lo cual me extraño mucho; comprometer a los niños desde ahora. Salvo que no sería el mismo error, ni una ley, ni una obligación, trataríamos de que los niños convivieran por lo menos dos o tres veces al año para que se conocieran desde pequeños y ellos decidirían siendo adultos, si se enamorarían o no, respetaríamos sus sentimientos y velaríamos por su felicidad apoyándolos en todo momento, en todas sus decisiones y hasta que el ciclo de la vida los hiciera formar su propio hogar también. No entendía porque Loui siendo tan celoso había decidido proponer eso y la única explicación lógica que encontré, es que prefería que todo se quedara en familia a tener que entregarle sus príncipes a una persona extraña, algo que definitivamente yo trataría de cambiar. Si algo detestaba de la realeza era los matrimonios entre familias, algo que obviamente no estaba bien aunque fueran primos en segundo o tercer grado, seguía habiendo parentesco y yo tenía que lidiar con eso, suficientes locos habían ya en el mundo y yo no quería contribuir a que hubieran más.
Durante las fiestas navideñas y a pesar de la noticia de su futura maternidad, Regina trataba de disimular su tristeza por lo sucedido hacía un año y junto con Jonathan, después de recibir el año nuevo regresaron a Italia. Nosotros aprovechamos hacer nuestro viaje junto con ellos y aceptar su invitación de conocer y pasar unos días en su hermoso y acogedor palacete en Turín, para después pasar una semana más de luna de miel en Roma. A mediados de Enero regresamos a Bórdovar porque ya no soportábamos estar lejos de los niños y porque el deber también llamaba, pronto celebramos nuestro segundo aniversario de bodas eclesiástica en una fiesta en la que todos, tanto el reino como los nobles se unieron para felicitarnos y desearnos muchos años más de felicidad. En este acontecimiento lastimosamente Jonathan y Regina no pudieron estar presentes, ya que los malestares del embarazo la tenían muy mal y debido a esa condición, le fue imposible viajar pero el tiempo pasó muy rápido y otro feliz cumpleaños para mí llegó, era el tercero estando casada y el segundo siendo madre el cual esta vez el rey quiso celebrarlo por todo lo alto, ya era una persona conocida y querida por todos, así que las muestras de cariño no se hicieron esperar, para la ocasión Jonathan y Regina que ya habían cumplido su primer aniversario de bodas si pudieron acompañarnos y fue muy grato para nosotros poder observar en Regina sus cinco meses de embarazo. El tiempo establecido llegó y los nueve meses se cumplieron para ella, el 5 de Agosto daba a luz en Italia a un hermoso varón al que llamó Jonathan Leopoldo, en honor al padre de su hijo y al hombre que Regina hubiera deseado tener como padre; al rey Leopoldo, quien le otorgó el título de baronesa para lograr el afecto del duque hacia la niña, el cual no consiguió. Loui se sintió agradecido por eso otorgándole al niño el título de marqués desde su nacimiento, el cual se haría oficial cuando Regina y el bebé pudieran salir de su país.
Tres meses después, en Noviembre se llevó a cabo la presentación del pequeño marqués ante la nobleza de Bórdovar en el Ange Château, la fiesta fue una reunión llena de regocijo. Leopoldo como lo llamaba Regina para distinguirlo de su padre, por fin había salido de su país natal para conocer a sus primos y a la que se suponía, sería su futura esposa, quien ya daba muy bien sus pasitos reales y la que ya estaba próxima a cumplir sus dos añitos. La fiesta del pequeño duro casi todo el día, pero Regina tuvo que retirarlo a sus habitaciones para que descansara mejor, por lo que yo me retiré también con los gemelos antes de que terminara todo, los niños necesitaban descansar y yo también después de un día agotador. Por la noche todos estábamos rendidos pero para mí siempre era placentero ver a Loui dándose tiempo para leer en la cama, compartir una charla con él antes de dormir y amanecer en sus brazos cada mañana. Al pensar en todo lo que me había sucedido desde que llegué a este lugar y al haber pasado casi tres años y medio desde