No te esfuerces
«Vivir sin esfuerzo no significa estancarse, ser vago o tonto; al contrario. Las personas sabias, extraordinariamente inteligentes, son las que realmente están libres de todo esfuerzo y fatiga.»
Jiddu KrishnamurtiTodos los inventos inteligentes tienden a reducir las fatigas. La máquina de vapor, los ordenadores o las cocinas eléctricas: siempre se trata de obtener mejores resultados con menos trabajo. La historia del progreso de la humanidad es una historia donde el esfuerzo se suprime poco a poco. Por eso resulta aún más sorprendente que en el mundo laboral todavía sea tan admirable el esfuerzo. Mucha gente sigue creyendo que las fatigas conducen al éxito. Esforzarse mucho sigue considerándose un signo de ambición y de capacidad productiva. Diviértete un rato hojeando los típicos manuales sobre cómo hacer carrera: también aconsejan trabajar duro para progresar. Da la impresión de que sólo se pueda ganar dinero si se trabaja mucho y durante muchas horas. Pero ¿es eso cierto? ¿Toda la gente que diariamente se mata trabajando y está ocupada las veinticuatro horas del día gana mucho dinero? No, muchos siguen siendo pobres por mucho que trabajen como mulas. ¿Y los que tienen ingresos millonarios dan el callo hasta caer rendidos? No, eso tampoco está demostrado. Si nos fijamos bien, descubriremos que la fatiga es simplemente fatiga. No conduce necesariamente al éxito ni a unos ingresos elevados.
Con este libro no pretendo impedir que sigas trabajando mucho. Esfuérzate siempre que lo consideres correcto y conveniente. Haz una ruta en bicicleta por los Alpes, participa en una cartera con perros de trineos por Alaska o bien organiza una fiesta de cumpleaños con veinte torbellinos de preescolar. Permítete el lujo de aceptar cualquier desafío que te haga sentir vivo. Pero deja de creer que deberías esforzarte por salir adelante o por ganar mucho dinero. Porque para tener éxito no necesitas esfuerzo sino ingenio. Y por ingenio entiendo esa inteligencia natural que todos tenemos y que ha conseguido que la humanidad haya eliminado ya muchos esfuerzos.
En este capitulo y en los dos siguientes encontrarás algunos descubrimientos importantes gracias a los cuales podrás trabajar sin esfuerzo en el futuro. Se trata de principios muy simples, pero sumamente eficaces.
No obstante, observemos antes con lupa la fatiga. ¿De dónde sale?
¿Qué origina la fatiga?
Toda fatiga innecesaria surge de la fricción. Lo que realmente podría ir como una seda, se ve frenado. Esa fricción se produce cuando decimos «si» y «no» a la vez a un trabajo. Pensamos: «Si, tengo que hacerlo». Pero a la vez adaptamos una postura contraria: «No, esto no me gusta. No me apetece nada hacerlo».
Es como si alguien condujera tirando del freno de mano (el «no») y pisando a la vez el acelerador («Sí, tengo que hacerlo»). Naturalmente, será difícil que el coche avance. ¿Y qué hace nuestro desdichado conductor si el coche va demasiado despacio? Pisa más fuerte el acelerador, aunque también sigue tirando del freno de mano. En el trabajo, el «no» lucha con lo opuesto. Nos obligamos a hacer algo que no nos gusta. Pisa: el acelerador tirando del freno de mano provoca que apenas nos movamos y un gran consumo de combustible. Los efectos son similares con los trabajos. Si alguien se siente obligado a hacer algo que no le gusta, le cuesta avanzar, enseguida se queda sin fuerzas y a la larga arriesga la salud. Y no sólo en el ámbito profesional, sino en cualquier actividad. En la vida privada, mucha gente hace cosas que no quiere hacer. Van a fiestas o a actos donde no se sienten a gusto. Asumen obligaciones que les resultan pesadas o se cuidan de cosas que ya no les satisfacen. Todo lo que hacemos con un «no» mental nos resulta difícil. Y si además nos sometemos a la presión de querer ser perfectos o rápidos, la fatiga aumenta. Cada vez resulta más penoso.
De este modo, el trabajo resulta fatigoso: el «si» nos empuja a actuar y el «no» nos lo impide.
