El espejo de las afueras del Desarrollo

Pero abrirse la casa de uno y hacerse común implica también que el ámbito del Desarrollo, la Casa del Hombre del Bienestar, se abra también a los de fuera, al común de la gente que lo rodea, no ciertamente en el sentido de procurar y graduar la inmigración de los pobres de fuera a la Casa del Hombre y del Dinero, como ahora se hace, sino un poco en el sentido contrario justamente, según ahora brevemente razonamos, hacia el final de este análisis y volviendo sobre lo que en sus primeras entregas, 3 y 4, anotábamos, cuando contábamos dónde estaba situado el Desarrollo y cómo la desgracia y los horrores de fuera estaban dentro.

Es claro que las hambres epidémicas, las pestes y miserias, las guerritas de tipo decimonónico (como en la reactivación del «volcán de los Balcanes»), las dictaduras religiosas o pistoleras que rebullen desde Persia a Malasia y la América Latina y el África entera desde El Cabo hasta Marruecos, toda la prehistoria recién cocida que circunda al Desarrollo y alimenta las pantallas de sus televisores, no lo circunda ni las alimenta por casualidad ni hay en ello nada de «causas naturales» (nada hay natural entre los hombres), sino que está promovido por el Desarrollo y sosteniendo el Reino del Bienestar. Es así que lo de dentro se manifiesta también en lo de fuera.

Y, si hay algunos que han perdido la sensibilidad para percibir el horror, la miseria y la falsificación del Régimen directamente y aquí dentro, si no les bastan los conglomerados suburbanos y los bloques de nichos con su televisor iluminando los ojos de los espectros, ni el embrollo progresivo del tráfico automovilístico (¿no saben ya ni imaginar la delicia que serían esas calles, esos bosques, si el Automóvil no estuviera?), ni las hordas crecientes de muchachos vomitando de aburrimiento por todos los rincones, si los hay que han llegado a tomarse todo eso como natural y que «lo traen los tiempos» y ya casi ni lo sienten, a ésos puede que el esterior del Desarrollo les sirva como un espejo, donde vean más claro lo que es el Bienestar; o sea, al revés de como los Medios les ofrecen a las Masas esos horrores de los otros, para que se lamenten, hagan ocasionalmente caridades (como antes del Desarrollo las monjitas reunían fondos para los chinitos a los que no había llegado aún la Fe) y en todo caso se consuelen y contenten pensando lo bien que estamos a los que no nos pasan esas cosas: aquí, al revés: para que ese espejo les haga reconocer la verdad del Bienestar de que disfrutamos.

Pienso sobre todo en la fuerza del Ideal que mueve a los millares de chicos y chicas de las afueras del Desarrollo a arrojarse como sea aquí dentro, como al Paraíso, a entregarse al Dinero Salvador: los barcos de albaneses arracimados por las bordas tratando de arribar a las costas de Italia, las chalupas atestadas de marroquíes huyendo de su bazofia (perla ilustre del collar de tiranías miserables con que el Desarrollo se ciñe para su ornato) chapoteando a través del estrechito de Gibraltar, las miríadas de muchachas de los países arruinados de los Regímenes que durante 40 años el Desarrollo estuvo presentando como «la otra forma de Poder» para engaño y terror de las poblaciones, saliendo ahora ellas a las rutas de las puertas del Paraíso a prostituirse ansiosamente a los ocupantes de automóviles del Bienestar…

Tal es la fascinación del Reino sobre las crías de sus alrededores; y sólo los fantasmas fascinan de ese modo. Aquél que, viendo la fuerza de la ilusión mostruosa en esos corazones de los arrabales, no sepa reconocer en ella, como en un espejo, la ilusoriedad, falsedad y tiranía del Estado de Bienestar en que nosotros nos agitamos, ése es que se ha quedado ya del todo ciego y sordo, apto para tragarse todos los sustitutos de la vida y la razón.

Que en ese espejo encuentre el pueblo la fuerza del asco y revulsión contra esto que se le vende como mundo.