Capítulo 4

Llegué al edificio y me presenté al departamento de recursos humanos, algunas personas ya estaban esperando su turno y yo me sentía muy ansiosa por conocer a este hombre. Como todos los demás, me senté a esperar y por un momento cerré mis ojos para inspeccionar el lugar mentalmente, todavía le hace faltaba mucho para que parecieran las oficinas principales de una empresa tan prestigiosa como lo menciona el periódico, es natural si apenas se acaban de mudar pero ya hay muchos trabajadores haciendo lo suyo. La oficina de presidencia estaba en el último piso como era de esperarse, tenía una amplia terraza en donde podía tener una magnífica vista de la ciudad, un lujo al aire libre que sólo su presidente podía darse. Estaban trabajando mucho en ella, los colores de las paredes eran blancas con unas franjas horizontales celestes, grises y azul marino, los muebles que habían llevado eran de cuero negro con la mesa principal de vidrio, el escritorio de él también era de vidrio y de metal gris oscuro, algo muy moderno sin duda que no era mi estilo, los archivos que estaban acomodando eran negros y la computadora que el técnico estaba instalando era de las más modernas también, las estanterías, el teléfono, el televisor, los cuadros paisajistas italianos, la alfombra, todo era impecable seguramente según al gusto de él. Lo busqué por todo el edificio pero obviamente no había llegado, todavía estaba en su hotel.

—¿Disculpe señorita se siente bien? —Me preguntó una de las encargadas.

—¿Perdón? —Le respondí seriamente saliendo de mi trance.

Creo que no escuchó lo que estaba diciendo —continuó—. Estamos esperando a muchas personas que desean ser parte de las empresas Di Gennaro y estamos clasificando los curriculums que están llegando, para tener un mejor control de los puestos vacantes que se solicitan ¿Por cuál cargo viene usted?

Su pregunta me tomó desprevenida, así que me tomé la molestia de ondear en su mente.

—Por el cargo de asistente de presidencia —le contesté.

—Ese es un cargo muy especial y muy codiciado, no sólo por el sueldo sino por las responsabilidades que tendrá, ya que tratará directamente con el presidente. Hasta ahora no nos ha llegado ninguna hoja de vida para ese puesto, debe de ser una persona sumamente preparada la que ocupe ese cargo, si gusta voy a llevarla con la persona encargada para que ella misma le haga la entrevista.

—Como usted quiera.

La seguí por un estrecho corredor hasta que llegamos y me abrió la puerta de una oficina.

—Puede esperar un momento, si gusta puede tomar asiento, en un momento la atenderán.

—Está bien —dije mientras me sentaba.

Al momento salió de la oficina dejándome sola o al menos eso creía;

—¿Qué te propones Eloísa?

Ángel aparecía de nuevo en su impecable traje del más perfecto blanco para sermonearme otra vez.

—Hola Ángel ¿Ya te pasó el disgusto? Creo que exageraste.

—Dijiste que te habías aburrido de España ¿A qué volviste?

—¿No es obvio? —Contesté encogiéndome de hombros—. Tengo mis propios intereses.

—El ciudadano italiano no es Edmund —dijo firmemente— no te engañes, eres más inteligente que eso, no finjas.

Lo miré fijamente de nuevo como si deseara desintegrarlo en ese instante, Ángel sabía cómo ponerme de mal humor.

—Eso lo voy a averiguar por mí misma, ya veremos qué pasa cuando estemos frente a frente.

—Eloísa, eres muy orgullosa como para someterte a un trabajo, puedes hacer todo lo que te place, pero no te gusta seguir órdenes, no te dejas dominar.

—Por él haré el sacrificio. —Le dije fingiendo mi sonrisa—. Debes recordar que estaba dispuesta a someterme al matrimonio y a todo lo que implicaba, obedecería ciegamente a Edmund como mi señor y esposo en todos los aspectos y me hubiera convertido en la esposa perfecta sólo por él ¿Qué tiene de diferente un trabajo? Seguramente sólo el hecho que no haya intimidad, quiero estar cerca de él, obedecerlo y servirlo.

—No creo que dures mucho en esa actitud —dijo mirándome fijamente—. No eres paciente y no quiero que vayas a desquitar tu enojo con la vida de alguien inocente, que nada tiene que ver con la absurda decisión que has tomado.

—Ese es mi problema, por favor ya no te metas y si no tienes nada más que hacer, vete.

—No juegues Eloísa, no juegues, el vacío que te embargará será mayor —dijo mientras desaparecía de mi vista.

Preferí no hacer caso a su advertencia y a tiempo, justamente en ese momento la encargada de atenderme llegaba.

—Perdón por la tardanza —dijo mientras se acomodaba en el escritorio—, apenas estamos comenzando y todo es un caos. ¿Parla italiano?

