Sus últimas palabras me hicieron abrir los ojos al máximo, tragué en seco y mordí mis labios los que ya amenazaban con sangrar, necesitaba beber algo, el champagne nos esperaba muy frío en el tocador, pero al parecer a él eso no le importaba en el momento;
—¿Puedo? —Insistió desconcentrándome.
Me limité a encoger los hombros y a asentar con la cabeza intentando sonreír, no podía negarme ni negarle algo, me las ingenié para relajarme y que no pensara que me estaba presionando. Sonrió pícaramente. Bajó sutilmente de nuevo saboreando mi piel y entre más se acercaba más tensa comencé a ponerme;
—Tranquila amor mío —dijo notando mi respiración que amenazaba con hacerme colapsar—. Intenta relajarte.
Estaba apoyada en mis codos y preferí acostarme de nuevo, alcé mi cabeza hacia atrás y me dejé llevar por la sensación, cerré mis ojos. Cuando llegó de nuevo a mi monte Venus sentí que se levantó y sutilmente quitó mi panty, ahora si ya estaba completamente desnuda para él, me moría de la vergüenza, ni siquiera quise verle la expresión. Se inclinó de nuevo, colocó mis piernas en sus hombros y de pronto su boca ya estaba ahí, su ardiente aliento me estaba haciendo desvariar y al sentir la introducción de su lengua y sus movimientos ya no pude más, comencé a jadear y a arquear mi cuerpo, con vida propia se movía a su ritmo mientras sus manos apretaron mi cadera, no me quedó más remedio que sujetarlas sábanas y amenazar con romperlas, me saboreaba y me mordía, estaba perdiendo mi voluntad ante él y sólo quería estallar en un placentero orgasmo que comenzaba a sacudirme. “¡Bendita depilación láser!” —pensaba con satisfacción, había valido la pena dejar gran parte de mis ahorros en la clínica estética, sin duda una excelente inversión que no sólo yo disfrutaba. Mi respiración y mis gemidos ya no podía controlarlos, mi corazón latía con fuerza y ya no sabía cómo describir lo que estaba experimentando. Al presentir él que ya no podía soportarlo más, dejó de hacer lo estaba haciendo y yo pude respirar en paz, hasta por la boca para llenar mis pulmones de oxígeno. Rápidamente buscó mi boca y se posesionó de ella, su ávida lengua ahora jugaba con la mía, entrelazamos nuestras manos y a través del pantalón de su pijama pude sentir mi delirio;
—Eres exquisitamente deliciosa —dijo entre jadeos—. Tu sabor ha superado mis expectativas. Bebí todo de ti como fue mi deseo y siento que no fue suficiente.
—Temí no agradarte, temí que no te gustara, yo nunca…
—Sh… eres un manjar de dioses y siento que me has esclavizado, tu aroma y sabor ahora son míos, bebí el elixir del placer y ahora no me sacia, quiero más, mucho más, lo quiero todo.
—Gracias amor —le dije abrazándolo—, me alivia saberlo. ¿Quieres que haga lo mismo?
Sonrió ruborizándose y pasando la lengua por su labio;
—Llevemos las cosas con calma, prometo que lo harás, pero ahora quiero hacerte completamente mía, lo necesito y no puedo aguantarme, mi querido amigo exige que lo libere.
Volvió a besarme y nuestras lenguas a jugar, sujetó mis muñecas y un vaivén de su cadera me hizo sentir su erección;
—¿Me ayudas? —Preguntó señalándome con la mirada su pijama—. Algo sigue estorbando.
Lo miré muy sonriente y obedecí, olvidando la timidez deslicé mis manos por su espalda, hasta introducir mis manos a través de la pijama, su perfecto trasero era sólo mío y literalmente deseaba comérmelo. Deslicé su pijama y con mis pies lo terminé de liberar, en un movimiento de sus piernas lo lanzó también al suelo, ver todas nuestras prendas ahí y nuestros cuerpos completamente desnudos fue la visión más erótica que puede experimentar, al fin sentía libremente su erección y el miedo comenzó a invadirme;
—Tócame —dijo—, ahora que me has desnudado, tócame.
Sonó muy diferente a mi sueño, no era una orden ni una petición, tampoco sugerencia, era una necesidad y un anhelo suyo. Sutilmente bajé mi mano y lo toqué, él gimió, su respiración me confirmaba el placer que sentía, era grande y grueso, muy potente y junto a sus gemelos… inconscientemente sentir esa sensación y su textura hizo que me saboreara, yo también quería probarlo;
—Llévalo a su destino —susurró en mi oído. Sabía a lo que se refería.
Le mostré el camino por el cual conducirse y lo introdujo un poco;
—Tranquila, relájate, yo haré el resto —dijo muy sonriente.
Nos besamos de nuevo y comenzó a masajear mis pechos, los apretaba y acariciaba, llevó su boca para morderlos y lamerlos, sus manos en mis piernas llevándolas a su cadera me habían excitado de nuevo, las abrí más para él y para sentirlo plenamente. Besé sus hombros, acaricié su espalda y puse mis pies en su perfecto trasero el cual también apreté con mis manos, el movimiento de su cadera me hacía arquearme para acompañarlo en su ritmo y bailar con él, sentía una tremenda excitación y un placer indescriptible, no sabía que era exactamente, sólo quería más, más y más y solamente sentir nuestra piel llevándonos al éxtasis, su ternura y gentileza estuvieron en todo momento haciéndome sentir cómoda, su paciencia esperaba el momento justo para llegar a su destino, para penetrar hasta lo más profundo de mi ser con toda la delicadeza y para que al estar lista pudiera sentir únicamente el placer de jugar dentro de mí sin darme cuenta y sin permitirle una oportunidad al dolor que me recordara que estaba dejando de ser virgen para convertirme en su mujer. Perdí la razón al tocar su piel y al oler en ella una incitante fragancia masculina que me hacía perder los sentidos, el roce de sus fuertes piernas buscando abrir más las mías, me hacía sentir que ahora si le estaba perteneciendo, que estaba en medio de él y de sus brazos para ya nunca dejarme ir, al sentir su pecho esculpido y su gruesa espalda con mis manos ya no supe quién era yo;
—Amor mío, ya está —dijo deteniéndose un momento.
—¿Ya está qué? —Pregunté desconcertada.
—Ya no eres virgen —susurró en mi oído.
—¿De verdad? —Pregunté muy feliz, no había sentido ninguna molestia.
—Ya eres mi mujer. —Me besó suavemente.
—¿Pero…?
—Tranquila, todavía no hemos terminado.
—¿No?
—Ahora comienza lo bueno y lo que nos había estado consumiendo por fin lo saciaremos, tu placer y el mío serán uno solo.
“¡Aleluya!” —pensé muy feliz, sabía que todavía no había explotado, ahora sí iba a desatarme, también quería todo de él.
La pasión y la locura nos envolvieron en un incontrolable deseo y nuestros cuerpos, comenzaron a arder como dos volcanes haciendo erupción, sin rumbo, dando rienda suelta a nuestro amor y a nuestra pasión, cual si fueran dos caballos desbocados sin dirección. Ya no era un sueño había llegado el momento en el que el fuego que nos quemaba y que nos había consumido por fin lo estábamos apagando consumando todo, finalmente y cuando estuve lista, suavemente Loui penetró hasta lo más profundo de mi alma lo cual fue una sensación indescriptiblemente placentera y que sólo el mismo cuerpo puede sentir e interpretar, poco a poco el ritmo de nuestras caderas se intensificaba y mi ansiedad amenazaba con clavarle las uñas en la piel. El tomarnos de las manos, entrelazando nuestros dedos con fuerza para sentir esa dulce sensación del roce, comprobaba que ambos sentíamos lo mismo. Nuestra sangre estaba hirviendo de placer, de un placer que no puede describirse sólo sentirse, teníamos toda la noche para que nuestros besos y caricias nos hicieran sentir en el cielo y para amarnos con locura tocando la gloria las veces necesarias, esa inolvidable noche me entregué a él sin reservas, no hubo parte de mi cuerpo que sus manos no tocaran y que sus labios no besaran, mi cuerpo había sido completamente suyo y el suyo completamente mío, ¿Así se sentía al hacer el amor? ¡Dios que bendita adicción!
—Más, más, más —era lo único que repetía.
—Iremos juntos —dijo ahogando sus gemidos en mi boca.
—Oh sí, sí, más…
Un potente orgasmo nos envolvió por fin al mismo tiempo, mi cuerpo y el suyo se tensaron al unísono, no pude evitarlo, clavé mis uñas en su espalda. Nuestros gemidos se ahogaron en nuestra piel y entre jadeos buscábamos encontrar el aire que necesitábamos, había sido maravilloso, mi príncipe había sido un amante perfecto. Era una sensación completamente maravillosa y no podía describir el bienestar físico que producía el llegar al clímax, pero la relajación y el alivio del cuerpo si sabría interpretarla muy bien. Nos pertenecíamos ahora en cuerpo y alma, Loui me había llevado al cielo haciéndome sentir la gloria, me había hecho la mujer más feliz del planeta esa noche, sentía como si hubiera salido de mi capullo para convertirme en una mariposa. Ahora yo, Constanza Norman finalmente había sido plenamente su mujer.
*******
Cuando amaneció, creí que todo había sido un hermoso sueño del cual no deseaba despertar, hasta que sentí un vaivén de algo suave que subía y bajaba por mi espalda, sentí también sus besos cortos en mi lunar y en los hoyuelos que tenía entre la parte baja de mi espalda y mi trasero, sus labios y respiración estaban allí y ese tibio cosquilleo, hacía erizar mi piel. Sin duda esa sensación, me hizo despertar completamente;
—Buenos días mi hermosa princesa —dijo mientras me besaba y sostenía el botón de la rosa con el que había jugado en mi espalda—. ¿Te sientes bien? ¿Sientes dolor? Por favor dime que no te lastimé.
—Buenos días mi apuesto príncipe —le dije muy feliz y a la vez apenada tratando de acomodarme el cabello—. Por supuesto que no lo hiciste, todo fue maravilloso, eres muy considerado, me encantó, tal vez un poco de dolor muscular debido al ejercicio pero nada que no pueda superarse. Creo que debo de verme terrible.
—Oh gracias a Dios —dijo muy sonriente y aliviado mientras acariciaba mi piel—. Me alegra saber que estás bien, luces divina como siempre y todo fue maravilloso para mí también, mira, traje el desayuno, ¿Dormiste bien?
—Más que bien, increíblemente bien, obviamente después de todo lo que pasó y del champagne, caí rendida, ha sido la mejor noche de toda mi vida y que lindo gesto de tu parte, tengo mucha hambre. Enseguida regreso, voy al baño.
Me levanté y recogí mi bata del suelo, aunque me apenaba mostrarle mi desnudez a la luz del día él, me dio un beso en el hombro para darme confianza;
—Mmmm… pues que bueno —dijo sonriendo y dándome una fresa en la boca. Me dirigí rápidamente al baño mientras la masticaba—. El arduo trabajo nos tiene con apetito —continuó mientras yo me aseaba y peinaba un poco—, y qué bueno que dormiste bien y que haya sido la mejor noche de tu vida, también lo fue para mí. —Regresé a la cama sintiéndome persona de nuevo—. Me siento más que complacido y de ahora en adelante, así serán todas nuestras noches.
—¿De verdad? —Le pregunté muy sonriente.
—Te lo juro —dijo abrazándome con fuerza y besándome con intensidad—. Eres una mujer apasionada y ahora más que nunca me tienes en tus manos, soy todo tuyo haz conmigo lo que quieras.
