NO LE CUENTES A MAMÁ

SVATAVA ANTOŠOVÁ

—NO eres para nada como mia madre biológica —dijo Darka mientras aspiraba una larga bocanada de su cigarrillo.

—Todo lo que obtuve de ella fue: “¿Qué haces con la boca abierta, tonta de capirote? ¡Acuéstate retrasada mental! ” o “¡Cállate, vaca! ”. Pero desde que estoy contigo he encontrado mi... heytchdee.

—¿Tu qué?

—Quiero decir mi dignidad humana.

—Ya veo.

—Y desde que he encontrado mi heytchdee, vuelvo a ser un ser humano normal, ¿no es así? Puedo tener un novio, bajar de peso... pues el miedo era lo que me hacía comer mucho. Sé que seré capaz de estar con él sin ser sumisa. Algún día podría incluso tener un niño y no tener la relación conflictiva que tenía con mia madre.

Darka era mia figlia adoptada. Es sólo simbólico, realmente, pero quizá por eso tenía más significado para ambas. Antes estuvo realmente sola, una clínica psiquiátrica en su pasado y nada de nada en el futuro. Su autoestima se había esfumado, Dios sabe a dónde, y su atractivo sexual estaba realmente muerto. Perdiendo su juventud, poniéndose vieja sin nadie con quién hablar. Al igual que yo.

—Entonces, ¿cuándo perdiste tu heytchdee?

Ambas nos empujábamos en una barra tratando de agarrar una cerveza. El bar era un engendro de todo tipo de personajes desde hippie con canas hasta menores de edad, mocosos con piercing faciales y los pantalones por la rodilla, todos venidos de Dios sabe dónde, empujándose unos a los otros, bajo el rugido de Rammstein que tronaba en las bocinas.

—Probablemente en el tiempo que padre nos abandonó...

Yo la miré interrogativamente, sabía que tenía varios.

—Padre numero zero —aclara ella amablemente—. Tú sabes, mi biopa.

—¿Nunca pasó nada entre ustedes?

Fue lo primero que me vino a la cabeza, pero obviamente tenía que tocarla en lo más hondo. Ella se hundió en un silencio prolongado, se sonrojó y mordió los labios inferiores.

—Entonces, ¿sí o no?

—Pues sí —dijo finalmente—. Se la chupé una vez cuando tenía diez. Ahora nadie puede hacerme un cuento en ese aspecto. Lo hago hasta atrás. Pero luego madre número uno se enteró y reventó como una olla, y el bastardo tuvo que salir andando. Todos dijeron que emigró. ¡Coño! Ellos no tienen idea de lo que pasó en casa. Piensan que éramos una famiglia anti-régimen, pero no lo éramos, eramos muy miedosos para ser algo como eso. Padre numero zero se aprovechó de mí, y fue tan cobarde que no pudo hacerlo de otra manera, y al hacerlo se llevó con él mi heytchdee, ya no podía pararme delante de mi bioma...

Mi cabeza comenzó a latir. Siempre tengo dolor de cabeza cuando Darka trata de adentrarse en la maraña psicológica de su adolescencia, y nunca para de hablar. Me maldigo a mí misma en silencio por haber sido la primera en preguntarle.

—... No puedo parármela delante a esa puerca que me robó la infancia y me jodió la juventud. Solía darle una patada o escupirla en la cara cuando venía al negocio con los policías para pedirme que regresara a casa. ¡A casa! Nunca olvido las veces que venía con tipos y podía oír sus gritos orgásmicos en todo ese detestable apartamento prefabricado: “¡Me gusta por el ano! ¡ME GUSTA POR EL ANO! ”. En aquel entonces no sabía lo que quería decir, y cuando lo supe lloré por ello en mis propios orgasmos y tuve que hacerlo con todos los chicos que estuve, todos me follaban por el culo hasta que la sangre fluía de mis intestinos destrozados. A causa de mis modelos paternos, fue lo que mi loquero me dijo, inconscientes modelos paternos....

El barman nos puso finalmente dos cervezas delante. Darka compró algunas patatas fritas y se abrió camino a través del bar, dirigiéndose hacia dos sillas vacías debajo del televisor.

—Oye, madre numero due, ¿cómo fueron tus padres?

