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El terror como estrategia:
conquista y destrucción de Jorasmia

Tras su regreso a la estepa, Gengis Kan se encargó de restablecer el control sobre los pueblos de cazadores de los bosques, que se había debilitado durante los diez años de guerras en el norte de China. Primero organizó una expedición para derrotar a los merkit antes de que estos pudieran rebelarse. Puesta bajo la dirección de los generales Subetei y Tokuchar, este último casado con una hija de Gengis Kan, sus órdenes eran no solo abortar la rebelión, sino exterminar a los sublevados. En el año 1217 se ejecutó el ataque y los merkit dejaron de existir como pueblo. A continuación mandó una expedición contra los tumat, que no solo se habían negado a entregar treinta mujeres a un noble mongol como se les había ordenado, sino que lo habían capturado y habían derrotado al contingente enviado para liberarlo. Estos enfrentamientos mostraron las dificultades que tenía la caballería mongola para luchar en los bosques del norte, pero también su perseverancia, ya que una nueva expedición consiguió sorprender a los tumat y rescatar a los prisioneros. Por último, Gengis Kan envió una expedición para someter definitivamente a los oirat y los kirguises, que fue un éxito.

En 1218 una serie de acontecimientos hicieron que el Imperio mongol se implicara en los asuntos de Asia Central y del islam. Para el estudio de esta nueva fase en la expansión del Imperio mongol disponemos de las obras de un nutrido grupo de autores musulmanes, ya fuesen contemporáneos de los acontecimientos como Yuzyani, escribiesen con posterioridad durante la segunda mitad del siglo XIII, como Yuvayni, o a principios del siglo XIV, como Rashid al-Din.

EL IMPERIO KARA-KITAI

En el capítulo anterior vimos cómo una rebelión de los yurchen puso fin al Imperio kitan en el 1125. Un año antes, un miembro de la dinastía Liao llamado Dashi rompió con el último emperador kitan, asumió el título real de wang y con un puñado de seguidores se internó en la estepa mongola. Su objetivo era acumular fuerzas y regresar para expulsar a los yurchen, y se dirigió a Kedun, un puesto fortificado erigido por los kitan en el corazón de Mongolia para controlar a los nómadas. Debido a su remota ubicación, a orillas del río Orjon, no lejos de donde nacería Temujin unos cuarenta años más tarde, Kedun no había sido conquistado por los triunfantes yurchen y contaba con una guarnición de varios miles de hombres. En cuatro años y gracias a que atrajo a unos diez mil guerreros de varias tribus nómadas, formó un ejército. Un logro notable si tenemos en cuenta que había partido casi de cero, pero insuficiente ya que durante ese tiempo los yurchen se habían apoderado no solo de los territorios kitan, sino también de todo el norte de China y eran demasiado fuertes como para enfrentarse a ellos. Dashi comprendió que necesitaba una base de poder más sólida para intentar restaurar el Imperio kitan y para ello partió en el 1130 con sus seguidores hacia occidente en dirección a Asia Central, con la intención de conseguir nuevas tierras. En aquel momento la zona estaba dividida en tres reinos. En el Turfan, situado en el actual Xinjiang chino, se encontraba el reino uigur de Gaochang, uno de los tres fundados por aristócratas uigures tras la caída de su Imperio en el año 840 como vimos en el tercer capítulo. Más al oeste estaba situado el janato de los karajánidas, fundado por una dinastía de origen nómada a mediados del siglo X y que se había dividido en dos janatos independientes desde el 1030. El oriental ocupaba las zonas de Balasaghun y Kashgar, que comprendían el sur de lo que hoy son Kazajistán, Kirguizistán y el oeste del Xinjiang, mientras que el janato karajánida occidental se extendía por la región de Mawarannar, situada entre los ríos Syr Darya y Amu Darya, la antigua Transoxiana greco-romana, en el actual Uzbekistán. Asia Central había experimentado la llegada de diferentes pueblos de pastores nómadas desde el siglo VII, como los karluk, los oguz y los qangli, que tenían en común hablar lenguas turcas y que se habían islamizado. Algunos se habían infiltrado como inmigrantes mientras que otros llegaron como conquistadores fundando dinastías, como las de los Gaznavíes, los Selyúcidas o los Karajánidas. Una particularidad de la zona era que las poblaciones de pastores nómadas y de agricultores sedentarios vivían en contacto, y a menudo en conflicto, ya que muchas tierras eran aptas tanto para el pastoreo nómada como para la agricultura, al contrario que en China y Mongolia, donde la diferenciación entre estepa y tierras de cultivo era, en líneas generales, más clara.

Tras atravesar el reino uigur, cuyo gobernante le prestó vasallaje, Dashi y su heterogéneo ejército invadieron en el verano de 1131 el janato karajánida oriental, pero fueron derrotados en las cercanías de Kashgar. Obligado a regresar a su base de Kedun, el fracaso de una expedición yurchen destinada a eliminarle, probablemente más por problemas logísticos que por la acción de Dashi y sus guerreros, le reportó un gran prestigio y, según las fuentes, se le unieron cuarenta mil guerreros nómadas junto con sus familias. Aprovechando la situación se hizo coronar como gurjan, jan universal, y como emperador chino, perpetuando la tradición dual de los Liao. Con el refuerzo de sus nuevas tropas volvió a Asia Central y se hizo con el control de la zona alrededor de las ciudades de Qayaliq y Almaliq, en la región de Semiryechye, entre 1132 y 1133. Al año siguiente, su fortuna cambió radicalmente cuando el jan karajánida oriental le pidió ayuda para controlar a su propio ejército formado por nómadas karluk y qangli. Dashi respondió a su petición, pero inmediatamente después se hizo con el control del reino. En 1137 infligió una gran derrota a los karajánidas occidentales en la batalla de Joyend, pero pese a los temores de estos no invadió su territorio. Tras cuatro años de incómoda vecindad la situación se resolvió en 1141, cuando los karajánidas consiguieron implicar al sultán Sanjar, de la dinastía Selyúcida, del cual eran vasallos, en el enfrentamiento. En septiembre de ese año se produjo una gran batalla en las cercanías de Samarcanda, donde los karajánidas y sus aliados selyúcidas sufrieron una tremenda derrota. El sultán Sanjar escapó a duras penas pero su esposa fue capturada y Dashi se apoderó del janato karajánida occidental. Estas incorporaciones probablemente colmaron las ambiciones territoriales del exiliado kitan, pero en los meses siguientes Atsiz, sah de Jorasmia y vasallo nominal pero problemático de Sanjar, aprovechó la derrota de su señor para atacar la provincia persa del Jorasán. Ya que tanto Jorasmia como el Jorasán colindaban con sus nuevas adquisiciones, Dashi debió creer conveniente contener a este inquieto vecino y el 1142 envió un ejército a Jorasmia que saqueó el territorio y obligó a Atsiz a reconocerse vasallo suyo y a pagar un tributo anual.