¿Qué podrías hacer para acabar con esa fatiga? En primer lugar, descubre en qué puntos de tu vida conduces tirando del freno de mano. ¿Dónde haces cosas que no quieres? ¿Dónde trabajas con un «no» mental?
Lo que sabes hacer como si nada vale mucho dinero
Tu «no» es la clave para salir de la fatiga. Dile «sí» a tu «no». Porque detrás de tu «no» está lo que te gusta hacer. Tus verdaderos intereses, tus habilidades y tus talentos. Lo que te motiva. Si haces lo que te gusta, trabajarás sin esfuerzo, sin resistencia anímica.
Me he acostumbrado a observar el esfuerzo en mi trabajo. Durante mucho tiempo, llevé un diario de fatigas a mis seminarios. En él anotaba todo lo que me costaba. Cuando notaba que me estaba esforzando demasiado, lo apuntaba. Y también anotaba lo que funcionaba por sí mismo, lo que me salía bien como si nada, sin esfuerzo. Después de tres seminarios, me había hecho una imagen muy clara de cuáles eran mis verdaderos tesoros impartiendo cursos de comunicación y de que tenía que deslomarme con lo que no me iba. Empecé a sustituir todo lo que me costaba esfuerzo por lo que me salía bien como si nada. Comencé a trabajar sin esforzarme. Y los seminarios resultaron también menos fatigosos para los que participaban en ellos. Se divertían más y aprendían más relajados. Los comentarios de los participantes fueron cada vez más positivos y las empresas me encargaron cada vez más seminarios. Aumentó el volumen de encargos y gané más dinero. Y sólo porque había suprimido, uno a uno, los esfuerzos.
Si quieres vivir y trabajar sin esfuerzo, persigue lo que te apasiona. Saca a la luz tus puntos fuertes y tus talentos. Los tiros van por donde está tu «sí». Procura ganar dinero con lo que te gusta hacer. Tú eres el punto de partida. Los demás sólo podrán tomarse en serio tus puntos fuertes y tus talentos si tú también te los tomas en serio. Si tú crees que vales, los demás serán capaces de pagarte bien.
Otros autores ya han descrito minuciosamente cómo puedes convertir tus tesoros en moneda de cambio. Mi preferido es William Bridges, que, en su libro Dirigiendo el cambio, sacar el máximo partido de las transacciones, describe con todo detalle cómo puedes hacer que un puñado de habilidades, aptitudes y deseos se convierta en un puesto de trabajo. O cómo puedes tener más éxito en tu empleo actual.
Encuentra un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar nunca más
La fatiga es el resultado de un «sí» y un «no» simultáneos. Y la vida fácil surge del amor. Ya sé que suena a palabras mayores, pero no se me ocurre nada mejor. El amor es la materia con la que suprimirás el trabajo: encuentra un trabajo que te guste y nunca más tendrás que volver a trabajar. Cuando la gente ama lo que hace, está mentalmente en su «sí». Está motivada. La falta de motivación sólo se da cuando se trabaja sin ese «sí» mental. Si haces lo que te gusta, trabajarás con tus aptitudes y tus talentos. No tendrás que obligarte ni esforzarte. El mayor derroche de energía y de inteligencia se produce cuando alguien hace diariamente algo que no le interesa y sólo se dedica a lo que le apasiona en el tiempo libre. O nunca.
Estoy firmemente convencida de que todo el mundo tiene algo útil que ofrecer a la humanidad. Y de que no existen personas sin talento. Recuerdo a una secretaria que después montó su propia empresa. Cuando yo la conocí, ella opinaba que no tenía ningún talento. Era una simple secretaria; sabía un poco de mecanografía y llevar una oficina. De su trabajo, no le gustaba todo. Por ejemplo, no soportaba escribir a máquina. Pero le encantaban las tareas de organización, archivo y documentación. Sin embargo, a sus ojos, eso no era una habilidad. Ahora bien, no hay nadie sin talento. Sólo hay personas que no se toman en serio sus habilidades y no se valoran como deberían.
