Capítulo 3

SEÑOR Frazer! —Señorita Mallory —contestó Jared Frazer—. ¿Puedo pasar?

Tengo que hablar con usted.

— ¡Otra vez!

Rhia apretó los labios con nerviosismo.

—Sí —confirmó mirando por encima del hombro de la joven—. ¿Puedo pasar? Creo que le interesara lo que voy a decirle.

Rhia no podía creer lo que estaba oyendo después de la forma como la había tratado la noche anterior.

— ¿Podría volver más tarde? —Preguntó al fin la joven—. Es. . difícil para mí hablar con usted en este momento. .

— ¿Por qué? —la miró fijamente a los ojos —. ¿He llegado en un momento inoportuno? ¿Es que acaso está Valentina? ¿Es eso lo que trata de ocultar? Bueno, si es así, será mejor. . —y echándola a un lado entró en el apartamento.

Rhia, demasiado atónita para detenerle, cerró la puerta y le siguió. ¿Qué diría Simón? Si hubiera tenido tiempo de explicarle todo antes de la visita de jared Frazer.

Jared llegó hasta la mitad del salón y cuando Rhia le alcanzó Simón ya estaba de pie frente al individuo.

— ¿Qué es lo que pasa aquí? —protestó Simón, volviéndose hacia la chica.

—Es el tío de Glyn, Simón —contestó con aparente tranquilidad, mirando enfadada a Jared—. ¿Recuerdas a Glyn el novio de Val? Su tío está aquí por. . el accidente.

— ¿En dónde está su hermana?

Jared no estaba dispuesto a esperar a que Rhia hiciera las presentaciones y con impaciencia, dirigió, una mirada a la cocina.

—Ella no está aquí. Señor Frazer, le dije anoche que no sabía el paradero de mi hermana. Y además, ahora su ropa ha desaparecido.

—Rhia. . —Simón trató de intervenir, pero Jared no le dejó.

— ¿Quiere decir que ha escapado? —Insistió con vehemencia—. No me sorprende en absoluto —agitó la cabeza—. Supongo que ya sabe que ella conducía el coche.

— ¡Qué tonterías está diciendo! —Gritó Simón cogiendo una de las manos de Rhia quien sintió un nudo en la garganta—. Val no sabe conducir. . no tiene permiso de conducir. No sé lo que trata de hacer, Frazer, pero el culpar a una chica inocente del accidente de su sobrino, no beneficiará a nadie.

—Señorita Mallory —Jared ignoró a Simón—, su hermana conducía el coche. No dudo que la policía sea capaz de demostrarlo, pero eso no es lo que importa ahora. Glyn ha vuelto en sí. Ya no está inconsciente y. . ha preguntado por Valentina.

— ¡Oh! —Rhia se llevó las manos a las mejillas.

— ¿De verdad no sabe dónde está?

—No —negó con la cabeza—. Me gustaría saberlo.

Jared después de reflexionar tomó una decisión:

—Tiene que hacerse pasar por su hermana.

—Que tengo que. . —dudó haber oído bien—. ¿Qué voy a hacer?

—Hacerse pasar por su hermana—aseguró Jared con sequedad.

—Un momento. . —Simón trató de intervenir, pero esta vez fue Rhia quien le interrumpió.

— ¡No puedo hacer eso! Glyn se dará cuenta de que no soy Val.

—No lo creo —comentó Jared con dificultad—. Por lo poco que puedo recordar, son muy semejantes.

—Pero Glyn. .

—Glyn tiene un problema en su vista. Al principio, ni siquiera me reconoció.

—Pero. .

—Las voces no se recuerdan bien —continuó diciendo con tranquilidad, y la suya es parecida a la de Valentina. Si usted le dice que es ella, él le creerá.

Rhia miró a Simón con desconsuelo como pidiendo su aprobación.

— ¿Por qué no puede decirle la verdad a su sobrino? —Preguntó Simón—. Con seguridad, él la sabrá tarde o temprano.

Jared Frazer apretó los labios y se encogió de hombros haciendo caso omiso de las palabras de Simón.