—Loui no me digas eso —le dije mientras besaba mi cuello y sus manos recorrían mi cuerpo de nuevo por debajo de la bata—. Me avergüenzas.
—No puedo creer que todavía seas tan tímida, me encanta sentir como te estremeces cuando te toco.
—Entonces eres tú el que me tiene en sus manos —le dije intentando no perder el conocimiento de nuevo—. Eres tú el que ha despertado en mí la pasión.
—Y no sólo eso —dijo mientras mordía una fresa y ponía la otra mitad en mi boca—. He despertado también a una fiera.
—¿Cómo? —Intenté no atragantarme.
—Mira lo que has hecho —dijo mostrándome su cuello, su pecho, sus piernas, sus brazos y su espalda.
—¿Qué es todo eso? —Pregunté asustada.
—Tú debes de saberlo —contestó muy sonriente—. Lo hiciste tú.
—¿Qué? —Lo miré sorprendida—. Son aruñones y moretones de… ¿Mordidas?
—Así es, fue noche y fuiste tú —contestó mientras me besaba de nuevo acostándome y colocándose encima de mí—. Tu pasión incontrolable, hizo que yo perdiera todos los sentidos ante ti.
—¿Quieres decir que yo lo hice cuando…? —Pregunté apenada.
—Así es —contestó excitado besando mi cuello—, y deseo que ahora vuelvas a hacerlo.
—Pero Loui, ¿Qué pasará con el desayuno? Se va a enfriar el café.
—No importa —dijo besándome hasta perder la respiración.
Nuestra pasión nos volvió a fundir en uno solo otra vez y esa mañana, hicimos el amor de nuevo tan intensamente como unas horas antes, no voy a entrar mucho en detalles esta vez porque es algo que quiero guardar celosamente en mi corazón, pero creí que al habernos entregado la sed y el fuego de la pasión y el deseo que sentíamos se hubiera controlado, pero ambos descubrimos que en el amor, éramos insaciables. A media mañana todavía estábamos en la cama sin querer levantarnos, me sentía plenamente dichosa por estar rodeada en sus brazos acariciando mi piel, con mi cabeza recostada en su pecho y con mi mano acariciando su cabello, la sensación de tener mi pecho desnudo contra el suyo era divinamente placentera, era un momento en el que las palabras sobraban y nuestros cuerpos se comunicaban. Después de un rato y de escuchar un placentero suspiro de su parte preguntó;
—¿Ahora si vas a hablarme del lunar en tu cadera?
—¡Loui! —Exclamé apenada.
—¿Qué? —Insistió—. Es algo que me gusta mucho y quiero saber.
—Es una... “marca de fábrica” por parte de la familia de mi mamá.
—Hmmmm…
—¿Qué?
—Me encantó desde la primera vez que lo vi, ¿Lo recuerdas? Me encanta lo estratégico de su ubicación.
—¡Loui! Por favor ya no sigas.
—Sólo digo la verdad —dijo sonriendo—, y me satisface saber que también es mío.
—Loui…
—Es verdad, está en un buen punto que sólo yo puedo ver y tocar.
—¡Loui ya!
—Amor mío me vuelves loco con tu manera de ser —dijo girándose, besándome y acostándome de nuevo en la cama—. Cada centímetro de tu piel, me pertenece sólo a mí.
—Así es —le dije devolviéndole el beso y acariciando su preciosa cara—, soy toda tuya.
Nos besamos con tanta intensidad mientras me estrechaba con la fuerza de sus brazos, que nuestros cuerpos comenzaron a estremecerse de nuevo. Me encantó sentir como me presionaba contra su pecho para sentir plenamente los míos, no cabe duda que hablábamos el mismo idioma. Coloqué de nuevo mi cabeza en su pecho y continué acariciando su cabello;
—Me encanta lo que haces —dijo besando mi mano y colocándola en su cabello de nuevo.
—¿Te refieres a tratar de hacer ondas en tu cabello?
—A eso y a todo lo demás —dijo sonriendo—. Me has hecho el hombre más feliz, ahora eres completamente mía y al fin te tengo sólo para mí, no quiero moverme, quisiera estar así para siempre.
—A mí también me has hecho muy feliz, estando contigo me siento la mujer más plenamente amada y dichosa de todo el mundo.
Estando así juntos y abrazados en la cama, nos besamos de nuevo hasta volver a perder los sentidos. Nuestros labios no deseaban separarse ni por un momento y sin darnos cuenta, nos quedamos dormidos de nuevo. Era nuestro éxtasis y nuestro sueño, del cual no deseábamos despertar nunca y la mayor prueba que recibí de la ternura, de la gentileza y de la delicadeza de Loui al hacerme el amor, fue que no me hizo sangrar, mi primera vez había sido maravillosa y ambos nos sentíamos orgullosos de haber esperado para hacer las cosas bien y para habernos entregado sin reservas el uno al otro, no sólo en cuerpo sino también en alma y corazón. Creo que ese es el mejor regalo para entregar al conyugue, el regalo de la espera lo cual en mi caso debo decir orgullosamente, que valió la pena.
Los días que estuvimos en la cabaña solos, fueron los días más hermosos de toda mi vida. Fuimos una pareja normal de recién casados que se encargaron personalmente de su hogar, cocinábamos, limpiábamos, lavábamos, arreglábamos el jardín, teníamos sesiones de masajes, caricias y pasión cumpliendo fantasías en la tina a la luz y al aroma de las velas. Horas y horas de maravillosa música que junto a la lectura, hacía volar nuestra imaginación, nuestros picnic en la alfombra de la sala junto al fuego siempre terminaban de una manera y no hubo un solo rincón de toda la cabaña, que no conociera nuestro amor y nuestra pasión. Si cada mueble, adorno, piedra y trozo de madera hubiera podido hablar, sin duda relataría las cosas mejor que yo. Cuando por fin lo conocí a plenitud y me permitió hacer lo que me había prometido, noté también un lunar en su entrepierna, tenía una ligera forma de corazón, algo distorsionado pero se notaba, sin resistir la curiosidad le pregunté y me dijo que era herencia de su madre, ella lo tenía en uno de sus muslos. Le pregunté también por su bendito roce y lo que me provocaba y también era herencia de ella, él comenzó a tenerlo desde muy pequeño sin saber que su madre lo tenía, a diferencia que ella rozaba su cuello y él era su mejilla. Sin duda ese tiempo en la cabaña, nos conocimos plenamente como pareja. A la mañana del sexto día de nuestra luna de miel Gastón llegó a la cabaña con un mensaje urgente de Randolph para Loui, escuchábamos un concierto para cuatro violines de Vivaldi y por primera vez, ese tercer movimiento me supo a tensión y mi corazón, latió al ritmo de los violines. Era el día 24 y al parecer la paz y el ensueño que habíamos tenido, estaba terminando ya que tendríamos que regresar al castillo al siguiente día. El duque aprovecharía la mañana de la navidad invitando a todos los miembros del parlamento, ministros, nobles y clero para degustar un desayuno navideño como anzuelo, teniendo después su tan esperada reunión para ser el sucesor de Ludwig y para nosotros, era el momento de enfrentarlo y desenmascararlo delante de todos para que pagara de una vez, por todo lo que había hecho. El día transcurrió normal ordenando los equipajes y entre los preparativos para regresar, comencé a sentir melancolía porque la verdad no creí que nuestro sueño se acabaría tan pronto para volver a la realidad. Loui tenía un semblante de preocupación que no podía ocultar y yo, me sentía impotente por no poder hacer nada para ayudarlo, sabía que al enfrentarse a un miembro de su familia no le iba a ser nada fácil y tenía que tener la cabeza muy fría para pensar en lo que tenía que hacer.
Ya entrada la noche y después de darme un baño me arreglé para dormir, por fin decidí lucir el camisón que era parecido con el que había soñado, era una pieza de satén pura blanca regalo de mi príncipe, era un camisón que ajustaba y ceñía mi figura, largo hasta los tobillos pero con un corte recto a cada lado que me hacía ver ambas piernas, un escote muy pronunciado marcaba muy bien la forma de mis pechos para que pudieran apreciarse sostenidos por unos delgados tirantes de cinta que también cruzaban y ceñían el escote de mi espalda el cual llegaba al final de la misma, todo el conjunto era una hermosa pieza suave y delicada que incluía una bata transparente manga larga cuya cinta amarraba mi cintura. Durante la semana le había dicho por fin ese sueño a Loui, él me preguntó si de verdad hubiera querido que existieran dos hombres como él, la verdad me confundió y no supe que decir, pero le aclaré que estaba tranquila sabiendo que era uno solo, de haber sido como lo soñé no me hubiera sentido tan feliz como lo era, nada de lo que había pasado fuera verdad y nuestra situación no hubiera estado definida, me entregué a un hombre maravilloso y no a uno que sólo hubiera saciado su lujuria, como yo lo creía. Como era de esperarse, Loui no había subido a la habitación así que me preocupé y entonces bajé para saber cómo estaba, me asusté al no verlo por ninguna parte, ni en la sala, ni el comedor, ni siquiera afuera en el jardín y tampoco veía a Boris por ningún lado, hasta que sentí el calor de la chimenea y sus fragancias favoritas de vainilla, canela y manzana saliendo de su despacho. Entré silenciosamente y estaba sentado en su sillón de espaldas a la puerta, observando la noche por la ventana;
—Loui mi amor estoy preocupada por ti —le dije mientras me acercaba a él y ponía mis manos en sus hombros—. ¿Por qué estás aquí solo?
—No te preocupes, Boris me está haciendo compañía —contestó suspirando y acariciando mis manos.
—Sí, ya lo veo —le dije apoyándome en el escritorio un poco indignada—, pero me has tenido abandonada todo el día y no quiero pensar que lo prefieres a él que a mí.
—No digas eso, perdóname —dijo mientras giraba su silla—. Ven, acércate más.
Me tomó de la mano e hizo que me sentara en sus piernas para acariciarme, mientras yo rodeaba con mis brazos su cuello y le daba un beso en la mejilla;
—¿Te preocupa lo que pueda pasar mañana?
—No es fácil, él nos cree muertos a ambos y no será una grata sorpresa para él cuando nos vea y su teatro se venga abajo.
—Pero estábamos seguros que este momento llegaría, tal vez no en un buen momento, pero llegó.
—Sí, tienes razón. —Sonaba tenso, su expresión de preocupación lo delataba—. Yo hubiera querido disfrutar un poco más de nuestra luna de miel, pero el deber de un noble siempre llega y le recuerda su lugar. El duque no ha perdido el tiempo y mañana, es el momento oportuno para enfrentarlo. —Suspiró y besó mis manos—. No tengo miedo por mí, pero si temo por ti.
—¿Por qué? Si estoy contigo me siento segura, yo no tengo miedo. —Intentaba mostrarme tranquila para alentarlo.
—Constanza amor mío —dijo suspirando y abrazándome con fuerza—, voy a protegerte con mi vida si es necesario, si algo llegara a pasarte yo me volvería loco de dolor.
—Tranquilo, no me digas eso. —Sostuve su cara entre mis manos—. Sé que nada va a pasarme y tampoco hagas que te pase algo a ti, yo también me moriría si algo te pasa, no podría vivir sin ti.
Mientras estábamos tan cerca nos besamos con ternura hasta quedar sin aliento, pero Loui seguía con su semblante melancólico;
—Si no te sientes bien vámonos a dormir —le dije acurrucándome en su pecho.
