1Y desde el Santuario, el espíritu de Dios me condujo hasta las tres fuentes que alimentan eternamente a la Ciudad Santa, a la nueva Jerusalén. Y una voz a mi espalda dijo:
«Juan, hijo de la tierra, bebe de la segunda fuente, puesto que la benevolencia de Dios ya te permitió beber de la primera».
Pero yo no recordaba haber bebido de la primera de las fuentes. Y la voz dijo: «La primera fuente derrama la gracia del Padre y su agua ya está en ti. Bebe, pues, de la segunda: la que derrama la gracia del Hijo Eterno y Original». Y cumplí la orden del cielo. Y al beber el agua de la segunda fuente caí en un profundo sueño. Y esto fue lo que vi y lo que escuché:
El Hijo original
Vi la Morada Santa y en el centro había tres tronos. Pero dos ángeles de luz ocultaban el primero y el tercer tronos. Y el segundo trono era como jaspe cristalino. Y en él se hallaba sentado el Señor, mi Señor. Y caí de bruces, adorándole y entonando su gloria. Pero el Señor me habló y dijo: «Juan, te equivocas. No soy quien tú crees, aunque soy en todo igual a él». Pero yo no comprendí. Y mi Señor dijo: «Mira a tu izquierda». Y en mi visión vi una multitud. Y supe que eran más de trescientos mil. Y el Señor dijo: «Mira ahora a tu derecha». Y así lo hice. Y vi otra multitud. Y sumaba lo mismo que la primera. Y el Señor, mi Señor, habló de nuevo: «Éstos son mis Hijos Creadores, en todo igual a mí. Su número es siete veces cien mil. Uno de ellos es tu Señor». Pero no comprendí. Y el que ocupaba el segundo trono habló así: «Todos proceden de mí. Ya te lo he dicho: son mis Hijos y sus nombres son un solo nombre: Micael. Tu Señor es Micael». Pero yo no comprendí. Y el Señor dijo: «El Señor que tú conociste, y que recibió en vida mortal el nombre de Jesús de Nazaret, es Micael de Nebadón, tu universo. En él reina y gobierna por derecho propio y personal. Él es tu Creador y el Creador de todo Nebadón. Él es mi Hijo y tu Dios. Pero sólo yo soy el Hijo Eterno y Original, la segunda persona de la Trinidad». Y la confusión se apoderó de mí y lloré amargamente.
Engendrado por el Padre
2Y en mi visión, la multitud de Hijos Creadores de mi izquierda clamó con una sola voz y dijo:
«¡Gloria al Hijo Eterno y Original, único engendrado por el Padre! Él es el Dios Hijo, la segunda persona de la Deidad y Creador asociado de todas las cosas. Él es nuestro Padre. Él es el Hijo del Padre Universal. Y nosotros, los Hijos Creadores de los universos, los Micael, entonamos su gloria».
Y mi alma se abrió y el espíritu de Dios penetró en ella como el viento del Este. Y ésta fue mi sagrada revelación sobre el Hijo Eterno y Original, el que ocupa el segundo trono, el que derrama el agua de la segunda fuente:
«En vuestro mundo, en vuestra limitada e imperfecta inteligencia, habéis confundido a Micael de Nebadón —vuestro Creador y Creador del universo local del séptimo de los Superuniversos— con el Hijo Eterno y Original. Pero escucha, hijo de la tierra, porque éstas son palabras de verdad. El Hijo Eterno y Original, la segunda persona de la Deidad, jamás descendió en vida mortal sobre la Tierra. El Hijo Eterno es el centro espiritual y el divino administrador del gobierno espiritual del universo de los universos. El Padre Universal, aquel que ocupa el primero de los tronos, aquel que te habita, es creador y controlador. El Hijo Eterno es creador con Él y administrador espiritual. Dios-Padre es espíritu. Y su Hijo revela ese espíritu a la creación. Dios-Padre es el Absoluto Volitivo. Dios-Hijo es el Absoluto Personal. El Hijo Eterno y Original, en el primitivo lenguaje y en los primitivos conceptos de las criaturas evolucionarías del tiempo y del espacio, se asemejaría a la expresión final y perfecta del primer concepto personal y absoluto del Padre Universal. En consecuencia, en todas las circunstancias en que el Padre se expresa de una forma personal y absoluta, lo hace a través de su Hijo Eterno y Original. Ha sido escrito: "Él es el Verbo y la Palabra divina y viviente". El Hijo Eterno ha existido, existe y existirá eternamente. Él vive en el centro de las cosas, en asociación con la presencia personal del Padre Universal que todo lo envuelve».
Nunca tuvo comienzo
«Sólo por acceder a tu limitado intelecto es por lo que esta revelación consiente en pronunciar la expresión "primer pensamiento". Dios-Padre nunca tuvo un primer pensamiento. En consecuencia, no es justo hablar de un origen del Hijo Eterno.
»El Padre Universal tiene un concepto infinito de la realidad divina, del espíritu incondicionado y de la personalidad absoluta. El Hijo Eterno encarna la personalidad de dicho concepto. Es así como el Hijo constituye la revelación divina de la identidad creadora del Padre Universal. Y esta personalidad perfecta del Hijo Eterno revela que el Padre es, en efecto, la fuente eterna y universal de todos los valores y significaciones de aquello que es espiritual, volitivo, intencional y personal. No es posible que el pensamiento humano alcance a comprender las misteriosas relaciones entre los seres que constituyen la Deidad, de igual forma que no podéis beberos los océanos. Pero los océanos están ahí y nadie duda de su existencia. No dudes, por tanto, de cuanto encierra esta revelación, aunque sus conceptos y expresiones sean tan limitados como tu propio pensamiento. Sabemos que el Hijo surge del Padre, aunque ambos sean eternos. Sabemos que el Padre Universal es Creador, aunque su creación sea siempre en coordinación con el Hijo. Fue escrito sobre Micael de Nebadón, vuestro Creador e Hijo Creador del Hijo Eterno: "Al principio era la Palabra. Y la Palabra estaba con Dios. Y la Palabra era Dios. Todas las cosas han sido hechas por ella y nada de lo que ha sido hecho lo ha sido sin ella". Esta revelación, válida para Micael, lo es también para el Hijo Eterno y Original, la segunda persona de la Trinidad. Pero, aun siendo igual al Hijo Eterno, Micael —vuestro Jesús de Nazaret en vida mortal— no es el Hijo Eterno. He aquí otra lamentable fuente de errores entre los humanos de la Tierra. Habéis confundido al Creador de Nebadón con la segunda de las Deidades del Paraíso. Los Hijos Creadores, los Micael, proceden del Hijo Eterno y son Él, pero no son el Hijo engendrado por el Padre. De vuestro Jesús de Nazaret se ha dicho: "Es aquel que estaba desde el comienzo a quien hemos oído, a quien hemos visto con nuestros ojos, a quien hemos contemplado, a quien hemos estrechado la mano: la Palabra misma de vida". Y así es en verdad. Los Micael que han creado, que sostienen y gobiernan cada uno de los 700 000 universos locales de los siete Superuniversos proceden del Padre Universal con tanta certeza como el Hijo Original y Eterno, pero han sido creados, a su vez, por mediación del Hijo Eterno. Así está escrito: "Y ahora, ¡oh Padre mío!, glorifícame por ti mismo con la gloria de que gozaba a tu lado antes de que este mundo fuera"».
Los nombres del Hijo Eterno
«Y éstos son los nombres que recibe el Hijo Original y Eterno en los diferentes círculos de la creación. En el Universo Central y Perfecto de Havona es conocido como la Fuente Coordinadora, el Co-Creador y el Absoluto Asociado. En la sede del séptimo Superuniverso, el Hijo Eterno es designado como el Centro Coordinado de Espíritu y como el Eterno Administrador Espiritual. En la sede de vuestro universo local de Nebadón es llamado la Fuente Centro Eterna Segunda. Los Melquizedek le atribuyen el título de Hijo de los Hijos y en vuestro mundo, como ha sido escrito, el Hijo Eterno y Original ha sido confundido e identificado con el Hijo Creador de Nebadón: Micael de Nebadón. Y aunque todo Hijo del Paraíso puede ser llamado en justicia Hijo de Dios, y así ocurre con vuestro Micael, la apelación de Hijo Eterno sólo pertenece al Hijo Original, segunda persona de la Trinidad y Co-Creador con el Padre Universal».
El que ha visto al Hijo ha visto al Padre
3Y el espíritu de Dios siguió hablando. Y esto fue lo que dijo: «El Hijo Eterno y Original es el Verbo. Y la Palabra es igual al Padre. La Palabra es el Padre, manifestada "personalmente" en su Creación. Y ha sido escrito con verdad: "Aquel que haya visto al Hijo ha visto al Padre". Y así es para el Hijo Eterno y Original y para todos los Hijos Creadores que suman siete veces cien mil».
Y vi entonces a la multitud de mi derecha que proclamaba con una sola voz:
«¡Gloria al Hijo Eterno y Original, único engendrado por el Padre! Él es el Dios Hijo, la segunda persona de la Deidad y Creador asociado de todas las cosas. Él es nuestro Padre. Él es el Hijo del Padre Universal. Y nosotros, los Hijos Creadores de los universos, los Micael, entonamos su gloria»., Y el espíritu de Dios siguió hablando. Y esto fue lo que escuché:
«Juan, hijo de la tierra, ahora conoces la naturaleza del Hijo Eterno. Escribe para que otros crean».
En todo igual al Padre
«El Hijo Original y Eterno, el único engendrado por el Padre, es en todo semejante al Padre. Cuando adoráis al Padre, aunque lo ignoréis, adoráis igualmente al Hijo Eterno y al Espíritu Infinito. Dios Hijo es tan real y divino en su naturaleza como el Dios Padre. Él posee también la infinita rectitud y justicia del Padre y es el espejo de la santidad de la Causa-Centro-Primera. El Hijo Eterno es perfecto como Dios Padre y con Él comparte la responsabilidad de conducir a las criaturas más humildes hasta la Isla Nuclear de Luz. Cuando al fin tomáis la decisión de elegir hacer la voluntad del Padre, estáis eligiendo hacer la voluntad del Hijo Eterno. Él es también la plenitud. Él encarna la plenitud del carácter absoluto de Dios, tanto en personalidad como en espíritu. Él posee todos los divinos atributos de Dios Padre y los revela a la Creación. Éste es su excelso cometido.
