Capítulo XV
La boda real
Primera Parte
Para reconquistarme aún más Loui me había preparado una sorpresa cuando amaneció, todo estaba listo para ir a pasar ese fin de semana los dos solos a la cabaña como al principio. El saber mi historia lo hizo un hombre aún más diferente, me llenaba de mimos y ternura, no deseaba dejar de abrazarme y de besarme, sentía su cariño y su protección, sentía su amor y su devoción y eso me halagaba mucho y en gran manera. Antes de que amaneciera preparé personalmente algo de ropa y accesorios y los sirvientes llevaron todo al carruaje que estaba esperándonos. Randolph estaba feliz por nuestra reconciliación, no sin antes haberme dicho el “jalón de orejas” que tuvo que darle al príncipe por primera vez, ya que también por primera vez lo había visto llorar tan amargamente como un niño, cuando sonaron las doce campanadas del año nuevo al creer que me había perdido. Le pregunté a Loui que habían hablado con Jonathan y sólo se limitó a decirme que eran cosas de hombres y que entre hombres se quedarían, sólo me dijo que Jonathan le había dado una gran lección y que había demostrado ser un hombre valiente, recto y cabal por lo que ya todo lo demás estaba olvidado y tanto él como Regina, eran nuestros huéspedes distinguidos y como amigos, tenía toda la libertad para continuar con nuestra relación. Me sentía muy feliz por esa decisión y ahora si podía disfrutar de todo plenamente. Pasamos otra pequeña luna de miel en nuestro nido de amor, tratando de olvidar todo lo que había pasado. Loui volvió a ser el hombre del que me había enamorado, consintiéndome de una manera exagerada estaba dispuesto a borrar de mi mente lo que me había hecho y reconozco que estando así, sólo él y yo como una pareja normal, definitivamente era el hombre del que me había enamorado desde la primera vez. Deseaba quedarme en la cabaña para siempre pero no podía ser, regresamos al castillo —llevándome sin excusas mi pintura—, porque los deberes llamaban y otra cosa más; nuestra boda real. Loui me había dicho que todo el consejo del parlamento, ministros, nobles y el clero estaban haciendo presión para ser testigos de nuestra boda eclesiástica sin perder tiempo, así que ya se estaban haciendo los preparativos. En el camino de regreso al castillo también me dijo que antes y después de la coronación tendría que pasar yo una prueba de fuego que tal vez no sería grata para mí, pero que era un requisito indispensable; mi preparación como noble. Tendría las visitas de maestros encargados para enseñarme todo lo necesario y prepararme para gobernar a su lado, aprendería todo lo relacionado con protocolo, idiomas, dicción, lenguaje, historia, leyes, etiqueta, estilo, escudos y emblemas heráldicos y hasta su himno nacional, aprender todo lo relacionado a Bórdovar era muy agotador con sólo pensarlo, pero era parte de mi responsabilidad como su consorte y yo, estaba dispuesta a hacerlo. Era paradójico, yo llegué como tutora y era yo la que ahora terminaría recibiendo clases para cambiar mi estilo de vida, ese era el precio de pertenecer a la realeza, el ya no ser más una persona común y corriente. Como me lo había hecho ver mi príncipe, el deber de un noble siempre le recuerda su lugar y estaba previsto, hacer un viaje por todo el reino para visitar el resto de las ciudades y que yo pudiera conocerlas y que sus habitantes me conocieran también. Sería un viaje rápido, largo y cansado, varias horas de trayecto nos agotarían, apenas y tendríamos tiempo para darnos un baño al llegar a las residencias oficiales en cada región para luego salir por sus calles y cumplir la agenda. En cada ciudad sólo estaríamos día y medio y aunque no me sentía preparada para cumplir un deber así, sabía que me serviría para conocer el resto del reino y fascinarme más con todo. Podría conocer el ducado de Kronguel, el condado Montfork, el marquesado de Gallkerg y la baronía de Branckfort, para luego regresar de nuevo al principado de Bórdovar pero había un pequeño inconveniente; el tiempo en contra. El juicio contra en duque sería pronto y la agenda del príncipe estaba saturada, ya habían planes para ese mes de Enero, y esos asuntos nos impedían viajar, por lo que las visitas al reino tuvieron que posponerse.
El viernes de la siguiente semana tuve un deseo por la tarde, después del cansancio por recibir mis tutorías y aprovechando que Loui no estaba en el castillo, decidí salir a pintar y a tomar unas fotografías. El clima estaba helado, pero ya no quería seguir el resto del día sola en el castillo, así que me puse un abrigo y pedí que me prepararan a Belladona mientras buscaba las cosas que necesitaba, pedí que la escolta no me acompañara pues deseaba estar sola con la naturaleza y aunque ni a Randolph ni a Gertrudis les pareció la idea, como siempre los convencí. Cuando llegué al lugar que había elegido desmonté, preparé la altura del caballete colocando el lienzo y con una línea fina al carbón comencé a hacer el boceto de las montañas y de los arboles, me concentré en mi dibujo para darle al paisaje la forma que esperaba, luego saqué de mi bolso todas mis pinturas y los pinceles, pero realmente estaba muy helado y creo que el pintar ya no era una buena idea, la pintura podía arruinarse y secarse aún estando en el pincel no digamos en la paleta, por lo que mejor decidí sacar mi cámara y me dispuse a captar las imágenes de aquella hermosa tarde de invierno. Ya el ocaso estaba llegando con sus juegos de colores opacos y fríos y me sentía fascinada por el paisaje, pero como siempre tiene que ocurrir la batería se descargó rápidamente y sentándome en una pequeña piedra para buscar en mi bolso el reemplazo alguien me asustó; estaba tan desconectada de todo que no sentí su presencia cuando llegó, era natural en él llegar siempre silenciosamente como un felino dándome una agradable sorpresa, me sujetó suavemente por la cintura y cuando besó mi cuello le dije;
—Loui mi amor, me asustaste. ¿Qué haces aquí? ¿Cómo supiste que estaba aquí?
—Amor mío —dijo besándome y sentándose junto a mí—, Randolph me dijo que habías salido y al saber que venías a pintar y a tomar fotografías no fue difícil dar con el lugar, además Belladona se puede divisar. ¿Por qué estás aquí sola? Eres mi esposa, no puedes salir sin la escolta.
—Loui lo siento, no te molestes con Randolph fue mi capricho, pero no quería ver ni estar cerca de nadie y para pintar, no necesito distracciones sino estar sola con la naturaleza.
—Ah… ¿Quieres que me vaya entonces? —Preguntó besando mi cuello, mientras sus manos recorrían mi cuerpo quitándome el abrigo e intentando bajar el cierre de mi vestido—. ¿Quieres que te deje sola para que sigas inspirándote? Mira que pronto va a oscurecer.
—No, no quiero que te vayas —contesté estremeciéndome—. Me da gusto que hayas venido a buscarme, así ya no regresaré sola.
—Ah… ¿En serio? —dijo quitándose su abrigo mientras su mano subía lentamente por mi pierna.
—¿Loui qué haces? —Pregunté temblando sin control.
—¿Qué crees? —Susurró a mi oído y acostándome en su abrigo—. Deseo tocarte, deseo acariciarte, deseo hacerte mía en estos momentos.
—Loui por favor… —le dije tratando de no perder los sentidos—. Está haciendo frío, estamos en medio del bosque y…
—¿Y qué? —Insistió besando la parte baja de mi cuello y bajando la manga de mi vestido buscando mis pechos—. Estamos entrando en calor, es un lugar hermoso y estamos solo nosotros, que mejor testigo de nuestro amor que la naturaleza misma.
—Loui… tus palabras hacen que… —dije desvariando.
—Me encanta ver y sentir cómo te estremeces en mis brazos —dijo sonriendo mientras sus manos ya habían llegado al rumbo que querían. Comenzó con su torturante masaje de placer en mi intimidad—. Después de todo, no fue mala la idea de que vinieras sola o no podríamos estar así, ¿Qué sientes? ¿Qué deseas?
—Para que lo preguntas si lo sabes —le contesté casi sin aliento.
—Porque quiero escucharlo de tu boca, quiero que me lo digas. —Insistió—. Estamos solos, no seas tímida.
—Siento… pl… placer —le contesté en el éxtasis. Temblaba a horrores y no precisamente de frío. Su toque amenazaba con hacerme explotar en un orgasmo que intentaba retener.
—¿Y qué deseas? —Susurró a mi oído.
—Loui por favor…
—Dímelo, quiero escucharlo. —Insistía con su ardiente aliento sobre mi cuello—. Eres totalmente embriagante, el perfume de tu cuello, la suavidad de tu piel, la dulzura de tus labios hace que me vuelva loco por ti y que te desee con desesperación, soy un esclavo a tus pies, dime, ¿Qué deseas que haga?
—Deseo… que me beses —contesté ansiosa controlando mi respiración—. Deseo… sentirte dentro de mí, deseo que me lleves al paraíso, deseo que me hagas el amor.
—Tus deseos son órdenes para mí —dijo mientras me besaba apasionadamente penetrando hasta mi alma y sin tener tiempo para poder respirar.
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Nuestra locura y pasión nos fundió en uno solo en ese ocaso, Loui era toda la inspiración que necesitaba, olvidaba por un momento el comportarme como dama y simplemente ser una mujer apasionada que se dejaba llevar por sus instintos, sedienta y ansiosa de sus besos y caricias y él, en esos momentos era un hombre normal, fuerte y ardiente que me hacía ver la gloria y tocar las estrellas, era imposible resistir la excitación y negarme a él. Loui era el primer y único hombre en mi vida y también el mejor y más perfecto amante para mí, ese ocaso fue inolvidable para ambos ya que era la primera vez que nos habíamos entregado en un escenario diferente;
—Esto fue maravilloso —dijo besando mi espalda mientras intentaba con cuidado subir el cierre de mi vestido.
—Sí —dije con timidez—. Me gustó mucho.
—Prométeme que no será la última vez —dijo colocándome el abrigo y besando mi cuello—. Tú eres toda mi fantasía y deseo que toda esta tierra, sea testigo de nuestro amor y de nuestra pasión.
—Prometo entonces cumplir tus fantasías —dije besándolo—. Eres tan bello y tan perfecto que me llevas a mundos de sensaciones en las que me pierdo por tu amor y tu belleza masculina, sentir el toque de tus manos hace que sea imposible resistirme a ti.
—Constanza amor mío, no sabes cuánto te amo —dijo abrazándome intensamente—. Me haces el hombre más feliz de este mundo, sentir una caricia tuya me conduce al placer infinito.
—Yo también te amo y soy una mujer plenamente feliz, eres el hombre más perfecto que existe en esta tierra y te tengo sólo para mí, no sabes cuán enamorada estoy de ti.
—Constanza amor mío, tú me cautivas —Besó mi frente—. Tu encanto me tiene hechizado y cada día que pasa te amo más, estoy locamente enamorado de ti, mi vida entera te pertenece y todo lo que soy y lo que tengo está en tus manos, eres tan indispensable para mí que siento que sólo respiro por ti y que sólo puedo ver a través de ti…
Sin decir nada más, me tomó en sus brazos de nuevo y nos besamos intensamente, no había la menor duda de que él y yo éramos uno solo y nos necesitábamos cerca el uno del otro para caminar juntos en nuestro sueño y en nuestro mundo. Me ayudó a recoger todo y regresamos al castillo casi al anochecer. Después del baño y de la cena nos dispusimos a descansar, el calor de la chimenea que inundó nuestra habitación nos estaba relajando y el sentir la calidez de su pecho en mi cara me llenaba de bienestar, ambos estábamos agotados por los deberes del día y al estar en la cama, yo en sus brazos y él acariciando mi piel, era un relajante sueño para ambos. Estando juntos y sintiéndonos tan cerca, era más que suficiente para dormir plácidamente y tener dulces sueños.
Otra semana más había llegado y a pesar de todo me sentía muy bien, ponía todo mi empeño en aprender todo lo necesario y poco a poco fui acoplándome a lo que sería mi nueva vida. La historia de Bórdovar me pareció fascinante, mito o realidad lo cierto es que su origen sigue siendo un misterio, Loui me habló sobre un escrito al que llamaban “el libro prohibido” y la última persona en tenerlo fue su madre, por lo que a su muerte inesperada el paradero del libro se desconoce. Me dijo que ella le narraba parte de la historia que el libro relataba, pero supuso como el niño que era, que se trataba de historias de fantasía sobre el origen de Bórdovar, recuerda que le mencionó al rey Arturo, a Merlín, hablaba sobre Percival y Lohengrin y sobre un ser misterioso al que él, en la imaginación de su infancia le dio la apariencia de un dragón. Loui no recuerda mucho y no entendía el porqué llamaban al libro así, pero al parecer a su padre no le gustaba mencionarlo y es por eso que la reina lo mantenía oculto, sólo recuerda que le dijo que había un sido un obsequio para ella del abuelo del rey, ya que ambos compartían algunos gustos a fines y él, vio en ella a la heredera del dichoso libro. Cuando Loui compartió conmigo esa anécdota, supe que tendría que hacer una proeza en mí; dominar mi bendita curiosidad, estaba obligada a hacerlo si no quería darle vuelta hasta la última piedra de todo el reino para saber más del dichoso libro, de verdad quería saber más sobre él y saber porqué era un libro prohibido. Loui me dijo que él intentó buscarlo minuciosamente, tanto en el castillo de Bórdovar como en el palacete de su madre pero sin tener éxito, por lo que desistió de buscarlo, al parecer ahora también se llamaba “el libro perdido.”
