Capítulo Cinco
Algo despertó a Summer. El corazón le latía con mucha velocidad y un sudor frío le bajaba de la frente. Se sintió helada. No se había sentido tan fría en la vida.
¿Qué la habría despertado así? ¿Había sido un ruido? Creyó haber oido algo. Pero ahora sintió un movimiento dentro de la cabaña. Lo que quiera que haya sido, la estaba haciendo sentir incómoda y le había quitado todo deseo de dormir. Se quedó ahora muy despierta. Instintivamente, supo que Nick ya no estaba a su lado en la cama. También supo que no era él quien estaba paseándose por la sala. Nick caminaría con confianza. La persona que estaba allí, en cambio, caminaba despacio, con cuidado. Estaría buscando algo — o buscándola a ella.
Summer escuchó una respiración pesada y la sangre se le heló en las venas.
Su respiración.
¿Estaría en medio de una pesadilla? ¿Estaría soñando que aquel asesino estaba respirando cerca de ella? Se le secó la garganta y quiso gritar, pero no consiguió ni moverse. Quería meterse bien adentro en las sábanas, esperando que no la encontrara. Pero lo haría si se quedaba allí. ¡Estaba atrapada!
No. No. No. ¡Esto no podía estar pasando!
El miedo la desgarró por dentro. ¿Dónde estaba Nick? ¿Qué había pasado con él?
Summer se sobresaltó al escuchar que el intruso golpeó algo. ¿El sofá?
Se detuvo. Tal vez pensaría que ella se había despertado y que había oído todo.
¿Nick? ¿Dónde demonios estás? ¿Y dónde estaría su bastón? ¿Y el arma de Nick? ¿Por qué demonios tendría la costumbre de olvidar dónde había dejado su bastón? ¡Maldita sea!
En su mente, Summer pensó rápidamente en una ruta de escape. Podría salir por la ventana, pero el intruso la escucharía abrirse. O podría esconderse debajo de la cama. No, él revisaría allí, sin duda.
Otra idea se le vino a la cabeza. Sí, era su única esperanza.
Levantando la bocina del teléfono, marcó los números 9-1-1. En la escuela para ciegos la habían hecho memorizar la disposición de los números en el teclado, en caso de alguna emergencia. Al colocar la bocina en su oreja, notó que no tenía tono. Sólo un silencio oscuro. Los vellos en su espalda se erizaron todavía más.
¡Ay no! El tipo cortó las líneas telefónicas.
¡Su celular! Lo había puesto en la gaveta con los condones y las bragas. Pero el tipo la iba a escuchar si tratara de abrirla.
Está bien, ¡cálmate! Él no era ciego. Pero su oído no era como el de ella. Tendría que ser súper silenciosa. Si se daba prisa, tal vez podría ir a buscar su celular, e incluso salir del cuarto antes de que él entrara.
Summer se quitó el edredón de encima lo más rápido que pudo. El aire se encontró con su desnudez y maldijo el hecho de encontrarse desnuda. No tenía tiempo para pensar ya en eso. Tendría que moverse a la vez que él lo hacía. Sus pasos, si tenía suerte, iban a disimular los sonidos que ella hiciera.
El corazón le latía con fuerza contra el pecho como explosiones, a medida que bajaba y pasaba los dedos por la cama. Está bien, el estudio estaba justo al otro lado del corredor. Lo único que necesitaba hacer era—
Los pies descalzos de Summer se chocaron con algo, y casi dio un tumbo, pero se mantuvo de pie. Por supuesto, la ropa de ellos estaba tirada en el piso. Inclinándose, gateó por el suelo y encontró rápidamente sus vaqueros y so top. También percibió que allí no estaban los vaqueros de Nick ni lo demás que antes llevaba puesto.
De acuerdo, eso quiere decir que Nick había oído algo también, y había ido a investigar. Tal vez estaría allá afuera buscando al malnacido aquel, que tal vez se las habría arreglado para entrar.
Summer no se demoró más y se puso rápido sus vaqueros y su demás ropa, y logró sentirse un poco mejor al pensar que Nick podría estar bien después de todo.
