LIBRO VIII[403]
1
***[404]
Tengo comprobado que tu espíritu no suele alterarse por cualquier encumbramiento en tus honores —en efecto, toda dignidad que se suma a quienes han prestado buenos servicios parece más bien ser un pago que una concesión—, y por eso reconozco mi extrañeza y mi estupor de que dotado como estás de tan grandes virtudes y humanidad haga ya tiempo que te abstienes [por causa de tus ocupaciones] de obsequiarme con tus cartas. Y aunque yo juzgue que esto ha sucedido más por tus ocupaciones que por tu voluntad, con todo no dejo de rogar que tus palabras frecuentes manifiesten que tu grave carácter se acuerda de nosotros.
2
A Almaquio (finales de 396)
Es cierto que me han presentado numerosos y variados dones de tu parte, pero me he dado cuenta de que por pudor no has querido atribuirte en su totalidad el éxito de tus capturas por los bosques. Así es: has alardeado de haber cazado una liebre gracias a tu rastreo, pero afirmas que el jabalí ha caído ⟨en⟩ manos de los esclavos. ¿Acaso la pequeñez de la fiera te ha parecido afrentosa para atribuirla a tu gloria?
Pero te burlarás de esto que digo en broma. Atiende ahora a lo demás, que es lo que solicitas de mí. He decidido permanecer todavía unos pocos días en Capua[405]; luego deseo pasar este mes entero mudándome entre lugares cercanos[406] y así, si los dioses secundan mi voluntad, podré volver a tomar la vía Apia ⟨antes de que⟩ se aproximen las dificultades del invierno.
3
Símaco a Fructiano (finales de 396)
Como hace algún tiempo que estoy inquieto, tengo el espíritu pendiente de tus cartas hasta conocer noticias favorables acerca de ti. Deseo, pues, saber los avances que con vistas a tu salud ha logrado el cuidado de los médicos o tu dieta. Por mi parte, yo disfruto de un buen estado y he decidido, con la ayuda de la fortuna, volver a ver la patria, antes de que aumenten las fatigas de las rutas por el avance del pleno invierno.
4
A Loliano[407]
Me has otorgado espontáneamente tu primera carta[408]. Mi diligencia debe arrancarte la segunda. Recibe por consiguiente la salutación que en reciprocidad debes pagarme. Por lo mismo te prometo que yo actuaré a la par de tus respuestas.
5
A Prisciliano (después de 373)
Tu carta me hubiera agradado aunque no hubiese contenido nada acerca de mis méritos y gloria en África[409]; lo cierto es que a mí me han proporcionado algún honor[410], a ti gozo por nuestra amistad mutua. De ahí ha resultado que enviaras con alegría tu carta, pues un espíritu exultante alardea y no puede abstenerse de hacer ostentación de sí mismo[411]. Por consiguiente, que la bondad de los dioses te remunere un afecto tan grande hacia nosotros, dado que como yo mismo no me juzgo capaz de pagarte, en sustitución de mi agradecimiento deseo para ti el favor de la protección celeste.
6
A Severo[412] (antes de 397)
Tus cartas son de verdad siempre gratas, pero ahora han atenazado mi ánimo en su lectura al revelarme que te consumía la prolongación de tu enfermedad. Ruego que los custodios de los buenos[413] apliquen sus manos sanadoras a tu salud para que el largo sufrimiento de un óptimo senador no inspire la creencia de que los seres celestes no se ocupan de nada. Yo disiento de este juicio y presumo que con el auxilio de los poderes benéficos volverás al instante a una salud sólida, con tal de que tú mismo, lleno de esperanza, te abras paso a través de la adversidad con pensamientos alegres.
7
A Capréolo
Con la llegada de Euscio[414] he esperado una carta tuya, pero las circunstancias han frustrado mi confianza; con todo, no he podido imitar tu silencio. Por eso cumplo con una plática que no se te debía para que tú, que hubieras debido precederme en este deber, seas incitado a ser diligente por la fuerza del ejemplo.
8
A Eusebio[415]
Habrá respondido a tu timidez el hecho de que hasta ahora no nos hayas dado conversación alguna. Recibe ahora la confianza que te ofrecemos para incitarte a la intimidad de trato y atestigua con la asiduidad de tus palabras que mi carta te ha agradado.
9
A Marciano[416] (antes de 388)
Te incito a la confianza tomando la iniciativa de escribirte. Franquea seguro en consecuencia la entrada de nuestra intimidad. Tu reciprocidad en el deber hará que crezca la amistad que se ha iniciado por mi intervención.
10
A Ireneo
Juzgo que has esperado una carta mía para lanzarte por mi incitación a las cortesías mutuas. Recibe en consecuencia estas palabras para seguir su ejemplo. En lo sucesivo seré más diligente al escribir si la reciprocidad responde a nuestros propósitos[417]. Que te vaya bien.
11
*** (posiblemente de 397)
El afecto de mi espíritu hacia ti no debe ser juzgado por las cartas, pues el compromiso se guarda en la lealtad del corazón; en las cortesías verbales está oculta la mayoría de las veces la simulación. Por eso, si al escribir te parezco más bien parco, no pienses que se ha menoscabado nada de mi afecto. Y ocurre a menudo que tus hombres no me dan noticias de su partida ni reclaman páginas de respuesta. Pero no conviene hablar más extensamente de esto, porque al que siente afecto le basta con una excusa breve y sucinta. Paso a aquello que ambos deseamos. Me he regocijado con la noticia de tu salud y te compenso con algo de lo que te alegres: en efecto, también el vigor de mi cuerpo comienza a crecer tras mi estado de debilidad.