El príncipe hacía tiempo para que juntos cabalgáramos en el ocaso y más de alguna vez como él lo quiso hice que se cumplieran sus fantasías durante nuestros paseos. Desde el principio había deseado que me entregara a él en todos los lugares que me mostró cuando éramos amigos especialmente en el arroyo de la cascada nuestro lugar especial, en donde como un adolescente enamorado grabó nuestras iniciales en el tronco del árbol más grande. Ese día conoció a la fiera que había desatado, me ruborizaba recordarlo pero es que realmente hasta yo misma me desconocí, un efecto más de lo que él provocaba en mí. Se sentó reclinando su espalda en el tronco caído e hizo que me sentara en medio de sus piernas, me abrazó con ternura pegando mi espalda a su pecho y platicamos como dos adolescentes enamorados que hacían todo tipo de planes mientras observaban el río y la cascada, ya que debido al clima no se podía nadar. Hubo un momento en que dejamos la ternura y comenzamos a besarnos apasionadamente sin control, una de sus manos apretaba y masajeaba uno de mis pechos mientras que la otra ya había bajado por mi pierna y abriéndose paso por mi vestido subió de nuevo hasta llegar a mi intimidad, instintivamente abrí mis piernas para darle más comodidad y entonces al sentir mi humedad me penetró con uno de sus dedos, me liberé de su boca y comencé a gemir, me sujeté de sus piernas y clavé mis uñas en ellas, su ardiente jadeo en mi cuello y su penetración me estaban haciendo perder el control, mis caderas comenzaron a moverse con vida propia buscando más placer y al penetrar un segundo dedo comenzó la cuenta regresiva al clímax, comencé a exigir más, más fuerte y más rápido y sus dedos obedecieron, su movimiento, su penetración y el roce con mi clítoris y monte Venus, más su potente erección que se clavaba en mi espalda, me enloquecieron por completo y ya no pude más. Como si se tratara de una posesión, me quité de la posición en la que estaba ante su desconcierto y con la mirada más lujuriosa y oscura que pude mostrarle, liberé su miembro y haciendo a un lado mi panty, me senté a horcajadas sobre él, deseaba sentirlo completo y hasta el fondo. Me sujetó con fuerza de mis glúteos por debajo del vestido y comencé la danza del placer, lentamente para disfrutarlo y para retrasar el orgasmo que casi me llegaba, lo sujeté con fuerza de su cuello y llevó mi boca a la suya, sus manos me inducían a moverme más rápido y obedecí. Me sujeté con ambas manos del tronco que estaba detrás de él y comencé el proceso de moverme hacia adelante y hacia atrás, aumentando los movimientos sutilmente y dejando que nuestros cuerpos hicieran lo suyo, me besaba con fuerza devorándome a la vez que apretaba mi trasero, liberó uno de mis pechos y lo llevó a su boca, mordiéndolo, lamiéndolo, succionándolo. La ardiente hoguera de mi sangre y en mi vientre, ya no podía controlarse y exigía la liberación, me moví con fuerza amenazando con desprender el miembro de su cuerpo y eso hizo que comenzara a gemir de placer, a pedir más y yo gustosa de complacerlo;
—Más, más, dámelo todo, ven a mí —decía entre jadeos.
—Sí, sí, sí —era lo único que repetía, la delicia del éxtasis ya estaba en nuestra puerta y nos recibió gustosos. —¡Loui!—. Exclamé gimiendo su nombre fuertemente al llegar, no podía controlar la reacción de mi cuerpo, me tensé deliciosamente en sus brazos mientras un largo “Ah” de él, me decía y confirmaba que también había explotado. Me derrumbé en su pecho.
—Oh sí… —susurró él aliviado mientras no dejaba de abrazarme.
La fuerza del encuentro hizo que nuestros cuerpos explotaran en un arrollador orgasmo y mientras intentábamos encontrar el aliento, me di cuenta que había desprendido gran parte de la corteza del tronco;
—Amor mío, me has violado —dijo muy sonriente y un poco desconcertado.
No dije nada, me ruboricé más y me limité a sonreír. Me había desconocido a mí misma, sin duda él era el culpable, él me había transformado y cada vez más me volvía insaciable y dependiente de él. Sin duda, mis orgasmos tenían su nombre.
Segunda Parte
En ese mismo tiempo, también me mostró cual era el pasadizo que conectaba su habitación con la que era la mía, un enorme cuadro en ambas habitaciones era la puerta que conectaba a la otra y en el caso de mi habitación no me equivoqué, era justamente el enorme cuadro del bosque, el cual no podía moverse porque estaba sujetado desde el interior del pasadizo lo que hacía que sólo Loui, tuviera acceso a moverlo. Me mostró la habitación que había sido de sus padres, la cual había permanecido cerrada desde la muerte del rey, por lo que todo estaba muy sucio y deteriorado y eso lo hizo entrar a él un poco en la melancolía. Me dio un recorrido por todos los rincones del castillo que no conocía, pero aún así yo esperaba encontrar algo más para saciar mi curiosidad y Loui, parecía leer mi mente porque sabía a lo que me estaba refiriendo;
—Como ves —dijo con su típica, pícara e irresistible sonrisa una vez que terminamos el recorrido—, no hay calabozos, ni dragones.
—Loui no me avergüences —le dije sonriendo y bajando la cabeza—. Ya sé que fue una tontería de mi parte creer eso.
—Me fascina tu imaginación y esa alma de niña que conservas y que no reparas en mostrar —dijo besando mi mano—. Me alegra mucho ser parte de tus fantasías.
—Y a mí de las tuyas —le dije mientras lo besaba.
También me mostró a pleno día su observatorio y al fin, pude ver qué era todo lo que había ahí; piezas de arte. Bellos muebles antiguos y hermosas piezas de arte mitológicas como las recordaba, la bella estatua de Atena semidesnuda, traída directamente de Grecia en donde había colgado el abrigo que me dio esa noche que me besó como príncipe era magnífica, aunque por un momento sentí celos de ella;
—¿Atena semidesnuda te hacía compañía por las noches? —Pregunté con un ligero puchero.
—¿Celos? —Me miró muy sonriente.
Me crucé de brazos y me mostré más seria, evitando dar taconazos en el suelo y mostrar desesperación;
—Te aclaro que no era mía —contestó reaccionando—. Fue un regalo que le hicieron a mi padre recién casado, pero al parecer a mi madre tampoco le hizo gracia.
—Y con justa razón. ¿Cómo es que está aquí?
—Una vez mi madre me leyó sobre el mito de los centauros y en una ilustración estaba Atena casi de la misma manera de la estatua, mostrando parte de su busto, de sus piernas y muslos, apoyada en una lanza y acariciando la cabeza de un centauro para poder domarlo. Le mencioné la estatua de mi padre y ella puso la misma cara que tú, mi padre había resuelto deshacerse de ella para tranquilidad de mi madre, pero yo le rogué que me la diera, así que mientras crecía y yo decidía qué hacer con ella, Atena pasó al ático.
—¿Un niño enamorado de una estatua semidesnuda? —Insistí un tanto indignada.
Sonrió y se encogió de hombros;
—¿Y cuando creciste la buscaste para que adornara tu observatorio?
—Amor mío —dijo abrazándome y besando mi frente—, creo que ustedes las mujeres exageran.
—Loui no es apropiado, ni es el es mejor regalo para un hombre casado, mírala es muy sensual, demasiado, puede incitar muchas cosas. ¿Tuviste fantasías con ella? ¿Intentaste masturbarte por ella?
Loui soltó tremenda carcajada ante mi ocurrencia, creo que en parte lo avergoncé;
—Está bien ríete —le dije al ver su burla—. Voy a conseguir un David de Miguel Ángel y ya veremos.
—Hey, no juegues —dijo un poco serio.
—Bravo, borré la sonrisa de tu cara.
—Ese tipo está completamente desnudo no compares, además… —me acercó más a él—. Ella no se compara contigo, ella es sólo un objeto y tú eres mi vida, ella es fría y rígida y tú ardiente y apasionada, ella no existe y tú sí, para mí tú eres mi diosa, la única que me lleva al éxtasis.
Intenté sonreír ante lo que dijo, nos besamos, llevé mi mano hasta su miembro y lo apreté, él gimió;
—Más le vale a tu amigo que no me haya traicionado —susurré.
—Te aseguro que él es fiel y sólo saluda muy firmemente a su princesa —dijo con esa mirada deseosa que parecía tornarse azul marino.
—Creeré en ti.
—No soy un pervertido pero si quieres darle celos, podemos…
—¡Loui!
En ese momento me sentí una enferma, creo que había exagerado;
—Ven, es necesario que te muestre algo, quiero ser totalmente honesto contigo.
Buscó en un pequeño alhajero que estaba en la gaveta de una mesa pequeña, una llave antigua y abrió uno de los baúles, su contenido me estremeció;
—Sé que conoces los libros y como te dije, no terminé de leerlos, pero no es esto lo que quiero mostrarte.
Reconocí los libros de Sade y comencé a ponerme nerviosa, sólo esperaba que Loui no llegara al extremo. Debajo de los libros había una caja de cartoncillo forrada de seda negra y cuando Loui la sacó, me mostró su contenido;
—No sé si los has visto así que no quiero que te vayas a asustar, los adquirí… por una sugerencia y para ver si… me servían.
—Son revistas Play…
—No. —Se apresuró a decir—. Tranquila, mira con detenimiento.
Nos sentamos en la alfombra y obedecí curiosa, a simple vista parecían panfletos, dibujos satíricos con escenas cotidianas del siglo XVIII hechos a mano pero… ¿Eróticos? Eran muy, muy eróticos, tanto que sentí cómo inconscientemente la temperatura comenzaba a elevarse en mí, al mismo tiempo que algunas me parecían grotescas. Intenté observar sin que Loui me notara extraña, pero era obvia y aunque fruncía el ceño en algunas escenas que no entendía, otras eran muy claras, más que claras;
—¿Buscabas encontrar placer con esto? —Pregunté después de un momento.
—Los adquirí en Francia después de unas conferencias sobre educación sexual y erotismo, intentaba encontrar una respuesta a mi problema y aunque las imágenes que nos mostraron eran a través de un proyector en una gran pantalla, también nos orientaron a cómo se podían tener acceso a ellas si se deseaba tener una colección privada, en mi caso yo preferí replicas de originales. Son basadas en el siglo XVIII pero son copias hechas en la mitad del siglo XIX.
—¡Igual son una antigüedad! —No podía creer que esos panfletos eran auténticos.
—Sí.
—Pero según tú… —comencé de decir apenada—. ¿Tampoco esto?
—Las compré para nada y han estado guardadas, pero no quise que casualmente algún día las encontraras y pensaras que te había mentido, quise ser honesto y mostrártelas.
Lo miré sonriendo y le di un sonado beso en la mejilla, me sentía muy orgullosa de él. En mis clases de historia había visto algunas escenas así pero no tan al extremo, los panfletos de Loui los superaban exageradamente, eran muy explícitos. Parejas de amantes teniendo relaciones abiertamente y sin pudor en algunos jardines, ella tocando el miembro erecto de él y él a su vez tocándola a ella, otros dibujos eran peor, se miraba claramente el sexo oral y en grupos, eso si me pareció grotesco. Otra escena, era de ella con sus pechos y trasero expuestos apoyada en un piano con la piernas abiertas mientras él la acariciaba y buscaba penetrarla, en otra, estaba una pareja en un sofá ella también de piernas abiertas de espaldas a él y mientras ella tocaba la erección de él masturbándolo, él hacía lo mismo con ella. Los dibujos no mostraban a las parejas completamente desnudas pero sí sus partes íntimas, era una muestra de lo que fueron los relatos eróticos en el siglo XVIII pero en lo personal me excitaron y teniendo a Loui tan cerca, hablándome en su perfecto francés para traducirme algunas cosas, quise recrear algunas de las benditas escenas. Su acento me hacía tragar en seco y saborearme;
—No los necesité antes y menos ahora —dijo sacándome de mis pecaminosos pensamientos y rompiendo uno de ellos.
—¡¿Qué haces?! —Pregunté sorprendida.
—Voy a deshacerme de ellos —contestó mirándome desconcertado.
—¡No! —Insistí.
Loui me miró sin poder creerlo;
—¿Por qué no?
—¿Y lo preguntas? Son una antigüedad.
—¿Y?
—¿Cómo que y? No los rompas, si quieres véndelos, dónalos o lo que sea, pero no los rompas.
Me miró muy sonriente levantando una ceja;
—¿Te gustan?
—No se trata de eso —contesté disimulando—. Como sea son antigüedades y valen mucho, no sólo económicamente sino por lo que son.
—¿Segura? —Insistió acercándose a mí y haciendo que me acostara en la alfombra.
—Piensa lo que quieras —conteste evitando el nerviosismo—. Está bien, si te apetece rómpelos, no me importa.
—Eres especialista en arte… —continuó mientras sutilmente se colocaba encima de mí y comenzaba a levantar mi pierna sintiendo las medias que lo volvían loco—. Y como buena profesional, eres conocedora y te duele que algo le pase a una antigüedad, en este caso, a algo tan simple como lo son estos papeles.
“Al menos rompió la escena de la orgía” —pensé aliviada.
—Por lo menos rompiste la escena de una orgía, no se perdió gran cosa —dije mostrándome desinteresada. Él sonrió.
—Tienes razón, soy un niño malo y no me gusta compartir lo mío.
—Igual yo, soy muy egoísta y lo mío es mío y de nadie más.
Me besó con fuerza, su lengua jugaba con la mía y su pulgar ya acariciaba en círculos mi monte Venus a través del panty;
—Loui, ¿Qué haces? —Pregunté ante la sacudida que me provocó.
—Cumpliendo otra fantasía. Desde que te conocí, quise hacerte el amor aquí.
Sabía que me iba a decir eso y la idea me gustó, pero como ya me sentía extremadamente excitada quise hacerlo a mi manera;
—¿De verdad?
—Aja… —musitó mientras besaba mi cuello.
—En ese caso lo haremos a mi manera —le dije sujetándolo y llevándolo a uno de sus muebles antiguos. Lo senté en un sofá, íbamos a recrear una de las escenas.
—Amor mío, ¿Qué haces? —Preguntó encontrando la respiración.
—Vamos a jugar —contesté mientras me hincaba en medio de sus piernas y comenzaba a liberar su erección ante su mirada de desconcierto—. Madame Waldemberg quiere que su precioso y perfecto amante la haga vibrar y la lleve al límite del cielo.
Su mirada deseosa se oscureció de nuevo en señal de complacencia y mientras yo comenzaba a saborearme, él se inclinó a mí para buscar mi boca y a la vez abrazarme y abrir el cierre de mi vestido;
—Mon amour, mon grand amour —susurró cálidamente en mi oído a la vez que acariciaba y besaba la piel de mis hombros. Sentí derretirme ante él—. Prometo llevarte más allá de eso, hasta el infinito, el universo es sólo nuestro.
—¿Comenzamos? —dije mientras deseosa lo reclinaba de nuevo en el sofá e introducía en mi boca el objeto de mi deseo.