entonces comenzó a invadirme una nostalgia y el deseo de escribir todo lo que había sucedido. Tenía mi diario propio con mis memorias escritas, también estaba el diario de Loui con su sentir plasmado y las experiencias de las que fuimos protagonistas en nuestras mentes, eso era algo que deseaba compartir en una historia para que el mundo la conociera. Ese fin de semana se olvidaron un poco los deberes reales y lo disfrutamos todos en familia antes de que Jonathan y Regina regresaran a Italia en unos días, se aproximaban nuevamente nuestras fechas memorables; el cumpleaños de Loui, nuestro tercer aniversario de bodas civil y el segundo cumpleaños de los príncipes en el que para éste último, los duques tratarían de acompañarnos por lo que entonces gozábamos de la que era una fresca tarde otoñal que ya pronto terminaría. Por un momento, al contemplar al príncipe jugando con su papá recordé que su carita me era conocida y entonces, me di cuenta que estaba exactamente igual a Loui en el retrato con sus padres cuando él tenía tres años. No estaba equivocada, al ir creciendo mi precioso príncipe se parecía mucho a su papá, lo que me llenó de emoción y de satisfacción al darme cuenta que sería igual de bello como su orgulloso padre. Mientras todos disfrutábamos de un picnic en los jardines del castillo, yo me retiré un momento a mis habitaciones y desde el balcón los observaba a todos sintiéndome muy gozosa al ver la felicidad en sus rostros. Con los libros en mi mano y escuchando en mi mente el “preludio para cello” de Bach me dirigí al mirador en donde Loui y yo nos habíamos casado por la ley, era un lugar muy especial ya que me traía hermosos recuerdos de ese invierno y pronto, sería otro aniversario más para celebrar. Estando en mi ensueño y en mi melancolía, sentí cuando Loui me abrazó por la espalda para sorprenderme como siempre;
—Amor mío, ¿Porqué te retiraste? —Preguntó al mismo tiempo que besaba mi cuello—. Te he estado buscando y supuse que estarías aquí.
—Quise contemplarlos a todos desde otra perspectiva —contesté rodeándome con sus brazos—. El verte a ti jugando tan amorosamente con nuestros hijos en las hojas doradas y el ver la felicidad en los rostros de Regina y Jonathan por ser padres, es una dicha para mí que no puede expresarse.
—Fuiste tú la que cambió la vida de todos nosotros —dijo besando mi sien—. Sin ti nada de esto hubiera sido posible.
—Yo no soy nadie —dije ruborizada.
—Amor mío, sabes que me molesta que digas eso, no vuelvas a menospreciarte, eres más importante de lo que piensas y más valiente que cualquiera. Lo demostraste al venir aquí, un lugar desconocido, con costumbres ajenas, con gente extraña, cualquiera en tu lugar no hubiera aceptado y menos, someterse a los cambios, rápidamente hubiera desistido y regresar por donde vino. Dejaste tu vida y todo lo que conocías por aceptar un reto y lo superaste. Tu recompensa puedes disfrutarla ahora.
Me giré hacia él y sin decir nada, lo abracé con fuerza a la vez que suspiraba. El riesgo tenía un precio y yo, me había jugado el todo por el todo al tomar mi decisión, aunque el futuro todavía me parecía incierto;
—¿Te has dado cuenta que Ludwig se parece un poco contigo en el retrato dónde estás con tus padres? —Pregunté cambiando de tema.
—¿En serio? No, lo había notado —contestó besando lo alto de mi cabeza—. Tal vez cuando crezca un poco más comience a notarse y sea más parecido, pero siendo así, entonces me siento aún más orgullo de nuestros hijos y especialmente de ti, que me has dado la dicha de ser padre. Nunca me cansaré de darle gracias a Dios por haberte puesto en mi camino, sin ti yo no sería nada.
—Amor no digas eso, soy yo la que está agradecida con Dios por haberme permitido conocerte y gracias a ti por hacerme tan feliz y por ser el padre de mis hijos. Yo nunca imaginé lo que sería de mi vida en este lugar como tú lo dices, reconozco que tenía miedo de tomar la decisión de venir y aún no sé qué fue lo que me impulsó, pero tuve el valor de hacerlo y de aventurarme a lo desconocido y es algo, de lo que no voy a arrepentirme nunca.