12
A Pacato[418] (397)
No creo dár la sensación de ser negligente en hacer que te lleven mis cartas o en compensar las tuyas. Por eso, aunque tengo presente que nuestras pruebas de consideración han corrido hacia ti en los últimos días, sin embargo me he ocupado de librarme incluso de los intereses que no había adeudado[419]. Pero si en alguna ocasión cesa esa práctica por un breve intervalo, no quisiera que pensases que se entibia mi consideración por las amistades, pues el compromiso se debe medir más por la lealtad del espíritu que por la ostentación verbal.
13
A Apolodoro (400)
Pienso que la Fama se 〈me〉 ha adelantado al divulgar que has sido liberado no sólo del cargo[420] sino también de tu haz de preocupaciones. Si es así, seré ahora quien te confirme un bien deseado desde hace tiempo. Por el favor de la divinidad se encuentran firmes mi estado y el de mi hijo, y tanto nuestros votos como tus merecimientos contribuirán a que te secunden una salud fuerte y un regreso feliz.
14
A Ceciliano y Probiano[421] (401)
Me desborda la alegría una vez que he sabido que os encontráis bien y que en medio de las dificultades de vuestras ocupaciones os acordáis de nuestra amistad. ¿Pero cuándo se dará el caso de que los consuelos epistolares compensen los perjuicios de la privación? Por otro lado, yo hubiera querido que estuvieseis los primeros entre los fasces de mi pretor[422] y honraseis las festividades comunes; pero es preciso tolerar que se anteponga a mí la causa del senado. Por eso en mis palabras anteriores hay más bien un testimonio de mi anhelo que una queja por la separación. El favor de los seres celestiales os proporcionará que una vez que hayáis sido liberados de los encargos de la patria, recorráis felizmente de nuevo el camino con destino a las solemnidades de nuestros juegos.
15
Símaco a Alevio[423]
Las palabras que se dan a modo de respuesta provienen de una deuda, las que se otorgan espontáneamente de un favor, así que me ha quedado el papel secundario, dado que tu pluma se ha anticipado a mis escritos. Ahora, una vez pagado mi tumo de salutaciones, reclamo tu acción y tu dedicación en lo que Cástor[424] sugiera que se deba promover para nuestra utilidad y provecho.
16
A Carterio[425]
Considero una gracia que no se haya dudado de mi testimonio, y cuento entre mis ganancias que nuestro hijo Auxencio[426], un joven muy distinguido, haya sido acogido en tu familia. Por esta razón nuestra amistad se ajusta a las normas más estrictas de la lealtad. Un trato más prolongado hará que cuando hayas reconocido en él un número mayor de cualidades, confieses que mi testificación de sus méritos se ha mantenido por debajo de los límites de la verdad.
17
A Rufino
Tras el desarrollo en la provincia del proceso, que ha llegado por la necesaria apelación al instructor del tribunal sacro, me ha complacido tu lealtad y tu diligencia, y he achacado la suerte del asunto, no a la impericia del defensor sino a los deseos del juez[427]. Por consiguiente te exhorto a mostrar confianza en mi amistad y a proteger con los servicios de tu actividad como abogado nuestra casa, en torno a la que rugen muchas afrentas, contentándote de momento con la conformidad de nuestro testimonio. Nosotros, de igual manera que atestiguamos espontáneamente nuestra gratitud con un desnudo y sencillo discurso, si la suerte nos asiste, nos esforzaremos en estar a la altura para corresponderte.
18
A Patruino (397)
Te asombras de que esté en el campo. Mas con mayor razón me pasmo yo de que tú hayas vuelto a la patria común despreciando el reposo rural, salvo que la reiteración del pleito te haya proporcionado un motivo para regresar. De otra manera, como tu espíritu anhela la quietud, preferiría entretenerse en actividades rústicas. Para mí, que sufro por la enfermedad de mis pies[428], los arrabales de la Urbe me sirven más de alivio que de placer. Mi sensibilidad, que está abatida por la enfermedad, no admite ningún deleite, pero espero que si las divinidades se vuelven hacia la inocencia, tú te librarás de poner atención en el tribunal y yo me veré sano por el restablecimiento de mi vigor. Será agradable y sencillo ⟨para mí⟩ el regreso a Roma o para ti la escapada al campo, donde yo me demoro ahora.
19
A Patruino (397)
Prefiero tu persona a los hechizos de tus palabras; en contra de ello, tú redimes con cartas tu prolongada ausencia. ¿Qué hubiera ocurrido si la abundancia de mieses hubiera estado a la altura de lo esperado o nos hubiera sonreído la riqueza de la vendimia? Tú que no miras para la patria cuando el hambre domina en los campos[429], pasarías en tu reposo rural la mudanza de todas las estaciones.
¿Gozas sólo acaso con la caza de aves de las que me has donado una parte? Pero si estuvieras instalado en Roma también disfrutarías en abundancia de estas tentaciones del paladar, pues tendrías a tu disposición al mismo tiempo los productos comprados en el mercado de las exquisiteces y los traídos de tu propiedad de los arrabales de la Urbe. ¿Qué voy a decir de que también simules que una 2 enfermedad agita a tu esposa? Si proclamas la verdad, la soledad no conviene a su salud. Ciertamente en Roma hay más medios de curación, es mayor el número de médicos. Mira entonces que no vayas a incurrir en otra clase de suspicacia si debilitas a tu esposa, que está asediada por la enfermedad, con un retiro vano y una relegación peligrosa.
