Capítulo 6
Marion inventó a Ruth a cenar a su casa para que se sintiera acompañada. Además, así podrían hablar de todo el asunto del robo. Le entusiasmaba pasar tiempo en la cocina, le relajaba cocinar y era uno de sus pasatiempos favoritos. A Whisky también le encantaba que su dueña le gustase cocinar, pues de vez en cuando le caía algún suculento bocado de carne. Nada más percatarse de que ambas trajinaban en la cocina, se levantó de un salto y se sentó tranquilamente en el umbral de la puerta, relamiéndose sin parar.
—Whisky, hoy no va a haber nada para ti —dijo Marion, divertida—. Toda la lasaña para nosotras.
—Me muero de hambre. Lo siento, Whisky.
El perro emitió un gemido de tristeza, pero no se marchó por si variaba el rumbo de los acontecimientos. Mientras Marion picaba la cebolla, el pimiento verde y el pimiento rojo, Ruth preparó las placas de pasta sobre una fuente de cristal y luego se dispuso a abrir la lata de tomate.
—En resumen, Ruth —dijo Marion—. Georgia y Vincent tenían una aventura desde hace algún tiempo, no sabemos cuánto, pero sabemos que al menos tres meses, porque es el tiempo que Vincent lleva trabajando en «Blue Chip».
—Ahá…
—¿Qué pasaría si Trevor se da cuenta de que su mujer le está engañando? ¿Qué es lo que podría hacer o cuál sería su reacción?
—Yo primero me enfadaría mucho, y luego hablaría con Georgia. Mmm… Qué bueno está esto —dijo Ruth después de chuparse los dedos con la salsa—. Y al final acabaría despidiendo a Vincent, claro. Tampoco me gustaría que me tomasen por tonta.
—Lo que ocurre es que tengo la impresión de que esa caja la puso Georgia. Me parece demasiada casualidad que al día siguiente fuera a casa de Andy para pagarle las horas extras que le debían. ¿Por qué no esperó a que llegara a la tienda?
Marion, mientras hablaba, abrió uno de los armarios y sacó una sartén grande, que puso sobre un fogón. Allí se prepararía el resto de ingredientes: la carne picada, cebolla, pimientos.
—Lo que no entiendo es que quería conseguir con eso. ¡Si Andy no sabía que estaban liados! —exclamó Ruth.
Whisky, que había olisqueado la carne, deambulaba por la cocina, haciéndose notar. No deseaba presionarlas, solo recordarles que estaba por ahí si les sobraba algún trozo de jugosa carne.
—¿Y si ellos pensaban que sí lo sabía? —preguntó Marion de repente.
—Claro, eso tiene sentido, quizá le tendieron una trampa para que no dijera nada —dijo Ruth agitando la cuchara de madera mientras hablaba—. Ay, el pobre…
—Por alguna razón que desconocemos a última hora les salió mal la jugada. Remueve un poco, por favor, que se pega —dijo Marion.
—Esto huele muy bien —dijo Ruth, dejándose invadir por el aroma que emanaba de la sartén.
Para acabar con el sufrimiento de Whisky, Marion tuvo el detalle de dejar un trozo de carne picada sobre su plato. El perro acabó con todo en un suspiro y miró suplicante a su dueña.
—Pues ya no hay más —dijo Marion dándose la vuelta para no sucumbir a la estudiada ternura del perro.
—¿Cómo vamos a probar que fue Georgia o Vincent quien puso la caja en casa de Andy?
Marion se quedó pensativa durante unos segundos. A decir verdad, estaba completamente a oscuras, pero no quería que el desánimo cundiera en Ruth.
—Algo se nos ocurrirá, tranquila —dijo al fin.
Justo cuando introducían la lasaña en el horno, llamaron a la puerta. Marion frunció el entrecejo, extrañada, puesto que no esperaba a nadie.
Al abrir la puerta, se encontró a su hermano, quien la miraba con gesto serio. Llevaba puesto el uniforme, así que Marion pensó que se había detenido camino a su casa.
—Carter, qué sorpresa —dijo Marion.
—Hola, hermanita —dijo Carter.
Se besaron en la mejilla y el jefe de policía entró en la casa, con el sombrero en la mano. Nada más ver a Ruth, enseguida esbozó una frágil sonrisa.
—Traigo noticias —dijo Carter—. Y, por desgracia, no son muy buenas.
Marion y Ruth se quedaron inmóviles al tiempo que Whisky husmeaba los zapatos de Carter.
—¿Qué ha pasado? —preguntó Ruth.
—Nada más detener a Andy buscamos sus antecedentes, por si los tenía, pero un problema con el sistema nos ha impedido acceder durante todo el día. Ya los tenemos.
—¿Y qué ocurre? —insistió Marion.
Carter se aclaró la garganta.
—Fue arrestado por comprar con una tarjeta de crédito falsa en una tienda de ropa de la ciudad, hace cinco años.
—¿Andy? ¿Arrestado por robo? Eso es imposible. No he conocido en mi vida a una persona más honesta que Andy —dijo Ruth mirando a Marion y a Carter.
—Georgia y Trevor ya lo saben —dijo Carter—. Lo siento, Ruth.
—No me lo creo… ¿Por qué nunca me lo dijo? Yo siempre le cuento todo. Qué decepción, Marion, qué decepción.
La peluquera rodeó los hombros de Ruth con un brazo, pues sabía cómo se estaba sintiendo su amiga. Con un paño de cocina, Ruth se fue secando las lágrimas que brotaban de sus ojos. Además de acusado de robo, Andy había ocultado su pasado. Marion no puedo evitar pensar que, después de todo, era posible que Andy fuera el ladrón.