—Coja su abrigo, señorita Mallory, la llevaré al hospital. Estoy seguro de que quiere hacer lo imposible para que Glyn se recupere.

—Rhia, espera. . —le pidió Simón tratando de detenerla, pero ella se negó a escucharle.

—Tengo que hacerlo, Simón, ¿no lo entiendes? No es culpa de Glyn que Val haya escapado.

—Tampoco tuya —dijo enfadado—. De acuerdo, yo mismo te llevaré al hospital, así estaré cerca de ti por si alguien trata de intimidarte.

—No —dijo Jared desde la puerta—. Eso no será necesario, señor. .

—Travis —añadió Simón.

—Bien. . señor Travis —Jared inclinó la cabeza con amabilidad—. Le sugiero que nos espere aquí. La traeré sana y salva, no se preocupe.

—Espere un momento.

—Creo que es mejor que vayas a tu casa, Simón —sugirió Rhia mientras se echaba una chaqueta azul sobre los hombros—. Te llamaré cuando regrese. Lo siento, pero no hay nada que puedas hacer.

—Siento como si me hubieras hecho venir con malas intenciones, Rhia —el rostro de Simón enrojeció por la ira cuando vio la expresión de disculpa de la muchacha—.

¿Por qué no me dijiste que Frazer había estado aquí? Todavía esta mañana pensaba que Val era la causa de tu preocupación.

—Trata de entenderlo. Te veré más tarde —murmuró al salir. Simón se separó de ellos en el aparcamiento de los apartamentos, caminando con rapidez hacia donde estaba su coche y viendo cómo Jared acompañaba a Rhia hasta su coche.

—Suelo conducir automóviles, más grandes —dijo Jared, acomodándose en el asiento junto a ella—. Pero me gustó este Mercedes y me pareció un cambio adecuado.

—No tiene por qué darme explicaciones, señor Frazer.

—No estoy seguro —encendió el motor—. Pero no me gustaría que pensara que estoy tratando de impresionarla. No es mi intención.

—Lo entiendo —trató de no perder el juicio.

No era culpa de Jared Frazer la desaparición de Valentina y no podía culparle por su proceder.

—Sabía que era Valentina quien conducía, ¿verdad? —preguntó cuando llegaron a Cromwell Road—. Por eso se puso tan nerviosa cuando le dije que ella estaba con mi sobrino en el momento del accidente.

— ¿Por qué piensa eso? —suspiró profundamente.

—Señorita Mallory. . ¡Oh, diablos. .! No puedo seguir tratándola con tanta formalidad. Para empezar, si él hubiera conducido debería tener al menos un golpe en el pecho, pero sus heridas demuestran que iba de pasajero y que con el impacto se incrustó en el parabrisas.

— ¿Fue la policía quien le dijo eso?

—Todavía no, pero lo hará. El médico de Glyn me lo ha dicho y estoy de acuerdo con él.

— ¿Y se pondrá bien Glyn? —suspiró—. Quiero decir, ¿ahora que ya ha recobrado el conocimiento?

—Es lo que más deseo.

— ¿Fue la única herida grave?

—Su rostro está muy desfigurado por las heridas, pero se curará. Y eso es todo, aparte del problema de su vista.

—Sus ojos. . ¡por supuesto! —Exclamó Rhia—. ¿Qué pasará si descubre que estoy mintiendo?

— ¿Por qué habría de hacerlo? Usted me dijo ayer que no conocía a mi sobrino, ¿o me equivoco?

—No. ; —Entonces, Glyn no tiene en qué basar sus sospechas.

Rhia miraba con angustia por la ventanilla, había mucho tráfico. Se preguntaba dónde estaría Valentina y hasta cuándo aguantaría sin dinero, pero lo que más la preocupaba eran las constantes preguntas de Jared Frazer.

Tardaron más de hora y media en llegar al hospital y no fue hasta después de la una cuando consiguieron llegar a la unidad de cuidados intensivos.

