“Me lo dará y saldrás,” Eric dijo. Él empujaba con su influencia de vampiro en mi cabeza con toda su fuerza.

“No funcionará, nunca lo hizo,” mascullé.

“Eres una mujer terca,” él dijo.

“No lo soy,” dije, al borde del llanto por ser primero acusada de nobleza, luego de obstinación. “¡Justamente no quiero moverlo! ¡Eso es más seguro!”

“Algunos podría pensar que tienes tendencia suicida.”

“Pues bien, ' algunos ' se lo pueden meter en el culo.”

“Bebé, pónlo en la urna. Simplemente bájalo re-a-a-lllmente despacio,” Quinn dijo, su voz muy tierna. “Luego te conseguirré una bebida grande con montones de alcohol. ¿Eres una chica realmente fuerte, lo sabes? Estoy orgulloso de ti, Sookie. Pero si no dejas eso ahora y sales de aquí, estaré realmente enojado, ¿me oyes? No quiero que nada te ocurra. Eso sería loco, ¿correcto?”

Fui salvada de más debate por la llegada de otra entidad a la escena. La policía mandó subir un robot en el elevador.

Cuando la puerta se abrió deslizándose todos nosotros saltamos, porque habíamos estado demasiado absortos en el drama para notar el ruido del elevador. Yo en realidad reí nerviosamente cuando el robot achaparrado rodó fuera del elevador. Comencé a tender la bomba hacia ella, pero creí que el robot no se suponía que lo tomara. Pareció operar a control remoto, y se dio vuelta ligeramente a la derecha para afrontarme. Se quedó sin mover por un par de minutos para mirar bien a mí y a lo que estaba en mi mano. Después de un minuto o dos de examen, el robot se retiró encima del elevador, y su brazo se sacudió hasta llegar a punzar el botón correcto. Las puertas se cierran, y se fue.

“Odio la tecnología moderna,” Eric dijo quedamente.

“No es verdad,” dije. “Amas lo que pueden hacer las computadoras por ti. Sé eso de hecho. ¿Te acuerdas qué tan feliz estabas cuando viste la lista de nombres de empleados de Fangtasia, con todas las horas de trabajo llenados?”

“No me gusta la impersonalidad de eso. Me gusta el conocimiento que puede sustentar.”

Ésta era justamente una conversación demasiada extraña para continuarla dadas las circunstancias.

“Alguien sube las escaleras,” Quinn dijo, y abrió la puerta de la escalera.

En nuestro pequeño grupo entró el tipo de dispositivos explosivos. La brigada homicida no podía haber alabado a cualquier policía vampiro, pero la brigada anti-bombas, si. El vampiro traía puesto uno de esos trajes que parecían espaciales. (Aun si puedes sobrevivir, adivino que volar no es una buena experiencia.) Alguien había escrito “BOOM” en su pecho donde una etiqueta de nombre normalmente estaría. Oh, eso era tan chistoso.

“Ustedes dos civiles necesitan dejar el piso para la señora y para mí,” Boom dijo, avanzando lentamente a través del piso hacia mí. “Váyanse, chicos,” él dijo cuando ningún hombre se movió.

“No,” dijo Eric.

“Infiernos, no,” dijo Quinn.

No es fácil de encogerse de hombros en uno de esos trajes, pero Boom se las ingenió. Él sujetaba un envase cuadrado. Francamente, no estaba de humor para darle una vista a eso, y todo lo que me importó fue que él abrió la tapa y la tendió, cuidadosamente ubicándola bajo mis manos.

Muy, muy cuidadosamente descendí la lata en el interior acolchado del envase. La dejé ir y saqué mis manos del envase con un alivio que aun no puedo describir, y que Boom cerró el envase, todavía sonriendo alegremente a través de su máscara protectora. Me estremecí en todas partes, mis manos temblando violentamente por la liberación de la posición.

Boom cambió de dirección, desaceleró por el traje, y gesticuló hacia Quinn para que reabrirse la puerta del hueco de la escalera. Quinn lo hizo, y escalera abajo el vampiro fue: lentamente, cuidadosamente, uniformemente. Tal vez él sonrió hasta el final. Pero él no volo por los aires, porque no oí un ruido, y yo debo decir que todos nosotros nos quedamos congelados en nuestros lugares por un buen largo rato.

“Oh,” dije, “Oh.” Eso no fue brillante, pero estaba en acerca de mil pedazos emocionales. Mis rodillas cedieron terreno.

Quinn saltó sobre mí y abrigó sus brazos alrededor de mí. “Idiota,” él dijo. “Idiota.” Fue como él decía, “Gracias, Dios mío.” Fui sofocada por el weretigre, y restregué mi cara en contra de su camisa E (E) E para enjuagar las lágrimas que se habían filtrado de mis ojos.

Cuando miré con atención bajo su brazo, no había nadie más en el área. Eric había dejado de existir. Así es que tuve un momento para disfrutar ser abrazada, para saber que a Quinn todavía le gustaba yo, que la cosa con Andre y Eric, no había matado todo sentimiento que él había comenzado a tener por mí. Tuve un momento para sentir el alivio absoluto de librarme de la muerte.

Luego el elevador y la puerta de la escalera se abrieron simultáneamente, y toda clase de personas quisieron hablar conmigo.

13

“ERA UNA BOMBA,” TODD DONATI DIJO. “Una bomba rápida, cruda. La policía me dirá más, espero, después de que hayan terminado su examen.” El jefe de seguridad estaba sentado en la suite de la reina. Finalmente había conseguido estibar la maleta azul en uno de sus sofás, y, chico, estaba contenta de estar libre de ella. Sophie-Anne no se había tomado la molestia de darme las gracias por traerla, pero realmente no lo había esperado, supongo. Cuando tienes seguidores, les envías por mandados y no tienes que agradecerles. Por eso es que eran seguidores. Respecto a eso, no estaba segura que la estúpida valija fuese incluso de ella.

“Espero ser despedido por esto, especialmente después de los asesinatos,” el jefe de seguridad dijo. Su voz estaba calmada, pero sus pensamientos eran amargados. Él necesitaba el seguro médico.

Andre dio al jefe de seguridad una de sus miradas largas fijas, azules. “¿Y cómo pudo la lata venir a parar al piso de la reina, en ese área?” A Andre no le pudo haber importado menos acerca de la situación de trabajo de Todd Donati. Donati lo miró encolerizadamente de regreso, pero fue una clase rendida de mirada.

“¿Por qué usted sería despedido, solamente porque alguien pudo traer una bomba y plantarla? ¿Quizá porque porque usted se encarga de la seguridad de todo el mundo en el hotel?” Gervaise preguntó, definitivamente en el lado cruel. No conocía muy bien a Gervaise, y comenzaba a sentir que eso estaba muy bien conmigo. Cleo le abofeteó el brazo lo suficientemente duro como para hacer a Gervaise sobresaltarse.

Donati dijo, “Eso es en resumidas cuentas. Obviamente alguien subió esa bomba y la puso en la planta por la puerta del elevador. Podría haber sido destinado a la reina, desde que estaba más cerca de su puerta. Casi igualmente, podría haber sido destinada a cualquier otro en el piso, o podría haber sido plantado al azar. Así es que pienso que la bomba y el asesinato de los vampiros de Arkansas son dos casos diferentes. En nuestro interrogatorio, encontramos que Jennifer Cater no tenía un montón de amigos. Su reina no es la única con un rencor en contra de ella, sin embargo su reina es la más seria. Posiblemente Jennifer plantó la bomba, o hizo preparativos para tener a alguien más que lo hiciese, antes de que ella fuese asesinada.” Vi a Henrik Feith sentándose en una esquina de la suite, su barba estremeciéndose con la sacudida de su cabeza. Traté de imaginarme al único miembro faltante del contingente de Arkansas avanzando a rastras con una bomba, y justamente no lo podía representar. El vampiro pequeño pareció convencido que él estaba en un nido de víboras. Estaba segura que él lamentaba su aceptación de la protección de la reina, porque ahora mismo eso se veía como si no fuese un prospecto muy fidedigno.

"Hay mucho qué hacer aquí y ahora,” dijo Andre. Él sonó simplemente una sombra preocupada, y seguía su propio tren conversacional. “Fue impulsivo de Christian Baruch amenazar con despedirle ahora, cuándo él necesita su lealtad más que nada.”

“El tipo tiene su temperamento,” Todd Donati dijo, y supe sin duda alguna que él no era nativo de Rodas. Más estresado estaba, más sonó como a casa; no Louisiana, tal vez, el norte de Tennessee. “El hacha no ha caído aún. Y si podemos ir hasta el final de este asunto tal ves me redima. No muchas personas harían este trabajo. A montones de personas de seguridad no les gustan… ”

Trabajar con los malditos vampiros, Donati completó su frase silenciosamente para todo el mundo excepto para mí y para él. Se recordó a sí mismo severamente apegarse al presente inmediato. “No les gustan las horas que se requiere para dar seguridad en un lugar grande como este,” él terminó en voz alta, para beneficio de los vampiros. “Pero disfruto el trabajo.” Mis niños necesitarán los beneficios cuando muera. Simplemente dos meses más y la cobertura se quedará con ellos después de que me vaya".

Él había ido a la suite de la reina para hablar conmigo acerca del incidente Dr Pepper (como la policía, y Christian Baruch siempre-presente), pero él se estaba quedando a charlar. Aunque los vampiros no parecieron notarlo, Donati era tan locuaz porque había tomado alguna medicación pesada para el dolor. Sentí lástima por él, y al mismo momento me di cuenta de que alguien con tantas distracciones no era propenso a estar haciendo un buen trabajo. ¿Qué había tenido que pasar Donati en el par de pasados meses, desde que su enfermedad había empezado a afectar su vida diaria?

Tal vez él había contratado a las personas equivocadas. Tal vez él había omitido algún paso vital en proteger a los invitados del hotel. Tal vez… me distraje por una oleada de calor.

Eric venía.

Nunca había tenido un sentido tan claro de su presencia, y se me cayó el alma a los pies cuando supe que el intercambio de sangre había sido uno importante. Si mi memoria era clara, era la tercera vez que había tomado la sangre de Eric, y tres es siempre un número significativo. Sentí una constante conciencia de su presencia cuando él estaba en todo lugar cerca de mí, y tuve que creer que era lo mismo para él. Podía haber más que el vínculo ahora, más que justamente no había experimentado aún. Cerré mis ojos y me encorvé para apoyar mi frente sobre mis rodillas.

Hubo un golpe en la puerta, y Sigebert lo contestó después de una mirada cuidadosa a través de la mirilla. Él admitió a Eric. Apenas podía resignarme a mirarle o darle un saludo casual. Debería estar agradecida a Eric, y lo supe; y en un nivel lo estaba. Tomar sangre de Andre habría sido intolerable. Rasca eso: yo tendría que tolerarlo. Habría sido repugnante. Excepto que intercambiar sangre no había sido una elección que tuve que hacer, y no iba a olvidarlo.

Eric estaba sentado sobre el sofá a mi lado. Brinqué del susto como si hubiese sido pinchada por un aguijón eléctrico para arrear ganado y crucé el cuarto hacia el bar para servirme un vaso de agua. Dondequiera que iba, podía sentir la presencia de Eric; para hacer eso más desestabilizante, encontré que su cercanía era en cierta forma reconfortante, como si me hiciese más segura.

Oh, grandioso.

No había otro lugar para sientarme. Me reacomodé miserablemente con el vikingo, quien ahora poseyó un pedazo de mí. Antes de esta noche, cuando había visto a Eric, había sentido simplemente un placer casual - aunque había pensado acerca de él quizá más a menudo de lo que una mujer debe pensar acerca de un hombre que le sobrevivirá por siglos.

Me recordé a mí misma que ésta no era la falla de Eric. Eric podría ser político, y él podría estar enfocado en buscar ser número uno (el cuál se deletreaba E-R-I-C), pero no vi cómo pudo haber sospechado él el propósito de Andre y nos pudo haber alcanzado para razonar con Andre, con cualquier grado de premeditación. Así es que le adeudaba a Eric un agradecimiento grande, no importa cómo lo mire, pero esa no iba a ser una conversación que tuviésemos en cualquier parte cerca de la reina y el anteriormente dicho Andre.

“Bill todavía vende su pequeño disco de computadora escaleras abajo,” Eric me comentó.

“¿Entonces?”

“Pensé que quizá te preguntabas por qué aparecí cuando estabas en una situación difícil, y él no lo hizo.”

“Nunca cruzó mi mente,” dije, preguntándome por qué Eric traía esto.

“Hice que se quedarse escaleras abajo,” dijo Eric. “Después de todo, soy su sheriff de área.”

Me encogí de hombros.

“Quiso pegarme,” Eric dijo con el único indicio de una sonrisa en sus labios. “Él quiso tomar la bomba de tus manos y ser tu héroe. Quinn habría hecho eso, también.”

“Recuerdo que Quinn se ofreció,” dije.

“Yo lo hice, también,” Eric dijo. Él pareció un poco horrorizado con el hecho.

“No quiero hablar de eso,” dije, y esperé que mi tono le hiciese entender que era en serio. Se acercaba el amanecer, y había tenido una noche llena de tensión (lo cuál era la forma más suave en que lo podía poner). Logré atrapar el ojo de Andre y darle una inclinación de cabeza diminuta hacia Todd Donati. Estaba tratando de ponerle al tanto que Donati no era enteramente bueno. De hecho, él era tan gris como un cielo de nieve.

“Si usted nos excusa a nosotros, Mr. Donati… Hemos disfrutado de su compañía, pero tenemos muchas opiniones que intercambiar acerca de nuestros planes para mañana por la noche,” Andre dijo lisamente, y Donati se tensó, desde que él supo muy bien que había sido despedido.

“Por supuesto, Mr. Andre,” el jefe de seguridad dijo. “Espero que todos ustedes duerman bien en este día, y los veré mañana por la noche.” Él se Él se paró sobre sus pies con un poco más de esfuerzo del que debería haberle tomado, y suprimió una mueca de dolor. “Miss Stackhouse, espero que usted logre sobreponerse a su mala experiencia realmente pronto.”