—Y yo agradezco profundamente que lo hayas hecho —Levantó mi barbilla y me besó suavemente—. Aunque no quería reconocerlo en mi orgullo, me cautivaste desde el primer momento en que te vi, tu tristeza al llegar aquí me conmovió y despertó en mí una ternura que nunca antes había sentido, por primera vez sentí algo diferente en mi corazón que me negaba a reconocer y nació en mí, una extraña necesidad por protegerte. Siento que fuiste mía desde que llegaste, siento que estabas destinada para mí desde mucho antes, tú ya eras para mí y desde ese momento, supe que no te dejaría ir nunca. Le agradezco a Dios cada día por el maravilloso amor que me hizo cambiar y por ser tan feliz a tu lado, cada día que pasa me siento dichoso por mi familia y te amo mucho más, estoy tan enamorado de ti como el primer día y como nunca creí estarlo.
—Loui te amo —le dije abrazándolo fuertemente y dejando escapar una lágrima—. Estoy agradecida con Dios por haberme dado la valentía para venir a Bórdovar, mi tristeza y mis temores tu amor los hizo desaparecer, me cambiaste la vida para siempre. No extraño a nada ni a nadie de mi antigua vida, no porque ahora viva en extrema comodidad sino porque no tenía a nadie y ahora mi vida está llena, completa, sintiendo y recibiendo el amor que siempre deseé, porque ahora pertenezco a un lugar y a alguien que me hace sentir amada. Tu amor lo es todo para mí y el tener una familia contigo me hace la mujer más feliz, afortunada y bendecida del mundo.
Ese atardecer fue testigo de un apasionado beso y ese mismo mirador que había sido testigo de nuestra boda hace casi tres años, era también el testigo mudo de nuestro amor;
—Mi amada reina voy a regresar con los niños —dijo encontrando el aliento, besando mi mano y tratando de evitar la melancolía—. Gertrudis está con ellos pero Regina y Jonathan deben de extrañar nuestra presencia. Veo que ya decidiste escribir y me da mucho gusto pero por favor, no te tardes.
—No te preocupes, sólo quiero meditar un poco y escribir la introducción, pronto estaré con ustedes, lo prometo.
—Te amo —dijo mientras se alejaba mostrándome su cautivante y encantadora sonrisa.
—Yo también te amo —le dije mientras le lanzaba un beso y él lo atrapaba con su mano besando su anillo.
No podía describir la felicidad que sentía por sentirme tan plenamente amada y por el secreto que estaba guardando para el día del cumpleaños del rey, algo que esperaba fuera un regalo para él y lo hiciera muy feliz; estaba embarazada de nuevo y esta vez gracias a la complicidad con el doctor Khrauss, si tenía la seguridad por lo que el siguiente año si Dios lo permitía para el mes de Julio, celebraríamos la llegada de un nuevo miembro a nuestra familia, de un nuevo príncipe o princesa para el reino y al mismo tiempo, celebraría de esta manera tan especial el cuarto año de mi llegada a Bórdovar. Me daba mucho gusto y bienestar al ver a Regina y a Jonathan juntos y felices con su bebé en brazos y me deleitaba también, observando a Loui jugando en la grama con sus hijos como un padre normal y hasta Boris que estaba con ellos, se sentía también papá de los gemelos al haberse convertido en su guardián y al cuidarlos todo el tiempo. Gertrudis ya no sólo era mi dama, sino también con mucho gusto se había convertido en la nana de los príncipes. Randolph, se sentía realizado al ver lo que Loui había logrado tener una verdadera familia a la cual amar y que lo amaba también, yo esperaba que Dios le concediera a Randolph muchos años más con nosotros y pudiera ser el mentor de los príncipes también y transmitirles todo su conocimiento y sabiduría y porque no, convertirse en un abuelo de verdad para ellos.