»Dios Padre es espíritu. Más aún: Él es el espíritu universal. Y esa naturaleza espiritual se halla personalizada en la Deidad del Hijo Eterno y Original. Y todas las características espirituales de Dios Padre aparecen realzadas hasta la infinitud en su Hijo Eterno. Y ambos comparten ese espíritu divino —en plenitud y sin reservas— con el Actor Conjunto o Espíritu Infinito, la tercera persona de la Trinidad.
»En cuanto a la Bondad del Padre Universal y del Hijo Eterno, ¿quién puede establecer fronteras? Ambas son una misma cosa. No es posible separarlas ni distinguirlas. El Padre ama como un Padre y el Hijo, como un Padre y como un Hermano. Y el amor de ambos por la Verdad y la Belleza es similar, aunque el Hijo Eterno se consagre en mayor medida que el Padre a desarrollar la belleza exclusivamente espiritual de los valores universales.
»El Hijo Eterno y Original es, pues, igual en todo al Dios Padre. Sin embargo, aunque apenas le conocéis, Él debe representar para vosotros, criaturas mortales del reino, un escalón previo a la Morada Santa. Habéis visto al Hijo Eterno en su Hijo Creador, encarnado en la Tierra. Él es como vuestro Jesús de Nazaret. Escuchad las palabras de Micael de Nebadón y habréis escuchado las palabras de la Palabra».
Así es el Hijo Eterno
4Y el espíritu de Dios siguió hablando en mi corazón. Y esto fue lo que dijo:
«Así es el Hijo Eterno y Original. Escribe para que otros le glorifiquen.
»A diferencia de Dios Padre, el Hijo sólo es omnipotente en el reino del espíritu. Nunca encontraréis derroche de funciones en la Deidad. La Deidad no consiente ni se entrega jamás a una duplicidad de sus funciones en todo lo creado.
»El Hijo Eterno es también omnipresente. Y esa omnipresencia es la unidad espiritual del universo de los universos. La cohesión espiritual de todo lo creado descansa y se nutre en la ubicuidad real e infinita del espíritu divino del Hijo Original. Es el cemento y el alma de toda vida y signo espirituales. Y el espíritu del Padre está en el del Hijo. El Padre es espiritualmente omnipresente, pero esta omnipresencia es inseparable del espíritu omnipresente del Hijo. Y en todas las realidades y situaciones de doble naturaleza espiritual, en las que Padre e Hijo están presentes, el espíritu del Hijo Eterno se halla coordinado con el de Dios Padre.
»En su contacto con las personalidades, el Padre opera siempre mediante el circuito de personalidad. En su contacto personal con la creación espiritual aparece en los fragmentos de su Deidad. Y estos fragmentos del Padre tienen una función solitaria, única y exclusiva desde que surgen en cualquier punto del Maestro Universo. Y en todas estas situaciones, el espíritu del Hijo Eterno se halla coordinado con la función espiritual de la presencia fragmentada del Padre Universal».
La presencia del Padre y la presencia del Hijo
«Mas no os engañéis. Aunque el Hijo Eterno es espiritualmente omnipresente y su espíritu todo lo llena, sólo el Padre os habita. Sólo el Monitor de Misterio —la presencia viva de Dios— se instala en lo más profundo de vuestro corazón, ajustando vuestros pensamientos, deseos y voluntad a los excelsos planes divinos de perfección. Y es mediante esta progresiva elevación del pensamiento, del alma y del espíritu del hombre cómo los hijos evolucionarios de Dios van siendo atraídos hacia el todopoderoso núcleo del espíritu del Hijo».
El Hijo Eterno lo sabe todo
«Como el Padre Universal, el Hijo Original es infinitamente sabio. Nada escapa a su conocimiento. Y al igual que Dios Padre, ningún acontecimiento universal le pilla por sorpresa. Él es parte del principio sin principio y del final que nunca termina. Él conoce el final antes del principio y es, como el Padre, un eterno presente. Ambos, Padre e Hijo Eterno, saben del número y del emplazamiento de todos los espíritus perfectos y de todas las criaturas evolucionarías del tiempo y del espacio. Y lo saben en cada instante del tiempo y del no tiempo. El Hijo Eterno conoce todas las cosas por sí mismo y en virtud de su omnipresencia espiritual, conociendo además la vasta inteligencia del Ser Supremo. Por ello fue escrito: "El Hijo conoce el interior y el exterior del Padre y se conoce a sí mismo". Nadie en la Creación puede hacer distinción entre la sabiduría de la primera y de la segunda fuentes. Aunque las veáis brotar por separado, ambas fluyen de idéntico manantial».
Tan amoroso como los Micael
«En cuanto al amor, la misericordia y la benevolencia del Hijo Eterno y Original, en nada difieren de los del Padre. Son una misma cosa en el misterio impenetrable de la Deidad. El segundo ama como el primero y éste, igual al segundo. Y no hay amor, misericordia o benevolencia primeros o segundos. Y esta forma de ser es transmitida íntegra e infinitamente ilimitada a los Hijos del Hijo. En vuestra limitada inteligencia podéis imaginar a los Micael, Soberanos Creadores de cada uno de los universos locales de los siete Superuniversos, como el espejo que refleja la imagen del Hijo Eterno. Ellos son tan misericordiosos, indulgentes, sabios y amorosos como el Hijo Único, engendrado por el Padre. Ellos son Él y son el Padre en Él. Ellos son un puente hacia el núcleo todopoderoso del Hijo. Ellos, los Micael, los Hijos del Hijo Eterno y Original, tienen la potestad de crear y son los creadores de cada uno de los universos que gobiernan. Y en ellos está el Padre y en ellos está el Hijo. Y son uno con ambos y una es la creación en ellos».
El Hijo es misericordia
5Y en mi visión fui invadido por el espíritu de Dios. Y el espíritu de Dios le habló a este humilde siervo del Señor. Y esto fue lo que escuché:
«En el estandarte del Hijo Eterno y Original hay escrita una palabra: "misericordia". En la bandera del Padre ondea una palabra: "amor". Y el Hijo es la revelación de ese amor divino a los universos. Y el Hijo es la misericordia. El Hijo comparte la rectitud y la justicia de la Trinidad pero, sobre estos rasgos de la Deidad, su misericordia ondea sobre todo lo creado. He aquí el peldaño que os aproxima al Hijo Eterno. Él ama como el Padre pero, como Hijo, comparte con las criaturas el sentimiento de filiación hacia un Dios. Mirad, pues, al Hijo Eterno, mirad a sus Hijos Creadores, mirad a los Micael, mirad a Jesús de Nazaret y os hallaréis ante un hermano. Un hermano cuyo gran ministerio es la misericordia. La misericordia es la esencia del carácter espiritual del Hijo. Ninguno de sus mandamientos, ninguno de sus actos, ninguno de sus pensamientos y designios se halla huérfano de misericordia».
El trabajo del Hijo
«Y el trabajo del Hijo Eterno y Original es uno: revelar ese Dios Padre a toda la creación. Revelar a los universos que existe un Dios de Amor. Revelar a los espíritus que existe un único camino hacia la Isla Nuclear de Luz: el sendero amoroso del Padre. Revelar a los universos de los Superuniversos que sois hijos de un Dios y que, en consecuencia, todos sois hermanos. Recordad a vuestro Micael, Hijo Creador del Hijo Eterno. Ése fue su mensaje. Ése fue su testimonio en la encamación sobre la Tierra. Ésa fue su vida. Él denunció la gran verdad, escondida y olvidada a los ojos de los hombres. La palabra "Padre" fue su única y gran palabra. Y cumplió consigo mismo y con los deseos del Hijo Eterno. Y así será más allá del tiempo y del no tiempo.
»El trabajo del Hijo Eterno es la aplicación espiritual del amor del Padre. Esto es la misericordia. ¿Conocéis a hombres que amen realmente y que no sean misericordiosos? Todo el que ama es misericordioso. El que ama pone en práctica su amor. Y lo hace a través de la donación de sí mismo, de la entrega de su alma, de sus posesiones y hasta de sus defectos. Y en todo ello ondea siempre el sentimiento divino de la misericordia. Misericordia hacia los demás y, en especial, hacia sí mismo. Esta es, a escala humana, la acción permanente del Hijo Original y Salvífico. En vuestro limitado intelecto podéis imaginar el amor de Dios Padre como el amor de un padre terrenal hacia los suyos. Y estaréis próximos a la verdad. El amor del Hijo Eterno sería entonces similar al amor de una madre terrenal. E igualmente estaréis próximos a la verdad. Aunque el amor del Padre y del Hijo sean en verdad una misma cosa, existen sutiles diferencias en cuanto a la calidad y a la forma de expresión de ambos».
Una personalidad puramente espiritual
«Escucha, Juan. A lo largo de este segundo Apocalipsis ha sido repetido hasta la saciedad: el Padre es la personalidad paternal. Dios Padre regala y distribuye la personalidad a cada una de sus criaturas. A los perfectos y a los limitados por el tiempo y por el espacio. De Él nacen y a Él vuelven. Pues bien, también la personalidad del Hijo Eterno nace del Padre. Pero esta personalidad de la segunda persona de la Trinidad es pura y absolutamente espiritual. El Hijo es personalidad absoluta. Y esta personalidad absoluta es, al mismo tiempo, el gran modelo divino y eterno. Modelo del don de personalidad del Padre al Espíritu Infinito y Actor Conjunto de la creación y modelo del don de personalidad del Padre al resto de sus hijos. Pero no es posible penetrar en el misterio de la personalidad del Hijo Original. Vuestro intelecto se halla aún imposibilitado para entender su naturaleza. Baste decir que esa personalidad es lo más noble y brillante de todo lo que existe y existirá.
»El Hijo Eterno es el gran ministro de la Misericordia, el gran Espíritu Divino y la gran reserva espiritual del Maestro Universo y de los espacios increados. Y esa reserva espiritual es como el amor de una Madre Divina: inagotable, siempre dispuesta, inasequible al desaliento, amante y, por encima de todo, misericordiosa».
El Hijo Eterno no se fragmenta
«Sólo Dios Padre actúa personalmente sobre la creación física y material. No son éstos los dominios y los cometidos del Hijo. En la ayuda mental y espiritual a las criaturas de los universos, el Hijo Eterno actúa siempre en cooperación con el Espíritu Infinito. Él lo envía a vosotros y Él os envuelve así con su gracia y poder. Pero el Hijo Original no forma parte de vuestro Monitor de Misterio. Esta chispa divina —así ha sido escrito— es y procede del Padre. El Hijo coopera con el Padre en la creación de personalidades, pero no las crea por sí mismo. Es con el Padre Universal, en su acción conjunta, como el Hijo Eterno y Original crea a los Hijos Creadores de los universos. He aquí una ley inmutable que no debéis olvidar: el Hijo crea, pero en unión con el Padre. Dios Padre le ha conferido el poder y el privilegio de unirse a Él en el acto divino de la creación de otros Hijos que, a su vez, son creadores. Éstos son los Micael. Y cuando el Padre y el Hijo se unen para crear un Micael, esa sagrada acción es conocida como "designio". Pero los Micael no pueden transmitir su poder creador a sus criaturas subordinadas de los universos. Ese poder creador nace y muere en sí mismo.
