¿Quién lo había encendido?

 

Justo cuando iba a pronunciar las preguntas en voz altas el inconfundible olor a mar la hizo cerrar los ojos de placer. Giró emocionada y vio el increíble cuerpo de Yvan apoyado en el marco de la puerta que conducía a la cocina. Alto, fuerte, seguro de sí mismo.

 

―Yvan ―le tembló la voz― ¿Qué haces aquí?

 

El Forseker caminó con paso firme hasta llegar a su lado y le colocó un mechón de pelo tras el hombro.

 

―Me has asustado...

 

―Chiss ―le susurró al oído mientras la rodeaba con un brazo y la acercaba a él.

 

Yvan la hizo balancearse al ritmo de la música iniciando así una especie de baile. En realidad no se movían del sitio. Tan solo se balanceaban mientras él escondía la cara en su cuello y la apretaba con fuerza a su torso. Era como si se acunasen el uno al otro. Y, por supuesto, Alix se sentía feliz. No. No era felicidad exactamente. Era seguridad, tranquilidad, plenitud. Por fin se sentía completa. Estaba recargando pilas a un ritmo asombroso. Inhaló el ardiente olor que desprendía el pecho de Yvan y sintió que las rodillas le fallaban. Yvan debió notarlo porque su abrazo se volvió más enérgico demostrándole que él la sujetaba. A Alix se le inundaron los ojos de lágrimas pero las reprimió estoicamente. No quería llorar. No quería hacerse ilusiones.

 

―¿Yvan? ―imploró una explicación.

 

―Chiss. No digas nada nena, todavía no.

 

Sin previo aviso la elevó unos centímetros del suelo e hizo que le rodeara la cintura con las piernas. Cuando estuvo seguro de que Alix se sujetaba a él firmemente la soltó y le acarició las mejillas con los nudillos. Apartó la larga melena azabache para poderle ver mejor la cara y aprovechó para rozarle el cuello con la punta de los dedos. Estaba tan hermosa que daba miedo. Se moría de ganas de besarla y acabar con aquella tortura reinstalada en su bragueta. Pero antes debía asegurarse de que todo estaba bien entre ellos. No quería entrar a saco sin estar seguro de que ambos estaban de acuerdo y sin por lo menos dedicarse algunas bonitas palabras. Tratarse con cariño y respeto no había sido la norma en los últimos tiempos pero eso cambiaría para siempre.

 

―¿Te acuerdas de ellos?

 

Le preguntó con un hilo de voz haciendo referencia al grupo musical. Coldplay había formado parte de uno de los momentos más difíciles de sus inicios pero también del más importante. Pues ese día, el día en el que iniciaron un juego infantil y se confesaron sus temores y sus sentimientos con música, fue el día en el que Yvan comprendió que jamás había amado ni amaría a nadie tanto como a ella.

 

Alix asintió sin decir nada pues ya era bastante duro mantenerse serena y presentía que si empezaba a hablar no podría controlar las emociones.

 

―Creo que fue la primera vez que me di cuenta de que estabas loca.

 

―Y yo de que tú eras bipolar.

 

―Ni te imaginas lo mucho que te amé al descubrirlo.

 

―Ni tú lo mucho que me ponen tus múltiples facetas.

 

Yvan le respondió con una amplia y sexy sonrisa y metió las manos por debajo de la blusa rosa acariciando con el pulgar la suave piel de su espalda. Observó como ella tragaba saliva y se mordía el labio en un intento de autocontrol. Aunque, como siempre, pronto desistió y dejó fluir sus dudas.

 

―¿Yvan qué haces aquí? ―volvió a preguntarle.

 

―Chiss…

 

El calor del aire al salir de sus carnosos labios se acercaba a ella extremadamente rápido, o extremadamente lento según lo mirase, y antes de que tuviese claro qué quería hacer con ellos se encontró besándolos y saboreándolos codiciosamente. Cogió a Yvan por la nuca y lo acercó más a ella instándolo a darlo todo sin recelos. No era el primer beso que se daban esa noche pero, a diferencia del anterior, este sí estaba lleno de deseo y pasión y ella se moría de ganas de disfrutarlo.

 

A duras penas Yvan consiguió apartarse un poco de su boca y le sujetó la cara con dulzura apoyando su frente en la de ella.

 

―Dime que has olvidado todo lo que te dije ―suplicó.

 

―Nunca te creí.

 

―Dime que vas a intentarlo.

 

―Yvan, ya te he dicho que sé lo que quiero. Te he jurado que no volveré…

 

―Chiss ―le puso un dedo sobre los labios, no quería forzar promesas difíciles de cumplir―. Solo dime que lo intentarás.

 

―Sí.

 

―Me basta.

 

La volvió a acercar a él y le introdujo la lengua en el interior de la boca saboreando con pasión cada roce. Trasladó sus caricias a la parte delantera y con ternura tocó uno de sus pezones. La miró con aquellos profundos ojos negros llenos de suplicas y tras escrudiñar su expresión desabrochó la camisa de un tirón. Su rostro debía ser un libro abierto porque no había tardado mucho en darse cuenta de que tenía tanta prisa como él.

 

“Come on in. I´ve gotta tell you what a state I´m in. I´ve gotta tell you in my loudest tone that I started looking for a warning sign. When the truth is… I miss you. Yeah, the truth is… that I miss you so… And I´m tired, I should not have let you go…”

 

 

 

Yvan se quedó mirando fijamente sus pechos y se humedeció los labios. Un ardor se instaló en su estómago y no tardó mucho en descender. Tenía tantas ganas de sentirlo nuevamente en su interior que dudaba poder disfrutar plenamente del momento.

 

―Tu me manque. Mon amour, l'odeur aussi bien…[1]

 

― Toi aussi.[2]

 

Yvan volvió a besarla, esta vez en un pecho. Succionó el pezón y recorrió con la lengua las curvas de su precioso montículo. Sus colmillos se desarrollaron al impregnarse del aroma a cítricos, el aroma que le pertenecía. Sin embargo, en lugar de introducirlos en la tersa piel los hizo retroceder. Lo haría, algún día sería el momento oportuno, pero esa noche no. Debía hablar de ello primero para que Alix entendiese porque había cambiado de opinión y esa noche no tenía ganas de hablar. Tenía ganas de quitarse la ropa y sentir el contacto de sus cuerpos. Piel con piel. Apoyó la cara entre sus pechos y se concedió unos segundos para disfrutar de la paz que le infundía tenerla nuevamente entre sus brazos.

 

“So I crawl… back into your open arms

 

 

 

―Voy hacerlo bien nena, te lo prometo.

 

―Yvan… tú no tienes nada que ver con mi decisión ya te lo expliqué…

 

―Chisss ―se dejó caer al suelo con ella sobre el regazo y le tapó la boca con sus labios―. No digas nada, solo bésame.

 

Y así lo hizo. Lo besó lujuriosamente en la boca. Le quitó la camiseta de licra negra y le regaló húmedos besos por el torso. Le cogió las manos y se metió, con sensualidad y exagerada lentitud, cada uno de sus dedos en la boca y Yvan no pudo más. La tumbó de espaldas al suelo y se colocó sobre ella. Lamió su ombligo y metió la mano por debajo de la falda tocando su cálido y jugoso sexo. Cerró los ojos ante tal exquisita sensación y en un impulso rompió la falda.

 

―Los siento nena, no soy tan fuerte.

 

Alix rio y él la obsequió abriendo más sus muslos con las caderas y desabrochándose el pantalón para liberar su gran erección. Alix apretó sus piernas a su cintura y lo invitó a continuar. Estaba ardiendo y necesitaba calmar las llamas de inmediato. Un gritito se escapó de su garganta cuando notó que Yvan introducía los dedos entre las cintas del tanga y tiraba de ellas hasta romperlas. En cuanto su rosada carne estuvo expuesta el sexo de Yvan la tocó. Su espalda se curvó, sus piernas se tensaron y sus dedos se enredaron entre el negro pelo de Yvan. Y justo en ese momento dejó de respirar al notar como sus músculos internos se abrían para dejar paso a su groom.

 

Yvan sabía que no iba a poder resistir mucho tiempo. A pesar de ser inmortal, era un hombre privado de sexo durante meses y había cosas que ni la muerte podía cambiar. De todas formas notaba que Alix estaba en su misma situación por lo que no le preocupaba en absoluto, tendrían tiempo de resarcirse una y otra vez, pues no pensaba soltarla nunca más. Se introdujo en ella despacio y mientras lo hacía comprobó que era la peor decisión que había tomado pues las suaves caricias y el calor de su interior lo estaban precipitando al abismo.

 

―Te necesito tanto…

 

―Déjate llevar vampiro, soy toda tuya.

 

Yvan le apretó un pecho y la besó mordisqueándole los labios. Retrocedió y volvió a penetrarla con mayor rapidez. Entrando más profundo. Pasó un brazo por debajo de Alix y se incorporó colocándola a horcajadas sobre la entrepierna. La rodeó con sus brazos y la apretó contra su pecho escondiendo la cara en su cuello. Necesitaba protegerla tanto como penetrarla y así podía controlar ambas cosas. Lo peor de haber estado separados era no poder cuidarla, mimarla, ayudarla en los malos momentos. Ahora que estaba en su interior sentía la desesperada urgencia de compensarla.

 

Alix cabalgó sobre él devorada por el placer. Por fin recuperaba a su groom. Y aunque no se había pronunciado al respecto, sabía que lo recuperaba por completo. Allí estaba, transmitiéndole calor, abrazándola con posesivo cariño. Le cogió la cara con las manos y lo miró directamente a los ojos.

 

―No me iré nunca más ¿lo entiendes?, ya no puedes hacer nada para alejarme de ti.

 

―Como debe ser pantera ―dijo entre dientes. Le cogió los hombros por la espalda y la empujó con más fuerza hacía bajo. Introduciéndose más en su interior.

