CONVERTIR EL ATAÚD EN COMETA

En el capítulo anterior hablamos de la misión. Hemos hablado también de las etapas de la vida. Bien. Ahora me toca contarte cómo puedes darte cuenta si estás dentro del ataúd y cómo convertirlo en cometa. Déjame explicarte la historia.

Habíamos llegado a Cádiz y Oscar soltaba amarras para empezar nuestra excursión. La nevera llena, el combustible al máximo, las velas revisadas y los cabos bien tensados. El tiempo de navegación, de casi cuatro horas, finalmente hacia Tarifa, y con el levante en popa, nos permitió disfrutar de la conversación y de un paisaje envidiable frente a los arenales de la Costa de la Luz. Todos disfrutamos, menos Rocío, que seguía abducida por su teléfono móvil, que no dejaba de vibrar con los mil y un correos electrónicos que recibía.

Era casi la hora de comer cuando Oscar fondeaba al abrigo de la Punta Camarinal, delante de las imponentes ruinas de Baelo Claudia, en la ensenada de Bolonia, en el corazón mismo del Parque Natural del Estrecho. Nuestro plan era pasar allí el día: comer, charlar un rato, darnos un baño y navegar para volver a puerto mientras veíamos ponerse el sol.

Mientras abríamos unas cervezas frías para refrescarnos en la calurosa mañana, le pedí a Rocío que apagara su teléfono y que lo guardara en su bolso. Ella me miró con cara de sorpresa y contrariedad, y tuve que convencerla de que íbamos a hacer un ejercicio que requería de su máxima concentración, que iba a cambiarle la vida; sólo entonces aceptó recoger su Blackberry Yo rebusqué en mi mochila hasta encontrar un lapicero y una pequeña libreta. Le pedí que anotara en ese papel las cuatro cosas por las que se levantaba cada mañana.

También te lo pido a ti. Detén tu lectura en este punto. Atrévete a jugar con nosotros. Pon una señal y busca algo para escribir y trata de responder tú también a esta pregunta: «¿Cuáles son las cuatro cosas por las que me levanto cada mañana?» No vale poner porque sonó el despertador. Escríbelo, de verdad. No es suficiente sólo con pensarlo. Pensándolo seguro que dices «hombre, algo habrá», pero cuando te tienes que enfrentar al papel en blanco la cosa se pone fea.

No resulta sencillo tener claro por qué nos levantamos cada mañana. Parece lógico que por algo nos levantamos, pero la rutina, la prisa, el ritmo tan acelerado al que vivimos nos lleva a correr, correr y correr pero sin saber hacia donde. A Rocío le cambió la cara. Pasaba una y otra vez sus manos por la cabeza, pero no supo qué responder. Nos miraba como con desesperación e incluso pensaba que era algo de lo que habíamos estado hablando durante la travesía mientras ella estaba aislada con sus cosas.

Una de las mayores causas de infelicidad en el mundo es que la gente no sabe lo que quiere, no tiene objetivos, no sabe adonde quiere ir. Supongo que piensan que se levantan porque «hay que levantarse», pero creo que esa no es una razón demasiado convincente. Lo decíamos antes. Hay que saber para qué estamos en la vida. Cuáles son esos elementos que marcan nuestra misión en esta existencia. Dice Alejandro Llano que «cuando uno está en el hoyo, lo primero que hay que hacer es dejar de cavar. Luego ya veremos cómo salimos, pero lo primero es dejar de cavar». Y tiene toda la razón. Somos conscientes de que no sabemos hacia dónde vamos, pero eso vamos a corregirlo. Rocío también lo va a corregir.

Podemos llegar al común acuerdo de que las cuatro cosas por las que te levantas cada mañana, las cuatro cosas que en definitiva te importan en tu vida tendrían algo que ver con ¿la salud?, ¿la familia?, ¿el trabajo?, ¿los amigos?... Son esos cuatro resortes los que hacen que Rocío, Marina, tú y yo, y la mayoría de nosotros, saltemos de la cama a las 7.00 AM cuando suena el despertador.

El primero de ellos, la salud, es uno de los valores fundamentales que nos permiten levantarnos cada día. Ser feliz con un dolor de hígado es complicado. Se puede, no tengo la menor duda. De hecho hay ejemplos, casi heroicos, de gente desbordante de felicidad en momentos en que la salud los lleva a situaciones límites y terminales. Pero si podemos evitar llegar a los extremos, mejor que mejor. Conviene ahora recordar que más vale prevenir que lamentar.