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Hermosas pinturas paisajistas barrocas y clásica decoraban el observatorio, el retrato de la dama con una ligera sonrisa luciendo un sombrero con flores que cubría parte de su rostro por fin supe quien era, obviamente el retrato de la reina Leonor pintado al óleo cuando tenía tres meses de embarazo de Loui. Era una pintura muy hermosa y no merecía estar escondida, Loui decía que era sólo para él, era su lugar y su momento para hablar con ella, pero ahora que ya era feliz haría sacar todos los retratos de sus padres para que decoraran y dieran color y tradición a las paredes del castillo. Una de las pinturas que colocó en nuestra habitación, fue una en la que los retrataron a los tres, al rey Leopoldo y a la reina Leonor abrazando ambos al pequeño Ludwig cuando tenía tres años, era una enternecedora escena que valía la pena observar siempre y la cual tenía un emblema con las tres letras “L” que eran las iniciales de sus nombres, un noble sello que marcó una época feliz en la historia de Bórdovar y que ahora, se volvía a sentir y ver brillar. Al observar detenidamente el retrato ahora entendía porque Loui era tan guapo, su madre era muy hermosa y el rey muy apuesto también en su juventud, muy parecido a él, sin duda tenía sus ojos y su boca, realmente Loui tenía más herencia física del papá que de la mamá aunque su manera de ser todavía me desconcertada, pero aún así él tenía de donde heredar la belleza física para cautivar a cualquier mujer. Loui estaba tan enamorado de mí que deseaba tener pinturas mías por todos los rincones del castillo especialmente en su despacho, por lo que hizo llamar a un especialista en fotografía para que capturara mi imagen de muchas maneras y en distintos escenarios para que través de ellas, un amigo de la familia que los había retratado en los lienzos en el pasado pudiera retratarme también a mí, por lo que tuve que pedirle un favor también; ya que deseaba ver pinturas mías, yo también deseaba ver pinturas suyas adornando el castillo y retratos de ambos, para que nuestro amor pudiera trascender en el tiempo, a lo que gustosamente accedió sólo para complacerme.
En esa misma semana el duque fue procesado conforme a la ley, se le comprobó que fue él, el que pudo darle muerte al capataz que supuestamente cortó el cinto de la silla de Belladona el día de mi accidente, ya que los análisis comprobaron que la sustancia en la sangre del hombre coincidía con la misma sustancia del frasco encontrado en la habitación del duque y de eso, no podía escapar. También se había encontrado el arma con la que le disparó a Jonathan pues la bala extraída de él también coincidía y para colmo de él, fue con la misma arma que atentó contra el príncipe, la bala que el doctor Khrauss reservó el día del atentado y que luego le dio a Randolph lo comprobaba. Jonathan había sido llamado para declarar en su contra y decir todo lo que sabía sobre el duque. Sin demorar el proceso, el día del juicio llegó para él y era el príncipe quien que tenía que decidir la última palabra, el pueblo exigía la pena de muerte, los nobles la cadena perpetua y el clero su arresto en el exilio, pero debido a su edad y a su posición, Loui fue prácticamente obligado a tomar una decisión en cuanto a él, su deber como hombre y como príncipe era hacer lo que consideraba correcto para no tener remordimientos de conciencia en el futuro y en cuanto al duque, por ser un noble aristócrata y miembro de la familia real de Bórdovar, Loui prefirió su encierro en el exilio, lejos de nosotros, que tenerlo cerca aunque también estuviera encerrado de por vida. No se le confiscaron sus bienes pero sí, todo paso directamente a manos de Regina como única heredera, incluyendo el título que le fue quitado, a partir de ese momento ella se convirtió en duquesa de Kronguel y aunque su tristeza la embargaba, tuvo que aceptar la realidad de su padre y resignarse, aunque también eso le serviría a ella para aprender a volar y a tener la libertad que necesitaba para ser fuerte y vivir su vida. Lo que nos extrañaba a todos era no saber nada de Juliana y el duque aún sabiéndose condenado no parecía que todo le daba igual y prefirió seguir evitando colaborar al respecto, callando su paradero lo cual no nos explicábamos porqué lo hacía, el saber a esa mujer libre no nos daba tranquilidad ya que sabía muchas cosas y era la única que podía aclararlas, siendo cómplice del duque éste podía seguir haciéndonos daño indirectamente a través de ella, lo cual era algo que nos quitaba el sueño, aún teniendo a toda la guardia a nuestra disposición las veinticuatro horas del día.
Para concluir el proceso, a petición mía Jonathan fue absuelto de todos los cargos y dejado en libertad ya que nadie lo acusó de nada, decidió darle una oportunidad a Regina y ambos eran ahora para nosotros nuestros amigos y huéspedes distinguidos del castillo, al saber al duque lejos de nosotros ese capítulo de nuestra historia tratamos de cerrarlo de una vez, para ya no seguir pensando en eso y aparentemente la paz y la armonía, parecían que habían regresado a Bórdovar. Después de todo lo que pasó, a exactamente un mes de nuestro compromiso, Loui me propuso formalmente matrimonio el día 15 en una fiesta formal para comprometernos ante toda la nobleza, ministros, consejo y clero que fueron invitados. El 30 de Enero, se llevaría a cabo una boda real eclesiástica por todo lo alto, como debió haber sido desde el principio para el príncipe heredero de Bórdovar y ese día, sería fiesta nacional para todo el pueblo. Ahora que las cosas habían vuelto a la normalidad, en quince días más se llevaría a cabo todo. La cuenta regresiva y los preparativos para una boda real, estaban en marcha.
Con los preparativos para la boda todos en el castillo estaban patas arriba, pero con una felicidad que todos compartían y como era de esperarse, llegó de nuevo el encargado de hacerme ver como una verdadera princesa; Jean Phillip, él y todo su equipo regresó más entusiasmado que la primera vez y con todas las propuestas en diseños para que yo escogiera las más adecuada, en la cual por muy difícil que pareciera trabajarían día y noche para que todo el ajuar estuviera listo para la fecha indicada y no sólo el mío, Regina, Jonathan y hasta Randolph vestirían sus diseños ese día y trabajarían también arduamente en el ajuar del príncipe, retocarían el uniforme de gala real que vestían los herederos de Bórdovar para ese día. Entre todos los preparativos y la agenda apretada del príncipe para acelerar todos los trabajos para el desarrollo del pueblo, el tiempo pasó muy rápido y el esperado día llego, por petición mía la boda se llevaría a cabo en la catedral gótica del pueblo la cual estaba hermosamente decorada y no en la iglesia privada del castillo, como habían sido las bodas familiares anteriores. Era un día de mucha alegría y regocijo y era necesario compartirlo con todos los habitantes del pueblo. Ese día si parecía hacerse realidad un cuento de hadas, obviamente nos vestimos por separado y para esa ocasión regresé por un momento a mi antigua habitación, necesitábamos un espacio para arreglarnos tranquilamente y con tiempo o al menos yo, si deseaba consentirme y relajarme un momento. Con mucha anticipación me di mi baño de burbujas y con tranquilidad la estilista profesional que acompañaba a Jean me maquilló y me arregló haciéndome un precioso moño estilo retro para que pudiera lucir la corona y mi velo sin problemas. El príncipe llegaría a la catedral acompañado de Randolph como su padrino, Regina sería mi dama de honor y portaría un ramo de flores más pequeño que me entregaría al terminar la ceremonia, Gertrudis era la encargada de velar por la cola de mi vestido y Jonathan tuvo que pasar una prueba de fuego y hacer algo muy difícil para él a petición mía, sería el encargado de llevarme al altar y entregarme. Cuando entró a la habitación para ver si ya estaba lista, se sorprendió mucho al verme y pude notar en él un semblante de melancolía que no pudo ocultar, la imagen que veía era la de una persona completamente diferente a la que había conocido y aunque pareciera difícil para él, tenía que aprender a verme de una manera diferente. El diseño que escogí, era una obra de arte creado por Jean Phillip que me hacía parecer a la famosa princesa de Baviera, cuya belleza tan fascinante logró que el mismísimo emperador de Austria la adorara. Con escote recto del busto y con los hombros al descubierto, una preciosa manga abierta con forma de hoja del mismo tul de mi velo adornada en su orilla con un delicado encaje, caía de manera recta por la parte trasera de mis brazos hasta llegar un poco más debajo de mis caderas, cuya suavidad sólo rozaba por la parte de mis codos, la manga adornaba sólo la parte trasera de mis brazos, la delantera estaban descubiertos. El vestido blanco como la nieve, era de seda y encajes con pequeñas incrustaciones doradas, confeccionado con hilo de plata, ceñido a mi cintura y ajustándose al corsé, definían mi figura. De faldón ancho ayudado por un suave y fino armazón de aros, como se usaban en la segunda mitad del siglo XIX y envuelto en varias capas de suave tul, me ayudó a tener el amplio modelo deseado que complementaba una cola desmontable de casi tres metros. El velo como las mangas de un tul muy suave, del tamaño de mi persona por la parte trasera y a mi cintura por la parte delantera, en cuya orilla de delicado encaje decoraban también pequeñas piedras brillantes, el velo se ajustaba a mi peinado y a la tiara de diamante sobre mi cabeza que hacía juego con la demás pedrería que usaba. Así había deseado mi vestido de boda y así logró ser ¿Por qué? Una vez cuando era niña junto con mi abuela miré el retrato de la que fue la emperatriz de México y al conocer también a la emperatriz de Austria, soñé con que algún día pudiera usar un vestido como esos, después al estudiar música y fascinarme con los valses de Strauss, supe que deseaba bailarlos algún día, con un vestido así y girando en los brazos de un apuesto galán, regresar un poco el tiempo sólo para mí y ahora, gracias a Dios mi deseo se hacía realidad. No quise hacerlo en mis quince años pero sí, cuando llegara el momento de casarme. Ahora era mi boda, mi vestido anhelado y el príncipe de mis sueños y pronto, también bailaría un vals en sus brazos, era lo más romántico que podía pedir. Debido al clima helado un hermoso abrigo blanco, parecido al que el príncipe de había regalado, terminaba de hacer juego con mi ajuar, el cual me serviría sólo para trasladarme del castillo al pueblo y viceversa. Jonathan besó mi mano y pidió besar mi frente, lo complací, depositó un tierno beso sobre ella y me colocó el velo para cubrirme la cara, a la vez que me daba mi precioso ramo de flores blancas que caía como cascada. Salí del castillo acompañada de su brazo, Beláv como siempre mi cochero, intentó no mostrar sus sentimientos pero un nudo de felicidad lo ahogaba y evitaba llorar, me conmovió su emotividad y se lo agradecí mucho, un coche cerrado, con ventanas de cristal, dorado y reluciente tirado por seis hermosos caballos blancos como en los cuentos, me esperaba para llevarme a él, siendo escoltada por una guardia personal liderada por Gastón. Llegamos a la catedral y una preciosa alfombra color vino con toda la guardia saludando a cada lado, me esperaba para conducirme hasta el altar donde Jonathan me entregaría al príncipe, agradezco su gentileza y admiro el valor con el que pudo hacer eso. La ceremonia dio inicio a las once de la mañana y fue muy emotiva. Loui ya estaba esperándome en el altar, al entrar a la catedral el sonido del arreglo que solicité del “final” de la música del ballet de la bella durmiente de Tchaikovsky anunciaba mi llegada, la solemnidad de las notas me hacían sentir que caminaba entre las nubes al ver que él, el príncipe de mis sueños y el hombre de mi vida estaba esperándome al final, se había cortado un poco el cabello pero siempre usó un lazo negro para sujetarlo, se veía hermoso, gallardo y perfecto como siempre, en un traje de gala negro y dorado con una banda roja cruzando su pecho y muchos broches adornando el mismo, llevaba guantes blancos y un sable a un lado de su cintura, parecía un traje militar, era el traje de bodas de los herederos de Bórdovar. Al llegar Jonathan lo reverenció y me entregó a él, Loui le extendió la mano y Jonathan correspondió el saludo, las estrecharon a la vista de todos y en señal de haber dejado todo atrás, luego besó la mía y nos sentamos frente al clérigo para dar inicio a todo. La ceremonia fue rápida y mientras se leían fragmentos de la Biblia, la música del “Despertad” de Bach nos envolvía suavemente, entre el cantar de los cantares y la primera carta a los corintios un momento emotivo se dejó sentir, mientras Loui me tomaba de la mano y entre la música acuática de Haendel y la cantata #147 de Bach no pude evitar que una furtiva lágrima rodara por mi mejilla, por lo que al verla Loui la secó tiernamente con su índice, me había prometido no hacerme llorar pero ahora lo hacía de felicidad. Una sorpresa que Loui me dio en el momento que se quitaba sus guantes, fueron nuestros verdaderos anillos de boda. Randolph y Regina se encargaron de quitarnos los anillos de los reyes para que con nuestras propias manos pudiéramos intercambiar y colocar nuestros anillos uno en el dedo del otro como símbolo de amor, unión y fidelidad. Después de intercambiar los votos y decir el esperado “si quiero” con gentileza Loui desveló mi cara para él y colocando hacía atrás, un apasionado beso nos unió ante los ojos de todos y al firmar las actas eclesiásticas y entregando mi ramo a la cruz del altar mayor, la ceremonia concluyó. Antes de salir, Regina me entregó el ramo más pequeño y mientras caminaba por el pasillo principal ya de su brazo y al sonido del “Gloria in Excelsis Deo” de Vivaldi, todos nos reverenciaban al pasar, ahora ya estábamos unidos ante los ojos de Dios y de todos. Al salir de la iglesia, las campanas replicaban jubilosas y también, todas las personas estaban aglomeradas a la salida para compartir con nosotros su regocijo. Ahora sí, a más de un mes de habernos casado por la ley y de estar unidos en cuerpo y alma, ahora ya lo estábamos también ante los ojos de Dios y de todo el mundo como testigos, el príncipe y yo finalmente nos unimos en una hermosa boda real eclesiástica en donde todos, nobles y plebeyos éramos uno solo porque nos unía un solo motivo; la alegría y el regocijo. El pueblo tendría su propia fiesta para celebrar con nosotros ese día, brillaban de flores, guirnaldas, globos, banderas, cintas y fuegos artificiales para la noche, mientras que la fiesta de nosotros, sería privada en el castillo. La fiesta de recepción no fue al aire libre como lo hubiera querido, el clima estaba helado por lo que el banquete y el baile fue en un hermoso y enorme salón barroco exquisitamente decorado por lo cual, igual fue un sueño para mí. El castillo y sus jardines estaban hermosamente decorados con los estandartes reales y flores por todas partes, la música orquestal sonaba divina y el banquete preparado tanto los bocadillos, entradas, plato fuerte, postres, bebidas y hasta la misma y exagerada torta de bodas elaborada especialmente por Tito era tan finos y exigentes dignos de la casa real de Bórdovar. El momento que más esperaba con ansias fue el vals, con el cual me sentí en el cielo girando tan románticamente en los brazos de mi príncipe, al sonido de la maravillosa música del “Vals del Emperador” de Strauss. Estando en sus brazos y verme en sus ojos al ritmo de la música era un sueño para mí, su mirada enamorada y la mía devota se encontraron en ese momento, en donde no existía nada más, sólo nosotros. Pero la tradición otorgaba bailar unos minutos con otras parejas, así que mi príncipe se vio obligado a compartirme, con Randolph, con Jonathan y con otros cuantos que no perdieron la oportunidad ansiosos de tener ese acercamiento conmigo, igual él tuvo que bailar con Regina y con otras damas hasta que por fin regresé a sus brazos lo cual me dio mucho alivio y a él también. A pesar de haber sido un día helado del todavía invierno, disfrutamos al máximo de nuestra fiesta pero también dejamos que los invitados la disfrutaran más, nos despedimos de todos pero principalmente de Regina y de Jonathan que en unos días regresarían a sus países y pasaría mucho tiempo para volvernos a ver. Salimos rumbo al puerto en donde me esperaba una sorpresa más que no conocía de parte de mi príncipe; su barco privado, el crucero “Reina Leonor” que había sido del rey Leopoldo nos esperaba para llevarnos rumbo a la felicidad. Para comenzar me llevaría a conocer la bella isla de Madeira lo que me hizo renovar nuevas fuerzas, después iríamos a Marruecos y después, cruzaríamos los llamados “Pilares de Hércules” donde estando en alta mar, celebraríamos el día de los enamorados como sólo él y yo lo sabíamos hacer. El paseo por el mediterráneo fue maravilloso y tuvimos la oportunidad de adquirir un guardarropa “más moderno” y acorde a nuestro tiempo para no parecer ridículos en las principales ciudades en las que estuvimos, fuera de Bórdovar intentamos ser una pareja normal de recién casados que disfrutaba placenteramente de su luna de miel, visitando cada puerto y cada hermosa ciudad fue un sueño para mí estando junto a él, visitamos las islas Baleares, Túnez, Malta, Egipto, Chipre, llegando hasta Turquía y regresando por Grecia para luego llegar a Italia. Todo ese mes de Febrero disfrutamos al máximo de nuestro viaje de bodas y al concluir las rutas marítimas, el príncipe me dio otra sorpresa más; su avión privado. Apolo nos esperaba en Roma para llevarnos a disfrutar de una luna de miel por casi toda Europa, lo que hizo que nuestro viaje de bodas durara dos meses más.