 

Alix gimió al notar la invasión. Al abrir los ojos encontró a Yvan estudiando su rostro y le sonrió dulcemente. Una chispa brilló en los ojos del vampiro y le devolvió la sonrisa. ¿Era felicidad? Sí, Alix estaba convencida de que sí. No era la primera vez que veía a Yvan feliz pero jamás la había visto tan reflejada en su cara.

 

―Acaba con esto nena o me volveré loco.

 

Alix lo besó y aumentó el ritmo de sus caderas. Las firmes manos de Yvan le sujetaron por las nalgas y cerró los ojos disfrutando del momento.

 

―Mírame vampiro, no dejes de mirarme.

 

Alix quería verlo feliz, deseaba disfrutar de esa expresión el resto de su existencia. Le rodeó la nuca con los brazos y se acercó a su boca. Ambos se fundieron en un beso interminable mientras sus cuerpos alcanzaban la cima del placer.  

 

 

 

 

 

 

 

XXIV

 

 

 

 

 

 

 

El teléfono móvil sonó desde la habitación y Alix se retorció en los brazos de Yvan. Levantó la cabeza de su firme pero cómodo hombro y, muy a su pesar, se dispuso a ir a buscarlo.

 

―¿Dónde crees que vas? ―la colocó de nuevo junto a él y la abrazó con más fuerza.

 

―Debe ser Frédéric, no para de llamarme para que me reúna con él.

 

―Que le jodan ―le mordisqueó la clavícula.

 

―Debo ir.

 

―Tú no vas a ningún lado.

 

―Sabes que es una de las condiciones…

 

―Las cosas han cambiado ―acarició su espalda con el pulgar.

 

―¿Ah sí?

 

―Sí. Ahora te cuido yo.

 

―Frédéric no quiere cuidarme quiere vigilarme. Debo ir si deseas que me quede.

 

―No vas a vivir con él.

 

―No tengo otra opción.

 

―Ya lo creo que sí ―tiró de su labio inferior con los dientes e introdujo la lengua en su boca.

 

―¡Yvan! ―consiguió decir―. Es importante para mí. Quiero hacerlo bien.

 

―Oh nena, ya lo haces muy bien ―Yvan movió las caderas y notó su miembro renaciendo de nuevo en su interior.

 

Alix no pudo evitar echarse a reír y se relajó de nuevo en sus brazos. Dejó que la besuqueara y manoseara por todas partes y su cuerpo se rindió con facilidad al deseo.

 

Nuevamente los silbidos del móvil interrumpieron su pasión.

 

―Yvan debo contestar.

 

Sin esperar su consenso se proyectó con él hasta su cama y tendió el brazo para cogerlo. Antes de que pudiera descolgar el Forseker se lo arrebató de las manos y argumentó con aspereza.

 

―Está conmigo Frédéric. Concédenos unos minutos de intimidad. Yo mismo la acompañaré hasta allí.

 

Y colgó. No esperó a que el Líder de la Orden respondiera a su demanda ni le otorgó posibilidad de réplica. Lanzó el móvil al borde de la cama y siguió con la encantadora tarea de acariciar la suave piel de Alix.

 

―¿De verdad eres real? ―le murmuró mientras jugueteaba con una onda del largo flequillo.

 

―¿Tan mal he estado?

 

―Teatrero…

 

―Déjame hacerlo mejor ―la sonrisa de sus labios se marcó en la sensibilizada piel de su pecho.

 

―Engreído…

 

Alix lo empujó haciéndole caer sobre la cama y se sentó sobre su abdomen sujetándole los brazos por encima de la cabeza.

 

―Eres mío ―le mordió la mandíbula―, no te dejaré escapar.

 

―Yo nunca intentaré salir de aquí, lo juro ―dobló las rodillas para acercar la erección a su trasero.

 

―Pórtate bien y hablemos un momento.

 

―¡Oh… nena, tú y tú obsesión por hablar! No me estropees el momento ―intentó zafarse de su amarre pero le resultó imposible―. Hablaremos lo que quieras…pero ahora déjame recuperar el tiempo perdido.

 

Alix negó con la cabeza, había cuestiones importantes que tratar antes de seguir con el sexo. Pocas. Una. Pero debía zanjarla.

 

―Joder… he vivido medio muerto durante meses no me tortures más…

 

La diversión de su rostro le quitaba todo el hierro al asunto haciendo evidente que tan solo estaba jugando. Y Alix disfrutaba con ese toma y daca en el que siempre había participado.

 

―Vampiro, de eso yo no soy culpable. Llevas así dos siglos.

 

―Touché ―levantó la cabeza en busca de un beso como premio de consolación y Alix se lo concedió bien gustosa.

 

―En serio, hazme caso un segundo ―derrotado, Yvan se dejó caer sobre la almohada suspirando exageradamente―. Te compensaré.

 

―Soy todo oídos ―dijo con interés renovado.

 

Alix le soltó y se tumbó a su lado. Él se incorporó apoyándose en un codo y la acercó más a su cuerpo.

 

―Aquí estás mejor.

 

―¿De verdad quieres hacer esto? Empezar de nuevo, quiero decir.

 

―No estamos empezando de nuevo, vamos a seguir con lo que nos costó tanto iniciar.

 

―¿Puedes olvidar lo que he hecho? ¿Así de fácil?

 

―No me importa. La verdad es que nunca me ha importado. Entiendo los motivos. Yo mismo los padezco desde hace dos siglos… En realidad todos lo entienden, por eso permiten que sigas con vida, porque en cualquier momento podría pasarle a ellos. Conocen cuál es tu verdadera personalidad. Pueden verla tan nítidamente como yo. Eres transparente amor.

 

―¿Por qué este cambio tan repentino?

 

―Estoy cansado. Llevo siglos intentando no ser un mal hombre, evitando convertirme en un asesino, sin entender que ya lo había conseguido. Solo ha cambiado mi condición física, mi alimentación podría decirse… pero sigo siendo yo. Nunca podré ser como el monstruo que me transformó. Incluso cediendo a mis instintos no sería como él. El sentimiento de culpa compensaría el daño cometido. Sería infeliz para siempre ―besó el lóbulo de su oreja―. Lo mismo que te pasa a ti.

 

―No es así exactamente Yvan, yo me he dado cuenta de que no sirve de nada hacer lo que he hecho. No me beneficia ni a mí ni a nadie. Pero no me siento culpable, no voy a mentirte. Por eso no entiendo qué tiene todo esto que ver con nuestra relación, yo ya sabía cómo eras. No cambia absolutamente nada. Seguiremos siendo los mismos pudiendo cometer los mismos errores. ¿Por qué has decido volver a intentarlo? Hace días tenías claro que no llegaríamos a ningún lado.

 

―Solo tenía miedo de volver a perderte. Empezaba a vislumbrar mi futuro pero aún no estaba completamente convencido. Ahora las cosas han cambiado, como tú ahora sí sé lo que quiero. Y sé que me dices la verdad así que…

 

―¿Cómo puedes estar tan seguro?

 

―¿Cómo? Por muchos motivos.

 

―Dime uno.

 

―¿Sabes que ha pasado esta noche? He llegado aquí y nada más verte he sabido lo sedienta que estabas. Te he abrazado, desnudado, besado y hecho el amor después de tanto tiempo compartiendo contigo mi esencia. Y nena… ¿sabes que has hecho? ―Alix esperó su respuesta con curiosidad―. Nada. No he visto esos sexys colmillos en ningún momento. Ni cuando estabas completamente desatada.

 

Yvan frunció los labios y asintió orgullo. Si Alix podía controlar la situación en un momento como aquel, podía hacer cualquier cosa.

 

―Nena ―le acarició la espalda―, no cometeré el mismo error. No te abandonaré en este viaje tan duro. Y no me volveré a privar de ti.

 

―¿Qué quieres decir con eso?

 

―Vamos a completar el Vínculo ―el semblante de Alix se endureció y en menos de un pestañeo se sentó en el borde de la cama―. Si tú quieres, claro ―añadió confundido. Esa era la última reacción que hubiese esperado aunque tampoco le extrañaba.

 

―No dejaré que hagas eso —musitó.

 

―Siento decirte que tú nunca has tenido potestad en esa decisión. Es asunto mío tanto si quiero como si no.

 

Los hombros de Alix comenzaron a agitarse arriba y abajo y los sollozos se hicieron ligeramente audibles. Yvan se acuclilló frente a ella y le secó las rosadas lágrimas con dulzura.

 

―¿Qué pasa Alix? ¿Necesitas tiempo? No me importa. No me importa cuando. Esperaremos hasta que estés segura de que te digo la verdad. De que lo hago con gusto. Te amo y quiere dártelo todo, ¿lo entiendes?―Alix apretó los labios y negó con la cabeza.

 

―¿Por qué?

 

―Porque quiero ayudarte ―le rodeó las piernas con los brazos―, porque necesito saber que no volverás a desaparecer ―le mordisqueó la rodilla―, porque no me privaré de ti nunca más. Soy egoísta, lo reconozco. Te reclamo cuando me interesa, pero no podré soportar tenerte a mi lado sin probarte, sin poder protegerte al cien por cien, sin poder vigilarte… Te aseguro que lo habría hecho hace unos minutos pero me ha parecido poco apropiado ―sonrió con picardía.

 

―¿Por qué? ―volvió a negar con la cabeza y clavó su roja mirada en él.

 

―Porque he comprendido que ese acto no cambiará mi forma de ser. Era el único motivo que me impedía hacerlo en el pasado y he aprendido de mi error. No volveré a permitir que el miedo a ser vampiro te aleje de mí de cualquier modo. Soy un buen vampiro, al igual que fui un buen hombre, y cuando me lo permitas voy a disfrutar del sabor de mi Novia. Eres mi recompensa en todo este infierno y voy a disfrutarla.

 

Alix se abalanzó sobre él haciéndole caer de golpe contra el suelo. Lo besó a tanta velocidad y en tantos sitios como le fue posible.

 

¡Menuda declaración!

 

¿Cómo no iba amarlo?

 

¿A caso había tenido escapatoria en algún momento desde que lo conoció?