—¿Los míos...?

Traté de recordar mi relación con mis padres. Fue extraña. Cuando ellos murieron, dejé de sentirme sola.

—Eso fue hace tiempo...

—¿Qué, no puedes recordar nada?

—No sé. No me gusta mirar hacia el pasado. No hay nada por allá atrás.

Darka se movía con nerviosismo. Quizá pensó que mentía. Tuve un pasado, que me pisa los talones, dejándolos en carne viva. Cada paso hacia el futuro fue intensamente doloroso. Recuerdo a mia madre gritándome:

—¡No te eches al suelo! ¡No te mojes! ¡No te resfríes!

Siempre me decía lo mismo, por amor o por falta de amor. Y continuó diciéndome esas cosas mucho después de ser una adulta, cuando ya no tenía sentido echarme en el suelo, cuando llevaba una sombrilla conmigo y cuando me atiborraba de vitamina C.

—Vamos, o perderemos las sillas —dije y me dirigí entre la muchedumbre con las jarras en alto hacia el fondo donde iban a proyectar una película.

—Vamos a sentarnos en el suelo —sugirió Darka y se dirigió hacia el frente del tumulto, plantándose frente a la pantalla. Me acomodé al lado de ella en el suelo y puse las cervezas delante. Darka abrió la bolsa de patatas fritas y me brindó. Tomé un puñado.

—¿Qué se supone que ponen hoy?

—No tengo idea.

—Es una sorpresa entonces.

—Sí.

—¿Algo subcult?

—¿Qué?

—Ya sabes... subcultura...

—Ah, sí.

Darka silbaba con satisfacción y tomaba grandes sorbos de cerveza. Cuidadosamente escudriñaba el área, evaluando a los tipos en el salón, y luego empezó a hablar de un asunto completamente diferente.

—Oye, madre numero due, yo y Otík compramos un helicón en una subasta y él aprendió a tocarlo realmente bien, ya sabes, czardas, vals. De veras, es muy bueno. No tenía idea de que fuera tan talentoso. Aprendió en un par de días. Increíble. Y cuando lo oí por primera vez, mi cuore musicale, o como quieran llamarlo, comenzó a latir y empecé a cantar nuevamente, sabes que pasé mi infancia castigada en un whycee...

—Traduce, por favor.

Mientras continuaba con su monólogo pensé en Otík como ese chico tranquilo que ella engancharía cuando recobrara su heytchdee.

ya sabes, el coro infantil...

Comenzó a moverse al ritmo del rock.

—¿Dices que compraste un helicón? —pregunté sin esconder mi escepticismo—. ¿Cuánto pagaste por él?

Darka tragó y meditó un momento.

—Dos tubos de akin...

—¿De qué?

—Akineton. Un medicamento que se pone por encima.

—¿Para qué tienes eso?

—Mis ojos dan vueltas.

—¡¿Tus qué?!

—Mis ojos dan vueltas en mi cabeza.

—Hasta ahora no he notado nada de eso.

—Uhm.

Me preguntaba si Otík era el mismo chico solitario que me presentó en el concierto de Už.

—¿Otík aún trabaja con armas?

Sí —asintió Darka mientras encendía otro cigarrillo—¿Por qué lo preguntas?

No dije nada, y mi silencio, probablemente, le pareció raro, porque se puso irritable.

—Mira, madre numero due, ¿qué tratas de decirme? Todo lo que él hace es vender armas detrás de un mostrador: realmente es bueno en eso, todo el mundo quiere mejorar. No te preocupes por eso. Una vez me apuntó con un arma, fue genial. Hizo como si me fuera a disparar y me hizo echarme al suelo y rogar por mi vida. Al principio pensé que el arma no estaba cargada y me reía y lo provocaba, pero luego, en un momento, disparó y abrió un hueco en el techo dejando claro que el juego había terminado y que la próxima bala podía volarme la cabeza. Entonces le dejé hacer lo que quisiera. Me amarró, se orinó en mi boca y me folló con la pistola, realmente me dolió, pero eso me gusta, ¿no crees? Después, una amiga mía me dijo que lo dejara, que cualquier día me iba a matar, pero no lo hice, es un amor, su vida no ha sido fácil y no le gusta hablar de eso, de modo que no lo intentes, me mataría si sabe que te lo conté. No hay una jodida forma de que lo deje.