La enfermera que estaba de guardia saludó a Jared Frazer con cordialidad. El era una persona conocida en aquel lugar y la presencia de Rhia fue breve y directa. La enfermera Harris recibió con gusto la visita de la supuesta novia de Glyn, por la que tanto había preguntado, y Rhia no tuvo que dar ninguna explicación antes de entrar en la habitación.

Glyn Frazer yacía sobre una angosta cama, pálido. Rhia se conmovió al ver la gran cantidad de heridas que tenía en su pálido rostro. Alrededor de la cabeza tenía una venda y en la nariz y muñecas, sondas.

Al observar a Jared que se encontraba detrás de ella, hizo un gesto involuntario, pero la enfermera Harris se adelantó y pidió a la enfermera que cuidaba a Glyn que se retirara. Después, se inclinó hacia su paciente y dijo:

— ¡Señor Frazer! ¿Está despierto? Tiene visita.

— ¡Val!

El saber que Val estaba allí le animó y Rhia se estremeció cuando Glyn abrió los ojos. No eran oscuros como los de su tío, sino de color azul.

— ¿Val? —repitió Glyn—. ¿En dónde estás? Enfermera, ha dicho que tenía visita. .

—No se preocupe, señor Frazer —la enfermera se dirigió a Rhia—. La señorita Mallory está aquí, a mi lado. Déme su mano. . aquí. ¿Ahora, me cree?

— ¡Oh, Val.. ! —se quebró la voz de Glyn y Rhia bajo las instrucciones silenciosas de los ojos de Jared, se sentó en la silla que había ocupado la enfermera momentos antes y se humedeció los labios.

—Hola. . Glyn —saludó cuando él se llevó una de sus manos a los labios—. ¿Cómo te encuentras?

—Estoy bien —contestó y Rhia suspiró tranquila cuando se dio cuenta de que no la había identificado—. ¿Y tú? Cuando desperté y no te vi, pensé que habías muerto!

Rhia miró con impotencia a Jared como solicitando ayuda.

Has estado inconsciente durante más de veinticuatro horas —intervino Jared—.

Val.. no podía estar contigo todo el tiempo ¿verdad? Ella tenía que dormir también.

—Lo sé —reconoció Glyn dirigiendo por segunda vez la mirada a Rhia; sin duda, más interesado en ella que en su tío. Al observar esos ojos, ella sintió que el color desaparecía en las mejillas. No era posible que mirara sin verla—. ¿No me engañas al decir que estás bien? —Insistió el muchacho—. ¿Te han dicho lo de mis ojos? Tengo problemas para ver.

—Los médicos dicen que te repondrás pronto —aseguró Rhia con brevedad—. Y

estoy segura de que sólo es cuestión de tiempo el que tu vista vuelva a la normalidad.

— ¿Te parezco un monstruo? —preguntó Glyn al ver que sus fuerzas le abandonaban.

—Por supuesto que no.

—Entonces, ¿por qué no me besas? —preguntó con ansiedad mientras Rhia le pedía ayuda con la mirada a Jared y a la enfermera Harris.

Glyn abrió los labios buscando una intimidad que la joven no esperaba por lo que retrocedió en señal de protesta, pero la mirada de Jared la obligó a recibir el beso.

—Lo sabes hacer mejor —susurró cuando ella se incorporó, pero para consuelo de Rhia, la enfermera Harris interrumpió:

—No ahora, señor Frazer. Creo que debe descansar y la señorita Mallory podrá regresar más tarde, si así lo desea.

—Oh, no. . —protestó, pero la enfermera fue tajante y Jared le aseguró a su sobrino que «Val» no se iría.

—Dale tiempo a la chica, Glyn. No queremos excedernos, ¿verdad?

Glyn se movió con dificultad en la cama.

— ¿No te irás, Val? Quiero decir. . del hospital.

—No lo haré. . —Rhia observó al tío de Glyn—. Tienes que dormir ahora, te veré más tarde. ¡Sabía lo que sucedería! —Exclamó un poco enfadada al llegar al pasillo—.

No puedo quedarme en el hospital. Tengo cosas que hacer.

