A Los Romanos
1 Pablo, esclavo de Jesucristo y llamado a ser apóstol, separado para las buenas nuevas de Dios, 2 que él prometió en tiempo pasado mediante sus profetas en las santas Escrituras, 3 acerca de su Hijo, que provino de la descendencia de David según la carne, 4 pero que con poder fue declarado Hijo de Dios según el espíritu de la santidad mediante la resurrección de entre los muertos -sí, Jesucristo nuestro Señor, 5 mediante quien recibimos bondad inmerecida y un apostolado para que hubiera obediencia de fe entre todas las naciones respecto a su nombre, 6 entre las cuales [naciones] ustedes también son los llamados para pertenecer a Jesucristo- 7 a todos los que están en Roma como amados de Dios, llamados a ser santos:
Que tengan bondad inmerecida y paz de parte de Dios nuestro Padre y de[l] Señor Jesucristo.
8 Ante todo, doy gracias a mi Dios mediante Jesucristo acerca de todos ustedes, porque por todo el mundo se habla de la fe de ustedes. 9 Porque Dios, a quien rindo servicio sagrado con mi espíritu respecto a las buenas nuevas acerca de su Hijo, es mi testigo de cómo sin cesar siempre hago mención de ustedes en mis oraciones, 10 rogando que, si de algún modo es posible, ahora por fin sea prosperado en la voluntad de Dios para ir a ustedes. 11 Porque anhelo verlos, para impartirles algún don espiritual a fin de que se les haga firmes; 12 o, más bien, para que haya un intercambio de estímulo entre ustedes, por cada uno mediante la fe del otro, tanto la de ustedes como la mía.
13 Pero no quiero que ignoren, hermanos, que muchas veces me propuse ir a ustedes -pero he sido estorbado hasta ahora- para adquirir algún fruto también entre ustedes lo mismo que entre las demás naciones. 14 Tanto a griegos como a bárbaros, tanto a sabios como a insensatos, soy deudor: 15 de modo que por mi parte tengo vivo interés en declararles las buenas nuevas también a ustedes, allí en Roma. 16 Porque no me avergüenzo de las buenas nuevas; son, en realidad, el poder de Dios para salvación a todo el que tiene fe, al judío primero, y también al griego; 17 porque en ellas se revela la justicia de Dios a causa de fe y hacia fe, así como está escrito: “Mas el justo… por medio de la fe vivirá”.
18 Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres que suprimen la verdad de un modo injusto, 19 porque lo que puede conocerse acerca de Dios está entre ellos manifiesto, porque Dios se lo ha puesto de manifiesto. 20 Porque las [cualidades] invisibles de él se ven claramente desde la creación del mundo en adelante, porque se perciben por las cosas hechas, hasta su poder sempiterno y Divinidad, de modo que ellos son inexcusables; 21 porque, aunque conocieron a Dios, no lo glorificaron como a Dios ni le dieron gracias, sino que se hicieron casquivanos en sus razonamientos, y se les oscureció su fatuo corazón. 22 Aunque afirmaban que eran sabios, se hicieron necios 23 y tornaron la gloria del Dios incorruptible en algo semejante a la imagen del hombre corruptible, y de aves y cuadrúpedos y cosas que se arrastran.
24 Por lo tanto, en conformidad con los deseos de sus corazones, Dios los entregó a la inmundicia, para que sus cuerpos fueran deshonrados entre sí, 25 hasta a los que cambiaron la verdad de Dios por la mentira y veneraron y rindieron servicio sagrado a la creación más bien que a Aquel que creó, que es bendito para siempre. Amén. 26 Por eso Dios los entregó a apetitos sexuales vergonzosos, porque sus hembras cambiaron el uso natural de sí mismas a uno que es contrario a la naturaleza; 27 y así mismo hasta los varones dejaron el uso natural de la hembra y se encendieron violentamente en su lascivia unos para con otros, varones con varones, obrando lo que es obsceno y recibiendo en sí mismos la recompensa completa, que se les debía por su error.
28 Y así como no aprobaron el tener a Dios en conocimiento exacto, Dios los entregó a un estado mental desaprobado, para que hicieran las cosas que no son apropiadas, 29 llenos como estaban de toda injusticia, iniquidad, codicia, maldad, estando llenos de envidia, asesinato, contienda, engaño, genio malicioso, siendo susurradores, 30 difamadores solapados, odiadores de Dios, insolentes, altivos, presumidos, inventores de cosas perjudiciales, desobedientes a los padres, 31 sin entendimiento, falsos en los acuerdos, sin tener cariño natural, despiadados. 32 Aunque estos conocen muy bien el justo decreto de Dios, que los que practican tales cosas son merecedores de muerte, no solo siguen haciéndolas, sino que también consienten a los que las practican.
2 Por lo tanto eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas, si juzgas; porque en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo, puesto que tú que juzgas practicas las mismas cosas. 2 Ahora bien, sabemos que el juicio de Dios es, de acuerdo con la verdad, contra los que practican tales cosas.
3 Pero ¿tienes tú esta idea, oh hombre, mientras juzgas a los que practican tales cosas y, no obstante, las haces, que tú escaparás del juicio de Dios? 4 ¿O desprecias las riquezas de su bondad y longanimidad y gran paciencia, porque ignoras que la [cualidad] bondadosa de Dios está tratando de conducirte al arrepentimiento? 5 Pero conforme a tu dureza y corazón impenitente estás acumulando ira para ti mismo en el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios. 6 Y él pagará a cada uno conforme a sus obras: 7 vida eterna a los que por aguante en la obra que es buena buscan gloria y honra e incorruptibilidad; 8 sin embargo, para los que son contenciosos y que desobedecen la verdad, pero obedecen la injusticia, habrá ira y cólera, 9 tribulación y angustia, sobre el alma de todo hombre que obra lo que es perjudicial, del judío primero y también del griego; 10 pero gloria y honra y paz para todo el que obra lo que es bueno, para el judío primero, y también para el griego. 11 Porque con Dios no hay parcialidad.
12 Por ejemplo, todos los que hayan pecado sin ley, también perecerán sin ley; pero todos los que hayan pecado bajo ley serán juzgados por ley. 13 Porque los oidores de ley no son los justos ante Dios, sino que a los hacedores de ley se declarará justos. 14 Porque siempre que los de las naciones que no tienen ley hacen por naturaleza las cosas de la ley, estos, aunque no tienen ley, son una ley para sí mismos. 15 Son los mismísimos que demuestran que la sustancia de la ley está escrita en sus corazones, mientras su conciencia da testimonio con ellos y, entre sus propios pensamientos, están siendo acusados o hasta excusados. 16 Esto será en el día que Dios, mediante Cristo Jesús, juzgue las cosas secretas de la humanidad, conforme a las buenas nuevas que yo declaro.
17 Ahora bien, si eres judío de nombre y descansas sobre ley y te glorías en Dios, 18 y conoces su voluntad y apruebas las cosas que son admirables porque eres instruido oralmente de la Ley; 19 y estás persuadido de que eres guía de ciegos, luz para los que están en oscuridad, 20 corregidor de los irrazonables, maestro de los pequeñuelos, y tienes en la Ley la armazón del conocimiento y de la verdad… 21 tú, sin embargo, el que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú, el que predicas: “No hurtes”, ¿hurtas? 22 Tú, el que dices: “No cometas adulterio”, ¿cometes adulterio? Tú, el que expresas aborrecimiento de los ídolos, ¿robas a los templos? 23 Tú, que te glorías en ley, ¿por tu transgresión de la Ley deshonras a Dios? 24 Porque “el nombre de Dios es blasfemado entre las naciones a causa de ustedes”; así como está escrito.