»El Hijo Eterno no está capacitado para fragmentarse, ni para fragmentar su naturaleza. Ése es un exclusivo atributo del Padre. Y Él os habita, mientras el espíritu del Hijo os envuelve. La fracción prepersonal del Padre es regalada a las criaturas evolucionarias del tiempo y del espacio y en ellas se instala. El espíritu del Hijo es regalado a toda la creación, impregnándola y envolviéndola hasta sus últimos límites. Y es por esa sagrada "agua" —la que mana de la segunda fuente—, y que todo lo cubre, por la que los universos de los universos flotan hacia Dios.
»El Hijo Eterno es el reflejo de Dios Padre en todo lo creado. El Hijo es personal y, en consecuencia, jamás podrá ser fragmentado. No equivoques tus juicios. Los Hijos Creadores, los Micael, no son una fragmentación del Hijo Eterno y Original: son el reflejo del Padre y del Hijo, de igual forma que el Hijo lo es del Padre. Y los Micael son Dios y son el Padre y son el Hijo. De ahí que, con justicia y verdad, podáis llamar a Jesús-Micael de Nebadón vuestro Padre y el Hijo de Dios vivo. Y Dios Padre dijo: "Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza". Y en ese instante, Padre e Hijo Eterno consintieron en derramar la chispa divina y real del Padre sobre los corazones de los hombres. Y el Monitor de Misterio habitó en vosotros y el espíritu del Hijo os envuelve. Y ambos trabajan en vuestra perpetua elevación hacia el Paraíso».
El pensamiento del espíritu
6Por sexta vez fui penetrado por el espíritu de Dios. Y yo, Juan de Zebedeo, el último de los mortales, escuché la palabra divina. Y esto fue lo que escuché:
«Tú, Juan, hijo de la tierra, a pesar de ser templo del Padre, eres una criatura enteramente material y sometida a las leyes de la naturaleza evolucionaría. Simplemente, no conoces. Tú eres material y el Hijo Eterno es espiritual. ¿Cómo hacer comprender a la bestia los circuitos inmateriales del pensamiento? Está escrito en los designios de la Deidad: "Todo se cumplirá en su momento. La bestia se alzará hacia el hombre y el hombre hacia la luz". Debéis esperar, pues, a obtener el definitivo estatuto espiritual para asomaros a las realidades divinas y espirituales del Hijo. Sólo entonces, mientras atraveséis los universos, descubriréis el pensamiento del espíritu. Y éste clarificará los misterios que ahora os consumen. Sólo entonces empezaréis a intuir que el Hijo Eterno es espíritu y que su pensamiento, como su naturaleza, nada tienen que ver con el pensamiento y la naturaleza humanos. El pensamiento del hombre es uno. El pensamiento del espíritu es todo. Sólo después del primer sueño de la muerte aparecerá en vosotros el pensamiento del espíritu. Y este pensamiento del espíritu no puede ser comparado con el que rige la materia, ni tampoco con el que rige vuestro intelecto. El pensamiento del espíritu es mucho más: es la percepción espiritual. El pensamiento es un suceso universal en las criaturas dotadas de voluntad. Sin él no existiría conciencia espiritual en la creación. Y este pensamiento, en su expresión infinita, es igualmente común y natural en la Deidad. La Deidad puede ser personal, prepersonal, superpersonal o impersonal, pero nunca aparece desprovista de inteligencia. El pensamiento del espíritu, aquel que llena a los Hijos del Paraíso, no se parece en nada al pensamiento de los hombres mortales. El camino que os separa de la perfección es tal que vuestra mente, si pudiera intuirlo, resultaría fulminada. Pero no os desalentéis. Otros muchos, antes que vosotros, han emprendido ese camino de ascensión hacia el Paraíso y ahora saben y entienden que el Hijo Eterno es real».
El Hijo: la palabra expresiva
«Esto servirá a vuestro limitado intelecto: la creación es como una gran familia. En ella reina y gobierna el Padre. En ella reina y gobierna el Hijo: la Divina Madre que ostenta la misericordia. En ella participan los Hijos Mayores de la Deidad y los hijos menores de los mundos del tiempo y del espacio. Y el amor, la justicia, la belleza y la rectitud cubren a la Gran Familia. Y así será en el tiempo y en el no tiempo. Y como en una familia humana, los hijos menores deben crecer en espíritu y en sabiduría para intentar aproximarse al padre y a la madre, conociendo así sus voluntades y designios. Al infante le basta con el amor de sus padres. Al adolescente no le basta con el amor. Su personalidad demanda conocer. Y el padre y la madre se entregan entonces al hijo, abriendo las puertas de sus inteligencias. Pero todo ello requiere un tiempo y exige un crecimiento. Ésta es la verdad espiritual que os aguarda. Y llegará el día en que los hijos menores serán llamados Hijos de la Deidad y estarán en la presencia del Padre y de la Madre, conscientes y preparados para entender y asumir sus sagrados designios. El amor, entonces, se habrá sublimado. En la realidad de la Isla Nuclear de Luz ocurre lo mismo. Dios-Padre y Dios-Hijo, en tanto que personalidades divinas, no pueden ser fácilmente distinguibles por los órdenes de inteligencias inferiores. Para los Hijos del Paraíso y los Hijos perfectos del Universo Central, esa dificultad es menor. Los seres nativos de Havona están capacitados para distinguir al Padre y al Hijo Eterno, no sólo como una unidad personal de control universal, sino también como dos personalidades separadas que operan en planos y territorios definidos de la administración universal. Vosotros, criaturas mortales y evolucionarías, podéis imaginar a Dios Padre y a Dios Hijo como individualidades separadas. De hecho lo son. Pero, en la administración de lo creado, se hallan de tal forma entrelazadas que no resulta fácil distinguir a uno del otro. Ante semejantes circunstancias es mejor postrarse en señal de humilde aceptación. Recordad entonces que Dios Padre es el pensamiento iniciador y el Hijo Eterno y Original, la palabra expresiva. Y en cada uno de los cien mil universos de cada Superuniverso, esta divina asociación aparece personalizada en sus respectivos Hijos Creadores o Micael. Él representa al Padre y al Hijo. Y así debe ser aceptado por los millones de criaturas que habitáis esos universos del tiempo y del espacio. Mientras no crucéis la barrera de los Superuniversos, rumbo a Havona, los Micael son vuestra esperanza y la encarnación viva y verdadera del Padre y del Hijo Eterno. Después, una vez en el Universo Central, olvidaréis a los Micael y el pensamiento del espíritu se preparará para el último y definitivo salto hacia la comprensión de la Deidad. A medida que ese camino hacia el Paraíso sea más corto, la personalidad del Hijo Eterno se volverá cada vez más real y distinguible, de igual forma que ahora, en los mundos del tiempo y del espacio, vuestro pensamiento, vuestra alma y vuestro espíritu empiezan a estar capacitados para discernir la grandeza y la personalidad de los Micael. El concepto de Hijo Eterno no puede brillar en plenitud en el corazón de los mortales del reino. Pero, en su lugar, brilla el de sus Hijos Creadores. Y la comprensión de la naturaleza de Micael compensará la incomprensión de la naturaleza del Hijo Eterno. No intentéis tomar el cielo con las manos. Micael es vuestro Dios, vuestro Padre y la encarnación del Hijo, segunda persona de la Trinidad. Y Él descendió sobre vuestro mundo terrenal, con el propósito de conocer vuestra propia experiencia mortal y de que conozcáis la buena nueva: que sois hijos de un Dios y, consecuentemente, hermanos».
Los Micael
«Y ahora, Juan, hijo de la tierra, escucha lo que dice la revelación. Éstos son los Micael, los Hijos Creadores de los universos de los Superuniversos: Ellos son Hijos del Paraíso. Ellos han sido creados por el Padre y el Hijo Eterno. Ellos son parte de la Deidad. Y cada Micael es eterno y, como fieles reflejos del Padre y del Hijo Original, su poder es infinito y su amor, bondad y misericordia no tienen fin. Ellos son los creadores de los cien mil universos de cada Superuniverso. Y sólo al Padre y al Hijo se deben y sólo a Ellos rinden cuentas. Y todo lo creado en cada universo local es obra suya, por expreso designio de la Deidad. Y cuantas criaturas pueblan cada universo local son igualmente hijos de cada Hijo Creador. Tú eres su obra. Y el espíritu del Padre habita en ti. Es Micael de Nebadón, el universo al que perteneces, el amantísimo creador de sus constelaciones, de sus sistemas de mundos y de todos los mundos que en él giran, nacen y mueren. Y nada escapa a su mirada y a su poder. Él ostenta la gloria de todo lo creado en Nebadón por designio del Padre y del Hijo y por designio propio. Él conoce a sus criaturas y, en su infinito amor, ha descendido siete veces hasta ellas, "encarnándose" en los diferentes círculos de sus existencias. Él os ha creado y Él os conoce en la carne. Y su séptima y última efusión en los mundos evolucionarios del tiempo y del espacio ha marcado su gloria hasta la eternidad. En esa séptima encarnación, Micael de Nebadón se hizo hombre y recibió el nombre de Jesús de Nazaret. Y compartió la vida y la muerte con sus criaturas más humildes. Y hoy reina y gobierna en su universo con plena autoridad. El llamado Jesús de Nazaret es, pues, con pleno derecho, el Hijo del Dios vivo, el fiel reflejo del Padre Universal. Él os ha sacado de las tinieblas ancestrales para mostraros el camino que os aguarda. Él os ha revelado al Padre y al Hijo Eternos y, por encima de todo, os ha revelado vuestra propia esencia y naturaleza divinas. Él os ha dicho con verdad y justicia: "Sois hijos del Padre y nadie os arrebatará tal privilegio".
»Él os aguarda al final de vuestra ascensión por el universo de Nebadón, pero no es ése vuestro final. Llegado el día, Micael de Nebadón os verá partir hacia la Isla Nuclear de Luz y con vosotros viajará toda su gloria. Y así es en cada uno de los cien mil universos de cada Superuniverso».