El Imperio kara-kitai fue creado en un tiempo récord por su fundador, el príncipe kitan exiliado Dashi, y se extendía por la mayor parte de la actual Asia Central.

Cuando Dashi murió en 1143, su nuevo Imperio se extendía por Mawarannar, Fergana, Semiryechye, la cuenca del Tarim y la cordillera de Tianshan, o, expresado en términos modernos, la mayor parte de Xinjiang, Kirguizistán, Uzbekistán, Tayikistán y el sur de Kazajistán; y podía rivalizar en poder con el Imperio yurchen o con la China de los Song. El nuevo estado es conocido como Xi Liao, Liao Occidental, en las fuentes chinas, pero nosotros utilizaremos la denominación de las fuentes islámicas, el Imperio de los kara-kitai, o lo que es lo mismo, de los «kitan negros». Pese a que las posibilidades de volver a China y restaurar el Imperio kitan eran cada vez más remotas, Dashi había protagonizado una epopeya impresionante. Al refugiarse en la estepa en el 1124 nadie hubiera apostado por sus posibilidades de futuro, pero el kitan había conseguido forjar de la nada un poderoso Imperio en un par de décadas. El Imperio kara-kitai destacó por mantener a las antiguas élites locales en sus puestos de poder y, en la práctica, estuvo dividido en dos zonas: de un lado, el centro del Imperio, controlado directamente por los kara-kitai y los reinos vasallos de los uigures de Gaochang, karajánidas orientales y occidentales; y de otro, Jorasmia, gobernada por sus propias dinastías, las cuales aceptaban representantes del gurjan y le pagaban tributo.

LA LEYENDA DEL PRESTE JUAN

Durante la primera mitad del siglo XII se extendieron por Europa rumores que hablaban de la existencia de un poderoso monarca cristiano, el Preste Juan, situado en la retaguardia del islam. Se le situaba en la India, que para los europeos del momento era una denominación geográfica bastante imprecisa, pero todos los rumores coincidían en que se disponía a ayudar a los cristianos europeos en su lucha contra el islam. Aunque es imposible trazar el origen del mito, el primer hecho histórico con el que se puede relacionar es la batalla entre el sultán Sanjar y Dashi, en el 1141. Un eco distorsionado de esta derrota del monarca musulmán más poderoso del momento a manos de un enemigo budista habría llegado a los territorios cruzados de Tierra Santa. Durante las décadas siguientes otras noticias, como la existencia de un poderoso gobernante cristiano en la estepa, Togril-Ong jan, que era cristiano nestoriano, continuarían alimentando el mito. En 1221 los ejércitos cristianos que participaban en la quinta cruzada en Egipto recibieron la noticia de que un cierto rey David, que inmediatamente fue identificado como el hijo o el nieto del Preste Juan, había conquistado Persia y se dirigía a Palestina para unirse al combate contra los musulmanes. Persia estaba siendo arrebatada a los musulmanes, en efecto, pero por un monarca llamado Temujin y no David. En pocos años los europeos salieron de su error con respecto a los mongoles, pero la leyenda del Preste Juan sobrevivió, de una manera u otra, hasta bien entrado el siglo XVII.

Relatar en detalle la historia del Imperio kara-kitai durante el resto del siglo XII excede los objetivos de la presente obra. Baste con decir que el nuevo Imperio se consolidó y que se fue implicando cada vez más en la enmarañada política de la zona participando en las luchas entre sus vasallos jorasmios y la dinastía islámica de los Gúridas, procedentes del actual Afganistán, por el control del Jorasán. El último gurjan kara-kitai fue Zhilagu, nieto de Dashi, que ascendió al trono en el 1178. Su largo reinado contempló la erosión del poder real tanto frente a su propia administración, muchos de cuyos corruptos funcionarios explotaron a los contribuyentes en su beneficio, como ante nuevas amenazas exteriores, una de ellas la de los cada vez más independientes sahs de Jorasmia. En 1200, Mohamed II ascendió al trono de Jorasmia y reanudó la guerra contra los Gúridas. Tras seis años de guerra y gracias en parte al apoyo que le proporcionó Zhilagu, el nuevo sah de Jorasmia derrotó a los Gúridas destruyendo su reino. De esta manera pudo apoderarse no solo del Jorasán, sino también de buena parte del actual Afganistán. Este éxito le colocó en una situación incómoda ya que por una parte era el príncipe musulmán más poderoso de la zona, pero por la otra se reconocía vasallo de un soberano pagano, el gurjan Zhilagu que, como la mayoría de los kitan, era budista. En 1207 se precipitaron los acontecimientos cuando se produjo un levantamiento en Bujara contra los Burhan, el linaje karajánida que gobernaba la ciudad. En un primer momento, estos pidieron ayuda a su señor el gurjan Zhilagu para recuperar el control de la ciudad pero, tras obtener solo buenas palabras y ningún apoyo material, recurrieron a Mohamed II. Este entró en Mawarannar a la cabeza de sus tropas y restituyó a los Barhun en Bujara, pero no se detuvo allí, sino que avanzó hasta Samarcanda donde dejó a uno de sus comandantes como representante. Su intromisión en un territorio vasallo de los kara-kitai significaba la guerra y fue inmediatamente contestada por un ejército enviado por el gurjan.