25 La circuncisión, en realidad, es de provecho solo si practicas ley; pero si eres transgresor de ley, tu circuncisión ha llegado a ser incircuncisión. 26 Por eso, si el incircunciso guarda los justos requisitos de la Ley, su incircuncisión será contada por circuncisión, ¿no es verdad? 27 Y el incircunciso, que lo es por naturaleza, al llevar a cabo la Ley, te juzgará a ti, que, teniendo su código escrito y la circuncisión, eres transgresor de ley. 28 Porque no es judío el que lo es por fuera, ni es la circuncisión la que está afuera en la carne. 29 Más bien, es judío el que lo es por dentro, y [su] circuncisión es la del corazón por espíritu, y no por un código escrito. La alabanza de ese viene, no de los hombres, sino de Dios.
3 ¿Cuál, pues, es la superioridad del judío, o cuál es el provecho de la circuncisión? 2 Muchísimo de todas maneras. En primer lugar, porque a ellos fueron encomendadas las sagradas declaraciones formales de Dios. 3 ¿Cuál, pues, [es el caso]? Si algunos no expresaron fe, ¿acaso su falta de fe hará sin efecto la fidelidad de Dios? 4 ¡Jamás suceda eso! Más bien, sea Dios hallado veraz, aunque todo hombre sea hallado mentiroso, así como está escrito: “Para que seas probado justo en tus palabras y ganes cuando se te esté juzgando”. 5 Sin embargo, si nuestra injusticia hace resaltar la justicia de Dios, ¿qué diremos? Dios no es injusto cuando descarga su ira, ¿verdad? (Estoy hablando como lo hace un hombre.) 6 ¡Jamás suceda eso! ¿Cómo, de otro modo, juzgará Dios al mundo?
7 No obstante, si con motivo de mi mentira la verdad de Dios se ha hecho más prominente para gloria de él, ¿por qué, también, todavía se me juzga como pecador? 8 ¿Y [por qué] no [decir], así como lo que se nos imputa falsamente y así como declaran algunos que decimos: “Hagamos las cosas malas para que vengan las cosas buenas”? El juicio contra tales [hombres] está en armonía con la justicia.
9 ¿Qué, pues? ¿Estamos en mejor posición nosotros? ¡De ninguna manera! Porque arriba hemos hecho el cargo de que tanto los judíos como los griegos están todos bajo pecado; 10 así como está escrito: “No hay justo, ni siquiera uno; 11 no hay quien tenga perspicacia alguna, no hay quien busque a Dios. 12 Todos se han desviado, todos juntos se han hecho inútiles; no hay quien haga bondad, no hay siquiera uno solo”. 13 “Sepulcro abierto es su garganta, con sus lenguas han usado engaño.” “Hay veneno de áspides detrás de sus labios.” 14 “Y su boca está llena de maldición y de expresión amarga.” 15 “Sus pies son veloces para derramar sangre.” 16 “Ruina y desdicha se hallan en sus caminos, 17 y no han conocido el camino de la paz.” 18 “No hay temor de Dios delante de sus ojos.”
19 Ahora bien, sabemos que todas las cosas que la Ley dice, las dirige a los que están bajo la Ley, para que toda boca se cierre y todo el mundo quede expuesto a castigo ante Dios. 20 Así es que por obras de ley ninguna carne será declarada justa ante él, porque por ley es el conocimiento exacto del pecado.
21 Mas ahora, aparte de ley, la justicia de Dios ha sido puesta de manifiesto, según dan testimonio de ella la Ley y los Profetas; 22 sí, la justicia de Dios mediante la fe en Jesucristo, para todos los que tienen fe. Porque no hay distinción. 23 Porque todos han pecado y no alcanzan a la gloria de Dios, 24 y es como dádiva gratuita que por su bondad inmerecida se les está declarando justos mediante la liberación por el rescate [pagado] por Cristo Jesús. 25 Dios lo presentó como ofrenda para propiciación mediante fe en su sangre. Esto fue con el fin de exhibir su propia justicia, porque estaba perdonando los pecados que habían ocurrido en el pasado mientras Dios estaba ejerciendo longanimidad; 26 para exhibir su propia justicia en esta época presente, para que él sea justo hasta al declarar justo al hombre que tiene fe en Jesús.
27 Entonces, ¿dónde está la jactancia? Queda excluida. ¿Mediante qué ley? ¿La de obras? No, por cierto, sino mediante la ley de la fe. 28 Porque estimamos que el hombre es declarado justo por fe aparte de obras de ley. 29 ¿O es él el Dios de los judíos únicamente? ¿No lo es también de gente de las naciones? Sí, de gente de las naciones también, 30 si en verdad Dios es uno solo, que declarará justos a los circuncisos como resultado de fe y justos a los incircuncisos por medio de su fe. 31 ¿Abolimos ley, pues, por medio de nuestra fe? ¡Jamás suceda eso! Al contrario, establecemos ley.
4 Siendo así, ¿qué diremos de Abrahán, nuestro antepasado según la carne? 2 Por ejemplo, si a Abrahán se le declarara justo como resultado de obras, tendría base para jactarse; mas no con Dios. 3 Porque, ¿qué dice la escritura? “Abrahán ejerció fe en Jehová, y le fue contado por justicia.” 4 Ahora bien, al que trabaja no se le cuenta el pago como bondad inmerecida, sino como deuda. 5 Por otra parte, al que no trabaja, pero pone fe en el que declara justo al impío, su fe le es contada por justicia. 6 Así como también David habla de la felicidad del hombre a quien Dios imputa justicia aparte de obras: 7 “Felices son aquellos cuyos desafueros han sido perdonados y cuyos pecados han sido cubiertos; 8 feliz es el hombre cuyo pecado Jehová de ninguna manera tomará en cuenta”.
9 Esta felicidad, pues, ¿les viene a los circuncisos, o también a los incircuncisos? Porque decimos: “Su fe le fue contada a Abrahán por justicia”. 10 ¿En qué circunstancias, pues, le fue contada? ¿Cuando estaba en la circuncisión, o en la incircuncisión? No en la circuncisión, sino en la incircuncisión. 11 Y recibió una señal, a saber, la circuncisión, como sello de la justicia por la fe que tuvo mientras se halló en su estado de incircuncisión, para que fuera el padre de todos los que tienen fe mientras están en incircuncisión, a fin de que se les impute la justicia; 12 y padre de prole circuncidada, no solo de los que se adhieren a la circuncisión, sino también de los que andan ordenadamente en las pisadas de aquella fe que tuvo nuestro padre Abrahán estando en condición de incircuncisión.
13 Porque no fue mediante ley que Abrahán o su descendencia tuvieron la promesa de que él hubiera de ser heredero de un mundo, sino que fue mediante la justicia por fe. 14 Porque si son herederos los que se adhieren a ley, la fe se ha hecho inútil y la promesa ha sido abolida. 15 En realidad la Ley produce ira, pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión alguna.
16 A causa de esto fue como resultado de fe, para que sea según bondad inmerecida, a fin de que la promesa le sea segura a toda su descendencia, no solo a la que se adhiere a la Ley, sino también a la que se adhiere a la fe de Abrahán. (Él es el padre de todos nosotros, 17 así como está escrito: “Te he nombrado padre de muchas naciones”.) Esto fue a vista de Aquel en quien tenía fe, sí, de Dios, que vivifica a los muertos y llama las cosas que no son como si fueran. 18 Aunque más allá de toda esperanza, basado todavía en esperanza tuvo fe, para llegar a ser padre de muchas naciones conforme a lo que se había dicho: “Así será tu descendencia”. 19 Y, aunque no se debilitó en fe, consideró su propio cuerpo, ahora ya amortiguado, pues tenía como cien años, además del amortiguamiento de la matriz de Sara. 20 Pero, a causa de la promesa de Dios, no titubeó con falta de fe, sino que se hizo poderoso por su fe, dando gloria a Dios 21 y estando plenamente convencido de que lo que él había prometido también lo podía hacer. 22 Por tanto, “le fue contado por justicia”.