“Gracias,” dije, y Sigebert abrió la puerta para que Donati saliese.

“Si usted me excusa,” dije al minuto que él se fue, “justamente iré a mi cuarto ahora.”

La reina me dio una mirada afilada. “¿Es usted infeliz acerca de algo, Sookie?” Ella dijo, aunque sonó como si ella realmente no quisiese oír su respuesta.

“¿Oh, por qué estaría descontenta? Amo que me pasen cosas contra mi voluntad,” dije. La presión subía y subía, y las palabras salieron fuera como lava haciendo erupción de un volcán, si bien mi ego más inteligente se mantuvo diciéndome que meta un tapón en eso. “Y luego,” dije muy fuerte, sin escucharme ni un poquito, “me gusta andar alrededor de los responsables. ¡Eso está incluso mejor!” Estaba perdiendo coherencia y cobrando impulso.

No hubo relato de lo que habría dicho después si Sophie-Anne no hubiese sostenido en alto una pequeña mano blanca. Ella pareció un poco creida, como mi abuela lo habría puesto.

“Usted asume que sé de lo que habla, y que quiero oír a un humano gritándome,” Sophie-Anne dijo.

Los ojos de Eric resplandecían como si una vela ardiese detrás de ellos, y era tan precioso que pude haberme ahogado en él. Dios ayúdame. Me obligué a mirar a Andre, quien me examinaba como si él decidiese donde el mejor corte de carne estaba. Gervaise y Cleo simplemente se veían interesados.

“Discúlpeme,” dije, de regresando al mundo de la realidad con un ruido sordo. Estaba tan retrasado, y estaba tan cansado, y la noche había estado tan llena de incidentes que pensé que por un abrir y cerrar de ojos realmente podría desmayarme. Excepto que los Stackhouses no producen desmayadores, y tampoco hacen hadas, adivino. Era hora de aceptar el pequeño porcentaje de mi herencia. “Estoy muy cansada.” No tenía fuerzas para pelear, de repente. Yo, en realidad quería irme a la cama. Ni una palabra fue dicha mientras caminaba con paso pesado hacia la puerta, lo cual fue casi un milagro. Sin embargo, cuando la cerré detrás de mí, oí ala reina decir, “Explica, Andre.”

Quinn estaba a la espera en la puerta de mi cuarto. No supe si aun tenía energía para estar contenta o amargada por verle. Saqué el rectángulo plástico y abrí la puerta, y después que había escaneado el interior y visto que mi compañera de cuarto no estaba (aunque me pregunté donde, desde que Gervaise había estado solo), sacudí con fuerza mi cabeza para decirle a Quinn que él podía entrar.

“Tengo una idea,” él dijo quedamente.

Levanté mis cejas, demasiado exhaustas para hablar.

“Metámonos en la cama y durmamos.”

Finalmente logré sonreírle. “Esa es la mejor oferta que he tenido en todo el día,” dije. En ese segundo, vi cómo podía llegar a amar a Quinn. Mientras él visitó el cuarto de baño, me saqué mis ropas, las plegué, y me metí calladamente en mi pijama, corto y rosa y sedoso al tacto.

Quinn salió del cuarto de baño en sus calzoncillos cortos, pero estaba justamente demasiado cansada para apreciar la vista. Él se metió en la cama mientras cepillé mis dientes y me lavé la cara. Me deslicé dentro a su lado. Él giró sobre su lado y sus brazos abiertos, y justamente continué deslizándome bien en ellos. No nos habíamos dado una ducha, pero él olía bien para mí: olía vivo y vital.

“Buena ceremonia esta noche,” me acordé de decir después que había apagado la lámpara del lado de la cama.

“Gracias.”

“¿Tienes más por venir?”

“Bueno, si tu reina es procesada. Ahora que Cater está muerta, quien sabe si eso queda en pie. Y mañana por la noche es el baile, después del juicio.”

“Oh, llevaré puesto mi vestido bonito.” Un poco de placer se conmovió en mí con el prospecto. “¿Tienes que trabajar?”

“No, el baile corre por cuenta del hotel,” él dijo. “¿Bailarás conmigo o con el vampiro rubio?”

“Oh, diablos,” dije, deseando que Quinn no me lo hubiera recordado.

Y bien en el preciso instante, él dijo, “Olvida eso ahora, bebé. Estamos aquí, ahora, en la cama juntos como debemos estar.”

Como debemos estar. Eso sonó bien.

“Escuchaste de mí esta noche, ¿correcto?” Él preguntó.

La noche había contenido tantos incidentes que me tomó un momento recordar que me había enterado de las cosas que él había tenido que hacer para sobrevivir.

Y que él tenía una media hermana. Una media hermana problemática, loca, dependiente que me odió a primera vista.

Él estaba un poco tenso, en espera de mi reacción. Lo podía sentir en su cabeza, en su cuerpo. Traté de pensar una forma dulce, maravillosa para decir cómo me sentía. Estaba demasiado cansada.

“Quinn, no tengo ningún problema contigo,” dije. Besé su mejilla, besé su boca. “Ningún problema en absoluto. Y trataré que me guste Frannie.”

“Oh,” dijo, sonando simplemente aliviado. “Pues bien, entonces.” Él besó mi frente, y nos quedamos dormidos.

Dormí como un vampiro. No desperté para hacer un viaje al cuarto de baño, o para darme vuelta. Nadé casi hasta la conciencia una vez para oír que Quinn roncaba, simplemente un sonido débil, profundo y me acurruqué más cerca de él. Se detuvo, murmuró, y quedó silencioso.

Miré el reloj al lado de la cama cuando finalmente, realmente, me desperté. Eran las cuatro de la tarde; había dormido doce horas. Quinn se había ido, pero él había dibujado un par grande de labios (con mi lápiz labial) en una hoja de papel del hotel y lo había colocado sobre su almohada. Sonreí. Mi compañera de cuarto no había entrado. Tal vez ella pasaba el día en el ataúd de Gervaise. Me estremecí. “Él me deja frío,” dije en voz alta, deseando que Amelia estuviese allí para responder. Hablando de Amelia… saqué mi teléfono celular de mi bolso y la llamé.

“Oye,” ella dijo. “¿Qué hay?”

“¿Qué estás haciendo?” Pregunté, haciendo un intento para no sentirme nostálgica.

“Cepillando a Bob,” ella dijo. “Tiene una bola de pelo.”

“¿Además de eso?”

“Oh, trabajé en el bar un poco,” dijo Amelia, tratando de sonar casual.

Quedé atontada. “¿Haciendo qué?”

“Bueno, sirviendo tragos. ¿Qué más hay para hacer?”

“¿Por qué Sam te necesitó?”

“La Camaradería está teniendo un gran rally automovilístico en Dallas, y Arlene quiso tiempo libre para ir con ese ojete con el que ella sale. Luego el niño de Danielle tuvo neumonía. Así es que Sam se preocupó realmente, y desde que acerté a estar en el bar, él me preguntó si sabía cómo hacer el trabajo. ¿Dije, ' Oye, qué tan difícil puede ser?'”

“Gracias, Amelia.”

“Oh, de acuerdo, creo que eso sonó irrespetuoso.” Amelia se rió. “Entonces, tiene su truco. Todo el mundo quiere hablar contigo, pero tienes que apresurarte, y no puedes derramar sus bebidas sobre ellos, y tienes que recordar cuál era el trago de cada uno, y quién está pagando una ronda, y quien está en una etiqueta. Y tienes que estar de pie por horas y horas.”

“Bienvenida a mi mundo.”

“Entonces, ¿cómo está Mr. Rayas?”

Me percaté que ella hablaba de Quinn. “Estamos bien,” dije, bastante segura que eso era cierto. “Él hizo una gran ceremonia anoche; estuvo muy bien. Una boda vampiro. Te hubiese encantado.”

“¿Qué hay para esta noche?”

“Pues bien, puede ser un juicio.” No sentí como para explicar, especialmente por un teléfono celular. “Y un baile.”

“Wow, como Cenicienta.”

“Reliquia para ser vista.”

“¿Cómo está yendo la parte comercial?”

“Tendré que contarte sobre eso cuando regrese,” dije, repentinamente no tan alegre. “Me alegro que estés ocupada y estoy contenta que todo va bien.”

“Oh, Terry Bellefleur llamó para preguntar si querías un perrito. ¿Recuerdas cuándo salió Annie?”

Annie era la muy cara y muy amada Catahoula de Terry. Él había ido para mi casa buscando a Annie cuando ella había vagado fuera, y para cuando él la había encontrado, había tenido algunos encuentros cercanos.

“¿Cómo se ven los perritos?”

“Él dijo que tenías que verlos para creerlo. Le dije que habrías regresado para la semana próxima, tal vez. No te comprometí para nada.”

“De acuerdo, está bien.”

Charlamos un minuto más pero como me había ido de Bon Temps menos de cuarenta y ocho horas antes, realmente no había tanto para decir.

“Entonces,” dijo para cerrar, “Te extraño, Stackhouse.”

“¿Sí? Te extraño, también, Broadway.”

“Adiós. No dejes que cualquier colmillo extraño te agarre.”

Demasiado tarde para eso. “Adiós. No derrames cualquier cerveza en el sheriff.”

“Si lo hago, será a propósito.”

Me reí, porque había querido remojar a Bud Dearborn, también. Colgué el teléfono sintiéndose bastante bien. Ordené servicio de habitaciones, muy tentativamente. Eso no era algo que hiciese todos los días; ni aun cada año. O alguna vez. Estaba un poco nerviosa acerca de dejar al camarero entrar en mi cuarto, pero Carla vagó adentro al mismo tiempo. Ella estaba decorada con mordiscos de amor y el vestido de la última noche.

“Eso huele bien,” dijo, y le di un croissant. Bebió mi jugo de naranja mientras yo tomé el café. Resultó bien. Carla llevó la conversación por ambas, contándome todo acerca de las cosas que yo había experimentado. No pareció percatarse que había estado con la reina cuando la matanza del grupo de Jennifer Cater fue descubierta, y aunque ella había oído que yo había encontrado la bomba Dr Pepper, ella me dijo todo acerca de ella de cualquier manera, como si no hubiera estado allí. Tal vez Gervaise la hizo mantenerse en silencio, y las palabras simplemente le brotaban.

“¿Qué te pondrás para el baile de esta noche?” Pregunté, sintiéndome imposible hokey(?) para incluso hacer tal pregunta. Ella me mostró su vestido, el cual era negro, cubierto de adornos brillantes, y casi inexistente arriba de la cintura, como todos sus otros trajes de noche. Carla definitivamente creía en enfatizar sus activos.

Ella pidió ver mi vestido, y ambas hicimos ruidos nada sinceros acerca de qué buen gusto la otra tenía.

Tuvimos que tomar turnos para el cuarto de baño, claro está, a lo cuál no estaba acostumbrada. Estaba bastante exasperada para cuando Carla emergió. Esperé que la ciudad entera no se hubiese quedado sin agua caliente. Por supuesto, había suficiente sobrante, y a pesar del desparramo de sus cosméticos en el mueble mostrador del cuarto de baño, me las arreglé para quedar limpia y lista a tiempo. En honor de mi hermoso vestido, traté de levantar mi pelo, pero no soy buena con cualquier cosa más compleja que una cola de caballo. El pelo estaría suelto. Me puse un poco más de maquillaje del que uso durante el día, y los grandes pendientes que Tara me había indicado usar. Volteé mi cabeza experimentalmente y los observé mecerse y brillar intensamente. Eran plateados y blancos, justo como el diseño en el corpiño de mi traje de noche. El cual es hora de ponerse, me dije a mí misma con una sacudida pequeña de anticipación.

Oh, chico. Mi vestido era azul hielo, y tenía abalorios de plata y blancos, y estaba cortado simplemente a la profundidad correcta en el frente y la espalda. Tenía un sostén incorporado así es que no tuve que usar uno, y me puse panties azules que nunca me dejarían una línea. Luego, medias finas al muslo. Luego mis zapatos, los cuales eran de plateados y de taco muy alto.

Me había arreglado las uñas mientras la Mujer de Agua estaba en la ducha, y me puse lápiz labial y miré mi apariencia final en el espejo.

Carla dijo, “Te ves realmente bonita, Sookie.”

“Gracias.” Le di una gran sonrisa. No hay nada mejor que vestirse bien de vez en cuando. Sentí como si mi cita del baile de graduación me pasase a buscar con un ramillete para prender a mi vestido. JB me había llevado a mi baile de graduación, aunque otras chicas se lo habían pedido porque él se vería tan bien en las fotos. Mi tía Linda había hecho mi vestido.

No más vestidos caseros para mí.

Un golpe en la puerta me tuvo mirando ansiosamente en el espejo. Pero era Gervaise, inspeccionando si Carla estaba lista. Ella sonrió y dio la vuelta para recibir su merecida admiración, y Gervaise le dio un beso en la mejilla. No estaba demasiado impresionada con el carácter de Gervaise, y él no era mi taza de té físicamente, ya sea, con su cara ancha, blanda y su bigote ligero, pero tuve que concederle su generosidad: él sujetó una pulsera de diamantes alrededor de la muñeca de Carla en seguida, sin más bulla que si él le diese una chuchería. Carla trató de restringir su excitación, pero entonces ella se lanzó al viento y tiró sus brazos alrededor del cuello de Gervaise. Me avergoncé de estar en el cuarto, porque una cierta cantidad de los nombres cariñosos que ella usó mientras le agradecía eran algo anatómicamente correcto.

Después de que salieron, contentos uno con el otro, estaba en la mitad del dormitorio. No quise sentarme en mi vestido hasta que tuviese que hacerlo, porque supe se arrugaría y perdería el sentimiento tan perfecto. Eso me dejaba con muy poco que hacer, aparte de intentar no ponerme de mal humor por el caos que Carla había dejado en su lado y sintiéndome un poco pérdida. ¿Seguramente Quinn había dicho que él vendría al cuarto para buscarme? Se suponía que nos encontraríamos escaleras abajo, ¿correcto?

Mi bolso hizo un ruido, y me percaté que había dejado el localizador de la reina allí dentro. ¡Oh, seguramente no!

“Ven abajo,” leí el mensaje. “El juicio es ahora.”

