KATHLEEN MCGOWAN

22 DE MARZO DE 2006

LOS ÁNGELES

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Kathleen McGowan La esperada Agradecimientos

DAR LAS GRACIAS INDIVIDUALMENTE a todas las personas que me han ayudado durante más de dos décadas es una tarea que requeriría un libro entero, y por desgracia no es posible con un espacio tan limitado. Haré lo posible por incluir a todos aquellos que han sido decisivos a la hora de ayudarme a escribir este libro.

A mi agente y amigo Larry Kirshbaum, quien se convirtió en mi arcángel particular durante el proceso, le ofrezco mi admiración y gratitud ilimitadas. Su pasión por la historia de María y su determinación de ayudarme a traerla al mundo fue la fuerza gracias a la cual todo ocurrió.

No tengo palabras para agradecer el firme apoyo, el asesoramiento profesional y el consejo fraterno de mi editora, Trish Todd. Mi agradecimiento a ella, y al extraordinario equipo de profesionales de Simon and Schuster/Touchstone Fireside, es ilimitado.

Para mi familia ha supuesto un enorme sacrificio apoyarme durante mis años de investigación. A lo largo de todo este tiempo, mi marido, Peter McGowan, aportó la fe, me apoyó económica y emocionalmente, estuvo al mando del fuerte y mantuvo unida a la familia mientras yo viajaba. Nunca dudó de mis experiencias ni perdió la fe en mis descubrimientos, por más descabellados que parecieran al principio. Mis hermosos muchachos, Patrick, Conor y Shane, han aguantado a una madre que estuvo ausente algunas temporadas y se perdió demasiados partidos de la liga infantil de béisbol. No obstante, mi marido y mis hijos han presenciado tantos milagros en mi compañía a lo largo de esta senda de descubrimientos que todos pensamos que no había otra alternativa que seguir hasta acabar la obra, pese a los riesgos, a menudo considerables. Espero que este libro demuestre ser digno de sus sacrificios.

Esto ha sido un asunto familiar, y algo de todo lo que hago y todo lo que soy pertenece a mis padres, Donna y Joe. Su amor y apoyo han sido la piedra angular de mi vida, y han padecido algunos momentos muy difíciles como resultado del espíritu zíngaro de su hija. Les doy las gracias por todo, y me siento bendecida en particular por el amor incondicional que sienten por sus nietos.

Comparto esta obra y las futuras con mis hermanos, Kelly y Kevin, y sus familias. Para mis extraordinarias sobrinas y sobrinos, Sean, Kristen, Logan y Rhiannon, espero que las revelaciones de este libro les inspiren algún día mientras cumplen sus destinos únicos. El mismo día que terminé la versión 349

Kathleen McGowan La esperada final del manuscrito, dimos la bienvenida al mundo a mi sobrina más reciente, Brigit Erin. Nació el 22 de marzo de 2006. Seguiré con interés afectuoso cómos sus pasos siguen la senda de las Esperadas anteriores.

Toda mi familia debe su felicidad al equipo de la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatales de la Universidad de California, Los Ángeles por salvar al pequeño Shane. De hecho, nos salvaron a todos. A quien dude de los milagros, le sugiero que pase unos días en esa unidad. Allí verá que en la tierra existen ángeles de verdad. Llevan batas blancas y están disfrazados de médicos, enfermeras y terapeutas. El milagro de Shane fue la fuerza catalizadora que me obligó a terminar este libro.

He recorrido incontables kilómetros de este viaje con Stacey K, que ha sido mi hermana, mi compañera de investigaciones y mi amiga del alma. Merece una mención especial por aceptar las tareas más extravagantes sin pestañear, como seguir voces incorpóreas que llamaban a «Sandro» por todo el Louvre y perseguir a extraños hombrecitos por la basílica del Santo Sepulcro. No habría podido terminar el libro sin su fe y lealtad.

Mi agradecimiento infinito a «tía Dawn» por su generosidad sobrehumana y por ser un ancla asombrosa de amistad y lealtad.

Eterna gratitud para Olivia Peyton, mi hermana espiritual y maestra de investigadores. Me inclino ante su genio como mujer y como cibersibila, y rindo homenaje a su brillante novela Bijoux, que contiene la clave de tantos misterios. Gracias especiales a Marta Collier por su contribución y su fe en la música de Finn MacCool, así como por su apoyo incondicional al clan McGowan contra viento y marea.

Mi más sincero agradecimiento a mi gran amigo y valiente caballero del Grial, Ted Grau. Creo que en realidad no comprende la importancia de su contribución. Pero yo sí.