23 El que “le fue contado” fue escrito, sin embargo, no solo por causa de él, 24 sino también por causa de nosotros a quienes está destinado a ser contado, porque creemos en el que levantó de entre los muertos a Jesús nuestro Señor. 25 Él fue entregado a causa de nuestras ofensas y fue levantado a fin de declararnos justos.
5 Por lo tanto, ahora que hemos sido declarados justos como resultado de fe, gocemos de paz con Dios mediante nuestro Señor Jesucristo, 2 mediante quien también hemos obtenido nuestro acceso por fe a esta bondad inmerecida en la cual ahora nos mantenemos; y alborocémonos, basados en la esperanza de la gloria de Dios. 3 Y no solo eso, sino que alborocémonos estando en tribulaciones, puesto que sabemos que la tribulación produce aguante; 4 el aguante, a su vez, una condición aprobada; la condición aprobada, a su vez, esperanza, 5 y la esperanza no conduce a la desilusión; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones mediante el espíritu santo, que nos fue dado.
6 Porque, de hecho, Cristo, mientras todavía éramos débiles, murió por impíos al tiempo señalado. 7 Porque apenas muere alguien por un [hombre] justo; en realidad, por el [hombre] bueno, quizás, alguien hasta se atreva a morir. 8 Pero Dios recomienda su propio amor a nosotros en que, mientras todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros. 9 Mucho más, pues, dado que hemos sido declarados justos ahora por su sangre, seremos salvados mediante él de la ira. 10 Porque si, cuando éramos enemigos, fuimos reconciliados con Dios mediante la muerte de su Hijo, mucho más, ahora que estamos reconciliados, seremos salvados por su vida. 11 Y no solo eso, sino que también nos alborozamos en Dios mediante nuestro Señor Jesucristo, mediante quien ahora hemos recibido la reconciliación.
12 Por eso, así como por medio de un solo hombre el pecado entró en el mundo, y la muerte mediante el pecado, y así la muerte se extendió a todos los hombres porque todos habían pecado… 13 Porque hasta la Ley había pecado en el mundo, pero a nadie se imputa pecado cuando no hay ley. 14 No obstante, la muerte reinó desde Adán hasta Moisés, aun sobre los que no habían pecado a la semejanza de la transgresión de Adán, el cual tiene un parecido con el que había de venir.
15 Mas no es con el don como fue con la ofensa. Porque si por la ofensa de un solo hombre muchos murieron, mucho más abundaron para los muchos la bondad inmerecida de Dios y su dádiva gratuita con la bondad inmerecida por el solo hombre, Jesucristo. 16 También, no es con la dádiva gratuita como fue con el resultado que se produjo mediante el solo [hombre] que pecó. Porque el juicio resultó de una sola ofensa en condenación, pero el don resultó de muchas ofensas en una declaración de justicia. 17 Porque si por la ofensa del solo [hombre] la muerte reinó mediante aquel solo, mucho más los que reciben la abundancia de la bondad inmerecida y de la dádiva gratuita de la justicia reinarán en vida mediante la sola [persona], Jesucristo.
18 Así, pues, como mediante una sola ofensa el resultado a toda clase de hombres fue la condenación, así mismo también mediante un solo acto de justificación el resultado a toda clase de hombres es el declararlos justos para vida. 19 Porque así como mediante la desobediencia del solo hombre muchos fueron constituidos pecadores, así mismo, también, mediante la obediencia de la sola [persona] muchos serán constituidos justos. 20 Ahora bien, la Ley entró además para que abundara la ofensa. Mas donde abundó el pecado, abundó aún más la bondad inmerecida. 21 ¿Con qué fin? Para que, así como el pecado reinó con la muerte, así mismo también la bondad inmerecida reinara mediante la justicia con vida eterna en mira mediante Jesucristo nuestro Señor.
6 Por consiguiente, ¿qué diremos? ¿Continuaremos en el pecado, para que abunde la bondad inmerecida? 2 ¡Jamás suceda eso! Ya que hemos muerto con referencia al pecado, ¿cómo habremos de seguir viviendo todavía en él? 3 ¿O ignoran que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús fuimos bautizados en su muerte? 4 Por lo tanto, fuimos sepultados con él mediante nuestro bautismo en su muerte, para que, así como Cristo fue levantado de entre los muertos mediante la gloria del Padre, así también nosotros andemos en novedad de vida. 5 Porque si hemos sido unidos con él en la semejanza de su muerte, ciertamente también seremos [unidos con él en la semejanza] de su resurrección; 6 porque sabemos que nuestra vieja personalidad fue fijada en el madero con [él], para que nuestro cuerpo pecaminoso fuera hecho inactivo, para que ya no sigamos siendo esclavos del pecado. 7 Porque el que ha muerto ha sido absuelto de [su] pecado.
8 Además, si hemos muerto con Cristo, creemos que también viviremos con él. 9 Porque sabemos que Cristo, ahora que ha sido levantado de entre los muertos, ya no muere; la muerte ya no es amo sobre él. 10 Porque [la muerte] que él murió, la murió con referencia al pecado una vez para siempre; pero [la vida] que vive, la vive con referencia a Dios. 11 Así mismo también ustedes: ténganse por muertos, en verdad, con referencia al pecado, pero vivos con referencia a Dios por Cristo Jesús.
12 Por lo tanto, no dejen que el pecado continúe reinando en su cuerpo mortal de modo que obedezcan los deseos de este. 13 Tampoco sigan presentando sus miembros al pecado como armas de la injusticia, sino preséntense a Dios como aquellos vivos de entre los muertos; también sus miembros a Dios como armas de la justicia. 14 Porque el pecado no debe ser amo sobre ustedes, puesto que no están bajo ley, sino bajo bondad inmerecida.
15 ¿Qué, pues? ¿Cometeremos un pecado porque no estamos bajo ley, sino bajo bondad inmerecida? ¡Jamás suceda eso! 16 ¿No saben que si siguen presentándose a alguien como esclavos para obedecerle son esclavos de él porque le obedecen, ya sea del pecado con la muerte en mira o de la obediencia con la justicia en mira? 17 Pero gracias a Dios que ustedes eran esclavos del pecado pero se hicieron obedientes de corazón a aquella forma de enseñanza a la cual fueron entregados. 18 Sí, habiendo sido libertados del pecado, vinieron a ser esclavos de la justicia. 19 Estoy hablando en términos humanos a causa de la debilidad de su carne: porque así como presentaron sus miembros como esclavos a la inmundicia y al desafuero con el desafuero en mira, así ahora presenten sus miembros como esclavos a la justicia con la santidad en mira. 20 Porque cuando eran esclavos del pecado, eran libres en cuanto a la justicia.
21 Entonces, ¿cuál era el fruto que tenían en aquel tiempo? Cosas de las cuales ahora se avergüenzan. Porque el fin de aquellas cosas es la muerte. 22 Sin embargo, ahora, porque han sido libertados del pecado, pero han llegado a ser esclavos de Dios, tienen su fruto en forma de santidad, y el resultado final vida eterna. 23 Porque el salario que el pecado paga es muerte, pero el don que Dios da es vida eterna por Cristo Jesús nuestro Señor.
7 ¿Será que ignoran, hermanos (porque estoy hablando a los que conocen ley), que la Ley es amo sobre el hombre en tanto que este vive? 2 Por ejemplo, la mujer casada está atada por ley a su esposo mientras este vive; pero si su esposo muere, queda desobligada de la ley de su esposo. 3 Así es que, mientras vive su esposo, sería llamada adúltera si llegara a ser de otro hombre. Pero si su esposo muere, queda libre de la ley de él, de modo que no es adúltera si llega a ser de otro hombre.