Siguió suspirando, sentía el latir de su corazón y yo intentaba mostrarme fuerte y no llorar, temía que fuera la última vez que escuchara sus latidos y el sólo hecho de pensarlo, hizo que se estacionara un nudo en mi garganta. Tenía mucho miedo, esa era la realidad. Acariciaba mi brazo con ese delicioso vaivén de sus dedos, sabía que estaba mal, levanté mi cara y lo miré;
—Te pasa algo más, ¿Verdad? —Pregunté.
Me miró fijamente sin decir nada, mientras acariciada mi rostro y mi cabello;
—Hemos estado juntos de mil maneras en estos días —contestó suavemente después de un momento—, pero aún no he escuchado de tus labios decir mi nombre.
Su comentario me sorprendió y por un momento no supe a qué se estaba refiriendo, me extraño que a esas alturas siguiera sintiendo celos de sí mismo, sin duda haberle dicho mi sueño había sido una mala idea;
—¿Ya no quieres que te llame Loui? —Pregunté sorprendida—. Creí, que me habías dado tu permiso para hacerlo.
—No, no es eso, es sólo que… tal vez te suene estúpido e infantil pero sigo sintiendo celos de mí mismo y… me pregunto con quién haces el amor.
—Ahora eres tú el que me está asustando —le dije boquiabierta—, y además tu pregunta me ofende.
—No, no quiero hacer eso, discúlpame, no quiero que pienses eso. Hoy no ha sido un buen día y creo que ya no sé lo que digo, olvídalo.
Lo miré fijamente y me levanté de sus piernas, él me sujetó de la mano para evitar que me alejara;
—Perdóname —insistió—, no debí decir nada soy un estúpido, no quiero arruinar los últimos momentos que estemos aquí.
Lo seguí mirando fijamente pero no sé por qué razón, me acerqué de nuevo a él pero esta vez no me senté en sus piernas de lado, sino a horcajadas sobre él, sujetándolo del cuello con mis brazos lo que hizo que ambos nos excitáramos. Toqué su nariz con la mía, mientras sentía que sus manos recorrían mi cuerpo por debajo de la seda;
—¿Quieres saber con quién hago el amor? —Susurré sensualmente lamiendo el lóbulo de su oreja—. Pues creo que un apuesto príncipe que ha cambiado mi vida para siempre, el único hombre dueño de mis fantasías, de mi corazón, de mi alma y de mi cuerpo. Hago el amor con el hombre más apasionado, tierno, bello y perfecto que existe sobre la faz de la tierra, hago el amor con un hermoso príncipe dueño de mis orgasmos.
—Eres sorprendente y lo sé —dijo en su éxtasis estremecido y buscando mis labios ansioso—. Tienes las palabras justas para ponerme a tus pies.
—Te amo Ludwig —dije besando una de sus mejillas.
Me miró sorprendido, mostrándome su dulce sonrisa de siempre;
—Que dulce dices mi nombre con tus labios —dijo cerrando sus ojos—. ¿Es un sueño?
—Ludwig —dije besando la otra—. Ludwig —insistí besando su frente—. Ludwig —continué besando su barbilla—. Ludwig —suspiré besándolo en su boca con fuerza y pasión.
Lo que había hecho lo volvió loco de deseo y sin darme cuenta, me levantó junto con él sujetándome con fuerza para no separar nuestra posición, por lo que yo me aferré a él rodeando su pelvis con mis piernas. Me acostó en la alfombra cerca de la chimenea en donde no hace falta describir lo que hicimos y cómo lo hicimos, torrentes de deseo y pasión hirvió repentinamente entre los dos y nuestros cuerpos ardientes comenzaron a hablar un mismo idioma, haciendo que todo lo que sentíamos se consumara ahí y aún después también, continuamos disfrutándolo en la habitación amándonos hasta ya entrada la madrugada, cuando el cansancio y el sueño nos vencieron. Loui había estado muy tenso ese día y creo que el despedirnos de la cabaña de esa manera fue lo mejor que pudimos haber hecho para sentirnos libres, plenos y deshacernos de esa tensión que nos había agobiado durante el día.
Capítulo XI
El Enfrentamiento
Primera Parte
Despertar en sus brazos era una sensación indescriptible para mí y sé que el sentirme cerca lo era todo también para él, el sentir al fin la unión de nuestros cuerpos entrelazados era un sueño que habíamos deseado desde hace mucho y ahora gracias a Dios era una maravillosa realidad. Nos levantamos normalmente y después del baño, nos vestimos formalmente como debía de ser, él usaba un traje de tres piezas color vino-marrón que hacía resaltar más su piel de porcelana y la intensidad de sus ojos, se sujetó el cabello con un lazo negro y esas botas altas también del mismo color, relucían su porte de príncipe, sin duda un auténtico noble de sangre real cuya fragancia, me hacía delirar y desearlo con desesperación. Yo por mi parte ante sus ojos y con la intensión de provocarlo me senté en la cama, me quité la bata y estando sólo con el corsé y el sexy panty, levanté mis piernas y comencé a colocarme las medias blancas de encaje superior que a él le encantaban, sutil y sensualmente las llevé hacia arriba y las ajusté al liguero ante la mirada oscura y llena de deseo que él me regalaba a través del espejo, como niña traviesa hice lo mismo con la otra pierna y notaba que él contenía su respiración, mi respiración también subía y bajaba debido a la excitación que nos transmitíamos y eso, hacía que mis pechos resaltaran más gracias al corsé. Me perfumé la piel aromatizando el ambiente y estando consciente de que no íbamos a hacer nada debido al tiempo, procedí a vestirme. Usé un vestido largo de seda talle V color beige, que tallaba mi cintura y realzaba mi busto con una adorable cinta de terciopelo café debajo de ellos, de manga larga ceñida y acompañado por un hermoso abrigo también color café a juego. Me peiné con media cola, elaborándome un pequeño moño de bailarina en la nuca y me maquillé naturalmente con tonos duraznos y brillo café claro a juego con el atuendo. Se acercó a mí tomando mi cara entre sus manos, inspirando mi perfume y besando mi frente, procedimos a hacer todo lo que restaba para regresar al castillo. La mañana transcurrió normal, ya todo el equipaje estaba listo y después del desayuno, sólo restaba esperar que vinieran a buscarnos del castillo, pero yo seguía teniendo una inquietud y aunque no sabía la reacción de Loui, era necesario que le pidiera ese favor y peor aún, lograr que me complaciera. Estaba sentada en el sofá intentando leer, pero los nervios me podían más;
—Amor ¿Qué pasará con mi pintura? —Pregunté cerrando el libro e intentando desviarme del tema para impulsar valor.
—Por ahora se quedará en el estudio —contestó mientras observaba seriamente por la ventana de la sala, el momento en que apareciera el carruaje por nosotros—. No te preocupes, mandaré luego por ella.
—Está bien. —Me crucé de brazos, luego jugué con el lóbulo de mi oreja, me froté la nariz, tarareaba en los cojines y en fin, ya no pude más.
—Loui mi amor, quisiera pedirte algo —le dije levantándome del sofá y abrazándolo por la espalda.
—Lo que quieras amor mío —dijo rodeando mis brazos con los suyos—. Pídeme lo que quieras, sabes que no puedo negarte nada.
—¿En serio? —Pregunté bromeando—. ¿Podrías firmarlo?
—Te doy mi palabra —contestó sonriendo y dándose la vuelta para abrazarme y besar mi frente—. ¿Qué deseas?
—Me gustaría… —dije titubeando y tomando aire para impulsar valor—. Que me permitieras visitar a Jonathan antes de llegar al castillo.
Como era de esperarse, su semblante cambió soltándome y dirigiéndose a la ventana de nuevo;
—¿Por qué quieres hacer eso? —Preguntó seriamente.
—Quisiera verlo y saber cómo está, hablar con él.
—No creo que sea una buena idea, supongo que aún no sabe nada de lo nuestro y tu visita alimentará su esperanza, no quiero que vayas.
—Loui por favor —insistí—, si no sabe nada todavía yo soy la persona indicada para decirle lo que sucedió, si lo escucha de mí ya no insistirá más con lo mismo, no tienes de que preocuparte.
—No te das cuenta que… —Se detuvo un momento tomando aire—. Que sólo de pensarte junto a él los celos comienzan a cegarme.
—¿No te he dado ya muestras de mi amor? Tus dudas me entristecen.
—No amor mío —dijo girándose de nuevo hacia mí y tomando mis manos—, no dudo de ti, sé que me amas profundamente pero es en él, en quién no confío.
—Loui por favor dame ese gusto, no tienes nada que temer, ya he sido tuya completamente, sabes que te pertenezco en cuerpo y alma, permite que lo vea.
—Constanza por favor…
—Me diste tu palabra —insistí—. ¿Faltará el príncipe a ella?
Su mirada se oscureció y se endureció. Soltó mis manos apretando la mandíbula. Al parecer había tocado una llaga y me arrepentí de haberlo hecho. La expresión de sus ojos no me gustó y por un momento un frío recorrió mi cuerpo, me miró de una manera tan dura y fría como nunca lo había hecho y me sentí morir, sin duda seguía siendo “el príncipe” ante todo. Bajé mi cabeza, lo dije sin pensar;
—Perdón —dije avergonzada—. No volverá a pasar.
Por primera vez la expresión de Loui me había intimidado y tuve miedo, me hirió. Se acercó a mí y levantó mi cara con la punta de sus dedos, luego me abrazó llevándome a su pecho, no sé que me pasaba pero quería llorar;
—Tranquila. —Susurró—. A veces soy… tranquila, no pasa nada.
—Piensa que él me dirá como sucedieron las cosas —dije con menos entusiasmo intentando olvidar lo que había pasado. Sé que él lo notó.
—Perdóname amor mío. —Besó lo alto de mi cabeza—. No debí mirarte así, mi estúpido orgullo te hizo sentir mal, debo controlarme, ayúdame a hacerlo, ayúdame a cambiar.
Levantó mi cara y me besó intentando borrar lo que había hecho;
—Te necesito mucho. —Insistió—. Te necesito a mi lado.
—Estaré a tu lado —le dije sin poder fingir una sonrisa—. Si me necesitas, ahí estaré.
Esa fue la primera señal, para saber que nada sería color de rosa, debí mirarla y no hacer de cuenta que nada había pasado. Su intensa mirada podía dar vida, pero también podía quitarla. No lloré en ese momento aunque un intenso nudo presionaba mi garganta, lo que no me imaginaba era que si lloraría mucho después;
—¿Cuál es tu idea? —Preguntó volviendo al tema y besando mis manos.
—Jonathan es un testigo muy valioso. —Tomé un poco de aire para disimular—. Y es más, si ya está mejor puedo solicitar que le den de alta y llevarlo al castillo. ¿Te imaginas la cara del duque y de todos los presentes cuando vean que también ha resucitado y regresado de su supuesto viaje? Es el momento propicio, para que el duque sea desenmascarado delante de todas las autoridades por las personas que han sido sus víctimas, tú, él y yo, ¿No crees?
—Puede ser que tenga sentido lo que dices, pero…
—Por favor, ¿Cómo tengo que convencerte?
—Eso sólo tú lo sabes —dijo levantando una ceja y atrayéndome lentamente hacia él. Su manera de decirlo me había estremecido.
Definitivamente me sentía un títere, este hombre podía hacer conmigo lo que le diera la gana, mi voluntad me había ignorado y había preferido irse de vacaciones;
—¿En serio? —Pregunté intentando olvidar todo y tratando de seducirlo—. Pues tal vez si pueda hacerlo.