LA CONQUISTA DEL IMPERIO KARA-KITAI

Mientras esto sucedía, el Imperio kara-kitai iba a sufrir las consecuencias indirectas de la unificación de la estepa por Gengis Kan. Como vimos en el capítulo cuarto, el gobernante de los naiman, Tayang jan, fue derrotado y muerto en 1204. Su hijo Guchulug escapó con vida y se refugió con su tío a orillas del río Irtysh, pero este también fue atacado por los mongoles en 1208. Guchulug se vio forzado nuevamente a huir y, tras vagar por la cuenca del Tarim a finales de ese mismo año, pidió asilo al gurjan de los kara-kitai. Este tomó la decisión, que posteriormente le resultaría fatal, de acogerlo y Guchulug consiguió ganarse su confianza hasta tal punto que Zhilagu lo casó con una de sus propias hijas. Tras percatarse de la precaria situación del anciano gurjan, el exiliado le pidió si podía reunir a todos los naiman que habían huido de los mongoles, a lo que Zhilagu incautamente accedió. Con el respaldo de estos nuevos seguidores y de varios jefes del ejército kara-kitai, que probablemente preferían un comandante más joven y enérgico para hacer frente a los múltiples peligros que acosaban al Imperio, Guchulug conspiró para derrocar a Zhilagu. No está clara la naturaleza exacta de la relación entre el exiliado príncipe naiman y el sah de Jorasmia Mohamed II, pero parece que pactaron atacar conjuntamente al gurjan kara-kitai. En 1210 Guchulug se apoderó del tesoro imperial y avanzó con su ejército contra las tropas fieles a Zhilagu, mientras Mohamed II atacaba nuevamente Samarcanda. En Mawarannar el ejército jorasmio se enfrentó a los kara-kitai en una batalla que terminó en tablas, pero tras la cual los kitan debieron retirarse precipitadamente. Por su parte, Guchulug atacó al gurjan en las cercanías de la ciudad de Balasagun, pero fue derrotado y obligado a huir hacia el norte. El deterioro de la situación del Imperio se hizo patente cuando los habitantes musulmanes de Bala sagun se negaron a abrir las puertas de su ciudad a Zhilagu tras la batalla, en la creencia de que Mohamed II los rescataría en breve. Pero la ayuda jorasmia nunca llegó y el indignado gurjan ordenó a sus tropas asaltar la ciudad y masacrar a sus habitantes. Por su parte, el sah de Jorasmia aprovechó que los kara-kitai estaban ocupados con la sublevación de Guchulug para apoderarse de la mayor parte de Mawarannar. En el otoño de 1211 la situación dio un vuelco dramático cuando Guchulug tendió una emboscada a Zhilagu y lo capturó.

Decidido a usurpar el trono, se apoderó de los títulos de Zhilagu, casó a su hijo con una princesa imperial y adoptó las ropas y costumbres de los kitan, convirtiéndose también al budismo. Precisamente su política religiosa acabaría por granjearle la hostilidad de la mayoría de sus súbditos. De manera sorprendente, Guchulug optó por una agresiva política contra la religión musulmana, profesada por la mayoría de la población, en virtud de la cual prohibió las manifestaciones públicas de su culto e incluso recurrió a conversiones forzadas al budismo y al cristianismo. Rompía así con la tradición de tolerancia que habían mantenido los gobernantes kara-kitai hacia sus súbditos musulmanes durante casi un siglo. Pero la religión no fue el único elemento que alienó a la población. En el Imperio kara-kitai, como en otros muchos estados, convivían en delicado equilibrio una mayoritaria población sedentaria con una minoría de pastores nómadas. Como hemos visto varias veces, las necesidades de la agricultura y del nomadismo pastoral son muy diferentes y armonizarlas dentro de un mismo estado requería de un complicado encaje de bolillos. Los gurjan Liao, con el bagaje que les proporcionaba la administración dual del Imperio kitan, habían estado capacitados para mantener este delicado balance. Guchulug por su parte, al ser un nómada puro sin contacto previo con la civilización urbana, no solo no fue capaz de continuar regulando el sistema, sino que fue él mismo quien lo destruyó priorizando las necesidades de los nómadas a costa de los sedentarios, ganándose así la hostilidad de buena parte de la población.

El truncado minarete de una mezquita del siglo XI es el resto más visible, en la actualidad, de Balasagun. La ciudad fue la capital del janato karajánida oriental y, tras su conquista por Dashi, la urbe más importante del Imperio kara-kitai. Fue atacada en 1210 por el gurjan Zhilagu.