Afuera en la sala, podía oír al intruso moviéndose de nuevo. Le pareció que paró cerca de la mesa, junto a su arte erótico, y se estremeció de la repulsión que le generó el sólo pensar que él debía estar viendo su proyecto reciente. La escultura de Nick haciéndole sexo oral.
No. No podía ponerse a pensar en eso ahora. Necesitaba darse prisa, y encontrar a Nick para que pudieran largarse de allí.
Por un pequeño segundo, ella pensó en dejar atrás el celular, y simplemente salirse de allí. Pero probablemente iban a necesitarlo. Optó por tomar el celular. Alcanzó el mueble, y abrió la gaveta lentamente. Palpando en su interior, encontró rápidamente el celular, y de repente se quedó helada. Si se atrevía a abrirlo, aquel sonido pre-programado que emitía, se produciría. Él escucharía eso, y ella sería mujer muerta.
¡Mierda!
Está bien, ahora tenía que salir del cuarto y de la cabaña. ¿Y después?
Summer respire una bocanada de aire y se obligó a relajarse. Como si fuera posible. Ella ya podía escucharlo otra vez. Viniendo hacia la habitación. El corazón se le aceleró y creyó que se iba a morir de un ataque.
Él golpeó otra cosa. ¿Qué cosa? Ella no tenía ni idea. Lo que quiera que haya sido, lo había golpeado en un punto más cercano a ella. Mucho más cercano.
Ella se movió más rápido. Se giró y se regresó a la cama. Puso las manos por encima de la cama para guiarse, hasta que le dio la vuelta. Después, con los brazos todavía estirados, dio otros pasos más hasta que sus manos tocaron la pared. Después tocó la puerta del baño.
Por suerte, La puerta estaba abierta y ella se deslizó hacia adentro, cerrándola después. Contuvo después la respiración, le pasó el cerrojo a la puerta, apretando la expresión de su rostro con el sonido fuerte que eso produjo. Se quedó helada cuando escuchó el interruptor de la luz en la habitación. Escuchó al intruso maldecir suavemente.
La cabeza de Summer daba vueltas. ¿Habría una ventana en el baño?
Pasando los dedos por la pared, sintió el compartimiento de la ducha, más pared, ¡y sí! Una ventana. Después de destrancarla, la deslizó completamente hacia arriba, y supo que él escuchó. La dejó así, y entonces optó por pasar las manos por la pared hasta que encontró la otra puerta. La abrió, caminó de puntillas hacia la sala, y la cerró silenciosamente detrás de ella. Si su plan funcionaba, él iba a ir detrás de ella por la ventana, pensando que ella habría salido por allí. Si no funcionaba, se vendría detrás de ella hacia la sala, y la mataría.
* * * * *
Nick estaba congelado. Las náuseas le sacudían el estómago. La cabeza le dolía demasiado, y la nuca la tenía rígida y muy caliente. Sangre. Un crujido que sintió en su nuca lo hizo perder el equilibrio y caer al piso como un muñeco de trapo.
Se llegó a preguntar de golpe si no estaba paralizado por causa de las heridas. Descartó esa posibilidad cuando flexionó los dedos y movió las piernas. Todo estaba funcionándole bien. Ahora necesitaba moverse de allí, y evitar que ese malnacido le hiciera algo a Summer. Infortunadamente, los músculos, tan fríos como los tenía no le estaban respondiendo tan rápido como a él le gustaría, y sólo pudo arreglárselas para sentarse un poco. Luego todo le dio vueltas.
Por un corto momento, ni siquiera supo orientarse respecto a dónde era arriba y dónde abajo. Estirando los brazos, hizo crujir sus nudillos contra la pared de la cabaña, y se agarró a su propio cuerpo, forzándose a superar el mareo. Le pareció como que hubiera pasado mucho tiempo, pero logró ubicarse en el espacio finalmente.
La verdad era que Nick estaba demasiado asustado. Aunque el miedo no era por él, sino por Summer. Ella estaba en problemas. Probablemente sería demasiado tarde, y el malnacido estaría haciéndole algo ahora mismo. Sintió que el estómago se le desplomó como un elevador sin control de sólo pensarlo.