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Capítulo XVI
Doble Acontecimiento
Ya para finalizar nuestra luna de miel llegó mi cumpleaños, el cual creí que Loui no recordaría. Estábamos en París y mi sorpresa fue cuando el 24 de Abril, me dio un paquete muy pesado justamente después de llegar de una cena romántica que me había preparado, me asusté mucho al ver el paquete y más cuando lo sostuve ya que se movía, al abrirlo mi sorpresa fue mayor, era un regalo perfecto y muy agradable para mí; unos adorables cachorros que me comí a besos. La tierna pareja de cachorros Shar Pei, color café claro casi beige me llenaron de emoción y ternura al tenerlos en mi brazos, eran divinos y no me cansaba de sostenerlos y besarlos y más cuando ellos también hacían lo mismo, los llamé “Napoleón y Josefina” Loui conocía perfectamente mis gustos y aprovechaba cada ocasión para consentirme, pero para mí el mejor regalo que podía tener era su amor, el estar juntos y el ser completamente feliz cada día a su lado. En los siguientes días, a principios de Mayo regresamos a Bórdovar de nuestro viaje de bodas con dos inquilinos nuevos, la primavera también había llegado y todo me parecía muy hermoso, no así a Boris quien seguramente no le hacía gracia sentirse desplazado al ver que dos tiernos cachorros podían distraernos de su atención y aunque me daba temor que les hiciera daño, al final parece haber florecido alguna clase de instinto sobre protector de su parte lo cual me dio mucho alivio. El clima y la naturaleza de la primavera en Bórdovar que había llegado hace más de un mes eran un perfecto dúo y tanto el pueblo como el castillo eran lugares diferentes porque ya muchos de los trabajos estaban terminados, ya había agua potable, luz eléctrica, telefonía y el pueblo creció tanto que ya no era un pueblo sino una ciudad y sus habitantes estaban muy agradecidos porque el progreso que al fin había llegado, les abriría las puertas al resto del mundo. Randolph se había encargado de que todo se llevara a cabo a finalidad como el príncipe le había dado instrucciones y también el Ange Château, ya estaba terminado para que nos mudáramos cuando yo quisiera. Pero para ese tiempo mi prioridad era otra, hacer un festejo que no pasaría desapercibido; el cumpleaños de Randolph.
Era el 16 de Mayo, le preparamos una íntima reunión por su cumpleaños la cual no esperaba y le tomó por sorpresa, haciendo rodar una pequeña lágrima de su emoción. Loui le había comprado en París un hermoso reloj colgante de bolsillo, una hermosa pieza de plata con sus iniciales grabadas que Randolph creía indigno de recibir, él había sido lo más cercano a un padre para Loui y era hora, que tomara el lugar que merecía no solamente en el corazón del príncipe sino en la corte, Randolph dejó de ser un mayordomo para convertirse en Lord Randolph Lawrence Stevenson otorgándole el título de Barón de Branckfort e invistiéndolo como su consejero de más confianza, su íntimo amigo y su mano derecha en todos los asuntos del reino, una fecha memorable que Randolph tendría en su memoria hasta el final de sus días. Ahora que el heredero ya estaba felizmente casado y ya había visto por su pueblo solo faltaba una cosa más; la coronación, la cual también ya estaba siendo preparada y se llevaría a cabo el 28 de Mayo, ya que según los deseos del rey Leopoldo el príncipe Ludwig ahora si estaba listo para ser coronado. Dada la situación previo a la coronación, el príncipe junto con Randolph dispusieron una tarde completa para mostrarme algo con lo que tendría que familiarizarme; las joyas de la corona. El sólo mencionarlas me dio escalofrío, conocía algunas históricas de las casas reales de Europa, pero saber que ellas y yo seríamos protagonistas no me hacía mucha gracia. Llegamos a la iglesia del castillo y al entrar, Loui me condujo hasta el altar, detrás del retablo principal había la imagen de un sepulcro de bronce, las tumbas con las imágenes de los reyes durmientes juntos, el primer rey de Bórdovar y su esposa. Al ver que Loui la movía buscando abrirla, me dio escalofríos;
—¿Qué haces? —Pregunté asustada.
—Vamos a bajar —contestó tranquilamente.
—¡¿Qué?! —Insistí sorprendida y sintiendo la temperatura de mi cuerpo cambiar—. No, no, yo no bajo.
—Tranquila alteza —me dijo Randolph sujetándome de los hombros al notar que inconscientemente retrocedía.
—No, no, no, por favor Loui no me hagas eso, voy a tener pesadillas, es más siento que ya voy a vomitar.
—Amor mío tranquila, no te preocupes —dijo extendiéndome su mano—. Son sólo tumbas simbólicas, no voy a hacerte pasar nada grotesco, se trata de un pasadizo nada más.
Con el ceño fruncido lo pensé por un momento y me controlé, acepté la invitación;
—Ustedes dos comienzan a asustarme —les dije haciendo pucheros—. Son tan misteriosos como lo eran los masones, así no juego.
Ambos hombres se rieron;
—Hablo en serio, van a tener que hacerme un mapa con todos los pasadizos que hay en este lugar.
—Me encanta ver esa carita —me dijo Loui muy sonriente mientras acariciaba mi barbilla—. Prometo compensarte el susto.
“Quién fue el inventor de todo esto” —pensé cuando bajaba en piloto automático.
Bajamos con cuidado, la cámara acorazada del tesoro real se encontraba acondicionada en un sótano de la iglesia del castillo, por lo que al bajar muchos escalones parecía conducirme a alguna cripta y eso me daba temor. El acceso a ellas sólo podía ser a través del mismo príncipe o de Randolph, que eran los únicos que conocían la clave en dígitos para entrar al lugar;
—Como mi esposa y futura reina, también podrás acceder a ellas —me dijo Loui mientras se concentraba en abrir “la caja fuerte” —. Tendrás que aprender la clave para poder hacerlo.
—Pero no hoy. —Le dije frunciendo el ceño al ver que después de un número giraba a la derecha de otro y luego a la izquierda del otro y luego a otro, a otro, derecha, izquierda y ver sólo eso, me había mareado. Ambos hombres sonrieron.
Las joyas estaban muy bien custodiadas y conservadas, reposaban sobre cojines de terciopelo en cajas de cristal, parecía una exposición en un museo, había también unas cuantas pinturas de los reyes y reinas que las usaron, en realidad eran preciosas. Coronas de oro con piedras de colores, otras sólo de diamantes, otras con diamantes y zafiros, diamantes y esmeraldas, diamantes y rubíes, tiaras grandes y pequeñas, de diferentes modelos, collares ceremoniales, broches, camafeos, condecoraciones, juegos de pulseras, aretes y collares, era un completo resplandor ver todo aquello;
—Esta es la corona que se usa para investir al rey —me dijo mostrándome una caja de cristal—. Data del siglo XVI, la acompaña el cetro y el orbe, estas son las joyas oficiales en la coronación. Sustituyó a la corona original del siglo XIV más que todo por cuestión de moda, te la mostraré después.
Era preciosa, la corona de oro puro tallada con extraños relieves adornada con piedras preciosas azules y rojas de manera intercalada, al igual que con pequeñas perlas auténticas, se parecía un poco a la famosa corona inglesa de San Eduardo tenía una bomba interior de terciopelo color vino, en la parte superior la cubría cuatro arcos o diademas que se unían y sellaban a un pequeño orbe y a una cruz como terminación, al parecer al modelo de la cruz de Arturo y en la base de la corona tenía tallado en relieve la forma de un lazo, sin duda era una joya bellísima. Las diademas tenían otras piedras más pequeñas que según Loui eran: esmeraldas, amatistas, topacios y cuarzo amarillo. Igualmente decorados el cetro y el orbe de oro puro, también eran unas auténticas obras de arte;
—Es hermosa —le dije asombrada.
—Y ésta, es la corona de la reina —continuó—. Fue diseñada por mi propia tátara, tátara abuela Beatriz. ¿La recuerdas?
—Sí claro, es preciosa también.
Era parecida a la del rey, pero sin la bomba de tela y las diademas de la parte superior, igualmente dorada pero de ocho picos en los cuales había incrustados perlas en cada uno, en el aro había piedras preciosas de colores alternándose y con la famosa flor de lis tallada en el pico central, la cual era adornada con un diamante en forma de gota;
—Ella la cambió porque la antigua corona de las reinas legítimas era muy pesada, muy parecida a la del rey y la corona usada por las reinas consortes, parecía una diadema que debía de usarse en la frente y no en la cabeza, por lo que ella sabiéndose la heredera al trono, desde los dieciocho años diseño su propia corona para que todas las princesas, fueran legítimas o consortes pudieran ser coronadas con ella.
—Me encanta el estilo de tu tátara, tátara abuela —le dije levantando una ceja.
—Era muy liberal para su época, pero al menos no fue un dolor de cabeza para su marido. Ya te mostraré algunos retratos de ella.
—¿Tu madre usó esta misma corona?
—Sí, pero…
—¿Pero qué?
—No quiero que la uses.
—¿Por qué no?
—No soy supersticioso pero…
—¿Hay alguna maldición en relación a ella?
—No, no que yo tenga conocimiento.
—¿Entonces?
—Me dolería pasar por la experiencia de mi padre —dijo abrazándome—. No lo soportaría.
—Eso nada tiene que ver alteza, tranquilo —le dijo Randolph.
—Amor no tengas miedo —le dije alentándolo—. Existen muchas leyendas en cuanto a joyas reales, incluso a una famosa piedra azul que acababa con todos aquellos que la poseían pero, si tú no sabes nada sobre alguna leyenda entorno a las joyas de la corona de Bórdovar…
—No quisiera tentar.
—No te preocupes, no me gustaría romper la tradición, además la corona es bellísima y a juego con la tuya, no tengas miedo.
Suspiró sin saber qué decir;
—Tengo unos días para pensarlo —dijo besando mi frente.
—Al menos la corona de mi boda no le perteneció a nadie, puedes estar tranquilo.
—Así lo quise, ambas coronas fueron sólo para ti. Aunque ella diseñara también la tiara Houffnover para su boda, la tiara Waldemberg y la tiara Bórdovar para ser lucidas en bodas por princesas legítimas o consortes, no quise que las usaras tú, quise darte algo exclusivo sólo para ti.
—Gracias. —Lo miré con devoción. Nos besamos tiernamente.
—¿Quieres verlas?
—No, mejor otro día. ¿Podemos irnos ya? —dije sin poder disimular mi desesperación, el encierro me molestaba.
Necesitaba uno de mis abanicos que obviamente no tenía, necesitaba sentir aire fresco, si tan solo me hubieran advertido en donde estaban las joyas de la corona, con la ayuda de un abanico hubiera soportado un poco más la estadía, pero ese lugar me parecía realmente asfixiante;
—¿No te gustó lo que viste? —Preguntó sonriendo.
—No me gusta este lugar, parece una tumba y huele raro, me da sensaciones extrañas, no bajaría aquí sola ni por todo el tesoro de los templarios, tendrás que buscar otra cámara para todo esto, a pesar que se conservan bien no me gusta.
Comenzaba a sentir dolor de cabeza, el aire ya no era suficiente;
—Amor mío, pero todavía no has visto nada. ¿Te sientes mal?
—Creo que sí, siento que no puedo respirar y me está doliendo un poco la cabeza, prometo hacer todo después. ¿Nos vamos?
—Está bien. —Besó la punta de mi nariz—. Vámonos ya, luego decidiré donde meter todas estas baratijas.
—Oh sí claro… —le dije mientras salíamos y él cerraba de nuevo la bóveda—. ¿Para qué te vas tomar la molestia? “Tus baratijas” no deben de valer mucho, no sé como tu familia pudo gastar su dinero así. Estás perdido amor, nadie te daría un cinco por ellas.
—Para sentirte mal aún tienes sentido del humor, ¿eh? —dijo abrazándome muy sonriente y ayudándome a subir.
Los tres nos reímos al salir, subir los escalones me daba mucho alivio y más, cuando salimos de la iglesia y pude respirar aire puro.