—Entonces le sugiero que trate de averiguar el paradero de su hermana —

respondió con sequedad Jared a medida que avanzaban hacia los ascensores—. Pero, de momento la invito a comer algo. Hay un lugar cerca de aquí donde sirven buenas hamburguesas.

Rhia apretó los labios con frustración, tenía razón. Val debía aparecer y cuando eso sucediera, tendría que enfrentarse con sus propias responsabilidades.

Una vez que entraron en el bar y que pidieron cerveza y hamburguesas con queso, Rhia miró a su acompañante de un modo menos hostil.

—Parece que Glyn está mejor —dijo cuando se sentaron en una mesa redonda—. Es decir, por lo menos no tiene ninguna lesión cerebral.

—Afortunadamente —Jared dio buen mordisco a su hamburguesa—. Su hermana puede dar gracias a su buena suerte, ése es un cargo al que no tendrá que enfrentarse.

—Insiste en que ella iba conduciendo, ¿verdad?

—Y ¿no fue así? —se atrevió a preguntar, evitando una respuesta directa y Jared Frazer frunció el ceño.

—Depende.

— ¿De qué?

—De si van a tomar represalias contra ella.

—Pero si la policía no. .

— ¿La policía? Parece que está obsesionada con ella —le reprochó—. Supongo que podrían actuar de forma independiente. A menos que Glyn desee comprometer a su hermana, no será así.

—Quiere decir. . que usted aprueba. . ¿su relación con mi hermana?

—De ninguna manera —la miró enfadado—. No me parece correcta la manera como ella se ha comportado con él, ¡y merece un escarmiento! —Pero. . hasta que Glyn se recupere por completo y cuente la verdad, intento hacer lo posible por evitar publicidad.

Rhia pensó que era lógico, pero ¿qué pasaría si Valentina no regresaba y Glyn no recuperaba la vista? Con seguridad Jared Frazer no esperaría que suplantara a su hermana por tiempo indefinido.

—Por lo menos el primer obstáculo se ha derribado —recalcó Jared—. Glyn cree que usted es Val.

—Pero no podré seguir fingiendo que soy Val —protestó Rhia. Observando el reloj

—. ¡Son casi las dos y media y tengo que reunir-me con Simón a las tres!

—Llámele —Jared parecía decidido—. Y dígale que no acudirá a la cita y si no comprende, culpe a Val.

— ¡Canalla! No le importan mis problemas.

— ¿Deberían importarme? —se encogió de hombros.

—Sabe perfectamente a lo que me refiero —se sonrojó.

—Yo sólo sé que mi cuñada, la madre de Glyn, espera con impaciencia noticias de su hijo. Él es todo lo que tiene y haré lo que esté a mi alcance para asegurarme de que no esté preocupada.

—Incluso ¿destruir a cualquiera que se cruce en su camino?

—No la estoy destruyendo a usted. Y créame, estoy siendo muy paciente, pero no me presione porque no respondo de las consecuencias.

— ¿Me está amenazando, señor Frazer? —retiró el plato.

—No sería capaz —notó la angustia de la muchacha—. No confunda mis palabras y mi nombre es Jared, úselo. No me imagino a Valentina tan formal.

Rhia tampoco la imaginaba así. De hecho, sospechaba que en su lugar, Val hubiera considerado al tío más interesante que al sobrino y se preguntaba cómo se habría comportado él en esa situación.

—Dígame —dijo de pronto, sacándola de sus pensamientos—. ¿Se va a casar con Simón Travis? ¿Es por eso por lo que está tan preocupada por tranquilizarle?

—No lo sé —respondió Rhia, sobresaltada por estas inesperadas preguntas sobre su vida íntima—. Además, creo que no es asunto suyo señor Frazer.

—Jared —corrigió—, lo cual quiere decir que no está segura de él. No entiendo por qué no le ha propuesto matrimonio.

—Señor Frazer. .

—Jared, sólo por consideración a Glyn. ¿De acuerdo?