La usurpación de Guchulug no pasó desapercibida en la corte mongola. Pese a la pérdida de Mawarannar, ocupado por Mohamed II, y del reino uigur de Gaochang, que había entrado en la órbita de poder mongol en 1209, el Imperio kara-kitai aún era lo bastante fuerte como para representar una amenaza para los mongoles. Pero el peligro más grave era potencial, ya que un estado cuya frontera norte limitaba con el territorio de los recientemente sometidos naiman y gobernado por un príncipe del antiguo clan real naiman hubiera podido fomentar fácilmente una rebelión en la estepa. Y ese era un peligro que Gengis Kan no estaba dispuesto a correr. Cuando Guchulug se hizo con el poder, los mongoles acababan de comenzar sus ataques contra el Imperio yurchen, así que no pudieron ocuparse inmediatamente de esta nueva amenaza, pero en 1218 Gengis Kan se sintió lo bastante fuerte como para enviar un ejército para acabar con su antiguo rival. Mandado por el general Jebe y con la ayuda de contingentes auxiliares de uigures y karluk, cuyo jan había jurado fidelidad a Gengis Kan ocho años antes, el contingente mongol invadió el Imperio de Guchulug desde el norte. Como de costumbre, el conquistador mongol tenía un profundo conocimiento de la situación de su objetivo y confiaba en poder aprovechar el profundo malestar de los habitantes del Imperio. Para ello había dado órdenes estrictas de que no se produjeran saqueos ni ninguna violencia contra la población civil. Jebe derrotó a un ejército de treinta mil kara-kitai en las cercanías de Balasagun y, en ese momento, se hizo patente la fragilidad de la posición de Guchulug. Varias urbes abrieron sus puertas a los mongoles y Guchulug, asustado, huyó hacia el sur, a la ciudad de Kashgar. Hasta allí lo persiguió Jebe, quien difundió una proclama de Gengis Kan en la que se afirmaba que cada hombre era libre de escoger su religión, lo que aumentó el número de partidarios de los mongoles. La conquista del Imperio kara-kitai supuso un inusual contrapunto a la manera habitual de guerrear de los mongoles. En vez de la sucesión de destrucciones y pillaje que habían caracterizado los ataques a Xi Xia y al Imperio yurchen, los mongoles se comportaron con una contención remarcable. Las escenas de matanzas de civiles y de ciudades arrasadas fueron sustituidas por otras de multitudes que aclamaban a los mongoles como libertadores. Quizás lo más sorprendente de todo es la disciplina de unas tropas acostumbradas a tener un «cheque en blanco» a la hora de comportarse, pero que cumplieron las nuevas órdenes a rajatabla. Finalmente, un cada vez más desesperado Guchulug huyó al Badajsan, en el curso superior del Amu Darya, donde fue capturado y ejecutado por Jebe. Moría de esta manera el último adversario nómada de Gengis Kan, y el Imperio de este entraba en contacto con un nuevo vecino, el poderoso estado del sah de Jorasmia.

EL IMPERIO JORASMIO

La dinastía de sah de Jorasmia había prosperado enormemente desde mediados del siglo XII. Pese a alternar su sumisión entre los selyúcidas y los kara-kitai y a su condición de vasallos, consiguieron acrecentar sus posesiones más allá de su provincia originaria de Jorasmia. Este proceso se aceleró durante el reinado de Mohamed II y, para entonces, su estado se había convertido en un poderoso Imperio que comprendía la provincia original de Jorasmia centrada en el delta del Amu Darya, y territorios que abarcaban todo el actual Irán, Turkmenistán, Uzbekistán y parte de Kazajistán, Afganistán, Tayikistán y Kirguizistán.

El Imperio era un heterogéneo conglomerado de territorios, varios de ellos incorporados hacía pocos años, y aunque en apariencia poderoso, estaba minado por un sinfín de disensiones internas. La población originaria, aplastada por los impuestos, se sentía separada de las clases dirigentes de origen nómada y estas a su vez estaban divididas entre sí, ya que Mohamed II se había ganado la hostilidad de buena parte de la aristocracia con una política centralizadora destinada a reforzar su poder. En realidad, el sah no controlaba totalmente ni siquiera a su propia familia ya que su madre, Terken, ejercía una poderosa influencia en el Imperio. De origen qangli, una de las confederaciones tribales de los nómadas kipchak, esta mujer gobernaba la provincia de Jorasmia de manera cuasiindependiente y la fidelidad de los contingentes de guerreros qangli, que constituían una gran parte de las tropas de Mohamed II, le confería un gran poder.

Anverso y reverso de una moneda de bronce jorasmia acuñada en el reinado de Mohamed II (1200-1220). Durante esos años Jorasmia se liberó de su vasallaje al Imperio kara-kitai y se convirtió en el estado más poderoso de Asia Central. Tras las apariencias de grandeza se ocultaban numerosas debilidades internas que dificultaron enormemente la creación de una defensa eficaz contra el ataque mongol.

LA GUERRA

El primer contacto directo entre Mohamed II y Gengis Kan se produjo a finales de 1215 o principios de 1216, cuando el primero envió una caravana comercial a Zhongdu. El conquistador mongol estaba deseoso de mantener relaciones amistosas con su poderoso vecino, de modo que en la primavera de 1218 respondió con una caravana compuesta por unos cuatrocientos cincuenta comerciantes y quinientos camellos, que además llevaban lujosos presentes para el sah de Jorasmia. Cuando esta llegó a la ciudad fronteriza de Otrar, el gobernador de la urbe, Inal jan, mandó ejecutar a los comerciantes acusándolos de ser espías y confiscó todos sus bienes. Aunque no sabemos si esta orden partió de Mohamed II, algunas fuentes acusan a Inal jan de actuar movido por la codicia. En cualquier caso, la recogida de información sobre enemigos o rivales potenciales a través de comerciantes era una práctica habitual de los mongoles. Todos los integrantes de la caravana eran comerciantes musulmanes pero, al estar bajo la protección de Gengis Kan, este no podía obviar el incidente. Fuese como fuese, el conquistador mongol no debía desear un enfrentamiento, al menos a corto plazo, con Mohamed II, ya que se limitó a exigir la entrega de Inal jan para poder castigarlo. El sah de Jorasmia no solo rechazó la petición, sino que cometió el error de asesinar a los enviados mongoles. El asesinato de un embajador ha sido una provocación diplomática en cualquier época, pero para los mongoles, que trataban con gran respeto a los emisarios extranjeros, era un insulto intolerable. Sin más opciones y pese a tener un frente abierto contra los yurchen en el norte de China, Gengis Kan se preparó para atacar al Imperio jorasmio.