Cómo si algo se hubiera posesionado de mí, lo sujeté con fuerza del cuello con mi brazo, mientras que con mi mano acariciaba su cara, lo besé intensamente guiándolo hacia el sofá haciendo que se acostara y al estar yo encima de él, obviamente no pudo controlar sus manos las que comenzaron a recorrer mi cuerpo con fuerza. Buscó mi piel por debajo de mi vestido deleitándose al tocar las medias, inconscientemente hice un movimiento con mi pierna flexionándola a modo de abrirme un poco y al momento, su mano no sólo estaba en mi trasero sino también en mi sexo, me sacudió completamente, ambos gemimos al mismo tiempo. El beso que le di lo había excitando, pero no era el momento para hacer nada ya que de un momento a otro llegarían por nosotros;
—Tranquilo —le dije conteniendo la respiración y sentándome en el sofá—. No podemos hacer nada ahora.
—Sabes cómo volverme loco por ti —dijo respirando aceleradamente—. Tu boca, tu piel y tu aroma hacen que pierda los sentidos, el sabor de tus labios me embriaga y tu pasión hace que llegue al clímax.
—Loui por favor no hables así —le dije ruborizándome y sintiendo que su toque me había provocado un orgasmo—. No es el momento.
—Tú lo propiciaste —dijo acariciando mi cara—. Yo sólo digo lo que siento, ya no seas tímida.
—¿Qué yo lo propicié? El que dijo que… —Me había quedado sin argumento, otro touché sin duda.
—Tú quisiste convencerme —dijo muy sonriente—. Yo sólo te di a entender que “el método” sólo tú lo sabías. Así que oficialmente “sí” propiciaste todo, además desde que te vestías me estabas provocando y no lo niegues, así que sólo tú eres la única culpable y la causante de que ahora tenga que controlar el dolor de mi erección, ¿Satisfecha?
Lo dicho, mis defensas por el suelo, este hombre me usaba a su antojo y eso, ya no me hacía mucha gracia. No se le escapaba nada, aunque eso último me había ruborizado aún más;
—¿Y entonces? —Pregunté haciendo pucheros, sintiéndome vencida y haciendo caso omiso a lo que había dicho—. ¿Obtuve lo que quería?
Me miró fijamente sin estar convencido todavía y sin saber qué responderme, por un momento creí que había fracasado en mi arte de seducción;
—Está bien —contestó sonriendo pícaramente acariciando mi barbilla—. ¿Pero con dos condiciones?
—Las que tú quieras —dije emocionada.
—Una, que Gastón te acompañe a verlo por mientras yo me adelanto al castillo.
—Está bien —dije desconcertada—, como quieras.
—No es por desconfianza. —Me alentó besando mis manos—. Confío plenamente en ti, es por seguridad.
—Me parece bien, ¿Y cuál es la segunda?
—La segunda... —contestó sujetándome fuerte de la cintura hacia él—, es que por la noche terminemos lo que no pudimos concluir ahora.
—Mmmm —musité acariciando su nariz—, sin duda una condición muy tentadora, está bien, la acepto.
Nos besamos de nuevo apasionadamente, Loui me sujetó atrayéndome hacia él de nuevo y haciendo que me sentara a horcajadas sobre él, tenía razón, su potente erección estaba saludándome y sentí que no podría resistirme. Sus manos de nuevo, recorrieron mi piel por debajo del vestido hasta llegar de nuevo a mi trasero el cual apretó con fuerza, entre besos y gemidos metió sus dedos a través del panty para llegar a mi intimidad y sentí que el ardor que comenzaba a quemarme en la piel ya no podía controlarlo, pero el sonido de un carruaje y cascos de caballo acercándose nos quitaron la inspiración, ya habían llegado por nosotros. Nos controlamos y sonreímos a la vez que pegábamos nuestras frentes, acariciando nuestras narices con el beso de esquimal supimos que nuestra travesura no sería concretada, ya no había tiempo. Un coche cerrado escoltado por la guardia había llegado, salimos a recibirlos y al vernos, todos hicieron el saludo correspondiente, definitivamente todo era diferente, me sentía extraña y Loui se limitó a levantar más su mentón en señal de aprobación, yo no supe qué hacer y para no sentir que no encajaba en la escena, él me tomó de la cintura pegándome más a su cuerpo y besando mi sien para hacerme sentir mejor;
—Señori… perdón, su alteza —dijo Beláv muy emocionado al verme y a la vez apenado haciendo una reverencia—. Es un placer volver a verla y servirla, su alteza.
—Gracias Beláv —dije un poco apenada también, no podía acostumbrarme a ese trato—. A mí también me da mucho gusto verlo.
Se quedó inclinado en su reverencia como si se hubiera quedado congelado, al parecer esperaba algo más pero yo no sabía qué era, su volumen corporal le estaba pasando la factura y comenzó a hacer malabares para mantener su posición, comenzó a transpirar, lo miré desconcertada. Loui se limitó a sonreír;
—Está esperando que le ofrezcas tu mano para besarla y levantarse. —Me susurró al oído.
—Oh…
Hice lo que me pidió y en el acto Beláv aliviado la besó y se paró erguido como un soldado, respirando con tranquilidad. Me limité a sonreír también;
—Altezas. —Saludó Gastón que se acercaba haciendo lo mismo y yo repitiendo el trámite.
—Nos vamos. —Ordenó el príncipe.
Cargaron todo el equipaje en el coche cerrado y cuando terminaron, no pude evitar sentir nostalgia por dejar nuestro nido de amor y el testigo silencioso de nuestra pasión. Loui notó mi melancolía y tristeza y besando mi mano, me ayudó a subir al carruaje ordenándole a Boris subir también mientras él, Gastón y la demás escolta montaban sus caballos. Esta vez sí era Bucéfalo, quien majestuosamente esperaba ser montado por su dueño. A medida que nos alejábamos sentía un nudo en la garganta, era extraño como uno podía enamorarse y acostumbrarse en poco tiempo a un lugar que significaba mucho sentimentalmente, sólo esperaba que cuando los deberes lo permitieran Loui y yo regresáramos de nuevo. Por primera vez sentía que el ser princesa y pertenecer a la realeza, no era como los cuentos de hadas lo hacían ver, como seres humanos deseamos una cosa pero el deber decide otra y tendría que acostumbrarme a eso. Mientras observaba a Loui cabalgar, no podía creer que ese hombre con porte varonil, tan bello, tan gallardo, tan aristocrático y tan perfecto fuera mi esposo y sólo el hecho de pensar que había sido su mujer muchas veces y de todas las formas posibles, hacía que mi piel se estremeciera por completo y una corriente eléctrica me encendiera hasta lo más profundo e íntimamente de mi ser.
Cuando llegamos al camino del desvío al pueblo, Loui se despidió de mí para adelantarse al castillo con unos cuantos hombres de la guardia, mientras que los otros y Gastón se quedaban conmigo;
—No te demores tanto —dijo acercándose a mí y besando mi mano—. Te estaré esperando.
—No te preocupes —le dije acariciando su cara—. Esta vez, pelearemos juntos.
Me besó apasionadamente sin decirme nada más, abrió la puerta del coche para que Boris bajara y al cerrarla de nuevo, le dio a mi escolta las órdenes pertinentes;
—No olviden caballeros a quién deposito en sus manos —dijo con autoridad—. La princesa Constanza es mi consorte, por lo tanto una palabra suya es una palabra mía. Escoltarán a la persona más importante para mí y la joya más preciada de la corona, por lo tanto mi vida está en sus manos.
—Y con nuestra vida le responderemos su alteza —dijo Gastón mientras la guardia hacía el saludo correspondiente.
Diciendo Gastón esto, Loui asentó con la cabeza y con un ademán, dio la orden para que el carruaje avanzara mientras él nos veía alejarnos, vi como ellos también se alejaban a todo galope escoltados por Boris y tuve la sensación extraña de que esto parecía una despedida, no nos habíamos separado ni un instante desde que nos casamos y estas horas de separación, estaban comenzando a aturdirme y sentía que cada minuto que pasaba sin él, era una eternidad. Llegamos al hospital e inmediatamente, muchas personas se aglomeraron alrededor del carruaje al saber que era del castillo, exigiendo que el príncipe regresara de su viaje y que el duque, se fuera de Bórdovar para siempre. Al principio me puse nerviosa ante la reacción del pueblo que impedían que pudiera bajar, pero el doctor Khrauss salió inmediatamente y los calmó sin decirles quién era yo ahora, la guardia también estaba lista para actuar ante cualquier percance, ya que la mayoría de las personas estaban armadas hasta los dientes y listas para marchar sin temor hacia el castillo. Entre el doctor y Gastón me ayudaron a salir del carruaje y antes de entrar al hospital, di la orden a la guardia de no levantar armas contra ningún ciudadano lo que pareció calmar los ánimos y ambos bandos se calmaron, aunque el pueblo no entendía el porqué ante la petición de una extraña, la guardia obedecía. Al entrar al hospital, el doctor me dijo que desde el día anterior el pueblo había comenzado a manifestarse, la visita del duque al parlamento los alertó, sabían que la reunión con sus autoridades no era para nada bueno y era por eso, que los ánimos habían comenzado a caldearse. Trataba de disimular, pero eso me había preocupado más y sentía que mis temores, iban en aumento. Rápidamente me llevaron a la habitación donde estaba Jonathan y al fin, lo pude ver;
—Por ahora está dormido —susurró el doctor—, el medicamento lo mantiene así.
Sentía que había pasado mucho tiempo y lo miraba diferente, también tenía un cabestrillo. Siempre era guapo pero estaba más delgado, su ligera barba hacía notar y recordar que algo malo había pasado. Era difícil olvidar;
—¿Cuál es su condición? —pregunté suavemente.
—Ya está bastante estable, sólo necesita siempre de los medicamentos y del cabestrillo para su brazo, la herida ha sanado muy bien y está cicatrizando. Pronto volverá a ser el mismo de siempre.
—Que feliz me hace escuchar eso, gracias a Dios se salvó.
—Y gracias a usted también, su sangre fue muy oportuna en el momento más crítico.
—¿Qué tanto sabe Jonathan de los acontecimientos ocurridos?
—Sólo sabe que usted le dio su sangre, de lo demás, no sabe nada.
—Bien, es mejor así, seré yo la que le cuente todo. ¿Cree que será posible que le den de alta para que regrese conmigo al castillo?
—No veo ningún problema, siempre y cuando reciba todas las atenciones allá para que se recupere más rápido. Además es el momento justo, ya que al duque no le hará nada de gracia verlo.
—A él no le hará ninguna gracia vernos a todos.
Me acerqué a él y me senté a su lado, tomé su mano y comencé a hablarle suavemente hasta lograr despertarlo;
—Señorita Constanza —dijo sorprendido—. ¿Estáis aquí o yo estoy soñando?
—No es un sueño —le dije acariciando su frente—. Aquí estoy.
—No sabéis lo feliz que me hacéis —dijo sonriendo—. Ha sido demasiado el tiempo sin veros, ha sido una verdadera agonía para mí, estáis bellísima.
Bajé mi cara un momento, Jonathan seguía siendo tan lindo como siempre y yo necesitaba el valor para verlo cara a cara. No se merecía esto;
—Y yo estoy muy feliz de ver que ya está bien —le dije despejando mi mente—. He venido para llevarlo al castillo.
—No, no —dijo nervioso—, ni vos ni yo podemos volver allá, corremos demasiado peligro.