A todo el equipo médico que estuvo conmigo, Loui los condecoró por su pronta ayuda y disposición sin reserva. El que había sido siempre su médico, el doctor Daniel Khrauss recibió una placa en bronce y mármol y un prendedor de laurel de oro, como agradecimiento por parte del rey por su lealtad y sus servicios prestados por años a la casa real de Bórdovar, un alto honor hecho por el rey mismo en persona. Gastón también se había ganado un lugar en la corte y en la guardia real, a pesar de su experiencia con nosotros el rey dudaba en poner su vida en peligro nuevamente pero para él lo sucedido, había sido sólo el comienzo de una aventura por lo que pidió no reparar en eso. Aún con reservas Loui lo nombró jefe de mi guardia personal por su lealtad incondicional demostrada a la familia real y aunque la pobre Carlota pasara con el Jesús en la boca y abrazando la cruz de su pecho, Gastón estaba muy feliz por su nombramiento. Creo que algo que nunca lograríamos saber es quienes fueron los cómplices que el duque tuvo aparte de Juliana, el saber quiénes serían las personas que lo mantenían al tanto de nuestros movimientos, vigilándonos después de su arresto, sería la gran incógnita en nuestras vidas y en el fondo de mí ser, sentía que no podía confiar en todo el mundo y seguía dudando en si Juliana estaría fingiéndose loca. Insistía en que la única que podía constatar su estado era Regina, pero se negaba a visitarla y respetábamos su decisión, por lo cual prometí ya no seguir insistiendo con lo mismo. Para mí, cada desconocido que veía podía haber sido comprado por el duque, es muy fácil que una persona se venda por necesidad o por ambición, tanto pudo haber sido gente humilde como cualquier noble pero la idea de saber que alguien cercano pudo hacerlo también, me impacientaba y estaba segura que la única persona que podía saberlo todo era Juliana, pero esa duda estaría siempre en nosotros, especialmente en mí.
Al observar el horizonte y ver la calma que produce el océano, al sentir la brisa fresca acariciando mi piel, al ver las hojas doradas caer y el tocar mi vientre, no pude evitar ponerme sentimental por lo feliz que había logrado ser, finalmente todo era paz y bienestar para nosotros. Loui me había prometido siempre estar cerca de sus hijos y no cometer el mismo error de su padre, él los amaría y les proporcionaría todo lo mejor para su crecimiento y desarrollo saludable y yo, no podía estar mejor, era más que consentida por él y el mundo entero estaba a mi disposición, estaba tan enamorado de mí como desde el primer momento que no miraba a través de sus propios ojos sino a través de los míos. Me había convertido en su brazo derecho, sentándome junto a él en el salón del trono, mi opinión valía, era importante y tomada en cuenta a la hora de tomar decisiones, el pueblo y la corte habían aprendido a quererme y a respetarme, estaban agradecidos por todos los recursos tecnológicos que se implementaron para el progreso del lugar y la edad media en la que el reino estaba hundido, no fue más que un recuerdo. La luz eléctrica, el agua potable, la telefonía, los medios de transporte necesarios, el aeropuerto internacional, un puerto digno para la importación y la exportación, hospitales, orfanatos, asilos, escuelas, colegios y hasta una pequeña universidad que fue bautizada con mi nombre según los deseos del rey, estaba ya por comenzar operaciones. Hoteles, recursos turísticos para las reservas de flora, fauna y monumentos históricos, fundaciones culturales, benéficas y obras sociales, todo eso había llegado para el bienestar de todas las personas y de todo eso, me había encargado personalmente de inaugurar. Nunca imaginé y creo que nadie lo imaginó tampoco que una chica común y corriente pero con coraje e inteligencia para tomar decisiones, llegaría a este lugar para quedarse, para cambiar la vida de muchos cambiando la suya propia, para encontrar su destino y para conocer el amor incondicional de un príncipe, que tuvo que disfrazarse para conocerla en realidad y para amarla desde el primer momento. Un amor, al que paulatinamente nos rendimos dando la vida el uno por el otro, un amor verdadero capaz de brillar más que cualquier astro y de mover el mundo entero, un amor capaz de vencer todo siendo él mismo invencible, el corazón de dos personas latiendo como si fuera uno solo. Al recordar toda mi trayectoria en este lugar, al ver a mis dos preciosos hijos jugando con su papá el hombre de mi vida y al sentir al tercero dentro de mí que pronto llegaría para alegrar aún más nuestra existencia, no pude evitar suspirar y agradecerle a Dios por darme la gracia de tan maravillosa bendición. Quería que mi historia fuera conocida por el mundo, una historia de amor distinta que a diferencia de las grandes de la literatura, esta no terminaba en tragedia sino en un final feliz o pensándolo bien aún no terminaba, había mucho camino por recorrer todavía, todo esto había sido sólo el principio de la historia y el camino me asustaba.
En compañía de Napoleón y Josefina, me senté en la mesa del jardín y teniendo a la mano mi diario y el de Loui y en mi memoria todas las experiencias vividas, como tradicionalmente lo quise hacer tomé lápiz y papel en mano y comencé a escribir mi historia, la historia de la cual fui protagonista;
“Esta es la historia de un príncipe con su reino en medio del mar, que sin saberlo aprendió a recorrer las calles de su pueblo e interactuar con su gente, para conocer sus necesidades…”
La candente historia de amor entre Constanza y Loui continúa.