Era inútil. No había forma de explicarle a Darka el peligro que estaba corriendo. Lo más importante para ella era tener un tipo y no sentirse sola. Así podía encontrar su heytchdee. Pero al menos podía darle un pellizco.

—¿No dijiste que ahora que has encontrado tu heytchdee puedes estar con un tipo sin ser sumisa?

—¡Pero no soy sumisa!

—¿Orinando en tu boca? ¡Por favor!

Darka quiso objetarme pero se detuvo.

—¿Crees que dejar que alguien se orine en tu boca es un signo de sumisión?

Apagaron las luces y comenzó la película. Subcult. Se llamaba La familia desvergonzada. Los adultos interpretaban a niños y los niños a los adultos. No había una trama, sólo una serie de escenas donde unos a otros se servían la comida.

Una escena particularmente fuerte fue cuando un niño en el rol de padre obliga a su hija a que se la chupe. La hija estaba interpretada por una vieja puta gorda de cuarenta años. Cuando comenzó el sexo oral, Darka se levantó y se fue al baño. La audiencia resolló cuando la mierdita del padre hizo explosión. ¡Un niño pedófilo! pensé en ese momento. No le cuentes a mamá, dijo el mocoso después de correrse. La hija prometió que no lo haría y luego fue y le contó.

La madre tenía apenas diez años. Estaba tomando chocolate y cortándole los pezones a una muñeca Barbie. La vieja gorda de cuarenta años comenzó a llorar. “¡Mi Barbie, mi Barbie! ” sollozaba. La madre la tiró contra el suelo. “Dile a tu padre que te compre una nueva. ” La gorda puta paró de llorar y fue a buscar al padre para que le comprara una nueva Barbie. “Tú eres mi dulce muñequita Barbie” dijo el mocoso y la acomodó en su pecho. Cinque anni dopo. Luego el mocoso en el rol del padre está golpeando a su amada y ya crecida hija. Estuvo toda la noche fuera. “¿Dónde has estado mujerzuela? ” le grita. “¡En ninguna parte! ” grita la chica llena de terror. “¿Dónde has estado mujerzuela? ” chirriaba la voz del niño martillando con su pequeño puño en el trasero de la gorda. “Con mis novios... ” dice secándose las lágrimas. “¡Mientes! Te preguntaré por última vez, ¿dónde estuviste? ”. Volvió la madre. Tomaba chocolate y sus tetas habían sido cortadas. Cáncer. “Con David... ”

Cerré mis ojos. Mi padre solía golpearme también. Siempre me golpeaba cuando salía con alguien. Cuando estaba feliz. Cuando me quedaba fuera una noche. No me llamaba “mujerzuela” sino “puta”. Pero nunca se la chupé. Siempre terminaba sus palizas con estas palabras: “Debí estrangularte en la cuna. Así hubiera tenido paz. ” Por eso lo odié tanto, más que por las palizas. Antes yo solía decir: “Uno de estos días te voy a matar. ¡Te mataré, bastardo! ” No lo maté. Aun después de la muerte de mi mamma lo vigilaba... Cuando abrí mis ojos la audiencia estaba aplaudiendo y vitoreando y Darka estaba sentada nuevamente al lado mío. Había estado calentándose la cabeza.

—Vuelve en ti. —La pinché con el codo —No te tienes que tomar esas cosas tan personalmente.

—Mira, madre numero due —replicó—, ¡no sabes de lo que estás hablando, no sabes ni mierda de lo que estás hablando!

No se me había ocurrido antes, pero ahora sólo podía pensar en si Darka y yo podíamos hacerlo.

¡Dormir con mia figlia! sonaba en mi cabeza, dormir con mia figlia y romper otro jodido tabú.

Realmente me excitaba la idea. La gordita Darka nunca me atrajo, pero con un poquito de hierba se podía solucionar. El THC trabaja bien.

—Oye, madre numero due —susurró Darka asegurándose de que nadie la oyera—, se me ocurrió, quiero decir, no me parece mal, pero creo que me estoy convirtiendo en una vecchietta y nunca he tenido ese tipo de experiencia... tu sabes...