Jean Phillip y todo su equipo, había regresado en esos días nuevamente para encargarse de todo y de los diseños que todos usaríamos ese día, era un momento muy especial y el atuendo del rey y de la reina, tendrían que llenar todas las expectativas dignas de la realeza. Tres días antes de la coronación Jonathan y Regina habían llegado para compartir ese día con nosotros, pero sólo habían coincidido en la llegada, Regina había llegado desde Canadá de visitar unos amigos y Jonathan había llegado desde Escocia, en donde había pasado unas merecidas vacaciones en unas propiedades de su familia, por lo que ya habíamos tenido un buen tiempo para compartir las nuevas experiencias vividas. Un día antes de la coronación por la mañana, Loui entró en la melancolía y me llevó a un lugar al que no visitaba él desde hacía mucho tiempo, por fin conocí el “Boîte de Rêves” o “Caja de los sueños” el palacete barroco de su madre, el mismo lugar que había visto en mis sueños y el que se podía divisar desde el Ange Chateau, ese palacete era el lugar preferido por ella para escaparse de las presiones de su deber real y su curioso nombre, se lo dio ella misma ya que su arquitectura exterior parecía tener la forma de un cofre. La reina Leonor amó tanto ese hermoso lugar, que era allí donde reposaban sus restos y los del rey Leopoldo en una isla privada en medio de una laguna, en donde se podía divisar el mausoleo. Después de recorrer el hermoso palacete que ahora Loui me había obsequiado también, quiso que lo acompañara a las tumbas de sus padres por lo que corté casi todas las flores del jardín para llevárselas a ellos, me llevó en una pequeña lancha y juntos limpiamos las tumbas, las decoramos con las flores e hizo la promesa de no volver a olvidarlos y de visitarlos más a menudo, ahora tenía nuevas fuerzas ya que no lo haría solo;
—No sabes cómo te extraño madre —dijo frente a su tumba sin ocultar su tristeza—. Daría lo que fuera porque estuvieras conmigo en este momento.
La melancolía lo abarcó por completo y dejándose caer de rodillas al suelo comenzó a llorar como un niño, sentí tanta ternura al verlo así que lo abracé con fuerza hasta que se calmara en mi regazo;
—Puedes entenderme y saber lo triste que fue para un niño estar frente al féretro de su madre —me dijo aferrándose a mi cintura—. Verla fría en un sueño profundo donde su belleza se marchitaría, ha sido un trauma que ha estado conmigo desde los siete años, nunca he podido olvidar esa imagen.
Al escuchar a Loui no pude evitar imaginar tal escena causándome escalofríos, ambos sabíamos el dolor que era esa experiencia. Mi mente comenzó a entonar el “Aire” de Bach mientras él seguía desahogándose del recuerdo que lo atormentaba;
—Ya es tiempo que lo hable, ahora puedo hacerlo —continuó—. Cuando la vi enferma en su cama me preocupé mucho, ella era muy sana, casi no se enfermaba al extremo de caer en cama, pero desde ese momento ya no pudimos volver a hablar, sus fuerzas la dejaron muy rápido, recuerdo que salté a su lado buscando sus brazos y ella apenas y pudo moverse para acariciar mi cara, verme por un momento y yo ser testigo de sus lágrimas. “Mi Loui, mi niño, mi príncipe, te amo” fue lo único que pudo decir con la poca fuerza de sus labios, poco después ya no pudo volver a hablar y menos a abrir sus ojos…
Apretó mi cintura y un leve dolor me asaltó, enterró su cabeza en mi estómago y lloró con fuerza por un momento. Lo abracé y acaricié con ternura, recordé lo mío y mis lágrimas aparecieron también;
—Lo peor para mí fue cuando la trajimos aquí —dijo cuando se calmó—. El cortejo fúnebre que nos acompañó no tenía fin, ella era una mujer muy querida por todos y ese día, tanto los nobles como el pueblo fueron uno solo para estar con nosotros y mostrarnos su apoyo. Mi padre caminaba perdido en su mente detrás del carruaje que la llevaba, mientras Randolph me llevaba de la mano y caminábamos detrás de él, su féretro era una hermosa cápsula color vino la cual no se veía por la bandera y el centenar de flores que la cubrían. Tanto para mi padre como para mí, el peor momento fue cuando la tuvimos que depositar aquí, supongo que ella misma pidió reposar en este lugar que amaba tanto, yo tengo vagos recuerdos de las veces que nos escapábamos de Bórdovar para refugiarnos aquí, fueron muchas las navidades que pasamos aquí las cuales después dejaron de tener sentido para mí. Las veces que mi madre venía siempre me traía con ella, jamás me dejó solo, le gustaba esconderse entre las flores del jardín para que yo la encontrara y después de su muerte, deseaba que estuviera escondida en algún lugar del castillo para yo buscarla y poder encontrarla, deseaba con todo mi corazón que me estrechara en sus brazos de nuevo y sentir que estaba conmigo…
Loui estaba desconsolado y no pudo terminar de hablar al haber recordado lo que le había costado olvidar, quiso desahogarse conmigo y yo no pude evitar llorar para acompañarlo en su dolor, mi corazón se sentía mal y sólo me imaginaba ese niño triste y solitario creciendo sin el cariño de su madre y con la indiferencia de su padre, al menos yo tuve a mi abuela pero él prácticamente estaba solo. Al estrecharlo entre mis brazos deseaba que sintiera por un momento que la ternura de su madre seguía siempre con él;
—Cuando regresé para quedarme —dijo ya un poco más calmado—, mi padre ya tenía unos cuantos meses de estar en cama por la tristeza y la depresión, yo había cambiado mucho y la verdad me dio igual verlo así, todo afecto que sentía por él había desaparecido, cuando más lo necesité él se alejó de mí encerrándose en su egoísmo, a pesar de su estado él pudo darse cuenta en la persona en la que me había convertido y a pesar de darme la buena noticia de permitirme casarme con quien yo quisiera, él sabía que aún así no lo perdonaría. Un día me pidió tocar para él en el piano de su habitación la pieza de Beethoven que mi madre me había enseñado y yo me negué rotundamente diciéndole que la había olvidado, era algo que él no podía creer y entonces supo que había hecho mal las cosas con respecto a mí, pude complacer su deseo pero no lo hice y no me arrepentí. Tuvo la idea de hacer una pequeña recepción de bienvenida para mí invitando a todos los nobles, sé que deseaba quedar bien conmigo y tratar de compensar el tiempo perdido, pero su verdadera intención era que en esa fiesta yo pudiera encontrar a alguien y enamorarme, así que me negué a asistir y ser partícipe de un evento en el cual las mujeres serían las únicas beneficiadas disfrutando y tratando de conquistar a un soltero codiciado, algo que a mí no me interesaba en lo más mínimo. Sé que mi padre se decepcionó mucho y creo que no tanto de mí, sino de él mismo y su aflicción lo llevó a decretar esa ley creyendo que al morir él yo no sería un buen monarca hasta que volviera a ser el mismo de antes, se sentía culpable por todo y en su último aliento me pidió perdón y yo no quise hacerlo, mi corazón estaba demasiado duro y en ese momento aproveché para reclamarle todo lo que me había hecho, le dije demasiadas cosas liberándome para ya no sentirme tan reprimido, no sé que tanto habrá escuchado y no supe el momento en el que ya estaba hablado solo, mi padre había muerto escuchando los reclamos de su hijo, los que le hicieron rodar sus últimas lágrimas.
Diciendo esto Loui se descontroló de nuevo y lloró amargamente, lo abracé fuertemente y él correspondió de la misma manera aferrándose a mi pecho, lo que me había dicho conmovió tanto mi corazón que mis lágrimas comenzaron a brotar de nuevo acompañándolo en su dolor;
—No lo perdoné Constanza —decía con remordimientos—. Siento que yo contribuí a que muriera más rápidamente en vez de haberlo ayudado a recuperarse, hubiéramos tratado de recuperar el tiempo perdido, sé que él deseaba eso pero yo no lo permití, él me pidió perdón y yo no quise hacerlo y este sentimiento de culpa va a perseguirme por el resto de mi vida.
—Amor ya no hables así —le dije enterrando mi cara en lo alto de su cabeza—. Ya no quiero verte así, sé que tu padre actuó mal con respecto a ti pero en su dolor no encontró otra manera de protegerte y lo hizo a su manera, creyendo que hacía las cosas bien y para tu propio beneficio, lo bueno fue que al final recapacitó y te liberó de un yugo que tal vez no hubieras podido soportar el resto de tu vida, estoy segura que aunque tu padre pudo haber escuchado todo lo que le dijiste supo que él había sido el responsable de todo tu sentir y aunque no escuchó tu perdón estoy segura que él te perdonó, a pesar de todo, eras su único hijo, su orgullo y la persona más importante para él, ya que tú eras el regalo que su amada reina le dio y eso nada lo podía cambiar, estoy más que segura que en su último aliento, su último pensamiento fuiste tú y tu madre.
Por un momento me quedé callada, cuando mi padre me buscó me pidió perdón a su manera y no le creí, lo ignoré, no podía perdonarle lo que le hizo a mi madre, por su culpa murió, su golpiza tuvo consecuencias, no sé qué pensamientos tuvo en su último momento, no sé si le pidió perdón a ella, esas son cosas que nunca las sabré y que tampoco me dejarán vivir en paz;
—Sí, tal vez tengas razón en todo —dijo secándose las lágrimas.
—¿Randolph sabe de esto?
—Sí, Randolph estaba con nosotros en ese momento y presenció todo, fue él el que me notificó que mi padre ya había muerto.
—Es muy doloroso, lo sé, pero creo que no soy la indicada para aconsejarte.
Me miró desconcertado ante mi contradicción;
—Yo no creí en mi padre cuando me buscó y tampoco lo perdoné, no sé cómo murió, ni tampoco sé si le pidió perdón a mi madre y a mi abuelo, él fue el culpable de la muerte de ambos.
—Amor mío, perdóname —dijo sosteniendo mi cara—. No era mi intención hacer una comparación y menos hacerte recordar tu sufrimiento.
—No te preocupes —le dije acariciando su cara.
—Lo siento.
—Creo que aunque ya es tarde para hacerlo —continué—, será mejor que hables aquí con él para que te sientas más liberado, dile todo lo que tu corazón siente ahora, eso te hará sentir un poco mejor. Te dejaré solo para que lo hagas a tu manera y puedas tomarte todo el tiempo que necesites.
—Amor mío te amo —dijo sujetando mi rostro y cerrando los ojos tocó mi frente con la suya—. Eres un gran tesoro para mí, no sé que habría sido de mi vida sino te hubiera conocido, gracias por ser así, gracias por comprenderme y por estar aquí conmigo.
—Lo mismo digo. —Intenté sonreír.
Le di un tierno beso en sus labios y salí del mausoleo para dejar que se desahogara libremente, Loui era ahora un hombre sensible y tierno que había aprendido a dejar a un lado su orgullo, el hielo que lo cubría había desaparecido completamente y su corazón era de carne latiendo con amor y calidez desde que llegué a su vida. Había pasado mucho tiempo, pero ahora había encontrado el momento para desahogarse y decirme su sentir. Me senté en una banca de frío cemento, en la compañía de un ángel de piedra que parecía orar y rogar, por el sufrimiento de los vivos. Me propuse no llorar, pero me fue imposible, mis lágrimas comenzaron a caer y al pensar de nuevo en mi experiencia, si él hubiera sido el hombre que mi madre creía mi infancia hubiera sido diferente y podría haber tenido una familia de verdad;
—Te perdono —dije en voz alta—. Si me hablaste sinceramente y lo pediste de corazón te perdono, si te arrepentiste en tu último momento, ruego porque Dios se apiade de tu alma. Espero descanses en paz.
Suspiré, intenté sentir alivio. Me prometí a mí misma no volver a pensar en el asunto. Siempre hay un momento justo para cada cosa y para cada situación, todo tiene su tiempo.
Cuando Loui salió del mausoleo tenía un semblante más tranquilo, me abrazó tiernamente y regresamos al palacete, cuando llegamos al otro extremo observé como por un momento él miró de nuevo el mausoleo a lo lejos, tratando de despedirse a su manera, ya que sería la última vez que lo haría como príncipe. Mirándolo así, pensé en darle una buena noticia en ese momento, no estaba segura pero quería que guardara de ese día, un momento más agradable. Nuestro amor ya había dado frutos;
—No quiero que tengas un triste recuerdo de este día —le dije abrazándolo.
—No me siento triste porque ya no estoy solo —dijo besando me frente, suspirando y estrechándome con fuerza—. Te tengo a ti y llenas mi vida, tú eres mi motivo y mi razón de ser para vivir cada día intensamente, es sólo que… me hubiera gustado ver a mis padres compartiendo todos estos momentos con nosotros, tanto nuestra boda como la coronación de mañana.
Yo también pensé lo mismo con mi madre y mi abuela y aún más, estarían muy felices sabiendo el cambio que se producía en mí;
—Estoy segura que si estuvieran aquí estarían muy orgullosos de ti —le dije sintiendo la calidez de su pecho—. Eres un gran hombre.
—Tú me has transformado, si no hubieras llegado a mi vida nada de lo que se puede ver ahora existiría. A pesar de tenerlo todo materialmente era un hombre vacío, pero después de conocerte llenaste mi vida por completo y todo cambió para mí, tú eres mi luz, mi ángel, mi sol, mi vida, mi música, sencillamente eres todo para mí y el motivo de que mi existencia tenga razón de ser, para vivir cada día.
—¿Y si también tuvieras otro motivo para seguir luchando y ser más feliz?
—¿A qué te refieres? —Preguntó sonriendo—. Si pudiera vivir más feliz de lo que me haces, entonces creo que explotaría del gozo y moriría de felicidad por causa tuya.
—Loui no digas eso, ni siquiera en broma y no ahora.
—Tranquila, está bien —dijo besando mi frente—. A ver dime entonces, ¿Qué podría hacerme más feliz que tenerte a mi lado siempre, compartiendo mis días y mis noches, mis sueños y fantasías y saberte mía hasta que Dios decida lo contrario?
—¿No lo imaginas? —Le pregunté sonriendo—. ¿Adivina?
—Constanza, no me digas que… —contestó mirándome sorprendido.
—Creo que sí, creo que estoy embarazada.
Nunca imaginé la alegría con la que Loui tomaría la noticia, me abrazó con tanta emoción levantándome del suelo y girándome, que no supe que tantas vueltas me dio hasta marearme por completo;
—Tranquilo Loui —dije llevándome las manos a la boca—. Tu emoción acaba de darme náuseas.