No tenía idea de cuánto tiempo había pasado desde que estaba allí tirado. Podrían ser solo minutos, horas tal vez, o incluso tal vez sería la noche siguiente. Incluso tal vez, ella ya estaba muerta.
¡Maldición! Tenía que dejar de pensar de esa manera. Necesitaba levantarse. Encontrarla. Matar al desgraciado. En ese orden.
Cuando se incorporó totalmente, perdió el sentido y se desmayó de nuevo.
* * * * *
Summer ya tenía el corazón en la garganta. A pesar de eso, instintivamente se tiró al piso y comenzó a gatear. Detrás de ella, todavía en el baño, podía escuchar al intruso tratando de salirse por la ventana. Al menos, eso es lo que ella esperaba que estuviera haciendo. Se estremeció a medida que entró en la oscuridad, tocando la mesa de la cocina para orientarse en dirección hacia la puerta de entrada, donde recordaba haber dejado su bastón cuando habían regresado del paseo en la lancha.
Ella se tropezó con algo que creyó que serían unas botas, y después, por algún milagro extraño, encontró su bastón con los dedos. Se sintió aliviada. Al menos ahora sí tenía la posibilidad de salir de allí. Agarrando el mango, se quedó agachada y presto atención a los sonidos.
Puro silencio. Ya ni siquiera el viento estaba soplando allá afuera.
¿Será que el intruso se había salido de verdad por la ventana? ¿O será que la había escuchado y estaba esperando que hiciera su siguiente movimiento? De cualquier forma, necesitaba buscar algo de ayuda. Metió en celular en una de las botas para abrirlo, y cuando lo hizo, produjo aquel sonido que ella conocía bien.
Por un Segundo pensó en marcar el 9-1-1, pero prefirió llamar a Mary porque sabía dónde estaban, y no sabía si Summer el intruso podría escucharla mientras se quedaba en la línea hablando con la policía y dándoles detalles para que llegaran a ese sitio tan aislado. Reteniendo su pánico, también se dio cuenta que necesitaba escuchar la voz tranquilizadora de Mary. Discó la tecla de remarcado automático al recordar que la última vez que lo había usado fue para llamar a la anciana.
La mandíbula le temblaba y los dedos también, al ponerse el celular en la oreja. Sonaba y sonaba, hasta que las esperanzas de Summer se acabaron. A esa hora de la noche, Mary podía no responder.
Pero cuando oyó ese ‘hola’ que se forzó a pronunciar a pesar del sueño, Summer no pudo contener las lágrimas mientras le contaba rápidamente a Mary lo que estaba pasando.
* * * * *
¿Cómo podía haber desaparecido su ángel caído tan fácilmente? Ella obviamente estaba ciega. No podía haberse ido muy lejos en medio de semejante bosque. No en medio de esa oscuridad. Él se dio cuenta de que estaría por ahí. Pero ella estaba familiarizada con la oscuridad, ¿o no?
Él sonrió. Claro. Ella estaba retándolo. Tratando de ponerlo a su nivel. Muy bien, ángel. Muy bien. Iba a aceptar su reto, y cuando la atrapara, iba a mostrarle cuánto apreciaba sus juegos. Claro que sí.
Con el arma en la mano, se apresuró hacia el SUV alquilado que estaba parqueado en la carretera que había detrás de la cabaña. Era del demonio aquel. Bueno, ella no podría manejar si era ciega, y este demonio no iba a ir a ninguna parte. No si le metía algunos tiros para asegurarse que estuviera muerto. Antes de irse a buscarla, iba a hacer justo eso. Iba a matarlo antes de que su ángel pudiera revivirlo.
Volviéndose de nuevo, se dirigió a la cabaña, directamente hacia en sitio donde lo había dejado.
* * * * *
Summer no sabía qué hacer. Mary le había dicho que permaneciera allí donde estaba, y que iba a llamar a la policía y a Ryan. Cuando la línea se cortó, algo dentro de ella se apagó.
