Epílogo
El rey Tariq Al-Amad y Sarah Johnson estaban de pie a la entrada del palacio 'Ubdi Dayim bin Varapur de Dubai, contemplando su trabajo. Más de un año había llevado la construcción de la resplandeciente estructura de piedra. En su corazón residía el futuro de su nación.
Dentro del palacio, un ejército de criados, cocineros, limpiadoras y cualquier otro tipo de trabajador al que Lily Johnson pudiera dar órdenes preparaban todo lo necesario para el gran día. Cuando el sol volviera a salir, sería finalmente el día de la boda.
“¿Tu hermana te garantiza que está todo preparado?”
Sarah había imaginado que su jeque querría casarse en su trono en Varapur, pero él no lo había dispuesto así. Era lo más adecuado, lo sabía, y no habría podido ser de otra manera. Su vida juntos había nacido con esa visión y a ella le parecía perfecto que quedarán unidos para siempre en aquel lugar.
“Sí, mi jeque, tu corte real está preparada. La ceremonia está lista,” dijo Sarah. “Aunque probablemente habrá unos cuantos floristas por la mañana siguiendo las órdenes de Lils.”
“Es la que mejor lo hace. Por eso te permití que la dejaras hacerlo.”
Sarah entornó los ojos. “Por lo que he escuchado, todos los medios de comunicación están listos para retransmitir nuestra boda.”
La belleza de su palacio era el telón de fondo perfecto para la oración del Khutba-tun-Nikah, el sermón de matrimonio. El patio que miraba a la Meca estaba ya cubierto de claveles blancos y de flores ámbar de Varapur. No sólo era una de las estancias más grandes de usos múltiples del palacio, sino que estaba equipado con un aparato de primera necesidad, el aire acondicionado.
“Los azulejos de loza del gran salón de baile y los pilares de mármol se han pulido como espejos. Y ya han traído y preparado las mesas grandes para el banquete del Walima.” Eran de madera sudafricana brillante y rojiza y parecían fundirse con la exuberancia de los azules, púrpuras y rojos del salón real.
“¿Estás seguro de que quieres recibir a tu gente sin un trono, mi amor?”
“Uno acepta la cortesía de sus hermanos reales y construye un trono en su tierra. Mi trono está en allí, torbellino. Mi gente sabe quién los gobierna.”
“Me encanta cuando rebosas poder, mi rey.”
Tariq le mordió la oreja. Adoraba la forma en que su risa llenaba la noche.
“¿Y mi madre?”
“Ya sabes que sus habitaciones están listas desde hace semanas. La jequesa Samira está muy feliz. Aunque tu hermano aún se queja de que el sonido del cine no es lo bastante bueno.
“Eso es porque está sordo,” gruñó.
“Estoy segura de que Rassid no estaría conforme hasta que se escuchara en las treinta y dos habitaciones de palacio,” rio.
Se apoyó en él, dejando que el fresco aire del desierto soplara entorno a ellos. Las luces de palacio empezaron a encenderse por toda la estructura de color miel al ponerse el sol, ensombreciendo las molduras cubiertas de oro y la arcilla pulida. Las fuentes reborboteaban con el tranquilizador sonido del agua al volver a la vida.
“Mi padre todavía no sabe muy bien cómo ponerse la ropa,” rió Sarah.
“Soy el jeque. Ordeno y mando,” bramó Tariq.
“No has aprendido mucho de los vaqueros de San Antonio este último año ¿verdad? Pero creo que la tía Carla podrá ayudarlo.”
“Sé que nos ha dado su bendición, amor mío. Lo sé.”
“Bueno, él sabe que cuando se me mete algo entre ceja y ceja, siempre lo consigo.”
El gran reloj de la torre en el centro de los jardines resonó rodeándolos de la mezcla del estilo antiguo y la magia de la nueva era. Para muchos, aquel lugar quizás fuera otro llamativo elemento en medio del lujo y los excesos de Dubái, pero la mayoría veía el potencial. Esa casa se convertiría también en un monumento que daría la bienvenida a todo aquel que deseara ver sus maravillas. Había empezado como una obra de amor, una visión, pero a través de esa visión había conocido al amor de su vida.
“¿Qué te parece, mi jequesa? ¿Hemos construido algo bueno?” susurró con esa voz profunda de barítono que la volvía loca.
“Sin duda, mi jeque,” dijo ella, llevando las manos de él hasta un pequeño bulto en su vientre. “Pero creo que hemos creado algo incluso mejor.”
FIN