20
***
El verano me agrada por delante de las demás estaciones del año, no porque el curso más largo del sol prolongue las horas diurnas ni porque nuestro patrimonio y nuestras cuentas se enriquezcan por la nueva cosecha, sino porque con la tranquilidad de la navegación[430] los transportes frecuentes me traen tus deseadas cartas. Así es, ¿qué don puede otorgarse que sea más agradable por su gusto para el espíritu o más acomodado a los deberes de la amistad que experimentar tu afecto hacia mí por medio del ejercicio de conversaciones ffecuentes? 2 Por consiguiente, mientras el momento del año invita a ello, mientras el mar está practicable, debe acumularse como para el invierno el pasto y alimento del afecto mutuo. Al escribirte esto contaba con salud según mi deseo, sin duda por la ayuda de tus votos. Y lo cierto es que no creo que nuestras aspiraciones salgan felizmente por ninguna otra causa salvo por el juicio y el afecto de Cartago[431].
21
A Lucilo[432] (399)
Juzgaba, por una impresión equivocada, que te abandonabas al ocio; por el contrario tú ejercitas tu espíritu con la lectura, tu cuerpo con el esfuerzo. Esto indican tus escritos, cincelados con la pluma, y tus dones, adquiridos en tus cacerías.
Yo debo recorrer la Flaminia[433] por haber sido convocado para el estreno de los fasces del generoso cónsul[434]. ¡Ah, si tu regreso se anticipara a los preparativos de mi partida! Pensaría que se me ayudaba con un poderosísimo viático. Pero puesto que nos separa mucho trecho y ni para mí es fácil 2 la demora ni para ti el apresuramiento, nuestra página hará las veces de mis palabras. Una vez invocada la indulgencia de los númenes, el estrado de la Urbe recibirá pronto como pretor a mi Símaco. Deseo con ansia que asistan a sus celebraciones los amigos más notables, entre los que te cuentas. Concede este favor a quien ha de estar lejos en esos mismos días[435]. Es más grato lo que se otorga a los ausentes.
22
A Andronico
La Musa de Cécrope florece en tu boca, mi lengua es la del Lacio[436]: no esperes que los dones de mi pluma estén a la altura. Somos vencidos en las letras pero contendemos en el afecto. Pero te respondería así con razón en mi escrito si me hubieras otorgado una sola carta; sin embargo, como tú eres atento con los amigos, has introducido en nuestra biblioteca las riquezas de tus poemas. ¿Qué pago digno puedo darte a cambio de esto, cuando yo soy insignificante en mi expresión y pobre de ingenio[437]? Trasladaré a la admiración pública lo que me has enviado para que lo leyera, y aunque soy incapaz como panegirista, proclamaré la bondad de la 2 época. No se menoscabará por esto nada a la gloria de tu obra, pues sabemos que incluso Homero es ensalzado por quienes no se le parecen. Sin duda carecería de encomio la fama de los grandes varones si no se contentara hasta con testigos de talla menor. ¿Pero por qué llevo esto más lejos, cuando tu pudor exige brevedad? Ocúpate de estar bien, y si produces algo con tu pluma, compártelo con un juez mediocre pero lector agradecido.
23
A Marciano[438] (396)
Ruego a los dioses que tú y los tuyos contéis con el mismo vigor que de momento poseo yo. Me parece que con este preámbulo he abarcado por completo lo que debía escribir: un voto por tu salud y la alegría por la mía. Pero no soportas que las cartas sean breves. ¿Cuál será entonces el argumento[439] de una carta más larga? Expondré, si te parece bien, dónde estoy y qué he hecho, pues la amistad es curiosa 2 sobre todo acerca de tales materias. La fuente de mis placeres nace en el golfo de Formias, una ciudad que se dice que en otro tiempo fue habitada por el pueblo de los lestrígones[440]. Leemos que éstos obedecieron a su vientre y a su paladar hasta llegar a un odioso salvajismo. He pasado en esa costa unos pocos días de más pero moderándome en sus deleites. Sólo me persuadía a detenerme la salubridad del aire y el frío de las aguas.
Han estado allí las prendas de mi afecto[441]. Por mi añoranza de ellas había salido de nuestra Urbe y luego no fue preciso viajar más lejos, porque los que había echado de menos estaban presentes. A continuación he recorrido por 3 decisión suya la ribera que está situada entre Formias y la costa de Cumas[442]. Ahora, debido a las invitaciones mutuas nos trasladamos o a Bayas o a las propiedades de Nicómaco en el Gauro[443]. De vez en cuando acude a mí un gran número de amigos. No temo que pienses que me recreo en unos lugares tan encantadores y en tan gran abundancia de bienes. Llevamos en todas partes una vida propia de un cónsul y en el Lucrino somos serios. No hay ningún canto en las naves, ninguna glotonería en los banquetes, no se frecuentan los baños y ningún joven nada desvergonzadamente. Has de saber que en cuanto a excesos no hay nada que reprochar a esos lugares.
24
A Maximiano[444] (396)
No hay ninguna diferencia en hechos o en afectos entre ti y tu inmejorable padre. Por consiguiente hubieras podido consignar en tu haber, como copartícipe en todo, la carta que le he enviado para testimoniarle mis respetos. Pero ahora hemos de honrarte también a ti específicamente. Además me he cuidado de que al responderme uno solo no se me imputara a cambio un don de los dos. Con todo, es apropiada la brevedad para esta página, porque he extractado lo que merecía relatarse. Por eso tomarás estas palabras como un testimonio de nuestro cariño hacia ti. Por el contrario, conviene que tú seas prolijo al responder, pues no son iguales las condiciones de la labor, que yo he debido duplicar, mientras que para cada uno de vosotros es única. Es difícil llenar dos cursos con un solo manantial; unas fuentes duplicadas desaguan abundantemente en un solo lecho.