Y en mi visión miré a mi izquierda. Y vi a la primera multitud de Hijos Creadores. Y comprendí. Y miré a la derecha y vi a la segunda multitud de los que llaman Micael. Y comprendí. Y aquel que se sienta en el segundo de los tronos de la Morada Santa habló así:
«Yo soy el Hijo Eterno y Original, la segunda persona de la Trinidad. Éstos son mis Hijos Creadores».
Y entonces comprendí y caí de rodillas, entonando la gloria de mi Señor. Y los que se hallaban a mi izquierda y a mi derecha proclamaron con una sola voz:
«¡Gloria al Hijo Eterno y Original, único engendrado del Padre! Por Él somos y en Él somos. Su gloria es nuestra gloria. Su poder es nuestro poder. Y todo es uno en el Padre y en el Hijo Eterno».
El nacimiento de los Micael
7Y el espíritu de Dios entró en mí por séptima vez. Y ésta fue su revelación: «Escucha, hijo de la tierra, lo que nadie conoce. Y escribe después para que otros crean. Así han surgido los Micael. Los Hijos Creadores de los universos de cada Superuniverso son consecuencia del pensamiento creador conjunto del Padre y del Hijo Original y Eterno. Cuando ambos proyectan un nuevo, absoluto y original pensamiento, esa idea se ve materializada al momento en un Hijo Creador: en un Micael. Para vuestros limitados conceptos, éste podría ser el "nacimiento" de un Dios. Y cada Hijo Creador es potencialmente igual al Padre e igual al Hijo. Y su naturaleza es igualmente divina, igualmente sabia e igualmente misericordiosa. Y en Él yace el poder y la gloria. Cada Micael es un Dios y cada Micael es Dios. Y antes de su partida hacia los reinos del tiempo y del espacio, cada Micael recibe del Hijo Eterno todos los atributos y toda su naturaleza divina. Y son, a un mismo tiempo, el Padre y el Hijo. Y su misión es una desde el principio: revelar a los universos materiales la existencia del Padre y la del Hijo Eterno. Y esa revelación sagrada tiene lugar de forma directa y personal. Jesús de Nazaret, vuestro Micael, es el más vivo y elocuente ejemplo de tan sublime ministerio.
»Es pues el Paraíso la "cuna" de cada Hijo Creador. Es por ello que son llamados Hijos del Paraíso. Pero los Micael no son los únicos Hijos del Paraíso. Una vez personalizados por la acción conjunta del Padre y del Hijo Eterno, los Micael emprenden el gran viaje y la gran aventura de su propia creación en los universos sujetos al tiempo y al espacio. Ellos son los Soberanos y Creadores de cada universo local, aunque la divina presencia del Padre Creador se halla igualmente en cada átomo y en cada energía de toda la creación. Y con la ayuda de los agentes controladores y creadores del Padre, cada Micael emprende la gloriosa tarea de crear y organizar su propio universo. Y el vuestro recibe el nombre de Nebadón y es uno de los cien mil que glorifican a la Deidad en el séptimo de los Superuniversos que giran en torno al Gran Universo perfecto de Havona. Fue escrito por tanto con verdad y justicia: "Yo soy antes que vuestro padre Abraham". Micael de Nebadón, en cuanto Padre e Hijo, no tiene principio y Él marca el principio de Nebadón y de todas sus criaturas evolucionarías».
Comunicación permanente entre el Hijo y los Hijos Creadores
«Y en razón de su divino "parentesco", todos los Hijos Creadores de los universos evolucionarios gozan de la comunicación permanente e instantánea con el Hijo Eterno. Son una misma cosa, independientemente del tiempo y del espacio. Sólo en determinadas encarnaciones de los Micael, y por expreso deseo de éstos, esa íntima y permanente unión con la Morada Santa se ve temporalmente interrumpida. Micael de Nebadón —vuestro terrenal Jesús de Nazaret— así lo dispuso antes de partir hacia la vida mortal de vuestro mundo. Y durante un tiempo del tiempo de la Tierra, Micael de Nebadón no supo de su verdadero origen y naturaleza divinos. Micael de Nebadón, por voluntad propia, se negó a sí mismo. Y durante los años de su infancia y adolescencia, su pensamiento humano y evolucionario se debatió en vuestra misma angustia, padeció vuestras mismas incertidumbres y combatió en vuestras mismas tinieblas. Fue igual en todo a sus más humildes criaturas. Y lenta y progresivamente, de acuerdo con los designios del Padre y del Hijo Eterno, el Micael encarnado fue elevándose en la perfección espiritual, descubriendo que, al igual que los restantes mortales, su pensamiento, su alma y espíritu se hallaban habitados por una porción del Padre. Y Jesús de Nazaret fue uno con su Monitor de Misterio. Y en ese histórico momento, Micael supo quién era en verdad. Y su naturaleza divina estalló en todo su esplendor. Y sólo entonces fue Dios y hombre a un mismo tiempo. Sólo entonces se restableció el divino contacto con el Hijo Eterno y Padre e Hijo Creador fueron nuevamente una sola cosa. Y su misión en la Tierra —la revelación del Padre y del Hijo— entró en su última y decisiva etapa. Filósofos, pensadores y ministros de vuestras iglesias se esfuerzan en demostrar el absurdo de un Dios encarnado y consciente de su origen y naturaleza paradisíacos desde el momento mismo de su nacimiento. Micael de Nebadón se entregó tan generosamente a su experiencia de efusión en la carne mortal que, incluso, renunció voluntariamente, y durante un tiempo, a su real y genuina personalidad de Hijo Creador. Y su sacrificio en la cruz ha sido tomado por las jerarquías y criaturas celestes como el más bello ejemplo de sumisión a la voluntad del Padre. ¿Comprendéis ahora el estremecedor sentido de sus palabras en el huerto de Getsemaní? Él, supremo creador de los hombres, aceptó el dolor y la humillación, sin proclamar sus títulos y derechos. Él, soberano de esa tierra, consintió con amor y benevolencia que sus propias criaturas le infamaran y ejecutaran. Y ha sido escrito con verdad: "Padre, si es posible, aparta de mí este cáliz, pero no se haga mi voluntad, sino la tuya". Todo un Dios hecho hombre se entrega a la voluntad del Padre. He ahí la suprema lección. He ahí la suprema elección. Y Él hizo la voluntad del Padre y su soberanía es proclamada por todo lo creado. ¡Bendito aquel que, al igual que Micael de Nebadón, acepte siempre la voluntad del Padre Universal!».
El Hijo Eterno, un ejemplo para los Micael
«También ha sido escrito: "El Hijo Original es indivisible". Escucha, Juan, hijo de la tierra. Ésta es la revelación de los secretos del Hijo, la segunda fuente. El Hijo Eterno, a diferencia del Padre, no puede penetrar y habitar el corazón humano. Éste es un don exclusivo del Padre. El Monitor de Misterio es la chispa y la fracción prepersonal de Dios Padre, que sólo de Él procede. Pero el Hijo tiene sus propios caminos para alcanzar el pensamiento de los hombres y de todas las criaturas evolucionarías. Ese "camino" son sus Hijos Creadores: los Micael. A través de las encarnaciones de éstos, el Hijo Eterno y Original se muestra y manifiesta a toda la creación, haciendo posible su divino trabajo de revelación del Padre. Está escrito: "Sed perfectos como lo es vuestro Padre del Paraíso". Este deseo se cumple a la perfección a través de las efusiones de los Micael en sus diferentes esferas evolucionarías. Ellos, por orden y mediación del Hijo Eterno, revelan al Padre y revelan al Hijo. Y el Hijo Original se hace uno en las encarnaciones de los Micael. De esta forma, los hombres de la Tierra habéis conocido al Hijo. Y el Hijo se hizo hombre, instalándose en vuestra Historia y en vuestros pensamientos. Y ha sido igualmente escrito con verdad y justicia: "Yo soy el camino, la verdad y la vida". Micael de Nebadón, en su encarnación como Jesús de Nazaret, os ha revelado el "camino" hacia el Padre y el Hijo. Él os ha desvelado también la "verdad" de vuestra filiación divina y la "vida" que encierra y supone esa suprema elección de toda criatura humana: hacer la voluntad del Padre. Jesús de Nazaret os ha mostrado al Hijo Eterno y, por su mediación, lo ha hecho hombre. Y es llamado en justicia el Hijo del Hombre. Ésta es su gran experiencia. Lo que los Monitores de Misterio representan para el Padre es equilibrado en la experiencia del Hijo por las encarnaciones de sus propios Hijos Creadores. Pero no son estas encarnaciones en los mundos del tiempo y del espacio las únicas experiencias del Hijo Eterno y Original. Está escrito en la Morada Santa: "Hubo un Micael original. Y ése fue el Hijo Eterno, en su divina y misteriosa encarnación en Havona". Y ésta es su historia: en un principio, el Hijo Eterno, haciendo uso de sus divinas prerrogativas, decidió encarnarse en cada uno de los circuitos perfectos que rodean la Isla Nuclear de Luz, haciéndose un "peregrino" más en el camino hacia la Divina Perfección del Paraíso. Y fue uno más entre los divinos seres de Havona y entre las criaturas ascendentes de los mundos evolucionarios que se hallaban en el Perfecto Universo Central. Y por siete veces conoció a las criaturas de los siete circuitos. Y su paso es recordado como el paso del Micael original: el primer Hijo Creador del Hijo Eterno. Pero sus efusiones están fuera de vuestra limitada comprensión de los asuntos divinos. Él fue un auténtico "peregrino" y vivió las experiencias reales de los espíritus ascendentes. Él, Dios Hijo y Eterno, abdicó siete veces de su poder y de su gloria, participando así en la postrera experiencia de los afortunados que ya conocen y escalan los últimos peldaños que conducen a la Morada Santa de la Deidad. El Hijo Eterno, con su misteriosa "encarnación", constituye hoy un sublime ejemplo para sus propios Hijos Creadores, que deben imitarle en las esferas evolucionarías de sus respectivos universos locales. Y los Micael viven impacientes por culminar sus propias efusiones en las esferas de su soberanía. Micael de Nebadón alcanzó su plenitud con su séptima y última experiencia, registrada en su vida mortal en la Tierra. Como hombre fue perfecto. Como Soberano de Nebadón, su paso por la Tierra ha ratificado su Divina Perfección. Él ha abierto el mundo al Hijo Eterno. Y el Hijo Eterno mora entre vosotros».
El misterio de las siete encarnaciones de Micael de Nebadón
1Y en mi visión, uno de los Micael se destacó de entre la multitud de Hijos Creadores. Y era mi Señor, aquel a quien llaman el Cristo. Pero su faz no era la de mi Señor.