Se dio cuenta que algo malo le había pasado a Nick. Ya debería haber venido a buscarla. El asesino debía haberle hecho algo. No se imaginaba qué podría haberle hecho, y la idea la hacía enloquecer. Ella no se sentía nada cómoda allí en el piso. Estaba allí agachada. Necesitaba armarse. Defenderse a muerte si era necesario.
Sabía que Nick tenía un arma, pero probablemente se la habría llevado. No valía mucho la pena buscarla, aunque estaba cerca de la cocina. Allí encontraría cuchillos. Cuchillos para su protección.
Se metió el celular en el bolsillo trasero, y se incorporó. Pasó el bastón por delante de ella, tocó la pared con su mano, y continuó palpando hasta la cocina. Pasando por la nevera y por la estufa, encontró luego la encimera. Abrió los cajones, y encontró rápidamente un buen cuchillo bastante largo para cortar carne. Casi se corta la palma de la mano con semejante filo al asegurarlo entre sus manos.
Summer se quedó helada al oír a alguien en la puerta principal. ¡Era él! ¡Tenía que ser el asesino! ¡Ay Dios! ¡Estaba justo al otro lado de la puerta! Lo único que él tenía que hacer era abrirla, y la encontraría allí.
El miedo la paralizó al sentir un movimiento atrás de ella. Algo frío la tomó por la boca. Supo instintivamente que era una mano. Después, el pañuelo humedecido con cloroformo le cubriría la cara. Cuando eso pasara, tendría problemas mucho peores.
El pánico la atravesó y la hizo gritar. Pero el sonido salió amortiguado. Luchó contra un par de brazos fríos muy fuertes que la abrazaban.
¡Era él! ¡La había atrapado! ¡Ay, Dios! ¡La había atrapado!
Se paró encima de sus pies, y sintió una gran satisfacción al escucharlo gemir de dolor. Logró soltar uno de sus codos, y lo usó para golpearlo en algún lugar en su vientre duro. Otro gemido de dolor apareció, pero la agarró fuerte con los brazos.
¡El cuchillo! Tenía que usarlo, pero lo tenía en la otra mano. La que le tenía aprisionada con tanta fuerza.
“Cállate, soy yo.” La voz sonaba ronca aunque familiar.
¿Yo? ¿Quién, Nick?
¡Nick!
“Relájate, ¿quieres?” le susurró al oído.
Se dio cuenta que todavía estaba luchando con él, y se detuvo.
“Caramba, eres una luchadora, mujer. Recuérdame nunca darte rabias,” agregó.
Se alarmó. Pudo notar dolor en la voz de Nick. También se dio cuenta que le temblaba la mandíbula, y el sonido reverberaba como si fueran huesos que se chocaran — no sabía en realidad cómo podía ser el sonido de algo así, pero eso fue lo que pensó. Necesitaba sacarse esa imagen de la cabeza y concentrarse en Nick para que pudieran salir de allí, o los dos morirían en el momento que este lunático los atrapara.
“¿Qué pasó?” preguntó ella.
Necesitaba saber si él estaba bien, si de verdad estaba allí con ella o era pura fantasía suya, y entonces levantó las manos y le tocó la cara, revisándolo todo a ver si tenía heridas.
Inmediatamente, notó que él estaba sudando. Muchísimo. Tenía totalmente mojadas la barbilla, las mejillas y la frente. Tenía la piel fría, y luego repasó la parte de atrás de su cabeza y su nuca, sacando los dedos todos pegajosos y húmedos. Se obligó a respirar profundo y no sucumbir al temor de que él se encontrara terriblemente herido. Él estaba respirando con fuerza. Con mucha fuerza.
“No hay tiempo de explicar ahora,” le respondió toscamente.
Tenía razón. Necesitaban salir de allí antes de que el asesino entrara otra vez. Summer se tragó el miedo que se le acumulaba en la garganta, y trató de mantener la calma. Si es que eso era posible.
“Él estaba en la puerta delantera. Yo lo oí,” ella susurró.
“Está bien, alejémonos de aquí.”
