Epílogo.
Han trascurrido dos meses desde esa noche de funestos resultados en la que vencí y fui derrotado. Aunque no recuerdo lo que ocurrió durante las horas posteriores, mis seguidores me explicaron que me pasé horas llorando y acunando los restos de Nubia.
Sé que ella se sacrificó por mí.
Al morir, Nubia encerró eternamente a Babakó en su mundo. Solamente ella tenía la llave con la que volver. Su inmolación fue necesaria. A un dios no se le mata pero al igual que Zeus condenó al exilio a los titanes que se le habían rebelado, mi amada desterró a ese ser eternamente. Qué razón tenía Mario al adorarla. Si no fuera porque mis labios la habían besado y mi cuerpo disfrutado de sus caricias, yo también la tendría en un altar.
¡Solo! ¡Estoy solo! Todo lo que alguna vez me ha importado ha desaparecido. Mi cabeza tiene precio. La sociedad me considera un asesino y no les falta razón: ¡Soy culpable de un centenar de muertes!
La tregua con Peláez terminó en el momento que me depositó en manos de los estudiosos de la Torah. Recuerdo ese momento. El inspector, dándome un abrazo, me susurró al oído:
―Manuel, soy policía.
No hizo falta más. Comprendía y aceptaba que me hubiese visto obligado a usar y abusar de la violencia para vencer a Babakó pero con ese gesto fraternal me expresó que si me volvía a ver, iba a tener que obviar nuestra amistad porque su deber le obligaba a encerrarme.
Mi grupo se había disuelto. Los Latín Kings habían elegido un nuevo rey y el paraguas de Altagracia había acogido a mis rastas. Particularmente fue duro el despedirme de Vero. La muchacha, llorando, me pidió acompañarme en mi exilio, aunque eso supusiera llevar una vida errante y peligrosa.
Todavía tengo secuelas de la operación de cirugía estética a la tuve que someterme para no ser detenido. Soy el enemigo público número uno, la INTERPOL y demás agencias me tienen entre sus objetivos prioritarios.
El rabino y su gente me han dado una nueva identidad, quieren usarme. Odian desperdiciar un arma que tan buen resultado les había dado.
Soy un muerto en vida. Sin familia, sin amigos y sin patria, solo me queda……….CAZAR.
Dedicaré mis años a localizar y destruir el mal. No en vano, soy Sasèr, el cazador.