4 Así es que, hermanos míos, a ustedes también se les hizo morir a la Ley mediante el cuerpo del Cristo, para que llegaran a ser de otro, de aquel que fue levantado de entre los muertos, para que llevemos fruto para Dios. 5 Porque cuando estábamos en conformidad con la carne, las pasiones pecaminosas que eran excitadas por la Ley obraban en nuestros miembros para que produjéramos fruto para muerte. 6 Pero ahora hemos sido desobligados de la Ley, porque hemos muerto a aquello por lo cual se nos tenía sujetos, para que seamos esclavos en un sentido nuevo por el espíritu, y no en el sentido viejo por el código escrito.
7 Entonces, ¿qué diremos? ¿Es pecado la Ley? ¡Jamás llegue a ser eso así! Realmente, yo no habría llegado a conocer el pecado si no hubiera sido por la Ley; y, por ejemplo, no habría conocido la codicia si la Ley no hubiera dicho: “No debes codiciar”. 8 Pero el pecado, recibiendo un incentivo por medio del mandamiento, obró en mí toda clase de codicia, porque aparte de ley el pecado estaba muerto. 9 De hecho, yo estaba vivo en otro tiempo aparte de ley; mas cuando llegó el mandamiento, el pecado revivió, pero yo morí. 10 Y el mandamiento que era para vida, este hallé que fue para muerte. 11 Porque el pecado, recibiendo un incentivo mediante el mandamiento, me sedujo, y mediante él me mató. 12 De manera que, por su parte, la Ley es santa, y el mandamiento es santo y justo y bueno.
13 ¿Acaso, pues, llegó a ser muerte para mí lo que es bueno? ¡Jamás suceda eso! Pero el pecado lo fue, para que se mostrara como pecado que obraba muerte para mí mediante lo que es bueno; para que el pecado llegara a ser mucho más pecaminoso mediante el mandamiento. 14 Porque sabemos que la Ley es espiritual; pero yo soy carnal, vendido bajo el pecado. 15 Porque lo que obro no lo sé. Porque lo que deseo, esto no lo practico; sino que lo que odio es lo que hago. 16 Sin embargo, si lo que no deseo es lo que hago, convengo en que la Ley es excelente. 17 Mas ahora el que lo obra ya no soy yo, sino el pecado que reside en mí. 18 Porque sé que en mí, es decir, en mi carne, nada bueno mora; porque la facultad de desear está presente conmigo, pero la facultad de obrar lo que es excelente no está [presente]. 19 Porque lo bueno que deseo no lo hago, pero lo malo que no deseo es lo que practico. 20 Ahora, pues, si lo que no deseo es lo que hago, el que lo obra ya no soy yo, sino el pecado que mora en mí.
21 Hallo, pues, esta ley en el caso mío: que cuando deseo hacer lo que es correcto, lo que es malo está presente conmigo. 22 Verdaderamente me deleito en la ley de Dios conforme al hombre que soy por dentro, 23 pero contemplo en mis miembros otra ley que guerrea contra la ley de mi mente y que me conduce cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. 24 ¡Hombre desdichado que soy! ¿Quién me librará del cuerpo que está padeciendo esta muerte? 25 ¡Gracias a Dios mediante Jesucristo nuestro Señor! Así pues, con [mi] mente yo mismo soy esclavo a la ley de Dios, pero con [mi] carne a la ley del pecado.
8 Por lo tanto, no tienen condenación los que están en unión con Cristo Jesús. 2 Porque la ley de ese espíritu que da vida en unión con Cristo Jesús te ha libertado de la ley del pecado y de la muerte. 3 Pues, dado que había incapacidad de parte de la Ley, en tanto que era débil a causa de la carne, Dios, al enviar a su propio Hijo en la semejanza de carne pecaminosa y tocante al pecado, condenó al pecado en la carne, 4 para que el justo requisito de la Ley se cumpliera en nosotros los que andamos, no en conformidad con la carne, sino en conformidad con el espíritu. 5 Porque los que están en conformidad con la carne fijan la mente en las cosas de la carne; pero los que están en conformidad con el espíritu, en las cosas del espíritu. 6 Porque el tener la mente puesta en la carne significa muerte, pero el tener la mente puesta en el espíritu significa vida y paz; 7 porque el tener la mente puesta en la carne significa enemistad con Dios, porque esta no está sujeta a la ley de Dios, ni, de hecho, lo puede estar. 8 Por eso los que están en armonía con la carne no pueden agradar a Dios.
9 Sin embargo, ustedes no están en armonía con la carne, sino con el espíritu, si es que el espíritu de Dios verdaderamente mora en ustedes. Pero si alguien no tiene el espíritu de Cristo, este no le pertenece. 10 Pero si Cristo está en unión con ustedes, el cuerpo verdaderamente está muerto a causa del pecado, pero el espíritu es vida a causa de la justicia. 11 Por eso, si el espíritu del que levantó a Jesús de entre los muertos mora en ustedes, el que levantó a Cristo Jesús de entre los muertos vivificará también sus cuerpos mortales mediante Su espíritu que reside en ustedes.
12 Así pues, hermanos, no nos vemos obligados a la carne, para vivir de acuerdo con la carne; 13 porque si ustedes viven de acuerdo con la carne, de seguro morirán; pero si por el espíritu hacen morir las prácticas del cuerpo, vivirán. 14 Porque todos los que son conducidos por el espíritu de Dios, estos son los hijos de Dios. 15 Porque ustedes no recibieron un espíritu de esclavitud que ocasione temor de nuevo, sino que recibieron un espíritu de adopción como hijos, espíritu por el cual clamamos: “¡Abba, Padre!”. 16 El espíritu mismo da testimonio con nuestro espíritu de que somos hijos de Dios. 17 Pues, si somos hijos, también somos herederos: herederos por cierto de Dios, pero coherederos con Cristo, con tal que suframos juntamente para que también seamos glorificados juntamente.
18 Por consiguiente, estimo que los sufrimientos de la época presente no son de ninguna importancia en comparación con la gloria que va a ser revelada en nosotros. 19 Porque la expectación anhelante de la creación aguarda la revelación de los hijos de Dios. 20 Porque la creación fue sujetada a futilidad, no de su propia voluntad, sino por aquel que la sujetó, sobre la base de la esperanza 21 de que la creación misma también será libertada de la esclavitud a la corrupción y tendrá la gloriosa libertad de los hijos de Dios. 22 Porque sabemos que toda la creación sigue gimiendo juntamente y estando en dolor juntamente hasta ahora. 23 No solo eso, sino que también nosotros mismos los que tenemos las primicias, a saber, el espíritu, sí, nosotros mismos gemimos en nuestro interior, mientras aguardamos con intenso anhelo la adopción como hijos, el ser puestos en libertad de nuestros cuerpos por rescate. 24 Porque fuimos salvados en [esta] esperanza; pero la esperanza que se ve no es esperanza, porque, cuando el hombre ve una cosa, ¿la espera? 25 Pero si esperamos lo que no vemos, seguimos aguardándolo con aguante.
26 De igual manera el espíritu también acude con ayuda para nuestra debilidad; porque el [problema de] lo que debemos pedir en oración como necesitamos hacerlo no lo sabemos, pero el espíritu mismo aboga por nosotros con gemidos no expresados. 27 Sin embargo, el que escudriña los corazones sabe cuál es la intención del espíritu, porque este aboga en conformidad con Dios por los santos.
28 Ahora bien, sabemos que Dios hace que todas sus obras cooperen juntas para el bien de los que aman a Dios, los que son llamados según su propósito; 29 porque a los que dio su primer reconocimiento también los predeterminó para que fueran hechos conforme a la imagen de su Hijo, para que él fuera el primogénito entre muchos hermanos. 30 Además, a los que él predeterminó, también llamó; y a los que llamó, también declaró ser justos. Finalmente, a los que declaró justos, él también glorificó.