Gracias a Stephen Gaghan por sus comentarios incisivos, aunque angustiosos, sobre los primeros borradores de la historia. Su sinceridad descarnada me obligó a llevar a cabo mejoras sustanciales. Go raibh mile math agat para Michael Quirke, el tallador de madera místico del condado de Sligo, quien también es el mejor narrador de historias de la tierra. Desde el día en que entré en su tienda «por casualidad», perdida en el verano de 1983, he vivido al otro lado del espejo. Más que cualquier persona o acontecimiento, Michael me hizo comprender que la historia no es lo que está

confiado al papel, sino lo que está escrito en las almas y los corazones de los seres humanos, y grabado en la tierra donde vivieron sus grandes alegrías y sus penas más profundas. Mil gracias por darme ojos para ver y oídos para escuchar.

Gracias adicionales para:

Patrick Ruffino, quien me enseñó el significado de la amistad e impidió que me extraviara por Zsx Avenue.

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Kathleen McGowan La esperada Linda G, quien hace malabarismos con los arquetipos de Martha y Vivienne con inmensa gracia.

Verdena, por encarnar el espíritu de María Magdalena y enseñarme más que unas cuantas cosas sobre fe, milagros y la valentía más pasmosa. R. C. Welch, por su labor de traductor en el museo Moreau y por una gran conversación sobre la vida y la literatura en los bancos de Saint-Sulpice. Branimir Zorjan, por aportar a nuestro hogar su amistad, luz y sanación. Jim McDonough, el magnate de los medios de comunicación más encantador de todo el planeta y un gran amigo nuestro.

Carolyn y David, quienes sólo están empezando a comprender su papel en todo esto.

Joyce y Dave, mis amigos antiguos más recientes.

Joel Gotler, por luchar en el bando de los buenos y trabajar para que la historia de María llegue a un público más amplio.

Larry Weinberg, mi abogado y amigo, por creer en mí tanto como en el libro.

Don Schneider, por hacerme reír.

Dev Chatillon, por su gran personalidad.

Glenn Sobel, por su paciencia ilimitada y apoyo en el pasado. Cory y Annie, quienes compraron el primer ejemplar.

También estoy en deuda con la ilustre Linda Goodman, la fallecida astróloga y autora, la primera en susurrar este secreto en mi oído antes de que estuviera preparada para comprenderlo. Alteró el curso de mi vida con esta información, y al legarme sus traducciones de las Tablas Esmeralda (que demostrarán su importancia en libros posteriores). Mi destino permanece extrañamente entrelazado con el de Linda, un hecho que ha provocado un dolor sorprendente, pero también una gran dicha. Ojalá se hubiera quedado con nosotros el tiempo suficiente para ver la prueba que descubrí de su vinculación con el linaje.

También estoy agradecida de que el sendero que atravesaba la vida de Linda me condujera también a otra gran autora y astróloga, Carolyn Reynolds. Ella fue mi roca en algunos días muy oscuros, con su grito de batalla «Nadie puede robarte el destino». Le doy las gracias con todo mi corazón. Gracias especiales a las damas ilustradas del Fórum de las Tablas Esmeralda por su apoyo y amor a lo largo de los años.

A veces tardas la mitad de la vida en comprender por qué ciertos acontecimientos modelan tu destino. Jackson Browne cambió mi joven vida impresionable el día que cumplí diecisiete años, en los camerinos del Pantages Theater, y creo de verdad que si no hubiera sido por él este libro no existiría. Como activista adolescente, fui la destinataria de su apasionado discurso sobre el poder de una persona para cambiar el mundo, y de su alabanza de mi necesidad juvenil de cuestionar un statu quo injusto. Me agarró por los hombros mientras repetía con vehemencia: «Nunca dejes de hacer lo que haces. 351

Kathleen McGowan La esperada Nunca». Le doy las gracias por convertirse en un catalizador (aunque mis padres no estén de acuerdo), y por toda una vida de música inspirada, pero sobre todo por The Rebel Jesus. Creo que Easa daría su aprobación. Gracias de todo corazón a Ted Neely, y un recuerdo afectuoso para el fallecido Carl Anderson, que tanto me conmovieron a mí y a muchos más con sus retratos inspirados por Dios de Easa y Judas. (¿Es casual que Andrew Lloyd Webber naciera un 22 de marzo?) Cualquiera que haya tenido la fortuna de pasar un rato en la presencia resplandeciente de Ted sabe hasta qué punto encarna la belleza del espíritu nazareno.

Los talentosos miembros del Screenwriter's Refuge me han proporcionado terapia de grupo y un tremendo apoyo durante los últimos años. De modo que, Cindy, Robert, James, Mel, Kathy, Fitchy, Teddy, Chris y Wenonah, quiero transmitiros mi más sincera admiración y daros las gracias. Es fantástico estar en las trincheras con unos amigos tan buenos.

