Preámbulo

Todos hemos de morir algún día, eso lo sabemos, aunque no pensemos muy a menudo en esa idea o prefiramos dejarla correr, pero precisamente cuando estamos al borde de ese trance, cuando nos damos cuenta de que la muerte es un hecho tan inminente que no hay manera de librarse de ella, entonces, además de realizar un postrero intento para seguir respirando un segundo más, sentimos miedo, un íntimo y cerval miedo que nos araña las entrañas hasta hacernos sentir las criaturas más frágiles que habitan este complejo y, en ocasiones, estúpido mundo.