En general, no sabemos reconocer nuestro talento como se merece hasta que otros lo hacen. Y eso era precisamente lo que faltaba a la secretaria. Hasta que participó en el seminario no se dio cuenta de que su habilidad para organizar el trabajo de oficina podía resultar muy útil a otras personas. Aún pasaron dos años hasta que empezó a trabajar por su cuenta aprovechando su talento en temas de organización. Actualmente dirige su propia empresa. Ofrece servicios de oficina por días o por horas a empresas que empiezan, a profesionales liberales y a pequeños negocios. Les organiza los archivos, se ocupa de la documentación correcta y se encarga de que funcione la administración. Ahora gana bastante más dinero que en su antiguo empleo. Y, como ella misma dice, está «mucho más satisfecha que antes». Ahora es ella misma quien determina cuánto trabaja y en qué dirección evoluciona. Su éxito se debe a una fórmula sencilla: concentrarse en los puntos fuertes que tenemos y suprimir todo lo que no nos va.
Cómo conseguir que sea más fácil hacer los trabajos desagradables
Incluso trabajando con mucho amor puede ocurrir que de vez en cuando tengas que enfrentarte a trabajos desagradables. Con algo que no te gusta demasiado. El objetivo es tener los menos posibles. Pero si te toca alguno, lo mejor es no complicarse la vida innecesariamente. Recuerda que la fatiga surge cuando dices «si» y «no» simultáneamente. Cuando decidas hacer algo, suprime el «no». Te será más fácil realizar los trabajos desagradables si no opones resistencia. En la práctica, se trata de que te concentres en lo que hay que hacer sin pensar que no te gusta el trabajo. No le prestes atención al «no», y hazlo. Por ejemplo, si no te gusta limpiar los cristales de las ventanas, pero vas a hacerlo, límpialos y punto. Pon freno a tus comentarios negativos. Porque si te opones, por ejemplo, diciendo «¡Oh, cómo lo odio! No hay manera de que los malditos cristales queden limpios. ¡Vaya porquería!», la tarea te resultará más penosa. Y probablemente durará más. La técnica para conseguir que sea más fácil hacer algo desagradable consiste en no oponer resistencia. Y esto también vale para las situaciones que no te gustan. Primero, hay que pensar cómo se puede salir de una situación desagradable. Pero si es imposible o has decidido soportada, entonces pon freno a tus pensamientos negativos. De este modo podrás soportar mejor una visita al dentista o superar sin crisparte una fiesta estúpida.
En resumen, podrás vivir y trabajar sin esfuerzo si reconoces con claridad tu «sí» y tu «no» y los sitúas correctamente. De hecho, es muy sencillo: al pisar el acelerador, quita el freno de mano; y cuando quieras frenar, no pises el acelerador. Para acabar, a continuación te presento un resumen con todos los consejos de este capítulo.
Vivir y trabajar sin esfuerzo
* La fatiga no es una virtud. La vida no es un valle de lágrimas y el trabajo puede ser un placer. Despídete de los viejos ideales que afirman que hay que ganarse el pan con el sudor de la frente. Puedes vivir y trabajar teniendo mucho éxito, y sin esforzarte. Si quieres sudar, practica algún deporte.
* Gana dinero con tus talentos. La vida resulta agotadora si constantemente debes hacer cosas que no van contigo. Trabaja con tus habilidades. Gana dinero con lo que te gusta. Obsérvate unas cuantas semanas en tu vida cotidiana y fíjate bien en qué te entusiasma. Ahí está tu tesoro personal. Sácalo a la luz.
* Dedícate más a lo que te satisface. Organiza tu trabajo para conseguir que te guste, al menos en su mayor parte. Tienes derecho a perseguir tu propia satisfacción. Para conseguirlo, aprovecha también la empresa donde trabajas. Si se trabaja con entusiasmo, se es más productivo que si se hace de mala gana cumpliendo instrucciones. Negocia con tus superiores y tus compañeros la distribución de las tareas. Cambia las actividades que no te gusten por tus preferidas. Procura que tus talentos puedan desarrollarse como es debido en el trabajo.
* En los trabajos desagradables, pon freno a tu «no». Cuando, por la razón que sea, vayas a hacer algo que no te gusta, aplica lo siguiente: aparca tu «no» interior. Detén todos los pensamientos con los que trates de convencerte de que el trabajo o la situación son horribles. Concéntrate únicamente en lo hay que hacer. Así evitarás fricciones innecesarias y tener estrés.