Tus hijos y tu pareja te quieren a ti. Quieren tenerte. No quieren tener tu dinero. Estar en forma es muy importante en el mundo en que vivimos. Los médicos nos están recordando continuamente que andamos por una cuerda floja, como los trapecistas, pero sin red. Valentín Fuster, el director del departamento de cardiología del Hospital Monte Sinaí de Nueva York afirma que la gran plaga del siglo XXI va a ser el infarto de miocardio.

La salud no la da Dios. Dios está para cosas más importantes. No puedo creer que Dios dedique su día a decir: «A éste le mando un infarto, a éste se lo quito, a éste le voy a poner una úlcera, a éste no». Si te pones enfermo muy a menudo es que algo dentro de ti no funciona, pero además, esto se refleja en el exterior. El día que tu mujer o tu madre no se arreglan, es que algo les pasa.

A partir de hoy, media hora de deporte al día es obligatoria. Solo media hora. Es un tiempo que todos podemos arañar: levantándonos un poco antes, a la hora de comer, antes de cenar..., Correr un poco, nadar, jugar un partido de pádel, tenis o fútbol ayuda a descargar adrenalina, quemar grasas y mejorar tu forma física, tu rendimiento intelectual y tu estado de ánimo. Además, no hace falta correr maratones ni prepararse para el triatlon. Basta, por ejemplo, con aparcar el coche algo más lejos de la oficina y caminar un rato hasta llegar a ella. Cuarenta y cinco minutos por la mañana y cuarenta y cinco por la tarde son una hora y media de paseo que a buen ritmo es un interesante ejercicio. Los italianos dicen que cuando el cuerpo está sano, el alma baila.

Todo en la vida es equilibrio. Así que salvo que seas un deportista profesional, tampoco hay que abusar. Si todo el día lo dedicas a hacer deporte, el deporte hará que rompas otras cosas importantes de tu vida como la familia, el trabajo, los amigos... Por eso lo importante es que sepas encontrar el equilibrio. Mens sana in corpore sano. Lo hemos oído miles de veces, pero es verdad. Recuerda que cuando conociste a tu pareja, tenías un «cuerpo Danone». Si ahora no te cuidas, la obligas a vivir con Navidul, y ella o él no pidieron Navidul. Querían Vitalinea. Cuidarte tanto para ti como para tu pareja significa no sólo respetarte a ti, sino también a tu pareja.

Cuida tu alimentación. Todos llevamos una vida complicada, pero en cualquier sitio puedes encontrar una ensalada, un filete a la plancha con un poco de lechuga y tomate... Por supuesto que de vez en cuando compensa darse un homenaje gastronómico en el McDonald’s con los niños, o en un asador con los amigos, pero no olvides que el cuerpo necesita un poco de todo, y que nuestra dieta mediterránea es uno de los inventos más formidables creados en estas latitudes.

Cuida tu cuerpo como cuidas tu coche. Al coche lo llevas a pasar una exhaustiva revisión cada cierto número de kilómetros. Le cambias el aceite, revisas la presión de las ruedas o cambias sus neumáticos. Un coche a punto puede evitarte accidentes y sobre todo librarte de problemas. Tu cuerpo también lo necesita. Las máquinas de tu fábrica se someten a un mantenimiento correctivo pero también a uno preventivo.

A partir de una determinada edad, cercana a los cuarenta, todo tu cuerpo empieza a oxidarse y a romperse, por lo que hay que revisarlo de vez en cuando. Por ejemplo, el cáncer de colon es el más mortífero en Europa, y con un diagnóstico a tiempo, en una sencilla revisión anual, las posibilidades de vencerlo son de un 55%. ¡Cuánta gente tiene que agradecer ese chequeo periódico que le descubrió algo que tratado en aquel momento no fue más que una pequeña preocupación de unos pocos días!

Un chequeo es algo sencillo, que no te toma demasiado tiempo. Y tampoco tiene por qué ser caro. Para los menores de cuarenta una buena revisión debe incluir una analítica completa, una radiografía de tórax y un electroencefalograma, además de una sencilla revisión ginecológica para las mujeres. A partir de los cuarenta años conviene incluir, además de lo ya indicado, pruebas específicas según patologías y edad: colonoscopias, pruebas de esfuerzo cardiovascular, revisión prostática, revisión ginecológica profunda y mamografía en mujeres...