 

En un principio, al escuchar su intención de vincularse a ella había pensado que volvían al principio, que Yvan volvía a anteponer sus necesidades a las suyas, y ella tenía claro que no iba a permitírselo. No había vuelto a su lado para eso. Lo aceptaba y respetaba tal como era. No. Por lo que era. Y parte de su tremenda lucha había sido aprender a reprimir la sed de su sangre. Pero tras aquellas palabras sin duda dejaría que hiciese lo que quería. Estaría loca si no aceptase.

 

―Déjame verte ―la interrumpió sujetándole la cara―. ¡Por Dios deja de llorar, me parte el alma!

 

―Es alegría… ahora es alegría.

 

―Ven aquí.

 

La llevó en volandas hasta el borde del colchón y la recostó. Se arrodilló en el suelo apoyándole las piernas en sus hombros. Exponiendo su rosado sexo. El primer contacto de su lengua fue rápido y sutil. El segundo, doblemente ansiado, se entretuvo saboreando los bordes de sus jugosos labios. Pero los sucesivos… los sucesivos fueron indescriptibles. Alix se sujetaba a las sábanas y movía la cabeza de un lado a otro presa del placer. Yvan le sujetaba por las cadera impidiendo que se separase ni un solo centímetro de su boca y ella apretaba los talones contra sus hombros intentando retener el orgasmo. Y justo cuando creía imposible sentir más placer y se dispuso a entregarse al devastador clímax que preveía, los afilados colmillos de Yvan la atravesaron y le provocaron un intenso ardor. Sorprendida abrió los ojos en exceso y se centró en el techo.

 

«¿Ya? ¿Tan pronto?»

 

Cuando Yvan comenzó a succionar, el calor y el erotismo del acto le hicieron cerrarlos de golpe.

 

¡No existía nada mejor en el mundo!

 

Se agarró tan fuerte a las sábanas que sintió como se desgarraban. Un gutural sonido salió de su garganta involuntariamente y antes de poder relajarse y dar por concluido el orgasmo la erección de Yvan se apoderó de su interior. Su cuerpo se contrajo y los músculos se tensaron al anticiparse a las nuevas sensaciones. Abrió los ojos para poder estudiar su expresión, no quería perderse aquel acto de amor. Sus sentidos enloquecieron al ver el hilo de sangre que descendía por la barbilla de Yvan. Se movió con rapidez. Lo giró y se colocó encima sin sacarlo de su interior. Acercó la boca a la suya y, tras lamerle el labio inferior, lo besó. Y ahí estaba lo que tanto ansiaba desde que lo había visto. El sabor de su propio placer junto al sabor de su sangre. Mordió la lengua de Yvan y succionó con ganas. Enloquecedor. Sencillamente exquisito. La mezcla de los tres sabores la elevaron hasta un nuevo orgasmo. Apretó los muslos y aumentó el ritmo en busca de alivio.

 

Yvan notó que Alix estaba a punto de llegar al éxtasis y la miró directamente a los ojos a la vez que la sujetaba por los costados para darle a entender que lo soltara. Si de verdad iba a pasar tan pronto no esperaría ni un segundo más. Porque el dulce sabor de la sangre desaparecía lentamente de su garganta y no iba a permitirlo. Necesitaba saciarse de aquel suculento manjar. Alix dejó de succionar de su lengua y se irguió para darle espacio. Él la imitó, rodeo su cintura con un brazo y con el otro le apartó la larga melena exhibiendo su níveo cuello.

 

―Todavía podemos parar ¿Estás seguro de querer hacerlo?

 

―Tanto como de lo mucho que te amo.

 

Alix devoró sus labios con pasión como respuesta a aquellas palabras pero paró de golpe el movimiento de sus caderas. Peinó su pelo con la punta de los dedos y le dedicó una tierna sonrisa.

 

―¿Cuántas?

 

―No me puedo creer que me hagas esta pregunta ahora…

 

―En breves minutos lo sabré, prefiero que no me pille por sorpresa.

 

―¿En serio? ―Yvan cerró los ojos incrédulo, pero se armó de valor y respondió― ¿Y tú?

 

―No es lo mismo.

 

―Ya lo creo que sí, el sexo es sexo sean cual sean los motivos por los que lo haces.

 

―De acuerdo ―empezó a moverse de nuevo y acarició con la lengua su cuello―. Admite la ninfa al menos, es la que más me corroe.

 

―Quise acostarme con Eruannë…

 

―¿Quisiste?

 

―No sé qué hizo conmigo.

 

―Típico de los hombres…

 

Yvan se levantó de la cama con ella enredada en su cintura y la apoyó contra la pared. Sujetó sus brazos por encima de su cabeza y le mordió un pecho. Cuando la sangre de Alix tocó sus pupilas gustativas su erección creció en su interior y las envestidas fueron más duras. Alix se rindió y dejó de hablar para emitir cortos grititos de satisfacción.

 

―Tú eres la única que consigues volverme loco ―la besó frenético por los efectos de la sangre. Se sentía más vivo que nunca.

 

―Me gustas loco.

 

―Eso querías bruja, enfadarme ―mordió el otro pecho.

 

―¡No! ―gimió entre risas― Te preguntaba en serio.

 

―Basta de preguntas.

 

Escondió su cara entre su pelo y disfrutó del aroma a cítricos y fresa que tanto lo excitaba.

 

―Te amo ―le musitó al oído antes de clavarle sus afilados colmillos en el cuello y beber la cálida sangre que su Novia reservaba para él.

 

―Y yo a ti.

 

Dubitativa aunque perdida por el deseo lo imitó y succionó sensualmente de la clavícula de su groom llenándose de la energía y seguridad que le ofrecía su adorado Forseker.

 

 

 

Tras una renovadora ducha en la que, una vez más, no habían podido resistirse a los placeres del sexo, ambos se observaban amorosamente mientras se vestían para ir a ver a Frédéric. Alix había escogido un corto vestido rojo de licra y unas elevadas sandalias con lazos de raso en los tobillos que Yvan conocía muy bien.

 

―Siempre me han gustado esos zapatos ―confesó Yvan tragando saliva.

 

―Contrólate vampiro, tenemos cosas que hacer.

 

La rodeó con los brazos por la espalda y besó los dos resplandecientes puntos que habían aparecido en su suave cuello.

 

―Estoy desatado nena, no me pidas lo imposible.

 

Alix giró para apoyar la cara en su pecho y vio su erección asomar por el desabrochado pantalón.

 

―¿Y tu ropa interior?

 

―No quería que se interpusiese en mi camino así que no me puse.

 

―Vaya, todo muy premeditado ―le abrochó los pantalones y le acarició con las uñas el fino surco de vello.

 

―¿Acabas de rechazarme?

 

―Te reservo para más tarde.

 

Yvan hizo un mohín con los labios y le besó la frente. Era cierto que tenía que ir a ver al Líder pero después de recuperarla, después de hacer el amor con ella, después de completar el vínculo… no le hacía ninguna gracia compartirla. Quería quedarse en casa y abrazarla. Investigar por todos aquellos recuerdos que le invadían y que quería hacer suyos. Practicar una y otra vez aquella nueva conexión mental que tanto le fascinaba…

 

¿Te escuece tanto como a mí?―Alix interrumpió sus pensamientos lamiendo las dos incisiones que ella misma había causado.

 

Merece la pena ―se esforzó en mantener el dialogo interno―. Me siento un poco saturado.

 

―Te acostumbrarás.

 

―Guardas un montón de datos en esa pequeña cabeza.

 

―Soy más vieja que tú.

 

Yvan cerró los ojos y se concentró en dividir por bloques las imagines que Alix le había regalado.

 

―Poco a poco cielo. Apárcalos a un lado y ya iremos trabajándolos juntos.

 

―Quiero ver tu último año…

 

Yvan abrió los ojos sorprendido y sonrió con orgullo.

 

―Vaya veo que has sido muy recatada.

 

―Solo tú. ¿Tranquilo?

 

―No soy yo el que estaba celoso.

 

―Odio a esa mujer pero debo reconocer que no te tocó ni un pelo. Supo jugar contigo la muy cerda.

 

―Suenas decepcionada.

 

―No me gusta que se hiciera pasar por mí. Aunque le agradezco el regalo que te ofreció.

 

Yvan la besó y tras terminar de vestirse con los vaqueros y la camiseta negra que había traído de casa y dejar que Alix se arreglara la cogió en brazos para volar hasta la mansión de Frédéric.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XXV

 

 

 

 

 

 

 

Jules se concentró en las fotos de la ciudad para templar los nervios y no excederse con el jefe de los Licántropos. Las había tomado él mismo y las lucía con orgullo en la pared principal de su despacho en el Chaud Sang. La conversación telefónica estaba subiendo de tono a marchas forzadas y lo último que quería Jules era crearse un enemigo. Pero las pretensiones de Colin eran desmedidas.

 

¿Cómo podía ese hombre intentar que Eric saliese indemne de sus actos?

 

―¡Jules! ―la exclamación de Colin al otro lado de la línea lo sacó de su divagaciones―. Te lo pido como un favor personal.

 

―No puedo ayudarte Colin. Secuestró y torturó a uno de los míos, sabes que merece morir.

 

―Olvida eso Jules, te lo imploro, no por Eric sino por su mujer. Sabes lo mucho que sufrirá con su perdida.

 

―Eso debería haberlo pensado él ―pasó un dedo por el borde de uno de los marcos para quitarle un inexistente polvo.

 

―Si rompemos el vínculo Chloé sufrirá un dolor insoportable… Está embarazada por todos los Dioses, ¿en serio no podemos esperar?

 

―Colin yo… Yvan no aceptará.

 

―Yvan lo entenderá mejor que nadie. O se te olvida todo lo que hemos pasado por alto para que pueda salvar a su Novia.

 

―¿Lo tendrás encerrado?

 

―Por su puesto. Solo hasta que nazca el bebé Jules, luego es todo vuestro.

 

―Avisaré a Yvan, pero no te prometo nada con Frédéric.

 

―Hará lo que le digas, sabe que es asunto tuyo.

 

―Ya veremos… No te prometo nada.

