AGRADECIMIENTOS

Estoy en deuda con la comunidad, y en deuda con aquellos que nos guardan desde el cielo.

Mi familia ha sido mi sostén durante muchos años: Virtudes, Rafael, Maritza, Mari, Paul, Julito, Mercedes, Julio Ángel, David, Miguel, Yrma, Miguel Ángel, Mildred, Vanessa, Jeffrey. Y los abuelos, Osterman y Elba, gracias pa’ todos.

Me hubiera sido imposible escribir sin el apoyo de mi gente: Michiyuki Ohno, John Stewart, Brian O’Halloran, Roberto García, Víctor La Valle, Nina Cooke, Andrés Hernández, Homero del Pino, Joe Marshall, Helena María Viramontes, Silvio Torres Saillant, Juan García, Raymond Ramírez, Wendy Cortez, Jennifer Townley y mi buen Anthony. Pete Rock creyó en mí. Y también C.A. Paula Moya ha sido como una hermana, una mentora, un milagro. Bertrand Wang es mi hermano, coño. Le debo la vida. Héctor Luis Rivera es otro milagro. Un hermano. Da gracias, chaval. Andrea Greene, la más feroz. Mi alma y mi corazón.

¡Palante!

Charles McGrath mantuvo viva la esperanza. Lois Rosenthal me dedicó todo su ánimo y me cambió la vida. Nunca la olvidaré. Estoy en deuda con Nicky Weinstock, Jamie Linville y Malcolm Jones. Cressida Leyshon fue una maravilla. Bill Buford, ese vándalo, se cuidó de que me lo pasara de cine. Gracias, tío.

Super Lily Oei fue un monstruo entre bambalinas. Nicole Wan y toda la gente de Riverhead se escornaron para que este libro saliera adelante. Cuentan con mi más honda gratitud. Julie Grau dio fuerza a este libro. Tiene fe, y es una editora espléndida. Gracias, Julie.

Nicole. Nadie me ha cuidado tanto. Gracias ahora, gracias siempre.

¡Guasábara!