Y su faz era como fuego divino, que jamás se consume. Y caí aterrado a sus pies. Entonces escuché una voz. Y esa voz sí era su voz, la que yo había escuchado en la Galilea y en la Perea y en Jerusalén y en los montes de la Judea. Y esa voz era tan cálida y armoniosa como la de mi Señor.
Y me dijo:
«Juan, hijo del trueno, mi hijo y hermano, éste es el libro de mi historia en la creación. Devóralo y mi historia será parte de tu historia».
Y vi un libro entre sus manos de fuego. Pero el libro no se consumía. Y lo devoré y entonces fui parte de la historia de mi Señor. Y esa historia tiene siete páginas y siete nombres y siete lugares. Y esto fue escrito en la primera de las siete páginas:
«¡Gloria a Micael de Nebadón, Hijo del Hijo Eterno! Yo, Gavalia, jefe de las Estrellas de la Tarde de Nebadón, escribo por orden de Gabriel. Éste es el misterio de las siete encarnaciones de Micael, Soberano Creador del universo de Nebadón. Ésta es la historia de su plenitud y de la plenitud de todas sus criaturas evolucionarías.
»Está escrito en los designios divinos: cuando el Hijo Eterno y Original, en cooperación con el Padre Universal, hace realidad un Micael, este Hijo Creador asume la responsabilidad de crear, sostener y pacificar el universo sede de su soberanía. Y ante la Sagrada Trinidad hace el solemne juramento de no asumir esa plena soberanía hasta que no haya culminado sus siete obligadas encarnaciones en las esferas de su creación. Así está escrito desde el principio de los principios. Y esas encarnaciones deben registrarse bajo las formas de las criaturas que habitan en el reino del tiempo y del espacio de cada uno de los cien mil universos de cada Superuniverso. Es así como los Hijos Creadores llegarán a ser soberanos sabios, justos, compasivos y comprensivos, por encima, incluso, de su natural e infinita sabiduría, justicia, bondad y comprensión. Será por sus encarnaciones como alcanzarán la suprema expresión de la inteligencia misericordiosa y su plena y definitiva soberanía sobre toda su creación. Así es y así está escrito desde el principio de los principios. Y yo, Gavalia, doy testimonio de ello.
»Está escrito en los designios divinos: todo Hijo Creador debe encarnarse, al igual que el Hijo Eterno y Original se encarnó en los siete circuitos de Havona. Sólo así serán uno con su creación. Sólo así revelarán al Padre y al Hijo a las legiones de criaturas inteligentes pero imperfectas que le están sometidas. Sólo así conseguirán la definitiva investidura de su soberanía. Sólo así estarán preparados para experimentar y conocer el punto de vista personal de los hijos evolucionarios a su cargo. Sólo así harán suya la experiencia viviente, el juicio, la paciencia, la soledad y los errores de los seres en proceso de perfección.
»Está escrito en los designios divinos: sólo aquellos Micael que acepten el plan divino de las siete encarnaciones serán coronados por los Ancianos de los Días y jefes de los Superuniversos.
»Ésta es la historia de las siete encarnaciones de uno de los Hijos Creadores del Paraíso: Micael de Nebadón, que gobierna y sostiene su universo desde hace cuatrocientos mil millones de años de la Tierra».
Un extraño Hijo Melquizedek
Y así dice la primera página:
«Hace mil millones de años de la Tierra, algo singular ocurrió en el universo local de Nebadón. Fue entonces cuando los administradores y jefes del reino supieron de un extraño deseo de su Hijo Creador: Micael se ausentaría durante un tiempo y Emmanuel, su hermano mayor, asumiría la soberanía del universo. Y antes de partir para la inexplicada misión, Micael de Nebadón se despidió con las siguientes palabras: "Os dejo por un corto período. Sé que muchos de vosotros desearíais acompañarme, pero no podéis venir allí donde yo voy. Vosotros no podéis ejecutar aquello que estoy a punto de cumplir. Parto para hacer la voluntad de las Deidades del Paraíso. Cuando acabe mi misión y adquiera la experiencia necesaria, retornaré a mi lugar, con vosotros". Y Micael desapareció de la vista de sus criaturas. Tres días más tarde, en un remoto mundo, habitado por seres de la llamada Orden de los Melquizedek, aparecía un desconocido Hijo Melquizedek, igual en todo a estas excelsas criaturas, pero de origen desconocido. En Nebadón se sospecha hoy que aquel Melquizedek era en realidad el Soberano de nuestro universo: Micael, que había adoptado la forma y la personalidad de uno de estos hijos de la creación. El misterioso recién llegado a la esfera de los Melquizedek portaba instrucciones por las que debía ser acogido en dicho grupo e integrado en los servicios de socorro de la Orden. Y así vivió y compartió las experiencias de los Melquizedek, siendo uno con ellos. Y esta experiencia se prolongó por espacio de un siglo del tiempo de la Tierra. Transcurridos esos cien años, el humilde y anónimo Melquizedek desapareció. Y en esos precisos instantes, Micael de Nebadón retornó a su trono, asumiendo de nuevo su soberanía. En el mundo de los Melquizedek se puede leer hoy una significativa leyenda, depositada en un humilde templo, en la que se relata la ejemplar vida de este desconocido Hijo Melquizedek y su arrojo y valentía en un total de veinticuatro misiones de urgencia y socorro por el universo. Y esta inscripción conmemorativa finaliza así: "… Hoy, sin advertencia previa y en presencia de tres de nuestros hermanos, este Hijo visitador de nuestra Orden ha desaparecido tal y como llegó, acompañado simplemente de un omniafín solitario. Este visitante ha vivido como un Melquizedek. Fue en todo semejante a un Melquizedek y como tal ha trabajado, cumpliendo fielmente todas sus misiones de urgencia. Por consentimiento universal ha llegado a ser jefe de los Melquizedek, pues ha ganado nuestro amor y nuestra adoración, por su sabiduría incomparable, su amor supremo y su espléndida consagración a sus deberes. Él nos ha amado, nos ha comprendido, ha servido con nosotros y nosotros somos para siempre sus leales y devotos compañeros Melquizedek.
»A partir de ahora, este extranjero será reconocido como un ministro universal de la naturaleza "Melquizedek".
»Sólo en los archivos secretos de Nebadón se tiene puntual y exacto conocimiento de esta primera "encarnación" de Micael. Pero esos archivos son inaccesibles a las criaturas evolucionarías. Tampoco es posible comprender cómo todo un Creador puede dejar de serlo y transformarse en una criatura Melquizedek, viviendo y trabajando durante un siglo al servicio de dicha Orden. Pero así es y así figura en la primera página de la historia que he escrito por mandato del excelso Gabriel».
Un Soberano salvador
2Y esto fue escrito en la segunda página: «¡Gloria a Micael de Nebadón, Hijo del Hijo Eterno! Yo, Gavalia, jefe de las Estrellas de la Tarde de Nebadón, escribo por orden de Gabriel. Éste es el misterio de la segunda encarnación de nuestro Soberano. Ésta es la historia de su plenitud y de la plenitud de todas sus criaturas. Está escrito en los designios divinos: "Él se hará uno de nosotros y nos revelará su gloria"».
Y así dice la segunda página: «Pasados ciento cincuenta millones de años de la Tierra desde la primera encarnación de Micael, una gran rebelión estalló en uno de los sistemas de mundos de Nebadón. Esta revuelta fue muy anterior a la sedición que ha padecido vuestro mundo. Según consta, el Soberano de aquel sistema —el número once de Nebadón— se mostró disconforme con el veredicto de los Padres de la Constelación, que condenaban a dicho Soberano por antiguas discrepancias e insubordinaciones al orden establecido. El mencionado Soberano, de nombre Lutencia y perteneciente, como todos los soberanos de sistemas de mundos, a la Orden de los Hijos Lanonandec, rechazó la sentencia, arrastrando en su rebeldía a legiones de sus criaturas y asociados. Fue una de las más graves rebeliones contra Micael de Nebadón. Pero, finalmente, el sedicioso fue juzgado y apartado de su reino, mientras las altas jerarquías del universo solicitaban a la sede-capital de Nebadón un Soberano sustituto para el afligido y perturbado sistema de mundos. Y fue justamente en esos tiempos, y en tales circunstancias, cuando el Hijo Creador anunció su deseo de ausentarse por segunda vez de su trono y de su gloria, con el fin de "hacer la voluntad del Padre Universal". Y el poder y la autoridad de Micael reposaron nuevamente en las manos de Emmanuel, su divino hermano del Paraíso. Y su partida fue tan súbita y misteriosa como la primera.
»Tres días después, un desconocido Hijo de la Orden de los Lanonandecs —aquellos que ocupan el trono de los Sistemas de mundos— hizo acto de presencia en el llamado Cuerpo de Reserva de los Hijos Lanonandecs Primarios del universo de Nebadón. En su poder se hallaba una orden, confirmada por Emmanuel, por la que este desconocido Soberano debía hacerse cargo, a título provisional, del Sistema número once, asolado por la reciente rebelión, como sucesor de Lutencia. Y durante más de 17 años del tiempo de Nebadón, este nuevo Soberano administró justicia entre los mundos arrasados y confundidos, ganándose la estima y la confianza de sus criaturas. Jamás un Soberano Sistémico fue tan amado y respetado. Y a lo largo de su sabio y misericordioso reinado llegó a ofrecer al Soberano destronado la posibilidad de compartir con Él el gobierno y la administración del Sistema, siempre y cuando se retractara de sus ataques e injurias al Hijo Creador. Pero Lutencia rechazó el ofrecimiento. El rebelde conocía la auténtica personalidad que se escondía tras la figura de aquel nuevo Soberano. Y sus ataques al Hijo Creador se recrudecieron. En esta ocasión, sin embargo, las criaturas que le habían secundado anteriormente optaron por la sabiduría y por la misericordia del nuevo jefe de los mundos, conocido en todo el Sistema por el Soberano Salvador.
«Cuando el reino fue pacificado, la sede-capital del universo envió al Soberano que debía ocupar definitivamente el trono. Y todo el Sistema lamentó la marcha del Soberano Salvador. Y, desde entonces, los Hijos de la Orden de los Lanonandecs —entre los que se encuentra vuestro igualmente destronado Lucifer— veneran y aman a este ignorado hermano de Orden, considerándolo como el más grande y sabio que jamás haya ocupado la soberanía de un sistema de Nebadón. Y está escrito que, incluso el Soberano rebelde y destronado le hizo llegar el siguiente mensaje: "Tú eres justo y recto en todos tus caminos. Aunque yo no acepte la regla del Paraíso, estoy obligado a reconocer que eres un administrador equitativo y misericordioso.”