 

―Gracias amigo, te debo una.

 

Jules colgó el teléfono y se sentó en la gran silla de trabajo. Entendía los motivos de Colin, incluso podía llegar a entender a Eric, sin embargo le costaba mucho esfuerzo no vengar a Yvan. Él creía que le debía todo lo que había conseguido en aquella nueva oportunidad impuesta pero la realidad era muy diferente. Jules pensaba en él cada vez que creía estar a punto de perder los papeles. Se empapaba de su autocontrol y su valentía, de su bondad. Por ello lo necesitaba tanto a su lado. Por eso estaba tan orgulloso de él. En el pasado se equivocó a menudo en sus decisiones respecto a su familia, y a pesar de que Yvan parecía no reprochárselo jamás, él había comprendido que lo mejor para el recién transformado Yvan hubiese sido recuperar su vida humana. El miedo fue lo que lo condujo a alejarlo de ellas y por culpa de ese miedo Yvan se había perdido en un mar de dudas olvidando su verdadera identidad. Identidad que se empeñaba en recuperar cuando nunca la había perdido.

 

Volvió a coger el teléfono y se dispuso a organizar sus próximos viajes. Le costaba ausentarse pero no podía demorar más sus planes. Eternal Life estaba ganando terreno y los líderes debían estar más unidos que nunca. Viajaría a Barcelona para intentar ayudar en todo lo necesario y después se instalaría una temporada en Londres. Desde allí podría implicarse más en las estrategias de las facciones y obtener información para sus camaradas de París.

 

 

 

Cuando la pesada puerta de madera se abrió lo primero que vio la pareja fue a un gigantesco vampiro vestido con traje y corbata negro.

 

―Bienvenidos, el señor Neveu les atenderá enseguida, si son tan amables de acompañarme a su despacho.

 

Yvan sujetó con fuerza la mano de Alix y se adelantó para poder abrirle camino. A Alix le seguía divirtiendo muchísimo que el Forseker se empeñase en protegerla de un modo tan descarado cuando era evidente para cualquiera que ella era vampiro “alfa” del grupo. Pero le parecía tan tierno y considerado que se lo dejaría hacer el resto de su vida.

 

Nada más cruzar el umbral el aroma de Jon y las voces de lo que parecía ser una discusión lo pusieron en alerta.

 

―«¿Qué hace Jon aquí?» ―le preguntó a Yvan mentalmente.

 

―Vamos a averiguarlo ―tiró de ella y se dispuso a subir las escaleras que conducían al primer piso.

 

―Señor me temo que no le está permitido el acceso a esta zona de la casa, es la vivienda particular del Líder y tengo órdenes de que nadie lo moleste.

 

A pesar del increíble tamaño del vampiro y de estar interponiéndose a conciencia en el camino de Yvan su aspecto no era nada agresivo. Más bien todo lo contrario, parecía uno de esos bonachones con los que tomarse unas cervezas y contar unos chistes.

 

―«Las apariencias engañan cariño»

 

―«¡Joder!» ―la miró sobresaltado―«no me acostumbro a esto»

 

―«Es raro pero práctico»

 

La conversación subió el volumen y Yvan se concentró en ella.

 

―¿Qué más necesitas Jon?

 

―No te entiendo, no sé qué esperas de mí Fred.

 

―¿Fred? ―se preguntó la pareja al unísono.

 

―Debe ser un error, yo no puedo… no sé qué hacer…Tengo que irme.

 

El silencio llenó todo el lugar y Yvan corrió escaleras arriba. Algo en aquel sigilo lo ponía en alerta e iría a ayudar a su amigo se interpusiera quien se interpusiera. Para su asombro el “mayordomo” se limitó a seguirlo y a sonreír amigablemente a Alix.

 

La voz de Jon lo hizo detenerse en seco a mitad de camino. A pesar de todo, el pelirrojo no parecía estar sufriendo, sino que parecía necesitar aquella conversación.

 

―¿Por qué has hecho esto? ―gritó Jon.

 

―No me has dejado otra opción. Estoy contra las cuerdas. ¡No te das cuenta!

 

―No tenías ningún derecho…

 

―¡Claro que sí, me estás torturando! Sales y entras de mi casa cuando te da la gana. Me buscas para luego desaparecer… ¿Cuánto tiempo pensabas que me mantendría al margen? ¡¿Cuánto?!

 

―Eso no tiene nada que ver.

 

―¿Ah, no? Y porque no te has ido ya ¿no tenías tanta prisa? ¿O es que no te atreves a pedirme que lo haga de nuevo?

 

Un golpe seco sonó del otro lado y Yvan no pudo aguantar más. La curiosidad lo había retenido unos segundos pero el temor a que Jon sufriera algún daño lo empujó a abrir la puerta sin permiso.

 

―Buenas noches Yvan, veo que ya conoces mi casa ―pronunció Frédéric antes de que pudiera verlo.

 

―Lo siento señor, me he limitado a seguir sus órdenes, he intentado razonar con él, pero como ve no ha servido de nada ―se excusó el vampiro proyectándose en el gran salón antes de que Yvan pudiera entrar.

 

―No importa Vinces, Yvan es siempre bien recibido en casa. Harás bien en no olvidarlo.

 

―Yvan… pasa de una vez. Veo que has cumplido tu palabra y traes a Alix contigo.

 

La escena que Yvan y Alix observaron a continuación parecía sacada de una película dramática.  Frédéric se sentó en una mesa color caoba con las piernas cruzadas y ocultó la cara entre sus manos. Los movimientos parecían completamente involuntarios. Su ropa estaba arrugada, la camisa por fuera del pantalón, las mangas remangadas con prisa… lo único que parecía no alterarse por los acontecimientos era su pelo el cual permanecía recogido en una estirada coleta.

 

Por su parte Jon se dejó caer en un sillón de cuero marrón con la mirada clavada en el decaído Líder. A diferencia de éste, su rizado pelo rojo, completamente despeinado y enredado, parecía haber sufrido los efectos de un huracán. Su piel estaba mucho más blanca, excepto debajo de sus ojos donde se habían instalado unas marcadas ojeras. Y sus manos, apoyadas en las rodillas, temblaban impulsivamente mientras el resto de su cuerpo se mantenía rígido y quieto como un palo.

 

―Jon…

 

―¿Y tú maleta Alix? ―interrumpió el Líder con renovada energía fijándose en sus manos entrelazadas.

 

―No viene a quedarse ―pronunció Yvan con rotundidad― ¿Estás bien Jon?

 

Se dirigió hacía su amigo muy preocupado. Desconocía lo sucedido en aquella habitación pero sí sabía que su amigo tenía sed y que estaba a punto de descontrolarse.

 

―Es su indulto por lo que hizo Yvan, debe respetar las condiciones.

 

Yvan ignoró por completo a Frédéric y sin soltar la mano de Alix clavó una rodilla frente a Jon.

 

―Jon ―lo zarandeó por el hombro―, ¿me escuchas? Todo va ir bien amigo, puedes dominarlo.

 

Vinces apareció de pronto y dejó un vaso de sangre sobre la mesita redonda situada junto Jon. Después desapareció. Yvan cogió el vaso para olerlo y al comprobar que se trataba de sangre animal se lo tendió a su amigo. Miró a Frédéric con curiosidad y se acercó a él lentamente.

 

―¿Desde cuándo está así?

 

―Estoy haciendo lo que puedo Yvan, no me mires de ese modo.

 

―¿Qué tienes tú que ver con todo esto? ¿Por qué está aquí contigo?

 

―No soy el más indicado para responder a esas preguntas.

 

―¿Y quién sino? ¿Qué hace un Forsekers en casa del Líder de la Orden y en ese estado? ―el tono de voz de Yvan era cada vez más acusador. No entendía lo que estaba pasando pero no podía ser nada bueno si su amigo estaba perdiendo el control.

 

―Yvan ―habló por fin Jon―. Estoy bien no te preocupes.

 

El moreno los miró a ambos de modo interrogante y dejó pasar el tema. Conocía tan bien a Jon que sabía cuándo mantenerse al margen. Y en esos instantes Jon le imploraba con la mirada que lo dejara en sus manos.

 

―Volviendo al asunto que te trae por aquí…

 

―Me trae más de un asunto pero el de Alix ya lo hemos tratado.

 

―Déjalo ya Yvan, será solo una temporada.

 

Alix se mostraba serena y dulce, casi suplicante, pero el Forseker negó con la cabeza rotundamente.

 

―No te quedarás.

 

―Yvan, se razonable… si ella quiere reinsertarse necesita apoyo y supervisión completa. Hay que cuidarla y protegerla…

 

―Estoy de acuerdo contigo.

 

Yvan se sentó en la silla que había junto a la mesa donde Frédéric seguía apoyado y sentó a Alix en uno de sus muslos. La rodeó con un brazo y de regalo le ofreció un beso en hombro. Frédéric descubrió las pequeñas cicatrices del cuello de Alix, ahora convertidos en pequeños tatuajes, y se alegró de todo corazón. Habían completado el Vínculo y eso significaba que Yvan podría ser feliz nuevamente. Asumió con una secreta sonrisa que la batalla sobre la tutela de Alix estaba perdida pues ningún vampiro vinculado permitiría que su pareja viviera bajo el techo de otro hombre. Así que debía dejar a la bella Alix en manos de Yvan, y lo haría con sumo placer pues era con él con quien debía estar. Se levantó para tomar asiento frente a ellos, e intentó recomponer su maltrecho vestuario por el camino.

 

―Bueno, creo que debo felicitaros.

 

―Muy observador ―Alix le propinó un codazo para que fuera amable y él rectificó al instante― Gracias Líder.

 

―¿Qué más te trae por aquí?

 

―Me gustaría zanjar mi pasado y creo que tú puedes ayudarme.

 

―¿Ahora? ―soltó el aire que retenía.

 

―Si puede ser.

 

―Jon…

 

―No me importa que se quede Líder, además prefiero acompañarlo a casa personalmente.

 

Frédéric dudó unos segundos pero al final cedió.