—¿Cuénteme que fue lo que pasó?
Brevemente comenzó a relatarme como sucedieron las cosas y de cómo el duque, había fingido todo este tiempo hasta que ya no pudo seguir engañándolo, aunque Jonathan sabía a lo que se exponía, ese día lo acompaño como una oveja que se dirige al matadero y fríamente sin mediar palabras, el duque le disparó a quemarropa por su traición, estuvo inconsciente por varios días hasta que pudo reaccionar después de la transfusión, pero también sospechaba que Juliana estaba detrás de su atentado como lo estuvo del mío, ella era la persona de debía de matarme por órdenes del duque, una revelación que me sorprendió mucho pero que a la vez no me extraño. Recuerdo que el día del incidente con el duque en la habitación de Regina, al momento que Jonathan me atendía en mi habitación por mi malestar en el tobillo, fue llamado por él mismo. Jonathan me dijo que antes de entrar a su habitación, escuchó los planes que hacía con Juliana y entonces, él tuvo que fingir estar molesto conmigo para hacerse cargo de la situación y evitar que la ira del duque, si me alcanzara directamente;
—Siento que el destino nos ha unido —dijo tomando mi mano para besarla.
—¿A qué se refiere? —Pregunté reaccionando.
—A que sorprendentemente tenemos el mismo tipo de sangre y ahora os siento aún más dentro de mí, gracias por haberme dado un poco de vuestra vida. Desde que os conocí, siento que sois mi vida.
—Jonathan no diga eso —le dije evitado retorcerme—. Lo hice con mucho gusto.
—¿Significa que aún puedo tener esperanzas de vuestro amor? —Preguntó besando mi mano de nuevo y acariciándola con su pulgar.
—No, no lo creo, han sucedido muchas cosas que no sabe y… no sé cómo decirlas.
—Me asustáis, pero no quiero renunciar a vuestro amor. No me neguéis esta esperanza, estáis bellísima, aún más hermosa que antes, os veo muy diferente.
—Jonathan tengo que decirle algo y no sé como lo vaya a tomar —continué tomando todo el aire que podía respirar—. Pero sí, ya no soy la misma de antes y no podré volver a serlo.
—¿Qué queréis decir? —Preguntó un poco más serio, sabía que se trataba de Loui pero no se imaginaba nada más.
—Jonathan —le dije respirando hondo para tener valor—, hace una semana Loui y yo, nos casamos.
—¿Qué? —Preguntó cambiando completamente su semblante—. ¿Pero cómo? ¿Por qué? ¿Por qué lo habéis hecho?¿Fue porque al fin os entregasteis a él?
—Son cosas muy difíciles de explicar y se lo diré, cuando vayamos de camino al castillo.
—Os he dicho que no podemos ir allá.
—Pero ahora es diferente, hoy es el día para enfrentar al duque. Con nuestros testimonios públicos, hoy pagará por todo.
—No entiendo, ¿Quién le hará pagar?
—El príncipe.
—Él no puede hacer nada —insistió—, no tiene pruebas que lo culpen, además es su pariente si no hizo nada cuando pudo menos ahora, tenía entendido que se había ido de viaje y le había dejado toda la autoridad al duque.
—No es así.
—Ah… ahora lo defendéis —dijo sorprendido por mi cambio—. Os dije que contendería por vuestro amor con vuestro novio pero no con el príncipe, no puedo creer que tan rápido la hayáis aceptado, ¿Por qué?
—Jonathan han sido muchas cosas y sólo puedo decirle una en estos momentos; el duque atentó contra la vida de Loui disparándole en una emboscada sabiendo que había herido al mismo príncipe ya que al fin, él decidió enfrentarlo, es por eso que inventó lo de su viaje porque también lo cree muerto.
Jonathan me miró como si hubiera visto a un fantasma, su expresión de desconcierto era indescriptible;
—Estoy un poco confundido y no os entiendo muy bien o tal vez no quiera entenderlo, pero el día que el príncipe accedió a recibir al duque en realidad yo no pude verlo, pero si pude escuchar una conversación entre el duque y Juliana después de la entrevista.
—¿Juliana? —Pregunté asustada—. ¿Qué tiene que ver la institutriz de Regina?
—Os diré algo que ha permanecido en secreto; esa mujer, ha sido por muchos años amante del duque.
Lo sabía, sabía que no estaba equivocada, su aparente devoción por Regina era por el duque, no había otra explicación, definitivamente era una cualquiera;
—¿En serio? Ya me extrañaba que ha su edad siguiera siendo “señorita”
—Y ha sido también su cómplice en muchas cosas —continuó—. Como os dije, ella era la persona que os iba a matar.
—No me equivoqué con respecto a esa mujer.
—Así es, gracias a Dios me las ingenié para hacer desistir al duque de eso y permitirme que yo lo hiciera. Le hice creer que os conocía lo suficiente y os daría una muerte lenta, porque me habíais humillado rechazándome varias veces, lo cual ya me tenía cansado.
—Oh Jonathan, lo siento, todo lo que ha pasado ha sido mi culpa.
Bajé mi cabeza no podía evitar sentirme mal;
—Tranquila, yo sabía a lo me exponía.
—¿Pero… el día de la entrevista? ¿Qué le dijo Juliana al duque?
—Al parecer Juliana no vio muy bien al príncipe cuando llegó, pero reconoció su cara y le insistía al duque que era un hombre muy parecido a vuestro novio lo cual me extrañó mucho, no sé que habrá pasado por la cabeza de él pero no podía creer lo que Juliana le había dicho y soy testigo, que el duque salió muy enfurecido a caballo después de esa entrevista, pero si vos decís que atentó contra…
—Él atentó contra Loui no hay duda entonces y no bastándole eso, muy descaradamente se acercó a él estando en el suelo buscando lo que supongo, era un anillo que necesitaba y al no encontrar nada, quiso rematarlo, pero Gastón actuó oportunamente impidiéndolo e hiriéndolo en el brazo también.
—Eso es cierto, cuando el duque llegó al castillo sangraba de un roce de bala que dijo, lo había alcanzado por culpa de algún cazador. Juliana no pudo disimular su angustia al verlo herido y yo mismo, me encargué de curarlo.
—Él personalmente hirió a Loui y al hacerlo, sabía que había herido al príncipe y quiso darlo por muerto y la única manera de enfrentarlo ahora y ponerle fin a toda su maldad, era haciendo lo único que aseguraría al príncipe en el trono de una vez por todas.
—Aún no os entiendo —dijo confundido y comenzando a respirar aceleradamente—. ¿Queréis decir que…?
—Así es, —contesté con determinación—. Loui, el hombre normal común y corriente que creí que era, resultó ser el mismo príncipe de Bórdovar y la única manera de enfrentar al duque que nos cree muertos, era a través de un matrimonio y es por eso que nos casamos, porque este momento llegaría y ahora es cuando será enfrentado.
Segunda Parte
El semblante de Jonathan cambió drásticamente y aún no podía asimilar lo que había escuchado, no sólo se había dado cuenta de que me había casado con el que había sido mi novio, sino que el que ahora era mi esposo, había resultado ser el mismo príncipe de Bórdovar. Tuve que resumir más la historia para que Jonathan pudiera entender porque fui a verlo y tuve que convencerlo de acompañarme al castillo también. Rápidamente Gastón y el doctor le ayudaron a prepararse y seguidamente, subimos al carruaje en donde por todo el camino tuve el tiempo para narrarle mi historia y todo lo que había sucedido;
—Yo jamás os hubiera engañado —dijo tristemente—. No lo merecéis.
—Él tuvo sus razones y yo pude entenderlas.
Giró su cabeza hacía la ventana y respiró profundo, se sentía molesto;
—Veo que como príncipe se ha ganado también vuestro corazón, antes vos misma lo detestabais y ahora lo amáis con locura, yo jamás me hubiera valido de un engaño ni de máscaras para acercarme a vos y lo sabéis.
—Jonathan ya no tiene caso hablar de ciertas cosas ahora.
—Tenéis razón todo es diferente ya, yo no soy nadie y vos os habéis convertido en una verdadera princesa ahora y en poco tiempo, seréis toda una reina con el mundo a vuestros pies.
—Jonathan no me haga sentir mal —Bajé mi cabeza, me avergonzaba mirarlo—. Yo deseo que a pesar de todo sigamos siendo amigos.
—Siento que para mí será imposible —dijo con tristeza—. No os dais cuenta que sólo el hecho de imaginar que ya habéis estado con él… el saber que habéis sido suya, el saber que él ahora ha sido el dueño de vuestro cuerpo, eso me vuelve loco.
—Jonathan por favor, no me diga eso. —Intentaba no llorar.
—Estaba dispuesto a luchar por vos con un hombre normal, pero ante el mismo príncipe yo no puedo hacer nada. Su nivel es imposible y esa impotencia, me da mucha rabia.
Por primera vez sentí furia y enojo en la voz de Jonathan, él hacía una labor titánica para que ese nudo que lo estrangulaba, no quebrara su voz ante mí;
—¿Eso significa que de verdad ya no seremos amigos? —Pregunté mirándolo y sintiendo que mis lágrimas querían salir.
—En estos momentos no sabría que deciros —contestó poniendo la mano en su pecho—. Siento un profundo dolor en mi corazón, más que la herida de la bala.
Sus palabras me dolieron también a mí, Jonathan me había demostrado su amistad y su amor aún arriesgando su propia vida, la cual casi pierde por mi culpa y al haberle hecho daño me hacía sentir miserable, él había estado conmigo cuando más lo había necesitado y yo sentía que lo había traicionado. Una mirada triste de su parte me decía que no deseaba seguir con nuestra amistad y eso me puso muy triste, creí que sería algo con lo que tendría que cargar el resto de mi vida. El silencio nos envolvió por un momento, cuando de repente Gastón nos dijo que ya estábamos llegando al castillo. A simple vista todo parecía normal, Randolph estaba esperándome en la entrada principal con algunos sirvientes que no salían de su asombro al vernos, le pregunté por el príncipe y me dijo que estaba esperando el momento de actuar, ya que el duque estaba reunido a puertas cerradas en el salón del trono con el consejo de la corte, los ministros, representantes de la nobleza y del clero, pero el problema que tenía era que el pueblo estaba en desacuerdo con sus pretensiones y ellos era la mayoría, por lo que temían un enfrentamiento y no un sometimiento. Regina también salió a recibirnos muy sorprendida y sin entender lo que estaba pasando, pero a pesar de eso no pudo ocultar su emoción al ver a Jonathan de quién le pedí que se encargara. Gertrudis también me esperaba con alegría y después de leve saludo, yo me adelantaba con Randolph a donde estaba Loui, el cual al verme que había regresado bien me abrazó intensamente y al saberme ya con él, ahora estaba listo para hacer su aparición.