Pasó el verano de 1219 concentrando sus tropas a orillas del río Irtysh y, a principios de otoño, Gengis Kan se puso en marcha, y atravesó la estepa del actual Kazajistán a la cabeza de un ejército sobre cuyo tamaño no nos informan las fuentes, pero que los historiadores modernos cifran entre noventa mil y ciento cincuenta mil hombres. Mientras, Mohamed II había hecho sus propios preparativos. Reunido en consejo de guerra con sus principales comandantes y su hijo Jalal al-Din, discutió la estrategia más acertada. Se propusieron diferentes estrategias para hacer frente al inminente ataque mongol. La primera, enfrentarse a los mongoles en la misma frontera para aprovechar que estarían cansados tras el viaje, opción preferida por el combativo Jalal al-Din. La segunda, permitir a los mongoles adentrarse en Mawarannar y destruirlos en el interior de la provincia, aprovechando el mejor conocimiento del terreno. También se habló de abandonar todo Mawarannar y esperar a los mongoles en los pasos del río Amu Darya y, finalmente, la propuesta más pesimista de todas que consistía en retirarse a la remota Gazna situada al otro lado de la cordillera del Hindu Kush y que permitía una fácil huida a la India. A la hora de la verdad, Mohamed II decidió dejar varias guarniciones muy potentes en las ciudades de Mawarannar y retirarse a Balj, en el Jorasán, para reclutar más tropas. Probablemente el miedo a que el general que pudiera derrotar a los mongoles utilizara a continuación las tropas y el prestigio obtenido para derrocarle influyó en la decisión del sah de Jorasmia. Es posible que creyera que las ciudades amuralladas del Mawarannar frenarían y desgastarían a los invasores, creando la oportunidad para que fuesen destruidos en un contraataque, pero el curso de los acontecimientos le demostrarían cuán equivocado estaba. Gengis Kan se presentó ante las murallas de Otrar, a orillas del Syr Darya, en el otoño de 1219, e inmediatamente comenzó las operaciones de asedio ya que, gracias a la presencia de un buen número de ingenieros chinos, su ejército estaba perfectamente capacitado para tomar fortalezas. Tras esperar varias semanas y comprender que Mohamed no tenía ninguna intención de defender la frontera oriental de su Imperio, el conquistador mongol dividió sus tropas en cuatro contingentes. El primero, comandado por sus hijos Chagadai y Ogodei, continuó el asedio de Otrar. El segundo, dirigido por su primogénito Jochi, marchó al norte con la misión de tomar las ciudades del curso inferior del Syr Darya. Un pequeño destacamento de cinco mil guerreros marchó río arriba y, finalmente, el contingente principal, mandado por él mismo acompañado de su otro hijo Tolui, se adentró en Mawarannar. Su primer objetivo fue la pequeña ciudad de Zarnuq, que se rindió sin luchar y no fue destruida. En sus cercanías se le unieron un grupo de nómadas de la zona, turcomanos, que se ofrecieron a servirle como guías. Gracias a ellos, en vez de verse obligado a seguir directamente hacia Samarcanda, la capital de Mohamed II donde este había reunido un importante ejército bajo su mando, sorprendió a su enemigo con un movimiento totalmente inesperado. El mongol dirigió a su ejército en un amplio arco hacia el oeste y, tras atravesar el desierto del Kizil Kum, se presentó por sorpresa ante los muros de la ciudad de Nur. Sus habitantes, que creían estar a salvo tras el desierto, se rindieron y también fueron respetados. Desde allí Gengis Kan continuó hasta la ciudad de Bujara, a la cual llegó en febrero de 1220. Esta maniobra fue la más brillante de toda la guerra y con ella consiguió aislar Samarcanda de las provincias del Jorasán y Jorasmia. Bujara contaba con una guarnición de más de treinta mil hombres, que al tercer día de asedio se abalanzó contra los mongoles. No queda claro si su intención era realizar una salida para dañar al ejército sitiador o si simplemente querían romper el cerco y huir. Fuese cual fuese su objetivo, fueron derrotados y solo un puñado consiguió escapar. Al día siguiente, una representación de los imanes de la ciudad, que había sido abandonada por su guarnición, ofreció la rendición, con la excepción de la ciudadela donde cuatrocientos irreductibles se hicieron fuertes. Los mongoles obligaron a los habitantes de Bujara a abandonar la ciudad que saquearon a conciencia. Su población fue dividida. Los artesanos fueron enviados a Mongolia y los hombres jóvenes capturados para trabajar en los asedios. Su primera tarea fue rellenar el foso que defendía la ciudadela, lo que permitió a los mongoles asaltarla.

Mapa del Imperio jorasmio en vísperas del ataque mongol de 1219. Los territorios marcados como Imperio mongol corresponden a la frontera oriental del antiguo Imperio kara-kitai, recién absorbido por los mongoles.

Las dunas de arena del desierto del Kizil Kum, en el actual Uzbekistán. Gengis Kan pudo atravesarlas gracias a la colaboración de nómadas turkmenos que le sirvieron como guías y aparecer con su ejército en la retaguardia de Mohamed II, donde nadie lo esperaba.

Lienzo de muralla de la ciudadela de Bujara. Aunque posterior a la conquista mongola, proporciona una buena idea de las fortificaciones de ladrillo a las que tuvieron que hacer frente los mongoles. Gracias a los conocimientos y a los ingenieros adquiridos en China, las tropas de Gengis Kan conquistaron una tras otra las fortificaciones jorasmias.

Con Bujara anulada, Gengis Kan se dirigió por fin a Samarcanda, donde llegó en marzo. La capital del Imperio jorasmio tenía una numerosa guarnición compuesta por cincuenta mil hombres de la milicia local, reforzados por treinta mil guerreros qangli. Mohamed II había abandonado la ciudad al conocer la caída de Bujara, pero había reforzado sus fortificaciones con anterioridad. Los mongoles desplegaron sus tropas ante la ciudad y, para que parecieran más numerosas, formaron a los prisioneros capturados en Bujara en grupos y les obligaron a enarbolar estandartes y banderas. Al tercer día de asedio, la milicia de la ciudad realizó una salida en masa, pero sus hombres fueron atraídos a una trampa y en su mayoría perecieron. Dos días más tarde, las autoridades religiosas de la ciudad ofrecieron su rendición a Gengis Kan. Sus habitantes fueron conducidos al exterior para que los mongoles pudieran saquear la ciudad con más comodidad. Cincuenta mil personas que estaban bajo la protección de los imanes pudieron quedarse pero el resto fue expulsado. Como en Bujara, los artesanos fueron enviados a Mongolia, para fabricar las manufacturas sedentarias a las que tanto se estaban aficionando sus conquistadores, y los hombres jóvenes capturados como mano de obra. Los treinta mil guerreros qangli ofrecieron sus servicios a Gengis Kan, que fingió aceptarlos, solo para conducirlos fuera de la ciudad y ejecutarlos. El comportamiento de Gengis Kan en estas urbes marcó el tono del tratamiento a las ciudades durante el resto de campaña. Si una urbe se rendía, era saqueada, pero se respetaba la vida de sus habitantes. Por otra parte, cuanto más se resistiese una ciudad, más cruel era la represalia de los mongoles. Las tropas de Gengis Kan tuvieron un comportamiento aún más feroz que en China y puede hablarse de la utilización a gran escala de una estrategia de terror, que implicaba asesinatos masivos, escudos humanos y destrucciones generalizadas, con el objetivo de reducir la resistencia del enemigo.

