DESTIEMPO

Nuestro entusiasmo alentaba a estos días que corren

entre la multitud de la igualdad de los días.

Nuestra debilidad cifraba en ellos

nuestra última esperanza.

Pensábamos y el tiempo que no tendría precio

se nos iba pasando pobremente

y éstos son, pues, los años venideros.

Todo lo íbamos a resolver ahora.

Teníamos la vida por delante.

Lo mejor era no precipitarse.