Al mismo tiempo, el teléfono del cuarto sonó. Lo recogí, tratando de contener mi aliento.

“Bebé,” dijo Quinn. “lo siento. En caso que no lo hayas oído, el concejo ha decidido que la reina tendrá que ser procesada, ahora mismo, y tienes que venir aquí abajo. Lo siento,” él dijo otra vez, “Estoy a cargo de arreglarlo. Tengo que trabajar. Tal vez no tome mucho.”

“Okey,” dije débilmente, y él colgó el teléfono.

Eso en cuanto a mi glamorosa velada con mi nuevo tipo.

Pero, maldición, no iba a cambiarme en nada menos festivo. Todos los demás llevarían puestas ropas de fiesta, y aun si mi papel por la noche se había alterado, merecía verme bonita, también. Bajé en el elevador con uno de los empleados del hotel, quien no podía decidir si era un vampiro o no. Le puse muy nervioso. Siempre me cosquillea cuando las personas no pueden saberlo. Para mí, los vampiros resplandecen, simplemente un poco.

Andre estaba esperándome cuando bajé del elevador. Él estaba tan azorado como nunca le había visto; podía decirlo porque apretaba y aflojaba sus dedos, y su labio estaba ensangrentado donde él lo había mordido, aunque se curó mientras lo observaba. Antes de anoche, Andre justamente me había puesto nerviosa. Ahora lo detestaba. Pero era evidente que tuve que apartar asuntos personales hasta otra oportunidad.

“¿Cómo pudo ocurrir esto?” Él preguntó. “Sookie, necesitas aprender todo lo que puedas acerca de esto. Tenemos más enemigos de lo que supimos.”

“Pensé que no habría un juicio después que Jennifer fuese asesinada. Desde que ella era la acusadora principal de la reina…”

“Eso es lo que todos nosotros pensamos. O, si hubiese un juicio, sería una forma vacía, simplemente escenificada para que los cargos pudiesen ser descartados. Pero llegamos aquí abajo esta noche y estaban en espera de nosotros. Han postergado el inicio del baile para hacer esto. Toma mi brazo,” dijo, y fui tomado tan por sorpresa que deslicé mi brazo a través del de él.

“Sonríe,” él dijo. “Luce confiada.”

Y entramos en el vestíbulo de la convención con caras atrevidas - yo y mi buen amigo Andre.

Era afortunada de haber tenido un montón de práctica en sonrisas nada sinceras, porque esto fue como el maratón de Cubrir las Apariencias. Todos los vampiros y sus cortejos humanos se apartaron de nuestro camino. Una cierta cantidad de ellos sonreía, también, sin embargo no agradablemente, y algunos se vieron preocupados, y unos pocos se vieron sólo suavemente anticipatorios, como si estuviesen a punto de ver una película que había obtenido buena crítica.

Y la ola de pensamientos me absorbió. Sonreí y caminé en automático mientras escuché a escondidas. Lindo…Sophie-Anne tendrá lo que ella… quizá puedo llamar a su abogado, puedo ver si ella es accesible a un acercamiento de nuestro rey…lindas tetas… mi hombre necesita un telépata… escuché que ella se coge a Quinn… escuché que ella se coge a la reina y a Baby Boy Andre… la encontró en un bar, Sophie-Anne la lavó, la sirve bien… escuché que ella se coge a Cataliades… estúpido juicio, dónde está la banda?…Espero que tengan alguna comida en el baile, comida para personas…

Y sin parar. Una cierta cantidad de eso relacionado conmigo, la reina, y/o Andre, una cierta cantidad de pensamientos simples de personas que están cansadas de esperar y quieren que la fiesta empiece.

Anduvimos a lo largo de la manopla de seguridad hasta que terminase salón donde la boda se había celebrado. La multitud en este cuarto era vampiro en un casi 100 por ciento. Una ausencia notable: Los servidores humanos, y cualquier otro humano empleado del hotel. Los únicos circulando con bandejas de bebidas eran vampiros. Las cosas que iban a ocurrir en este cuarto no eran para consumo humano. Si era posible que yo me sintiese más ansioso, lo hice.

Podía ver que Quinn había estado ocupado. La plataforma baja había sido reacomodada. El ankh gigante había sido apartado, y dos atriles se habían agregado. En el lugar donde Mississippi y su querido habían tomado sus votos, a medio camino entre los dos atriles, se asentó una silla como un trono. En él estaba una mujer antigua con cabello blanco. Nunca había visto a un vampiro convertído cuando ella fuese tan vieja, y aunque había jurado que no iba a hablarle, se lo dije como mucho para Andre.

“Esa es la Antigua Pitonisa,” dijo distraídamente. Él examinaba al populacho, tratando de encontrar a Sophie-Anne, supuse. Divisé a Johan Glassport, quien iba a tener su momento como centro de atención pública después de todo, y el resto del contingente de Louisiana estaba con el abogado asesino - todo excepto la reina y Eric y Pam, a quién vislumbré en posición cerca de la plataforma.

Andre y yo tomamos nuestros asientos en la parte delantera derecha. En la parte delantera izquierda estaba una aglomeración de vampiros que no eran partidarios nuestros. El jefe entre ellos era Henrik Feith. Henrik se había transformado a sí mismo de un aterrorizado gato en una pelota de furia. Él nos miró furiosamente. Él hizo de todo menos lanzarnos pelotillas de papel mascado.

“¿Qué le arrastó el culo y murió?” masculló Cleo Babbitt, cayendo en el asiento a mi derecha. “¿La reina le ofreció tomarlo bajo su ala cuando él estaba solo e indefenso, y éste es el agradecimiento que ella obtiene?” Cleo llevaba puesto un smoking tradicional, y se vio bastante bien en él. La severidad vino bien con ella. Su muchacho juguete se vio mucho más femenino que ella. Me admiré de su inclusión en el populacho, el cual era todo supe y abrumadoramente vampiro. Diantha se apoyó adelante de la fila detrás de nosotros para golpearme ligeramente en el hombro. Ella llevaba puesto un corsé rojo con volantes fruncidos negros y una falda negra de tafetán, también desgreñada. Su corsé no tuvo mucho busto para llenarlo. Ella agarraba firmemente un juego de computadora de mano. “Contentadeverte,” dijo, e hice el esfuerzo de sonreírle. Ella le devolvió su atención al juego de la computadora.

“¿Qué nos ocurrirá si Sophie-Anne es encontrada culpable?” Cleo preguntó, y todos nosotros caímos silenciosos.

¿Qué nos ocurriría si Sophie-Anne fuera condenada? Con Louisiana en una posición debilitada, con el escándalo rodeando la muerte de Peter, estábamos todos en peligro.

No sé por qué no había pensado detenidamente en esto, pero no lo había hecho.

En un momento, entendí que aun no había pensado acerca de preocuparme porque había crecido como una ciudadana humana libre de Estados Unidos; no estaba acostumbrada a preocuparme por mi destino estando en cuestión. Bill se había unido al grupo pequeño rodeando a la reina, y cuando miré con atención a través del salón hacia ellos, él se arrodilló, junto con Eric y Pam. Andre dio un salto de su asiento a mi izquierda, y en uno de sus movimientos relámpago él cruzó el cuarto para arrodillarse con ellos. La reina se levantó ante ellos como una diosa romana aceptando tributo. Cleo siguió mi mirada fija, y su hombro avanzó dando sacudidas. Cleo no iba a hacer cualquier arrodillada.

“¿Quién está en el concejo?” Le pregunté a la vampiresa de pelo oscuro, y ella inclinó la cabeza hacia el grupo de cinco vampiros sentados ante el estrado bajo, de cara a la Antigua Pitonisa.

“El Rey de Kentucky, la Reina de Iowa, el Rey de Wisconsin, el Rey de Missouri, la Reina de Alabama,” dijo, señalándolos en orden. El único que había conocido fue Kentucky, aunque reconocí la Alabama bochornosa de su conversación con Sophie-Anne.

El abogado del lado contrario se unió a Johan Glassport en el escenario. Algo acerca del abogado de los arkansinos me recordó a Mr. Cataliades, y cuando él inclinó la cabeza en nuestra dirección, vi a Mr. Cataliades inclinar la cabeza de regreso.

“¿Tienen relación?” Le pregunté a Cleo.

“Cuñados” dijo Cleo, dejándome imaginar cómo sería una hembra demonio. Seguramente no todas se parecerían a Diantha.

Quinn dio un salto al escenario. Él llevaba puesto un traje gris, una camisa blanca, y una corbata, y él le llevó a un largo bastón cubierto con esculturas. Él llamó por señas a Isaiah, Rey de Kentucky, quien flotó encima del estrado. Con un ringorrango, Quinn cedió el bastón a Kentucky, quien estaba mucho más vestido a la moda de lo que había estado tiempo atrás. El vampiro golpeó pesadamente el bastón en contra del piso, y toda conversación cesó. Quinn se retiró a la parte de atrás del estrado.

“Soy el maestro de armas de esta sesión judicial,” Kentucky anunció en una voz que llegó fácilmente a las esquinas del salón. Él sostuvo el bastón en alto así es que no pudo ser ignorado. “Siguiendo las tradiciones de la raza vampiro, los llamo a todos ustedes a presenciar el juicio de Sophie-Anne Leclerq, Reina de Louisiana, en el cargo de asesinar a su firmado y sellado esposo, Peter Threadgill, Rey de Arkansas.”

Sonó muy solemne, en la voz profunda de Kentucky con lenta y pesada pronunciación.

“Llamo a los abogados de las dos partes a estar listos a presentar sus casos.”

“Estoy listo,” dijo el abogado medio-demonio. “Soy Simon Maimonides, y represento al afligido estado de Arkansas.”

“Estoy listo,” dijo nuestro abogado asesino, leyendo de un folleto. “Soy Johan Glassport, y represento a la viuda afligida Sophie-Anne Leclerq, falsamente acusada del asesinato de su firmado y sellado esposo.”

“¿Antigua Pitonisa, está usted lista para oír el caso?” Kentucky preguntó, y la arpía volteó su cabeza hacia él.

“¿Es ella ciega?” Susurré.

Cleo inclinó la cabeza. “De nacimiento,” ella dijo.

“¿Por qué es ella el juez?” Pregunté. Pero las miradas de los vampiros alrededor de nosotros me recordaron que su audición apenas hacía posible el cuchicheo, y era sólo educado callarse.

“Sí,” dijo la Pitonisa Antigua. “Estoy lista para oír el caso.” Ella tuvo un fuerte acento que no podía comenzar a identificar. Hubo un apasionamiento de anticipación en el populacho.

Okey. Dejen los juegos comenzar.

Bill, Eric, y Pam fueron a pararse contra la pared, mientras Andre se me sentó a la par.

El rey Isaiah dio un pequeño golpe de bastón otra vez. “Que el acusado sea traído adelante,” dijo sin un poquito de drama.

Sophie-Anne, viéndose muy delicada, caminó hasta el estrado, escoltada por dos guardias. Como el resto de nosotros, ella se había preparado para el baile, y ella vestía de púrpura. Me pregunté si el color noble había sido una coincidencia. Probablemente no. Tuve el presentimiento que Sophie-Anne arreglaba sus propias coincidencias.

El vestido era de cuello alto y con mangas largas, y realmente tenía una cola.

“Ella es hermosa,” dijo Andre, su voz colmada de reverencia.

Bravo, bravo, bravo. Tenía más en mi mente que admirar a la reina. Los guardias eran los dos Britlingens, probablemente presionados en el servicio por Isaiah, y habían empacado alguna armadura de vestido en sus baúles interdimensionales. Eran negras, también, pero brillaban apagadamente, como agua oscura moviéndose lentamente. Eran tan apretadas al cuerpo como el primer juego de armaduras. Clovache y Batanya levantaron a Sophie-Anne encima de la baja plataforma y luego se retiraron un poco. Así, estaban cerca de ambos el prisionero y su patrón, así es que resultó bien, supongo, desde su punto de vista.

“Henrik Feith, presente su caso,” Isaiah dijo sin más bulla.

El caso de Henrik fue largo y ardiente y completo de acusaciones. Reducido, él dio testimonio de que Sophie-Anne se hubo casado con su rey, hubo firmado todos los contratos usuales, y luego inmediatamente empezó a manipular a Peter hacia su pelea fatal, a pesar del temperamento angélico del rey y su adoración por su reina nueva. Sonó como si Henrik hablara de Kevin y Britney, en vez de dos vampiros antiguos y expertos.

Blah blah. El abogado de Henrik le dejó seguir sin parar, y Johan no objetó cualquiera de las declaraciones altamente coloridas de Henrik. Johan pensó que (inspeccioné) Henrik perdería simpatía siendo tan ferviente e inmoderado - y aburrido - y él tuvo toda la razón, si los cambios y movimientos leves en el lenguaje corporal en el populacho eran para tener en cuenta.

“Y ahora,” Henrik concluyó, lágrimas apenas perceptibles y rosadas bajando por su cara, “No hay más que un puñado de nosotros en el estado entero. Ella, quien mató a mi rey y su teniente Jennifer, ella me ha ofrecido un lugar con ella. Y fui lo suficientemente débil para aceptar, por miedo de lo granuja que es. Pero ella es una mentirosa y me matará, también.”

“Alguien le dijo eso,” murmuré.

“¿Qué?” La boca de Andre estaba justo por mi oreja. Mantener una conversación privada en un grupo de vampiros no es una cosa fácil.

Sostuve en alto una mano para pedir su silencio. No, no escuchaba el cerebro de Henrik sino a los abogados de Henrik, quien no tenía tanta sangre de demonio como Cataliades. Sin darse cuenta de que lo estaba haciendo, me incliné hacia adelante en mi asiento y estiraré el cuello hacia el estrado para oír mejor. Oir con mi cabeza, es decir.

Alguien le había dicho a Henrik Feith que la reina planeaba matarle. Él había estado dispuesto a dejar la acción legal ir en disminución, desde que el asesinato de Jennifer Cater había sacado al demandante principal. Él nunca había tenido rango suficiente en las tropas para tomar liderazgo; no tenía el ingenio o el deseo. Él más bien entraba en el servicio de la reina. Pero si ella realmente tenía la intención de matarle… él trataría de matarla primero como única manera en que él podría sobrevivir, y eso era a través de la ley.