25
A Albino[445] (396)
Creo que juzgas que he sido hasta ahora negligente en escribirte al estar asediado por las delicias de Campania. La condición de estos lugares no es de tal entidad que los placeres sepulten una preocupación seria. Todo retumba por necesidades inhabituales y ante su peso han cedido las dulzuras. Por eso he hallado actividad en vez de reposo y no puedo volver con facilidad mi ánimo a estos deberes de la amistad. No obstante, garantizo a tu respetada persona lo que prefieres a mis cartas: me afano con mucha ansia en repasar el camino en dirección a vosotros, pues la misma causa que me ha impedido escribir me obliga a regresar[446].
26
A Gregorio[447] (396)
He dado a tu padre una carta con la que hubieras podido contentarte, dado que así como los dos tenéis un solo espíritu, debería satisfacer a ambos la misma prueba de consideración. Pero he temido ser imitado, no fuera a ser que uno de vosotros me escribiera su respuesta en nombre y con las palabras de los dos. Por lo cual, según suele hacerse en honor de las divinidades, añado a mi acción propiciatoria una ofrenda, reconozco que breve y que tú hubieras querido que fuese más amplia, pero no se reclama una medida en lo que se ha dado de más. Tú devuélveme abundancia a cambio de mi brevedad, porque son los que no precisan duplicarlas quienes deben prolongar sus páginas amistosas.
27
A Censorino[448] (396)
Cuando me la han presentado, me he lanzado con mano resuelta y ávida sobre tu carta, como quien ha de enterarse de noticias prósperas, pero al recorrer en mi lectura la enumeración de tus pérdidas, el desagrado ha sucedido al placer. Y lo cierto es que como es habitual en la naturaleza humana, los reveses que has soportado junto con un gran número de gentes encuentran algún alivio en la compañía; por el contrario pienso que te ha afectado más profundamente este golpe depredador de los piratas, que ha echado específicamente sobre ti una dura suerte, porque no cuenta 2 con otro partícipe y ha duplicado el dolor. Tu espíritu debe armarse con el valor y la razón contra estos azares, también debes adquirir esperanza en una situación mejor. A menudo ha vuelto a la estabilidad lo que vacilaba; para los hombres nada es eterno; frecuentes alternativas hacen girar las situaciones de los mortales y la vida es una huida de todo.
He tocado ligeramente con pocas palabras esas realidades porque con tu saber acude a ti un número mayor de recursos; respondo ahora a lo que has querido saber acerca de mí. Por una petición de sus ciudadanos me dispongo a visitar 3 Nápoles lo antes posible. Allí asignaré un período de dos días a honrar a la devota ciudad. Luego, si los dioses apoyan convenientemente mis proyectos, por el camino de Capua ganaremos de nuevo Roma, objeto de nuestra veneración, y el hogar. Si en medio de esto me acontece disfrutar de tu presencia y de tu conversación, me saciaré completamente de alegría, pero si una fuerza mayor nos deniega la posibilidad de tenerte, quisiera que una vez que se haya disipado la nube de tus preocupaciones recobres sabiamente la energía de espíritu que nuestro encuentro te hubiera podido proporcionar con esmero.
28
A Romano[449]
Sé que recuerdas que también a mí me ha golpeado el mismo dolor a propósito de nuestro amigo[450], pero nuestros tumos de palabras deben servimos ya de consuelo. Por consiguiente te escribo para que te veas forzado a responder y de los pensamientos funestos pases de nuevo a los deberes de los vivos. Una causa piadosa había hecho que no escribieras el primero. No has de ser tan irrespetuoso que te abstengas de ello tras mi incitación.
29
A Salvio[451] (399)
En la carta que me has remitido hace poco he visto el leal gozo de tu espíritu con respecto a nosotros, y descubierto muy claramente el placer que adquieres de la prosperidad de los amigos. Por lo tanto te estimo más resueltamente una vez que he observado este voto de tu buena intención, y aunque yo mismo he enviado al excelentísimo dueño de mi corazón un escrito de gratitud por el honor conferido a tu hermano Flaviano[452], sin embargo no te ruego menos que también (tú) te dignes testimoniar ante el responsable de tan gran favor la magnitud de mi agradecimiento.
30
A Jovio[453]
Ha convenido al interés público que se te confiaran asuntos de más envergadura[454]. Por eso no debe prolongarse el testimonio de mi gozo, para que la sospecha de adulación no marchite la sinceridad de mi juicio. Deseo en fin que el curso de tu cargo te sea favorable, aunque no pueda dudar de que es imposible que la honradez se altere y de que las virtudes se impulsan más felizmente con el estímulo de las recompensas[455].
31
A Eudoxio[456]
Al recibir tu carta he saltado de gozo por el honor conferido a la amistad. Pero cuando nuestro Annio[457] nos ha indicado que tu vigor vacilaba, la alegría ha derivado en una grave preocupación, pues veo que al viaje, que es como una enfermedad, se ha sumado el daño de la salud. Alivia con todo mi inquietud el hecho de que la moderación es habitual en ti, que sabes lo que es la cordura y que tu espíritu es más grande que las adversidades de la fortuna; esas cualidades suelen restituir la fortaleza corporal y la serenidad que da el vigor. Espero por consiguiente conocer circunstancias más alegres de tu parte y preparo ya mis oídos para noticias felices. La Justicia, que vuelve la vista a los piadosos, hará que tras el rápido paso de estas inconveniencias se extienda más lejos la prosperidad de tu vida.
32
A Úrbico
Según la costumbre hubieras debido tomar la iniciativa de escribirme el primero, porque te aconsejaba esta atención el regreso del correo de tu casa. Dado que el olvido o tus ocupaciones nos han denegado el deseado don de tu lealtad, tomo yo a mi cargo comenzar y juzgaré en lo sucesivo a partir de la escasez o abundancia de tus escritos si has dejado de tejer tus cartas voluntariamente o más bien por necesidad.