—Es que no puedo creerlo. —Notaba que casi lloraba—. ¿Estás segura? ¿Pero cómo? ¿No entiendo?
—Si tú no sabes… —sonreí pícaramente y encogiendo los hombros.
Me miró muy ruborizado, su sonrisa me iluminaba;
—Tranquilo. —Volví a decirle—. Yo tampoco lo sé y no estoy al cien por ciento segura, pero desde hace unos días atrás me he sentido diferente, pesadez en el cuerpo, un leve malestar en la parte baja de mi vientre, dolores de cabeza, náuseas, cansancio y también tengo un retraso en mi período, es por eso que creo que se trata de un embarazo, siento mi cuerpo muy diferente.
—Es posible —dijo emocionado—. Presentas todos los síntomas comunes, pero será necesario que el médico te examine y te haga la prueba correspondiente.
—Tenía miedo de decírtelo —dije abrazándolo de nuevo—. Después de lo que me habías dicho en la cabaña, no sabía cómo lo ibas a tomar, creí que te hubieras molestado.
—Amor mío no me digas eso. —Sujetó mi cara besándome—. Un hijo nuestro, es lo más maravilloso que nos puede pasar para que ahora todo sea perfecto. Ya las cosas son diferentes y ya no hay peligro, realmente me has hecho el hombre más feliz y dichoso de todo el planeta, vas a darme un heredero y ahora siento que te amo mucho más por eso.
Diciendo esto nos besamos de nuevo, me levantó en sus brazos y regresamos a Bórdovar. Loui estaba muy feliz con la noticia y yo esperaba que no fueran falsas ilusiones, ya que ahora que lo veía muy contento tenía miedo de haberme equivocado. Creía que me había precipitado al decírselo sin estar completamente segura y los nervios, me invadieron por un momento. No sé si era la tensión que sentía o de verdad eran los mismos malestares, pero antes de llegar al castillo comencé a sentirme mal; los mareos se estaban intensificando y la temperatura de mi cuerpo comenzó a cambiar, sentía frío y calor al mismo tiempo y al llegar al castillo, en cuanto Loui me ayudaba a bajar, ya no pude más;
—¿Amor mío te sientes bien? —Fue lo único que escuché.
—Loui, me siento mal —le dije sujetando mi cabeza—. Creo que…
Ya no supe más y perdí el conocimiento, me desmayé en los brazos de Loui quién me sujetó a tiempo para no caer del carruaje. Me llevó de inmediato a la habitación y ordenó por el doctor Khrauss para que viniera a verme, no sé cuánto tiempo estuve inconsciente pero el peculiar olor del alcohol me despertó con un fuerte dolor de cabeza;
—Amor mío ya despertaste —dijo preocupado mientras besaba mi mano—. Me asustaste.
—¿Qué pasó?
—Te desmayaste y gracias a Dios que fue aquí en el castillo, Jonathan ya te atendió pero el doctor no tardará en llegar para revisarte.
—Me siento extraña, débil.
—Si es por tu estado es normal, los primeros meses serán los más difíciles ya que tu cuerpo comienza a adaptarse a los cambios.
—Por ahora es mejor que reposéis y estéis tranquila —dijo Jonathan—. Tenéis la presión un poco baja.
—Ya está aquí el médico —dijo Regina.
—Buenas tardes altezas. —Saludó el doctor Khrauss reverenciándonos acompañado por Randolph—. ¿Qué le sucedió a la princesa?
—Regresábamos de dar un paseo cuando se desmayó —contestó Loui—. Sospechamos que podría ser un embarazo.
—Oh enhorabuena, ya saldremos de las dudas.
—¿Es verdad? —Preguntó Randolph emocionado—. ¿De verdad la princesa está esperando ya?
—Eso creo —le dije.
—Esperemos las pruebas —dijo Loui—. Pero es lo más probable, ya que tiene todos los síntomas.
El doctor procedió a revisarme, en efecto tenía la presión un poco baja que era el cambio de la temperatura que había sentido, el pulso estaba un poco lento pero por lo demás estaba bien hasta que presionó un poco mi vientre, el dolor fue intenso, aún más que el que sentí en el mausoleo cuando Loui enterró su cabeza en mi estómago, era algo que nunca había sentido. Trajo consigo tres pruebas de embarazo diferentes y le pidió a Gertrudis que me acompañara al baño para realizarlas, luego regresé a la cama y en unos cuantos minutos sabríamos los resultados;
—¿No cree que es muy pronto doctor? —Preguntó Loui mientras me abrazaba—. Reconozco que algunas veces yo no tomaba las precauciones.
—La princesa es una mujer fuerte y está en una edad en la que es muy fértil. Recuerde que el anticonceptivo que se le inyectó para su boda civil, sólo la protegería por tres meses y ya ha pasado cinco, en menos de un mes es probable que su cuerpo se haya desintoxicado rápidamente y que durante su viaje de bodas hayan concebido al bebé, ya que por lo que pude sentir al revisarla creo que la princesa tendrá unas seis u ocho semanas de gestación.
—¡Dios! es increíble —dijo Loui emocionado y besando mi frente—. Pues ahora sólo tendremos que recordar cómo pasó y averiguar en dónde lo hicimos. —Me mira con semblante picaresco y se atreve a preguntar—: ¿En qué país estábamos hace seis semanas?
—¡Loui! —Exclamé ruborizada—. No preguntes eso.
—Mi bella esposa sigue siendo muy tímida —dijo muy sonriente y besando mi mano—. ¿Significa que para tu cumpleaños ya lo estabas y ni siquiera lo sospechabas?
—Puede ser, es verdad —contesté—. Nunca me lo hubiera imaginado.
—¡París! —Exclamamos todos casi al mismo tiempo, lo que nos provocó un ataque de risa.
—Definitivamente los niños vienen de París —dijo muy sonriente el doctor Khrauss haciendo que no paráramos de reír.
El tiempo ya había pasado y el doctor procedió a revisar las pruebas, todos estaban a la expectativa. Loui me abrazó más fuerte, al mismo tiempo que sujetaba mi mano y los nervios a mí me estaban impacientando, de verdad que sentía mucho miedo;
—Bueno —dijo el doctor con un suspiro—, las tres pruebas han coincidido y son positivas, felicidades, la princesa está esperando un heredero.
Capítulo XVII
La Coronación
Loui no cabía en su felicidad, me abrazó, me besó y sentía que deseaba devorarme de la emoción, saltó de la cama para abrazar al doctor el cual también nos felicitó a ambos y Randolph con Gertrudis no pudieron contener la emoción tampoco, ambos lloraron al tener ya la certeza de la noticia. Regina y Jonathan también nos felicitaron muy emocionados y Randolph, pidió su permiso para abrazarme y felicitarme al igual que lo hacía con Loui, Gertrudis también solicitó abrazarme, sus lágrimas caían de alegría y Randolph terminó consolándola en sus brazos porque estaba demasiado sensible;
—Amor mío, ahora entiendo —dijo abrazándome de nuevo y besando mi frente—. A eso se debía tu malestar el día que fuimos a la cámara del tesoro, fue un milagro que no te desmayaras allí.
—Amor no me recuerdes ese día, esa noche siempre tuve pesadillas.
Sonrió y besó mis labios;
—No puedo expresar la felicidad que siento. —Nos dijo Randolph suspirando—. No creí que Dios me daría vida para ver la descendencia de su alteza, el trono de Bórdovar está asegurado ahora. —Hizo una pausa y luego mirando a Loui continuó—: Alteza, sus padres estarían muy orgullosos de usted.
—Gracias Randolph —le Loui levantándose de mi lado y abrazándolo—. Eres la segunda persona que me dice eso hoy y me siento muy feliz, por compartir con ustedes esta maravillosa noticia. Como hombre, como esposo y como príncipe me siento satisfecho, los intereses del estado y la continuidad de la dinastía Waldemberg realmente están asegurados.
—De ahora en adelante los cuidados para la princesa serán muchos —dijo el doctor.
—Por supuesto —dijo Loui sentándose a mi lado de nuevo y besando mi mano—. Ahora más que nunca estará muy consentida.
—Debe de alimentarse muy bien —continuó el doctor—. Recuerde que comerá por dos y su alimentación debe ser muy balanceada, muchas frutas, vegetales, proteínas, lácteos, carbohidratos y grasas moderadas, mucha agua, suplementos vitamínicos y nutricionales, ácido fólico y ejercicio al aire libre para que el futuro heredero nazca hermoso, sano y fuerte. Le hará mucho bien caminar, no es necesario que esté tanto tiempo en cama y encerrada, si gustan puedo recomendarles a un buen ginecólogo amigo mío para que pueda llevar el control adecuado.
—No —dijo Loui—, usted ha sido mi médico y mi amigo desde hace muchos años y es un excelente profesional, es mi deseo que usted lleve el control de la princesa, como también es mi deseo que usted la atienda cuando llegue el momento de dar a luz.
—Su alteza, me halaga —dijo muy sorprendido y entusiasmado—. Muchas gracias por la confianza, pero ¿Qué opina la futura madre?
—Que su alteza tiene toda la razón —contesté—. ¿Quién mejor que usted para atenderme ese día? Nadie, yo también deseo llevar el control con usted, quiero que el bebé nazca en el castillo y no en el hospital, quiero que ese día el príncipe esté todo el tiempo a mi lado y presencie el nacimiento de su hijo.
—Por supuesto que sí amor mío, todos tus deseos serán órdenes y mañana será un día de doble fiesta, ya no se trata sólo de la coronación, sino también de la llegada de mi futuro heredero.
—Agradezco la confianza de sus altezas —dijo el doctor antes de marcharse—. Y de nuevo permítanme felicitarlos, la noticia será de gran regocijo para todos sus súbditos.
—No vaya a faltar mañana —dijo Loui—. Lo esperamos.
—No faltaré su alteza —dijo haciendo las reverencias—. Buenas tardes y hasta mañana.
—También deseo que para ese tiempo Jonathan y Regina estén aquí —dije—. Me gustaría mucho que ambos compartan ese momento con nosotros.
—Claro que sí, con mucho gusto —dijo Regina—. Yo prometo que estaré aquí es más, vendré un mes antes del alumbramiento.
—Yo también os lo prometo —dijo Jonathan—. Será un honor para mí poder serviros en ese momento.
En ese momento, una de las mucamas nos avisó que Jean Phillip deseaba vernos a todos en su taller para la última prueba de la ropa, yo no me sentí con las fuerzas para levantarme todavía así que les pedí a todos que fueran sin compromiso y que me disculparan con él. Loui les pidió que no dijeran nada de mi estado, ya que deseaba dar esa sorpresa en la recepción de la coronación, él no quería dejarme sola ni un momento, pero le pedí que fuera a probarse su atuendo, ya que él era el anfitrión y tenía que verse hermoso en ese momento tan importante y trascendental. Cuando todos salían de la habitación, le pedí a Gertrudis un batido de chocolate, lo cual fue un pretexto también para poder hablar con Randolph un momento, necesitaba decirle lo que pasó en el palacete con respecto a lo que Loui me había dicho de su padre, ya que él fue testigo de ese momento;
—Nunca hablamos de eso —dijo Randolph—. El príncipe no lo permitía, pero me siento mejor que se haya podido desahogar, sé que usted ha sido de mucha ayuda al respecto.
—Yo también me siento mejor que lo haya hecho, nunca lo había visto tan emotivo como hoy, ahora más que nunca sé que es un hombre sensible, pero me duele que piense que el rey murió escuchando todo lo que le decía. Se siente culpable de su muerte y yo me siento incapaz de ayudarlo a sentirse mejor en ese aspecto.
—No se sienta mal —continuó—. Lo que usted le dijo es la verdad, yo también estoy seguro que el rey lo perdono, es más creo que como padre no tenía nada que perdonarle, el rey sabía que todo había sido culpa suya. Yo no estoy seguro qué tanto el rey lo habrá escuchado, pero de lo que si estoy seguro es de haberle escuchado susurrar algo a él.
—¿Y qué dijo?
—“Te amo hijo mío”
—Randolph eso es maravilloso, Loui tiene que saberlo.
—Yo me acerqué un poco más al escucharlo hablar y en su último aliento dijo: “Leonor”
—Randolph eso es muy romántico —dije suspirando—. Definitivamente Loui tiene que saber esto.
—Estoy seguro que él ya no querrá volver a hablar del asunto, yo no me atrevo a comentarle nada.
—No se preocupe yo lo haré, él tiene que saber esto, sé que le dará más alivio y estará más tranquilo.
En ese momento regresó Gertrudis con mi antojo y se quedó conmigo, Randolph salió para reunirse con Loui y yo aproveché para descansar y dormir un rato. Me sentía muy satisfecha porque ahora “sí” estaba embarazada dentro de un matrimonio y eso hizo que las “tres monas” que me asistían aquella tarde de mis malestares se tragaran sus palabras, las comparé con monas para que sencillamente aprendieran a “no ver, no oir y no hablar” lo que no les interesaba;
—Ahora si me siento muy feliz —le dije a Gertrudis.
—Y no es para menos alteza.
—Todos lo que pensaron mal de mí o me señalaron levantando falsos en determinado momento, estarán avergonzados.
—El duque anhelaba avergonzarla.
—Y seguramente lo logró, los que pensaron que me había entregado a mi novio cada vez que salía a pasear con él o peor aún, los que todavía creyeron que estaba embarazada y luego me había ido con él…
—Alteza le suplico me perdone —dijo apenada haciendo una reverencia—. Sé que yo fui una de ellas y se lo dije aquella tarde.
—Gertrudis no se preocupe, al menos usted me lo dijo en mi cara, pero sé que hubieron cuchicheos debido a eso.
—¿Los escuchó? —Preguntó asustada—. Alteza mil perdones, si gusta se pueden tomar medidas contra la servidumbre que la ofendió.
—No, no, no se preocupe, ya no tiene caso y por favor, que el príncipe no conozca ese episodio. Si se entera, dudo mucho que yo pueda hacer algo.
—Como usted diga alteza —dijo reverenciándome—. Y en nombre del trío de insensatas le pido perdón.
—Espero que aprendan su lección y sean como los tres monos sabios; no vean, no escuchen y no hablen.
—Yo misma me encargaré de eso alteza, se lo prometo.
—Eso espero.
Me dispuse a descansar, ahora si me sentía feliz y tranquila, no sólo por lo que Randolph me había dicho, sino porque estaba gestando en mi vientre al futuro príncipe o princesa y asegurando la descendencia de Loui, el apellido Waldemberg y la casa real de Bórdovar lo que me hacía sentir realizada. Sentía que había cumplido con mi deber de mujer y le daba gracias a Dios por haberme dado ese privilegio.