“Ella no quiere matarte,” lo llamé, apenas sabiendo lo que estaba haciendo.

No fui incluso consciente que me había puesto de pie hasta que sentí los ojos de todo el mundo en la audiencia fijos en mí. Henrik Feith clavaba los ojos en mí, su cara atontada, su boca todavía abierta. “Dinos quién te dijo eso, y conoceremos quién mató a Jennifer Cater, porque…”

“Mujer,” dijo una voz estentórea, y me ahogué y me callé muy eficazmente. “Cállate. ¿Quién es usted y qué derecho tiene usted para entrometerse en estos solemnes procedimientos?” La Pitonisa era sorprendentemente fornida para alguien tan endeble como ella aparecía. Ella estaba inclinándose hacia adelante en su trono, mirando encolerizadamente en mi dirección con sus ciegos ojos.

De acuerdo, pararme en un salón lleno de vampiros y cortarle el hilo a su ritual era una forma bastante buena para chorrearme sangre en mi nuevo hermoso vestido.

“No tengo ningún derecho en el mundo, Vuestra Majestad, ” dije, y de algunas yardas a mi izquierda, oí a Pam reír disimuladamente. “Pero sé la verdad.”

“¿Oh, entonces no tengo ningún papel en estos procedimientos?” Graznó la Pitonisa Antigua con su muy acentuado inglés. “¿Por qué debería aparecer de mi caverna a dictar sentencia?”

Por qué, ciertamente.

“Puedo oír la verdad, pero no tengo el juicio para dar justicia,” dije honestamente.

Pam rió disimuladamente otra vez. Justamente supe que fue ella.

Eric había estado parado en el lado del cuarto con Pam y Bill, pero ahora él se adelantó. Podía sentir su presencia, su frío y firme, muy cerca de mí. Él me dio algún coraje. No sé cómo. Lo sentí, sin embargo, sentí una fuerza naciente donde habían estado sólo mis rodillas trepidantes. Una chocante sospecha me golpeó con la fuerza de un camión Mac. Eric me había dado suficiente sangre ahora para que yo calificara, sabia en hemoglobina, como cercana a vampiro; y mi extraño regalo había salpicado en territorio fatal. No estaba leyendo la mente del abogado de Henrik. Leía de Henrik.

“Entonces venga a que decirme lo que debo hacer,” dijo la Pitonisa Antigua con un comentario sarcástico tan afilado que pudo haber cortado en rodajas un budín de carne.

Necesitaba una semana o dos para lograr sobreponerme a la sacudida de mi sospecha terrible, y tuve la convicción renovada que yo en realidad debía matar a Andre, y tal vez a Eric, también, aun si una esquina de mi corazón lloraría por la pérdida.

Tuve veinte segundos para procesar esto.

Cleo me dio un pinchazo afilado. “Vaca,” ella dijo furiosamente. “Echarás todo a perder.” Avancé fuera de la fila, dando un paso sobre Gervaise cuando hice eso. Ignoré su resplandor y el pinchazo de Cleo. Los dos eran pulgas comparadas con los otros poderes que podían quere un pedazo de mi primero. Y Eric dio un paso adelante detrás de mí. Mi espalda estaba cubierta.

Cuando me moví más cerca de la plataforma, fue difícil de determinar lo que Sophie-Anne pensaba de esta nueva vuelta en su juicio inesperado. Me concentré en Henrik y su abogado.

“Henrik piensa que la reina decidió matarle. A él le fue dicho que así es que él brindase testimonio en contra de ella en defensa propia,” dije.

Ahora estaba detrás de las sillas de los jueces en el piso, con Eric a mi lado.

“¿La reina no decidió matarme?” Henrik dijo, viéndose esperanzado, confundido, y traicionado al mismo tiempo. Esa era una tarea difícil para un vampiro, desde que las expresiones faciales no son su medio de comunicación principal.

“No, ella no lo hizo. Ella fue sincera al ofrecerte un lugar.” Mantuve mis ojos fijos en los de él, tratando de practicar mi sinceridad en su cerebro asustado. Me había movido casi en frente de él ahora.

“Probablemente mientes, también. Estás en su paga, después de todo.”

“¿Quizá podría tener una palabra?” La Pitonisa Antigua dijo, con ácido sarcástico.

Uy. Hubo un silencio que era justamente helado.

“¿Es usted un vidente?” Ella preguntó, hablando muy lentamente a fin de que la pudiese entender.

“No, señora, yo soy una telépata.” De cerca, la Pitonisa Antigua se veía incluso más vieja, lo cuál no habría pensado posible.

“¿Usted puede leer las mentes? ¿Mentes vampiro?”

“No, señora, esos son los únicos que no puedo leer,” dije muy firmemente. “Uní las piezas de todo esto de los pensamientos del abogado.”

El Sr. Maimonides no estaba muy contento con eso.

“¿Todo esto era conocido por usted?” La P. Antigua le preguntó al abogado.

“Sí,” él dijo. “Yo sabía que Mr. Feith se sentía amenazado de muerte.”

“¿Y usted supo que la reina se había ofrecido a aceptarle a su servicio?”

“Sí, él me dijo que ella se lo dijo entonces.” Eso fue dicho en un tono tan dudable que no tenías que ser una A.P. para leer entre líneas.

“¿Y usted no creyó en la palabra de una reina vampiro?”

Okay, eso fue un tocón para Maimonides. “Sentí que era mi deber proteger a mi cliente, mi Pitonisa Antigua.” Él golpeó simplemente la nota correcta de dignidad humilde.

“Hmmm,” dijo la A.P., sonando tan escéptica como me sentí yo. “Sophie-Anne Leclerq, es su turno de presentar su lado de la historia. ¿Procederá usted?”

Sophie-Anne dijo, “Lo que Sookie ha dicho es cierto. Le ofrecí a Henrik un lugar conmigo y protección. Cuando llamemos a los testigos, Antigua, usted oirá que Sookie es mi testigo y estaba allí durante la pelea final entre la gente de Peter y la mía. Aunque supe que Peter se casó conmigo con un orden del día secreto, no levanté una mano en contra de él hasta que su gente atacó en la noche de nuestro festín de celebración. Debido a muchas circunstancias, él no logró elegir su mejor momento para ir tras de mí, y como consecuencia, su gente murió y la mayor parte de la mía vivió. Él en realidad empezó el ataque cuando no hubo otros allí no de nuestra sangre.” Sophie-Anne se ingenió para verse conmocionada y se entristecida. “Me ha requerido todos estos meses para estar segura que las cuentas fueron saldadas.”

Pensé que había puesto a la mayoría de los humanos y Weres fuera antes de que la matanza comenzase, pero aparentemente habían quedado algunos en el área.

Probablemente ya no estaban más por ahí.

“En el tiempo desde esa noche, usted ha sufrido muchas otras pérdidas,” la Pitonisa Antigua comentó. Esto sonó muy compasivo.

Comencé a tener sospecha que la cubierta había sido apilada en favor de Sophie-Anne. ¿Era significativo que Kentucky, quien había estado cortejando a Sophie-Anne, fuese el miembro del concejo a la cabeza del procedimiento?

“Como usted dice, he tenido muchas pérdidas - ambos en términos de mi gente y en términos de mi ingreso,” Sophie-Anne estuvo de acuerdo. “Eso es por lo qué necesito mi herencia de mi marido, para la cuál estoy facultada como parte de nuestro convenio de matrimonio. Él pensó que él heredaría el sustancioso reino de Louisiana. Ahora me alegraré si puedo obtener al pobre de Arkansas.”

Hubo un largo silencio.

“¿Llamaré a nuestro testigo?” Johan Glassport dijo. Él sonó muy indeciso e incierto, para un abogado. Pero en esta sala de tribunal, no fue difícil de entender por qué. “Ella ya está justo aquí, y ella fue testigo de la muerte de Peter.” Élla me alargó su mano, y tuve que encaramarme en la plataforma. Sophie-Anne se vio relajada, pero Henrik Feith, algunas pulgadas a mi izquierda, agarraba los brazos de su silla.

Otro silencio. El salvaje cabello blanco del antiguo vampiro y colgaba para esconder su cara cuando ella quedó mirando su regazo. Luego ella miró hacia arriba, y sus ojos ciegos fueron infaliblemente a Sophie Anne. “Arkansas es tuya por ley, y ahora tuya por derecho. Le declaro inocente de conspirar para asesinar a su marido,” la Pitonisa Antigua dijo, casi casualmente.

Bien… yippee. Estaba lo suficientemente cerca para ver que los ojos de Sophie-Anne se ampliaron con alivio y sorpresa, y Johan Glassport le dio una privada pequeña sonrisa a su atril. Simon Maimonides miró hacia abajo a los cinco jueces para ver cómo tomarían el pronunciamiento de A.P., y cuando ninguno de ellos expresó una palabra de protesta, el abogado se encogió de hombros.

“Ahora, Henrik,” graznó la Pitonisa Antigua, “su seguridad está asegurada. ¿Quién le ha dicho mentiras?”

Henrik apenas se vio reconfortado. Él se vio como un asustado estúpido. Él se puso de pie para pararse a mi lado.

Henrik fue más listo que nosotros. Hubo un destello a través del aire.

La próxima vez que una expresión cruzó su cara, fue horror absoluto. Él miró hacia abajo, y todos nosotros seguimos sus ojos. Había un eje de madera delgado proyectándose de su pecho, y tan pronto como sus ojos lo identificaron, la mano de Henrik se elevó para tocarlo, y él se contoneó. Un gentío humano habría brotado en el caos, pero los vampiros se lanzaron al piso en silencio. La única persona que gritó fue la Pitonisa Antigua ciega, quien exigió saber lo que sucedió y por qué todo el mundo estaba tan tenso. Las dos Britlingens brincaron a través del estrado hacia Kentucky y aguantando delante de él, sus armas en sus manos y listas. Andre literalmente salió volando de su asiento en la audiencia para aterrizar delante de Sophie-Anne. Y Quinn brincó a través del estrado para derribarme, y recibió la segunda flecha, la flecha de seguro, destinada a Henrik. Fue muy innecesario. Henrik estaba muerto cuando le pegó al piso.

14

BATANYA MATÓ AL ASESINO CON UNA ESTRELLA ARROJADORA. Ella estaba de cara a la multitud, así es que ella vio al vampiro quedar parado después de que todos los demás prudentemente se habían pegado al piso. Este vampiro no prendía fuego las flechas de un arco; las tiraba, por lo que él había logrado permanecer poco notorio. Aun en este grupo, alguien llevando un arco habría atraído una cierta atención.

Sólo un vampiro podría tirar una flecha y mate a alguno. Quizá sólo un Britlingen podría tirar una estrella filosa como una navaja de tal manera que decapitase a un vampiro.

He visto vampiros decapitados antes, y no es tan desordenado como usted pensaría; no como cortar totalmente la cabeza de un humano. Pero no es agradable, tampoco, y cuando observé la cabeza volcarse fuera de los hombros, tuve un momento de náusea que me hizo golpear la rodilla en el piso. Gateé sobre mis rodillas para averiguar sobre Quinn.

“No estoy mal,” él dijo instantáneamente. “No mal. Está en mi hombro, no en mi corazón.” Él rodó para ponerse boca arriba. Los vampiros de Louisiana saltaron sobre plataforma para rodear a la reina, simplemente un segundo detrás de Andre. Una vez que estuvieron seguros que la amenaza había terminado, se aglomeraron alrededor de nosotros.

Cleo se sacó su chaqueta del smoking y se arrancó a rasgones la camisa blanca plisada. Ella la plegó en una almohadilla con movimientos tan rápidos que apenas los podría seguir. “Sujeta esto,” ella dijo, presionándolo en mi mano y colocando mi mano cerca de la herida. “Dispónte a presionar fuerte.” Ella no me esperó que yo inclinase la cabeza. “Sostente,” ella dijo a Quinn. Y ella le puso sus manos fuertes en sus hombros a sujetarle todavía más mientras Gervaise arrancó la flecha.

Quinn bramó, no tan sorprendentemente. Los siguiente pocos minutos fueron bastante malos. Presioné la almohadilla en contra de la herida, y mientras Cleo se puso encima la chaqueta del smoking sobre su sostén negro del encaje, ella dirigió a Herve, su apretón humano, para donar su camisa, también. Yo he de decir, él la batió rápidamente. Hubo algo realmente conmocionante acerca de ver un peludo desnudo pecho en la mitad de toda esta exquisitez de la noche. Y estaba más allá de lo extraño quereparase en ello, después de que justamente había visto la cabeza de un tipo separarse de su cuerpo.

Supe que Eric estaba a mi lado antes de que hablase, porque me sentí menos aterrorizada. Él se arrodilló a mi nivel. Quinn se concentraba en no gritar, así es que sus ojos estaban cerrados como si él estuviese inconsciente y allí había montones de acción todo a mi alrededor. Pero Eric estaba contiguo a mí, y no sentí exactamente calma, pero no como trastornada. Porque él estaba allí.

Justamente odié eso.

“Va a curarse,” Eric dijo. Él no sonó especialmente feliz acerca de eso, ni triste.

“Sí,” dije.

“Lo sé. No lo vi viniendo.”

“Oh, ¿te hubieses precipitado delante de mí?”

“No,” Eric dijo simplemente. “Porque me podría haber pegado en el corazón, y moriría. Pero habría saltado y te habría arrojado al piso para sacarte del camino de la flecha si hubiese habido tiempo.”

No podía pensar acerca de una cosa para decir.

“Sé que puedes llegar a odiarme porque te evité la mordida de Andre,” él dijo quedamente. “Pero soy en realidad el menor de dos males.”

Le recorrí lateralmente con la mirada.

“Sé eso,” dije, la sangre de Quinn manchando mis manos cuando se coló a través de la almohadilla provisional. “No habría muerto por ser mordida por Andre, pero fue una cosa cercana.”

Él se rió, y los ojos de Quinn se movieron tremulantemente.

“El weretigre recobra la conciencia,” dijo Eric. “¿Lo amas?”