Descansa. Es necesario recuperar el arte de descansar. Santo Tomás de Aquino, ya en el siglo XIII, nos instaba a descansar comiendo en familia, paseando, tomando un buen baño de agua agitada, que es el jacuzzi de hoy en día, una copita de vino dulce antes de dormir. También es necesario dormir. Lo suficiente. Depende de cada uno de nosotros, pero entre seis y ocho horas es lo recomendable. Dormir bien ayuda a conservar la memoria, refuerza nuestras defensas, controla nuestro apetito, previene la depresión y retrasa el envejecimiento.

Como dice mi amigo Antonio «cuida tu cuerpo, que vives en él». Nuestro cuerpo es nuestro medio de comunicación con el mundo exterior. Es lo que nos mantiene en contacto con los otros. Por eso es importante que sea un pilar en nuestra vida.

Ahora, el segundo pilar, la familia. Me dices que esa es otra de las cosas importantes en tu vida. Sin duda. Igual que nuestros parientes los monos, necesitamos vivir en sociedad. Somos gente sociable por naturaleza. Es muy dura la vida en soledad. Incluso los que viven solos andan buscando el momento en que alguien vaya a verlos, ya sean sobrinos, amigos..., porque necesitamos sentirnos cerca de nuestra comunidad.

A pesar de necesitar esa comunidad, lamentablemente la familia ha pasado a ocupar un plano secundario, después del trabajo. La edad de tener hijos se ha retrasado considerablemente y en algunos sitios se ven cada vez más los padres-abuelos: aquellos que cuando sus hijos lleguen a la adolescencia ya estarán jubilados, y posiblemente jamás conozcan a un nieto.

La búsqueda del éxito profesional lleva a muchas parejas a retrasar ese momento. ¿Que es difícil y sacrificado tener hijos? Pues sí. Mucho. Ya te dije que si la vida no te resulta dura es que eres raro. Vivir en la cuerda floja intentando conciliar la familia y el trabajo es algo que nos afecta a todos. El objetivo es no caerse de esa cuerda. Y si por casualidad te caes, levántate. La vida está inventada y en su manual te dice que quizás algún día haya que optar entre tu desarrollo profesional y tu familia. Debes estar preparado o preparada para ese momento. La vida te cambia cuando tienes a tu alrededor una de esas simpáticas y adorables criaturas.

Pero también tienes que cambiar tú. Uno de los mejores modos de educar es el ejemplo, así que tener un hijo te hace muchísimo más responsable delante de él. No puedes decirle que no se miente y mentir tú. No puedes decirle que está mal emborracharse, y emborracharte tú... Si te tomas en serio tu paternidad o tu maternidad, seguro que este hecho te hace mejor persona, y siendo mejor persona, seguro que eres más feliz. Y estoy convencido que tienes clarísimo lo importante que es tener un ser pequeñito que depende de ti, que salió de ti. Simplemente, imagínate que llenamos el estadio Santiago Bernabéu de padres y madres. Les pasamos a todos un papel y un bolígrafo y les pedimos que escriban qué es lo más importante que hay en el mundo para ellos. El 100% dirá que sus hijos. Sin duda.

Y como justamente no es fácil esta conciliación, aunque sabes que merece la pena en todo momento, la pregunta es la siguiente: ¿Llegas todos los días a casa a la misma hora? Sé que es difícil dentro de ese mar de reuniones imprevistas, clientes que alargan las negociaciones, atascos, retrasos en los aviones... Pero no olvides que somos seres de hábitos. Fíjate. Los mayores, usamos agendas. Bien de papel o bien electrónicas. Los niños no tienen esas herramientas, pero sí que tienen una agenda interna con la que gestionan su tiempo y marcan sus rutinas. Así saben que después de comer hay una siesta y después del baño la cena... Pero también saben que hay un tiempo para papá y para mamá. Para estar con ellos, para jugar con ellos. Si no apareces en ese tiempo que el niño tiene prereservado para estar contigo, acabará asumiendo que nunca estarás y que no puede contar contigo. Llegará a utilizar ese hueco de su agenda para otra cosa. Y un día, cuando lleve mucho tiempo sin «usar el contacto papá o mamá», su Outlook interno le enviará un mensaje: ¿Desea eliminar el contacto papá y mamá de la lista de contactos de Outlook? Aceptar... Y a la papelera de reciclaje. Después vendrán tus reclamaciones. Me dices: «Mi hijo de catorce años no me habla». ¡No me extraña, tú llevas catorce sin hablarle! ¡Cómo quieres que te hable ahora! Y esto que te cuento, también se puede aplicar a tu pareja. Tengas o no niños.