Mientras el ejército principal penetraba profundamente en Mawarannar, los otros destacamentos también habían tenido éxito. Jochi había descendido por el Syr Darya hacia la ciudad de Signak. Ofreció la rendición a sus habitantes, pero estos cometieron el error de asesinar a su emisario, un comerciante musulmán, por lo que asaltó la población y, según las fuentes, masacró a todos sus habitantes. Continuó río abajo precedido por las noticias sobre la carnicería de Signak, y ocupó una tras otra las ciudades de Uzgand, Barjalikand y Ashand. Llegó a Jand a mediados de abril solo para descubrir que la guarnición había huido y que los habitantes le abrían las puertas. Jochi les ordenó que abandonaran la ciudad y esta fue saqueada durante nueve días, pero perdonó sus vidas. Tras enviar un destacamento para ocupar la ciudad de Janikant, que no opuso resistencia, Jochi permaneció a la defensiva en el curso inferior del Syr Darya todo lo que quedaba del año.

Por su parte, Chagadai y Ogodei habían continuado con el asedio a Otrar. Defendida por el mismo Inal jan que había iniciado la guerra matando a los mercaderes, la ciudad se defendió a ultranza, pero tras cinco largos meses cayó en manos de los mongoles. Sus habitantes fueron asesinados y la ciudad saqueada. No obstante, el asedio continuó durante un mes más, ya que parte de la guarnición se había refugiado en la ciudadela. Finalmente Inal jan fue capturado y ajusticiado, según una versión vertiendo plata líquida en sus ojos y oídos como castigo a su codicia. A continuación Chagadai y Ogodei se reunieron con su padre en Samarcanda.

En la primavera de 1220 y tras medio año de guerra el panorama no podía ser más brillante para los mongoles. Habían conquistado la totalidad de Mawarannar, Mohamed II había huido, no parecía haber ningún tipo de resistencia organizada a la invasión y el Imperio jorasmio comenzaba a mostrar síntomas de descomposición. Aunque no se sabe con seguridad cuál era el objetivo inicial de Gengis Kan, ¿quizás se hubiera dado por satisfecho conquistando Mawarannar de haber encontrado una resistencia más firme?, es evidente que la situación del estado de Mohamed II, que había pasado de parecer un poderoso imperio a un decorado de cartón piedra en unos pocos meses, debió incitar al mongol a continuar con la conquista. En cualquier caso, a partir de ese momento el conquistador mongol adoptó un rol secundario en la guerra, y encargó a sus hijos continuar la conquista. Desde Samarcanda envió un contingente a tomar Joyend, única ciudad de importancia que permanecía sin ocupar a su retaguardia, mientras que Arslan, el jan de los karluk, condujo un destacamento contra la ciudad de Balj, en el actual Afganistán, que se le resistiría durante ocho meses. Pero nada más llegar a Samarcanda ya había puesto en marcha dos operaciones. En la primera encargó a su general Tokuchar entrar en la provincia persa del Jorasán y crear una pantalla de patrullas para evitar la posible huida de fugitivos procedentes de Mawarannar o de la provincia de Jorasmia.

ALA CAZA DE MOHAMED II

La segunda operación consistía, ni más ni menos, que en perseguir al fugitivo Mohamed II allá donde fuese y capturarlo. Los encargados de cumplir esta misión, tan importante como arriesgada, fueron los generales Jebe y Subetei, que dispusieron de un destacamento de unos veinte mil guerreros. Tras huir de Samarcanda, Mohamed II se dirigió a Nishapur, en el Jorasán, pasando por la ciudad de Balj. Allí se enteró de que un ejército mongol le perseguía y partió hacia la ciudad de Ravy, en la región de Mazandaran, situada en el norte del actual Irán, haciendo escala en Is farayin. Al poco de escapar Mohamed II, Jebe y Subetei se presentaron ante Nishapur, que se rindió sin luchar, pero aquí perdieron el rastro del sah y se dividieron para cubrir más terreno. Mohamed II por su parte abandonó Ravy al poco tiempo para dirigirse a Qazdun, donde se reunió con su hijo Ruk al-Din, que disponía de un ejército de treinta mil hombres. Perseguido de cerca por los mongoles que habían encontrado su rastro en Ravy, el sah de Jorasmia se enfrentó con las tropas de Jebe en las cercanías de Hamadan. Pese a la gran ventaja numérica de su ejército, Mohamed II huyó de la batalla al poco de comenzar lo que causó la derrota de sus tropas. Acompañado de sus hijos y un puñado de seguidores cruzó los montes Elburz, donde los mongoles volvieron a perderle el rastro y, al llegar al mar Caspio, se escondió en una de las islas cercanas a la costa. Allí, enfermo y agotado tras meses de persecución, murió Mohamed II, sah de Jorasmia, en diciembre de 1220 o enero de 1221.