“No lo sé aún.”

“¿Me amaste a mi?”

Un equipo de camilleros llegó. Por supuesto, éstos no fueron paramédicos de siempre. Los paramédicos de siempre no habrían sido bienvenidos en la Pirámide de Gizeh. Éstos eran Weres e adaptoformas que trabajaban para los vampiros, y su líder, una joven que pareció un oso de miel, dijo, “Nos aseguraremos que él quede curado en un tiempo récord, señora.”

“Averiguaré sobre él más tarde.”

“Nos encargaremos de él,” ella dijo. “Entre nosotras, él lo hará mejor. Es un privilegio encargarse de Quinn.”

Quinn inclinó la cabeza. “Estoy listo para ser movido,” él dijo, pero él agarraba con fuerza las palabras entre sus dientes.

“Te veré más tarde,” dije, tomando su mano en la mía. “Eres lo más valiente que hay, Quinn.”

“Bebé,” él dijo, mordiendo su labio inferior de dolor. “Ten cuidado.”

“No te preocupes por ella,” dijo un tipo negro con un esquilado africano. “Tiene guardianes.” Él le dio a Eric una mirada fresca. Eric tendió su mano y yo la tomé para ponerme de pie. Mis rodillas dolían después de estar en el piso duro.

Cuando lo pusieron encima de la camilla y lo levantaron, Quinn pareció perder el conocimiento. Empecé a avanzar, pero el tipo negro tendió su brazo. Se pareció al ébano cortado en rodajas, los músculos estaban bien definidos. “Hermana, simplemente quédate aquí,” él dijo. “Estamos trabajando ahora.”

Los observé llevarle. Una vez que él estaba fuera de la vista, miré hacia abajo a mi vestido. Asombrosamente, estaba bien. No sucio, no ensangrentado, y las arrugas estaban en un mínimo.

Eric esperó.

“¿Te amé?” Supe que Eric no iba a darse por vencido, y yo tan bien puedo resolver una respuesta. “Tal vez. Algo así. Pero supe todo el tiempo que quien quiera que fuese el que estaba conmigo, no era el verdadero tú. Y supe que tarde o temprano recordarías quién eras y lo que eras.”

“No pareces tener respuestas de sí o no acerca de los hombres,” él dijo.

“Tú no pareces saber exactamente cómo te sientes acerca de mi, tampoco,” dije.

“Eres un misterio,” él dijo. “¿Quién era tu madre, y quién era tu padre? Oh, ya sé, dirás que te criaron de niña y murieron cuando eraspequeña. Te recuerdo contándome la historia. Pero no sé si es exactamente cierto. ¿Si es así, cuándo la sangre de hadas entró en tu árbol genealógico? ¿Vino de uno de tus abuelos? Eso es lo que yo supongo.”

“¿Y cómo es eso de tu incumbencia?”

“Sabes que es de mi incumbencia. Ahora estamos atados.”

“¿Va a desvanecerse? ¿Lo hará, verdad? ¿No siempre seremos como esto?”

“Me gusta ser como esto. A ti te gustará, también,” dijo, y él pareció muy malditamente seguro.

“¿Quién era el vampiro que trató de matarnos?” Pregunté, para cambiar a otra cosa. Esperaba que él no estuviese en lo correcto, y de cualquier manera, habíamos dicho todo lo que había que decir del tema, en cuanto a lo que a mí concernía.

"Pasemos a enterarnos,” él dijo, y tomó mi mano. Me rezagué junto con él, simplemente porque quise saber.

Batanya estaba de pie al lado del cuerpo del vampiro, el cual había empezado la desintegración rápida de su género. Ella había recuperado su estrella arrojadora, y la pulía en la pierna de sus pantalones.

“Buen lanzamiento,” dijo Eric. “¿Quién era él?”

Ella se encogió de hombros. "No lo sé". El tipo con las flechas, era todo lo que supe. Todo lo que me importa.”

“¿Él fue el único?”

“Sí.”

“¿Me puede decir usted como se veía?”

“Me sentaba a la par de él,” dijo un vampiro masculino muy pequeño. Era quizá de cinco pies de altura, y delgado por además. Su pelo caía por su espalda. Si él fuese a la cárcel, tendría a los tipos golpeando la puerta de su celda en treinta minutos. Lo lamentarían, claro está, pero para el ojo inobservante, él parecía el blanco más fácil del mundo. “Él era rudo, y no se vistió para la tarde. Khakis y una… bueno, ustedes pueden ver una camisa de vestir rayada.”

Aunque el cuerpo se volvía negro y escamaba como los cadáveres de los vampiros lo hacían, naturalmente las ropas estaban intactas.

“¿Tal vez tenía una licencia de conducir?” Sugerí. Eso era casi dado con humanos, pero no con vampiros. Sin embargo, valía un disparo.

Eric se puso en cuclillas e introdujo sus dedos en el bolsillo delantero del hombre. Nada salió afuera, o del otro bolsillo delantero, sin más tardar Eric lo volteó. Retrocedí un par de pasos para evitar el pequeño remolino de hojuelas de ceniza. Había algo en el bolsillo trasero: una cartera normal. Y dentro, de seguro, una licencia de conducir.

Había sido expedida por Illinois. Bajo tipo de sangre estaba la designación “NA.” Yep, un vampiro, con seguridad. Leyendo sobre el hombro de Eric, podía ver que el nombre del vampiro había sido Kyle Perkins. Perkins había puesto a “3V” como su edad, así es que él había sido vampiro por sólo tres años.

“Ha debido ser un arquero antes que muriese,” dije. “Porque esa no es una habilidad que tendrías de inmediato, especialmente tan joven.”

“Estoy de acuerdo,” dijo Eric. “Y durante el día, quiero que compruebes todos los lugares locales a los que puedes ir a practicar tiro al arco. Tirar flechas no es una habilidad que puedes improvisar. Él se entrenaba. La flecha era especialmente hecha. Necesitamos averiguar lo que sucedió a Kyle Perkins, y por qué este granuja aceptó el trabajo para asistir a esta reunión y matar a quien fuera necesario.”

“¿Así que él fue un asesino a sueldo… vampiro?”

“Sí, creo que sí,” Eric dijo. “Alguien nos manipula muy cuidadosamente. Por supuesto, este Perkins era simplemente de apoyo en caso que juicio saliese mal. Y si no hubiese sido por ti, la prueba bien podría haber salido mal. Alguien se tomó una gran cantidad de problema para aprovecharse de los miedos de Henrik Feith, y el estúpido Henrik estaba a punto de ceder quién fue. Este Kyle, él fue plantado para impedir eso.”

Luego la tripulación de limpieza llegó: un grupo de vampiros con un bolso de cuerpo y suministros de limpieza. Las criadas humanas no recibirían instrucciones de fregar arriba de Kyle. Afortunadamente, estaban todos ocupados adentro limpiando los cuartos de vampiros, los cuales estaban prohibidos para ellos durante el día.

En un orden cortísimo, el residuo de Kyle Perkins fue metido en bolsas y llevado, con un vampiro quedándose atrás para esgrimir un vacío de mano pequeño. Deje a Rodas CSI tratar de obtener algo de eso.

Sentí una gran cantidad de movimiento y atiné ver que las puertas de servicio estaban abiertas y personal de planta entraba a raudales en el cuarto grande para guardar las sillas. En menos que quince minutos, la parafernalia judicial de Quinn estaba siendo guardada en reserva, su hermana dirigiendo el trabajo. Luego una banda musical se estableció en la plataforma, y el cuarto fue despejado para bailar. Nunca había visto cualquier cosa como eso. Primero un juicio, luego algunos asesinatos, luego baile. La vida sigue. O, en este caso, la muerte continúa.

Eric dijo, “Mejor te presentas con la reina.”

“Oh. Bueno, ella podría tener unas pocas palabras para decirme.” Eché un vistazo alrededor y divisé a Sophie-Anne bastante rápidamente. Ella estaba rodeada de una multitud de personas felicitándola por el veredicto favorable. Por supuesto, habrían estado igual de contentos de verla ejecutada, o lo que fuere que habría ocurrido si la Pitonisa Antigua revolviese desfavorablemente. Hablando del A.P.

“¿Eric, dónde iría la vieja chica?” Pregunté.

“La Pitonisa Antigua es el oráculo original que Alexander consultó,” él dijo, su voz muy neutral. “Ella fue tan reverenciada aun en su edad vieja, que fue convertida por vampiros muy primitivos de su tiempo. Y ahora ella ha excedido en duración a todos ellos.”

No quise pensar acerca de cómo se había alimentado ella antes del advenimiento de la sangre sintética que había cambiado al mundo del vampiro. ¿Cómo cojearía detrás de su presa humana? ¿Tal vez le habían traído las personas hasta ella, como los dueños de serpientes traen ratones vivos para sus mascotas?

Para contestar tu pregunta, especulo que sus criadas la han llevado para su suite. Ella es sacada para ocasiones especiales.”

“Como la buena plata,” dije en serio, y luego estallé en risas nerviosas. Para mi sorpresa, Eric sonrió, también, esa sonrisa grande que hizo aparecer múltiples arcos en las esquinas de su boca.

Tomamos nuestros lugares detrás de la reina. No estaba segura si ella había registrado mi presencia, tan ocupada estaba siendo la mujer bella del baile. Pero en un momento de calma momentánea en la cháchara, ella se hizo hacia atrás y tomó mi mano, apretándola muy ligeramente. “Hablaremos más tarde,” dijo, y luego saludó a un vampiro hembra corpulenta en un vestido pantalón con lentejuelas.

“Maude,” Sophie-Anne dijo, “Qué bueno verte bien. ¿Y cómo van las cosas en Minnesota?”

Justo entonces un golpe ligero en el atril atrajo toda la atención de las persona hacia la banda musical. Eran todos vampiros, noté con alarma. El tipo de pelo resbaladizo en el podio dijo “¡Si todos ustedes vampiros calientes y vampiresas están listos a retumbar, estamos listos para tocar! ¡Soy Rick Clark, y ésta es…la Orquesta de Baile del Muerto Hombre!”

Hubo un ligero aplauso educado de reconocimiento.

“Aquí para abrir la velada están dos de los bailarines más finos de Rodas, cortesía de Luna Melancólica Producciones. ¡Por favor denle la bienvenida a… Sean y Layla!”

La pareja que dio un paso fuera en la mitad de la pista de baile era espectacular, ya seas humano o vampiro. Eran ambos de la variedad sangre-fría de ellos mismos, aunque él era muy viejo y ella era recientemente convertida, pensé. Ella era una de las mujeres más bellas que alguna vez había visto, y llevaba puesto un vestido beige del encaje que fue a la deriva alrededor de sus piernas de categoría mundial como nieve cayendo alrededor de árboles. Su compañero era tal vez el único vampiro que alguna vez había visto con pecas, y su pelo rojo polvoriento era tan largo como el de ella.

Sólo tenían ojos uno para el otro, y bailaron juntos como si se deslizaran a través de un sueño.

Nunca había visto cualquier cosa como eso, y de la atención arrobada de la audiencia, nadie más lo había hecho, tampoco. Cuando la música dibujó para una conclusión - y hasta el día de hoy, no puedo recordar qué bailaron - Sean tiraba a Layla de regreso sobre su brazo, se doblaba sobre ella, y la mordió. Me escandalicé, pero los demás les parecieron esperarlo, y los exitó no poco. Sophie-Anne levantó temperatura en Andre (aunque ella no tuvo levantarse mucho, desde que él no era mucho más alto que ella), y Eric me miró con esa luz caliente en sus ojos que me hacían cautelosa.

Fijé mi atención en la pista de baile con determinación y batí palmas como una maníaca cuando los dos tomaron su arco y más parejas comenzaron a unírseles cuando la música comenzó otra vez. Por costumbre busqué alrededor a Bill, quien no estaba en ninguna parte a la vista.

Luego Eric dijo, "Bailemos,” y encontré que no podía decir que no.

Tomamos el piso junto con la reina y su rey potencial, y vi que Russell Edgington y su esposo, Bart, salían a bailar, también. Se vieron casi tan cautivados con cada uno como los dos bailarines de exhibición.

No puedo cantar, pero por las cáscaras, puedo bailar. Y Eric había tenido algunas lecciones de salón de baile en un siglo u otro. Mi mano descansó sobre su espalda, la suya en la mía, nuestras manos libres unidas, y fuera fuimos. No estaba exactamente segura lo que el baile era, pero él fue un líder fuerte, así es que fue fácil llevar el mismo paso. Más como el vals que cualquier otra cosa, decidí.

“Lindo vestido,” dijo la bailarina Layla cuando nos mecimos cerca de ellos.

“Gracias,” dije, y resplandecí en ella. De alguien tan preciosa como ella, era un gran cumplido. Luego su socio se inclinó para darle un beso, y formaron remolinos en el populacho.

“Ese es un lindo vestido,” Eric dijo. “Y tú eres una hermosa mujer.”

Me avergoncé raramente. Había tenido cumplidos antes - no puedes servir tragos en un bar y no recibirlos - pero la mayor parte de ellos habían constado de (diversos grados de borrachera) tipos diciéndome que era realmente linda o, en el caso de uno, qué tan impresionante mi “percha” era. (En cierta forma, JB du Rone y Hoyt Fortenberry se habían ingeniado para pararse en los dedos del pie de ese tipo y derramar una bebida sobre él al mismo tiempo, accidentalmente.)

“Eric,” dije, pero yo no podía terminar la frase porque no podía pensar qué decir después. Tuve que concentrarme en la velocidad con la cual mis pies se movían. Bailábamos tan rápido que sentí como si volara. Repentinamente Eric dejó caer mi mano para agarrar mi cintura, y cuando cambiamos de dirección, él me meció arriba, y luego realmente volaba, con una pequeña ayuda de un vikingo. Me reí como una loca, mi pelo ondulando alrededor de mi cabeza, y luego él me dejó ir y me atrapó, simplemente a pulgadas del piso, y luego lo hizo nuevamente y otra vez, hasta que a fin de cuentas estaba de pie sobre el piso y la música estaba terminada.

“Gracias,” dije, sabiendo que debía verme como si hubiese estado aguantando en un vendaval. “Excúsame mientras voy al cuarto de damas.”