Los niños aprenden por dos mecanismos: imitación y principio del placer. Imitan a la gente que está cerca de ellos y tratan de repetir aquellas cosas que les gustan, que les producen placer... Los adultos hacemos igual. ¿Te has preguntado alguna vez a quién se parecen tus hijos? Quizá se parezcan más a la cuidadora que a ti, porque quizá pasan muchísimo más tiempo con ella que contigo. ¿Eso es lo que quieres para tus hijos?

Hace años existían los «niños llave». Gomo padre y madre trabajaban, ellos llevaban colgando del cuello la llave de su casa para no perderla y poder entrar al salir del colegio. Allí pasaban la tarde solos hasta que llegaban sus padres. Hoy, existen los «niños horizontales», que son aquellos cuyos padres salen de casa muy temprano para ir a trabajar, y dejan al niño durmiendo con alguien que lo cuida. Cuando vuelven a casa, el niño ya está otra vez durmiendo. Sólo los ven en posición horizontal. ¿Quién crees que será su guía, su maestro, conforme ese niño vaya creciendo?

Si recordamos las etapas de la vida, decíamos que al menos antes de la adolescencia los dioses de los hijos son los padres. ¿A qué dios está intentando imitar tu hijo si tú nunca estás? ¿Te gustaría ser su máximo referente en las decisiones que tomará en el futuro? Recuerda que si queremos construir un mundo mejor, tenemos que darles esos valores a nuestros hijos.

La agenda de una persona refleja su vida. Si en tu agenda sólo hay trabajo, en tu vida sólo hay trabajo. Tienes apuntado —aunque lo sabes de memoria— que todos los lunes tienes reunión del departamento. Sin embargo, no tienes apuntado el cumpleaños de tu pareja, el aniversario de boda, la fecha en la que os conocisteis, los cumpleaños de tus hijos, las fiestas de fin de curso o las reuniones del colegio de los niños. En la agenda se apuntan las cosas importantes, las cosas que no puedes olvidar, las que no se te pueden pasar. ¿Qué pasa?, ¿que puedes olvidar ir a la tutoría de los niños, pero jamás faltarás a la reunión del departamento?

Y me dices: «pero lo importante no es la cantidad sino la calidad». Puede que tengas razón, no te lo niego, pero ¿de verdad el tiempo que estás con ellos es de calidad? ¿Cuántas veces llegas a casa y después de cenar te quedas dormido con tu pareja delante del televisor cuando ella tiene algo importante que contarte? Te quedas dormido en el sofá de casa hablando con tu pareja, pero sin embargo no te quedas dormido delante de tu jefe cuando estás despachando con él o en la reunión del comité de dirección. ¿Te importan más ellos que tu pareja? ¿Cuántos correos electrónicos le has mandado hoy a tu jefe? ¿Hace cuánto que no le mandas una postal a tu pareja? Y ahora me dirás que quieres más a tu pareja que a tu jefe... ¡Mándale una postal! ¡Aunque sea desde tu misma ciudad! Vas a llegar tú antes que la postal, pero, ¡la ilusión que le va a hacer recibirla!... Goethe decía que hasta que no te escribes con alguien, no lo conoces de verdad. Y seguro que no se escribe lo mismo con pluma y papel o con bolígrafo y postal, que en un SMS o en un correo electrónico.

Mel Fox dice: «La mayoría de la gente es educada con los desconocidos y guarda los malos modales para la gente que conoce». En definitiva, ¿demuestras con tu atención y dedicación que la familia es algo importante para ti? Piensa: ¿Cuándo fue la última vez que fuiste al teatro con tu esposa? ¿Cuándo fuiste de viaje con tu marido? ¿Hace cuánto no sales a cenar disfrutando a solas con tu pareja? Hace años asistí al mejor curso de preparación al matrimonio que he escuchado jamás. Resumido en unas pocas palabras, se dijo: «Después de la luna de miel hay que seguir echándole miel a la luna». Sólo espero que en tu caso no sea demasiado tarde y que todavía haya un punto de dulzura sobre el que «agarrar y ligar» esa miel. Las feromonas que producen el enamoramiento chispeante del inicio de cualquier relación acaban disolviéndose y necesitamos poner más madera en el hogar de nuestro amor para que éste no se apague. Mientras haya un rescoldo siempre podemos aventarlo con el fuelle para que reavive la brasa y se convierta de nuevo en una llama poderosa.