 

―¿Prefieres preguntarme o quieres que te cuente todo la historia?

 

―Quiero saberlo todo.

 

―De acuerdo ―Frédéric se frotó las cejas y empezó a hablar―. En mil ocho cientos cinco regresé a París después de siglos de ausencia. Me habían llegado rumores de que Francia empezaba una nueva era, no solo porque hacía seis años que había terminado la guerra, sino porque Napoleón pretendía crear un nuevo modelo político y social y yo no quería perdérmelo bajo ningún concepto. No llegué solo, tal y como me marché, sino que me acompañaba Marco Benedetti un miembro de la Orden que había conocido un siglo atrás en Italia y que me acompañaba en mis viajes desde entonces. En cuanto estuvimos instalados y adaptados a la renovada París nos introdujimos en el profesorado de la universidad. Ambos éramos intelectuales ávidos de cultura, científicos incesantes en la búsqueda del origen de nuestra afección y La Sorbona era el mejor lugar para seguir con nuestros estudios. No fue difícil infiltrarse entre los humanos, nos hacíamos pasar como uno más y borrábamos de sus mentes cualquier recuerdo sospechoso que pudieran tener. Nos alimentábamos de forma prudente y comedida pues la ciudad estaba plagada de seres inmortales y nosotros no queríamos llamar la atención. Antiguos y fuertes vampiros recién llegados… se lo hubiesen tomado como una amenaza y nosotros no querías problemas, queríamos trabajar.

 

Frédéric hizo una pausa y mentalmente sirvió unas copas y se las ofreció gustoso. Se tomó la licencia de observar a Jon más de no necesario y, tras comprobar que seguía ausente y pensativo, hizo un mohín de disgusto y prosiguió con la historia.

 

―En enero de mil ochocientos ocho te vi por primera vez. Estabas ofreciendo una charla sobre derechos humanos a jóvenes recién salidos de una terrible guerra, no era tarea fácil ―sonrió― seguro que lo recuerdas.

 

―Volvían trastornados del campo de batalla.

 

―Lo hacías muy bien. Lograste que volviesen a confiar en la raza humana, en el vecino de al lado… Bueno iré al grano. Te observé a escondidas durante semanas hasta que un día no pude soportarlo más y decidí hablar contigo. Fue la peor decisión que he tomado en vida. Con mi acto impulsivo y egoísta provoqué la peor de tus muertes.

 

―No fuiste tú recuerdo perfectamente su rostro.

 

―No, no fui yo. Fue Marco.

 

―¿Tu amigo? ―exclamó Alix sorprendida.

 

―Sí. Él creía ser mi dueño y señor y no aguantó que yo iniciase una “relación” contigo.

 

―Yo no me acuerdo de ti.

 

―Cada día, a veces cada pocas horas, borraba mi imagen de tu mente.  Cada vez provocaba más a menudo nuestros encuentros, te convertiste en mi obsesión.

 

―¿Bebías de mí?

 

―¡No! Era más que eso ―se levantó e inconscientemente caminó hasta Jon agachándose para comprobar su estado. Sujetó con dulzura sus manos y lo miró intensamente.

 

―«¿Qué está pasando aquí Alix?»

 

―«No tengo ni idea, pero creo que has elegido el peor de los momentos»

 

―«Me preocupa Jon, parece estar en shock»

 

―Yvan creo que deberíamos dejarlo para otro momento ―interrumpió Frédéric.

 

―No Fred, continúa.

 

Yvan levantó exageradamente las cejas ante aquel acto de confianza y Alix sonrió divertida.

 

―«Madre mía cariño, esto es lo que parece»

 

―«¡No! ¿Jon? ¡No!»

 

―Yvan yo me enamoré de ti ―Frédéric habló manteniendo la mirada fija en Jon―. Tengo más de mil doscientos años y en aquel entonces fuiste mi primer amor después de la transformación. ¡Imagínate mi locura! Pero eras humano y no quería meterte en mi mundo así que me limité a cuidar de ti, a hablar contigo, a contarte mis temores… y luego desaparecía de tus recuerdos. Al fin y al cabo solo era amor ―besó las manos de Jon y regresó a su silla― Podía vivir con ello hasta que pasase o hasta que encontrarse a mi pareja destinada.

 

―Me dejas sin habla Frédéric, no tenía ni idea…

 

―No voy contando mi vida por ahí, ni tampoco mis inclinaciones sexuales. No le importa a nadie ―le cortó―. Sigamos… Marco se puso celoso y me siguió a escondidas hasta que dio contigo. Yo no sabía que él ya estaba tan perdido Yvan, de lo contrario hubiese actuado antes. Una noche desapareciste, lo supe al instante porque no llegaste a casa a tiempo. Tardé seis meses en darme cuenta de que Marco tenía algo que ver con tu secuestro. Y cuando lo hice desapareció.

 

―¿Cuánto? ¿Cuánto estuve allí abajo?

 

―Once meses y cuatro días.

 

―¿Que pasó ese último día?

 

―Dos días antes de que lograras escapar lo encontré en un callejón matando a una mujer y a sus dos hijos recién nacidos. Convertí aquella noche en un infierno para él hasta que confesó todos sus crímenes, incluido el tuyo. Pero no pude lograr que revelara donde te escondía y en uno de los golpes perdí el control y lo maté. Te busqué durante días sin descanso hasta que descubrí que habías superado la transformación y te habías escapado. Intenté un acercamiento pero ya llevabas cerca de una semana en el clan Forseker y entendí que Jules cuidaría mejor de ti. Desde entonces he sido tu sombra y la de tu familia.

 

―¡Madre mía! ―Yvan se levantó soltando por primera vez en horas a Alix y caminó por el salón completamente anonadado.

 

―¿Estás seguro que lo mataste? ―preguntó Alix.

 

―Completamente y os juro que disfrute con ello.

 

―Tú te has mantenido en silencio todos estos años dejándome buscar a un fantasma.

 

―Yvan, comprende que era duro para mí. Los primeros años fueron los peores, seguía obsesionado contigo, y convertido en Vampiro mis posibilidades aumentaban. Pero si me acercaba a ti y te contaba todo esto podías odiarme para siempre. Así que lo aplazaba una y otra vez. Luego todo aquello pasó y sentía vergüenza… lo peor ha sido estos últimos años, con la muerte de Camile… y Jules siempre en medio…

 

―¿Quién es Camile?

 

Frédéric miró a Yvan pidiéndole permiso para seguir hablando pero él se adelantó.

 

―La madre de Eva.

 

―¿Qué tiene que ver Eva en todo esto?

 

―¿No te lo ha contado?

 

―No. Se ha limitado abrazarme continuamente y a entregarme el libro que te di.

 

―Eva es mi último descendiente vivo.

 

―¡En serio! Ya decía yo que me recordaba a alguien.

 

―Frédéric, ¿qué sabes de su muerte?

 

―Tu amigo el brujo, se metió en un gran lío con un grupo de demonios renegados, fueron a cobrar una cuantiosa deuda y resultó que no estaba solo en casa. Lo teníais bien oculto todo, era difícil relacionaros con ella.

 

―Fue espantoso verlos entrar en la pequeña guardilla…

 

―Siento no haber llegado a tiempo, mi grupo y yo te vimos salir con Eva en brazos por la ventana y supimos que ya había poco que hacer…aun así hicimos todo lo que pudimos…

 

―Te lo agradezco a pesar de todo.

 

―Te lo debo. Fue un placer acabar con los culpables.

 

—¿Los mataste? —Frédéric asintió―. No me debes nada Líder, mataste a Marco y con eso estamos en paz.

 

―Necesito otra copa ―declaró Alix y rellenó los vasos sin pedirle permiso al anfitrión.

 

―¿Un día movidito?

 

―Ni te imaginas Líder ―alzó las cejas con picardía y Frédéric soltó una carcajada.

 

―Frédéric, a mí… yo quisiera preguntarte si ―a Yvan le temblaba la voz por la incomodidad de la pregunta que necesitaba hacer…

 

―No. Eres un hombre atractivo, cualquiera puede apreciarlo, pero ya no me gustas.

 

A la vez que Yvan respiraba con alivio, el sonido chirriante de las patas de una butaca se elevó en el ambiente. Jon se incorporó y con el ceño fruncido y los labios arrugados se dispuso a abandonar la estancia.

 

―Si me disculpáis ―se despidió.

 

―¡Jon! ―gritó la pareja a dúo. Pero el irlandés ni se giró para mirarlos.

 

―¿Sabes si ha estado de caza? ―preguntó Yvan.

 

―No lo creo.

 

―Está muerto de sed.

 

―Y enfadado.

 

Frédéric intentó quitarle hierro al asunto y aparentar que no le importaba. Sin embargo, los miedos se acumulaban uno tras otro en su estómago.

 

¿Se habría excedido?

 

¿Lo habría presionado demasiado?

 

¿Dónde iba?

 

―Gracias por todo Líder, espero que podamos tener una relación de amistad a partir de ahora.

 

―Siempre serás bienvenido en mi casa Yvan. No dudes en venir si te surgen nuevas dudas. Puedo contarte muchísimas cosas que quizá a ti se te hayan pasado por alto.

 

―Lo haré, no lo dudes.

 

―Una última pregunta… ¿por qué hoy?

 

―Alix me entregó un diario de mi hija que Eva encontró entre las cajas viejas de su bisabuela…

 

―¿El diario de Sophie? ―se levantó de golpe y se acercó a él― ¿Lo tienes tú?

 

―¿Lo conoces? ―le interrogó Alix.

 

―Lo busqué durante años, por los dioses ¿cómo ha llegado a tus manos?

 

―Eva lo encontró en el desván de Mathilde ―continuo Alix al ver que Yvan estaba mudo―. Dice que nunca lo había visto antes pero tampoco le extrañó, al parecer la buena mujer guardaba auténticas antiguallas.

 

―Tras la muerte de Gerard lo busqué durante décadas para poder dárselo a Yvan.

 

―Frédéric, ¿cuánto no me has contado?

 

―Doscientos años de anécdotas amigo.