Mientras el duque ya se había hecho la víctima ante todos y había puesto la reputación del príncipe por los suelos, los asistentes no sabían que opinar; alegaba la inmadurez y la indiferencia del príncipe para gobernar, por lo que estaba solicitando que se le obligara a abdicar a su favor, alegaba insistiendo que no volvería de su viaje ya que no deseaba saber nada de su pueblo, que los trabajos para el desarrollo los había comenzado por obligación y que al irse, había dado la orden de detener todo y que eso comprobaba su inmadurez. El duque deseaba conseguir a votación popular la aprobación para su sucesión en ausencia del príncipe para que, en caso de que decidiera no volver, como único pariente del rey Leopoldo y miembro por derecho y por sangre de la familia real él, era el indicado para sucederlo. Pero el problema que el duque estaba enfrentando, era que necesitaba un documento escrito y firmado por el príncipe con el sello real que le permitiera sucederlo en el trono, un documento en donde el mismo príncipe le autorizaba y le concedía poder y dominio absoluto para gobernar, sólo un documento redactado y firmado por el legítimo heredero al trono y autenticado ante un notario, era todo lo que necesitaba y el duque ya no sabía que más hacer para ganarse la confianza de todos los presentes, pues sabía que tal documento no existía, ni existiría, era algo que no se atrevía a falsificar pues habían testigos que conocían la letra y la firma que el príncipe acostumbraba a tener en esa clase de documentos y peor aún, no sólo el sello real era indispensable sino también el sello del anillo oficial del heredero al trono, un anillo que tenía el escudo de armas de la antigua familia real y de la casa Waldemberg, un anillo que sólo el legítimo heredero portaba y ese anillo estaba en la mano del príncipe. Estando en el salón del trono, los que estaban presentes escucharon una gran conmoción afuera que los inquietó mucho, se supone que su reunión era como el cónclave del vaticano así que nadie estaba autorizado para entrar, nadie excepto uno. La guardia hizo el respectivo saludo cuando las puertas fueron abiertas y todos estaban a la expectativa de saber quién era la persona que había osado interrumpirlos;
—¡Su alteza real, el príncipe Ludwig! —Exclamó un guardia anunciando su llegada.
—¡No puede ser! —Exclamó el duque con temor y asombro, delatándose solo.
Todos los presentes se pusieron de pie e hicieron la reverencia correspondiente al verlo llegar orgulloso, con todo su porte real y aristocrático, yo entré juntamente con él y de su mano, pero me había quedado a lado de la puerta para que él se llevara todo el protagonismo, Randolph me acompañó para darme valor llegado el momento y como era de esperarse, nadie se imaginaba lo que iba a pasar. El duque no podía disimular su cólera y su mirada hacia mí, decía que deseaba matarme, seguramente se arrepintió de no haber hecho las cosas personalmente cuando pudo hacerlas, yo sentía miedo, sabía que esto sólo sería el principio y lo que me hizo después…No se lo deseo a nadie, su ira me alcanzó de la peor manera y hubiera dado lo que fuera por evitarlo, si aún el tiempo pudiera volver, no sabría qué hacer para haber evitado lo que sucedió, pagaría el precio por haberme convertido en la esposa del soberano. En ese momento definitivamente nuestra llegada había sido una sorpresa, que nadie esperaba;
—Veo que hacen una reunión y no me invitan —dijo el príncipe con sarcasmo, parándose con su porte erguido en medio del salón y observándolos a todos—. Saben que no me gusta que hagan cosas a mis espaldas, odio que no me tomen en cuenta.
El duque se había puesto pálido y se había quedado sin poder hablar, por el susto que recibió;
—Bienvenido su alteza —dijo uno de los presentes que era miembro del parlamento según Randolph—. Qué bueno que ya llegó de su viaje. En verdad lo extrañábamos.
—¿Mi viaje? —Preguntó en su sarcasmo haciéndose el sorprendido—. Yo no he hecho ningún viaje o tal vez sí, alguien me quiso mandar al otro mundo pero he regresado de la muerte y ahora estoy aquí.
Todos se veían sorprendidos y no comprendían las palabras del príncipe, las habladurías y murmuraciones entre ellos comenzaron;
—No comprendemos su alteza —dijeron—. ¿Podría decir qué es lo que sucede y aclarar lo que pasó?
—Es simple —continuó tranquilamente mientras observaba al duque—, alguien que pretende ser rey quiso quitarme de en medio y engañarlos a todos ustedes.
Todos se sorprendieron aún más por las palabras del príncipe y todas las miradas se enfocaron en el duque;
—Ludwig, será mejor que cuides tus palabras —dijo el duque muy, pero muy molesto.
—¿O si no qué? Querido tío. —Lo miraba fijamente y desafiante—. Me vas a amenazar también como lo hiciste con Constanza, vas a mandar a cortar el cinto de la silla de mi caballo para que tenga un “accidente” me vas a mandar a matar como lo hiciste con Constanza, vas a emboscarme otra vez para asegurarte que ahora si me vaya para siempre, o me vas a disparar directamente al pecho como lo hiciste con tu médico.
Por fin el príncipe enfrentaba a su tío y eso me daba mucho miedo. El duque estaba ya de todos colores al verse descubierto y ver que se sabía todo lo que había hecho. Todos los presentes estaban atónitos por las palabras del príncipe y de repente, se vieron envueltos en un asunto muy delicado;
—Su alteza, ¿Puede ser más específico? —Preguntó uno—. ¿Se da cuenta que su acusación es grave? Su excelencia es su pariente, un noble, un miembro de la familia real. ¿Tiene pruebas de las cosas por las que se le acusan?
—Por supuesto —contestó con seguridad—, y yo mismo soy la primera. ¿Desde hace cuánto les dijo que yo estaba de viaje?
—Hace casi un mes.
—Exacto, es precisamente el mismo tiempo en el que me disparó por la espalda para matarme y tengo testigos de eso.
Todos estaban muy asombrados, no esperaban que el propósito de la reunión tomara otro giro, Jonathan había llegado junto con Regina pero se había quedado a un lado de la puerta por afuera, pensaba un momento lo que tenía que hacer;
—¿Puede hacer presentes a sus testigos? —dijeron curiosos.
—Por supuesto, Randolph por favor. —Se dirigió a él para que me motivara a enfrentar a este hombre de una vez.
La cara del duque se transformó completamente cuando Randolph llamó también a Jonathan y acompañada de su brazo, seguidos por Randolph nos acercamos al príncipe;
—Señores —continuó Loui—, les presento a Constanza Norman la primera víctima del duque, la mujer más valiente que conozco, a la que el duque intimidó desde su llegada y a la que no pudo humillar de ninguna manera. No le importó amenazarla aún sabiendo que estaba bajo mi protección, esa fue una provocación directa a mi persona y no bastándole eso, atentó directamente hacia su persona citándola bajo engaños en determinado lugar, para hacer que la mataran.
Podía sentir las miradas de furia del duque hacia nosotros especialmente hacia mí, las que sentía como si fueran cuchilladas en mi piel;
—Tuvimos el placer de conocer a la señorita durante su fiesta de compromiso, a la cual usted no se hizo presente —dijeron—. Después, tuvimos el enorme gusto de observarla cuando nos entrevistábamos con su alteza a mediados del otoño, pero su ausencia según su excelencia, se debió a que ella decidió irse con su novio sin importarle las obligaciones con su alteza, que fueron las que la trajeron a Bórdovar.
—Señores, les voy a rogar que muestren más respeto hacia ella —dijo Loui muy serio—. El duque se ha encargado de enlodar su reputación desde el principio con indecorosas insinuaciones y no voy a permitir, que ninguna palabra que la ofenda salga también de la boca de ustedes. El atentado que ella sufrió no ha sido el primero, su accidente a caballo fue provocado también y están las pruebas que en su momento los investigadores confirmaron.
La situación se estaba poniendo más incómoda y delicada cada vez;
—Disculpe su alteza, teníamos conocimiento del accidente de la señorita por lo cual la vimos indispuesta en la fiesta, pero asegurar que fue provocado también es una acusación severa, ¿Existen testigos de ese incidente?
—La silla de montar está como prueba —continuó—, pero lastimosamente la persona que aparentemente lo hizo murió de manera misteriosa.
—Aclararemos ese asunto con los investigadores que llevaron el caso, pero volvamos a la ausencia de la señorita, ¿Se fue o no con su novio?
—¿Dudan de mis palabras? —Preguntó Loui indignado—. Si estuvo con él, ¿No creen que él debería de estar aquí entonces? Si la ama tanto, no la dejaría sola ni por un momento, ¿No creen?
—Perdón su alteza —insistieron—, pero no es nada nuevo que una joven tan bella sea una tentación para cualquier caballero, como tampoco es nuevo que una joven como ella también se vea tentada a irse con su novio, ya que es algo muy común en ciertos lugares del mundo últimamente.
—¿Insinúan entonces que ella se fugó con su novio por su propia voluntad? —Preguntó conteniendo la paciencia—. Caballeros tengan más cuidado con lo que dicen, como también tengan cuidado a las palabras de quién van a creer, la señorita no se fugó con nadie, el duque trató de hacerla desaparecer y al seguir con vida, tuvo que vivir escondida todo este tiempo.
—¿Puede asegurar eso?
—Yo mismo la encontré en el lugar que me indicaron y yo mismo, la llevé a un lugar seguro.
—¿En el lugar que le indicaron? —Preguntaron dudosos, esto ya parecía la inquisición—. El atentado que usted dice en contra de ella, ¿Fue su excelencia en persona el que lo hizo o mando a alguien a hacerlo? Porque de ser así y si hay un cómplice, tendrá que comparecer ante las autoridades también. La persona que le indicó dónde estaba ella, ¿Fue la misma que quiso matarla o fue algún testigo?
Me puse muy nerviosa y con mis ojos, le rogué a Loui que no lo mencionara;
—Fui yo —contestó firmemente Jonathan paralizándome el corazón—. Yo soy Jonathan Wallace el médico personal del duque, fui yo el que siguió a la señorita a una trampa preparada por él, soy yo el que se ofreció a matarla para cumplir sus órdenes ya que otra persona era la que lo iba a hacer y sólo esa manera encontré para evitarlo y protegerla y como no lo hice, el duque atentó directamente después contra mí disparándome y dándome por muerto.
Un bullicio inundó el salón y todos comenzaron a sacar sus propias conclusiones, miré a Jonathan con tristeza sin entender lo que había hecho y él, se limitó a verme con su dulce mirada verde y sin decir nada, besó mi mano;
—Su excelencia ordenó asesinar a la señorita según usted —continuaron—, y de no haber sido por usted otra persona no hubiera fallado, ¿Sabe quién es?
—Por supuesto —contestó Jonathan—, la institutriz de la señorita Regina y amante del duque, Juliana Linares.
—¡Eso no es cierto! —Gritó el duque.
Hubo un momento en el que un estruendo de voces se apoderó del salón y con tanta abrumación, las discusiones entre sí comenzaron para debatir los sucesos relatados. Todos los presentes no cabían del asombro y no podían creer lo que habían escuchado;
—¿Dónde está esa mujer? —Preguntaron.
Todos nos mirábamos sorprendidos sin saber que responder;
—Excelencia, ¿Dónde está la institutriz de la baronesa? —Le preguntaron.
—Ella hace mucho que se fue de viaje —contestó.
—¿A dónde?
—A ver a una pariente enferma.
—¿Pero a dónde? —Insistían.
—¡No lo sé! —contestó muy molesto el duque.
—Señores no seáis engañados por el duque —dijo Jonathan—. Él sabe muy bien a donde se fue o mejor dicho a donde la mandó, esa mujer es su cómplice en todo, estoy seguro que por culpa de ella él atentó contra el príncipe y también estoy seguro que fue ella, la que me siguió el día que tenía que matar a la señorita Constanza y como vio que no lo hice, ella se lo dijo al duque y por eso intentó matarme.
—¡Yo no ordené nada! —Insistía el duque.
—Yo mismo le di al duque la prueba que me pidió para saber si cumplí con mi misión —dijo Jonathan.
—¿Y cuál es esa prueba? —Preguntaron.