Tu familia, entonces, con o sin hijos, es un valor más en el que se construye un pequeño microcosmos que te ayuda a vivir en un mundo mejor. Tu mundo mejor. Y precisamente, cuidándolo y haciéndolo crecer, te permite, irremediablemente, ser más feliz. Si vamos a encontrar la felicidad haciendo más felices a los demás, con los que tenemos más cerca nuestra responsabilidad de hacerles mejor la vida es todavía mayor, ¿no crees?

El tercer pilar de tu vida es el trabajo. ¿Dedicas media hora al día a estudiar sobre las cosas que tienen que ver con tu trabajo? Y estudiar es algo distinto a trabajar. Es tener inquietud por saber más, por conocer más, por entender mejor las cosas. ¿Tratas de estar al tanto de las últimas novedades en temas financieros, de marketing o de recursos humanos? Cuanto más sepas y más preparado estés, mejor te irá, mejor harás tu trabajo, y mejor será tu contribución profesional a esta sociedad.

Es imposible triunfar en un trabajo que no te gusta. Si estás a disgusto en el trabajo que desempeñas, más te vale tratar de cambiarlo porque vas a pasar mucho tiempo de tu vida en él, y que una de las cuatro patas de tu vida no sea de tu agrado, no te hará feliz. Einstein decía que «cuando trabajas en lo que te gusta, dejas de trabajar». Y es verdad, porque entonces empiezas a disfrutar. A disfrutar mucho.

Recuerda que decíamos al principio que uno de los pasos importantes para conseguir algo es aprender de los buenos, aprender del experto. Los libros nos aportan un conocimiento increíble sobre multitud de cosas. Hoy en día, gracias a Internet el acceso a la información es brutal. Por lo que no hay excusa para no saber más y más sobre tu trabajo. La única excusa es que tu trabajo no te entusiasme tanto como para hacerlo. Y ya hemos dicho que un trabajo que no te emocione, que no te entusiasme, acabará quemándote. Imagínate pasar allí treinta y cinco años más... Treinta y cinco... ufff. ¡Casi nada!

Este consejo es bueno para ti y buenísimo para tu empresa. Si tú eres capaz de convertirte en el mejor profesional del sector, ayudarás a que tu empresa esté más cerca de ser la mejor del sector. Si tú estudias esa media hora diaria, en un mes habrás podido leer un libro, por lo que en un año son doce libros. En dos años te has convertido en un experto, muy experto, en la materia. Pocos libros importantes te quedarán por leer, así que sólo tendrás que atender a las novedades.

Cultivar tu mente, aumentar tus conocimientos, es el mejor seguro de vida que puedes tener. El día que tu empresa decida prescindir de ti, cualquiera te fichará. Eres la persona que más sabe de ese tema en el mundo. Hoy la gente no lee nada. El nivel de lectura de libros es francamente lamentable. Se registran año a año marcas históricas de «no-lectura», aunque gracias a Internet, a las bibliotecas, etc., cada vez tenemos más disponibilidad y acceso a los libros. Además, no sólo alimentas tu intelecto, sino que ese crecimiento profesional también se traslada al crecimiento con tu pareja. Tendrás nuevos temas de los cuales hablar o debatir. Si tienes pasión por lo que haces, tu pareja sentirá igualmente pasión por tu trabajo. La vida se transmite así. Por pasión. Y, lo mejor de todo, es que se refleja y se contagia.

Sin embargo, ten cuidado con lo que lees. Alguien dijo: «¡Libros! Extendí la mano y pedí libros... y me llevé cada chasco». Evidentemente tienes que leer libros buenos, libros interesantes. Y sobre todo, tener tres o cuatro libros «de cabecera» para leer y releer una y otra vez. Este libro que tienes en tus manos no puede cambiarte la vida. Hay un millar de páginas sublimes en la literatura mundial que sí pueden hacerlo. Pero éste no, por supuesto. No es mi objetivo. Te pueden cambiar la vida Platón, Aristóteles, Santo Tomás, la Biblia, el Corán, el Talmud... pero no este libro. Pero lo que sí que puede hacer este libro es generarte dudas, replantearte las cosas, mostrarte otra perspectiva desde la que, si tú quieres, puedes ser feliz.

Además de libros de Management, ¿qué más das de comer a tu cerebro? ¿Hace cuánto que no disfrutas de una buena novela? ¿Y de un ensayo filosófico? ¿O de un libro de poesía? Sé que la vida es suficientemente compleja como para a última hora del día, agotado, sentarte a leer cosas profundas, pero no olvides que lo que leas es el alimento de tu cerebro... El endocrino Gillian Mckeith decía: «Eres lo que comes». Bien, pues podemos decir también que eres lo que lees. Y si consigues en tus horas de estudio combinar libros que te alimenten el alma y el espíritu con libros que te ayuden en el trabajo, vas ganando puntos.