Nick la soltó y sintió que le quitó el cuchillo. Él le deslizó con firmeza los dedos por las manos, tan fríos como los tenía. La condujo por la sala e instantáneamente supo que algo andaba muy mal con él por la forma en que caminaba, casi cayéndosele encima un par de veces. Quería preguntarle de Nuevo qué había pasado, pero no era el momento. Se preguntó hacia qué parte de la cabaña estaban dirigiéndose cuando golpeó el sofá con el bastón, y después la mesa que había usado para trabajar en la mañana.
¿Ay, había sido solo esa mañana que había tenido a Nick en la boca?
Un momento después, sintió el mango del cuchillo apretado contra su mano. Nick estaba devolviéndoselo.
“Él se llevó mi pistola, y perdí las llaves de la casa y del carro allá afuera,” dijo Nick. A Summer se le retorció el estómago con desesperación.
Él colocó su mano en la manija de una puerta. “Aquí está la puerta de atrás. Saldremos por aquí. Pero primero necesito la llave extra del SUV. Está en el armario del pasillo delantero. Quédate aquí. Regresaré en un momento.”
“Pero él puede entrar por la puerta delantera. Acabamos de oírlo—”
“Silencio. Si fuera a entrar por allí en ese momento, ya lo habría hecho. No te preocupes. Seré cuidadoso. Lo prometo.”
Ella asintió rápidamente y se dio cuenta que estaba tiritando. Estaba temblando descontroladamente.
Summer escuchó a Nick tambaleándose mientras avanzaba, y un momento después, escuchó el interruptor de la luz. Se quedó congelada y supo que habían encendido las luces. También supo que no habría sido Nick quien lo hiciera, lo que quería decir sólo una cosa—
“Ay, mi ángel caído. Finalmente te encontré.”
El terror la colmó. Era él. El maldito asesino.
La respuesta de lucha o huida fue tan fuerte, que Summer casi sucumbe a ella. Por un segundo, pretendió girar la manija y salir corriendo. Al siguiente segundo, pensó en tirársele encima y clavarle el cuchillo. Pero el inconfundible sonido de un arma siendo desbloqueada la hizo paralizarse. Solo pudo esperar que Nick supiera que el intruso estaba allí.
* * * * *
Nick siempre había pensado que era un hombre paciente, que lograba mantener la cabeza fría bajo circunstancias extremas. Infortunadamente, cuando se trataba de Summer, su calma se esfumaba. Sabía que debería concentrarse en sacar al asesino como fuera posible, pero solo lograba pensar en cómo sacar a Summer de allí.
Luego de despertar de los golpes, escasamente había logrado levantarse. Por suerte, no se había desmayado otra vez, pero había estado muy cerca. Se dio cuenta que no podía dejar de tambalearse después de todo eso. Así que había andado a través del pasillo de la cabaña hasta que se cayó. Después se arrastró hacia la puerta trasera de la cabaña, esperando que el intruso no la hubiera asegurado. No lo había hecho.
¿Cómo había hecho el malnacido para encontrarlos? Pensó mientras abría el sobre que contenía la llave adicional del carro. La había puesto sobre el estante, cerca de la puerta principal. ¿Habría recurrido de alguna forma a Ryan? Esa pregunta, por el momento tendría que permanecer sin respuesta. Lo que necesitaba en ese momento eran las llaves del carro—
En medio de la oscuridad, levantó los brazos, le dio una vuelta al estante y casi cae al sentir un mareo que lo desestabilizó. Está bien, no levantaría más los brazos. Respirando con fuerza, se dejó caer sobre el interior del clóset y esperó que el mareo pasara un poco. Luego vio que la luz estaba encendida en la sala, y se dio cuenta que el intruso tenía que haber entrado por la ventana del baño.
¡Maldición!
Trató de alcanzar la llave una vez más, pero el mareo lo aturdió, haciéndolo tambalearse peligrosamente.
Oh, mierda.
* * * * *
El terror le recorría a Summer todo el cuerpo a medida que escuchaba al asesino acercarse a ella. Sus pasos sonaban igual que esa noche que había entrado en la galería. Lenta y deliberadamente.