31 Entonces, ¿qué diremos a estas cosas? Si Dios está por nosotros, ¿quién estará contra nosotros? 32 El que ni aun a su propio Hijo perdonó, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿por qué no nos dará bondadosamente también con él todas las demás cosas? 33 ¿Quién presentará acusación contra los escogidos de Dios? Dios es Aquel que [los] declara justos. 34 ¿Quién es el que condenará? Cristo Jesús es aquel que murió, sí, más bien aquel que fue levantado de entre los muertos, que está a la diestra de Dios, que también aboga por nosotros.
35 ¿Quién nos separará del amor del Cristo? ¿La tribulación, o la angustia, o la persecución, o el hambre, o la desnudez, o el peligro, o la espada? 36 Así como está escrito: “Por tu causa se nos hace morir todo el día, se nos ha tenido por ovejas para degollación”. 37 Al contrario, en todas estas cosas estamos saliendo completamente victoriosos mediante el que nos amó. 38 Porque estoy convencido de que ni muerte, ni vida, ni ángeles, ni gobiernos, ni cosas aquí ahora, ni cosas por venir, ni poderes, 39 ni altura, ni profundidad, ni ninguna otra creación podrá separarnos del amor de Dios que está en Cristo Jesús nuestro Señor.
9 Digo la verdad en Cristo; no miento, puesto que mi conciencia da testimonio conmigo en espíritu santo, 2 de que tengo gran desconsuelo e incesante dolor en mi corazón. 3 Porque podría desear que yo mismo fuera separado del Cristo como el maldito a favor de mis hermanos, mis parientes según la carne, 4 que, como tales, son israelitas, a quienes pertenecen la adopción como hijos y la gloria y los pactos y la promulgación de la Ley y el servicio sagrado y las promesas; 5 a quienes pertenecen los antepasados y de quienes [provino] el Cristo según la carne: Dios, que está sobre todos, [sea] bendito para siempre. Amén.
6 Sin embargo, no es como si la palabra de Dios hubiera fallado. Porque no todos los que [provienen] de Israel son realmente “Israel”. 7 Ni porque son descendencia de Abrahán son todos hijos, sino: “Lo que será llamado ‘descendencia tuya’ será mediante Isaac”. 8 Es decir, los hijos en la carne no son realmente los hijos de Dios, sino que los hijos de la promesa son contados como descendencia. 9 Porque la palabra de promesa fue como sigue: “Por este tiempo vendré y Sara tendrá un hijo”. 10 Y no solo ese caso, sino también cuando Rebeca concibió gemelos de un solo [hombre], de Isaac nuestro antepasado: 11 pues cuando todavía no habían nacido ni practicado cosa buena ni vil, para que el propósito de Dios tocante a la selección continuara dependiendo, no de obras, sino de Aquel que llama, 12 se le dijo a ella: “El mayor será esclavo del menor”. 13 Así como está escrito: “Amé a Jacob, pero odié a Esaú”.
14 ¿Qué diremos, pues? ¿Hay injusticia con Dios? ¡Jamás llegue a ser eso así! 15 Porque a Moisés dice: “Tendré misericordia de quien tenga misericordia, y mostraré compasión a quien muestre compasión”. 16 Así, pues, no depende del que desea ni del que corre, sino de Dios, que tiene misericordia. 17 Porque dice la Escritura a Faraón: “Para esto mismo te he dejado permanecer, para que con respecto a ti muestre mi poder, y para que mi nombre sea declarado por toda la tierra”. 18 Así, pues, de quien desea tiene misericordia, pero de quien lo desea deja que se haga obstinado.
19 Por tanto me dirás: “¿Por qué señala falta todavía? Pues, ¿quién ha resistido su voluntad expresa?”. 20 Oh hombre, ¿quién, pues, eres tú, realmente, para que repliques contra Dios? ¿Acaso la cosa moldeada dirá al que la moldeó: “¿Por qué me hiciste de esta manera?”? 21 ¿Qué? ¿No tiene el alfarero autoridad sobre el barro, para hacer de la misma masa un vaso para uso honroso, otro para uso deshonroso? 22 Pues, si Dios, aunque tiene la voluntad de demostrar su ira y de dar a conocer su poder, toleró con mucha [y] gran paciencia vasos de ira hechos a propósito para la destrucción, 23 a fin de dar a conocer las riquezas de su gloria sobre vasos de misericordia, que él preparó de antemano para gloria, 24 a saber, nosotros, a quienes llamó no solo de entre los judíos, sino también de entre las naciones, ¿[qué hay de ello]? 25 Es como él dice también en Oseas: “A los que no son pueblo mío llamaré ‘pueblo mío’, y a la que no era amada, ‘amada’; 26 y en el lugar donde se les dijo: ‘Ustedes no son mi pueblo’, allí serán llamados ‘hijos del Dios vivo’”.
27 Además, Isaías clama respecto a Israel: “Aunque el número de los hijos de Israel sea como la arena del mar, es el resto lo que será salvo. 28 Porque Jehová hará un ajuste de cuentas sobre la tierra, concluyéndolo y acortándolo”. 29 También, así como Isaías había dicho en otro tiempo: “A menos que Jehová de los ejércitos nos hubiera dejado descendencia, habríamos llegado a ser justamente como Sodoma, y habríamos quedado justamente como Gomorra”.
30 ¿Qué diremos, pues? Que gente de las naciones, aunque no seguía tras la justicia, alcanzó la justicia, la justicia que resulta de la fe; 31 pero Israel, aunque seguía tras una ley de justicia, no logró alcanzar la ley. 32 ¿Por qué razón? Porque siguió tras ella, no por fe, sino como por obras. Tropezaron con la “piedra de tropiezo”; 33 como está escrito: “¡Miren! Coloco en Sión piedra de tropiezo y masa rocosa de ofensa, pero el que cifre su fe en ella no sufrirá desilusión”.
10 Hermanos, la buena voluntad de mi corazón y mi ruego a Dios por ellos son, en realidad, para su salvación. 2 Porque les doy testimonio de que tienen celo por Dios; mas no conforme a conocimiento exacto; 3 pues, a causa de no conocer la justicia de Dios, pero de procurar establecer la suya propia, no se sujetaron a la justicia de Dios. 4 Porque Cristo es el fin de la Ley, para que todo el que ejerza fe tenga justicia.
5 Porque Moisés escribe que el hombre que ha cumplido la justicia de la Ley vivirá por ella. 6 Pero la justicia que resulta de la fe habla de esta manera: “No digas en tu corazón: ‘¿Quién ascenderá al cielo?’, esto es, para hacer bajar a Cristo; 7 o: ‘¿Quién descenderá al abismo?’, esto es, para hacer subir a Cristo de entre los muertos”. 8 Pero ¿qué dice? “La palabra está cerca de ti, en tu propia boca y en tu propio corazón”; es decir, la “palabra” de fe, que predicamos. 9 Porque si declaras públicamente aquella ‘palabra en tu propia boca’, que Jesús es Señor, y en tu corazón ejerces fe en que Dios lo levantó de entre los muertos, serás salvo. 10 Porque con el corazón se ejerce fe para justicia, pero con la boca se presenta declaración pública para salvación.
11 Pues dice la Escritura: “Ninguno que cifre su fe en él será desilusionado”. 12 Porque no hay distinción entre judío y griego, puesto que hay el mismo Señor sobre todos, que es rico para con todos los que lo invocan. 13 Porque “todo el que invoque el nombre de Jehová será salvo”. 14 Sin embargo, ¿cómo invocarán a aquel en quien no han puesto fe? ¿Cómo, a su vez, pondrán fe en aquel de quien no han oído? ¿Cómo, a su vez, oirán sin alguien que predique? 15 ¿Cómo, a su vez, predicarán a menos que hayan sido enviados? Así como está escrito: “¡Cuán hermosos son los pies de los que declaran buenas nuevas de cosas buenas!”.