»Tres días más tarde de su despedida del Sistema número once, Micael regresaba a su gloria en la sede-capital de Nebadón. Y todos en el universo supimos que el Hijo Creador había ejecutado su segunda "encarnación". En esta ocasión, como un Soberano de Sistemas de mundos de su propio universo. Y su poder y su gloria fueron igualmente reconocidos. Así es y así figura en la segunda página de la historia que he escrito por mandato del excelso Gabriel».
Un Adán único
3Y esto fue escrito en la tercera página:
«¡Gloria a Micael de Nebadón, Hijo del Hijo Eterno! Yo, Gavalia, jefe de las Estrellas de la Tarde de Nebadón, escribo por orden de Gabriel. He aquí el misterio de la tercera "encarnación" de un Dios».
Y así dice la tercera página:
«Y se produjo una nueva rebelión en los cielos. Y ésta fue la segunda gran rebelión en el reino de Nebadón. Y los Portadores de Vida del universo reclamaron en la sede-capital de Nebadón la urgente ayuda de un Hijo Material —un Hijo de la Orden de los Adanes—, que tomara posesión del planeta 217, ubicado en el sistema 87 de la constelación 61. Micael demoró el auxilio solicitado por los Portadores de Vida y, ante la sorpresa general, volvió a ausentarse por tercera vez. Como en ocasiones precedentes, el Hijo Creador de Nebadón delegó sus poderes en su Hermano del Paraíso, confiando el mando de las legiones celestes a Gabriel. Y tras despedirse del Espíritu Madre, Micael desapareció con destino desconocido. No fue difícil asociarle al Hijo Material que, tres días más tarde, se materializaría en el mundo sede del Sistema en rebelión.
»Y este nuevo y anónimo Adán fue confirmado como Príncipe Planetario provisional del mundo 217. De esta forma, Micael daba cumplimiento a la tercera de sus "encarnaciones" entre las criaturas que conforman y habitan su reino.
»Y lo hacía en forma de Príncipe de un mundo igualmente destrozado por la sedición y sometido, como el resto del Sistema, a la total incomunicación con el universo. Durante el tiempo de una generación de hombres evolucionarios, este sacrificado y ejemplar Adán trabajó en solitario, logrando lo que parecía imposible: el arrepentimiento del anterior y disidente Príncipe Planetario y de todo su Estado Mayor. Y el orden reinó de nuevo en aquel Sistema. Cuando la sede-capital de Nebadón lo estimó conveniente, otros Hijos Materiales fueron enviados y materializados en el mundo 217 y el provisional Príncipe Planetario delegó en ellos, desapareciendo tan misteriosamente como había llegado. A los tres días, Micael reaparecía en su trono y los Ancianos de los Días proclamaban su gloria y su soberanía. Sólo en los archivos secretos de Nebadón se conoce con exactitud y detalle la dura prueba experimentada por Micael durante su experiencia como Príncipe Planetario de un mundo evolucionario. La rehabilitación de este mundo en cuarentena, perdido en la confusión y arruinado por los rebeldes, constituye uno de los capítulos más hermosos y esperanzadores de toda la historia de Nebadón.
»Estas "encarnaciones" son y serán un impenetrado misterio para muchas de las criaturas del universo. ¿Cómo puede un Dios hacerse criatura subordinada? ¿Cómo un Hijo Creador puede descender, plenamente desarrollado y conformado, a los círculos y a los estratos inferiores de su propia creación? Lo cierto es que, después de esta tercera efusión, ningún Adán ni Príncipe Planetario se ha lamentado de las dificultades de sus misiones planetarias. Todos saben que, un día, su Dios y Creador adoptó esas mismas formas, desempeñando con honor, amor y sabiduría idénticas tareas a las que ellos desempeñan. Los Hijos Materiales saben ahora que su Soberano ha sido igualmente tentado y probado. Y la gloria y el poder de Micael de Nebadón son reconocidos en todo el universo. Así es y así figura en la tercera página de la historia que he escrito por mandato de Gabriel».
Bajo la forma de un serafín
4Y esto fue escrito en la cuarta página: «¡Gloria a Micael de Nebadón, Hijo del Hijo Eterno! Yo, Gavalia, jefe de las Estrellas de la Tarde de Nebadón, escribo por orden de Gabriel. Éste es el misterio de la cuarta "encarnación" de quien todo lo puede». Y así dice la cuarta página:
«Y Nebadón conoció entonces un largo período de paz. Y en ese período, de acuerdo con los designios del Paraíso, Micael de Nebadón conoció su cuarta y gloriosa experiencia en las esferas inferiores de su reino.
»Tras ausentarse de su trono, el universo supo de una noticia procedente del cuartel general seráfico. Y esa noticia decía así: "Damos cuenta de la llegada imprevista de un serafín desconocido, al que acompaña un supernafin solitario y el excelso Gabriel de Nebadón. Este serafín posee todas las características de la Orden de los Serafines de Nebadón y porta las credenciales de los Ancianos de los Días, confirmadas por el muy noble Emmanuel, divino Hijo del Paraíso. Este serafín pertenece a la Orden Suprema de los Ángeles del universo y trabajará en el Cuerpo de Consejeros Instructores".
»A partir de ese momento, el misterioso serafín desempeñó el cargo de consejero instructor seráfico, a las órdenes de veintiséis sucesivos maestros instructores. Y su labor se prolongó por espacio de cuarenta años del tiempo universal de Nebadón, habitando en veintidós mundos diferentes. Su último cargo fue el de consejero y asistente agregado a la misión de encarnación de un Hijo Instructor de la Trinidad. Y durante esos postreros siete años, este Hijo Instructor de la Trinidad jamás tuvo conocimiento de la verdadera identidad de su humilde acompañante seráfico.
»Ahora, todos los órdenes de ángeles del universo de. Nebadón son conscientes de que su Creador se hizo igual a ellos y de que fue tentado y probado, exactamente igual que ellos. Y aunque seguimos sin comprender el misterio de semejante "encarnación", Nebadón entero se une al cántico de los ángeles: "¡Gloria a Micael, nuestro Dios y Creador, que es sabio y misericordioso en lo alto y en lo bajo!"
»Y el poder y la gloria de nuestro Creador fueron reconocidos en todo Nebadón. Así es y así figura en la cuarta página de la historia que he escrito por mandato de Gabriel».
En el centro del séptimo Superuniverso
5Y esto fue escrito en la quinta página:
«¡Gloria a Micael de Nebadón, Hijo del Hijo Eterno! Yo, Gavalia, jefe de las Estrellas de la Tarde de Nebadón, escribo por orden de Gabriel. Éste es el misterio de la quinta "encarnación" de quien asciende y desciende por su poder».
Y así dice la quinta página:
«Es confesión del excelso Gabriel: ni él mismo, la brillante Estrella del Alba, está en disposición de entender cómo su Creador, Micael de Nebadón, puede prescindir de su estatuto de Hijo del Paraíso para ser y parecer una criatura evolucionaría del tiempo y del espacio. Pero él, como nosotros, cree y acepta. Y se inclinó humilde y leal ante la quinta "encarnación" del gran Soberano. Esto fue hace trescientos millones de años, según el cómputo de la Tierra. En aquel tiempo, las altas jerarquías y jefes del universo local de Nebadón asistimos a una nueva transferencia de poderes de Micael a su hermano e Hijo del Paraíso, Emmanuel. Pero, en esta solemne ocasión, todo fue distinto: Micael anunció pública y oficialmente el lugar al que se dirigía. Y este lugar era Uversa, la sede-capital del séptimo de los Superuniversos: nuestro Superuniverso. Y su ingreso en Uversa ha quedado registrado así en los anales de la Historia: "Sin anuncio previo ha llegado hoy a esta sagrada sede-capital un peregrino de origen humano, en su camino ascendente desde los mundos del universo local de Nebadón. Se halla acompañado por Gabriel y confirmado por la autoridad de Emmanuel. Esta criatura desconocida presenta el estatuto de un verdadero espíritu y así ha sido acogido en nuestra comunidad".
»En Nebadón se siguió con profundo interés la carrera ascensional de este humilde peregrino hacia la Perfección. La escolta permanente del poderoso Gabriel fue definitiva. Todos supimos que aquel espíritu originario de los mundos del tiempo y del espacio era en verdad nuestro Soberano y Creador. Pero, aún hoy, no podemos comprender cómo fue posible semejante transformación. Era la primera vez que Micael se encarnaba en un espíritu perfectamente desarrollado, pero de origen humano. Y durante once años del tiempo del Superuniverso trabajó y se comportó como uno más de los peregrinos que llegan a Uversa, procedentes de los más modestos e imperfectos mundos evolucionarios. Y Eventod —éste fue su nombre— fue tentado y probado como el resto de sus compañeros peregrinos ascendentes de todos los universos locales del Superuniverso. Y fue un leal aspirante a la Perfección, ganándose la estima y la admiración de cuantos le rodearon. Su quinta experiencia como una criatura más de su propia creación culminaría cuando el grupo de peregrinos al que pertenecía se dispuso para el siguiente y gigantesco "salto" hacia el Gran Universo de Havona. Tras una entrevista con los Ancianos de los Días, jefes del séptimo de los Superuniversos, el misterioso "peregrino" desapareció. Al poco, Micael reaparecía en la sede-capital de su universo local. Y su gloria y poder fueron reconocidos y todo Nebadón fue uno con su Soberano.
»Esta quinta encarnación de Micael abrió los ojos de sus más cercanas criaturas, engrandeciendo aún más, si cabe, el divino plan de elevación de los mortales del reino desde sus remotos planetas hasta la Isla Nuclear de Luz. Y en esos momentos fuimos conscientes de que la grandeza de este divino Hijo del Paraíso podría conducirle a encarnar, incluso, en el último y más imperfecto de los círculos de su obra: en el hombre físico y mortal. Tales apreciaciones serían confirmadas algún tiempo después. Y así es y así figura en la quinta página de la historia que he escrito por mandato de Gabriel».
En el mundo moroncial
6Y esto fue escrito en la sexta página: «¡Gloria a Micael de Nebadón, Hijo del Hijo Eterno! Yo, Gavalia, jefe de las Estrellas de la Tarde de Nebadón, escribo por orden de Gabriel. Éste es el misterio de la sexta encarnación de Micael, dueño y señor de la vida y de la muerte».