—Oh, está bien. . Jared —se ruborizó—. No sé por qué le interesa tanto mi relación con Simón, cuando yo no le he hecho preguntas personales.

—Prosiga —sonrió—. No tengo nada que ocultar.

— ¡Yo tampoco! —Exclamó Rhia asombrada por su sarcasmo—. Pero el tema no viene al caso.

—Puede ser —levantó los hombros—. Pero sí usted no habla de sí misma, habíame entonces de Travis. ¿A qué se dedica? ¿Es administrativo?

—Se equivoca. Es maestro, no debe juzgar a la gente por su aspecto.

—Tiene razón —dijo Jared—. Con el cabello suelto, parece usted más joven, su hermana menor.

—Está jugando, ¿verdad, señor Frazer? Tengo que irme —hizo el intento de levantarse.

—Todavía no —la detuvo de un brazo—. Tome algo más y yo le explicaré la situación a su prometido.

—No es mi prometido. ¿Y qué le hace pensar que le creerá más que a mí?

—Yo puedo ser más persuasivo —contestó Jared—. ¿Me da su número de teléfono o tengo que buscarlo en la guía?

Rhia titubeó.

—Le llamaré —anunció, levantándose—, para decirle que le veré esta noche; si es que no hay objeciones.

Jared movió los hombros con indiferencia y Rhia escapó antes de que tratara de disuadirla.

Como imaginaba, a Simón no le agradó la idea de que Rhia hiciera el papel de chivo expiatorio por las faltas de su hermana.

—Por si lo has olvidado, íbamos a ir a la exhibición de Hohenmeister esta tarde —

dijo malhumorado—. ¿Qué supones que voy a hacer? ¿Ir solo?

—No he tenido más remedio que aceptar —protestó la chica—. De hecho, debería estar haciendo la compra para el fin de semana. No hay nada en casa y si Val regresa. .

— ¡Val! Espera que vea a esa muchachita. Me gustaría darle una buena paliza.

—Me parece que a todos nos gustaría —murmuró Frazer con ironía, cerca del oído de la sorprendida Rhia, pero entonces Simón habló otra vez y ella tuvo que prestarle atención.

—De cualquier modo —continuó diciendo—, no me gusta tu relación con ese nombre, Frazer. Me refiero al tío, por supuesto. Será mejor que te acompañe y así por lo menos sabré lo que esta pasando.

El movimiento de cabeza negativo de Jared hizo que Rhia rechazara su ofrecimiento.

—No lo hagas, Simón —le suplicó—. Iré en cuanto me sea posible y no te preocupes por mí. ¡Puedo arreglármelas con Jared Frazer!

Jared no hizo comentario alguno cuando la joven colgó, indignada.

— ¿Cómo se atreve. . —interrumpió—, a escuchar conversaciones privadas por teléfono?

—Deje de dramatizar, Travis sabrá responder a la desilusión, de no verla esta tarde y si todo lo que piensa hacer es dar una paliza a su hermana, no me preocuparía demasiado por las represalias que tome en contra de usted; sin embargo, yo podía sugerirle alguna especie de castigo.

— ¡Supongo que sí! No tenía por qué escuchar lo que estaba diciendo Simón.

—Tal vez no, pero ya está hecho, así que olvídelo. Tomemos otra cosa.

—No tengo sed —Rhia apretó los labios—. Sugiero. . que regresemos al hospital.

Veré a Glyn otra vez y después iré a casa.

—Como quiera.

—Vamos, entonces.

Rhia deseaba sentirse tan firme como aparentaba. En cierto modo tenía la sensación de que se hundía más y más en arenas movedizas.

Cuando regresaron a la habitación de Glyn descubrieron que dormía.

—Parece que está más tranquilo después de su visita, señorita Mallory —comentó la enfermera Harris para animarla—. Ahora está durmiendo, pero puede sentarse junto a él. Estoy seguro de que se alegrará cuando despierte al saber que usted se encuentra cerca.

—Oh. . pero —Rhia le miró asombrada y después se dejó caer en una silla—. Sí, está bien —añadió dándose cuenta de que tenía que esperar hasta que Glyn despertara

—. Gracias, muy amable.