16 Sin embargo, no todos obedecieron las buenas nuevas. Pues Isaías dice: “Jehová, ¿quién puso fe en la cosa oída de parte de nosotros?”. 17 De modo que la fe sigue a lo oído. A su vez, lo oído es mediante la palabra acerca de Cristo. 18 Sin embargo, pregunto: No es que no hayan oído, ¿verdad? Pues, de hecho, “por toda la tierra salió su sonido, y hasta las extremidades de la tierra habitada sus expresiones”. 19 Con todo, pregunto: No es que Israel no haya sabido, ¿verdad? Primero dice Moisés: “Los incitaré a ustedes a celos mediante aquello que no es nación; los incitaré a cólera violenta mediante una nación estúpida”. 20 Pero Isaías se hace muy denodado y dice: “Fui hallado por los que no me buscaban; vine a ser manifiesto a los que no preguntaban por mí”. 21 Pero en cuanto a Israel dice: “Todo el día he extendido mis manos hacia un pueblo que es desobediente y respondón”.
11 Pregunto, pues: Dios no rechazó a su pueblo, ¿verdad? ¡Jamás suceda eso! Pues yo también soy israelita, de la descendencia de Abrahán, de la tribu de Benjamín. 2 Dios no rechazó a su pueblo, a quien primero reconoció. ¿Acaso no saben lo que dice la Escritura con relación a Elías, al argüir él ante Dios contra Israel? 3 “Jehová, han matado a tus profetas, han excavado tus altares, y yo solo quedo, y buscan mi alma.” 4 Sin embargo, ¿qué le dice la declaración formal divina? “He dejado que me queden siete mil hombres, [hombres] que no han doblado la rodilla ante Baal.” 5 De esta manera, por lo tanto, también en la época presente ha llegado a haber un resto según una selección que se debe a bondad inmerecida. 6 Ahora bien, si es por bondad inmerecida, ya no se debe a obras; de otra manera, la bondad inmerecida ya no resulta ser bondad inmerecida.
7 Entonces, ¿qué? La mismísima cosa que Israel busca solícitamente no la obtuvo, pero los escogidos la obtuvieron. A los demás les fueron embotadas las sensibilidades; 8 así como está escrito: “Dios les ha dado un espíritu de sueño profundo, ojos para que no vean, y oídos para que no oigan, hasta el mismo día de hoy”. 9 También, David dice: “Que su mesa llegue a ser para ellos un lazo y una trampa y una piedra de tropiezo y una retribución; 10 que se les oscurezcan los ojos para que no vean, y encórvales siempre la espalda”.
11 Por lo tanto, pregunto: ¿Tropezaron ellos de modo que cayeran por completo? ¡Jamás suceda eso! Pero por su paso en falso hay salvación para gente de las naciones, para incitarlos a celos a ellos. 12 Ahora bien, si su paso en falso significa riqueza para el mundo, y su disminución significa riqueza para gente de las naciones, ¡cuánto más lo significará el número pleno de ellos!
13 Ahora les hablo a ustedes los que son gente de las naciones. Por cuanto soy, en realidad, apóstol a las naciones, glorifico mi ministerio, 14 por si de algún modo incite a celos [a los que son] mi propia carne, y salve a algunos de entre ellos. 15 Porque si el desecharlos significa reconciliación para el mundo, ¿qué significará el recibirlos, sino vida de entre los muertos? 16 Además, si la [parte que se toma como] primicias es santa, también lo es la masa; y si la raíz es santa, también lo son las ramas.
17 Sin embargo, si algunas de las ramas fueron desgajadas, pero tú, aunque eres acebuche, fuiste injertado entre ellas y llegaste a ser partícipe de la raíz de grosura del olivo, 18 no te alboroces en triunfo sobre las ramas. Pero, si te alborozas en triunfo sobre ellas, no eres tú quien soporta la raíz, sino la raíz a ti. 19 Dirás, pues: “Algunas ramas fueron desgajadas para que yo fuera injertado”. 20 ¡Está bien! Por [su] falta de fe fueron desgajadas, pero tú por la fe estás en pie. Cesa de tener ideas encumbradas; antes bien, teme. 21 Porque si Dios no perdonó a las ramas naturales, tampoco te perdonará a ti. 22 Ve, por lo tanto, la bondad y la severidad de Dios. Para con los que cayeron hay severidad, mas para contigo hay la bondad de Dios, con tal que permanezcas en su bondad; de otra manera, tú también serás podado. 23 Ellos también, si no permanecen en su falta de fe, serán injertados; porque Dios puede injertarlos de nuevo. 24 Porque si tú fuiste cortado del olivo que por naturaleza es silvestre, y contrario a la naturaleza fuiste injertado en el olivo de huerto, ¡cuánto más estos que son naturales serán injertados en su propio olivo!
25 Porque no quiero, hermanos, que ignoren este secreto sagrado, para que no sean discretos a sus propios ojos: que un embotamiento de las sensibilidades le ha sucedido en parte a Israel hasta que el número pleno de gente de las naciones haya entrado, 26 y de esta manera todo Israel será salvo. Así como está escrito: “Saldrá de Sión el libertador y apartará de Jacob las prácticas impías. 27 Y este es el pacto de parte mía con ellos, cuando les quite sus pecados”. 28 Es verdad que con referencia a las buenas nuevas ellos son enemigos por causa de ustedes, pero con referencia a la selección [de Dios] son amados por causa de sus antepasados. 29 Porque los dones y el llamamiento de Dios no son cosas que le hayan de pesar. 30 Pues así como ustedes en otro tiempo fueron desobedientes a Dios, mas ahora se les ha mostrado misericordia a causa de la desobediencia de ellos, 31 así también estos ahora han sido desobedientes y el resultado ha sido misericordia para ustedes, para que también a ellos mismos ahora se les muestre misericordia. 32 Porque Dios los ha encerrado a todos juntos en la desobediencia, para mostrarles misericordia a todos ellos.
33 ¡Oh la profundidad de las riquezas y de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán inescrutables [son] sus juicios e ininvestigables sus caminos! 34 Porque “¿quién ha llegado a conocer la mente de Jehová, o quién se ha hecho su consejero?”. 35 O, “¿Quién le ha dado primero, para que tenga que pagársele?”. 36 Porque procedentes de él y por él y para él son todas las cosas. A él sea la gloria para siempre. Amén.
12 Por consiguiente, les suplico por las compasiones de Dios, hermanos, que presenten sus cuerpos como sacrificio vivo, santo, acepto a Dios, un servicio sagrado con su facultad de raciocinio. 2 Y cesen de amoldarse a este sistema de cosas; más bien, transfórmense rehaciendo su mente, para que prueben para ustedes mismos lo que es la buena y la acepta y la perfecta voluntad de Dios.
3 Pues por la bondad inmerecida que se me ha dado digo a cada uno que está allí entre ustedes que no piense más de sí mismo de lo que sea necesario pensar; sino que piense de tal modo que tenga juicio sano, cada uno según le haya distribuido Dios una medida de fe. 4 Porque así como en un solo cuerpo tenemos muchos miembros, pero los miembros no tienen todos la misma función, 5 así nosotros, aunque muchos, somos un solo cuerpo en unión con Cristo, pero miembros que pertenecemos individualmente unos a otros. 6 Entonces, puesto que tenemos dones que difieren según la bondad inmerecida que se nos ha dado, si es profecía, [profeticemos] según la proporción de fe que se [nos] haya dado; 7 o un ministerio, [ocupémonos] en este ministerio; o el que enseña, [ocúpese] en su enseñanza; 8 o el que exhorta, [ocúpese] en su exhortación; el que distribuye, [hágalo] con liberalidad; el que preside, [hágalo] con verdadera solicitud; el que muestra misericordia, [hágalo] con alegría.