LA EXPEDICIÓN DE JEBE Y SUBETEI

Tras conocer la muerte de Mohamed II, sus perseguidores obtuvieron permiso de Gengis Kan para realizar una expedición de exploración de los territorios situados al norte del Imperio jorasmio. En marzo de 1221 penetraron en el reino cristiano de Georgia y saquearon parte del sur del país. A continuación atravesaron la cadena montañosa del Cáucaso, pasada la cual les esperaba un ejército formado por montañeses alanos y cherkes y nómadas kipchak. Tras derrotarlos penetraron en las estepas del sur de las actuales Rusia y Ucrania, empujando ante sí a más grupos de kipchak. Estos se retiraron en dirección a las tierras de sus aliados del Rus de Kiev y, tras pedirles ayuda en la primavera de 1222, formaron un gran ejército conjunto. Jebe y Subetei, uno de cuyos destacamentos se había desviado a la península de Crimea para saquear los enclaves comerciales genoveses y venecianos, utilizaron la táctica de la retirada estratégica e infligieron una estrepitosa derrota a sus perseguidores en la batalla del río Kalka. Los mongoles continuaron su expedición y a finales de 1222 atacaron el reino de los búlgaros del Volga, donde fueron rechazados, tras lo cual, en algún momento de la primera mitad de 1223, se reunieron con Gengis Kan en la estepa kazaja. Su incursión durante dos años, atravesando más de 6500 km de territorio hostil, derrotando a varios enemigos y regresando cargados de botín, es una de las mayores gestas de la historia militar.

Esta miniatura persa, procedente de un manuscrito de Rashid al-Din y datado en el siglo XIV, muestra a Gengis Kan persiguiendo a sus enemigos. La persecución de Mohamed II por parte de Jebe y Subetei, que acosaron a su presa durante meses a través de territorio enemigo, fue una gran hazaña militar, empequeñecida inmediatamente por su posterior incursión en el Cáucaso y las estepas occidentales.

LA CONQUISTA DE JORASMIA Y EL JORASÁN

Gengis Kan permaneció el verano de 1220 en el oasis de Najshab para dar descanso a sus monturas. A comienzos del otoño cruzó el Amu Darya y se dirigió a la ciudad de Tirmid, en la actual frontera entre Uzbekistán y Afganistán. Ofreció a sus habitantes la posibilidad de rendirse y, ante su rechazo, los mongoles comenzaron las operaciones de asedio. En tan solo once días consiguieron entrar en la ciudad y ordenaron a la población que abandonara sus casas. Los mongoles decidieron masacrar a los habitantes, para lo cual los dividieron en grupos, siendo entregado cada grupo a un guerrero mongol encargado de matar a todos sus miembros. Tras concluir la siniestra venganza, sus tropas saquearon y destruyeron la ciudad. A continuación, Gengis Kan dividió una vez más su ejército. Chagadai y Ogodei fueron enviados a atacar el corazón del Imperio de Mohamed II, la provincia de Jorasmia. Mientras que Tolui se dirigió al Jorasán para reforzar a las tropas mongolas que actuaban en la región desde hacía medio año. El propio conquistador mongol condujo a las tropas restantes a la cuenca del río Vajsh, donde pasó el invierno de 1220 a 1221 ocupado en reducir varios castillos de montaña.

El principal objetivo de los mongoles en la provincia de Jorasmia era su capital, Gurganj. Al poco de comenzar el asedio, las tropas de Chagadai y Ogodei debieron hacer frente a una salida de los sitiados pero, mediante una huida fingida, los condujeron a una emboscada donde mataron a más de un millar. La llegada de Jochi, que se había trasladado desde el bajo Syr Darya cruzando el desierto de Kizil Kum, permitió a los mongoles cercar completamente la ciudad. En diez días los prisioneros traídos de otras ciudades consiguieron llenar el foso, lo que permitió a los mongoles asaltar un lienzo de la muralla. El haber obtenido un acceso a la ciudad debería haber provocado la rendición de los defensores, pero estos se negaron a abandonar la lucha y los sorprendidos mongoles se vieron obligados a luchar barrio por barrio y calle por calle. Finalmente recurrieron a incendiar la ciudad, pero ni aún así se rindieron sus defensores. Además, el largo asedio provocó una disputa entre Jochi y su hermano Chagadai, cuando el segundo acusó al primero de no emplearse a fondo para tomar la ciudad, con la intención de limitar las destrucciones, ya que esa zona pasaría a ser suya tras la guerra. Enterado de la pelea, Gengis Kan ordenó que el mando del asedio recayese en Ogodei, que no había participado en la riña. Finalmente, en abril de 1221 los supervivientes se rindieron e imploraron piedad en vano. Los niños y las mujeres fueron esclavizados mientras que, según Rashid al-Din, los demás habitantes fueron divididos en grupos de veinticuatro y ejecutados.

Hoy en día, el Gran Kyz Kala es la edificación mejor conservada de la antigua Merv. Se trata de una residencia fortificada construida en el siglo VII d. C., aunque llevaba abandonada cien años cuando Tolui destruyó la ciudad.

Tolui, por su parte, dedicó tres meses a arrasar el Jorasán y conquistó sus ciudades más importantes. Tras tomar Maruchak y Sarajs, se dirigió a la antigua capital selyúcida de Merv, donde llegó a finales de febrero de 1221. Tras rechazar los mongoles dos salidas de la guarnición, la ciudad se rindió a cambio de que se respetara la vida de sus habitantes. Pero Tolui no cumplió su promesa y, menos cuatrocientos artesanos enviados a Mongolia, el resto de la población resultó asesinada. La siguiente ciudad en ser atacada fue Nishapur. Esta se había rendido en el verano de 1220 a Jebe y Subetei, pero en noviembre sus habitantes se negaron a abrir sus puertas a Tokuchar. En el consiguiente asedio el general mongol, casado con una hija de Gengis Kan, murió. Así que el ataque de Tolui representaba más una venganza familiar que un acto de conquista. La ciudad fue asaltada en solo tres días y los mongoles no se contentaron con masacrar a toda la población, ante la mirada de la viuda de Tokuchar, sino que mataron incluso a gatos y perros. Nishapur fue arrasada de manera tan concienzuda que en su momento se dijo que se podía arar sin problemas en su antiguo emplazamiento. Tras conquistar Herat, aunque esta vez no hubo matanza a gran escala, Tolui se reunió con su padre. En unos pocos meses había causado un enorme nivel de destrucción a una de las regiones más prósperas del islam.