Otro aspecto del trabajo es el siguiente: el cambio. Pilar Jericó afirma que la gente no se cambia de trabajo, sino de jefe. Hay gente que no disfruta de su trabajo por culpa de su jefe. ¡Cuánta gente me dice «mi jefe no me motiva»! Puede que tenga razón, pero quiero decirte que el día que tu motivación dependa de tu jefe, tu vida depende de él y figúrate tú lo que puede ser eso.

Pasas ocho horas al día en la oficina, con un ordenador, calefacción y aire acondicionado, con amigos, con café por la mañana, comida al mediodía, aprendiendo cosas, conociendo gente, relacionándote con otros, quizá viajando... y ¿piensas en tu jefe cuando vuelves a casa? Eso significa que lo quieres. Estás enamorado. Díselo. Declárate. ¡No sabes la de gente que piensa en su jefe cuando se mete en la cama! Se acuestan y se levantan cada día con él. Está el jefe de viaje y están pensando en que cuando vuelva...; el domingo por la tarde, en el cine con los niños, siguen pensando en su jefe... ¡Que tu jefe no piensa en ti cuando no estás! ¡Que él cena a gusto todos los días sin acordarse de si tú estás o no motivado!

Y si estás tan mal donde estás, busca alguna alternativa que te haga la vida más sencilla. Creo que nadie te obliga a estar allí y aunque las cosas parezcan duras, siempre encontrarás algo mejor. Al igual que te ficharon ellos, otro podrá hacerlo también. No te quemes por una cosa así. No merece la pena. Elimina el miedo al cambio y, una vez más, atrévete. Empieza a considerar que la motivación debe depender de ti. Eres tú el único responsable de tu motivación. Encuentra aquellos resortes que te mueven más y que te ayudan a trabajar con más energía e ímpetu. Date premios, date regalos, un homenaje ante la máquina de café cuando hayas conseguido alguno de los objetivos del día. Celebra en tu casa con unas flores o con una botella de vino algún éxito especial de esa semana.

Pasamos más de la mitad de la vida trabajando, es importante, por lo tanto, ser felices en eso que hacemos. Y sólo así nuestra vida poco a poco tendrá el equilibrio necesario para que no nos vean como zombis, sino como personas felices.

Por eso, el último pilar, pero no el menos importante, son los amigos. Los Manolos se hicieron famosos aquel verano de 1992 con Amigos para siempre. Todo el mundo bailó aquella canción gracias a los Juegos Olímpicos de Barcelona. Pero a los amigos, para que sigan siendo amigos hay que cuidarlos, hay que verlos, hay que darles buenas noticias, hay que estar con ellos en los buenos y en los malos momentos. Es la cuenta de resultados del corazón. No olvides que esa es la cuenta más importante de nuestra vida. A cuántos quisiste y cuántos te quisieron, cuántos dejaste de querer y cuántos dejaron de quererte. Nuestro místico más universal, san Juan de la Cruz, nos avisa: «Al atardecer de la vida, te examinarán del amor».

Ahí va un pequeño examen de conciencia: ¿Vas a todas las fiestas que organizan y te invitan? ¿los felicitas por su cumpleaños? ¿por sus santos? ¿los haces partícipes de tus buenas noticias, embarazos, ascensos...? ¿cenas con ellos en tu casa de vez en cuando? ¿disfrutas cuando estás con ellos? ¿a cuántos confías tus problemas? ¿cuántos te confían sus asuntos?

La tecnología tiene cosas buenas y cosas malas, y como todo, en su justa medida puede ser beneficiosa. Pero es una lástima que estemos suplantando el contacto directo con nuestros compañeros más cercanos por el cibercontacto a través de chats, blogs y correos electrónicos. Ya hay bastante soledad en el mundo y ya nos hablamos bastante poco como para que le preguntemos a nuestro vecino de despacho por correo electrónico a qué hora quedamos para comer. Aprovecha que tú no estás solo.

Hay que celebrarlo todo. Al hilo de lo que te decía de encontrar la motivación en ti. Apóyate en tus amigos para celebrar más cosas. Hay gente que dice que no hay que celebrar la Navidad porque es algo consumista, porque sólo se hace para comer capón y tomar cava. Una vez un tipo me dijo que no celebraba la Navidad porque no tenía claro que hubiera que hacerlo en diciembre... Hay que celebrarlo todo. Papá Noel, el santo del reno, el cumpleaños del trineo, los Reyes Magos. ¡Todo!