33
A Justiniano[458] (396)
Sé que he estado remiso en escribir. He aplazado tomar la pluma adrede mientras recupero mi vigor, debilitado por el viaje[459], para hacer llegar una página acorde con su voto a quien como tú desea alegrías de mi parte. Por lo tanto, que la compensación por la tardanza provenga de la inmejorable noticia. Al menos yo promulgo para las cartas de los amigos la ley siguiente: con su asiduidad deben acreditar el espíritu de aquéllos y por su calidad deleitar el mío.
34
A Eusebio[460]
Hubiera querido escribirte antes, pero cuando salen muchos de viaje es la elección de quien escribe la que debe escoger una ocasión fiable. Te has enterado del motivo de la tardanza excesiva de mi muestra de consideración, y si ha satisfecho tu espíritu, te dignarás ocuparte de que también a mí me lleguen respuestas tuyas una vez que se hayan confiado a personas idóneas.
35
A Juan[461]
Que te escriba con retraso es señal de una amistad tenaz, cuya memoria se prueba por las cortesías que reclamo a intervalos. Yo mismo no interpreto de otro modo tu silencio, pues aunque busco el homenaje de tu pluma, como estoy seguro de tu lealtad, no dudo ni siquiera de un afecto mudo. Pero temo que ese parecer te persuada al desdén por escribir, y que por estar seguro de mi juicio omitas estos dones de la amistad. Por consiguiente, te aconsejo y te pido que tomes en consideración más bien la actitud que engendra el agradecimiento hacia la asiduidad, no la que promete el perdón para la escasez. Que te vaya bien.
36
A Quintiliano
Escribimos esto para probar mi afecto hacia ti y para que tú mismo seas incitado por el ejemplo a responder. Por lo tanto, como yo he cumplido con mi escrupuloso papel, espero que también tú satisfagas la liquidación de tu turno.
37
A Crisocoma
Hace poco que he vuelto a mis Penates[462] y todavía ahora te contemplo en mi espíritu y en mi pensamiento, y compenso todo aquel placer que recibía hasta ahora de tu conversación directa con el deleite 〈de la escritura〉. Si le responde una dedicación recíproca, dado que el escrito que he ofrecido a la amistad me produce un beneficio tan grande, cuánto mayor provecho me reportará el que tú me remitas.
38
A Rómulo[463]
La salud de la prenda común de nuestro afecto está a buen recaudo y sus estudios, que has confiado a mi preocupación, van a progresar. Ten también seguridad sobre mi vigor, y a cambio de tales noticias, líbrame de mi preocupación por ti con respuestas parecidas.
39
A Dinamio[464]
No puedes quejarte de mi silencio, porque hasta ahora no me has otorgado ningún escrito. Pero si aguardas una iniciativa semejante de mi pluma, toma ejemplo de esta escrupulosa muestra de cortesía que deberías imitar. Si me animas con el producto de tus palabras recíprocas, estaré en adelante más dispuesto a ejercitar la pluma.
40
A Avencio
He aprobado tu apartamiento hasta con mi silencio. Efectivamente, como no podías asistir a las exequias de tu cuñado por haber surgido una desavenencia, se ha visto que has dado satisfacción a la piedad con esa afligida marcha. Quedándome en casa durante tres días yo mismo he cumplido con todas las muestras de consideración que se debían a un ciudadano notable, no por conseguir reputación sino por meditar sobre las alternativas de la fortuna humana. ¿Qué hay en efecto tan razonable como otorgar a un colega lo que desearías que alguna vez te manifestaran los buenos?
41
A Antíoco[465]
Ahora que acabas de traspasar el umbral de tu cargo, ansías demasiado intempestivamente la llegada de un sucesor. Reconozco una impaciencia que es acorde con los placeres griegos. Quisiera que la disimulases durante todo el ciclo anual y que recordases que has emigrado hacia las tribus de Rómulo. ¿Qué has sufrido entonces que merezca la queja? Aún no te han abatido las afrentas de los militares, aún no has huido de catervas de mujeres con las vestiduras rasgadas, aún no has experimentado lo que es una noche en vela ante las puertas de los cargos eminentes como si fueras un cliente[466], ¿y ya rechazas la magistratura con tu melindroso hastío? Cambia, si eres capaz, de actitud y ten paciencia por un año o dos.
42
***
〈Te ofrezco〉 una razón aceptable. Así es, ¿quién que trate de alcanzar Sicilia por el camino directo puede repetirle mis palabras a alguien establecido en la remota Rudias[467]? Pero da por sentado que mi atención hacia ti no debe juzgarse a la vista del número de mis misivas, pues mi solicitud hacia los amigos se mantiene ininterrumpidamente, 2 mas la escasez de ocasiones hace espaciar los escritos. Pero pienso que sobre esto se ha dicho bastante; ahora debo proclamar la elegancia de tu talento y la agudeza de tu inventiva. Efectivamente has descubierto un tipo de mosaico nuevo y sin ensayar con anterioridad, que a pesar de nuestra ignorancia[468] intentaremos fijar para adornar unas bóvedas si recibimos de tu parte, en planchas o en tejas, una muestra de la obra que has ideado el primero. Que te vaya bien.
43
A Calistiano[469]
También debe buscarse la sucesión en la amistad entre los demás bienes de los padres fallecidos[470], y tal vez debe tratar de conseguirse con un afán más enérgico la herencia de la intimidad, porque la fortuna otorga recursos pero el afecto se alía con el juicio. Por consiguiente quiero que se fortalezca más manifiestamente entre nosotros la unión que se ha perpetuado con tu familia. Sin duda se corresponde con lo que es natural el incremento de unas muestras de consideración que tú inicias y yo apruebo. Por ello sé en lo sucesivo generoso con tus palabras; no faltará de mi parte una dedicación que te remunere con la reciprocidad de la pluma. Que te vaya bien.
