Capítulo 12

JARED SE encontraba en el salón cuando Lisa regresó a casa. Estaba leyendo el periódico y notó Ja sorpresa de la mujer al verle a esa hora del día.

— ¡Jared! —exclamó—. Pensé que habías ido a Calgary. ¿No me dijiste eso anoche?

— ¿Te dije yo eso? —Jared dejó el periódico y se levantó—. Anoche dije muchas cosas, Lisa.

—Oh, entonces entendí mal. Iré arriba. .

—Espera un momento —Jared se interpuso entre ella y la escalera—. ¿Por qué no me habías dicho nada sobre Glyn?

— ¿Glyn? —Lisa suspiró—. No sé. .

— ¿Por qué no me informaste de que había recuperado la vista? El te pidió que lo hicieras.

—Oh, querido. . —Lisa movió la cabeza con impaciencia—. No quería que alentaras falsas esperanzas. Tú sabes cómo pueden ser estas cosas.

—No, no lo sé. Explícate. Me parece que has guardado el secreto con ánimo de fastidiarme.

—Oh, Jared. . —Lisa levantó una mano para acariciar el rostro pero él volvió la cabeza—. Jared, deja de mirarme como si me despreciaras, ya te he dicho, lo he hecho por tu bien.

— ¿Y no por lo que te dije sobre mis sentimientos hacia Rhia?

—No —Lisa apretó los labios.

— ¿No?

— ¿Por qué? ¡No recuerdo ni la mitad de lo que comentaste anoche!

—Pero sí recuerdas lo que dije acerca de Rhia. —Oh, Jared —Lisa agitó la cabeza de un lado a otro—. Creo que toda esta situación es absurda. Fue un error traer a la chica. .

—Pues desde el principio, Glyn sabía quién era ella.

—Así me lo explicó.

— ¿Has hablado con él?

—Sí, por la mañana —Jared hizo una pausa—. Como bien dices, pensaba ir a Calgary hoy, pero Horse se hizo daño en un hombro ayer y fui a verle antes de irme. Cuando regresé a casa, María me informó que tú y Rhia habíais salido juntas, así que fui a ver a Glyn para averiguar si él sabía adonde habíais ido.

—Ya comprendo.

—Por cierto, ¿dónde está Rhia?

—Supongo que anda por ahí —Lisa se encogió de hombros—-. ¿Por qué debería saberlo? No soy su niñera.

—Pero, ¿regresó contigo? —Jared apretó los labios.

—No —Lisa estaba molesta por la forma como Jared la miraba. — ¿Qué quieres decir con eso? —La cogió de los hombros—. ¿En dónde está?

—Ya te he dicho que no lo sé —se sobresaltó cuando los dedos de Jared apretaron sus hombros—. ¡Jared, me estás haciendo daño! ¡Déjame!

— ¿En dónde está Rhia? —Jared no le hizo caso—. Debes decírmelo, no te dejaré hasta que lo hagas.

—No lo sé —Rhia le miró con despecho—, Jared, lo ignoro, si lo supiera te lo diría.

— ¿En dónde está?—insistió—. ¿En dónde la dejaste? Salió contigo. ¿Por qué no la trajiste?

—Cariño —Lisa temblaba pero trataba de aparentar calma—, sé que fue perverso de mi parte, y con seguridad, te vas a enfadar pero aparqué el coche y acordamos vernos a cierta hora. Cuando regresé, Rhia no había llegado, así que volví sin ella.

— ¡La dejaste en Moose Bay! —con expresión de disgusto la dejó que se fuera—.

¡Eres despreciable! Debería darte una lección. —Querido —Lisa contuvo el aliento con pánico—. ¿Cómo puedes ser tan cruel después de lo que hemos sido el uno para el otro?

—No hemos sido nada, Lisa. . nada —contestó Jared tajante, pero ella le cogió del brazo.

—Eso no es cierto, Jared, me querías.

—Y pude haberte seducido también, si yo no le hubiera tenido respeto a mi hermano —le reiteró Jared—. Deja de engañarte, Lisa. ¡Tenía dieciocho años era un muchacho! Creo que me sentía halagado porque una mujer mayor me considerara atractivo.

