AGRADECIMIENTOS

Durante muchos años he tenido el gran placer de dirigir un seminario sobre Pensamiento Crítico en la Universidad de Cornell. He podido seleccionar estudiantes de toda la universidad en base a su capacidad y diversidad cultural y disciplinaria. Concedemos especial importancia a los trabajos escritos y a la argumentación oral. Hacia el final del curso, los estudiantes seleccionan una serie de temas sociales muy controvertidos en los que tengan una importante implicación emocional. De dos en dos, se preparan para una serie de debates orales de final de semestre. Unas semanas antes de los debates, sin embargo, se les informa de que la tarea de cada uno es presentar el punto de vista del oponente de modo que sea satisfactorio para éste y pueda decir: «Sí, es una presentación justa de mis opiniones.» En el debate escrito conjunto exploran sus diferencias, pero también cómo los ha ayudado el proceso de debate a entender mejor el punto de vista opuesto. Presenté algunos temas de este libro a esos estudiantes; he aprendido mucho de la recepción y crítica de mis ideas y quiero darles las gracias. También estoy agradecido al Departamento de Astronomía de Cornell, y a su presidente, Yervant Terzian, por permitirme dar el curso que —a pesar de llevar el título de Astronomy 490— trata sólo un poco de astronomía.

Parte de este libro ha sido publicado en la revista Parade, un suplemento dominical de periódicos de toda América del Norte, con unos 83 millones de lectores a la semana. Las generosas respuestas que he recibido de los lectores de Parade me han permitido profundizar en mi comprensión de los temas que describo en este libro y en la variedad de actitudes públicas. En varios lugares he resumido parte de las cartas que he recibido de lectores de Parade que, creo, me han servido para tomar el pulso de la ciudadanía de Estados Unidos. El editor jefe de Parade, Walter Anderson, y el editor senior, David Currier, además del personal de edición e investigación de esta interesante revista, han mejorado en muchos casos mi presentación. También han permitido que se expresaran opiniones que podrían no haberse impreso en publicaciones menos respetuosas de la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos. Algunas partes del texto aparecieron por primera vez en The Washington Post y The New York Times. El último capítulo se basa en parte en un discurso que tuve el placer de pronunciar el 4 de julio de 1992 desde el Pórtico del Este en Monticello —«la cruz de la moneda»— durante el acto de admisión a la ciudadanía de Estados Unidos de personas de treinta y una naciones distintas.

Mis opiniones sobre la democracia, el método de la ciencia y la educación pública han recibido la influencia de numerosas personas a lo largo de los años y a muchas de ellas las he mencionado en el texto. Pero me gustaría destacar aquí la inspiración que he recibido de Martín Gardner, Isaac Asimov, Philip Morrison y Henry Steele Commager. No tengo espacio suficiente para dar las gracias a los muchos que me han ayudado a proporcionar comprensión y ejemplos lúcidos, o que han corregido errores de omisión o comisión, pero quiero que todos ellos reciban mi agradecimiento más profundo. Sin embargo, debo agradecer explícitamente a los siguientes amigos y colegas su revisión crítica de todos o parte de los borradores de este libro: Bill Aldridge, Susan Blackmore, William Cromer, Fred Frankel, Kendrick Frazier, Martín Gardner, Ira Glasser, Fred Golden, Kurt Gottdried, Lester Grinspoon, Philip Klass, Paúl Kurtz, Elizabeth Loftus, David Morrison, Richard Ofshe, Jay Orear, Albert Pennybacker, Frank Press, James Randi, Theodore Roszak, Dorion Sagan, David Saperstein, Robert Seiple, Steven Soter, Jeremy Stone, Peter Sturrock y Yervant Terzian.

También agradezco a mi agente literario, Morton Jankiow, y a los miembros de su personal sus sabios consejos; Ann Godoff y los demás encargados por el proceso de producción en Random House: Enrica Gadler,

J. K. Lambert, y Kathy Rosenbloom; William Barnett por encargarse del manuscrito en las fases finales; Andrea Barnett, Laurel Parker, Karenn Gobrecht, Cindi Vita Voel, Ginny Ryan y Christopher Ruser por su ayuda; y al sistema de la Biblioteca de Cornell, incluyendo la colección de libros raros sobre misticismo y superstición recopilados originalmente por el primer presidente de la universidad, Andrew Dickson White.
Algunas partes de cuatro capítulos de este libro fueron escritas con mi esposa y antigua colaboradora Ann Druyan, que fue elegida secretaria de la Federación de Científicos Americanos, una organización fundada en 1945 por los científicos del «Proyecto Manhattan» original para supervisar el uso ético de la ciencia y la alta tecnología. También me ha ayudado con directrices, sugerencias y críticas sobre el contenido del libro y en todos los estadios de redacción en el curso de casi una década. De ella he aprendido más de lo que soy capaz de decir. Me reconozco afortunado de haber encontrado una persona a la que admiro por sus consejos y juicio, su sentido del humor y visión valerosa y que es además el amor de mi vida.