Y así dice la sexta página:
«Por expreso deseo de Micael, todos los habitantes de la sede-capital de Nebadón supimos de sus inminentes designios. El Soberano y divino Hijo Creador llevaría a cabo sus dos últimas encarnaciones muy cerca de los mortales del reino. Y el universo entero se conmovió. La sexta efusión tendría lugar en el mundo-sede de la quinta constelación. La séptima y última, en un remoto planeta del Sistema de mundos conocido por Satania. Y Nebadón entonó la gloria de su Dios, que no olvida a los más humildes. Y Micael abandonó su trono, en unión de un serafín solitario y de la Radiante Estrella del Alba. Y este Hijo del Paraíso apareció en el mundo de moronda: aquel que se abre después del primer sueño de la muerte. Pero mis labios están sellados y no me es permitido seguir. La sexta encarnación de Micael sólo puede ser desvelada tras el primer sueño de la muerte. Aquellas criaturas mortales del tiempo y del espacio que ya han entrado en el mundo moroncial saben que, con su experiencia en este círculo de lo creado, Micael descendió al penúltimo de los escalones de su reino. Y así es y así figura en la sexta página de la historia que he escrito por mandato de Gabriel».
El mundo de la cruz
7Y esto fue escrito en la séptima página: «¡Gloria a Micael, Hijo del Hijo Eterno! Yo, Gavalia, jefe de las Estrellas de la Tarde de Nebadón, escribo por orden de Gabriel. Éste es el misterio de la séptima y última encarnación de Micael: aquella que maravilló al universo».
Y así dice la séptima página:
«Fue preciso que Nebadón esperase millares de años para asistir al gran prodigio. Nadie en el universo conocía el lugar, ni el día, ni la hora, ni la forma en que se registraría la séptima encarnación del Hijo Creador. Hasta que, hace treinta y cinco mil años del tiempo de la Tierra, la Brillante Estrella del Alba proclamó el deseo de Micael de hacerse uno con la carne humana y mortal. Las sospechas de las criaturas de Nebadón eran fundadas. Y el nombre de un ínfimo y lejano mundo material —"Iurancha"— resonó en el reino. "Iurancha", vuestra Tierra, había sido escogida como escenario de la más increíble de las aventuras experienciales de un Dios. Hace treinta y cinco mil años del tiempo de "Iurancha", los Hijos Materiales (Adán y Eva) enviados para elevar el nivel de vuestras razas evolucionarías fracasaron en su sagrada misión. Aquél era un mundo confuso y confundido, víctima de la rebelión de Lucifer, con un Príncipe Planetario destronado, incomunicado con el resto del universo y sin aparente futuro. Y Nebadón puso sus ojos en la Tierra, estremecido ante la idea de que un Hijo Creador pudiera descender hasta una esfera tan precaria y convulsionada. Pero la gloria, la magnificencia y el valor de Micael no conoce límites. Y el misterio de su encarnación desconcertó a la creación. En las efusiones precedentes, Micael siempre había aparecido como una criatura perfectamente desarrollada. En la Tierra, al nacer como un ser indefenso, en todo igual al resto de los mortales, rompió normas y previsiones, alcanzando así, desde el comienzo, un máximo de gloria y provocando la admiración de sus criaturas celestes subordinadas. Su nacimiento en la aldea de Belén causó sensación en Nebadón. Y está escrito: "Fue en todo igual a sus hijos y hermanos mortales, excepto en el misterio de su encarnación". Nadie en Nebadón puede penetrar este insondable misterio de su encarnación como criatura humana del tiempo y del espacio. Sólo Él y el Paraíso lo conocen. Y durante un tercio de siglo del tiempo de "Iurancha", el reino asistió conmovido, maravillado y aterrado al ejemplar y titánico empeño del llamado Hijo del Hombre por conocer de cerca a las criaturas más limitadas, humildes e indefensas. Nebadón lo comprendió: esta última y peligrosa experiencia de Micael, transformándose en carne y sangre, podía acarrear violentos sufrimientos e, incluso, la muerte al Hijo del Paraíso. Pero también estaba escrito: si el Hijo del Hombre superaba la gran prueba, su autoridad y soberanía sobre el reino de Nebadón serían ya indiscutibles.
»Y Micael se hizo carne y habitó entre vosotros. Su concepción y nacimiento en nada difieren de los de cualquier mortal. Como fue dicho, sólo la técnica de su encarnación ha quedado sumida en el misterio. Años más tarde, cuando los hombres de "Iurancha" escribieron la historia de Dios hecho hombre, sus muchos errores han contribuido a deformar esta excelsa e inimitable etapa de la divina existencia del Hijo del Paraíso. Sus padres terrenales, aunque previamente elegidos por Gabriel, fueron en todo normales. Y la vida del llamado Jesús ben Joseph fue igualmente similar a las de sus hermanos de raza y de mundo. Él reveló a la Tierra y a todos los mundos materiales de Nebadón el supremo mensaje de la paternidad de Dios. Jesús de Nazaret pudo haber abandonado la Tierra, sin necesidad de haber gustado el primer sueño de la muerte. He aquí una parte de su historia que vosotros ignoráis. Su misión jamás fue de rescate. Micael no pretendía saldar una vieja y absurda deuda de los hombres con el Padre Universal. Los hombres no son responsables de la rebelión de Lucifer y de Caligastía, vuestro Príncipe Planetario o del fracaso de la pareja de Hijos Materiales. Sois sus víctimas.
El llamado Jesús de Nazaret, una vez cumplida la misión de revelar al Padre y, una vez enriquecido con la experiencia del contacto directo y personal con sus criaturas evolucionarías, pudo haber regresado a su trono. Su soberanía estaba garantizada. Pero, sublimando su propia encarnación, eligió hacer la voluntad del Padre del Paraíso hasta el final. Era preciso que la criatura humana recibiera la gran prueba de la vida después de la vida. He ahí la justificación a su muerte. Y desde su gloriosa resurrección de entre los muertos, todos los seres mortales del reino de Nebadón han crecido en su fe y fortaleza. Y ahora saben que su Creador también pasó por el primer sueño de la muerte. Y hoy no temen a la muerte.
»A su regreso a la sede-capital del universo, Micael fue definitiva y oficialmente aceptado por los Ancianos de los Días y por la Deidad del Paraíso como Jefe Soberano de Nebadón. Sus siete encarnaciones habían sido culminadas. Habían transcurrido mil millones de años del tiempo de la Tierra. Micael es, pues, la Suprema Autoridad de su universo. Padre e Hijo Eterno le hicieron Creador, pero su soberanía es fruto de su experiencia. Hoy, merced a la prodigiosa gesta de Micael, vuestro mundo —"Iurancha"— brilla con luz propia en el firmamento de Nebadón. La Tierra es un templo simbólico, la mansión humana de un Dios y el planeta más envidiado. Y es llamado el Mundo de la Cruz, en recuerdo de la muerte del Hijo Creador. Así es y así figura en la séptima página que he escrito por mandato de Gabriel».
Y al devorar el libro de la historia de mi Señor fui parte de su historia. Y, conmigo, todos los hombres. Y esa historia tiene siete páginas, siete nombres y siete lugares en el universo. Y cada uno es una revelación. Y en cada página aparece el nombre de Cristo Micael, rey de Nebadón, ministro Melquizedek, salvador Sistémico, redentor Adámico, compañero Seráfico, asociado de los Espíritus Ascendentes, ser Moroncial e Hijo del Hombre.
Y de nuevo caí a los pies de mi Señor, entonando su gloria:
«Tú eres mi hermano y mi Dios. Tú nos has revelado al Padre y al Hijo Eterno y Original, segunda persona de la Trinidad. Tú estás en mí y más allá del primer sueño de la muerte».
Y mi alma se abrió de nuevo y el espíritu de Dios penetro en ella como el viento del Este. Y éste fue el final de la sagrada revelación sobre la segunda fuente del Paraíso: el Hijo Eterno, el que ocupa el segundo trono.
Las tres aventuras universales
1«Ven y verás lo que ya ha sucedido, lo que sucede y sucederá hasta la eternidad. Éste es el cónclave de Dios».
Y en mi visión vi cómo los cielos se abrían. Y vi dos soles. Y una voz dijo: «He aquí el cónclave del Padre y del Hijo. Esto fue antes del tiempo y del no tiempo. Esto es ahora. Esto será».
Y los dos soles se hicieron uno. Y de este único sol brotó una lluvia de luz que se extendió sobre todo lo creado. Y el espíritu de Dios habló de nuevo. Y esto fue lo que dijo:
«Ésta es la primera aventura universal. El Padre y el Hijo Eterno, como creadores conjuntos, estuvieron de acuerdo desde el tiempo y desde el no tiempo. Y el Padre dijo: "Hagamos a las criaturas mortales a nuestra imagen y semejanza". Y desde entonces, desde siempre, el Padre Universal es como un diluvio que no cesa. Cada gota de luz que mana de su esencia es un Monitor de Misterio que busca y habita a una criatura del tiempo. Y esa lluvia divina no tiene fin. Ésta fue la primera renuncia de la Deidad. Éste es el primer paso de su plan divino de Perfección Universal. Ésta es la primera aventura de Dios».
La cadena de los Micael
2Y en mi visión vi cómo el gran sol se hacía dos soles. Del primero siguió manando la lluvia de luz. Del segundo vi caer lo que me pareció una cadena que, al punto, sujetó todo lo creado. Y esa cadena tenía siete veces cien mil eslabones. Y cada eslabón asemejaba un anillo de oro, tan refulgente que ningún ojo humano podría sostener su visión. Y el espíritu de Dios dijo:
«Ven y verás lo que ya ha sucedido, sucede y sucederá hasta la eternidad. Esto fue antes del tiempo y del no tiempo. Esto es ahora. Esto será. Ésta es la segunda aventura universal. Ésta es la aventura del Hijo Eterno y Original. Ésta es la cadena de los Micael, los Hijos Creadores del Hijo Original. Ellos proceden del sol eterno del Hijo y sujetan todo lo creado. Está escrito: "Un Micael es un universo. Y todos amarran los siete Superuniversos".
»Es así como el Hijo Eterno y Original prosigue la empresa del Padre Universal. La cadena de los Micael sostiene los universos y cumple la voluntad del Hijo: revelar la magnificencia y la paternidad del Padre. Los Micael, a través de sus encarnaciones en las esferas de su creación, descubren los secretos de la Deidad y, si es menester, rehabilitan lo imperfecto y lo tenebroso. Éste es el segundo paso y la segunda renuncia de la Deidad del Paraíso. Ésta es la segunda aventura de Dios».