Me escurrí a través de la multitud, tratando de no reír abiertamente como una idiota. Debería estar con - oh, sí - mi novio. En lugar de bailar con otro tipo hasta sentir que hormigueaba de felicidad. Y no era nada bueno, excusarme a cuenta de nuestro lazo de sangre.

Sophie-Anne y Andre habían dejado de bailar, y estaban parados con un grupo de otros vampiros. Ella no me podía necesitar, luego, desde que no había humanos que yo debía escuchar. Divisé a Carla bailando con Gervaise, y parecieron lo suficientemente felices. Carla tenía montones de miradas admiradoras de otros vampiros, y eso haría a Gervaise hincharse con orgullo. Teniendo a sus compañeros vampiros deseando ardientemente lo que él ya tenía era dulce.

Supe cómo se sentía Gervaise.

Me detuve en mis huellas.

¿Tuve yo… no estaba realmente leyendo su mente? No, no podría. Las únicas veces que atrapé un fragmento de pensamiento de vampiro antes de esta noche, el fragmento se había sentido frío y serpentino.

Pero supe cómo se sintió Gervaise, con seguridad, tal como había leído pensamientos de Henrik. ¿Era eso simplemente mi conocimiento de los hombres y sus reacciones o mi conocimiento de vampiros, o podría yo en realidad seguir emociones de vampiro mejor desde desde que había tenido la sangre de Eric por una tercera vez? ¿O mi habilidad, o mi talento, o mi maldición - lo que fuese que lo llame - se ampliaba para incluir a los vampiros desde que yo estaba más cerca de convertirme en uno?

No. No, no, no. Me sentí como yo misma. Me sentí humana. Me sentí caliente. Respiraba. Tenía que ir al baño. Tenía hambre, también. Pensé acerca de la tarta de chocolate famosa de la vieja Mrs. Bellefleur. Mi boca se hizo agua. Yep, humana.

Okay, luego, esta afinidad nueva con vampiros se desvanecería, como mi fuerza adicional se desvanecería, con el tiempo. Había bebido dos veces de Bill, pensé; tal vez más. Y tres de Eric. Y cada vez que había tenido su sangre, en dos o tres meses había visto decrecer la fuerza y la agudeza de visión que había ganado de la toma. ¿Entonces eso ocurriría esta vez, también, correcto? Me sacudí a mí misma enérgicamente. Seguro, lo haría.

Jake Purifoy estaba apoyándose contra la pared, observando a las parejas bailar. Le había vislumbrado antes con una joven mujer vampiro alrededor del piso, y ella había estado riéndose. Así es que no estaba todo melancólico para Jake, y me alegré.

“Oye,” dije.

“Sookie, eso fue acción en el juicio.”

“Bueno, dio miedo.”

“¿De dónde venía ese tipo?”

“Granuja, adivino. Eric me tiene considerando arquerías mañana para seguirle la pista, tratar de encontrar quien lo contrató.”

“Bien. Ese fue un escape muy comprometido para ti. Lo siento,” él dijo torpemente. “Sé que has debido tener miedo.”

Realmente había estado demasiado preocupada acerca de Quinn para pensar acerca de la flecha siendo apuntada contra mí. “Especulo que lo fui. Pasas un buen rato, ahora.”

“Algo tengo que hacer no pudiendo cambiar más, ” Jake dijo.

“No supe que habías hecho el intento.” No podía pensar acerca de cualquier otra cosa para decir.

“Repetidas veces,” él dijo. Nos miramos por un momento largo, largo. “Pues bien, voy a encontrar a otra compañera,” él me dijo, y se dirigió resueltamente con rumbo a una vampiro que había venido con el grupo de Stan Davis de Tejas. Ella se vio contenta de verle acercándose.

Para entonces entraba en el cuarto de damas, el cual era pequeño, por supuesto; la mayor parte de las hembras en la Pirámide de Gizeh no necesitaban usar tal facilidad, como no sea para peinarse el pelo. Había una asistente, una delicadeza que nunca antes había visto aunque hubiera leído acerca de eso en libros. Se supone que le doy propina a ella. Todavía tenía mi pequeño bolso de tarde con mi llave del cuarto, y me alivió recordar que había resbalado algunos dólares allí dentro, junto con algunos pañuelos y las mentas del aliento y un cepillo diminuto. Incliné la cabeza hacia la asistente, una regordeta, mujer con una cara infeliz.

Me encargué de mi negocio en el limpio bonito puesto y luego emergí para lavarme mis manos y tratar de alisar mi pelo. La asistente, traía puesta una etiqueta de nombre que decía “Lena,” abrió el agua para mí, un gesto excesivo para mi gusto. Digo, puedo revolver un grifo. Pero me lavé las manos y usé la toalla que ella me extendió, creyendo que ésta era la rutina y yo no debería actuar como una persona ignorante. Eché dos dólares en el tazón de propinas, y ella trató de sonreírme, pero ella se vio demasiado infeliz para manejarlo. Ella debe estar pasando una mala noche.

“Gracias,” dije, y empecé a salir. No sé por qué, pero recorrí con la mirada el espejo en el interior de la puerta antes de empujar la manija. Allí Lena estaba, mirando un hueco en mi espalda. Ella se había visto tan infeliz porque había estado teniendo que suprimir cuánto me odió.

Ese es siempre un mal sentimiento, cuando sabes que alguien te odia; especialmente cuando es sin causa alguna. Pero sus problemas no eran los míos, y si ella no quería abrir el grifo para mujeres que salían en cita con vampiros, ella podía encontrar otro trabajo. No quise su maldito grifo abriéndose, de cualquier manera, por Dios.

Así es que labré mi camino a través de la multitud, chequeando a la reina para ver si ella tenía humanos alrededor que necesitaba que escudriñase (no), inspeccionando para ver si podría encontrar un were o intercambiador para darme una actualización en Quinn (no).

Por pura suerte, yo encontré al brujo del clima, el brujo masculino que había divisado más temprano. Confieso que me enorgulleció un poco encontrar que mi conjetura realmente había sido correcta. Su ser aquí esta noche fue su recompensa por el buen servicio, aunque no podía detectar quién su patrocinador fue. El brujo del clima tenía un trago en su mano y una mujer de mediana edad en su brazo. Señora Witch, descubrí con otro chapuzón rápido en su piscina mental. Él esperaba que ella no hubiera observado que él estaba muy interesado en la bella bailarina vampiro y en la humana bastante rubia viniendo hacia él, la que le había mirado más temprano como si ella le conociese. Oh… esa sería yo.

No podía agarrar su nombre, lo cual habría engrasado los patines, y no supe qué decirle. Pero ésta era una persona que debería ser traída a la atención de Sophie-Anne. Alguien le había usado en contra de ella.

“Hola,” dije, dándoles mi sonrisa más grande. La esposa sonrió de regreso, un poco cautelosamente, porque la sedada pareja no era normalmente a la que se le acercaban jóvenes mujeres solas (ella había recorrido con la mirada mi mano izquierda) durante fiestas encantadoras. La sonrisa del brujo del clima fue más en el lado asustado. “¿Están ustedes disfrutando la fiesta?” Pregunté.

“Sí, realmente una velada,” la esposa dijo.

“Mi nombre es Sookie Stackhouse,” dije, exudando encanto.

“Olive Trout,” ella contestó, y nos dimos la mano. “Éste es mi marido, Julian.” Ella no tenía idea qué era su marido.

“¿Son ustedes de por aquí?” Examinaba a la multitud tan discretamente como podía. No tenía idea de qué hacer con ellos ahora que los había encontrado.

“Usted no ha observado nuestras estaciones locales,” Olive dijo con altanería. “Julian es el meteorólogo del Canal 7.”

“Qué interesante,” dije, con sinceridad absoluta. “Si ustedes dos justamente vienen conmigo, conozco alguien que justamente le gustaría conocerle.” Mientras los arrastraba a los dos al populacho, comencé a tener dudas. ¿Qué ocurre si Sophie-Anne pretendía retribución? Pero eso no tenía sentido. El hecho importante no era que había un brujo del clima; el hecho importante era que alguien había contratado a Julian Trout para predecir el clima para Louisiana y en cierta forma había pospuesto la cima hasta que Katrina tuvo su descalabro.

Juliano fue lo suficientemente brillante para sacar en claro que algo estaba mal con mi entusiasmo, y tuve miedo que pusiesen obstáculos. Fui muy aliviada de divisar la cabeza rubia de Gervaise. Lo llamé por su nombre en una voz saludable como si no hubiese hablado con él en mucho tiempo. Para cuando le alcancé no tuve casi aliento para reunir a los Trouts con tal velocidad y ansiedad.

“Gervaise, Carla,” dije, depositando a las Trouchs delante del sheriff como si los drogase fuera del agua. “Ésta es Olive Trout y su marido, Julian. La reina ha estado ansiosa por encontrar a alguien como Julian. Él está realmente dentro del clima.” De acuerdo, nada sutil. Pero la cara de Julian se palideció. Bueno, un poco de conocimiento de maldad definitivamente presente en la conciencia de Julian.

“¿Querido, estás enfermo?” Olive preguntó.

“Necesitamos ir a casa,”dijo él.

“No, no, no,” Carla dijo, brincando en la conversación. “¿Gervaise, cariño, recuerdas que Andre dijo que si escuchabamos acerca de alguien que fuese realmente una autoridad del clima, él y la reina especialmente querían tener una palabra con ellos?” Ella hizo pliegues en sus brazos alrededor de las Trouts y resplandeció en ellos. Olive se vió incierta.

“Por supuesto,” dijo Gervaise, la bombilla finalmente conectando el fluido eléctrico por encima de su cabeza. “Gracias, Sookie. Por favor, vengan con nosotros.” Y guiaron a las Trousts fuera.

Me sentí un poco mareada con el placer de haber sido probadamente en lo correcto.

Mirando alrededor, divisé a Barry dejando un plato en una bandeja vacía.

“¿Quieres bailar?” Pregunté, porque lo que la Orquesta de Baile del Hombre Muerto tocaba un gran cover de una canción vieja de Jennifer Lopez. Barry se vio renuente, pero le tiré de la mano, y bastante pronto sacudíamos nuestros bombones en todas partes y nos divertiarnos de lo lindo. Nada como bailar para relajar la tensión y perderse, simplemente por un tiempo. No era tan buena como Shakira en el control muscular, pero puede que si, si practicaba de vez en cuando

“¿Qué estás haciendo?” Eric preguntó, y él no estaba siendo gracioso. Él era glacial con desaprobación.

“¿Bailando, por qué?” Di un gesto para señalar a Eric que se fuese. Pero Barry se había detenido, ya, y me había dado un pequeño gesto de despedida.

“Pasaba un buen rato,” protesté.

“Movías tus activos delante de cada varón en el cuarto,” él dijo. “Como una… ”

“¡Detente, amigo! ¡Te detienes allí mismo!” Sostuve en alto un dedo, advirtiéndole.

“Saca tu dedo fuera de mi cara,” dijo.

Inspiré para decir algo imperdonable, dándole la bienvenida a la marea de cólera con deleite real - no estaba atada a él por la cintura - cuándo un brazo fuerte, tieso se sujetó alrededor de mí, y una voz de acento irlandés poco familiar dijo, “Baila, querida?” Cuando el bailarín pelirrojo que había abierto el festejo alborotado de la noche me meció completamente en un sedoso pero complicado set de pasos, divisé a su socia agarrando la muñeca de Eric para corresponder.

“Sólo sígueme mientras te calmas, chica. Soy Sean.”

“Sookie.”

“Encantado de conocerte, joven. Usted es una buena bailarina.”

“Gracias. Ese es un cumplido alto, proviniendo de usted. Yo en realidad disfruté su rutina más temprano.” Podía sentir la prisa de la cólera reduciéndose drásticamente.

“Es mi socia,” dijo, sonriendo. No se vio fácil para él, esa sonrisa, pero le transformó de un hombre pecoso de costado delgado con una hoja de nariz en un hombre con atractivo sexual para derrochar. “Mi Layla es un sueño con el que bailar.”

“Ella es muy bella.”

“Oh, sí, por dentro y por fuera.”

“¿Cuánto tiempo han sido ustedes socios?”

“En bailar, dos años. En la vida, sobre un año.”

“De su acento, especulo que usted vino aquí con ambages.” Vislumbré a Eric y a la bella Layla. Layla tenía una sonrisa fácil en sus labios, y ella hablaba con Eric, quien estaba silencioso viéndose algo sombrío. Pero no enojado.

“Usted podría decir,” él estuvo de acuerdo. “Por supuesto, soy de Irlanda, pero he estado por acá por… ” Su frente se surcó pensando, y fue como observar mármol ondear. “He estado aquí para cien años, de cualquier manera. De vez en cuando, pensamos acerca de regresar a Tennessee, de donde Layla era, pero no hemos hecho nuestras mentes.”

Éste de estaba a una gran cantidad de conversación de un tipo que se ve calmo. “¿Ustedes justamente se cansan de vivir en la ciudad?”

“Demasiado antivampiros circulando últimamente. La Camaradería del Sol, Toma la Noche del movimiento Muerto: nos parecen proliferar aquí.”

“La Camaradería está en todas partes,” dije. El mismo nombre me hizo sentirme sombría. “¿Y qué ocurrirá cuando lleguen a oír acerca de Weres?”

“Sí. Y pienso que eso será pronto. Me mantengo escuchando de Weres que están a la vuelta de la esquina.”

Pensarías, eso es así con todos los supes que conocí, uno de ellos me dejaría saber cuál estaba levantado. Tarde o temprano los Weres y los adaptoformas tendrían que dejar al mundo enterarse de su gran secreto, o quedarían expuestos por los vampiros, ya sea intencionalmente o involuntariamente.

“Incluso podría haber una guerra civil, ” Sean dijo, y forcé mi mente al tema a la mano.

“¿Entre la Camaradería y los supes?”

Él inclinó la cabeza. “Pienso que eso podría ocurrir.”

“¿Qué haría usted en ese caso?”