—No demasiado mayor —declaró Lisa con resentimiento—. Tienes treinta y seis años, Jared. .

— ¡Y tú casi cuarenta, Lisa! —Jared no estaba de humor para ser cortés—. Ahora dime, ¿en dónde está Rhia?

—Ese es tu problema.

Lisa se volvió hacia la escalera en el momento que Ben entraba en la habitación.

— ¿Sabes que el coche tiene una rueda pinchada? —le preguntó y ella se vio obligada a responder.

—Sí, lo sé. Iré a buscar a algún hombre para que la arregle.

—Parece que vas a necesitar una nueva —opinó Ben mirando a Jared—. Está hecha pedazos y no me sorprende, con esa carretera de montaña.

— ¿Qué dices? —Jared se sorprendió aún más.

Ben observó el rostro enfurecido de su hijo durante varios segundos, después miró a Lisa, quien al sentir la fija mirada de Jared, quiso escapar hacia la escalera, mas él fue rápidamente y la alcanzó con facilidad.

— ¿Qué carretera utilizaste? —preguntó y Lisa hizo un gesto de temor.

—No sé de qué está hablando tu padre. Si de mí dependiera. . él estaría en un asilo.

No es digno de vivir con gente decente.

Lisa se calló cuando Jared le dio una bofetada. Él se volvió hacia su padre y sujetando a la mujer de un brazo le preguntó:

— ¿Qué es lo que sabes?

—Mira —Ben parecía incómodo—, una rueda es fácil de arreglar. Yo no tengo nada que ver.

—No, nada —señaló Lisa con frialdad y la mirada de Jared hizo que guardara silencio.

—Continúa —le pidió Jared a su padre—. ¿Qué fue lo que viste cuando regresaste del pueblo?

— ¿Del pueblo? —repitió Lisa frunciendo el ceño y Jared movió la cabeza.

— ¿No sabías que mi padre había ido al pueblo, o sí? Fue a ver al doctor Palmer.

Supongo que tú no le viste, si fuiste a. . ¡Oh, Dios mío! —palideció—. ¡Rhia! ¿Qué le has hecho? —zarandeó a Lisa con violencia.

— ¿Qué dices? —preguntó—. Yo no le hecho nada. Déjame Jared. ¡Me estás haciendo daño!

—Lo haré si es necesario. Se llevó a Rhia. . a Val con ella y no la trajo —le explicó con brevedad—. ¿En dónde viste la furgoneta? ¿De dónde venía? ¡Por Dios, si Rhia se halla en ese lugar, tenemos que encontrarla!

—Cálmate hijo —se hizo cargo de la situación y se volvió hacia Lisa que sollozaba—.

La vi en el camino de Grifter Pass —declaró inquieto—. Ella no me vio pues tenía problemas para controlar el vehículo debido a que tenía una rueda pinchada, y yo la seguí.

— ¿Me vas a decir dónde está Rhia o te debo obligar a que lo hagas?

—No te atreverías.

—No me fastidies más —Jared era inflexible—. ¡Estás desquiciada! Si le has hecho daño. .

—No he hecho nada. Sólo quería asustarla, eso fue todo. Pensaba regresar a por ella.

— ¿Estás segura? —Jared dudó—. Esperabas que yo estuviera fuera hoy, ¿lo recuerdas? Si no, hubiese estado aquí cuando regresaste, ¿quién hubiera sabido el paradero de Rhia?

—Tienes razón —intervino Ben—. Cielos, Jared.

— ¿Qué sucede? —todos se volvieron al oír a Glyn que bajaba por la escalera.

Estaba recién bañado, bien vestido y llevaba unas gafas de sol—. ¿Sabéis que vuestras voces se oyen en toda la casa? —Añadió de buen humor—. ¿Tenéis fiesta o junta familiar?

—Tu madre se llevó a tu chica a las montañas y la abandonó —le informó Ben antes de que alguien contestará.

—Mi chica, ¿quieres decir, Rhia?

Glyn se puso pálido.

— ¿Rhia? —Ben se mostró confundido, pero Jared no tenía tiempo para aclarar las cosas.