No dejes de leer la tercera entrega de la saga;
Ocaso y Amanecer III
“Nieblas del Pasado”
Primera Parte
Agradecimiento
Gracias a Dios primeramente, por haberme dado la oportunidad de hacer lo que siempre había querido a través de este libro; escribir. Gracias a mi familia por su paciencia y por soportarme, mil gracias a mi mamá quién prácticamente volvió a darme de comer en la boca, desde que comencé esta locura en Noviembre del 2,011 y en Marzo del 2,012 terminé de escribir completamente esta obra (primer y segundo libro) y en ese tiempo, no sabía las preciosas y valiosas amistades que conocería a través de la red. Gracias a mis amigas extranjeras por alentarme y a ese alguien tan bello: amore, gracias por existir y por inspirarme. Muchas gracias a todos por estar allí y aquí, tienen un lugar privilegiado en mi corazón.
Gracias.
I. B.
Acerca de la Autora
Itxa Bustillo trabajó por muchos años para instituciones cristianas, desempeñándose en las áreas administrativas y como tutora para niños y adolescentes en arte, inglés y música. Desde niña siempre le gustó escribir historias, inventando sueños y fantasías pero no pudo lograr dedicarse a las letras porque se vio obligada a atender otros compromisos. Experiencias muy desagradables la llevaron a escribir en sus ratos libres su primer y segundo libro como una biografía de su persona, las cuales son obras que permanecen inéditas. Pero fue hasta hace casi dos años que encontró la inspiración y se dedicó de lleno a su tercer libro creando una fascinante historia de romance ficticio, completamente diferente a sus escritos anteriores, la cual quiso publicar primero. Así pues la saga de “Ocaso y Amanecer” en su primer libro “El Príncipe de Bórdovar” se convierte en su primera novela completa y publicada.
Copyright © Ocaso y Amanecer está registrada en el “Registro de la Propiedad Intelectual” y “Derechos de Autor” de la República de Honduras.
Soundtrack que inspiró este libro
Clásico:
1.- Oboe Concerto 2 in D minor Op 9, T. Albinoni.
2.- “Larguetto” Piano Concerto in F minor, opus 21, F. Chopin.
3.- “Sleeping Beauty Finale” P.I. Tchaikovsky.
4.- “Sleepers Wake” J.S. Bach.
5.- “Water Music” Suite No.3 Minuetto II G.F. Haendel.
6.- “Jesus bleibet meine freude” BWV 147, J.S. Bach.
7.- “Gloria in excelsis Deo” A. Vivaldi.
8.- “Kaiserwalzer” J. Strauss.
9.- “Air” J.S. Bach.
10.- Music for the Royal Fireworks “Minuet” G.F. Haendel.
11.- “The Prince of Denmark's March” J. Clarke.
12.- Coronation mass in C major, K. 317, “Gloria” W.A. Mozart.
13.- Symphony No. 9 in D minor, op. 125 “Ode to joy” L.V. Beethoven.
14.- “Hallelujah Chorus” from the Messiah. G.F. Haendel.
15.- Piano Concerto No. 21 “Andante” W.A. Mozart.
16.- “Introitus” Requiem W.A. Mozart.
17.- “Lacrimosa” Requiem W.A. Mozart.
18.- Canon in D major, Johann Pachelbel.
19.- Cello Suite No.1 “Prelude” J.S. Bach.
Instrumental por Yanni.
1.- “Reflections of Passion” (Vals tema de Ocaso y Amanecer)
2.-“Felitsa” (Tema de Constanza)
3.-“One man’s dream” (Tema de Loui)
4.- “Until the last moment” (Tema de amor de toda la saga)
5.- “Slowly Santorini” (Tema de Constanza y Jonathan)
6.- “The End of August” (Tema de Jonathan)
7.- “Romantic piano” de Yanni. (Tema de Regina)
8.- “Adagio in C minor” (Tema de los paseos entre Constanza y Loui)
9.- Nostalgia (suspenso)
10.- Within Attraction (Intriga)
11.- Standing in motion (trigésimo cumpleaños del rey)