Mi corazón vive en Irlanda, y mi gratitud concreta es para el condado de Cavan, donde mis suegros, John y May, siempre me han tratado como a una hija. Amor y gracias para mi numerosa familia irlandesa: Brian, Bridie y Pat; Susan, Philomena, Pam y Paul; Geraldine y Eugene; Peter; Laura, y Noeleen, David y Daniel.

Gracias a toda la pandilla de Drogheda por enseñarme la esencia de la ciudad que sobrevivió a Cromwell. Son gente muy especial y unos amigos maravillosos. Y ese punto de referencia se llama Magdalen Tower por algún motivo, ¿no?

En el curso de esta investigación, Los Ángeles fue mi hogar, Irlanda mi refugio y Francia mi inspiración. Estoy agradecida al personal del hotel Place du Louvre, que siempre me hizo sentir como en casa en París, y por introducirme en la historia del Caveau des Mousquetaires. Hay mucha gente en Francia que me ha entregado trocitos de sus almas y corazones, y no transcurre un día sin que suspire por la belleza del Languedoc, la Camargue, el Midi y Provenza, y por la gente extraordinaria que habita en esas regiones mágicas. La esencia de María Magdalena es compasión y perdón, y con ese espíritu ofrezco este libro como una rama de olivo a quienes pueda haber ofendido durante el camino. En especial a mi tío, Ronald Paschal, pues su pasión por nuestra herencia francesa fue algo que fui incapaz de comprender cuando intentó transmitírmela.

También me gustaría ofrecer este libro a Michele-Malana. Nuestra amistad no sobrevivió al tumultuoso sendero en que nos depositaron, pero su generosidad e inspiración nunca serán olvidadas. Si alguna vez lee esto, y su amor por María Magdalena indica que es posible, espero que vuelva a encontrarme.

Debo dar las gracias a la maravillosa gente de Issana Press por publicar las traducciones de las cartas de Claudia Prócula. Recomiendo en especial su folleto Reliquias del arrepentimiento, muy breve, pero muy poderoso. Les doy las 352

Kathleen McGowan La esperada gracias por confirmarme que Pilo era el auténtico nombre del hijo de Pilatos, y por espolear mi mente con la información de que tal vez existan otros hijos de Pilatos...

Considero necesario que los escritores honren a los pioneros que abrieron la puerta para que todos nosotros pasáramos. Como tales, debo dar las gracias a los autores, con frecuencia controvertidos, Michael Baigent, Henry Lincoln y Richard Leigh, quienes trajeron al mundo El enigma sagrado en la década de 1980. Este libro fue un terremoto que despertó en el público la idea de que algo importante se estaba cociendo en el sudoeste de Francia. He llegado a conclusiones diferentes por completo, y he descubierto un enfoque alternativo para mi investigación. De todos modos, saludo la valentía, tenacidad y espíritu de pioneros de estos tres honorables caballeros, y lo que fueron capaces de conseguir, y les agradezco que introdujeran en el mundo esotérico a un personaje tan enigmático y astuto como Bérenger Saunière.

Por fin, a todos los brillantes artistas que anhelaron que esta información fuera descubierta durante su vida. Les dispenso mi gratitud por proporcionarnos los mapas y pistas necesarios para encontrarla. En particular a Alessandro Filipepi, quien era en verdad un «amado hijo de los dioses», y continúa fascinándome a través del tiempo y el espacio.

Pronto nos encontraremos en la catedral de Chartres, a la entrada del laberinto, cuando empecemos nuestra búsqueda de El Libro del Amor. Ya tienen el plano. Pero tal vez les apetezca traer su ejemplar más sobado de las obras completas de Alejandro Dumas, y envolverse en el tapiz de un unicornio...

Lux et veritas

KDM

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Kathleen McGowan La esperada Et in Arcadia ego

Conocí a una mujer en el camino de Sión,

una pastora de singular belleza.

Dijo estas palabras en un susurro secreto:

Et in Arcadia ego.

Viajé hacia el este a través de las montañas rojas.

Junto a la cruz y este caballo de Dios,

san Antonio el ermitaño dijo:

«¡Fuera de aquí, fuera de aquí!»

Yo guardo los secretos de Dios.

En el tiempo de la cosecha descansé.

Cuando buscaba la fruta de la parra,

las vi bajo el sol de mediodía,

manzanas azules, manzanas azules.

Et in Arcadia ego.

A la sombra de Maria

descubrí los secretos de Dios.

Del álbum Music of the Expected One, por Finn MacCool. Música y letra de Peter McGowan y Kathleen McGowan Visite www.theexpectedone.com para escuchar la canción. Entre en www.laesperada.com

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