— ¿Señor Frazer —la enfermera Harris se volvió hacia Jared con un gesto amable, pero para alivio de Rhia, él movió la cabeza.

—No creo que él nos necesite a los dos. Yo quiero hablar con mi cuñada y necesito darme un baño. Regresaré al hotel.. Val llámame sí me necesitas.

La sonrisa de Rhia fue fingida para disimular ante la enfermera Harris.

—De acuerdo —añadió Jared—. Te veré más tarde —y con una sonrisa irónica, se alejó.

A las cinco de la tarde, una enfermera le ofreció una taza de té y le preguntó si deseaba azúcar.

—No, gracias —dijo en voz baja y cogió la taza agradecida.

AI terminar el té colocó la taza vacía sobre una bandeja que había a los pies cíe la cama.

Si realmente fuera !a novia de Glyn, o por lo menos una amiga que le apreciara, este tiempo que pasaba observándole dormir hubiera sido un momento de descanso y tranquilidad.

Pero para ella era un extraño aun cuando había hablado con él y le había besado. Se sintió horrorizada al pensar que despertara y la reconociera. Y esto lo podría hacer de diferentes maneras. .

Sólo tenía que tocarle el cabello para darse cuenta de que no era Val, y el corazón le dio un vuelco al darse cuenta de que no había pensado en eso cuando se inclinó para saludarle. Si el cabello le hubiera rozado el rostro. .

Afortunadamente, no fue así. Hasta ahora, Glyn no sospechaba nada y todo era cuestión de tiempo. Valentina no podía permanecer escondida indefinidamente y cuando regresara. .

No quería pensar en lo que sucedería cuando su hermana volviera. Val tenia que enfrentarse a Jared Frazer, así como a su sobrino y no tenía la menor idea de lo embarazoso que podría ser.

Al preguntarse por qué Jared Frazer la perturbaba tanto observó al muchacho que yacía en la cama. Con los ojos cerrados y las heridas en el rostro, le parecía indefenso y vulnerable y se preguntó una vez más cómo Valentina le había podido abandonar.

¿Es que no quería saber cómo estaba? ¿Era más importante para ella su tranquilidad que la vida de Glyn?

Frunció el ceño y se incorporó para observar detenidamente los rasgos de Glyn, sorprendiéndose del ligero parecido que existía entre él y su tío.

Se volvió a sentar tratando de no pensar más en Jared Frazer, pero no fue fácil.

No imaginaba qué le diría a la madre de Glyn sobre la situación. ¿Le confesaría que Valentina había desaparecido o la engañaba como a su hijo diciéndole que todo iba bien?

Rhia suspiró cuando miró su reloj de pulsera, eran casi las siete. ¿Cuánto tiempo tendría que permanecer esperando a que Glyn despertara?

Un ruido que venía detrás de ella la hizo reaccionar y respiró profundamente cuando Jared cerró la puerta.

—Hola —la saludó en voz baja—. ¿Ningún cambio?

—No —contestó Rhia sin mirarle—. ¡Qué bien que haya regresado!

Jared fue hacia la cama y se detuvo para observar a su sobrino, con las manos metidas en los bolsillos de su pantalón.

—Siento haberme retrasado —miró a la chica—. Lisa no estaba en casa cuando llamé y tampoco la encontré a la hora de comer.

— ¿La hora de comer? —Rhia miró otra vez el reloj y vio que eran casi las siete y media.

—Sí —Jared movió los hombros con indiferencia al acercarse al lugar donde ella estaba sentada—. Creo que es un poco tarde para regresar hoy mismo a la montaña.

— ¡A la montaña! —Rhia no creía lo que estaba oyendo—. ¿Vive usted en la montaña?

—Cerca. En un lugar llamado Moose Falls, creo que no habrá oído hablar de ese sitio.

— ¿Debería?

—No —levantó los hombros—. Pero habrá oído hablar de Cal-gary, estoy seguro. No está muy lejos.

Rhia rechazó la idea de participar en esa conversación y le miró enfadada con furia.