“He estado a través de algunas guerras, y no quiero pasar a través de otra,” él dijo prontamente. “Layla no ha visto el Viejo Mundo, y ella lo disfrutaría, así es que iríamos a Inglaterra. Podríamos bailar allí, o justamente podríamos encontrar un lugar para escondernos.”

Tan interesante como esto era, no me ponía más cerca de solucionar los numerosos problemas afrontándome directamente por el momento, los cuáles podía contar completamente con mis dedos. ¿Quién le había pagado a Julian Trout? ¿Quién había plantado la bomba Dr Pepper? ¿Quién había matado el resto de los vampiros de Arkansas? ¿Fue la misma persona que había matado a Henrik, el patrón del vampiro granuja?

“¿Cuál era el resultado?” Dije en voz alta, para confusión del vampiro pelirrojo.

“¿Perdóneme?”

“Simplemente hablaba para mí misma. Ha sido agradable bailar con usted. Con permiso; tengo que pasar a buscar a un amigo.”

Sean me bailó hacia el borde de la multitud, y nos distanciamos. Él andaba ya buscando a su compañera. Las parejas vampiro se no quedaban juntos por mucho tiempo, por regla general. Aun los matrimonios de cien años de reyes y reinas requerían sólo una visita nupcial una vez al año. Esperé que Sean y Layla resultasen ser la excepción.

Me decidí que debería averiguar sobre Quinn. Ese podría ser un largo proceso, desde que no tenía ni idea donde los Weres le habían llevado. Estaba tan confundida por el efecto que Eric estaba teniendo en mí, todo mezclado con los comienzos del afecto para Quinn. Pero sabía a quien estar agradecida. Quinn había salvado mi vida esta noche. Inicié mi búsqueda llamando a su cuarto pero no obtuve respuesta.

¿Si yo fuese un Were, dónde llevaría a un tigre herido? Pues bien, ninguna parte pública, porque los Weres eran reservados. No querrían que el personal del hotel atrape una palabra o una locución que les avisaría oportunamente de la existencia de los otros supes. ¿Así es que llevarían a Quinn a un cuarto privado, correcto? ¿Entonces, quién tenía un cuarto privado y tenía simpatía por los Weres?

Jake Purifoy, por supuesto- anterior Were, actual vampiro. Quinn podía estar allí - o él podía estar abajo en el garaje del hotel a en alguna parte, o en el cuarto del jefe de seguridad, o en el sanatorio, si había tal cosa. Tenía que comenzar en alguna parte. Inquirí en la recepción, donde la dependiente no pareció tener cualquier problema en darme el número del cuarto a mí, aunque es cierto que Jake y yo estábamos enlosados como miembros del mismo grupo. El dependiente no era el que había sido tan rudo cuando nos habíamos registrado. Ella pensó que mi vestido era muy bonito, y ella quiso uno igual a ese.

El cuarto de Jake era un piso arriba del mío, y cuando levanté mi mano para llamar a la puerta, casualmente escudriñé dentro para contar los cerebros. Allí estaba el hueco en el aire que marcaba un cerebro vampiro (esa es lo mejor forma que lo puedo describir), y un par de firmas humanas. Pero me puse al día con un pensamiento que congeló mi puño antes que tuviese posibilidad de tocar la puerta.

… todos ellos deberían morir, vino el fragmento débil de pensamiento. Nada lo siguió, sin embargo - ningún otro pensamiento que se aclaró o explicó en detalle esa idea maligna. Así es que toqué, y el patrón en el cuarto cambió instantáneamente. Jake atendió la puerta. Él no se pareció darme la bienvenida.

“Hola, Jake,” dije, haciendo mi sonrisa tan lista e inocente como podía. “¿Cómo estás? Hice una visita para ver si Quinn estaba contigo.”

“¿Conmigo?” Jake sonó alarmado. “Desde que cambié, apenas he hablado con Quinn, Sookie. Justamente no tenemos nada de que hablar.” He debido haberme visto incrédula, porque él dijo a la carrera, “Oh, no es Quinn; soy yo. Justamente no puedo cruzar ese abismo entre quién fui y quién soy ahora. No estoy incluso seguro quién soy.” Sus hombros bajaron bruscamente.

Eso sonaba lo suficientemente honesto. Y sentí una gran cantidad de simpatía por él. “De cualquier manera,” Jake dijo, “Ayudé a llevarle para el sanatorio, y apuesto que él está todavía allí. Hay un intercambiador llamada Bettina y un Were llamado Hondo con él.”

Jake sujetaba la puerta cerrada. Él no quiso que yo vea a sus compañeros. Jake no sabía que podía decir que él tenía gente en su cuarto.

No era mi negocio, por supuesto. Pero era inquietante. Del mismo modo que le agradecí y empecé a salir, pensaba en la situación. Lo último en el mundo que quise hacer era causarle al preocupado Jake más problemas, pero si él estaba en cierta forma involucrado en el complot que parecía reptar a través de los vestíbulos de la Pirámide de Gizeh, tenía que saberlo.

Vayamos por partes. Bajé a mi cuarto y llamé el escritorio para preguntar por las direcciones al sanatorio, y cuidadosamente las escribí en el anotador telefónico. Luego me moví subrepticiamente de regreso subiendo las escaleras para quedarme fuera de la puerta de Jake otra vez, pero en el tiempo que me había ido, la fiesta había comenzado a dispersarse. Vi a dos humanos desde atrás. Extraño; no podía ser cierto, pero uno de ellos se parecía al Joe hosco, el empleado que consultaba la computadora del área de equipaje. Jake había estado encontrándose con una parte del personal del hotel en su cuarto. Tal vez él todavía se sintió más en casa con humanos que con vampiros. Pero seguramente Weres habrían sido su elección.

Mientras me paré allí en el corredor, sintiendo lástima por él, la puerta de Jake se abrió y él salió un momento. No había inspeccionado espacios vacíos divisa, sólo sintonías vivas. Mi error. Jake se vio un poco suspicaz cuando él me vio, y no lo podía culpar.

“¿Quieres ir conmigo?” Pregunté.

“¿Qué?” Él se vio alarmado. Él no había sido un vampiro lo suficiente como para poner la cara inescrutable oportunamente.

“¿Ver a Quinn?” Dije. “Tengo las indicaciones para llegar al sanatorio, y dijiste que no habías hablado con él durante un rato, así es que pensé que podrías querer ir conmigo si allanaba el camino”

“Esa es una idea bonita, Sookie,” él dijo. “Pienso que pasaré. El hecho es que la mayoría de adaptoformas ya no me quieren más cerca. Quinn es mejor que la mayoría, estoy seguro, pero lo intranquilizo. Él conoce a mi mamá, mi papá, mi ex novia; toda la gente en mi anterior vida, los en que no quiere andar conmigo ahora.”

Dije impulsivamente, “Jake, estoy tan apenada. Estoy apenada que Hadley te dio vuelta si mejor hubieses fallecido. A ella le gustabas, y ella no quiso que muerieses.”

“Pero yo morí, Sookie,” Jake dijo. “No soy el mismo tipo. Como sabes.” Él recogió mi brazo y miró la cicatriz en él, la que él había dejado con sus dientes. “Tú tampoco serás la mismo,” él dijo, y se marchó dando media vuelta. No estoy segura si él supo dónde iba, pero él justamente quiso apartarse de mí.

Lo observé hasta que él estuvo fuera de la vista. Él no volvió la mirada atrás hacia mí.

Mi estado de ánimo había sido muy frágil de cualquier manera, y ese encuentro inició el declive. Anduve con paso pesado para los elevadores, determinada a encontrar el maldito sanatorio. La reina no me había cuchicheado, probablemente ella estaba codeándose con otros vampiros, tratando de encontrar quien había contratado al brujo del clima, y generalmente deleitándose en su alivio. Ningún otro juicio, una herencia clara, la oportunidad para poner a su amado Andre en el poder. Las cosas estaban levantándose para la Reina de Louisiana, e hice un intento para no estar amargada. ¿O tenía derecho a estarlo? Hmmm, veamos. Había ayudado a detener el juicio, aunque no había contado con detener tan finalmente y completamente como para, oye, el desventurado Henrik. Desde que ella había sido encontrada inocente, tendría la herencia tan prometida en su contrato matrimonial. ¿Y quién había tenido la idea acerca de Andre? Y había estado en lo correcto acerca del brujo. Okey, tal vez podía ser un poco de amarga en mi fortuna no benigna. Más, tarde o temprano tendría que escoger entre Quinn y Eric, sin ninguna falla de mi parte. Había aguantado sujetando una bomba por un tiempo muy largo. La Pitonisa Antigua no formó parte de mi club de fans, y ella era un objeto de reverencia para la mayor parte de los vampiros. Casi había sido muerta con una flecha.

Pues bien, había tenido las peores noches.

Encontré el sanatorio, el cual fue más fácil de localizar de lo que había pensado, porque la puerta estaba abierta y yo podía oír una risa familiar viniendo del cuarto. Entré para encontrarme con que Quinn hablaba con la mujer que parecía un oso de miel, quien debía ser Bettina, y el tipo de negro, quien debía ser Hondo. También, para mi asombro, Clovache estaba allí. Su armadura no estaba cerrada, pero ella logró dar la impresión de un tipo que se había aflojado la corbata.

“Sookie,” dijo Quinn. Él me sonrió, pero los dos cambiadores de forma no lo hicieron. Era definitivamente una visita importuna.

Pero no los venía a visitar a ellos. Venía a visitar al hombre que salvó mi vida. Caminé hacia él, dejándole observarme, dándole una pequeña sonrisa. Me senté sobre la silla plástica al lado de la cama y tomé su mano.

“Dime cómo te sientes,” dije.

“Como si tuviese una afeitada al ras,”dijo. “Pero voy a estar bien.”

“¿Nos podrían excusar todos ustedes un momento, por favor?” Fui de lo más educada cuando choqué con los ojos de los otros tres en el cuarto.

Clovache dijo, “De regreso a proteger a Kentucky,” y salió corriendo. Ella me podría haber guiñado un ojo antes que saliese. Bettina se vio un poco descontentada, como si ella hubiese sido una estudiante enseñando por sí misma y ahora el maestro había regresado y había arrebatado de regreso su autoridad.

Hondo me dio una apariencia oscura que abrazaba más que un indicio de amenaza. “Trata bien a mi hombre,” dijo. “No le des un mal rato.”

“Nunca,” dije. Él no podo pensar acerca de una forma para quedarse, desde que Quinn aparentemente quiso hablar conmigo, así es que él salió.

“Mi base de fans justamente crece y crece,” dije, observándoles ir. Me levanté y cerré la puerta detrás de ellos. A menos que un vampiro, o Barry, se parase fuera de la puerta, estábamos razonablemente en privado.

“¿Aquí es donde te deshaces de mí por el vampiro?” Quinn preguntó. Toda huella de buen humor había desaparecido de su cara, y él se contenía muy silencioso.

“No. Aquí es donde te digo lo que sucedió, y tú escuchas, y luego hablamos.” Dije esto como si estuviese segura que él estaría de acuerdo con eso, pero estaba muy distante del caso, y mi corazón golpeaba pesadamente en mi garganta cuando esperé su respuesta. Finalmente él inclinó la cabeza, y cerré mis ojos con el alivio, agarrando firmemente su mano izquierda en ambas mías. “De acuerdo,” dije, vigorizándome, y luego corrí con mi narrativa, esperando que él viese que Eric realmente era el menor de dos males.

Quinn no arrancó con fuerza su mano, pero no sujetó la mía, tampoco.

“Estás vinculada a Eric,” él dijo.

“Sí.”

“Has intercambiado sangre con él al menos tres veces.”

“Sí.”

“¿Sabes que él puede darte vuelta cuando quiera que él esté de humor para eso?”

"Cualquiera de nosotros podría ser cambiado cuando quiera que los vampiros están de humor para eso, Quinn. Incluso tú. Podría tomar dos de ellos para mantenerte sujeto y uno para tomar toda tu sangre y darte la suya, pero todavía podría ocurrir.”

“No tomaría tanto si él lo intentara contigo, ahora que ustedes dos han hecho un intercambio tantas veces. Y esto es culpa de Andre.”

“No hay nada que pueda hacer acerca de eso ahora. Deseo que así fuese. Deseo que pudiese sacar a Eric fuera de mi vida. Pero no puedo.”

“A menos que él fuese estaqueado,”dijo Quinn.

Sentí una punzada en mi corazón que casi me hizo golpear ruidosamente una mano contra mi pecho.

“No quieres que eso ocurra.” La boca de Quinn fue comprimida en una línea dura.

“¡No, claro que no!”

“Te preocupas por él.”

Oh, mierda. “Quinn, sabes que Eric y yo estuvimos juntos por algún tiempo, pero él tuvo amnesia y no lo recuerda. Digo, él sabe que es un hecho, pero él no lo recuerda en absoluto.”

“Si alguien además de ti me contase esa historia, sabes lo que pensaría.”

“Quinn. No soy cualquier otro.”

“Bebé, no sé qué decir. Me preocupo por ti, y amo pasar tiempo contigo. Amo acostarme contigo. Me gusta comer en la mesa contigo. Me gusta cocinar juntos. Me gusta casi todo acerca de ti, incluyendo tu regalo. Pero no soy hábil compartiendo.”

“No voy con dos tipos al mismo tiempo.”

“¿Qué estás diciendo?”

“Digo, estoy contigo, a menos que tú me digas algo diferente.”

“¿Qué harás cuándo Sr. Grande y Rubio te diga que brinques a la cama con él?”

“Le diré que hable por… si tú vas a hablar.”

Quinn cambió de posición desasosegadamente en la cama estrecha. “Me curo, pero…,” él admitió. Él se vio cansadísimo.

“No te molestaría con todo esto si no me pareciese bastante importante,” dije. “Estoy tratando de ser honesta contigo. Absolutamente honesta. Tomaste la flecha por mí, y es lo menos que puedo hacer a cambio.”

“Sé eso. Sookie, soy un hombre que casi siempre sabe lo que quiere, pero tengo que decirte… no sé qué decir. Pensé que éramos ideales uno para el otro hasta esto.” Los ojos de Quinn resplandecieron en su cara repentinamente. “Si él muriese, no tendríamos problemas.”

