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Déjame ya ocultarme en tu recuerdo inmenso,

que me toca y me ciñe como una niebla amante;

y que la tibia tierra de tu carne me añore,

oh isla de alas rosadas, plegadas dulcemente.


Y estos versos fugaces que tal vez fueron besos,

y polen de florestas en futuros sin tiempo,

ya son como reflejos de lunas y de olvidos,

estos versos que digo, sin decir, a tu oído.