Y me tienes que ayudar a hacer cambiar la forma de pensar de la gente que no lo hace. Yo llevo en esta cruzada mucho tiempo, pero necesito adeptos. Son esos zombis que deambulan por la vida y que se niegan a ser felices. Que no se la creen y sólo buscan la manera de contagiar su punto de vista negativo. Por el contrario, hay que actuar en contra de esa negatividad. Conozco a una persona que celebra hasta el cumpleaños de la Terminal 4 de Barajas. ¡Todo! La vida es suficientemente complicada y por eso necesitamos motivos de celebración y disfrute; momentos en los que dar rienda suelta a nuestra alegría y a nuestro entusiasmo. Y además, no olvides que estas cosas se contagian.

Hoy es difícil encontrar en la portada de cualquier periódico una noticia alegre, una noticia positiva. Hay que bucear mucho entre las páginas interiores para encontrar algo con lo que alegrarse. Vende mucho más la desgracia, lo triste y lo duro que las cosas positivas y alegres. Pero como te he dicho varias veces, no podemos esperar a que sean los medios los que nos alegren el día. Créate tu propio periódico de «buenas noticias»: el ascenso de un amigo, retomar el contacto que habías perdido con alguien, un día magnífico para pasear, una tarde genial jugando con tus hijos...

No olvides que como decía la Madre Teresa: «El que da amor recibe mucho más amor», así que alégrate y celebra las buenas noticias de los demás. Si tienes a tu familia y a tus amigos, tienes una vida completa. Si tu misión es hacer más feliz al otro, pues así serás más feliz tú también, pues eso se hace en compañía. No en soledad. Somos seres sociales. Seres complementarios. Sólo hay que aprender, otra vez, a encontrar la armonía que nos permita ser felices.

Por eso después de haber hablado con Rocío de todos estos asuntos, le pedí que siguiera adelante con el ejercicio que también te planteo a ti. Trata de examinar cómo estás en cada una de estas cuatro cosas «por las que te levantas cada mañana». Puntúate de cero a diez en esta gráfica.

Rocío, en su hoja, nos indicó que dedicaba muchísimas horas a su trabajo y que a la familia no sólo la tenía desatendida en lo que a la cantidad de tiempo se refería, sino también en la calidad de ese tiempo que invertía en ellos. Cuando llegaba a casa estaba tan agotada que cambiaba su «ser la alegría de la huerta» en sus ocupaciones profesionales, por un «ser deambulante» por los pasillos, que se dormía antes del primer corte publicitario de la televisión aunque su marido tuviera ganas de comentar con ella las vicisitudes de la jornada. Como calificación, no pasaría de un cuatro.

En el trabajo, sin embargo, todo era formidable. El exceso de horas se traducía en muchos éxitos profesionales, una excelente trayectoria y un futuro prometedor tanto en su época en la administración pública como ahora en la vida política. Vamos, una carrera meteórica... Un diez.

Pinchábamos de nuevo en la salud. No hacía deporte desde que había acabado el colegio. Aunque mantenía una figura envidiable, su alimentación dejaba bastante que desear debido al exceso de trabajo que la obligaba a comer casi cualquier cosa en cualquier sitio. Mantenía casi como crónicas unas molestias en la rodilla fruto de un accidente de esquí mal curado y el chequeo médico era algo que no había considerado nunca... No pasábamos del cuatro nuevamente.

El trabajo le absorbía tanto tiempo que no sólo descuidaba a su familia y su salud, sino que también tenía abandonados a los amigos. No recordaba ni un solo cumpleaños, aunque se comprometió a introducir en su agenda electrónica todas las fechas más importantes que no quería olvidar. Otro cuatro.

En ese momento cogí su lapicero, y la hoja de papel sobre la que estábamos trabajando y trasladé los valores a la gráfica uniendo después los puntos.

¡Un ataúd! Así es. Un ataúd. Mal camino parece, ¿verdad? Ojo. No quiero que saques la conclusión de que no hay que trabajar, porque no es así. Alguno seguro que se apunta al «como me sale el ataúd por culpa del trabajo, lo mejor es no trabajar». Pero eso es falso. Si estuvieras todo el día con la familia, el ataúd te saldría por arriba porque dejarías de prestarles atención a las otras tres cosas, y lo mismo si estuvieras todo el día en el gimnasio.

