A modo de epílogo: los lirios del campo
«La vida no es un trabajo. Realmente no hay nada que lograr, excepto saber que no hay que lograr nada en absoluto.»
Tony Parsons¿Crees en los sueños? Me refiero a los sueños nocturnos que a veces recuerdas al despertar por la mañana. ¿significan algo? ¿O sólo sirven de entretenimiento para que dormir no sea tan aburrido? Muchos quedan enseguida relegados al olvido, pero hay sueños que impresionan; tanto, que al despertar no sabemos si hemos soñado o ha ocurrido de verdad. Me gustaría explicarte uno de esos sueños. Cuando lo leas, a lo mejor te das cuenta de que, curiosamente, no sólo lo he soñado yo.
Empieza así: estoy en una gran estación y subo a un tren moderno. El espacio es confortable, los asientos amplios y no hay demasiados pasajeros. Busco sitio en un vagón y coloco el equipaje. El tren arranca enseguida y entonces descubro a algunas personas extrañas. Están de pie con sus maletas en el pasillo, aunque hay asientos libres por todas partes. Pero todavía es más extraño que carguen con su equipaje. Llevan maletines, bolsas y maletas. Todos las sostienen con fuerza mientras el tren arranca. Siento curiosidad y le pregunto a un hombre con dos maletas que está cerca:
—¿Por qué no coloca las maletas y se sienta?
El hombre baja la cabeza para mirarme y me dice muy serio:
—Oh, no, sentarme no es lo mío. Me aburre. Yo necesito desafíos. Al fin y al cabo, todos queremos lograr algo en la vida.
Una mujer que está a su lado y lleva dos bolsas grandes en cada mano asiente:
—Sí, a mí me pasa lo mismo. Soy ambiciosa. Quiero progresar y hacer algo en la vida. ¡Por eso yo también voy de pie!
—Pero sería más cómodo si dejaran las maletas —les comento.
El hombre sacude la cabeza:
—Para conseguir algo hay que esforzarse. Mi padre siempre decía que quien algo quiere, algo le cuesta. Mire, esta maleta de piel tan recia la heredé de él. Dentro caben muchas cosas.
El hombre la levanta un poco. El brazo le tiembla ligeramente. La mujer de las bolsas grandes dice:
—Es cuestión de estar motivados. Yo siempre me digo: lo quieres y lo conseguirás. Así he llegado ya bastante lejos. Y cuando lo haya conseguido, disfrutaré de la buena vida; me sentaré y estiraré las piernas.
Estoy a punto de decirle que podría sentarse ya, cuando oigo una voz detrás de mí:
—¡Billetes, por favor!
Una mujer con un uniforme azul celeste cruza el vagón. Le enseño el billete y, cuando se inclina hacia mí, le pregunto en voz baja:
—¿Qué le pasa a esa gente? ¿No han reservado asiento?
La mujer me marca el billete y responde:
—Todo el mundo puede ponerse tan cómodo como quiera. Esos pasajeros prefieren ir de pie y cargar con el equipaje. —Entonces se inclina un poco más hacia mí y añade—: ¿Sabe usted? Creen que el tren sólo circulará si cargan con su equipaje.
—¿Y es verdad? —pregunto asustada.
La mujer de azul sonríe y susurra:
—Le confiaré un secreto profesional. Da igual si llevan su carga a cuestas o la dejan. Eso no importa. Todos los pasajeros llegarán a su destino. Y a la hora.
Voy a hacerle otra pregunta, pero ella me interrumpe, me desea buenos días y se va.
Me desperté justo en ese punto. Suerte que sólo era un sueño. Porque en la realidad nadie se toma la molestia de llevar a cuestas el equipaje en un tren en marcha, ¿verdad?
Que tengas un buen viaje. Y ponte cómodo.