Empecé a hacerme la idea. Estaba claro que pensábamos en la misma cosa.

—... Bien, tú sabes, probablemente sea una buena idea tener una experiencia con alguna mujer antes de casarse y tener hijos. ¿Qué piensas?

No reaccioné. Darka farfullaba.

—Debes experimentar de todo en la vida, ¿no es cierto?

Había mucha urgencia en su voz, en sus ojos y en lo que quedaba de su cuerpo al que me oponía inconscientemente.

—Prueba con una película porno —dije cuando ya estaba más tranquila.

—Nooo —gimió Darka—, ¡no entiendes! Mira, madre numero due, necesito tu consejo... allí está esa amiga mía, la ves. Ella me gusta y me gustaría probar con ella, pero no sé cómo hacerlo...

Un castillo de naipes colapsando ante mí.

—¿Y entonces, qué quieres que yo haga? ¿Supervisar?

Estaba furiosa. Darka se percató.

—Coño, madre numero due, ¿estás celosa?

De no sé dónde apareció un colega rubio de ojos azules con una camisa naranja, pantalones negros bien apretados y las uñas pintadas de naranja.

—¿Cómo les va chicas? —bramó el tipo.

—Hola

—Oigan chicas, ¿por qué no llevan un triángulo rosado?

Le sonreí con una mueca, supuestamente con indulgencia, pero no me salió. Darka no dijo una palabra.

—¡Qué fascista retardado! —gruñó ella y se volvió hacia mí.

—¡Qué coño más anticuado! —gritó el fascista y se volvió hacia mí.

Darka comenzó a echarle pullas y luego me sacó afuera.

Encendió un cigarrillo.

—¿Es un amigo tuyo?

No dije nada. Lo último que quería oír era un sermón de mia figlia.

—¿Oíste lo que dije?

No podía contestar. ¿Era un amigo mío o simplemente un conocido? ¿Era interesante o simplemente me importaba un bledo?

—¿Por qué no te vas con Otík?

Darka se echó para atrás.

—Mira, madre numero due, ¿qué tipo de evasión es ésta? ¡Otík no es un fascista!

Ella se movía de un lado para otro nerviosamente, aspirando su cigarrillo.

—¿Entonces, te gustó ese comentario del triángulo rosado?

—Él piensa que es ingenioso —le respondí—, déjalo tranquilo...

—De modo que te parece normal. Mira, madre numero due, puedo soportar esas bromas fascistas, ¿entiendes? Padre numero zero se ponía camisas como esa, y era rubio y de ojos azules también. Pensaba que era mejor que los demás y andaba garabateando por ahí “Los negros al horno”, esvásticas, y gritando: “¡Váyanse! ”, soñando con una despensa llena de pistolas ¡Coño! Mientras mia madre y yo no teníamos ni mierda para comer. Mira, madre numero due, yo sé que sólo fue una cogida, pero ese mierda me jodió mi vida, ¿lo entiendes?

Entendí. Absolutamente. Ella veía su biopa en cada verga que se le atravesaba. Un simple acto fálico y un trauma para toda la vida.

—Voy a entrar a por otra cerveza —dije.

—¡Vete! ¡Entra y congélate con tu amiguito fascista!

Regresé y conseguí otra cerveza. Darka permaneció fuera. Fui al fondo donde estaban los cineastas sentados, incluyendo al fascista. Una mujer mayor estaba sentada a su lado. Tomé una silla vacante que estaba frente a ellos y les di una buena ojeada. No, esa no es su querida, concluí, es su madre. Estaba en lo cierto. Estaba bebiendo un licor de cerezas y cuando me vio comenzó a preguntarme.

—¿Te gustó la película?

—No, realmente —dije sosteniendo mi mirada en la cerveza.

—¿Qué quieres decir con eso?

El fascista puso atención.

—Trabajé en esto seriamente con el director y tú dices no realmente...

—¿Alguien dijo no realmente?

Preguntó el director en la cabecera de la mesa. Siempre es lo mismo: ellos se ponen a cotorrear y a decirse lo bien que estuvieron.

—Fui yo —admití.

—¿Qué quieres decir con no realmente?

