—La vida me hizo aparcar por unos años mi sueño de ser escritor. Me di cuenta que me iba mejor en mi faceta de pintor. —Hizo una breve pausa para dar un sorbo a su taza—. Aquellos primeros años desarrollé mi mejor arte, aunque no terminaba de llenarme del todo. Y así fue como en unos cuantos años conseguí irme a Nueva York.
—¡Mi madre también estuvo en Nueva York!
—Lo sé. —Una leve risita se dejó entrever en sus labios—. El destino parece que quiso hacer que nos reencontrásemos en la ciudad de los rascacielos. Y allí le escribí un nuevo relato.
—Reencuentro, ¿verdad?
—Así es, mi segunda novela...