—La cadena de la señorita —contestó—. Una hermosa joya de oro con un dije de corazón y con piedras de colores incrustadas.
—¡Eso es mentira! —Gritó el duque furioso—. Jonathan, no puedo creer que me hayas traicionado después de haberte dado toda mi confianza como mi médico personal por tantos años, no sabes cómo me duele tu actitud.
—No más que a mí —le dijo conociendo su falsedad—. Fui yo quién os ha servido fielmente velando todos estos años por vuestra salud y jamás creí que fuerais vos, el que me traicionaría atentando contra mi propia vida. ¿O acaso ya olvidasteis que yo os atendí cuando llegasteis herido por un roce de bala el día del atentado contra el príncipe?
—Eso fue una casualidad —dijo nervioso—, ya dije que…
—Que había sido la bala perdida de un cazador —Lo interrumpió Loui—. ¡Por favor ya deja de mentir y confiesa de una vez! Sabes que las cosas no son así y porque cuando me heriste no te bastó verme en el suelo y quisiste rematarme, no sin antes buscar algo que necesitabas, mi anillo y fue entonces cuando una bala te hirió asustándote, de no haber sido así me hubieras dado el tiro de gracia haciendo parecer todo como un robo.
—¡Eso no es verdad! —Insistió muy nervioso y transpirando—. Yo no…
—Admite que ya estás descubierto —dijo Loui—, y ruega por tu alma, quiero la cadena de la que habló Jonathan. ¡Ahora!
—¿Tiene usted esa joya señor excelencia?—Preguntaron.
—¡Por supuesto que no! —Exclamó.
—Eso es fácil de comprobar —dijo Jonathan—. Buscad en el cajón derecho de su cama, en una pequeña caja de terciopelo, allí encontrareis la prueba.
—Randolph —dijo Loui—, lleva a los inspectores, a dos guardias y a los sirvientes necesarios y realicen un cateo en la habitación del duque ahora mismo, esa joya tiene que aparecer.
Al ver la determinación de todos, el duque estaba enloqueciendo de coraje al ver como su teatro se estaba viniendo abajo, las discusiones entre todos hacían un gran bullicio en el salón, habiéndose convertido todo en una verdadera corte;
—Excelencia —continuaron—. ¿Tiene conocimiento de la gravedad de todo este asunto y de las acusaciones que se le imputan?
—¡Soy inocente! —Gritó.
—Por su bien esperemos que si —dijeron—, pero es su palabra contra la de su alteza y de hallarse culpable, tendrá que ser procesado según la leyes y asumir su responsabilidad por los delitos que se le acusan. Señorita Constanza, ¿Puede dar su versión de los hechos?
Miré a Loui asustada, pero su firmeza y determinación de dieron fuerzas para hablar;
—Todo lo que su alteza ha dicho es cierto —contesté—. Desde que el duque llegó a Bórdovar me vio como una amenaza para él, como alguien que estorbaba en sus planes, desde el primer momento aprovechó para lanzar sus indirectas y en uno de nuestros encuentros me insinuó directa y abiertamente que yo tenía algo que ver con el príncipe para que él, me considerara tanto. No me quedé callada permitiendo sus ofensas y entonces me amenazó diciéndome que sabría quién era él y que se encargaría de mí después.
—¿Tiene testigos de esa conversación?
—Sí, ese día Randolph y Jonathan estaban conmigo.
—Eso es cierto —dijo Jonathan—. El duque al ver que la señorita respondió a su provocación, fingió un supuesto ataque al corazón lo cual no era cierto, su coraje por sentirse que no podía aplastarla en ese momento lo obligo a fingir sentirse mal y retirarse de la escena inmediatamente.
—¿Y por qué su excelencia vio en usted una amenaza? —Insistieron.
—Porque él… pensó que yo podía distraer al príncipe de su propósito de contraer matrimonio con su hija.
—Tenemos entendido que el rey Leopoldo antes de morir abolió esa ley y dejó libre al príncipe para casarse con la persona que él eligiera. La verdad la supuesta fiesta de compromiso nos tomó un poco por sorpresa, pero igual creímos que su alteza siempre si había aceptado casarse con la baronesa. ¿Qué tiene que decir a eso excelencia?
—Que eso también es mentira —contestó—. A mí no me intimida ninguna jovencita de rango inferior, esta niña me ha faltado el respeto desde el principio olvidándosele su lugar aquí y a quién se dirige, abusando de la protección que mi sobrino le da. Se le subieron los aires al sentirse protegida por el príncipe, es por eso que pude pensar que a cambio de “algunos favores” se había ganado su lugar aquí, pero ella ya tiene su novio un chico igual a ella y el pobre también me da lástima, no sé cómo se sentirá sabiendo que su hermosa novia pudo haber sido la amante del príncipe y es lo único que será, así que no podrá aspirar a nada más, más que tal vez sólo el haber sido el juguete de placer de mi sobrino.
—¡Te ordeno que te calles! —Le gritó Loui furioso—. No voy a tolerar que la ofendas más, una palabra tuya en contra de ella y yo voy hacer que te las tragues y lo mismo va para todos ustedes, la señorita Constanza es la mujer más digna y pura que he conocido y de eso doy fe yo mismo.
Tercera Parte
Realmente no entendía la actitud del duque, según Jonathan, Juliana le había dicho las similitudes entre Loui y el príncipe lo que supongo que él creyó. ¿Por qué estaba ahora hablando como si no supiera nada? ¿Estaría protegiendo aún más a esa mujer? ¿Por qué fingía?
—¡Lo ven! —dijo el duque—. Esta mujer tiene hechizado al mismo príncipe para que la defienda de tal manera, ha utilizado a su novio y a mi sobrino al mismo tiempo y hasta mi médico parece haberse rendido ante ella, no sé qué es lo que tiene que seduce a los hombres sometiéndolos a ella.
—Vos sabéis que no es así —le dijo Jonathan—. Juliana os sembró una duda y eso os motivó para atentar contra en príncipe.
—¡Yo no sé nada! —Insistía muy enojado—. Lo único que veo es que tú y nuestro querido monarca han sucumbido también ante sus encantos, pareciera que utilizara algún tipo de “embrujo” para que hechice a los hombres de esa manera.
—Excelencia no provoque al príncipe —le dijeron—. Recuerde que él es la suprema cabeza y puede decidir qué hacer con usted, sin que nosotros podamos hacer o evitar algo. Será mejor que nos diga cuál es esa duda de la que habla su médico.
—Ya les dije que no sé nada.
—Como vemos que no colabora —continuaron—, a nosotros nos basta la palabra de su alteza en todo lo dicho, especialmente al decir que la señorita es una mujer intachable. No fantasee usted como en los cuentos, además una mujer tan hermosa no necesita de brebajes ni de otras artimañas para atrapar a un hombre, la observamos bien el día de la fiesta y su belleza no pasa desapercibida para nadie, mírela bien, ¿O va a negar que usted mismo no trataría de seducirla si tuviera unos años menos?
Todos los presentes se rieron a carcajadas a expensas del duque, quien se enfureció más al sentirse objeto de burlas;
—Por favor no lo niegue. —Insistieron—. Nosotros mismos al conocerla el día de la fiesta le dijimos a Randolph que ahora visitaríamos a su alteza más seguido y en lo personal, creo que debemos de reconocer que las entrevistas con su alteza en el otoño fueron un buen pretexto para verla. La señorita tiene una belleza muy exótica y es una hermosa flor que cualquiera de nosotros, desearía tener en nuestro jardín.
—¡Basta! —Les gritó Loui muy molesto—. Ya es suficiente, la señorita no es un objeto sexual con el que pueden deleitar su codicia y lujuria, así que más les vale que la respeten.
—Pedimos disculpas alteza, tiene razón, nos hemos excedido un poco y hemos perdido el propósito de la reunión, suplicamos también el perdón de la dama, disculpe usted señorita nuestra pecaminosa naturaleza.
En ese momento, Randolph apareció en el salón con las pruebas necesarias;
—¡Señores! —Exclamó logrando la atención de todos—. Jonathan tenía razón, el duque tenía muy bien escondida la joya, ésta es la cadena que la señorita portaba el día de su desaparición.
—¡Eso es mentira! —Gritó el duque—. Esa cadena me ha pertenecido siempre, fue un regalo de alguien muy especial para mí que rechazó mi amor hace muchos años y en compensación, me la obsequió.
—¿Y cómo es que la señorita la tenía? —Preguntaron.
—Porque se la di yo —contestó Loui mientras la sostenía—. Esa cadena siempre perteneció a mi madre, ella siempre la portó en su cuello porque fue un regalo de mi padre el día de su compromiso. No te atrevas a decir que mi madre te la dio, esa cadena me la obsequió a mí, se la quitó de su cuello y la puso en mis propias manos poco antes de su muerte y es por eso, que siempre ha estado conmigo.
—Y no sólo eso —dijo Randolph—. Encontramos algo más que los inspectores mandarán a analizar, un pequeño frasco conteniendo una sustancia extraña lo que suponen puede ser algún tipo de veneno y al tener las muestras del cadáver encontrado, el que suponen es el responsable de que la señorita sufriera ese accidente a caballo, también sabremos si fue el duque el que eliminó al individuo para callarlo.
El bullicio en el salón, comenzó a ser ensordecedor;
—Alteza —susurró Randolph acercándose a él—, la princesa estaba en lo cierto y no se equivocó al creer que el duque podía envenenarla a ella también.
—Yo no tuve nada que ver. —Insistía el duque—. Ustedes dijeron que al tipo ese lo encontraron ahogado.
—Así es —dijo Randolph—, pero la autopsia reveló que murió ahogado, debido a una sustancia encontrada en su sangre que prácticamente lo paralizó.
El duque estaba ya demasiado nervioso como para seguir negando las cosas, ya no podía decir nada mas en su defensa más que seguir mintiéndoles a todos, así que ya era necesario que se tomaran una decisión. Además un bullicio se escuchaba también afuera, el pueblo armado había llegado al castillo y amenazaban hacer las cosas por sus propias manos;
—Señores, ya es suficiente —dijo Loui—. Si no toman una decisión rápido estaremos todo el día en lo mismo ¿O la toman ustedes o la tomo yo? Y recuerden que después de todos los sucesos, no pienso ser tan benévolo.
—Tranquilo su alteza —dijo uno de los clérigos—. Recuerde que su excelencia es su pariente más cercano, es su sangre y sería un pecado que intentara hacer algo para perjudicarlo.
—¡Pecado! —Exclamó Loui muy molesto—. Señores por favor no sean unos ciegos, él es el que ha cometido muchos pecados haciendo todo lo que ha hecho, incluso hasta mancharse la manos de sangre. No me vengan ustedes con sermones sobre pecado o tendré que hacer lo que hizo Enrique VIII y romper relaciones con una iglesia corrupta y decadente.
—¡Tendrá que pedir perdón a Dios por esa afrenta! —Exclamaron los clérigos poniéndose de pie—. Nosotros somos la autoridad de Dios en esta tierra, no se exprese de esa manera.
—Y yo soy la autoridad sobre ustedes aquí —les advirtió—. Así que es mejor que decidan qué hacer y es mejor que ustedes tampoco me provoquen.
Los clérigos tragaron su orgullo y se sentaron de nuevo, ellos no eran como el vaticano, la religión de Bórdovar no era católica, era una mezcla de protestantes y anglicanos, la autoridad era la santa trinidad y su único escrito; la Biblia. La festividad según ellos eran al apóstol San Pablo aunque no veneraban a ningún santo, la excepción era él ya que así como sobrevivió a un naufragio, también lo había hecho el primer rey de Bórdovar y esa, era una señal que habían asociado desde el principio;
—Recuerde su alteza —continuó uno de los nobles—, que tiene que demostrar con hechos las cosas que su padre le ordenó que hiciera para llegar al trono, sabemos que comenzó a hacerlas pero todo se detuvo.