44
A Pastinato
Podría comparar razonablemente tus cartas con los frutos del campo, pues así como su producción no deja de cumplir con la deuda de la temporada, las palabras anuales que provienen de tu consideración no defraudan la lealtad de nuestra expectativa. Éstas de ahora, traídas por nuestros hombres, me han dejado satisfecho[471]. Así pues, una vez leídas tus páginas me alegro de que estés bien y hallo un placer en el honor de tu conversación. Y no creo que se me juzgue inferior en mi respuesta. El favor divino nos otorgará que una existencia prolongada multiplique estos intercambios mutuos de cortesías. Que te vaya bien.
45
A Pierio
Se me ha entregado lo que en cierto modo es la deuda anual de tus palabras[472]. También a ti esta respuesta te proporcionará de nuestra parte la alegría habitual. Dado que no podemos menudearlas por culpa de una distancia tan grande, nos las presentamos de buena fe en momentos determinados. Que persista pues esta práctica y que cada año se renueve nuestra confianza mutua con el testimonio sobre nuestra salud. Que te vaya bien.
46
A Estrategio[473] (396-397)
Con la nostalgia del que ama me impulsas a que regrese. Mi espíritu, que desea vivamente el vuestro, reclama esto hace ya tiempo, pero mi maltrecha salud obstaculiza mi voluntad. Así es, un humor dañino que se ha infiltrado en mis articulaciones me retiene aún en mi pequeño lecho, y apenas se atenúa con la sequedad de la costa. Otorga por lo tanto a mi recuperación el tiempo que yo había reclamado para el placer. Por otro lado, proclamo ostensiblemente el hecho de que en medio de tan gran multitud de hombres buenos, tras mi marcha nada sea para ti placentero como antes, pero pienso que te engañas por tu piadoso afecto, ya que es escaso 2 el juicio en quien ama. Desde luego no es que yo conozca por primera vez debido a esta carta lo que sientes por mí, sin embargo casi debo dar gracias a mi ausencia, porque me ha proporcionado una especie de escritura de tu testimonio. Pero dejaré esto a un lado. No dilataré tu espera después que haya adquirido vigor, mas puesto que este plazo es largo para alguien que siente afecto, una vez que haya visto nuestras posesiones cercanas apresuraré el regreso, pues confío en que con nuestra presencia mi salud aumentará tanto como pueda esperarse del reposo. Que te vaya bien.
47
A Valerio[474] (396)
Quisiera anunciarte que se ha calmado el malestar de mi hijo, pero nada aprovecha la ficción a quienes están inquietos. Con todo, me atrevo a esperar una mejoría, pues la disminución de las fiebres por obra de Dios ha comenzado a permitir que se confíe en la curación. Te doy las gracias por tu interés hacia nosotros e invoco el poder celeste para que a tu disposición con respecto a los amigos le corresponda la recompensa de toda clase de dichas. Que te vaya bien.
48
A Maximiliano[475]
De acuerdo con los recursos de tu talento sueles extenderte al escribir; una vez que un cargo cortesano te ha llamado al combate, también tú comprimes tus palabras y emulas a los rorarios[476] como un soldado de armamento ligero. ¿Qué haré yo, que soy un viejo charlatán al que un joven dicta la medida en la conversación? Nos arrastra la verborrea, un vicio propio de la ancianidad[477], pero nos sale al encuentro tu ejemplo y por la brevedad de tu pluma deduzco el hastio de tus oídos. Desde luego no debo yo violar de momento las normas de tu página. Con todo, atenderé a la posibilidad de que exijas abundancia de mi parte si respondes más extensamente.
49
A Vital[478]
Como soy consciente de la mediocridad de mi expresión[479], he dudado mucho tiempo en responder al vigor y a la vez a la elegancia de tu carta, pero mi compromiso ha quebrantado el temor. Así es, he preferido desagradarte por mi pluma que por mi altanería. Por lo tanto te ruego que tomes a bien todo lo que contenga mi página, y que te sometas a la mediocridad de mis escritos, para que no se embote mi cumplimiento del deber porque pierda la esperanza de imitarte. Que te vaya bien.
50
A Jovio[480]
Hace ya tiempo que he entregado una carta para ti, sin que haya merecido un escrito a cambio, y sin embargo, manteniendo mi propósito repito la muestra de consideración de mi texto. Creo desde luego que la reiteración podría lograr aun ahora la respuesta que se ha negado a mi primera prueba de cortesía.
51
A Maximiliano[481]
La escasez de tus escritos casi atestigua que la asiduidad de los míos te produce hastío; en efecto, eres parco en tus palabras por encima de lo habitual. Pero me mantengo constante en mi diligencia y los argumentos no me apartan de mi propósito. Tendrás la posibilidad de intensificar esta disposición de mi espíritu con el silencio o de eliminarla con una carta. Que te vaya bien.
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***
Comprendes hasta qué punto me aflige tu ausencia; lo cierto es que escribes que mi hijo te ha impuesto una obligación para que se te perdone por haberte excusado de un asunto público. Por lo tanto tu conciencia debe hacer una de estas dos cosas: enviar una gran cantidad de ciervos o jabalíes, o volver más apresuradamente a presencia de tu amigo. Ciertamente no cuentas ya con ninguna reparación apropiada si le deniegas a aquél la caza y a mí el consuelo.
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A Leporio[482]
Te pago las palabras que te debía, pues un amigo común me ha presentado un homenaje similar producto de un escrito tuyo. Después de examinar con diligencia el pudor y la honradez de aquél, he reconocido que es digno de que lo estimes.