Se quedó quieta como una presa abatida, sin conseguir girarse, soltando la manija lentamente, y cambiando el cuchillo de mano, esperando que él no lo hubiera visto.
Summer pensó que no se quedaría sin dar una pelea. No iba a dejar que la violara ni que la torturara. Estaba segura de que las otras mujeres que él había atacado habían pensado la misma cosa. Y había qué ver que en todo caso estaban muertas. Tragándose la saliva amarga por la bilis que le llegaba hasta la garganta, se obligó a respirar lenta y profundamente.
“Finalmente te tengo, ¿no es así, Summer?” El asesino estaba riéndose, y ese sonido desagradable le produjo escalofríos por todas partes. Se alteró. Se agarró fuerte a su bastón y al cuchillo.
“Había estado observándote y deseándote por tanto tiempo.” Su voz no sonaba normal. Sonaba tensa y lujuriosa. ¿Estaría excitado? El tipo obviamente era un psicópata. “Cuando no regresaste a tu casa el otro día, me quedé preocupado de que te hubieras hecho mucho daño en aquella caída. Puedes imaginarte mi sorpresa cuando llamé al hospital del sector, y me dijeron que te habían dado de alta.”
“¿Quién es usted? ¿Qué quiere conmigo?”
“Ay, Summer. Dulce, dulce Summer. Tu cabello rojo brilla de una forma tan Hermosa bajo la luz. ¿Puedo tocártelo?”
¿El tipo está hablando en serio?
“Mantenga su distancia,” gruñó con ira, sosteniendo el cuchillo más fuerte por detrás de su espalda, y sintiendo que el miedo se incrementaba en su interior.
Él avanzó un paso. Ella alcanzó a verle la sombre en ese punto. Estaba a unos tres metros y un poco a su derecha. Parecía tener más o menos su estatura. Aunque parecía más ancho.
Tenía que mantenerlo allí hablando con ella. Mantenerlo distraído en ella. Le daría una oportunidad a Nick para escaparse. De verdad esperaba que hubiera logrado encontrar las llaves del carro y salir por la puerta de adelante sin ser visto. Oró para que no intentara quedarse y hacer el papel de héroe. El tipo tenía el arma de Nick, obviamente. Además, Mary ya había llamado a la policía. Ellos vendrían tarde o temprano. ¿O no? Si tan solo Summer lograra mantener al tipo tranquilo y hablando con ella, le daría tiempo a la policía para que fueran. ¡Tenían que hacerlo!
¡Piensa, chica! ¡Piensa!
¿Cómo podía ella, siendo ciega, protegerse? Sólo tenía que detenerlo. ¿Pero cómo? Muchas imágenes se pasaban a toda velocidad por su mente, y difícilmente podía darle forma a un pensamiento. Pero logró tener una idea. ¿Acaso no dicen siempre por ahí que en una situación en la que te pongan de rehén es necesario que el secuestrador te vea como un ser humano y no como un objeto? ¿No es algo así que siempre se dice? Esperaba que estuviera en lo correcto con esa idea.
“¿Nos conocemos?” Summer preguntó. Tenía la voz más temblorosa de lo que ella misma lo estaba.
“Te he visto en revistas en revistas de arte, claro. Y visité tu página web. Me quedé muy sorprendido al descubrir que eras ciega. Nunca antes he hecho el amor con una mujer ciega.”
Dios. Se estaba comenzando a sentir con la cabeza perdida y el estómago revuelto.
“¿Y qué hay sobre esas otras chicas? ¿Por qué se fue usted detrás de ellas, teniéndome a mí?”
Ay, Dios, ella esperaba no estar precipitando su muerte al decir esas cosas.
Él sonrió suavemente.
“Ay, ángel. No estarás celosa, ¿o sí? No significaban nada para mí.”
Supuso que el tipo les diría lo mismo a todas. Era un enfermo perturbado.
“¿Por qué entonces se molestó en buscarlas si no significaban nada?” replicó ella.