— ¿Cuánto tiempo espera que siga aquí, señor Frazer? ¡Estoy perdiendo el tiempo!

—Usted dijo que permanecería en este lugar hasta que Glyn se despertara —le recordó—. Yo no le garanticé cuánto tiempo tardaría en hacerlo.

— ¡Pero él podría dormir toda la noche!

—Lo sé. . Val.

—Necesito ir al baño —murmuró evadiendo la mirada masculina.

— ¿Ah, sí? —no parecía muy convencido—. ¿Acaso piensa escaparse de mí?

—No —Rhia protestó—. Llevo aquí más de cuatro horas, y usted lo sabe.

—De acuerdo —después de un momento de vacilación, reconoció que tenía razón—.

Encontrará el baño al final del pasillo —se detuvo—. Dése prisa.

Rhia no contestó y con rapidez abandonó la habitación.

Cuando regresó, Jared estaba sentado en la silla y al verla entrar se le acercó.

—La enfermera de guardia del turno de noche ya ha llegado —le dijo en voz baja—.

Y cree que Glyn dormirá otras tres o cuatro horas más, así que me ha sugerido que nos vayamos a tomar algo y que regresemos después.

—No me puede hacer eso.

—Me temo que no tiene alternativa.

—Pero. . Simón —Rhia titubeó.

Jared señaló al hombre que estaba en la cama detrás de ellos y Rhia ahogó un sollozo.

— ¿Es mucho pedir. . sólo un día? —preguntó mirándola y Rhia suspiró agitando la cabeza.

—No puedo seguir así —insistió, sin embargo se sintió avergonzada e incómoda y pensó que necesitaba un buen baño y cambiarse de ropa—. Déjeme regresar a mi apartamento. Si usted se queda aquí, Glyn no me necesitará.

— ¿Y regresará?

—Sí.

Jared frunció el ceño y después, al considerar su sugerencia añadió:

—Iré con usted. La esperaré y la traeré otra vez, así tardará menos.

—Lo que quiere decir es. . que no confía en que regrese —Rhia encontró difícil seguir hablando en voz baja—. No miento, señor Frazer. Si digo que. .

—Por Dios, deje de llamarme señor Frazer e iré con usted, diga lo que diga. No quiero que vea a Travis y que logre persuadirla para que abandone todo.

—Él no haría eso. .

— ¿Está segura?

Glyn quedó al cuidado de otra de las enfermeras.

Al llegar a los ascensores, Jared la observó irónico.

—Hace muy bien su papel. Estoy empezando a creer que le importa.

—Así es —contestó Rhia asombrada por su cinismo—. Me importa como a cualquiera en una situación similar.

—Me gustaría saber cuánto —durante el trayecto al apartamento, Rhia consideró que sería imposible saberlo.

Se sintió tranquila al ver que el coche de Simón no estaba en el aparcamiento. Con seguridad esperaría hasta que ella se comunicara con él. Tendría que llamarle otra vez, supuso. Sí Simón hubiera sido más comprensivo. .

Cuando llegaron a la puerta del apartamento se preguntó por qué Jared no se había quedado abajo en el coche. En lugar de eso, la siguió hacia el interior casi cayéndose encima de ella cuando ella se agachó para recoger un sobre.

Era un telegrama con un sello de Londres. La muchacha se sobresaltó pues quien si no Val le iba a mandar un telegrama, y observó a Jared por encima del hombro como si buscara su confirmación.

Jared cerró la puerta y se apoyó en ella.

— ¿No lo va a abrir? —preguntó mientras Rhia sujetaba el sobre con nerviosismo—.

¿Quiere que lo haga yo? —sugirió, pero ella negó con la cabeza; la verdad era que temía abrirlo.

Le dio la espalda y temblorosa rasgó el sobre y sacó la hoja de papel. El telegrama era muy breve y conciso y, tal como supuso, era de su hermana.

ESTOY EN JOHANNESBURGO.

NO TE PREOCUPES.

PAPÁ ME CUIDARÁ.

VAL.