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A Marciano[483] (396-397)
Pienso que mi carta te parecerá tardía, pero si calculas los días de mi viaje, el cómputo borrará el retraso. Se interpone además un dolor corporal producto de los humores acostumbrados, que me aparta de los deberes amistosos. Ahora, puesto que ha vuelto la calma a mi fatiga y a mi enfermedad, no aplazo unas palabras de salutación y he de obtener el pago a mi deferencia con la recompensa de tu respuesta. Que te vaya bien.
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A Maximiliano
Si conoces bien mi disposición hacia ti, no puedes dudar de que el estado adverso de mi cuerpo me ha impedido hasta ahora enviar cartas con frecuencia. Tras haberme disculpado sobre este punto, te remito una página salutatoria que atestiguará que estoy a salvo una vez que la salud ha eliminado la disculpa por mi silencio.
55A[484]
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Por las afirmaciones de mi hijo sabía que vendrías a Campania. De esto ha resultado que me abstuviera de escribir cartas. Pero mientras te retrasan las ocupaciones de la Urbe o tus deleites, nuestra espera casi se ha llevado las culpas por el silencio. Por lo tanto cumplo contigo saludándote y dejo a tu elección si prefieres ofrecerme tu llegada o pagarme con una respuesta.
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A Romano[485]
Observo la norma que ha instituido la antigua costumbre de que tomen la iniciativa en las cartas los que se han ido de casa[486], y te anuncio que sigo bien. De la deuda proviene que pagues con una respuesta amistosa el don que te he enviado.
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A Valerio[487]
Yo hago venir a mi hijo Rómulo[488], tú lo detienes; yo me atribuyo ante él el papel de padre, tú ejerces el derecho de parentesco; a mí me debe su presencia en virtud de un compromiso voluntario, vosotros lo retenéis por la esperanza de asociarlo a vuestro viaje. Pero como también se me promete tu llegada, resulta rentable la evaluación del retraso, que en vez de uno solo me promete a los dos. Cedo por consiguiente a tu voluntad y no me niego a aguantar unos pocos días. También testimonio una intensa alegría a tu hermano Rómulo, cuyo consuelo reclamamos ambos con una piadosa y amigable rivalidad. Que te vaya bien.
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A Marciano[489] (396)
Por la bondadosa indulgencia de Dios mi hijo está libre de peligro, pero sufre la escasez de sus fuerzas hasta llegar casi al malestar. Tengo la determinación de regresar poco a poco, repartiendo las jomadas en intervalos menores. Me he sumado también yo como acompañante de los míos por el contagio, creo que tras las vigilias nocturnas, de las que en su momento me di escasa cuenta, pero luego se ha recrudecido el daño. No obstante me esfuerzo en contener el mal atacándolo con diligencia y sobriedad. Así pues, nos disponemos a emprender el camino con la asistencia de los seres celestes. Daría gracias a vuestra atención hacia nosotros si un afecto esperado y mutuamente debido se dejara seducir con halagos.
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A Romano (396)
Hubiera querido ser fecundo al escribir y había prometido que era esto lo que se debía esperar, pero la salud de mi hijo, que ha estado en la incertidumbre durante mucho tiempo, me ha impuesto una interrupción en esta clase de cortesías. Tan pronto como ha empezado a salir a flote con el auxilio de las potencias salutíferas, de inmediato ha seguido a su seguridad el ejercicio de la escritura. Recibe por ello con agrado la salutación que te expreso, a la que pronto seguiremos si la suerte secunda mis deseos.
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A Servio[490]
Según entiendo, esperas carta mía como si tú mismo no debieras estar al frente de los deberes amistosos. Tal vez te sirves de la excusa acostumbrada, puesto que se ha persuadido a la mayoría de que son los que parten quienes deben inaugurar las salutaciones[491]. Te absuelvo por observar la costumbre o por seguir la ley de la pereza. Me bastará para considerarme plenamente satisfecho que tras haber rehusado tomar la iniciativa en escribir, por lo menos sigas mi ejemplo.
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A los amigos de Roma (396)
Prolongamos el viaje hacia Capua[492]. Tal vez sospechéis que por la longitud del camino va a surgir el olvido de mis cortesías acostumbradas hacia vosotros; es cierto que proviene de un difundido proverbio la idea de que una vez que se ha rebasado el Máleo[493], se obstruye el recuerdo de quienes has dejado en casa. A mí me acompaña la atención hacia los amigos donde quiera que dirija mis pasos. Confiad por lo tanto en que se mantendrá el testimonio de consideración de este deber para con vosotros, si la Fortuna se aviene a mis deseos.
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A Rómulo
No dudo de la creencia de que mis cartas son esperadas, pues también yo soporto a propósito de tus misivas una impaciencia parecida en mi deseo. Así pues una sola es la motivación de nuestras palabras, merecer las tuyas; mi sed de ellas, como al beber de las fuentes, es mayor porque su sabor es más dulce. Que te vaya bien.
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A Lampadio[494] (398)
Cuando me iba hace muy poco de la Urbe, me habías advertido que si quería abrirte una vía para escribir, debía empezar el primero con una carta. Doy satisfacción a tu voluntad, que abraza la observancia de una añeja costumbre. Libre por consiguiente de este escrúpulo, lánzate a remunerarme con tu pluma amistosa y comunícame todo lo que has hecho de acuerdo con el bien público sirviendo a la protección de la Urbe[495]. Pero que el pudor de quien escribe no disminuya nada, no vaya a ocurrir que la discreción de tu carta perjudique mi deleite.