—Te lo explicaré después —le dijo empujando a Lisa hacia la puerta—. ¿Vienes?

Iré a decirle a Horse que nos acompañe, cuantas más personas la busquen, mejor.

—Iré yo también —se ofreció Glyn con ansiedad, pero Jared le detuvo.

—Glyn. .

—Lo sé, ¡no está interesada en mí! —exclamó—. No tienes que disimular. Ya no soy ciego. Supuse cómo estaban las cosas entre vosotros la noche que llegamos —Jared le observó queriendo decir algo para consolarle, pero Glyn sólo movió la cabeza—-. Ve a buscar a Horse —manifestó—. Yo iré a por mi abrigo.

Rhia estaba pasando mucho frío. Tenía las manos metidas en los bolsillos de la chaqueta. ¿Cuánto tiempo había transcurrido desde que Lisa la dejó ahí? Tenía miedo de mirar el reloj, temerosa de descubrir que era más tarde de lo que pensaba y que pronto caería la noche.

De pronto oyó un claxon.

Tambaleante corrió hacia donde venía el sonido. Quería gritar, pero era incapaz de emitir ningún sonido. Lo que pudo decir finalmente era una mezcla de palabras y sollozos.

— ¡Lisa! ¡Aquí estoy!

Minutos más tarde, las luces del coche la enfocaron y el consuelo de saberse rescatada la hizo sentirse muy débil. Con un sollozo de impotencia, se desplomó y lloró todo lo que no había hecho durante las horas que había estado sola. No le importó lo que Lisa pensara de ella, ni si le daba cierta satisfacción el verla humillada de esa forma. No le importaba nada más que escapar de ese espantoso lugar.

— ¡Rhia!

Al principio, pensó que era producto de su imaginación.

— ¡Rhia. . Dios, si te ha hecho daño, la mataré! —dijo Jared emocionado, y cuando la abrazó ella pensó que todo era un sueno.

Pero se dio cuenta de que no era una ilusión a! ver que Ben y Horse salían del coche; incapaz de pensar en nada, abrazó a Jared.

Entonces él apartó un poco su cabeza y le quitó la peluca.

—Oh, Rhia, qué mal lo he pasado —murmuró Jared con amargura y le besó suavemente—. Si ella te ha hecho daño. . —se quitó el abrigo para taparla con él—.

Creo que la mataré.

—Pero no lo hizo —susurró Rhia abrazándole—. Y ella debió decirte dónde estaba,

¿o no? ¿O quién te lo dijo que me encontraste tan pronto?

— ¡Pronto! —Refunfuñó Jared cuando Ben posó la mano sobre su hombro—. ¿Te das cuenta de cuánto tiempo te hemos estado buscando? ¡Casi cuatro horas! ¡Dios mío, estaba empezando a perder las esperanzas!

—Jared, sube al coche —le sugirió Ben—. La chica está temblando de frío, ¿no lo ves? Las explicaciones se harán cuando lleguemos a casa.

—Sí, Jared, sube al coche —aconsejó Horse sonriendo a la muchacha—. Vamos, yo conduciré.

—De acuerdo.

Jared permitió que Rhia se separara de él a regañadientes, y cuando llegaron al coche, dejó que ella entrara primero y después se sentó a su lado atrayéndola hacia sí en actitud posesiva.

Lisa se encontraba en la parte posterior y Rhia la miró con recelo a la vez que la mujer observaba su aspecto de mal humor.

— ¿Los ves, Jared? Está bien. Tu estúpido pánico fue totalmente innecesario.

— ¡Cállate, Lisa! —le ordenó Jared abrazado a Rhia, quien estaba demasiado absorta para importarle cómo se sentiría cuando la euforia de haberla rescatado pasara, y en el momento de apoyar la cabeza en el hombro de Jared, asombrada vio que Glyn también estaba sentado en el asiento delantero.

—Está bien —dijo Glyn y se acercó para tocar con suavidad la mano de la joven—.

Creo que todos teníamos algo que ocultar. ¿Me perdonarás por haberte engañado durante tanto tiempo?