—Por supuesto que ustedes han sido testigos de lo que he hecho, pero aquí el señor duque se encargó de detener los trabajos que se estaban haciendo, alegando que yo mismo di la orden de detener todo, cuando ha sido él mismo utilizando mi nombre el que lo ha hecho.
—Pero también está su otro asunto. —Insistieron—. Su matrimonio que garantice su ascensión al trono y su descendencia, si usted no cumple estos requisitos estipulados por la ley todavía su excelencia puede cumplir su propósito, ya que está en la línea directa de sucesión después de usted.
—Ah… sí —dijo sonriendo y contemplando la cadena en sus manos—. Se me había pasado ese pequeño detalle, ¿Pues qué creen señores? Ya me casé.
Todos los presentes estaban sorprendidos ante la revelación del príncipe, Jonathan sólo bajó la cabeza y Regina que había entrado al salón y tuvo la oportunidad de haber escuchado lo suficiente, no salía de su asombro y de su decepción al darse cuenta de todo y más que nada, el saber que su institutriz y su padre habían sido amantes sabe Dios desde cuándo. No podía creer que el hombre que había conocido como mi novio y al que le había dado su sangre para salvarlo, era en realidad el príncipe que observaba hablando con autoridad y sé que en ese momento, comprendió todo lo que había pasado. Ya no había nada más que hacer y no podía describir la expresión en la cara del duque, esta vez ya no podía hacer nada;
—¿Pero cómo? —Preguntaron todos sorprendidos—. ¿Cómo es que una persona como usted haya podido contraer matrimonio en tan poco tiempo? Hace unos meses era un completo ermitaño, negándose a todo contacto con el mundo.
—Un ángel vino a mí —contestó—, y cambió mi vida para siempre. Me enamoré como un tonto y como un loco la amo, ella es mi vida entera, la dueña de mi corazón, la mujer por la sería capaz de hacer lo que sea, la cual me ha hecho el hombre más feliz del mundo amándome. Ella es el sol que me ha dado calor y la amo más que a mi propia vida.
—Es sorprendente escucharlo habla así —dijeron asombrados—. Jamás creímos que en verdad se enamoraría y se convertiría en todo un poeta, creímos que el tiempo de contraer matrimonio por amor estaba lejos para usted. Parece que debemos de agradecerle a alguien el haber cambiado el rumbo de nuestra historia. ¿Podemos conocer a la valiente mujer que lo ha transformado?
—Por supuesto —contestó extendiendo su mano hacia mí, llamándome hacia él—. Ya la conocen, es ella, Constanza Norman, ahora princesa de Bórdovar.
Nadie podía creer lo que escuchaban y veían, la vergüenza se apoderó de los que estaban a su manera halagándome en su lujuria, pues se dieron cuenta que habían deseado a la mujer equivocada, la cual ya tenía dueño;
—Eso es imposible —dijo el duque—. Se supone que ella tenía su novio. ¿Lo dejó por ti? ¿Qué clase de mujer olvida tan rápido el amor de un hombre para caer en los brazos de otro? ¿Su ambición y vanidad de mujer te escogieron a ti sólo para convertirse en princesa? Siendo así, entonces no será una digna reina para nosotros.
—¡Silencio! —Exclamó Loui tratando de contenerse—. Deja de fingir lo que sabes para seguir enlodando su prestigio, te advertí que no dijeras nada más en contra de ella. Señores fui yo el que la engañe desde el principio, yo me hice pasar por un hombre común y corriente para ganarme su afecto, ya que desde el primer momento me enamoré de ella y estaba seguro, que como príncipe no nos conoceríamos lo suficiente y no me aceptaría. Constanza amó al hombre que le mostré no al príncipe, no a la riqueza, su corazón es noble y sencillo y este lujo no la deslumbra y aún sin conocerme como príncipe, siempre defendió ante extraños mi forma de ser, ella me comprendió desde el principio y soportó mis majaderías y los malos ratos que como príncipe le hice pasar. Yo tuve miedo de perderla al confesarle la verdad, pero la supo en circunstancias adversas debido a mi atentado en el que casi pierdo la vida por culpa del duque y su amor tan profundo pudo más que su orgullo, fui perdonado por ella y aceptó convertirse en mi esposa hace una semana en una boda secreta y muy legal. Constanza ha sido la mujer que nos ha salvado a todos, de ahora en adelante Bórdovar brillará de nuevo y la música volverá a sonar, ya no viviremos más en la oscuridad.
Ante en bullicio del salón mientras todos debatían entre sí, el príncipe colocó de nuevo la cadena en mi cuello, besó mis manos y me miró con los ojos del hombre más feliz y enamorado sobre la faz de la tierra, al mismo tiempo que le pedí decir unas palabras;
—¡Señores! —Exclamó—. Mi amada esposa y princesa de Bórdovar desea dirigirse a ustedes.
Creí que al verlos a todos observándome con atención y haciendo un silencio sepulcral, los nervios evitarían que expresara palabra alguna, pero no puedo explicar la sensación de determinación y valor que tuve para dirigirme a todos;
—Sé que soy una completa extraña en este lugar, pero he conocido lo suficiente como para haberme enamorado y amar todo esto. Cuando llegué, jamás imaginé lo que el destino me tenía preparado, pero el camino para llegar a la felicidad ha sido muy difícil y muchas veces las heridas del corazón son muy difíciles de sanar, se podrá perdonar las ofensas pero difícilmente olvidarlas, porque aunque la herida sane la cicatriz se quedará. Yo he sido testigo desde que llegué aquí, del amor que el pueblo siente por su soberano y personalmente me han declarado, que no aceptarán a nadie más que no sea él, poco a poco el príncipe ha ido realizando los trabajos que el rey Leopoldo dejó inconclusos, esos planes de progreso y desarrollo que todos ustedes necesitan y de los cuales han sido testigos, este lugar puede conservar toda la belleza de su historia, cultura y tradición sin que se vea alterada por la ciencia y la tecnología, podemos avanzar hacia el futuro y a la vez conservar el invaluable patrimonio del pasado. Los avances están implementados para el bienestar del pueblo y el príncipe ya está casado y entonces, yo no puedo creer porque todos ustedes siguen vacilando en tomar una decisión prudente. El duque deseaba que ustedes le aprobaran mediante votación su sucesión en ausencia del príncipe, pero la oposición del pueblo es grande y fuerte y su opinión es muy valiosa pues ellos son la mayoría y sin ellos, los nobles, ministros y clero no existirían, un verdadero monarca escucha y valora la opinión de su pueblo y piensa antes en ellos que en su propio bienestar. ¿Y ustedes todavía dudan en todas la pruebas presentadas en contra del duque? Ha conspirado y atentado contra el único heredero legítimo para satisfacer su caprichosos deseos, creo que ya no hay más que hablar, ya todo está dicho, decidan ustedes si el príncipe es digno de portar la corona, creo que ya pasó su prueba, ha demostrado que tiene un corazón de carne mostrando su interés por sus súbditos y al haber escogido a una simple mujer nada especial como su esposa, en mi opinión el deseo del rey Leopoldo se ha cumplido, en mi opinión, el príncipe Ludwig está listo para ser coronado y gobernar.
Todos los presentes se quedaron paralizados como si fueran estatuas al escucharme hablar, pues seguramente no podían creer lo que escucharon de mi boca. Se pusieron de pie y nos hicieron la reverencia correspondiente;
—Estamos muy sorprendidos por sus palabras alteza —me dijeron—. Siendo extranjera, ha demostrado más amor por todo lo extraño que nosotros mismos que nacimos aquí, es una completa extraña pero sin duda, una verdadera princesa y una digna futura reina para todos.
—Y yo me siento muy orgulloso de ella —dijo Loui besando mi mano—. Me enorgullece tenerla como esposa.
—¡Larga vida al príncipe Ludwig y a la princesa Constanza! —Gritaron todos—. ¡Larga vida al futuro rey de Bórdovar y a la futura reina!
El duque fue llevado en arresto por los delitos cometidos y al menos, estaría detenido hasta que estuvieran listos los resultados analizados del veneno encontrado en su poder o hasta que uno de nosotros, quisiera retirar los cargos contra él. Se le trató de considerar debido a su edad y a su rango, en una prisión que era una fortaleza antigua al norte de la región en donde se encerró, se le dicto una orden de alejamiento por lo cual tenía estrictamente prohibido acercarse al castillo o a cualquiera de nosotros, ya que todo lo que pasara podrían ser más pruebas en su contra. Era considerado un criminal más hasta que se decidiera en juicio su futuro, pero su mirada de furia hacia nosotros me decía que no se quedaría tranquilo y eso comenzó, a quitarme la paz;
—Quiero que busquen a Juliana Linares hasta por debajo de la piedras —ordenó Loui mientras me abrazaba—. Si esa mujer ha sido cómplice del duque debe pagar, ella sabe mucho y mientras siga libre cualquiera de nosotros corre peligro, principalmente mi esposa.
—No se preocupe alteza —dijeron—, nos pondremos en contacto con las autoridades de los principales países europeos, especialmente en Italia.
—Si Juliana ha sido su cómplice más que su amante, seguramente la mandó muy lejos —dijo Loui—. No será fácil que el duque diga en donde está, será mejor que se comuniquen con las autoridades de los principales países de los demás continentes, en algún lugar del globo terráqueo debe de estar esa mujer.
—¿Cree que la baronesa sabe en donde está? —Preguntaron.
—No —les dijo Randolph—. La señorita Regina es completamente ajena es todo esto y soy testigo de eso, la mañana que encontramos herido a Jonathan durante el desayuno Juliana se despidió de ella y alcancé a escuchar, que tenía que salir a ver a una hermana que estaba enferma o algo así. Seguramente ya habían planeado con el duque qué hacer pero no dijo a qué país y si estaba huyendo, no creo que se haya ido a Italia ya que es el primer lugar en donde llegado el momento la buscarían.
—Randolph tiene razón —secundó Loui—, mi esposa y yo somos testigos de lo que él dice, además mi prima es muy inocente y gracias a Dios no es como el duque, estoy completamente seguro que ella no sabe nada, les rogaría que no la molestaran. Además esta reunión ha sido demasiado para ella y es obvio que no se siente bien, hay que dejar que pueda asimilar todo lo cual no le será fácil.
—Como usted ordene su alteza —dijo el jefe de la guardia—, pero el médico si tendrá que acompañarnos, fue cómplice de su excelencia en el atentado contra la princesa y debe de responder por eso.
—¡No! —Grité—. Jonathan es inocente, no pueden llevárselo.
—Lo sentimos —dijo el jefe de la inspección—, él fue parte de todo esto y tiene que acompañarnos.
—No —insistí—, por favor miren su condición acaba de salir del hospital a donde el duque lo mando, casi muere también por haberme salvado la vida, además necesita cuidados y atenciones para su recuperación.
El jefe de la guardia, de la inspección y de la policía se miraron en complicidad sin saber qué hacer;
—Alteza por favor —le rogué a Loui—. No permita que se lo lleven, yo le di mi palabra de que estaría bien aquí.
—No os preocupéis por mí —dijo Jonathan—. Era de esperar que me sucediera esto por haberme confesado su cómplice.