Ya a la hora de dormir y después de darme un baño y de haber cenado, mientras estaba en el tocador miraba a Loui a través del espejo que parecía que se había quedado dormido mientras leía reclinado en el respaldar de la cama. No podía imaginar la tensión que sentía con respecto a la coronación, ya que ahora sí todo el peso de los deberes y responsabilidades recaerían sobre él y en cierta parte también sobre mí, que lo apoyaba en todo momento. Me levanté y me senté un rato a su lado, observé lo bello que se miraba dormido y comencé a acariciar su rostro y su cabello, quité con cuidado el libro de sus manos y lo puse en la mesa de noche a su lado. Besé su frente y me levanté para acostarme yo también, cuando en ese momento, su mano sujetó la mía asustándome;
—Me encanta cuando haces eso —dijo suavemente—. No te vayas de mi lado.
—Loui creí que estabas dormido —le dije sentándome de nuevo a su lado—. No quise despertarte.
—No estaba dormido —dijo sonriendo—. Sólo descansaba un poco.
—Quiero decirte algo que te ayudará a sentirte mejor.
—¿De verdad? Dime entonces.
—Me tomé la libertad de hablar con Randolph lo que sucedió en la mañana y me dijo algo muy importante.
—¿El qué?
—Él tampoco está muy seguro qué tanto te escuchó tu padre pero si pudo escucharle decir dos cosas en su último aliento.
—¿En serio? ¿Y qué dijo?
— “Te amo hijo mío” y después “Leonor”
Loui se sentó en la cama sorprendido y un tanto pensativo, al parecer no podía creer lo que le había dicho, pero un leve suspiro pareció darle un poco de paz, me abrazó intensamente y luego besó mi frente;
—Gracias por ser como eres —dijo reclinándose de nuevo—. Si no hubiera sido por ti creo que nunca lo hubiera sabido, conozco a Randolph y sé que jamás me lo hubiera dicho por temor a mi reacción.
—Ustedes dos se conocen muy bien —dije sonriendo—. Y me alegra mucho que así sea.
—No sé que hubiera sido de mi vida, si no hubiera tenido el cariño y el apoyo incondicional de Randolph. Sólo espero que tú y él tengan razón en cuanto a mi padre.
—¿Dudas? No creo que Randolph mintiera en algo tan delicado, sería incapaz.
—Yo lo sé amor mío —dijo suspirando y sujetando mi mano—. Sé que no lo haría y espero en Dios que mi padre no haya escuchado todo lo que le dije, espero que no.
Lo miré por un momento mientras cerraba sus ojos y reclinaba su cabeza en el respaldar de la cama, Loui ya no estaba mal por lo sucedido con su padre, era la tensión del siguiente día lo que lo tenía un poco nervioso;
—Estás cansado y tenso es mejor que duermas —le dije acariciándolo—. No pienses en mañana, sólo relájate y descansa.
—Sí, es cierto que me siento un poco tenso, pero en eso creo que tú me puedes ayudar —dijo sonriendo y mirándome de reojo.
—Ah sí, ¿Y cómo?
—Pues… regalándome esta noche —contestó mientras me sujetaba suavemente y me subía a la cama acostándome a su lado—. ¿Te das cuenta que será nuestra última noche como príncipes?
—Sí, ya lo había pensado. —Lo observé idiotizada mirándome en su cristalina mirada y acariciando su cara.
—Bueno, entonces creo que sería bueno despedirnos de ese título como se debe. ¿No crees? —Insistió mientras besaba mi cuello y sus manos me acariciaban—. Además, ¿Sabes que las relaciones deben de intensificarse más durante el embarazo?
—Algo había escuchado —contesté antes de perder los sentidos—. Pero creo que será un poco más difícil, espero que me sigas queriendo y deseando cuando me veas gorda y haya perdido mi figura.
—Amor mío no digas eso —dijo reaccionando y mirándome fijamente—. Para mí siempre estarás hermosa y divina y más ahora, que eres el estuche valioso y perfecto que lleva un regalo precioso, a nuestro hijo. Tus caderas serán más anchas y tus pechos también crecerán y el sentir tu piel más suave y tu cuerpo más firme, hace que te desee aún más, es por eso que ahora deseo hacerte el amor.
Loui tenía siempre las palabras justas, para hacer que sucumbiera a él sin reservas. Esa noche nos entregamos como si fuera la primera vez para nosotros y a la vez la última como príncipes, estábamos a unas cuantas horas de subir un peldaño más, ya no seríamos los príncipes de Bórdovar, la responsabilidad ahora sería mayor. Después de mucho tiempo el sol naciente estaba por salir y un nuevo amanecer se aproximaba, un hombre maravilloso estaba ya por sentarse en el trono, el cual volvería a ser ocupado por derecho y por sangre.
El día de la coronación había llegado y todo estaba finamente preparado, la catedral estaba lista para recibirnos y el pueblo entero festejaba. Nuestros atuendos eran hermosos y dignos para la ocasión, Loui se veía bellísimo e imponente con un traje azul marino con cintas rojas a los lados de la chaqueta y del pantalón y brocados dorados bordados en las hombreras y mangas, una banda dorada cruzaba su pecho que estaba lleno de condecoraciones y medallas, se veía guapísimo y más cuando se colocó sus guantes blancos, el traje y el color lo hacían ver muy gallardo y realzaba el tono de su piel y de sus ojos. Yo tampoco podía reconocerme, mi vestido era parecido al de mi boda eclesiástica sólo que con un volumen menor en su ancho y cuyo escote con forma de corazón, era uno solo junto con la banda de tul que formaban mis mangas y que cruzaba también mi espalda, era de color blanco marfil perlado y los guantes igualmente eran largos hasta mis codos, la banda celeste que cruzaba mi pecho también tenía muchas insignias y prendedores que eran joyas muy valiosas, al igual que las del pecho de Loui.
Cuando todos estábamos preparados, nos fuimos al pueblo en el carruaje real destinado para ese evento, el cual era negro con incrustaciones de oro y ventanas de cristal, rodeados de toda la guardia de seguridad. Randolph viajaba también en otro carruaje con ventanas de cristal muy bien resguardado, ya que él llevaba la corona, el cetro, el orbe y la capa o manto símbolo de la casa real de Bórdovar con los que Loui sería investido, al igual que la capa y la corona con la que él me investiría después a mí como su reina. Al parecer había dejado a un lado su temor y accedió a que usara la corona de la reina Beatriz. Un total de cuatro carruajes y más de veinte miembros de la guardia nos escoltaban adelante, a los lados y atrás del cortejo. Habíamos practicado y ensayado varias veces, pero sentía que los nervios me estaban traicionando y esperaba poder hacer todo bien. Cuando llegamos, el pueblo entero nos esperaba ansiosos y recorrieron las calles hasta la catedral junto con nosotros en señal de su apoyo y alegría. Al llegar a la catedral, la que estaba finamente decorada para la ocasión procedimos entonces a comenzar con el cortejo, una hermosa alfombra azul marino con bordes dorados adornaba los escalones principales, mientras la guardia que estaba alineada a los lados con estandartes, hacía el saludo correspondiente al arribo de los príncipes. Todos los invitados ya estaban presentes ubicados en sus lugares, mientras uno de los clérigos me llevó de la mano al palco destinado para mí, que estaba cerca del altar en donde podía seguir paso a paso los actos de la coronación de Loui, para después ir a él cuando me llamara. El interior de la catedral, estaba bellamente decorado con enormes candelabros de pedestal de bronce, que se intercalaban adornado el pasillo principal, haciendo que la alfombra azul realzara más, sobre ellos habían velas y cascadas de flores que caían a sus lados y al final del altar, estaban los tronos simbólicos en donde Loui sería coronado. Cuando entré, el “Minuet” de la música solemne de los “Fuegos Artificiales” de Haendel comenzó a sonar, haciendo que todos los presentes se pusieran de pie y me reverenciaran al pasar, cuando llegué a mi palco me quedé de pie porque el cortejo de la coronación comenzaría. Randolph fue el primero en entrar al sonido de la obertura alegro de la misma suite de Haendel, él era el que portaba en un hermoso almohadón de terciopelo las coronas, mi capa, el orbe y el cetro que como símbolos de la autoridad y de la suprema cabeza debían entrar primero, seguidamente el clérigo principal que oficiaría el acto iba detrás de él para que el futuro rey no olvidara que su destino estaba regido y ordenado por Dios y era a esa autoridad, que él como hombre se debía someter. Al llegar ambos al altar, donde Loui se inclinaría mostrando humildad y a los tronos representados, donde después él se sentaría en uno al ser coronado y prestar juramento, procedieron a esperar su aparición.
El príncipe entró imponente a la catedral al solemne sonido también barroco de la “Marcha del Príncipe de Dinamarca” de Clarke mostrando la enorme capa que lo cubría, a su paso todos los presentes incluyéndome a mí lo reverenciamos en señal de respeto. Al llegar al altar se inclinó y se hincó en un almohadón de seda, haciendo una oración en latín para darle gracias a Dios por haberle permitido llegar a ese momento, pidiendo doblegar su orgullo a su voluntad para humillarse bajo su poderosa mano y gobernar bajo su protección con sabiduría, justicia, valor y amor, procurando el bienestar de su pueblo y de sus súbditos a partir de ese momento y por el resto de su vida. Después de la oración, el clérigo ofició el acto con las palabras correspondientes tomando en sus manos el cetro, bendiciéndolo y entregándoselo a Loui en su mano derecha, haciendo lo mismo con el orbe y entregándoselo en su mano izquierda, después tomó la corona y bendiciéndola en latín la puso en su cabeza. Ya una vez investido y después de una corta oración por parte del clérigo bendiciendo al nuevo rey, Loui se levantó y caminó hacia el trono representado para sentarse de una vez allí y en ese momento, al verlo coronado rey y al escuchar el “Gloria” de la misa coronación de Mozart, sentí deseos de llorar al ver que ya todo estaba hecho y al ver que ya el deseo de todos se había realizado. Me sentí bien conmigo misma por haber ayudado a este hombre a su manera a llegar a su destino, no de la manera para la que fui llamada, sino de la manera en la que Dios lo dispuso. Cuando prestó su juramento como rey hizo mi llamado como su consorte, caminé hacia él de la misma manera en la que él lo hizo y me arrodillé también al llegar al altar, hice la misma oración de agradecimiento y juré servir al pueblo a su lado con la ayuda y el favor de Dios. Ahora como rey, él me envistió con la capa real después que el clérigo la bendijo y puso la corona en mi cabeza nombrándome reina de Bórdovar, después que la joya fuera bendecida también, luego me extendió su mano la cual tomé y juntos caminamos a los tronos en los cuales nos sentamos simbólicamente, yo a su derecha ya como rey y reina de Bórdovar.
Estando allí fue momento para escuchar a la orquesta y el coro que nos deleitaron con la “Oda a la alegría” de Beethoven como un regalo por parte de la fundación cultural a sus soberanos, algo que hizo que mis ojos se llenaran de lágrimas al sentir la grandeza de Dios en tan hermosa pieza, lo que me hizo recordar la victoria del hombre sobre las adversidades. Seguidamente, un representante del pueblo instruido en letras dio un pequeño discurso de bienvenida al nuevo rey y después, ante todos los presentes Loui también dio su primer discurso como soberano. Antes de salir de la catedral, ambos prestamos juramento para servir fielmente con amor, justicia y bienestar hacia nuestro pueblo, inclinándonos y besando la bandera y firmando un acta de compromiso el cual quedó sellada una vez terminados los actos. Al sonido del “Aleluya” de Haendel, el clérigo que coronó a Loui encabezó el cortejo de la salida, el rey y yo salimos caminando juntos, con mi mano izquierda tomada de su mano derecha y a nuestro paso, todos los presentes nos reverenciaron de nuevo. El salir juntos, fue un acto simbólico en señal de caminar siempre unidos, en el largo camino que ahora empezábamos a recorrer. Una vez fuera de la catedral, al igual que en la boda las campanas replicaban con júbilo, nos detuvimos un momento para saludar y todo el pueblo aclamaba a su rey y a su consorte, la guardia nos saludó levantando los sables una vez que bajábamos los escalones. Ese día, Loui lo proclamó fiesta nacional en donde todos celebrarían el acontecimiento a su manera, en el pueblo con fiesta y algarabía, mientras nosotros regresábamos al castillo en donde todo estaba preparado también para festejar la ocasión.
Todo el jardín del castillo estaba ya hermosamente decorado para el evento, la maravillosa música orquestal, el banquete y la recepción eran dignos de la realeza y no era para menos, ese día se celebraba el ascenso de Loui al trono, un suceso histórico y por tal motivo no se escatimó nada. Durante el brindis en la mesa principal y mientras Loui decía un discurso por motivo de su ascenso, no pudo ocultar la verdadera emoción que lo embargaba y anunció a todos oficialmente mi embarazo, lo cual fue motivo de alegría y regocijo. La noticia de la llegada del próximo heredero a la casa real de Bórdovar, cerraba y abría a la vez un nuevo capítulo en la historia del reino y las felicitaciones y los buenos deseos, tampoco se hicieron esperar. La fiesta duró hasta bien entrada la noche, por lo que yo solicité retirarme antes para descansar, me sentía agotada y sólo quería sentir la cama. Loui me acompaño a la habitación pero tuvo que regresar a la fiesta ya que él era el anfitrión, me disculpó con los invitados los cuales entendieron que mi cansancio era normal y que ahora necesitaba más cuidados, además los mareos estaban persistiendo y por momentos sentía que deseaba vomitar. Era extraño pero cuando no estaba segura del embarazo, no sentía muchos malestares y ahora que era oficial, parecía que el bebé deseaba recordarme a cada momento que estaba dentro de mí y que pensaba molestar todo el tiempo a su mamá. Jean Phillip me deseó un feliz embarazo, diciéndome que me mandaría toda su línea de diseños de maternidad para verme siempre bien y que volvería pronto, para encargarse personalmente de la decoración de la habitación del bebé. Sólo que aún el rey y yo no habíamos decidido si nos quedaríamos en el castillo de Bórdovar hasta su nacimiento o nos mudaríamos al Ange Château antes, por lo que habría que esperar.