—Lamento que Simón. .

—Olvídalo. De todas formas me habría dado cuenta de que tú no eras Val. No conoces muy bien a tu hermana, Rhia, ella no hubiera actuado como tú.

—Pero. .

—Duele —admitió con honestidad cuando Horse emprendió la marcha—, pero Jared me informó que se había ido a Sudáfrica —suspire -. Creo que mis razones para traerte aquí fueron para hacerte pasar un mal rato al igual que a tu novio, entonces no me había dado cuenta de que el interés de Jared era por una razón más personal.

Rhia miró a Jared, pero no pudo ver la expresión por la oscuridad. Los brazos de él ya no la tenían tan cerca, quizá su preocupación por ella no era verdadera. Mas las palabras de Glyn la hicieron volver a la realidad, y ella sintió una gran tristeza.

Momentos antes, casi había estado preparada para creer que la preocupación de Jared por ella, era la de alguien a quien le importaba mucho.

Ahora, con la mirada colérica de Lisa y la actitud de él mirando por la ventanilla, se preguntaba si todos ellos no habían actuado precipitadamente.

Fue un alivio cuando el vehículo se detuvo delante de la casa.

Presa de la angustia María salió a su encuentro y Jared le pidió con frialdad:

—Prepara el baño —le dijo a la vez que ayudaba a Rhia a salir—. La hemos encontrado, está entumecida. Y después llévale sopa caliente, seguramente tiene hambre.

—Sí, señor —la respuesta de María fue breve.

Rhia se opuso a que él la llevara en brazos, pero Ben intervino:

—Déjale, muchachita. Eso le mantendrá ocupado.

—Quítate todo —le dijo María en la habitación y Jared comentó antes de salir:

—No cierres la puerta con llave.

En la bañera con agua caliente Rhia entró en calor y pudo relajarse.

— ¿Vas a quedarte ahí el resto de tu vida? —preguntó una voz ronca y al volver la cabeza, vio a Jared en la puerta del baño.

Él también, se había cambiado la ropa, y con un pantalón de pana color marrón y una chaqueta que hacía juego, parecía inquietante y encantador.

—Yo. . pues. . —Rhia agradeció que las burbujas no dejaran ver su cuerpo—. ¿Ya ha traído la sopa María? Lo siento, sólo dejaba que el agua me relajara.

— ¿Y cómo te sientes? —se puso en cuclillas al lado de la bañera.

—Mucho mejor —afirmó preguntándose si se atrevería a averiguar qué había sucedido cuando Lisa regresó sin ella. Pero la timidez de verse mezclada en sus relaciones personales, la hizo guardar silencio hasta que Jared metió la mano en el agua.

—Dime —mencionó sin mirarla—, ¿te vas casar con Travis? Quiero decir. . ¿es realmente lo que deseas o tengo oportunidad de disuadirte?

— ¿Tú? —Rhia le miró con incredulidad, pero él no la miró a los ojos.

—Sí, yo —asintió levantando un montón de burbujas en la palma de la mano y soplándolas—. Anoche estaba preparado para darte más tiempo. Ahora veo que no puedo.

—Oh, Jared —-Rhia le besó en la mano antes de llevársela a la mejilla—. Pensé que querías casarte con Lisa. Lo he oído continuamente desde que llegué aquí.

—No de mí —la interrumpió—, ¡nunca de mí! —y con un quejido de impaciencia, deslizó sus manos bajo los brazos de Rhia y la levantó, ignorando que su cabello estaba mojado y que él estaba empapado como ella—. Te amo —le dijo acariciándola su cuerpo desnudo y atrayéndola hacia sí—. Te amo —repitió y la besó en los labios con pasión.

—Te estás mojando.

— ¿Y qué? Me puedo cambiar de ropa, sólo dime que me amas tanto como yo.

—Sabes que sí —susurró con ternura con el rostro de él entre sus manos y puesta de puntillas para tocar sus labios con los suyos—. Creo que me enamoré de ti la primera vez que me besaste. Desde entonces, mi relación con Simón nunca progresó.