 

Yvan recuperó su asiento y se pasó las manos por la cara intentando olvidar que su mejor amigo se acababa de marchar a punto de un ataque de ira y desbordado por la sed e intentó centrarse en encajar las piezas de un puzle que él pensaba que ya estaba finalizado pero al parecer muchas cosas se le habían escapado de las manos.

 

―Gerard vino a verme una noche y me contó quién era y qué hacía allí. Me habló de su madre, es decir Sophie y de la dura investigación que habían llevado a cabo durante años. Por su puesto conocía muy bien nuestro mundo porque si no nunca me hubiese encontrado y te aseguro que no nos tenía ningún miedo.

 

―¿Que quería de ti?

 

―Ayuda. Quería encontrarte. Vuestra facción se integra muy bien en el mundo mundano y conseguís pasar desapercibidos casi con perfección. Así que le resultaba imposible localizarte. Sin embargo, a nosotros nos tenía bien calados. En esa época yo ya era el líder del clan y no me resultaba nada fácil justificar su presencia. Se presentaba en nuestras fiestas, se colaba en los bares de los licántropos...

 

Frédéric sonrió con cariño al recordar al hombre de mediana edad con bombín interrumpiendo las bacanales de los vampiros y las borracheras de los hombres lobos.

 

―¿Cuándo fue eso?

 

―Cuando murió Sophie. Al parecer tu hija no le dejaba interceder para no molestarte pero una vez falleció Gerard decidió que debía hablar contigo. ¡Y ponía muchísimo empeño!

 

―Pero él murió en un accidente cuando yo estaba en Londres con Jules… lo recuerdo perfectamente fue meses después de la muerte de su madre.

 

―Idolatré a Jules por su don de la oportunidad, mantenerte esos meses alejado de aquí me ayudó muchísimo para convencerle de que no te conocía. No podía encontrar ni una sola prueba de lo contrario. Pero tu nieto no murió de un accidente. Se encontró en medio de una pelea entre clanes y resultó mal parado. Mis hombre y yo organizamos todo el montaje del accidente a caballo para que no sospecharas nada a tu vuelta.

 

―¿Y el libro?

 

―Lo llevaba siempre con él. Me lo enseñaba una y otra vez, pero cuando lo enterramos no lo encontré. Nunca lo encontré.

 

Yvan se desabrochó el pantalón y le mostró el tatuaje con el que le había obsequiado Eruannë.

 

―Este mismo símbolo apareció en la portada cuando cogí el libro. ¿Sabes que puede significar?

 

―Una Ninfa.

 

―Eso lo sé.

 

―Ella se ha encargado de hacerte llegar el diario Yvan. Prepárate para una visita, va a querer algo a cambio.

 

Los tres vampiros mantuvieron una animada conversación durante largo rato en la que Frédéric les contaba más detalles sobre la muerte de Gerard y Camile. Y alguna que otra historia graciosa en la que se había visto involucrado para que Yvan no lo descubriese. Sin embargo, poco a poco, la incomodidad del Líder se fue haciendo evidente y la preocupación de Yvan por Jon alarmante. Así que decidieron posponer la visita par un momento más oportuno.

 

Alix y Yvan se marcharon con las oportunas indicaciones de Frédéric. Consentía que se la llevase con él a casa pero con ciertas condiciones, por supuesto.

 

Frédéric se quedó a solas en su espacioso y silencioso salón intentando encontrar la manera de llegar a Jon sin lastimarlo.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

XXVI

 

 

 

 

 

 

 

DOS DÍAS MÁS TARDE:

 

 

 

Chloé descendía angustiada las escaleras que llevaban al calabozo subterráneo de la casa de Colin. Desde que el jefe Licántropo había encerrado allí a Eric éste le impedía la conexión mental pero desde la visita de los vampiros el día anterior la cosa había empeorado. Aun así, a pesar de no poder hablar con él, a pesar de no percibir sus emociones, sabía que algo había cambiado. Llegó al descansillo del pasillo y se detuvo en la primera puerta. Estaba abierta. La luz interior permanecía apagada aunque ella distinguía a la perfección la austera cama y la pequeña mesa que ejercía a veces de escritorio, a veces de mesa de comer.

 

Se llevó las manos a la barriga y se acarició con ternura intentando borrar de su memoria el desagradable episodio de la tarde anterior. Debía reconocer que Jon había estado a la altura de las circunstancias y que, como siempre, le ofreció un consuelo impagable.  Admitía también, que a pesar de los acontecimientos y la furia de Jon durante el interrogatorio, el moreno había comedido mucho sus actos. Sabía que una vez salió del lugar Yvan lo había torturado con la posibilidad de que ella mantuviese una relación con Jon. Sabía que las palabras habían dañado a Eric más que cualquier golpe. Aun así agradecía que hubiesen aceptado mantenerlo con vida y perdonaba cualquier cosa que hicieran a cambio.

 

Avanzó unos pasos más y se acercó a la segunda y última puerta. Permanecía cerrada. Era la correcta. Tomó aire para reunir fuerzas y se dispuso a correr las pesadas barras que mantenía la imponente puerta de acero cerrada a cal y canto. No sabía qué decirle a su marido una vez lo tuviese a solas frete a ella. Incluso sentía miedo a su reacción pues no podía olvidar la forma en la que la trató el día fatal, el día en el que todo su mundo se desmoronó, pero debía comprobar su estado o se volvería loca.

 

Agarró con firmeza ambas sujeciones a la vez y tiró con fuerza. La puerta se abrió despacio y reveló el negro interior.

 

―¡Colin! ―Chloé entró y salió de la celda nerviosa― ¡Colin!

 

Entró en la celda contigua a pesar de saber que estaba completamente vacía y registró los escasos huecos y esquinas de todo el recinto.

 

―¡Colin! ―encendió todas las luces y terminó sentándose en el catre donde había dormido su marido―. ¡James, Bruce! ¿Me escucha alguien?

 

El primero en llegar sofocado por la carrera fue Colin. Tras él bajaba James y Leonor con cara de preocupación.

 

―¿Qué sucede preciosa? ―Colin asomó la cabeza y encontró a Chloé completamente sola.

 

―No está. ¡Eric no está!

 

―Vamos, tranquilízate ―se sentó a su lado con cara de asombro.

 

―Han sido los vampiros seguro ―sollozó―, han debido llevárselo…

 

―No. Preciosa ellos no harían eso, hemos llegado a un acuerdo.

 

―¿Entonces quién? ―hipó.

 

―No sé, tal vez ha logrado escapar.

 

La bonita y embarazada Chloé miró de soslayo a Leonor y a James que permanecían en el umbral de la puerta y fijó la mirada en la rígida e intacta puerta.

 

―La puerta no tiene ningún daño, han tenido que abrirla desde fuera.

 

―No te preocupes preciosa, ya lo averiguaremos, ahora vamos a casa.

 

Colin la levantó sujetándola por el brazo y poco a poco fueron saliendo de aquel lúgubre lugar.

 

―¿Tal vez miembros de Eternal Life?

 

―Ya veremos preciosa, ya veremos…

 

Justo antes de poner el pie en el primer escalón. Un dolor en la espalda seguido de fuertes contracciones en el abdomen hizo que Chloé se doblara sobre sí misma. Colin fue rápido y pudo mantenerla en pie. Leonor giró sobresaltada por el grito de dolor y vio un surcó de sangre descender por las piernas descubiertas de Chloé.

 

―Colin ―urgió―, llévala a casa, deprisa.

 

Él obedeció sin dilación y cogió a la joven en brazos para trasladarla a casa.

 

―Vamos niña, debes ser valiente y ahorrar fuerzas ―le susurró al notar que ella se resistía.

 

―No puede ser jefe, es demasiado pronto…

 

―No te preocupes cielo, Leonor se ocupará de todo.

 

 

 

Eric corría desesperado a través de la densa vegetación del bosque. El bochornoso calor de la tarde le hacía derramar gruesas gotas de sudor en su frente. Su respiración era agitada. Necesita salir de allí con urgencia y refugiarse en un entorno seguro. Sabía dónde dirigirse exactamente pero no podía evitar dudar a cada paso. Cuanto más se alejara más difícil sería recuperarla. Y por todos los dioses que él no quería hacerlo, quería abandonarla y dejarla vivir tranquila, pero el dolor en su corazón le impedía pensar con claridad cada vez más. De ahí la urgencia por salir de los terrenos colindantes al clan.

 

Júrame que no más a interceder en su vida―le había exigido Colin―. Júrame que vas a desaparecer.

 

No necesito tu ayuda―le ofreció él como respuesta.

 

No te estoy ayudando a ti, lo hago por ella.

 

Ellos han prometido esperar a que nazca el bebé.

 

Es cierto pero… ¿Qué pasará luego Eric? ¿Qué será de tu mujer cuando te maten y su corazón muera contigo? ¿Recuerdas esa sensación verdad?―Eric lo fulminó con la mirada―. Pues imagínatela con una pérdida definitiva. ¿Quieres que pase por eso? ¿Vas a maltratarla hasta después de tu muerte?

 

Eric se limitó a negar con la cabeza y a esconderla todo lo que pudo bajo sus brazos. Estaba avergonzado, consternado por sus terribles actos. Él la amaba. La quería con todo su alma, no entendía nada en absoluto, excepto que quería morir, que lo mataran. Pero Colin tenía razón, si podía evitarle cualquier tipo de sufrimiento lo haría y si para ello debía huir y esconderse para siempre lo aceptaría.

 

Mira Eric puedo esforzarme y llegar a comprender los motivos por los que te has unido a esos mal nacidos pero no puedo entender cómo has podido traicionarla de este modo. No solo has provocado a otro ser el sufrimiento que le provocaron a ella sino que además se lo has infringido con tus propias manos. Yo te respetaba Eric, te admiraba. Ahora… ahora tan solo puedo pensar en castigarte yo mismo… pero mi cariño hacia Chloé me lo impide.

 

Me alivia saber que cuidarás bien de ella―se limitó a decirle aun con las manos sobre su cabeza y el torso inclinado hacia delante.