Capítulo XVIII
La sorpresa del heredero
Primera Parte
Al día siguiente de la coronación todo había vuelto a la normalidad, Regina y Jonathan regresaban a sus países y a sus actividades, no sin antes prometer que volverían en siete meses cuando mi embarazo ya estuviera avanzado. En las siguientes semanas ya estaba deseando mis primeros antojos, para desayunar, sólo panqueques con mucha mantequilla acompañados con café con leche, para almorzar, tortillas españolas con papas, hierbas y ensalada verde, con jugo de naranja y para la cena, pan tostado, queso, jamón y jugo de uva ya que no podía tomar vino, merendando entre comidas con cereales, frutas y yogurt y esa fue mi dieta por los menos los siguientes dos meses hasta que los malestares matutinos fueron pasando.
El caluroso verano ya había llegado y junto con él, también el deseo de Loui por nadar juntos en el arroyo de la cascada no se hizo esperar, obviamente la fantasía de Loui era ir más allá de un simple baño, por lo que me sentí como el genio de la lámpara cumpliendo su deseo y haciendo su sueño realidad. Aprovechando que todavía no se me notaba el embarazo, un sábado al mediodía y aprovechando también que mis malestares me habían dejado en paz por un momento, nos escapamos en un pequeño carruaje abierto sólo los dos para disfrutar de nuestro paseo, unos cuantos miembros de la guardia nos acompañaron sólo para rodear a distancia el perímetro en donde estaríamos. Cuando llegamos, los recuerdos de la primera vez que estuve allí con él volvieron a mi mente al igual que la excitación que había sentido en su momento, recordar aquella tarde de invierno en donde prácticamente abusé de él me ruborizaba y más cuando miraba el pobre tronco que pagó las consecuencias, no pude evitar reírme sola, pero esta vez sería diferente sabía lo que él quería y desde cuando, yo también lo deseaba desde esa primera vez, así que estaba segura que nuestras fantasías se cumplirían. Disfrutamos nuestra estadía como dos personas normales, como una pareja enamorada que ansiaba divertirse y gozarse mutuamente. Como Loui me lo había dicho, mi cuerpo estaba cambiando; mis piernas eran más gruesas, mis caderas más anchas y mis pechos más grandes por lo que al verme así, no pudo sólo resistir la tentación de nadar conmigo sino que deseaba que fuera suya en el agua. Mientras me sostenía en sus brazos y nadábamos y jugábamos como dos adolescentes, los besos y las caricias obviamente nos llevaron a otro nivel que tampoco pude resistir, olvidé por un momento mi timidez y haciendo uso de mi seducción me dispuse a complacerlo a mi manera. Como pude, caminé por las orillas hasta llegar detrás de la cascada haciendo que me siguiera a distancia y mientras lo hacía, poco a poco me quitaba cada una de las prendas dejándolas en el agua como un rastro para atraerlo aún más. Para cuando llegué a nuestro escondite, ya no tenía nada que me cubría y me sumergí en el agua para esperarlo, cuando él llegó con mis prendas en la mano seguramente se asustó al no verme y entonces, sutilmente lo sorprendí por la espalda saliendo a la superficie. Estaba sólo a menos de un metro de distancia de él, apoyada con ambas manos en una roca, el agua había bajado y estaba en mis rodillas, quise mostrarle la desnudez de mi espalda y trasero para que viniera a mí, lo cual no dudó y había sido una agradable sorpresa para él;
—Aquí estoy. —Lo llamé sensualmente sin mirarlo.
No quise ver su cara pero pude imaginarla, pude sentir su mirada oscura y ardiente sobre mí la cual me estremecía y la cual sentía recorrer quemándome la piel, centímetro por centímetro y sólo esa sensación de su poder, casi me hace estallar en un orgasmo. Se acercó lentamente como sólo él lo sabía hacer, con una mano acarició mi espalda siguiendo el camino de mi columna vertebral hacia arriba hasta rodear mi cuello y con la otra, la recorrió de la misma manera pero hacia abajo, sintiendo su palma que se deleitaba en acariciar mis glúteos y todo lo demás. Al sentir mi piel libremente expuesta para él ya no pudo resistir más la excitación, el estar desnuda frente a él y al observar mi cuerpo mojado su instinto natural terminó de encenderse, el saber que yo estaba más que dispuesta a cumplir su fantasía lo llenó de ansias y de locura por el deseo. Apretó mi cadera y me atrajo hacia él, su erección estaba más que lista para saludarme;
—Siente cómo me tienes —susurró ardientemente en mi oído, ese toque de su mano sobre mi cuello ya lo había sentido, sólo que esta vez tenía la certeza de que no iba a estrangularme—. Siénteme, siente lo que provocas.
Su potente erección clavándose en mi trasero me había hecho gemir y sacudirme ante él;
—Me encanta —dije entre jadeos, a la vez que me saboreaba y disfrutaba de mi poder.
La mano que sujetaba mi cuello bajó a uno de mis pechos y lo apretó, gemí de nuevo, la palma que acariciaba mi trasero bajó mucho más hasta introducir uno de sus dedos dentro de mí, lo movía lentamente, temblaba ante eso;
—Eres mi sirena personal —susurró entre jadeos de nuevo con voz ronca, lamiendo el lóbulo de mi oreja—. Tu encanto me tiene completamente hechizado pero, ¿Sabes qué? Eres mucho mejor que una sirena, ellas no tienen piernas y tú sí y lo que tienes en medio de ellas, es mi deseo, es mi locura, mi delirio, mi droga, mi éxtasis, ábrelas, ábrelas para mí.
Sus palabras me habían idiotizado, introdujo otro dedo e inconscientemente separé mis piernas, quería más, su ritmo comenzó a enloquecerme y cuando besó mi cuello, sentí perder el control. Cerré mis ojos y recliné mi cabeza en su hombro;
—Oh, sí… —Estaba a punto de liberarme.
Sacó sus dedos y pude controlarme, sentí respirar de nuevo, mi cerebro se había paralizado y al detenerse él, volvió a funcionar, no así cuando sentí que liberó su erección y su miembro comenzó a rozar todo mi trasero, hasta llevarlo a mi sexo, deteniéndose en la entrada del mismo y torturándome en un agonía, que sólo me permitía disfrutar la punta de mi jugosa fruta, lo que hizo que la temperatura de mi cuerpo cambiara drásticamente, que mi respiración se acelerara, que mi piel se estremeciera y que los latidos de mi corazón fueran más fuertes;
—¿Te gusta? —Su ronca voz me estremeció de nuevo.
—Sí.
—¿Y?
—Por favor… —supliqué.
—¿Cómo?
—Como tú quieras —contesté con la poca dignidad y voluntad que me quedaba.
Tomó uno de mis pechos con una mano y lo apretó atrayéndome a él, al mismo tiempo que me penetró hasta el fondo. Temblaba como la gelatina, lo deseaba, lo necesitaba, mi espalda rozaba su pecho y el ritmo lento y torturante de su cadera embistiéndome de manera agónica me estaban haciendo colapsar. Entraba y salía, entraba y salía, me subía y me bajaba, lamía mi cuello, apretaba y acariciaba mi pezón y yo comencé a sucumbir y a desesperarme ante el delirio que me provocaba, quería más;
—Loui, más. —Supliqué de nuevo inclinándome hacia adelante para facilitarle las cosas—. Por favor, más, hazlo más fuerte, quiero más…
—Deliciosa, exquisita… —susurró en mi oído mientras me llenaba hasta el fondo, en su lenta tortura que no me saciaba.
—¡Dije que quiero más! —Exigí perdiendo la paciencia y liberándome de él, deseaba mi orgasmo de manera rápida, fuerte, con toda su potencia, duro y sin contemplaciones, quería que me embistiera al instante y sin pedir permiso.
Me sumergí en el agua ante su desconcierto y luego salí a flote, apoyándome en otra roca y mostrándome desafiante frente a él. Cuando reaccionó giró hacia mí y me miró, hizo lo mismo, me siguió y al encontrase conmigo, me estrechó con fuerza, me besó apasionadamente y amenazó con dejarme sin aliento. Mientras me sostenía en sus brazos, me hizo sentir su erección de nuevo, lentamente una de sus manos comenzó a recorrer todo mi cuerpo, acariciándolo y haciéndome perder los sentidos. Según él, estaba “deliciosa” y “exquisita” al sentir que la suavidad de mi piel y mi naturaleza, lo deseaban intensamente con la desesperación de que poseyera mi cuerpo en ese momento y estando dentro del agua a la altura de la cintura, con mucho cuidado me apoyó en una de las rocas lisas sosteniéndome en sus fuertes brazos, una de sus manos se deslizó por mi pierna levantándola a la altura de su cintura y sujetándola con fuerza buscó una posición cómoda;
—Me vuelves loco —dijo con voz ronca notando el deseo que lo consumía, sus inquietos dedos ya jugaban dentro de mí otra vez—. Me gusta, me encanta, me fascina que juegues así.
—A mí también me gustan tus juegos, aunque a veces me desesperes —le dije entre gemidos que sus dedos me arrancaban, estaba llegando a mi punto del delirio—. Sigue así, no te detengas, sí…
—¿Más? —Preguntó muy sonriente, mientras bajaba y buscaba con su boca uno de mis pechos y lo succionaba, a la vez que movía rápidamente sus dedos con una maestría que me estaba llevando al borde del abismo.
—Sí, así —contesté en un hilo de voz que no tengo idea de donde salió—. Más, así…
Necesitaba respirar, mi cuerpo comenzaba a sacudirse ante un arrollador orgasmo y antes de que llegara, sin perder más tiempo sacó sus dedos, muy ansioso me besó intentando devorarme, liberó por completo su erección y comenzó a hacerme el amor apasionadamente, con fuerza, con profundidad, con movimientos enloquecedores dando rienda suelta a nuestros instintos. La sensación de la penetración dentro del agua era indescriptiblemente placentera, mientras mis brazos abrazaban su exquisita espalda y mi boca besaba su deseable pecho, mis piernas lo envolvieron sujetándolo con fuerza de su pelvis y al sentir la intensidad y la fuerza en cada movimiento de su cadera, la locura y el deseo me envolvió por completo, teniendo que contener el impulso de clavar mis uñas en su piel y no hacerle daño. Los músculos de mi vientre se encontraban deliciosamente tensos, a la vez que mi cuerpo también estaba muy relajado debido a la excitación, no me cansaré de decirlo, Loui sabía cómo hacer el amor de una manera deliciosa y eso, lo convertía en un amante deseablemente perfecto. Las caricias de sus manos y sus besos en mi cuello y en mis pechos, me hacían desearlo con locura hasta perder los sentidos sin poder encontrarlos, me hacían insaciable al desearlo más y más y que ese momento no se terminara, el sentir que mi cuerpo le pertenecía por entero me llevaba al éxtasis, mi piel estaba muy sensible a él y hasta la última fibra explotó de pasión, con la misma fuerza con la que las olas se estrellan entre las rocas, con esa misma fuerza la potencia de un delicioso orgasmo me elevó a las alturas. Grité su nombre con fuerza, con gozo, con el aliento que me quedaba, haciendo que resonara el eco entre las rocas, me derretí en sus brazos, nuestros cuerpos se tensaron exquisitamente y yo no paraba de temblar después de esa memorable experiencia. No cabe duda que el hacer el amor dentro del agua, era una experiencia totalmente maravillosa que ambos habíamos disfrutamos al máximo, hasta llegar juntos al clímax como lo hacíamos también en la cama. Ese día, el deseo de Loui se había cumplido y yo, me sentía muy orgullosa por haberlo complacido y por haber hecho de sus sueños y fantasías una realidad, así como él cumplía las mías. Cuando nuestro deseo se vio más que complacido y nuestros cuerpos estaban ya más relajados, regresamos al castillo mucho más contentos de lo que habíamos llegado al arroyo, esperando que el paseo pudiera repetirse mientras mi cuerpo lo permitiera. Para ese mismo tiempo también y mientras la agenda lo permitía, periódicamente paseábamos por la playa en compañía de nuestros perros y en donde esta vez, era Loui el que hacía cumplir mis fantasías, las mismas que había deseado cumplir desde que paseábamos como amigos hacía un año en el mismo lugar. El vasto océano, la alfombra de arena, la brisa cálida y las gaviotas volando fueron testigos de nuestra pasión y de nuestra entrega en ese lugar. No había duda que tarde o temprano, algunos sueños se hacían realidad.
Rápidamente, ya habían pasado más dos meses desde la llegada del verano y olvidando un poco las experiencias de nuestra naturaleza erótica, la nostalgia de los recuerdos me invadió. Ya estábamos a principios del mes de Agosto y mientras una calurosa tarde miraba la lluvia caer por la ventana, agitando mi abanico para refrescarme, a la vez que jugaba con mi cabello entrelazando mis dedos él, pensaba en que si alguien me hubiera dicho que un año después de mi llegada a Bórdovar iba a estar casada con su príncipe y esperando un bebé, jamás lo hubiera creído, sólo el pensar en todo lo que Loui y yo habíamos hecho íntimamente desde entonces, hacía que me ruborizara y me estremeciera. Es increíble lo que el destino o los planes de Dios le deparan al ser humano y yo, me sentía muy bendecida y afortunada porque mi destino en este lugar había sido totalmente diferente a lo que me había imaginado y tanto Loui como yo, no nos cansábamos de darle gracias a Dios por habernos unido de la manera en la que lo hizo y de habernos hecho el uno para el otro, realmente éramos almas gemelas. El sentir por primera vez el movimiento del bebé en mi vientre en el cuarto mes fue maravilloso y fue el momento justo, ya que era de noche y Loui que estaba conmigo también, pudo sentirlo. Era curioso, pero el bebé se movía más al sonido de su voz cuando le hablaba a través de mi piel, la sensación de Loui al tocarme y al sentir al bebé moviéndose dentro de mí, era como una respuesta a su tacto y como si hubieran creado un lenguaje para comunicarse, eso lo emocionaba mucho y él sintió estar unido a su hijo desde ese momento.
A principios del quinto mes y comenzando el otoño en Septiembre, comencé a sentir unos malestares extraños y si eran los movimientos del bebé, estaban asustándome mucho porque eran muy fuertes y sentía una batalla dentro de mí. Se movía demasiado, como si el espacio donde estuviera fuera muy pequeño y estuviera incómodo, sentía que todos mis órganos iban a desprenderse y esos malestares que sentía, hicieron que me preocupara mucho por lo que Loui, mandó a llamar al médico para cerciorarse que todo estuviera bien.
Solícitamente, el doctor Khrauss llegó una tarde con un equipo completo para hacerme un chequeo general y saber que estaba pasándome;