— ¡Con permiso! —María carraspeó y Rhia se sobresaltó avergonzada cuando se dio cuenta de que estaba desnuda.

— ¡Oh! —se ruborizó, pero Jared alcanzó la toalla y la envolvió en ella con suavidad.

—María no es del tipo de persona que se escandaliza al ver una pareja amándose —

aseguró Jared—. Y creo que ya sabe lo que siento por ti.

—Tiene razón —aceptó María con sequedad—. Estaba como loco cuando supo que te habías perdido.

—María está en lo cierto —dijo Jared colocando la toalla de Rhia y reacio a apartarse de ella—. Es por eso por lo que María lo entiende, porque te vas a casar conmigo.

— ¿He aceptado eso?

— ¿Lo dudas? —le preguntó Jared.

—No, no hay duda —susurró, apoyando su cara en la de él.

—Creo que es mejor que vayas a cambiarte de ropa, Jared —sugirió María señalando su ropa húmeda—. Yo secaré el cabello de la muchacha y le daré esta sopa caliente. Puedes regresar cuando hayas cenado.

De hecho, Jared regresó más pronto de lo que imaginó Rhia, se había cambiado el pantalón de pana por uno de color beige y una camisa de seda del mismo tono.

—No tengo hambre —dijo, sentándose en la cama para observar a Rhia comer—.

¿Cómo te sientes? ¿Ya estás restablecida?

—Mmmm, sí, mucho —asintió terminando la sopa y después de colocar la bandeja a un lado, cogió las manos de él entre las suyas.

— ¿Y tú? ¿Estás seguro de lo que dijiste hace un rato? Quiero decir, en determinado momento la memoria puede engañarnos y gastarnos bromas.

—No es una broma —le reiteró besándole las manos—. Hubo ocasiones en que deseé que así fuera, sobre todo, cuando me dijiste que no nos podrías acompañar a Canadá.

—Creí que sólo pensabas en Glyn —Rhia sonrió.

—Eso creía, pero no era verdad. Sabía que si no venías con nosotros, regresaría a buscarte con algún pretexto, pero pensé que tú y Travis. . Estaba celoso.

—Pero Lisa. .

—Olvídala —le aconsejó—. Yo estoy tratando de no odiarla por lo que te hizo.

—Ella también estaba celosa. .

— ¡Pero eso no le daba el derecho de. . debió volverse loca!

—Quizá pensó que irías a buscarme.

—Lo que ella sabía. . o creyó era que yo me iría a Calgary. — ¿A Calgary?

—Sí —Jared cambió de expresión— ¡Dios mío, cuando pienso en lo que pudo haber sucedido si Horse no se hubiera hecho daño en el hombro!

— ¿Horse? —Rhia frunció el ceño.

—Fui a verle antes de partir para Calgary, cuando regresé a la casa, tú y Lisa ya os habíais marchado y como nadie sabía adonde habíais ido, fue a ver a Glyn, entonces me enteré de que ya había recuperado la vista.

— ¿No lo sabías?

— ¿Por qué preguntas eso? —Jared la miró sorprendido—. ¿Acaso Lisa te dijo que yo quería que te fueras? —Algo parecido.

—Vamos, dime todo lo que te dijo. ¿Mencionó que teníamos alguna relación?

— ¿Es que no es así? Rhia se humedeció los labios.

— ¡No! Créeme, Rhia, mi relación con mi cuñada nunca fue más allá. . de eso, de un vínculo familiar. Oh —suspiró—. Una vez me sentí atraído hacia ella, pero eso fue hace años, poco después de su boda con Angus. Yo tenía dieciocho años y ella me hizo saber que no se opondría, sabes lo que quiero decir.

— ¿Y lo. . hiciste?

— ¿Me odiarías por eso?

—Oh, no —los labios de Rhia temblaban—. Cariño, no me importa qué tipo de relación hayáis mantenido Lisa y tú en el pasado, mientras me quieras ahora.

—Bien, no lo hice —Jared frotó la mano de Rhia—. Respetaba demasiado a Angus para engañarle. Además, fue sólo una fantasía pasajera que no duró mucho tiempo, pero cuando mi hermano murió, me sentí un poco responsable por ella, y ése fue el juego de Lisa.