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A Dionisio[496] (398)
Nos había disgustado tu intempestiva partida anterior. Su falta la ha borrado la Fortuna, que te ha restituido junto a los buenos con un apresuramiento parecido. ¿Pero en qué me aprovecha durante mi ausencia el regreso de un amigo? Consuela con cartas frecuentes esta desgracia. Escribe igualmente qué te ha permitido hacer en la Urbe la responsabilidad que se te ha encomendado, para que cuando un plazo más dilatado me asegure la esperanza de visitar a tu Excelencia, también yo disfrute más prolongadamente de un ocio adquirido con dificultad tras las incomodidades urbanas. Que te vaya bien.
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A Lampadio (398)
Con la información sobre la tranquilidad de la Urbe has prolongado en cierto modo mi tiempo de ejercicio del ocio, pues me ha permitido estar ausente por un largo período el sosiego de la ciudadanía surgido de tus resoluciones, por las que la plebe ha sido reducida a la vergüenza del arrepentimiento. Por lo tanto ahora, tras la huida de todas las preocupaciones me será posible prolongar unas pingües vacaciones, por decirlo así, aunque no deba anticiparme en mi ánimo a lo que es incierto, puesto que soy consciente de mi tierno afecto hacia vosotros[497], y del ansia con que amo a mi patria[498] 〈por delante de〉 todos los placeres de la vida.
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A Herculio[499]
Te daría profusas gracias porque al expresarme tu salutación te has anticipado a mí, que me he ido no hace mucho de vuestro lado, si la esperanza de un beneficio más crecido no reclamara para sí este agradecimiento mío. Así es: se dice que tú mismo vas a venir aquí, y confieso que esta razón me obliga a ti con un agradecimiento mayor. No obstante, quisiera que con tus escritos se afirmara mi fe en un bien esperado para que yo, que encuentro placer en tal creencia, goce mucho más con la seguridad de su confirmación.
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A Dinamio[500]
Por tu afecto deseas mis cartas, pero es nuestro hijo común[501], que no reclama respuestas, quien me hace parecer poco asiduo. Baste sin embargo con que haya dicho esto sucintamente para que nuestra disculpa no sea onerosa para el pudor de aquél. Ahora te liquido el homenaje de mi salutación y no te reclamo lo que harás por iniciativa propia: dirigirte a nosotros a tu vez, puesto que a mí me garantizan esta correspondencia la lealtad de tu espíritu y la costumbre. Que te vaya bien.
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A Ticiano[502]
Es cierto que he recibido con gusto tu deseada carta, pero me ha producido un placer más fecundo el conocimiento de tus actos, que me ha atestiguado y relatado Euscio[503]. Así pues te exhorto y te invito a que no abandones tus buenos principios y busques con tu honradez la recompensa de la gloria. Añadiría el cuidado de los míos si debiese dirigirme a otro, pero como haces espontáneamente lo que mis palabras pudieran solicitar, paso por alto mi función de recomendante, porque todo lo que se espera de la lealtad de la amistad ocasiona una gratitud mayor si se otorga espontáneamente, Que te vaya bien.
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A Valeriano[504]
Afirmas que llevas una vida campestre y que fomentas una vejez vigorosa[505] alineando viñas o plantando árboles. Tu carta no tiene ese gusto, a no ser que acaso tu Galia tenga su origen en el Helicón[506]. Son otros los surcos que abres con la pluma, otras las hileras que plantas[507]. Por mi parte, puesto que deseas conocer nuestras actividades, yo me emboto con el ocio y el estudio en la morada de la elocuencia latina. Los dioses concederán que mi pequeñín incremente sus años. Él mismo —una vez invocada la indulgencia de la Fortuna— me llamará a compartir sus estudios. Entretanto aguijonea mi desidia con cartas frecuentes, pues tras la amarga suerte de mis discursos[508], éste es el único géneroliterario que queda apto para atraerme a la práctica de la escritura.
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A Romano (396)
Ahora por fin el placer me desborda porque me has anunciado que estás libre de preocupaciones, pues hasta ahora me atormentaba la amargura de tu situación. En consecuencia, conjuro a los dioses que protegen la salud a que nunca oscurezca tus páginas un pensamiento triste. De momento debo pagarte con una carta semejante, así que recibe a tu vez algo de lo que te alegres 〈por mí〉. Contamos con un buen estado de salud[509] y pensamos reemprender 〈el camino hacia〉 las cercanías de la Urbe. Ojalá permita la benevolencia de la Fortuna que persista entre nosotros un intercambio tal que las respuestas se avengan con escritos dichosos. Que te vaya bien.
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Símaco invita a muchos a la pretura (400)
Una vez invocado el favor de la divinidad, mi hijo Símaco será agraciado con las fasces de la pretura urbana en las calendas[510] de enero. Por medio de esta petición que te participamos, solicitamos que tu presencia realce su toma de posesión.
72
Una similar (400)
Poniendo por delante el respeto a la divinidad, mi hijo Símaco recibirá la magistratura de la prefectura urbana en las calendas de enero. Te ruego que tu presencia se sume a honrar nuestras celebraciones.
73
A Marciano[511] (396)
No hay que reprocharme mi silencio, pues en medio de las adversidades se pasa por alto la práctica de las obligaciones amistosas. Pero puesto que se da a mi Símaco la esperanza de una recuperación paulatina de la buena salud[512], mi espíritu vuelve a los deberes de la amistad, para que si mi silencio te había producido algún miedo, la seguridad de mis palabras te libere de él. Que te vaya bien.
74
A Antíoco[513]
Considero indudable que no estimas nada con preferencia a mis cartas, dado que también yo tengo el mismo parecer acerca del placer que producen tus palabras. Con razón he puesto manos a la obra amistosa, y si me correspondes con un peso semejante en la balanza, mi celo se agudizará con el estímulo de tu lealtad. Que te vaya bien.