Déjame que te muestre lo que sería una vida equilibrada. No seamos demasiado exigentes y pensemos en una persona que disfruta de su trabajo de verdad, que se valoraría con un siete. Un trabajo que le compensa, que le satisface, que le llena de energía, que disfruta, al que le dedica tiempo para estudiar...

Pensemos también que esta persona se valora con un siete en cuanto a la familia se refiere. Es alegre en casa, cuida a sus hijos y a su esposa... calidad y cantidad, ambas cosas, o que al menos lo intenta. Que tiene claro que ellos son lo primero y que trata de, en la medida de lo posible, organizar su agenda en función de sus necesidades.

Suele tener detalles con sus amigos. Un correo electrónico para felicitarlos el día de su santo, una llamada para los cumpleaños de los amigos más íntimos; cenas de vez en cuando en su casa; organiza con ellos algunas salidas de fin de semana... Un siete también.

Respecto a la salud, cuida su alimentación, hace algo de deporte, se revisa de vez en cuando... Otro siete. Ahora, traslademos sus valores a la misma tabla:

Exacto. El nuevo dibujo que ves es una cometa. Para volar lejos. Si estás más cerca del ataúd que de la cometa, hazte la idea de replantearte hacia dónde va tu vida. Tener una vida equilibrada hará que tu vida despegue, que tu vida comience a crecer, que tu vida llegue lejos volando.

Pero no te quedes aquí. Has de hacer algo. Actúa. Márcate los puntos que estimes necesarios para hacerte mejor y empieza a ponerlos en práctica. Los demás te lo agradecerán y ya verás cómo si tú estás bien, los demás estarán bien contigo, y si los demás están bien contigo, tú estarás mejor. Es un círculo que se retroalimenta.

Recuerda que la vida es el camino, la travesía. En ella hay subidas y bajadas, y como se hace en las empresas, hay que detenerse, reflexionar y hacer ajustes en nuestro comportamiento, en nuestros puertos y en nuestros deseos.

Es como la historia de dos hombres. Uno rico y el otro pobre. El rico lleva a su hijo a lo alto de la colina y le dice:

—Mira. Un día, todo esto será tuyo.

El hombre pobre sube con su hijo a la misma colina y le enseña el mismo paisaje. Le dice simplemente:

—Mira.

Con esto quiero decirte que todo está para ti. Tu familia, tus amigos, tu trabajo, tu salud. El equilibrio está a tu alcance, así como la felicidad. Es cuestión de que quieras alargar la mano y tomarlos. Por eso también, el último valor o pilar que podría estar detrás de estos otros cuatro pilares, sería el desarrollo espiritual. Así es. Elizabeth Kübler-Ross decía que la vida son cuatro cuadrantes: «el físico, el intelectual, el emocional y el espiritual». Los tres primeros cuadrantes, como hemos visto, los tenemos un poco dañados, pero el último, salvo honrosas excepciones está absolutamente perdido e incluso desprestigiado. A pesar de ello los libros más vendidos en el mundo tienen que ver con temas religioso-espiritual-esotéricos.

El hombre tiene una necesidad imperiosa de trascendencia. Y hoy esa necesidad está mal vista. Sin embargo, hay cientos de estudios de universidades americanas que relacionan la felicidad, el progreso económico y la estabilidad familiar, con la creencia en un Dios Superior que nos crea, nos atiende y por el que sentimos la necesidad de mostrarle devoción y comunicarnos con él. Por tanto, una de las características comunes a la gente que triunfa en la vida es que desarrollan una vida espiritual completísima.

Si en el exterior, en ese espacio de cuerpo-mente tienes la armonía con los amigos, con la familia, con tu propio cuerpo y con tu trabajo, el desarrollo espiritual que está detrás y que también tiene que ser alimentado, es el cierre perfecto para que el camino hacia la cometa sea tangible y absolutamente alcanzable. Como seres humanos, somos seres integrales, compuestos de muchísimas cosas. Si sabemos desvelar estos cuatro pilares y acogerlos con una base espiritual, nos sentiremos íntegros, completos. En una palabra: felices.

Rocío se dio cuenta de su talón de Aquiles. Ahora tú también has visto ya en qué pilar fallas, a cuál hay que ajustarle los cabos y en cuál vas de maravilla. ¿Que por dónde empezar a hacer esos ajustes? En el siguiente capítulo te daré unas pautas para enseñarte la ruta a seguir.