Él no dijo nada. Ella se puso rígida cuando él dio un paso más hacia ella.
“¿Y qué hay del arma? ¿Por qué tendrías que hacerle el amor a una mujer poniéndole un arma encima? ¿Es acaso alguna tendencia machista nueva? Porque no me excita para nada. A mí me gusta el romance. Y quiero saber tu nombre.”
Bueno, sí que estaba perdiendo un poco la cabeza tomando este camino de conversar así con él. Hacerlo concentrarse en el arma muy probablemente le recordaría que podía atacarla. Ay, ella de verdad quería vomitar ahora mismo.
“No se necesita romance, ángel. Ya estás temblando para mí.” Aunque Summer no quería, no pudo evitar alterarse más. El corazón le latía con terror, y hasta creyó que iba a desmayarse.
Dio otro paso hacia adelante. Estaría ahora a dos metros de distancia. Ella quería correr. De verdad que quería correr con todas sus fueras. El miedo era tan intenso que las rodillas se le debilitaban al extremo. Sin embargo se las arregló para permanecer parada. Iba a esperar hasta que el tipo se le acercara lo suficiente. El momento perfecto era de vida o muerte.
“¿Cuál es su nombre? Al menos dígame eso antes de hacerme el amor,” dijo ella. Se sorprendió de que la voz le sonara tan firme, a diferencia de cómo le sonaba antes.
¿Hacer el amor? Está bien, ella seguramente ya se había vuelto loca.
“¿No reconoces mi voz? Si ya hemos hablado por teléfono varias veces. Cuando hacías pedidos de suplementos y materiales de arte, ¿recuerdas? Me encantó el sonido de tu voz desde el primer momento que te oí. Tu voz me emocionó tanto. Te pregunté si eras una pelirroja de verdad, y dijiste que sí. Y te pareces tanto a ella. Es muy curioso.”
Summer no recordaba ninguna conversación de ese tipo. Era alguien muy fácil de llevar, y siempre bromeaba con las personas por teléfono.
“¿Quién? ¿A quién me parezco, perdón?”
“A ella.” Escupió con rabia. Él avanzó dos pasos más. “No hables de ella.”
Otra ráfaga de escalofríos se apoderó de ella. ¿Cómo podría ella enfrentar esta situación? El tipo necesitaba atención psiquiátrica, y en una celda.
“¿Y es que no me puedes decir tu nombre?” logró decir a pesar de su mandíbula temblorosa. ¡Piedad! Se encontraba viviendo una pesadilla. ¿Todo porque había participado en esa tal conversación telefónica sobre si era una pelirroja verdadera o no, y porque a él le había gustado su voz? ¡Era algo muy loco!
El maldito psicópata se movió luego muy rápido, agarrándola del brazo con tanta violencia que ella casi se cae. El corazón de Summer casi colapsa dentro de su pecho cuando él la jaló hacia él. Ella gritó. Se resistió a ese apretón, recordando de repente el cuchillo que tenía entre su mano. Lo agarró con tanta fuerza, que no pudo ni moverse los brazos. Por suerte, se las arregló para poner el chuchillo en la posición correcta y empujarlo para clavárselo a él.
El aliento rancio del tipo le golpeó la cara al momento en que tomó una bocanada de aire. Sintió un poco más sueltos sus brazos, pero después el tipo sólo la agarró más fuerte. La apretaba con tanta fuerza que ella casi no podía respirar. Le estaba rompiendo e pecho y los brazos, hasta que sintió que se iba a desmayar. Hasta que los dedos se le debilitaron y soltó el cuchillo automáticamente.
¡No! Todas las esperanzas que tenía, desaparecieron.
El sonido de un disparo retumbó en los oídos de Summer.
¡Ay, no! El tipo le había disparado. Aunque no sentía nada. Shock solamente.
Otro disparo se oyó en el aire. Un líquido tibio cayó como una inyección de espray sobre su cara. Sangre. ¿Su propia sangre? ¿O era acaso de él?
Comenzó entonces a soltarla de aquel abrazo mortal, y ella agarró, sin ver nada, el arma de sus manos. El metal frío se chocó contra su piel. ¡La tenía!