LA LUCHA CONTRA JALAL AL- DIN

Tras la muerte de su padre, los hijos de Mohamed II se trasladaron a Gurganj pero, después de una disputa con sus hermanos, Jalal al-Din se dirigió al otro extremo del Imperio. Tras pasar por Nishapur y Herat llegó a la ciudad de Gazna, en el actual Afganistán. Allí dispuso de unos meses de tranquilidad mientras Gengis Kan asediaba la ciudad de Talaqan, en el Jorasán, y sus hijos conquistaban las provincias de Jorasmia y el Jorasán. Jalal, convertido en el nuevo gobernante de Jorasmia, aunque no quiso adoptar el título persa de sah sino el islámico de sultán, reclutó un importante pero heterogéneo ejército de sesenta mil hombres formado por levas locales y nómadas qangli y turkmenos. A comienzos de la primavera de 1221 avanzó con su ejército hacia el norte y aniquiló un pequeño destacamento mongol que asediaba un castillo en las cercanías de la actual Kandahar. Inmediatamente, Gengis Kan envió un ejército de unos cuarenta mil guerreros dirigido por el general Shigi-qutuqu, el posible autor de la Historia secreta de los mongoles de los mongoles, para interceptarlo. Los dos adversarios se enfrentaron en las cercanías de la ciudad de Parwan y, tras una encarnizada batalla que duró dos días, los mongoles fueron derrotados.

Al tener noticia de este revés, la derrota más grave que sufrieron sus tropas en toda la guerra, Gengis Kan marchó en dirección a Parwan. Por el camino su nieto preferido Moctuken, hijo de Chagadai, murió en el ataque a la ciudad de Bamiyan y, como represalia, tras conquistarla los mongoles mataron a todos los seres vivos, incluidos de nuevo gatos y perros, que la habitaban. Cuando llegó finalmente a Parwan se encontró con que Jalal al-Din ya no estaba allí, debido a que su victorioso ejército se había desintegrado a raíz de las disputas sobre cómo repartir el botín capturado en la reciente victoria. Gengis Kan le persiguió atravesando el Hindu Kush y lo alcanzó a orillas del río Indo, en el norte del actual Pakistán. Forzado a presentar batalla, el ejército jorasmio fue derrotado, aunque Jalal al-Din consiguió escapar a uña de caballo a la India. Tras esta batalla finalizaron las acciones militares a gran escala. Las regiones occidentales no habían sido conquistadas y en otras la presencia militar mongola era escasa, pero Jorasmia había dejado de existir como Imperio y ya no representaba una amenaza. La huida de Jalal al-Din, potencialmente peligrosa, no tuvo consecuencias. Este era un gran guerrero pero un mal político, en cierta manera nos recuerda a Jamuka, y no fue capaz de crear la base de poder necesaria para intentar recuperar sus territorios perdidos. Convertido en un aventurero luchó durante varios años contra mongoles, selyúcidas y georgianos hasta morir a manos de un asesino kurdo en 1231. Gengis Kan, por su parte, pasó el invierno al sur del Hindu Kush y, en febrero de 1222, comenzó un largo viaje de regreso a Mongolia. Parece ser que barajó la posibilidad de atravesar la India y el Tíbet para llegar a China y caer sobre la retaguardia de los yurchen, pero finalmente las dificultades de semejante viaje y las noticias acerca de problemas con el reino vasallo de Xi Xia le convencieron de regresar, eso sí lentamente, por el mismo camino por el que había venido. No fue hasta enero de 1223 que volvió a cruzar el Syr Darya abandonando los antiguos territorios de Mohamed II. Una vez acabada la guerra, los mongoles abandonaron la mayoría de los territorios conquistados y se limitaron a anexionar a su territorio las provincias de Mawarannar y Jorasmia.

Actualmente es imposible calibrar el número de muertos provocados por la sangrienta conquista mongola del Imperio jorasmio, ya que las fuentes históricas exageran y la arqueología de la zona no está lo bastante desarrollada como para ofrecer una estimación propia, aunque no hay duda de que la destrucción fue muy grande. Protegidos por una vitrina, los cadáveres de estos dos adultos encontrados en Merv probablemente daten de la destrucción de la ciudad por las tropas de Tolui, en 1221, y nos recuerdan el alto precio humano del estilo mongol de hacer la guerra.

EL EMPERADOR Y EL MONJE

En el año 1219 Gengis Kan, que debía estar cerca de cumplir sesenta años, controlaba un inmenso Imperio que abarcaba el territorio comprendido entre Manchuria y el río Syr Darya, y los bosques subárticos y el río Amarillo. Su poder no tenía rival, gracias a los interminables botines había amasado una fabulosa fortuna, las hijas y viudas de numerosos reyes y emperadores le servían como esposas y concubinas, y numerosos gobernantes asiáticos se habían convertido en sus vasallos o le habían pedido protección. El conquistador mongol solo podía desear una cosa más, disfrutar de su éxito para siempre. Informado de la existencia de un monje taoísta chino, llamado Changchun, del cual se rumoreaba que conocía un medicamento que daba la inmortalidad, Gengis Kan ordenó que este se presentara ante él. Pese a que ya tenía setenta y un años, el monje no pudo negarse y en marzo de 1221 abandonó su monasterio en la actual provincia de Shan dong para reunirse con el conquistador mongol. No consiguió alcanzarlo hasta mayo de 1222 en su campamento al sur del Hindu Kush. Durante la entrevista que ambos mantuvieron, Changchun le confesó que, en contra de lo que le hubieran explicado, conocía remedios para proteger la vida pero no para burlar la muerte. Pese a la decepción, Gengis Kan trató al anciano monje con gran respeto mientras estuvo en su corte y cuando le dio permiso para regresar a China le concedió privilegios para los monjes taoístas.