—Sí, mi piace molto Italia è un paese bellissimo.

—Molto bene —dijo muy sonriente— habla como una verdadera italiana, sin duda un punto a su favor, permítame su curriculum, hasta ahora es la primera que nos llega por el puesto de asistente de presidencia.

Le dí la carpeta y con detenimiento comenzó a ver todo, la emoción de haber visto al gemelo de Edmund me hizo olvidar mi problema con las fotografías y es algo que comencé a aborrecer desde que se inventó, no puedo retrarme de esa manera porque mi imagen nunca aparece, es como si no existiera, tengo retratos míos al óleo de cada época pero obviamente son un secreto, cada vez que alguien quería una fotografía conmigo tenía que inventar alguna excusa y más de alguna vez, hice que los aparatos dejaran de funcionar para no dar explicaciones de lo sucedido. En cada lugar en el que estaba no podía quedarme más de diez años, ya que la gente cambiaba y yo no, obviamente nunca volvían a saber de mí.

—Creo que sus papeles están bien —dijo mirando todo—, es un curriculum muy completo pero...

Comencé a mirarla fijamente para poseer su mente y hacer que pudiera ver las fotografías mías que se necesitaban.

—¿Algún problema? —Pregunté.

—Que raro —contestó—, estaba segura que a simple vista no había visto sus fotografías pero creo que me concentré en otros aspectos, no sólo en sus sorprendentes diplomas universitarios de Harvard y Oxford que avalan su doctorado en finanzas y master en economía, sino en su diplomado de lenguas, ¿Habla usted siete idiomas a la perfección?

—Bueno en realidad hablo más —le dije tratando de mostrar modestia—, pero creo que estos son los que comunmente se necesitan.

—A parte del español —dijo sin dejar de ver los papeles—, habla inglés, francés, italiano, portugues, alemán y griego.

—Y si hace falta también japonés y árabe —le dije guiñandole un ojo.

—Sin duda una persona muy preparada —continuó mientras me observaba muy sorprendida—. ¿No desea un puesto mejor a su capacidad teniendo su propia oficina?

—No.

—Pero usted no... —insistía— ¿De verdad quiere ser una simple asistente? Usted merece un puesto importante.

—Yo deseo ese, creo que le serviría más al signore estando cerca de él.

—Pues, no creo que encontremos a alguién mejor que usted —continuó—, y sin duda il signore Di Gennaro estará muy complacido.

Eso espero” —pensé sonriendo ligeramente.

—Pero hay un problema con su domicilio.

También lo había olvidado, ¡Diablos! Este hombre nubló mi cabeza.

—Ah sí... he vivido en Edimburgo los últimos... años y hasta hace poco me mudé a España y como todavía no he conseguido un apartamento, estoy provisionalmente en un hotel, la verdad siempre he venido a pasear y...

—Bueno al menos es española por nacimiento.

—¿Cómo?

—Aquí dice que es nacida en Segovia.

—Oh sí... siempre lo olvido, lo que pasa es que desde pequeña viví en Inglaterra y después en Escocia.

—¿No me diga que nació en el castillo de Alcázar? —insistió.

—¿Perdón? —pregunté un tanto desconcertada.

—Lo pregunto por su apellido, como también es Alcázar.

—No, bueno...

—Era una broma, no se preocupe —dijo sonriendo— es una coincidencia entre la similitud de los nombres y el lugar de su nacimiento, no me haga caso.

Esta mujer por un momento me asustó y creí que se trataba de un ser como yo, ciertamente nací en el castillo de Alcázar, mi madre era miembro de la casa real de Trastámara pero mi historia fue otra.

—Por mi parte sea usted muy bienvenida señorita Alcázar —dijo dándome la mano y ordenando los papeles—. ¡Uy que fría está! ¿Se siente bien?

—Es el nerviosismo, siempre me pone helada.

—Uy que alivio creí que estaba enferma, además luce pálida, salga a caminar por la ciudad, el sol de Madrid le sentará muy bien. Llevaré su curriculum a la secretaria del señor Di Gennaro para que ella personalmente se lo dé, él vendrá a las oficinas por la tarde para ver los avances, si gusta puede volver para ver que ha decidido él ya que tiene la última palabra. Por los momentos, le sugiero comprar el diario y comenzar a buscar un domicilio fijo con su respectivo teléfono ya que es necesario, un movil sería también necesario personalmente para usted, no se preocupe, si forma parte de la empresa se le proveerá uno, pero su domicilio si es importante para su curriculum dentro de la empresa y otra cosa, abra un correo electrónico, es muy importante y necesario si desea trabajar con nosotros para contactarla, dentro de la empresa tendrá uno, pero es necesario que tenga el suyo propio.

—Está bien —dije saliendo de la oficina.