“¡Aléjate de él para que pueda dispararle mejor!” Nick gritó.
Otro eco de disparo se diseminó por el aire. Ella sintió que su captor comenzó a caerse.
Agarrando la pistola, procedió a empujarlo con todas sus fuerzas. Pero él no acababa de soltarla.
“Tú...maldita perra,” le susurró al oído. Su aliento era terrible. A cebolla. Ella se estremeció de asco al sentir que él le lamió la barbilla. “Mereces morir por haber arruinado todo... mi vida. Mereces... morir, mi ángel caído.”
Ella le apuntó con el arma y tiró del gatillo.
De repente la soltó.
“¡Corre, Summer! ¡Vete! ¡Vete! ¡A tu izquierda!”
Corrió hacia la oscuridad hacia donde parecía que provenía la voz de Nick, y giró a la izquierda como él dijo.
Otro disparo resonó. Estuvo seguido de inmediato por el inconfundible sonido de alguien cayéndose al piso.
“¡Nick!” ella gritó.
“Estoy aquí, linda. Estoy aquí.” Estaba metida en unos brazos tan fuertes. Se sacudió con más fuerza mientras trataba de entender todo lo que había acabado de pasar.
“¿De dónde sacaste... un arma?” Summer estaba temblando tanto, que ni podía vocalizar bien la frases que decía.
“Tenía otra en el carro. Estaba bajo llave en la guantera.”
Nick la abrazó más fuerte, le besó la cara llena de lágrimas. Ella estaba muy contenta de que él estuviera bien.
“Las llaves de emergencia estaban en la chaqueta. Tuve que salir a buscar en el carro... No sabía si iba a tener suficiente tiempo...”
Nick maldijo con mucha violencia, y ella adoró el sonido que eso tenía. Él estaba seguro y con vida.
“¿Lo estaba?” No pudo terminar la frase en su mente. Solo la idea de aquel enfermo la hizo poner la piel de gallina, otra vez. ¿Será que alguna vez iba a parar de temblar así? ¿O permanecería allí con los nervios de punta por el resto de su vida?
“Tiene cuatro disparos encima. No logré darle un tiro fulminante porque te tenía demasiado cerca. Apenas si le di las primeras veces, pero ya está neutralizado. Estás a salvo ahora. Tranquila. Relájate.”
Las terribles ideas sobre las posibilidades si Nick no le hubiera disparado cuando lo hizo, le inundaron la cabeza. Un sudor frío la cubrió y se le soltaron las rodillas. Ella se desplomó, pero Nick la sujetó muy bien.
“Está bien. Te tengo.”
Se permitió relajarse totalmente en sus brazos, y él se tambaleó. En medio de toda esa conmoción, ella había olvidado que él estaba herido.
“no puedo creer que todo esto pasara. No puedo creerlo.” Ella no podía dejar de temblar.
El sonido lejano de las sirenas de la policía llegó a la sala.
La llevó al sofá de la sala, en el que ambos se desplomaron. Le encantaba que él la abrazara tan íntimamente. Le encantaba que la besara.
“Te amo, Summer,” Nick le susurró después de besarla.
“Te amo,” ella dijo llorando y enredándole los brazos en los hombros, muy fuerte.
“Creo que hemos desperdiciado demasiado tiempo. ¿Qué te parece si nos casamos?”
El amor le dilató el corazón. “Pensé que nunca me lo ibas a pedir.” De repente, ella rio, pensando que era un poco extraño tener allí a un tipo muerto en esas circunstancias, y aun así poder reír.
“¿Qué es tan gracioso?” él preguntó.
“Estaba pensando que después de todo lo que pasó, podremos sobrellevar cualquier cosa que la vida poner en nuestro camino.”
“¿Qué demonios está pasando aquí?” La voz horrorizada de Ryan irrumpió en la sala, luego del sonido de la puerta abriéndose.
“Excepto Ryan,” dijeron Nick y Summer al unísono.
Aunque ambos temblaban descontroladamente, se echaron a reír a carcajadas.