—La película no trata sobre nada.

—¿Qué quieres decir? ¿Sobre de nada?

—Sobre nada. No hay catarsis, no hay nada.

—¿Catarsis?

El director y el fascista se miraron a los ojos. La madre del fascista metió las orejas.

—¿Cómo vas a esperar catarsis en esa locura de ellos?

La madre me miró con una sonrisa afectada. Estaba claro que ella estaba por encima de todo esto. Entonces el director replicó.

—¿Alguien ha dicho locura?

—Fui yo.

—Oh, deje eso madrecita —dijo el fascista tratando de apaciguarla y tintineó en sus gafas—. En estos días sólo la locura tiene sentido.

Entonces se volvió hacia mí nuevamente.

—Tú no puedes decir que no trata sobre nada. Estamos expresando una protesta... —No tuvo tiempo de terminar.

—... contra el abuso de niños —el director completó la oración y luego se frotó la barriga.

Ya estaba aburrida. El fascista pasaba furiosamente mensajes de texto a alguien por debajo de la mesa.

Cuando finalizó, se disculpó y salió. Su madre me dijo algo acerca del bastardo pero no pude captarlo.

—Volveré —dije y me marché al doubleyoocee.

Localicé la puerta con la chica pintada, abrí uno de los cubículos y me quedé paralizada. Unas manchas naranjas danzaban ante mis ojos. Allí estaba el fascista con su trasero ante mí y los pantalones por los tobillos con alguien delante.

—Favoloso —suspiraba —favoloso.

Su ritmo no disminuía. Aceleraba los movimientos y emitía sonidos guturales. Y entonces las escuché. Escuché algunas palabras que hicieron que mis intestinos se paralizaran. Las palabras salieron de la boca de una criatura curvada en el inodoro con los pies abiertos.

La única parte que pude ver fueron sus gordas y blancas piernas.

—¡Me encanta por el ano!

Fueron las palabras que escuché. Y otra vez.

—¡Me encanta por el ano!

—Coño —dije.

Y por mi mente pasó: ¡Darka! ¡El fascista se está follando a Darka!

Entonces él se volvió. Su cara estaba roja, sus labios sonrientes y sus ojos nublados. Cuando se dio cuenta de que estaba parada allí disminuyó el ritmo y me echó una mirada de complicidad.

—¡Vamos hombre! —gemía Darka—. ¡Vamos!

Él hizo un gesto apologético con los hombros como diciendo: “Scusami, pero como puedes ver estoy realmente ocupado”, y nuevamente aceleró el paso. Darka gritaba de dolor y el fascista de gozo. Cerré la puerta y me fui. “Cerdos”, dije para mí misma.

—¿Pasa algo? —preguntó la madre del fascista compasivamente. La sentí como una sanguijuela pegada a mi rostro.

—Sí —asentí y fijé la mirada en la cerveza—, pasa algo.

—¿Ha visto a mi hijo?

—Sí.

—¿Dónde?

—En el trono —le solté y luego dije—, de las damas.

La madre entornó los ojos.

—Se equivocó a propósito nuevamente, hum.

—Sí. Aparentemente quiere cambiarse de sexo.

—Es tan tonto —dijo la madre.

La camisa naranja apareció en la puerta. El fascista. Un cigarrillo encendido colgaba de sus labios, en su mano derecha dos jarras y en su izquierda dos licores de cereza. Depositó todo frente a su madre, tomó asiento y deslizó una cerveza y un licor hacia él. Luego bebió un gran sorbo de cerveza.

—Favoloso —profirió y luego me miró de reojo.

—¿Qué ocurre con tu género nuevamente?

La madre lo pinchó y él balbuceó.

—¿Qué quieres decir con mi género?

—Si te conviertes en una chica, te sacaré los ojos.

Su madre lo expresó fríamente, sin la más mínima emoción en su rostro.

—¿Una chica?

El fascista no tenía idea de lo que ocurría.

—Basta de estar entrando en el baño de las damas, ¿me estás oyendo?

El me clavó los ojos, y yo se los clavé a la madre.