 

―Márchate de una vez, puedes quedarte una temporada en el santuario, me ocuparé de que nadie se acerque por allí en un tiempo―le lanzó un fajo de billetes que cayó sobre el colchón. Cuando estés preparado desaparece. Para siempre.

 

Tras la salida de Colin Eric no tardó ni un minuto en seguirle y echar a correr entre la vegetación. Después de más de una hora corriendo sin descanso estaba exhausto.

 

No quería transformarse para poder evitar la intrusión de Chloé en su mente. Ella llevaba días intentando comunicarse con él y no estaba preparado para escucharla.

 

Se apoyó en el tronco de un antiguo árbol y respiró de un modo irregular. Chloé estaba nerviosa y sus intentos de comunicación se volvían más intensos a cada segundo. Se dejó caer hasta quedar sentado con la espalda apoyada en el grueso tronco. Sentía la inquietud de su mujer y la sentía muy cercana. Golpeó con fuerza su cabeza contra el duro madero. Justo en ese momento algo cambió. La inquietud se transformó en miedo, casi pánico. El dolor se volvió intenso, casi insoportable. Pero no era el suyo sino el de Chloé. ¿Qué estaba pasando? ¿Qué o quién asustaba tanto a su esposa? ¿Por qué sufría de aquel modo?

 

Abrió sus barreras mentales de forma automática y un grito desgarrador le llegó desde el otro lado. Se tapó los oídos con las palmas de las manos como si así pudiera impedir el espantoso sonido. Sorprendentemente todo se mantuvo en silencio. No era normal. Algo estaba pasando y era algo grave.

 

«―¿Pequeña?»dijo con voz queda.

 

El silencio era enloquecedor.

 

«―¿Chloé?»―prácticamente no le salía la voz«¿Pequeña estás bien?»

 

Otro grito desgarrador seguido por angustia y temor inmensurable.

 

«―Dime qué está pasando»

 

En un intento desesperado de no retroceder lo corrido Eric se mantenía sentado bajo el árbol con las rodillas dobladas y rodeadas en un abrazo. No obstante, si Chloé seguía así no tardaría mucho en salir en su busca.

 

«―Eric»musitó Chloé al fin.

 

«―Pequeñasuspiró―¿Qué está pasando?»

 

«―Cielo ¿dónde estás, estás bien´?»

 

El grito de dolor se alzó a los niveles más altos y Eric se incorporó de un salto

 

¡Chloé!

 

Los pájaros volaron espantados al escuchar la exclamación del licántropo. Era espantoso notar el sufrimiento de su mujer, de la madre de su hijo, y no poder ofrecerle la mano. Sus piernas se movieron con voluntad propia e inició el camino de vuelta a casa.

 

«―Eric… no puedo hacerlo»―lloraba.

 

«―Sí puedes pequeña, tu puedes con todo.»

 

«―No puedo, no sé cómo hacerlo»―hipó y el silencio volvió.

 

«―Háblame, dime qué pasa, juntos podremos ya verás.»

 

«―El bebé está mal colocado, no puedo hacerlo…

 

«―Escúchame cielo, tienes que avisar a Leonor»

 

«―No pude hacer nada… quiere sedarme pero no logro controlarme―el llanto era incesante―estoy tan asustada… tan preocupada por ti y por el bebé»

 

«―Ey… yo estoy bien y el bebé va a estar bien. Solo tienes que escuchar a Leonor»

 

Eric se detuvo en seco e intentó relajarse. Chloé lo necesitaba pero lo necesitaba de inmediato y debía prestarle toda la atención.

 

«―Chloé respira y habla conmigo ¿Estás en fase?»

 

«―Sí―la respiración sonaba con fuerza. Los sedantes no pueden actuar, la temperatura corporal los quema, y Leonor no puede anestesiarme y efectuar una cesárea hasta que no recupere mi estado natural―volvió a llorarlo intento Eric pero no puedo… nuestro pequeño no va a resistir…»

 

«―No pienses en eso ahora. Pensar así es lo que te bloquea―Eric se frotó la cara desesperado―¿Recuerdas nuestro viaje a Ámsterdam?»

 

«―Ummm»

 

«―¿Te acuerdas de la noche que decidimos cogernos una buena y nos fumamos todo lo que fuimos capaces de soportar?»

 

«―Fue divertido.»

 

«―¿Divertido? Tuviste que esconderme bajo un puente casi toda la noche porque me empeñé en que todo el mundo debía ver mis increíbles venas lobunas.»

 

«―Estabas muy sexy.»

 

«―Conseguimos recuperar el control, lo conseguimos juntos.  Ahora vamos a hacer lo mismo solo que ahora no puedo estar a tu lado, no puedo abrazarte pero si me hablas, si lo afrontamos juntos, todo saldrá bien ¿De acuerdo?»

 

«―No quiero que nazca sin ti»―confesó.

 

«―Y yo no quiero que tú sufras. Chloé cariño, amo a nuestro hijo pero te necesito con vida, no me castigues de ese modo.»

 

«―Tú me castigas a mí, huyes.»

 

«―No huyo mi vida, solo quiero que puedas vivir tranquila y yo no puedo ofrecértelo en estos momentos.»

 

«―Dime que estás de vuelta. Dime que cuando despierte estarás aquí viendo a tu hijo.»

 

«―Nada me gustaría más…te amo aunque no he sabido demostrártelo…»

 

«―Ya sé que me amas pero quiero que regreses y vuelvas a quererte a ti mismo.»

 

«―Pequeña ya hablaremos de eso más tarde ahora céntrate en recuperar el control.»

 

 

 

Eric no obtuvo ninguna respuesta a pesar de intentarlo una y otra vez, la mente de Chloé estaba completamente a oscuras. No había dolor ni miedo pero tampoco había palabras ni recuerdos. Sin poder resistirlo sacó el móvil que Colin le había dejado sobre la mesa y lo llamó.

 

Colin soy yo ¿Qué le pasa?

 

¿Estabas hablando con ella?

 

Dime qué ha pasado―exigió desconcertado― ¿Por qué no está?

 

Leonor ha conseguido acercarse y dormirla. Está haciendo lo que puede en este momento. Buen trabajo.

 

No puedo hacerlo Colin, no puedo irme.

 

Lo prometiste.

 

Pero ella me ha suplicado…

 

Haré lo que tenga que hacer para que cumplas tu promesa. Te estaba dando tiempo pero inmediatamente daré la voz de alarma así que será inútil que regreses si los demás ya saben que has intentado huir.

 

Colin...

 

Que tengas suerte amigo. Espero que consigas rehacer tu vida, te lo digo de corazón.

 

XXVII

 

 

 

 

 

 

 

La vibración del teléfono lo despertó de un reconfortante sueño. Lo buscó a tientas en la mesita de noche y tras cogerlo se encerró en el baño para intentar no molestar a Alix.

 

¿Dime?

 

Novedades. Eric ha desaparecido.

 

Imposible.

 

Acaba de llamar Colin.

 

¿Sospechosos?―Yvan se sentó en el borde de la bañera y esperó paciente la contestación de Jules.

 

Entre tú y yo… Colin, pero no quiero que lo sepa nadie del clan, ni siquiera Jon.

 

No parece de esos tíos.

 

Ya nada es como parece hijo. ¿Crees posible que alguien entre en el territorio “lobuno” sin que esas bestias se enteren?

 

Los E.L tienen alta tecnología para esas cosas, sus inhibidores son lo más.

 

Es posible, esperaremos y nos mantendremos en alerta.

 

¿Qué tal en España?

 

Barcelona está más o menos controlada pero Madrid y Andalucía, están patas arriba. Echaré una mano pero en unos días vuelo a Londres.

 

¿Necesitas compañía?

 

No, te necesito allí.

 

Todo bajo control, puedes estar tranquilo.

 

Lo sé. Cuida de Alix si Eric quiere venganza primero irá a por ella.

 

Mi mente trabaja en eso desde que me has dado la noticia. Seguramente la haga ir a Viena uno días.

 

Vigila tus espaldas hijo, Jon no está para historias, no puedes contar con él.

 

¿También lo has notado?

 

Está sediento. Tengo a Brian tras su sombra pero ya sabes que se mueve muy rápido y Brian no vuela.

 

Deberías haberme elegido a mí.

 

Yvan, tú debes cuidar de tu Novia, de ti mismo y del Clan. Confía un poco en los demás, el chaval lo hace bien. Lo tiene calado el cabronzuelo. Me dice que lo ha perdido y en pocos minutos recibo un mensaje: «Leader, todo controlado, Petirrojo a la vista»

 

Los dos rieron por las conocidas e ingeniosas frases del chico.

 

Yvan se levantó y sacó la cabeza para comprobar si había despertado a Alix. Como esperaba, la encontró sentada en la cama recogiéndose el pelo en una interminable trenza. Dio unos pasos hacia ella y le sonrió a modo de disculpa.

 

Estoy seguro que conoce todos vuestros rincones secretos, os seguiría a la muerte.

 

Me gusta Brian, es un buen chico.

 

Tras despedirse con breves frases Yvan dejó el teléfono dónde lo encontró. Miró a Alix con deseo y ella se dejó caer con los brazos estirados hacia arriba. Yvan se tumbó sobre ella, soportando su propio peso con las manos, con las rodillas ligeramente dobladas entre sus muslos evitando que sus torsos se tocaran.

 

Siento haberte despertado.

 

¿Jules siempre llama a esta hora?

 

Eric ha desaparecido. Tendrás que ocultarte unos días.

 

Jon tampoco está en casa, ¿quieres que salgamos a buscarlo?

 

Brian se ocupa de él.

 

No pienso irme.

 

Alix…

 

No me pidas eso. No podré soportarlo, ahora no.

 

Puedes proyectarte puntualmente para raptarme y llevarme contigo a Viena. Salomé te acompañará.

 

No me iré. Somos más fuerte juntos. ¿Recuerdas? Hemos completado el Vínculo. Además te clavará un puñal por la espalda en cuanto pueda, me necesitarás por aquí cerca―sonrió juguetona y ejecutando una llave con las piernas invirtió las posiciones.