El tercer sol
3Y vi después un tercer sol. Y éste se hallaba por encima de los otros dos soles. Y de él partía un viento tempestuoso que envolvía la lluvia de luz y la cadena de oro. Y todo lo creado se hallaba tocado por este viento. Y el espíritu de Dios que me habita habló de nuevo. Y esto fue lo que dijo:
«Ven y verás lo que ya ha sucedido, lo que sucede y lo que sucederá hasta la eternidad. He aquí el cónclave del Padre, del Hijo y del Espíritu Infinito. Esto fue antes del tiempo y del no tiempo. Esto es ahora. Esto será.
»Ésta es la tercera aventura universal. Padre, Hijo y Espíritu, como creadores conjuntos, estuvieron de acuerdo desde el tiempo y desde el no tiempo. Y el Padre dijo: "Hagamos a las criaturas mortales a nuestra imagen". Y Él se fragmentó. Y dijo el Hijo Eterno: "Enviemos a los Micael para que revelen la gloria del Padre y del Hijo". Y Él creó a los Hijos Creadores. Y el Espíritu Infinito dijo: "Hagamos misericordia". Y Él es el viento de la misericordia infinita que todo lo llena. Éste es el tercer paso del plan divino de Perfección Universal. Y sin la misericordia, nada de lo anterior sería posible. Y ese viento impetuoso no tiene fin. Ésta es la tercera renuncia de la Divinidad. Ésta es la tercera aventura de Dios».
El control del Hijo Eterno
4Y la voz que hablaba dentro de mí dijo: «Es el Hijo Eterno y Original quien gobierna y sostiene los reinos del espíritu. Del Padre depende la creación. Del Hijo, las realidades y los valores del espíritu. Hijo y Espíritu Infinito ponen en práctica, vigilan y mantienen lo que procede del Padre. Es el Hijo el horno eterno del que mana toda energía espiritual. Y esta fuerza espiritual es independiente del tiempo y del espacio. Jamás se debilita. A diferencia de las restantes fuerzas físicas, la espiritual tiene sus propios circuitos. Todos nacen en el Hijo Eterno y a Él retornan. Y esa fuerza que nace del Hijo no conoce el freno: penetra en lo material y no se debilita con la distancia. Desde el punto de vista de la personalidad, el espíritu es el alma de la creación. La materia representa su cuerpo físico. El primero es inmortal. El segundo, fugaz.
»Y cada entidad espiritual es atraída hacia el Hijo, de igual forma que la piedra lanzada al aire es reclamada por la tierra. Nada ni nadie podrá contener esa atracción del horno espiritual divino. Y vuestro destino espiritual será siempre el Hijo Eterno. Cuando una criatura evolucionaría manifiesta una inquietud espiritual, esa "realidad" intangible pero física es proyectada hacia el Hijo, a través de los inmensos circuitos espirituales que envuelven los universos. Y esos circuitos espirituales son tan ciertos como la luz que os cubre. Jesús de Nazaret reveló en vida al Padre y al Hijo. Reveló la paternidad amorosa de Dios y la realidad espiritual del Hijo. Todo "gesto", toda manifestación y todo deseo espirituales pasan primero por la segunda fuente. En ella desembocan y en ella se subliman.
»Y fue escrito con verdad y justicia: "Ni una sola de vuestras súplicas quedará desatendida". Nada que nazca del espíritu cae en el vacío. El poder de atracción espiritual del Hijo Eterno es absoluto e infinito. Él tiene el control de cuantas realidades y valores espirituales brotan de vuestro espíritu. Nada se pierde en la vasta creación de la Deidad. Hasta el último de vuestros pensamientos es archivado en los circuitos espirituales de los cielos».
La afinidad de espíritu
«Y esa atracción espiritual del Hijo Eterno se ramifica igualmente entre los universos de los siete Superuniversos y entre todas sus criaturas evolucionarías. Y la infinita red de circuitos que parten y que regresan al horno divino espiritual se reparte y penetra en cada mundo, provocando, a su vez, el sublime fenómeno de la afinidad entre los espíritus humanos. Esos circuitos que brotan del Hijo Eterno son los auténticos responsables de la atracción espiritual entre los hombres y entre los grupos humanos. Aquellos que comparten los mismos deseos espirituales, idénticos gustos y anhelos se hallan tocados por los circuitos del Hijo. Y vosotros, en vuestra limitación, lo llamáis "casualidad".
»Tales circuitos espirituales son indestructibles. En la desolación, en la angustia, en las tinieblas de las rebeliones, en el fracaso de las criaturas del tiempo y del espacio, siempre aparece una esperanza u otro ser humano que comparte vuestra tristeza y que se siente identificado con las más íntimas de vuestras aspiraciones. Si levantáis los ojos del espíritu hacia los cielos comprobaréis maravillados cómo la mano espiritual del Hijo Eterno os cubre eterna y misericordiosamente. La rebelión de Lucifer ha sumido a vuestro mundo en una incomunicación con el resto del universo de Nebadón. Pero los circuitos espirituales del Hijo sobre "Iurancha" siguen intactos. Él está con vosotros».
La respuesta del Hijo
5«Nosotros, las criaturas perfectas de Havona, sabemos que toda pregunta o súplica espirituales reciben cumplida respuesta. Mas no confundáis lo material con lo espiritual. Las plegarias que sólo buscan beneficios materiales, para sí o para otros, no penetran en los circuitos espirituales del Hijo. Aquellas que, en cambio, nacen del espíritu, son atraídas instantáneamente hacia la segunda fuente del Paraíso. Y jamás quedan sin respuesta. Y sabemos también que esa intensidad espiritual puede ser medida, al igual que las criaturas del tiempo y del espacio miden las fuerzas físicas de la creación. Y la respuesta de los circuitos espirituales es tanto más intensa cuanto mayor es el grado de elevación o de ansiedad espirituales de la criatura que la protagoniza. Y ha sido escrito con verdad: "Buscad, pues, el reino de Dios y su justicia y el resto se os dará por añadidura". Pedid la luz y el Hijo se hará luz en vuestro espíritu. Buscad la sabiduría y el Hijo se hará conocimiento en vuestros corazones. Solicitad respuestas y los circuitos espirituales os responderán con el ciento por uno».
El Hijo en los Hijos Creadores
Y la voz del espíritu de Dios llenó mi corazón. Y esto fue lo que dijo:
«No busquéis, por tanto, a la persona del Hijo Eterno y Original en los universos de los Superuniversos. Su presencia en lo creado es espiritual y se manifiesta a través de sus circuitos y de la soberanía de sus Hijos Creadores y Paradisíacos. El Hijo está en los Hijos. Y su presión espiritual lo llena todo. Sólo en el Universo Central de Havona es posible distinguir su divina actividad personal, siempre a través de la armonía y de la perfección de lo allí creado. Havona es tan perfecta que su estatuto espiritual y energético se encuentra en perpetuo equilibrio».
El progresivo descubrimiento del Hijo Eterno
«Ahora, en vuestra actual existencia mortal, las criaturas evolucionarías identificáis al Hijo Eterno y Original con el Hijo Creador o Micael que rige vuestro universo local. Y el Hijo, en efecto, se halla personalizado en cada uno de sus Hijos Paradisíacos. Más adelante, conforme vayáis peregrinando por los universos del Superuniverso, esa presencia vivificante del Hijo Original se hará más y más palpable. Y tras el gran "salto" al Universo Central, cada criatura ascendente será plena y definitivamente consciente de esa presencia divina de la segunda fuente del Paraíso, que todo lo llena. Y su amor os cubrirá como una segunda e invisible piel. No busquéis, por tanto, la presencia del Hijo en vuestros corazones o en vuestro espíritu. Es el Padre quien os habita. El Hijo os envuelve y atrae como la flor a la abeja. Es el horno divino del Hijo Eterno quien ejerce una permanente e inmutable atracción espiritual hacia la Isla Nuclear de Luz. Y ha sido escrito con verdad y justicia: "Tarde o temprano os fundiréis y confundiréis con la suprema felicidad". He aquí el gran secreto de la ascensión imparable de las criaturas evolucionarías y de los peregrinos del tiempo y del espacio hacia Dios. El Hijo arrastra y conduce como un faro en la oscuridad. He aquí el único sendero hacia la Deidad. Y sus circuitos de espiritualidad son las únicas vías abiertas y seguras hacia el interior de Havona. Nadie puede llegar a la Perfección por la carne: sólo por el espíritu. Cada vez que vuestro espíritu se alza, los cielos se alzan, pendientes de vuestras súplicas. Cada vez que vuestro espíritu experimenta un anhelo, los cielos responden prestos a vuestro anhelo. No existe poder en los cielos o en la tierra capaz de abortar vuestras inquietudes espirituales. Y cada vez que se manifiestan, viajan más rápidas que la luz hasta el corazón del Hijo Creador, supremo reflejo del Hijo Eterno. Por el contrario, también ha sido dicho: si vuestras súplicas son enteramente materiales, jamás serán canalizadas por los circuitos espirituales del Hijo. Estos requerimientos materiales son como el humo que se disipa. Caen muertos antes de nacer. Son como piezas de cobre y como platillos de bronce que resuenan inútilmente. Ha sido escrito: "Dejad vuestras preocupaciones materiales al amor del Padre. Los anhelos espirituales pertenecen al reino del Hijo"».
El Hijo: único camino hacia el Padre
6Y en mi visión vi el mundo en el que habito. De él partía una escala y una multitud ascendía por ella. Y el espíritu divino que me habita dijo:
«Ven y te mostraré el único camino hacia el Padre». Y la escala moría en un mundo de cristal y de luz que no supe reconocer. Y de éste partía una segunda escala hacia el centro del universo. Y de los cien mil universos partían otras tantas escalas, que morían en Uversa. Y de las siete sedes-capitales de los Superuniversos vi cómo siete ángeles tendían siete escalas, igualmente de luz, que morían en la oscuridad de los mundos sin luz que envuelven Havona. Y el espíritu de Dios dijo:
«He aquí el único camino hacia el Padre Universal. Aquel que elige hacer la voluntad del Padre entra en los circuitos espirituales del Hijo Eterno. Y ese circuito, tras el primer sueño de la muerte, le conducirá a los mundos superiores de Moroncia. Y tras el segundo sueño será atraído hacia las profundidades de lo creado. Y allí, en la divina presencia de los Hijos Creadores, advertirá la sombra luminosa del Padre. Pero su camino no habrá hecho sino empezar. Su espíritu, entonces, quedará aliviado de las últimas estelas de imperfección y será proyectado hacia los mundos perfectos y armoniosos del Universo Central. Vuestro peregrinaje hacia la Isla Nuclear de Luz será entonces menos borrascoso que en los mundos evolucionarios de los siete Superuniversos. La primera parte del trabajo del Hijo Eterno y Original —revelar a las criaturas la existencia del Padre— se habrá cumplido».