9 Sea [su] amor sin hipocresía. Aborrezcan lo que es inicuo; adhiéranse a lo que es bueno. 10 En amor fraternal ténganse tierno cariño unos a otros. En cuanto a mostrarse honra unos a otros, lleven la delantera. 11 No sean holgazanes en sus quehaceres. Fulguren con el espíritu. Sirvan a Jehová como esclavos. 12 Regocíjense en la esperanza. Aguanten bajo tribulación. Perseveren en la oración. 13 Compartan con los santos según las necesidades de estos. Sigan la senda de la hospitalidad. 14 Sigan bendiciendo a los que [los] persiguen; estén bendiciendo, y no maldiciendo. 15 Regocíjense con los que se regocijan; lloren con los que lloran. 16 Estén dispuestos para con otros del mismo modo como lo están para consigo mismos; no tengan la mente puesta en cosas encumbradas, sino déjense llevar con las cosas humildes. No se hagan discretos a sus propios ojos.
17 No devuelvan mal por mal a nadie. Provean cosas excelentes a vista de todos los hombres. 18 Si es posible, en cuanto dependa de ustedes, sean pacíficos con todos los hombres. 19 No se venguen, amados, sino cédanle lugar a la ira; porque está escrito: “Mía es la venganza; yo pagaré, dice Jehová”. 20 Pero, “si tu enemigo tiene hambre, aliméntalo; si tiene sed, dale algo de beber; porque haciendo esto amontonarás brasas ardientes sobre su cabeza”. 21 No te dejes vencer por el mal, sino sigue venciendo el mal con el bien.
13 Toda alma esté en sujeción a las autoridades superiores, porque no hay autoridad a no ser por Dios; las autoridades que existen están colocadas por Dios en sus posiciones relativas. 2 Por lo tanto, el que se opone a la autoridad se ha puesto en contra del arreglo de Dios; los que se han puesto en contra de este recibirán juicio para sí. 3 Porque los que gobiernan no son objeto de temor para el hecho bueno, sino para el malo. ¿Quieres, pues, no temer a la autoridad? Sigue haciendo el bien, y tendrás alabanza de ella; 4 porque es ministro de Dios para ti para bien tuyo. Pero si estás haciendo lo que es malo, teme: porque no es sin propósito que lleva la espada; porque es ministro de Dios, vengador para expresar ira sobre el que practica lo que es malo.
5 Hay, por lo tanto, razón apremiante para que ustedes estén en sujeción, no solo por causa de esa ira, sino también por causa de [su] conciencia. 6 Pues por eso ustedes también pagan impuestos; porque ellos son siervos públicos de Dios que sirven constantemente con este mismo propósito. 7 Den a todos lo que les es debido: al que [pide] impuesto, el impuesto; al que [pide] tributo, el tributo; al que [pide] temor, dicho temor; al que [pide] honra, dicha honra.
8 No deban a nadie ni una sola cosa, salvo el amarse unos a otros; porque el que ama a su semejante ha cumplido [la] ley. 9 Porque el [código]: “No debes cometer adulterio, No debes asesinar, No debes hurtar, No debes codiciar”, y cualquier otro mandamiento que haya, se resume en esta palabra, a saber: “Tienes que amar a tu prójimo como a ti mismo”. 10 El amor no obra mal al prójimo; por lo tanto, el amor es el cumplimiento de la ley.
11 [Hagan] esto, también, porque ustedes conocen el tiempo, que ya es hora de que despierten del sueño, porque ahora está más cerca nuestra salvación que cuando nos hicimos creyentes. 12 La noche está muy avanzada; el día se ha acercado. Por lo tanto, quitémonos las obras que pertenecen a la oscuridad y vistámonos las armas de la luz. 13 Como de día, andemos decentemente, no en diversiones estrepitosas y borracheras, no en coito ilícito y conducta relajada, no en contienda y celos. 14 Antes bien, vístanse del Señor Jesucristo, y no estén haciendo planes con anticipación para los deseos de la carne.
14 Reciban con gusto al que tiene debilidades en [su] fe, pero no para tomar decisiones sobre cuestiones de duda interna. 2 Un [hombre] tiene fe para comer de todo, pero el que es débil come legumbres. 3 El que come no menosprecie al que no come, y el que no come no juzgue al que come, porque Dios ha recibido con gusto a ese. 4 ¿Quién eres tú para juzgar al sirviente de casa ajeno? Para su propio amo está en pie o cae. En verdad, se le hará estar en pie, porque Jehová puede hacer que esté en pie.
5 Un [hombre] juzga un día como superior a otro; otro juzga un día como todos los demás; cada uno esté plenamente convencido en su propia mente. 6 El que observa el día, lo observa para Jehová. También, el que come, come para Jehová, pues da gracias a Dios; y el que no come, no come para Jehová, y sin embargo da gracias a Dios. 7 Ninguno de nosotros, de hecho, vive con respecto a sí mismo únicamente, y ninguno muere con respecto a sí mismo únicamente; 8 pues tanto si vivimos, vivimos para Jehová, como si morimos, morimos para Jehová. Por consiguiente, tanto si vivimos como si morimos, pertenecemos a Jehová. 9 Porque con este fin murió Cristo y volvió a vivir otra vez, para ser Señor tanto sobre los muertos como sobre los vivos.
10 Pero ¿por qué juzgas a tu hermano? ¿O por qué también menosprecias a tu hermano? Pues todos estaremos de pie ante el tribunal de Dios; 11 porque está escrito: “‘Tan ciertamente como que vivo yo -dice Jehová-, ante mí toda rodilla se doblará, y toda lengua hará reconocimiento abierto a Dios’”. 12 De manera que cada uno de nosotros rendirá cuenta de sí mismo a Dios.
13 Por lo tanto, ya no andemos juzgándonos unos a otros, sino más bien hagan que esto sea su decisión: el no poner delante de un hermano tropiezo ni causa para dar un traspié. 14 Yo sé, y de ello estoy persuadido en el Señor Jesús, que nada de sí mismo es contaminado; solo cuando el hombre considera que algo es contaminado, para él es contaminado. 15 Pues si por causa de alimento se contrista tu hermano, no andas ya de acuerdo con el amor. No arruines por tu alimento a aquel por quien Cristo murió. 16 No dejen, pues, que del bien que ustedes hacen se hable con daño para ustedes. 17 Porque el reino de Dios no significa comer y beber, sino que [significa] justicia y paz y gozo con espíritu santo. 18 Pues el que a este respecto sirve como esclavo a Cristo es acepto a Dios y tiene aprobación entre los hombres.
19 Por eso, pues, sigamos tras las cosas que contribuyen a la paz y las cosas que sirven para edificación mutua. 20 Deja de demoler la obra de Dios simplemente por causa de alimento. Es verdad que todas las cosas son limpias, pero le es perjudicial al hombre que con ocasión de tropiezo come. 21 Es bueno no comer carne, ni beber vino, ni hacer cosa alguna por la cual tu hermano tropiece. 22 La fe que tienes, tenla de acuerdo contigo mismo a vista de Dios. Feliz es el hombre que no se impone juicio por lo que aprueba. 23 Pero si tiene dudas, ya está condenado si come, porque no [come] por fe. En realidad, todo lo que no es por fe es pecado.
15 Nosotros, pues, los que somos fuertes, debemos soportar las debilidades de los que no son fuertes, y no estar agradándonos a nosotros mismos. 2 Cada uno de nosotros agrade a [su] prójimo en lo que es bueno para [la] edificación [de este]. 3 Porque hasta el Cristo no se agradó a sí mismo; sino que, así como está escrito: “Los vituperios de los que te vituperaban han caído sobre mí”. 4 Porque todas las cosas que fueron escritas en tiempo pasado fueron escritas para nuestra instrucción, para que mediante nuestro aguante y mediante el consuelo de las Escrituras tengamos esperanza. 5 Ahora, que el Dios que suministra aguante y consuelo les conceda tener entre sí la misma actitud mental que tuvo Cristo Jesús, 6 para que, de común acuerdo, con una sola boca glorifiquen al Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo.