 

«Solo te dejo creer que tú mandas vampiro, así que no me hagas enfadar»

 

«Graso error nena, tú siempre cedes ante tus debilidades y yo soy tu mayor debilidad»

 

Yvan mordió la clavícula de Alix y clavó profundamente sus colmillos en su tersa piel. El cálido líquido borgoña descendió por su garganta ofreciéndole un exquisito placer. Su erección creció ansiando encontrar cobijo en el interior del ser destinado a abrigarlo y su cuerpo se preparó para el intercambio de sangre que se iba a producir. Sin embargo, el mordisco de Alix no llegó. Yvan abrió los ojos y se encontró con su mirada, un poquito más verde, puesta en él.

 

¿Qué pasa?

 

Alix no contestó. Lamió los restos de sangre del interior de su boca y resbaló por su abdomen. Al llegar a la altura del ombligo lamió el surco de bello que señalaba el camino hasta su desarrollado miembro y jugueteó con la punta.

 

«Quería ver como lo hacías en directo»

 

«¿He aprobado?»

 

«Para ser novato no lo haces nada mal.»

 

La lengua recorría la rosada y húmeda piel del extremo y bajaba y subía con decisión por todo el tronco.

 

Tu voz suena aún más sexy en mi cabeza.

 

«Te dije que era bastante práctico»―su boca se cerró acogiéndolo por completo y sus labios lo acariciaron con destreza.

 

El gutural gemido de Yvan no se hizo esperar y su aroma se volvió más intenso a casusa de la excitación.

 

«Me gusta tu olor―Alix apretó más los labios y usó la lengua para estimularle intensamente―, y tu sabor.»

 

Yvan gimió y se removió sobre las sábanas.

 

Alix decidió que ya no podía soportarlo más y hundió sus afilados dientes en la tierna piel de su pene. La succión fue intensa, agresiva tal vez, pero ya lo habían practicado alguna vez así que Yvan podía soportarlo sin alterarse.

 

Un salvaje y erótico grito puso el broche final al increíble orgasmo que acababa de tener. La experiencia era insuperable y a pesar de ello necesitaba introducirse en el interior de Alix y continuar haciendo el amor con ella. Al instante la tenía encima, introduciéndolo en su cálido cuerpo. Era una maravilla pensar algo y tenerlo al instante.

 

No siempre pensarás así amor.

 

Alix cabalgaba a buen ritmo pero él necesitaba más, mucho más. El romanticismo estaba muy bien pero después de lo que acaba de experimentar solo eran pamplinas.

 

Quería sexo. Puro y duro sexo.

 

«¿Así mejor?»le preguntó mentalmente mientras aceleraba el ritmo.

 

Lo quiero todo nena. Dame todo lo que tengas.

 

Alix le sonrió y cerró los ojos. Aparecieron sobre la cama de la casa de Le Mans. Antes de que Yvan pudiera reaccionar le mostró los colmillos y su mirada más intensa.

 

Unas finas venas se hicieron visibles bajo sus ojos y su mirada se tornó completamente roja. En lugar de asustarse Yvan sufrió una increíble descarga de adrenalina. Sabía que Alix estaba dejándole ver al verdadero vampiro. El mismo que él tenía pero no dejaba salir —tan solo asomaba la cabeza de vez en cuando—, y por raro que pareciese lo excitó más de lo que ya estaba. Su lado irracional, el animal de su interior, quería hincarle el diente a aquel increíble ser de la naturaleza.

 

¿Jugamos?―su voz sonó más profunda, más provocadora.

 

¿Aquí?

 

Me gusta esta casa.

 

Yvan la abrazó y besó con pasión mientras la llevaba en volandas hasta el jacuzzi.

 

«Juguemos.»

 

 

 

Antes de llegar al interior del cuarto de baño Alix dio una orden mental y los grifos se abrieron dejando caer el agua caliente. Yvan la sentó sobre el mármol blanco impoluto y se entretuvo besando sus pezones. Ella estaba descontrolada. Pero no era el descontrol que acostumbraba a torear. No. Era mucho más atractivo y placentero y quería dejarse llevar. Sujetó a Yvan con firmeza por ambos lados de la cara y lo obligó a mirarla.

 

Yvan contempló el aspecto de Alix. Sus ojos brillaban excitados, sus colmillos se exponían sin ningún tipo de restricción, la mandíbula rígida y la tensa musculación de sus brazos le advertían claramente sus intenciones, y él no tuvo ninguna duda.

 

«―Nena no necesitas mi permiso, soy todo tuyo»

 

El profundo sonido de Alix anticipó lo que estaba a punto de ocurrir. Con la velocidad de un felino lo hizo retroceder hasta hacerlo chocar contra las frías baldosas.

 

Algo crujió entre su espalda y la fría pared. No le importó. Estaba concentrado en ella. En todos sus movimientos. Se encaramó sobre él y se apoyó en sus hombros. El pelo le caía a un lado y podía ver la hermosa cara convertida en la viva imagen de un cazador. Pequeñas venas azules cruzaban su cuello y la fina piel de debajo de sus ojos. Sus labios tensos en una fina línea mostrando su letal dentadura. Y le pareció el ser más sexy del planeta.

 

Alix lo sujetaba con fuerza. Lo atrapaba entre sus extremidades con decisión. Era una presa cazada y ya no tenía escapatoria. Una pequeña parte de ella le indicaba que sería mejor parar. Que debía dejarle más tiempo para aclimatarse pero algo en su pose, en su mirada, le decía todo lo contrario. Apretó los pies contra la pared y elevó su cuerpo hasta tener la visión de su cuello desde arriba. Y ahí la tenía, latiendo para ella en todo su esplendor. Rápida, enérgica. Se retiró unos centímetros para tomar impulso y atacó. Sus colmillos perforaron la dura piel y con precisión taladró la yugular. La sangre era cálida, sabrosa, suya. Cerró los ojos y dejó la mente en blanco. No quería escucharse así misma ni a Yvan. Quería disfrutar del momento con libertad. La succión cada vez era más intensa, más posesiva, y el donante era completamente voluntario. Escuchó un fuerte rugido liberarse espontaneo de su interior y el ataque se tornó más agresivo.

 

Unas manos la sujetaron por la cintura firmemente sacándola de su ensoñación. Tal vez debía detenerse. Fue consciente de nuevo del olor a mar. Se excitó. Sin soltar la gruesa vena de su presa, deslizó su cuerpo hasta encontrar lo que buscaba.

 

En cuanto notó la suave y cálida protuberancia la dejó entrar en su interior. Ardiente. Así era como se sentía. De nuevo las finas y fuertes manos se movieron por su cuerpo, esta vez se posaron en sus omoplatos. Firmes.

 

«―Nena…»

 

La voz sonaba casi como un ruego.

 

«―Alix detente»

 

Ahora desesperada.

 

Alix abrió los ojos y enfocó la visión. Yvan estaba a su lado. Pálido. Casi traslúcido. Lo soltó. Se apartó de él de inmediato y contempló la escena desde la distancia de alguien que acaba de llegar.

 

Él se dejó caer al suelo y se llevó la mano al cuello.

 

A Alix le llevó unos segundos reaccionar.

 

¡Yvan!―dijo acercándose a él.

 

Estoy bien no te preocupes.

 

Cielos… lo siento, lo siento de verdad.

 

Se arrodilló a su lado y le apartó la mano para ver la herida. Era casi limpia, a excepción de un pequeño desgarro en uno de los laterales. Por un momento quiso lamerle las incisiones para sanarlo pero algo la alertó de que no era precisamente correcto volver a saborear la zona. El ataque aún era muy reciente.

 

Ey, ya pasó―le sonrió él.

 

Podría haberte…

 

No ha pasado nada, ¿vale?

 

Lo abrazó y se sentó a su lado descansando la cabeza en su hombro.

 

Podría haberte matado.

 

Tú no harías eso, ya estoy muerto.

 

Alix no dijo nada. Un largo dedo acarició la zona próxima a la herida con cariño y al instante una punzante sensación de culpa lo atravesó.

 

«―Además tengo la cura muy a mano»

 

Su voz era, casi obscena, y a pesar de la culpabilidad sus huesos se disolvieron. Se dejó llevar por la situación. Yvan la recogió en sus brazos y la introdujo con él en el agua caliente. Poco a poco se olvidó del desagradable incidente y retomó el juego que habían emprendido minutos atrás.

 

Ya en la cama, con serenidad, Alix se decidió a hablar con Yvan.

 

Realmente lo lamento.

 

Estabas muy sexy.

 

No quería hacerte daño―lo miró.

 

Y no me lo has hecho, solo me has deshidratado un poquito, nada que no se pueda solucionar―le pasó el pulgar por la mejilla.

 

¿Eres feliz?―Yvan torció la boca en una sonrisa―No, en serio, me refiero a que si es cierto que disfrutas con todo esto. Ya lo has probado, siempre podemos detenernos si ves que te perjudica.

 

Alix, ¿de verdad crees que sea un hombre perjudicado?

 

La mente de Yvan se abrió con caridad ante ella. Lo miró fijamente a los ojos mientras se empapaba de todas aquellos bonitos sentimientos que su groom le trasmitía.

 

Negó con un inapreciable gesto. Lo besó.

 

«―Alix, estoy completamente feliz de haber descubierto todo esto contigo.»

 

«―Gracias por ofrecerme tanto»

 

«―No ha sido voluntariamente, la próxima vez controla, por favor»

 

«―No me refiero a esoYvan carcajeó…»

 

Lo sé.

 

Alix se sentó sobre su abdomen y dejó caer la larga melena a modo de cortina antes de besarlo calurosamente.

 

Te amo―declaró entre suspiros.

 

Nos amamos―sentenció él.

 

Habían retomado el camino cogidos firmemente de la mano y a partir de ese instante sus vidas serían en plural porque ya no dejaría que nada ni nadie los separase.

 

 

 

 

 

FIN

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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