La madre esperaba que le explicáramos qué estaba ocurriendo. El fascista le dijo algunas boberías que no escuché. Cuando terminó, y su madre lo dejó para dedicarle más tiempo al director, mi móvil comenzó a sonar. Entró un mensaje de texto del fascista: ¡No le digas a mamá! Tecleé una respuesta: Otík te va a matar... Luego lo cerré y lo guardé.

—Me voy de aquí —dije y me levanté.

Saludé con la cabeza, todos emitieron un adiós genérico, y me retiré. Cuando pasaba por la asediada barra me pareció ver a Darka. Me volví y era ella. Pero no me vio. Estaba envuelta en una conversación con dos gitanos, sosteniendo un paquete de hierba en una mano y en la otra una cerveza. Vacilé un momento y luego la empujé por un costado.

—¡Oye, madre numero due! —sus ojos estaban nublados y levantaba la mano con la cerveza.

—Estás borracha —le dije disgustada y miré hacia los lados ansiosamente—¿Podemos hablar un momento?

Había tal algarabía que no nos podíamos escuchar.

—¿Quieres que salgamos?

—Sólo un momento.

Salimos. Dos parejas se estaban mordisqueando y un poco más lejos había un grupo de adolescentes fumando. Arrastré a Darka más hacia la calle.

—Oye, madre numero due, ¿qué pasa?

—¿No hay algo que debes explicarme?

—¿Como qué?

—Como la improvisación en el trono...

—¿Qué improvisación...? —titubeó—¿en qué trono?

—¡Deja de interpretar estupideces! ¿Cuánto tiempo llevas haciéndolo con el fascista?

—¡Coño!

Darka entró en pánico. Empezó a estirarse los pelos, a golpear la pared y a balbucear. La hice callar.

—¡Para ya!

—¿De modo que nos estabas espiando?

—No tuve que hacerlo.

Darka no dijo nada. Puso una expresión hostil, resopló y empezó a contornear los ojos.

—Bien. Vamos a resumir la situación: en la cama el fascista no te desagrada, ¿no es así?

Darka no parpadeó.

—¿Me escuchaste?

—Sí. Te escuché. Mira, madre numero due...

Se tuvo que tragar el resto.

—El fascista no te desagrada y te gusta por el culo, ¿no es así?

Darka se quedó inmóvil por un momento y luego comenzó a sollozar.

—Mira, madre numero due, simplemente no entiendes. No entiendes nada en absoluto. En el baño él me imaginaba como su propia madre. Siempre es así... ¿Entiendes?

Ahora era mi turno de quedarme inmóvil. No podía creerlo. No podía creer que el fascista encontrara en Darka la madre numero due y se lo hacía por el culo sólo porque nunca se lo pudo hacer a su bioma a pesar de haberlo deseado mucho.

—¿Actúas como su madre o como la víctima?

—Ambas cosas. Él necesita las dos. Mira, madre numero due, no es tan horrible. Sólo es que es más fuerte que yo...

Esto me aplastaba también a mí. Entonces se me ocurrió algo.

—Vamos, —la agarré por la nuca y la atraje hacia mí—. ¿Qué tal si fuera de otra forma?

—¿Qué quieres decir?

—¿Si no representaras ninguna madre en absoluto...?

—¡Pero eso lo hago!

—¿Qué tal si representas a tu padre?

Ella se puso rígida.

—¡¿Qué padre?!

—No sé. Alguno de los muchos... Quizá padre numero seis...

—¡Eso es ridículo!

—Muy bien, es ridículo. ¿Y qué tal padre numero zero} ¿El fascista es ya el padre numero zero?

Darka comenzó a temblar. Esta vez fui yo la única que le robó su heytchdee. Darka trató de decir algo, pero todo lo que pudo hacer fue mover sus labios sin que salieran palabras. Entonces se rindió y salió corriendo.

—No —pasó por mi cabeza —Nunca podremos hacerlo. Ella no está preparada. Al menos que yo orine en su boca como Otík...

Vatava Antošová nació en 1957. Es conocida como poetisa lesbiana y recientemente como autora de dos novelas, Dáma a švihadlo (La dama y el látigo, 2004) y Nordickou blondýnu jsem nikdy nelízala (Nunca he lengüeteado a una rubia escandinava, 2005). Vive en Teplice, al norte de Bohemia.