7 Por lo tanto, recíbanse con gusto unos a otros, así como el Cristo también nos recibió con gusto a nosotros, con gloria a Dios en mira. 8 Porque digo que Cristo realmente llegó a ser ministro de los circuncisos a favor de la veracidad de Dios, para confirmar las promesas que Él hizo a los antepasados de ellos, 9 y para que las naciones glorificaran a Dios por su misericordia. Así como está escrito: “Por eso te reconoceré abiertamente entre las naciones y ciertamente tocaré melodía a tu nombre”. 10 Y de nuevo dice: “Alégrense, oh naciones, con su pueblo”. 11 Y otra vez: “Alaben a Jehová, naciones todas, y alábenlo pueblos todos”. 12 Y otra vez dice Isaías: “Habrá la raíz de Jesé, y habrá uno que se levante para gobernar naciones; en él cifrarán su esperanza naciones”. 13 Que el Dios que da esperanza los llene de todo gozo y paz por el creer de ustedes, para que abunden en la esperanza con poder de espíritu santo.
14 Ahora yo mismo también estoy persuadido acerca de ustedes, hermanos míos, de que ustedes mismos también están llenos de bondad por haberse llenado de todo conocimiento, y de que también pueden amonestarse unos a otros. 15 Sin embargo, les escribo más francamente sobre algunos puntos, como dándoles un recordatorio de nuevo, a causa de la bondad inmerecida que de Dios me fue dada 16 de ser siervo público de Cristo Jesús a las naciones, ocupándome en la obra santa de las buenas nuevas de Dios, a fin de que la ofrenda, a saber, estas naciones, resulte acepta, siendo santificada con espíritu santo.
17 Por lo tanto, tengo causa para alborozarme en Cristo Jesús cuando se trata de cosas pertenecientes a Dios. 18 Pues no me atreveré a decir una sola cosa si no es de aquellas cosas que Cristo obró mediante mí para que las naciones sean obedientes, por [mi] palabra y hecho, 19 con el poder de señales y portentos presagiosos, con el poder de espíritu santo; de modo que desde Jerusalén y en un circuito hasta Ilírico he predicado cabalmente las buenas nuevas acerca del Cristo. 20 De este modo, en realidad, me fijé como meta no declarar las buenas nuevas donde Cristo ya hubiera sido nombrado, para no estar edificando sobre fundamento ajeno; 21 más bien, así como está escrito: “Aquellos a quienes no se les ha hecho anuncio acerca de él, verán, y los que no han oído entenderán”.
22 Por esto también se me impidió muchas veces llegar a ustedes. 23 Pero ahora que ya no tengo territorio [sin tocar] en estas regiones, y habiendo tenido por algunos años el anhelo de llegar a ustedes, 24 cuando viaje con rumbo a España, espero, sobre todo, cuando esté en camino a ese lugar, poder verlos y ser acompañado parte del camino por ustedes después que primero me haya satisfecho hasta cierto grado con su compañía. 25 Pero ahora estoy para viajar a Jerusalén para servir a los santos. 26 Porque los de Macedonia y de Acaya han tenido gusto en compartir sus cosas haciendo una contribución a los pobres de los santos [que están] en Jerusalén. 27 Es cierto que han tenido gusto en hacerlo, y, no obstante, les eran deudores a ellos; porque si las naciones han participado de las cosas espirituales de ellos, ellas también tienen la obligación de ministrar públicamente a estos con cosas para el cuerpo carnal. 28 Por lo tanto, cuando haya terminado esto y les haya llevado este fruto con seguridad, partiré para España y pasaré por donde están ustedes. 29 Además, sé que cuando vaya a ustedes iré con una medida plena de la bendición de Cristo.
30 Ahora bien, los exhorto, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del espíritu, a que se esfuercen conmigo en oraciones a Dios por mí, 31 para que yo sea librado de los incrédulos de Judea, y para que mi ministerio que es para Jerusalén resulte acepto a los santos, 32 a fin de que cuando llegue a ustedes con gozo por la voluntad de Dios yo sea refrescado juntamente con ustedes. 33 Que el Dios que da paz esté con todos ustedes. Amén.
16 Les recomiendo a Febe nuestra hermana, que es ministra de la congregación que está en Cencreas, 2 para que la reciban con gusto en [el] Señor, de una manera digna de los santos, y para que le presten ayuda en cualquier asunto en que los necesite, porque ella misma también demostró ser defensora de muchos, sí, de mí mismo.
3 Den mis saludos a Prisca y a Áquila mis colaboradores en Cristo Jesús, 4 los cuales por mi alma han arriesgado su propio cuello, a quienes no solo yo, sino todas las congregaciones de las naciones, dan gracias; 5 y [saluden] a la congregación que está en casa de ellos. Saluden a mi amado Epéneto, que es primicias de Asia para Cristo. 6 Saluden a María, la cual ha realizado muchas labores por ustedes. 7 Saluden a Andrónico y a Junias mis parientes y mis compañeros de cautiverio, los cuales son insignes entre los apóstoles, y que han estado en unión con Cristo más tiempo que yo.
8 Den mis saludos a Ampliato mi amado en [el] Señor. 9 Saluden a Urbano nuestro colaborador en Cristo, y a mi amado Estaquis. 10 Saluden a Apeles, el aprobado en Cristo. Saluden a los de la casa de Aristóbulo. 11 Saluden a Herodión mi pariente. Saluden a los de la casa de Narciso que están en [el] Señor. 12 Saluden a Trifena y a Trifosa, [mujeres] que están trabajando con ahínco en [el] Señor. Saluden a Pérsida nuestra amada, porque ella realizó muchas labores en [el] Señor. 13 Saluden a Rufo el escogido en [el] Señor, y a su madre y la mía. 14 Saluden a Asíncrito, a Flegonte, a Hermes, a Patrobas, a Hermas, y a los hermanos que están con ellos. 15 Saluden a Filólogo y a Julia, a Nereo y a su hermana, y a Olimpas, y a todos los santos que están con ellos. 16 Salúdense unos a otros con beso santo. Todas las congregaciones del Cristo los saludan a ustedes.
17 Ahora los exhorto, hermanos, a que vigilen a los que causan divisiones y ocasiones de tropiezo contrario a la enseñanza que ustedes han aprendido, y que los eviten. 18 Porque hombres de esa clase no son esclavos de nuestro Señor Cristo, sino de su propio vientre; y con palabras melosas y habla lisonjera seducen los corazones de los cándidos. 19 Pues la obediencia de ustedes ha llegado a noticia de todos. Por lo tanto me regocijo a causa de ustedes. Pero deseo que sean sabios en cuanto a lo que es bueno, pero inocentes en cuanto a lo que es malo. 20 Por su parte, el Dios que da paz aplastará a Satanás bajo los pies de ustedes en breve. Que la bondad inmerecida de nuestro Señor Jesús esté con ustedes.
21 Timoteo mi colaborador los saluda, y también Lucio y Jasón y Sosípatro mis parientes.
22 Yo, Tercio, que he escrito esta carta, los saludo en [el] Señor.
23 Gayo, mi hospedador y el de toda la congregación, los saluda. Erasto el mayordomo de la ciudad los saluda, y también Cuarto su hermano. 24 -
25 Ahora, al que puede hacerlos firmes de acuerdo con las buenas nuevas que yo declaro y la predicación de Jesucristo, conforme a la revelación del secreto sagrado que ha sido guardado en silencio por tiempos de larga duración, 26 pero que ahora ha sido puesto de manifiesto y dado a conocer mediante las escrituras proféticas entre todas las naciones de acuerdo con el mandato del Dios eterno para promover obediencia por fe; 27 a Dios, solo sabio, sea la gloria mediante Jesucristo para siempre. Amén.