—Creo que te ama —contestó Rhia, pero Jared lo negó con la cabeza.

—Ella quería el rancho para Glyn —, eso era todo. Fue doloroso para Lisa saber que yo lo había heredado pues siempre creyó que iba a ser de Angus. Y ella sabía que como yo no me había casado, Glyn era el más indicado para heredarlo.

—Pero Glyn no. .

—Lo sé, Glyn no deseaba el rancho. Es como su padre, sólo quería dejar Canadá y conseguir un empleo en Londres.

— ¡Pobre Lisa!

— ¡Al diablo con ella! —Protestó Jared—. Pudo haberte matado y nadie hubiera sabido qué había sucedido.

— ¿Qué quieres decir?

—Mi amor, en esas montañas existen predadores, osos y pumas. ¿Crees que tu cuerpo hubiera permanecido intacto si no te hubiéramos hallado?

— ¡Oh, Jared! —Rhia se estremeció y con impaciencia Jared se inclinó para besarla.

—Todo terminó. Lisa se dio cuenta de que perdió. Le he sugerido que haga un largo viaje y si no encuentra a alguien como compañero, cuando regrese le compraré una casa en Calgary. De esa forma, tendrá muchas preocupaciones las suficientes como para no molestarnos.

—Jared. . —Rhia le abrazó—. ¿Y Ben? No le mandarás lejos, ¿o sí? Yo sé que te hace disgustarte algunas veces, pero creo que se sentía defraudado consigo mismo, además de que Lisa. .

—Lo sé, mi padre me contó lo que ella le dijo. Creo que Lisa tenía la idea de que al convertirse en dueña de la casa, yo me vería obligado a echarle.

—Pero no lo harás, ¿verdad?

—Es mi padre, nunca haría eso.

—Me alegro.

—Me estoy poniendo celoso —murmuró—, porque vas a tener a dos hombres adorándote. .

—Sólo necesito uno —Rhia sonrió estrechando a Jared hacia sí—. Con seguridad, lo sabes.

—Anoche me pregunté —Jared se apoyó sobre un codo y cerró los ojos—, qué fue lo que te asustó.

—No me asusté —Rhia le acariciaba el cuello—, Jared, oí que alguien cerró la puerta, era Lisa.

Jared la observó durante varios segundos.

—Entonces fue por eso por lo que. .

—Sí —Rhia le miró con inseguridad—. Sé que pensaste que le rechazaba.

—No sabía que pensar —manifestó y su expresión la enterneció—. Oh, Rhia, pensé que estaba yendo demasiado lejos y que necesitaba darte tiempo para que te acostumbraras a la idea, y cuando te pusiste tensa. .

—Te deseaba —confirmó—, y te deseo.

—Magnífico —-Jared la besó con pasión desenfrenada.

— ¿Crees que esta cama sea suficiente para los dos? —susurró ella cuando él la acariciaba con ternura.

—Si no, ya es mía —le respondió Jared, al fundir sus cuerpos en uno solo.

Era muy temprano a la mañana siguiente cuando ella se despertó. Jared tenía la cabeza apoyada en el hombro de ella. Se había quedado dormida después de medianoche, saciada por las caricias de Jared y contenta de haberle entregado su amor.

— ¿Me amas? —le preguntó Jared deslizando una mano sobre el cuerpo de ella.

—Sabes que sí, que eres lo más importante de mi vida.

— ¿Entonces cuándo nos casaremos? Quiero asegurarme de que no desaparecerás como tu hermana.

—No lo haré —suspiró Rhia—. Pero eso me recuerda que debo escribirles a mi padre y a Val. Se van a sorprender de la noticia. Sólo piensa que si Val no hubiera conducido el coche de Glyn, y si él no hubiese tenido el accidente. .

—.. Nunca nos hubiéramos conocido. Estoy seguro de que tarde o temprano, nuestros caminos se encontrarían. Te he estado esperando toda mi vida.

— ¡Oh, Jared! —Rhia le abrazó emocionada—. ¡Quiero creer eso, porque no puedo imaginar la vida sin ti!