“Si le matases, yo tendría un problema,” dije. No podía ponerlo más simple que eso.

Quinn cerró sus ojos. “Tenemos que pensar esto otra vez cuando yo esté curado y tú hayas dormido y tenido tiempo para relajarte,” dijo. “Tienes que conocer a Frannie, también. Estoy tan…” Para mi horror, pensé que Quinn iba a atragantarse. Si él llorase, lo haría yo, también, y lo último que necesitaba eran lágrimas. Me levanté pensando que iba a inclinarme sobre él, y besarlo, simplemente una presión rápida de mi boca en la de él. Pero entonces él me sujetó por los hombros y me jaló hacia él, y hubo mucho más por explorar, su calor e intensidad… pero entonces su boqueada nos sacó fuera del momento. Él hacía un intento para no arrugar la cara de dolor.

"¡Oh! lo siento.”

"Nunca te disculpes por un beso como ese,” dijo. Y él ya no se vio lloroso. "Definitivamente tenemos algo siguiendo, Sookie. No quiero que la mierda de vampiro de Andre lo arruine.”

“Yo tampoco,” dije. No quise entregar a Quinn, no y menos que nada por nuestra química de chisporroteo. Andre me aterrorizó, y quién sabía cuáles eran sus intenciones. Ciertamente yo no lo sabía. Sospeché que Eric no sabía, tampoco, pero él nunca era adverso al poder.

Le dije adiós a Quinn, un adiós renuente, y empecé a encontrar el camino de regreso al baile. Me sentí obligada a registrarme con la reina para asegurarme que ella no me necesitaba, pero estaba exhausta, y necesité salir de mi vestido y sufrir un colapso en mi cama.

Clovache se apoyaba contra una pared en el corredor delante, y tuve la impresión que ella esperaba por mí. La Britlingen menor era menos escultural que Batanya, y mientras Batanya miraba como un halcón notable con rizos oscuros, Clovache era enteramente más ligera, con pelo café-ceniza voluminoso que necesitaba un buen estilista y ojos verdes grandes con cejas altas, arqueadas.

“Él tiene la apariencia de un buen hombre,” ella dijo con su acento rudo, y tuve el fuerte sentimiento que Clovache no era una mujer sutil.

“Él me lo parece a mí, también.”

“Mientras que un vampiro, por definición, es torcido y engañoso.”

“¿Por definición? ¿Quiere decir, sin excepción?”

“Lo hago.”

Mantuve silencio mientras caminábamos. Estaba demasiado cansada para resolver el propósito de la guerrera al decirme esto. Decidí preguntar. “¿Qué hay, Clovache? ¿Con qué fin?”

“¿Se preguntó usted por qué nosotros estamos aquí, protegiendo al Rey de Kentucky? ¿Por qué él había decidido pagar nuestras retribuciones verdaderamente astronómicas?”

“Sí, lo hice, pero creí que no era mi negocio.”

“Es muchísimo su negocio.”

“Luego dígame. No traigo entre manos adivinación.”

“Isaiah atrapó un espía de la Camaradería en su cortejo un mes atrás.”

Me paré en seco, y Clovache lo hizo, también. Procesé sus palabras. “Eso es realmente malo,” dije, sabiendo que las palabras eran inadecuadas.

“Malo para el espía, por supuesto. Pero ella entregó alguna información antes de que fuese al valle de sombras.”

“Wow, eso es una forma bonita para ponerlo.”

“Es una mierda. Ella murió, y no fue bonito. Isaiah es un tipo pasado de moda. Es moderno en la superficie, un vampiro tradicional debajo. Él tuvo un tiempo maravilloso con la pobre perra antes de que ella lo entregase.”

“¿Usted piensa que puede confiar en lo que ella dijo?”

“Buen punto. Confesaría cualquier cosa si pensase que me escatimaría una cierta cantidad de las cosas que sus compinches le hicieron a ella.”

No tuve la seguridad de que fuese cierto. Clovache estaba hecha de cosas bastante severas.

“Pero pienso que ella le dijo la verdad. Su historia fue, una facción en la Camaradería obtuvo un soplo de esta cima y se decidió que sería una excelente oportunidad para salir al descubierto con su pelea en contra de los vampiros. No simplemente las protestas y los sermones en contra de los vampiros, sino la guerra consumada. Éste no es el cuerpo principal de la Camaradería… los líderes están todo el tiempo cuidadosos para decir, ' Oh, córcholis, no, no condonamos violencia en contra de alguien. Somos únicamente personas que advierten para ser conscientes de que si se asociaran con vampiros, se asocian con el diablo.'”

“Usted sabe mucho de cosas en este mundo,” dije.

“Sí,” ella estuvo de acuerdo. “Hago una gran cantidad de investigación antes de que tomemos un trabajo.”

Quise preguntarle a ella cómo era su mundo, cómo iba ella de uno para el otro, cuánto ella cargaba, si todos los guerreros adelante (adentro?) de su mundo eran mujeres o podían los tipos patear culos, también; y si es así, como se veían en los pantalones maravillosos. Pero éste no era el tiempo o el lugar.

“¿Entonces, cuál es el meollo del asunto?” Pregunté.

“Pienso tal vez la Camaradería está tratando de montar alguna ofensiva principal aquí.”

“¿La bomba en la lata de soda?”

“Realmente, eso me desconcierta. Pero estaba fuera del cuarto de Louisiana, y la Camaradería tiene que saber a estas fechas que su operario no tuvo éxito, si fue su trabajo.”

“Y están también los tres vampiros asesinados en la suite de Arkansas,” apunté fuera.

“Como digo, desconcertada,” Clovache dijo.

“¿Matarían a Jennifer Cater y los demás?”

“Ciertamente, si tuvieron una oportunidad. Sino para inclinar su mano en un camino tan pequeño cuándo según el espía han planificado algo realmente grande - eso parece muy improbable. ¿También, cómo pudo meterse un humano en la suite y matar a tres vampiros?”

“¿Entonces, cuál fue el resultado de la bomba Dr Pepper?” Pregunté, esforzándome en resolver el pensar detrás de eso. Habíamos reanudado nuestro caminar, y ahora estábamos en lo correcto fuera del cuarto de ceremonias. Podía oír la orquesta.

“Pues bien, le dio algunas canas nuevas,” Clovache dijo, sonriendo.

“No puedo pensar que esa fuese la meta,” dije. “No soy tan egocéntrica.”

Clovache había tomado una decisión. “Usted está en lo correcto,” ella dijo, “Porque la Camaradería no lo habría plantado. No querrían llamar la atención sobre su mayor plan con la bomba pequeña.”

“Así es que estaba allí para algún otro propósito.”

“¿Y qué fue ese propósito?”

“El resultado final de la bomba, si hubiese resultado, habría sido que la reina se pegase un buen susto,” dije lentamente.

Clovache se vio alarmada. “¿No matado?”

“Ella ni siquiera estaba en el cuarto.”

“Debería haberse apagado más temprano de lo que lo hizo, ” Clovache dijo.

“¿Cómo sabe usted eso?”

“El tipo de seguridad. Donati. Eso es lo que la policía le dijo. Donati nos ve como profesionales asociados.” Clovache sonrió abiertamente. “A él le gustan las mujeres en armadura.”

“¿Oye, a quién no?” Sonreí abiertamente de regreso.

“Y fue una bomba débil, si cualquier bomba puede llamarse débil. No digo que no habría habido daño. Allí tendría. Tal vez aun alguien muerto, como usted pudo haber sido. Pero el episodio parece ser ineficaz y de pretensión enferma.”

“A menos que fuese diseñado sólo para asustar. Diseñado para ser divisado. Diseñado para ser desarmado.”

Clovache se encogió de hombros.

“No entiendo,” dije. “¿En caso de que no la Camaradería, entonces quién? ¿Qué planifica la Camaradería hacer? ¿Cargue a la cuenta el vestíbulo armado con bates de béisbol afilados?”

“La seguridad aquí no es tan buena,” Clovache dijo.

“Bueno, lo sé. Cuando estaba abajo en el sótano, obteniendo una maleta para la reina, los guardas fueron bien perezosos, y no pienso que los empleados sean registrados cuando entran, ya sea. Y mezclaron un lote de maletas arriba.”

“Y los vampiros contrataron a estas personas. Increíble. En un nivel los vampiros se dan cuenta que no son inmortales. Pueden ser matados. En otro, han sobrevivido por tanto tiempo, que les hace sentirse omnipotentes.” Clovache se encogió de hombros. “Pues bien, de regreso al deber.” Habíamos alcanzado el salón de baile. En el que la Orquesta de Baile del Hombre Muerto todavía tocaba.

La reina estaba de pie muy cerca de Andre, quien ya no se levantaba detrás de ella sino a su lado. Supe que esto era significativo, pero no era francamente suficiente causar que Kentucky pierda la esperanza. Christian Baruch estaba también en asistencia cercana. Si él había tenido una cola, habría estado agitándose, él estaba tan ansioso de complacer a Sophie-Anne. Recorrí con la mirada alrededor del cuarto a los otros reyes y las reinas, reconocibles por sus cortejos. No los había visto en un salón en bloque antes, y conté. Había sólo cuatro reinas. Los otros doce gobernantes eran varones. De las cuatro reinas, Minnesota pareció estar apareada con el Rey de Wisconsin. Ohio tenía su brazo alrededor de Iowa, así es que eran una pareja. Además de Alabama, la otra reina no apareada era Sophie-Anne.

Aunque muchos vampiros tienden a ser elásticos acerca del género de su socio sexual, o al menos tolerante de esos que prefieren algo diferente, una cierta cantidad de ellos definitivamente no lo es. No es extraño que Sophie-Anne brillara tan resplandecientemente, aun bajo la nube levantada por la muerte de Peter Threadgill. A los vampiros no les parecía dar miedo las viudas alegres.

El muchacho de juguete de Alabama barrenó sus dedos arriba de su espalda desnuda, y ella gritó en miedo pretendido. “Sabes que odio a las arañas,” ella dijo en broma, viéndose casi humana, agarrándole firmemente cerca de ella. Aunque él había jugado a asustarla, ella se aferró más cerca.

Espere, pensé. Espere simplemente por unminuto. Excepto la idea no formaría.

Sophie-Anne me notó acechante, y ella hizo señas. “Pienso que la mayoría de los humanos se va por la noche,” ella dijo.

Una mirada alrededor del cuarto me dijo que eso era cierto. “¿Qué pensó usted de Julian Trout?” Pregunté, apaciguando mi miedo que ella le haría algo horrible a él.

“Pienso que él no entiende lo que hizo,” Sophie-Anne dijo. “Al menos hasta cierto punto. Pero él y yo llegaremos a un acuerdo.” Ella sonrió. “Él y su esposa están realmente bien. No le necesito más ya por esta noche. Vaya adivertirse a usted misma, ” ella dijo, y no sonó ser condescendiente. Sophie-Anne realmente quiso que yo tenga un buen rato, sin embargo, concedido, ella no era demasiado particular sobre cómo lo hice.

“Gracias,” dije, y luego me acordé que mejor vestiría eso un poquito. “Gracias, señora, y usted pase la noche bien. La veré mañana por la tarde.”

Estuve contenta de salir de allí. Con el salón lleno con los vampiros, las miradas que obtenía estaban un poco del lado de dientes afilados. Los chupasangre individuales llebaban más fácil pegarle a la sangre artificial de lo que un grupo lo hacía. Algo acerca de la memoria de los buenos días del ole justamente les hizo querer algo caliente de la fuente, en vez de un líquido creado en un laboratorio y calentsdo en un horno de microondas. Justo a tiempo, el grupo de Donantes voluntarios regresaron a través de una puerta trasera y se pusieron en fila, más o menos, en contra de la pared de atrás. En un orden cortísimo, estaban todos ocupados, y (supongo) felices.

Después de que Bill había tomado mi sangre al hacer el amor, él me había dicho que la sangre del cuello de un humano - después de un régimen de TrueBlood, diga - era como ir a la Cámara Chris Steak de Ruth después de muchas comidas en McDonald. Vi a Gervaise acariciando con la nariz a Carla completamente en un aprieto, y me pregunté si ella necesitaba ayuda; pero cuando le vi a ella el rostro, decidí que no.

Carla no vino esa noche, tampoco, y sin la distracción de Quinn, estaba apenada. Tenía mucho para pensar. Parecía que el problema me anduviese buscando en los corredores de la Pirámide de Gizeh, y no importa qué vuelta tomase, iba a encontrarme.

15

FINALMENTE ME HABÍA IDO A LA CAMA A LAS CUATRO DE LA MAÑANA, y me desperté a mediodía. Esas ocho horas no fueron unas buenas ocho horas. Me mantuve medio despierta, y no podía regular mi temperatura, lo cual podría haber tenido algo que ver con el cambio de sangre… o no. Tuve pesadillas, también, y dos veces pensé que oí a Carla entrando el cuarto, sólo para abrir los ojos lo suficiente como para ver que ella no estaba allí. La luz extraña que entraba a través del cristal con exceso colorido del piso único de humanos no era como luz del día verdadera, de ningún modo. Me tiraba.

Sentí que un poco mejor después de una larga ducha, y levanté el teléfono para llamar al servicio de habitaciones a tomar algo de comer. Luego decidí bajar al restaurante pequeño. Quise ver a otros humanos.

Había unos cuantos allí; no mi compañera de cuarto, excepto un compañero de juego humano o dos, y Barry. Él gesticuló para la silla vacía en su mesa, y caí en ella, buscando alrededor al camarero para pedir el café. Vino de inmediato, y me estremecí de placer en el primer sorbo. Después que había terminado la primera taza, dije - en mi forma - Cómo estás hoy? ¿Estuviste levantado toda la noche?

No, Stan se acostó muy temprano con su nueva novia, así es que no fui necesario. Están todavía en la etapa de luna de miel. Fui para el baile por algún rato, luego frecuenté con la chica del maquillaje que la Reina de Iowa trajo con ella. Él meneó sus cejas para decirme que la chica del maquillaje era ardiente.

¿Entonces, cuál es tu programa hoy?

¿Deslizaron uno de éstos bajo tu puerta? Barry empujó una gavilla engrampada de papeles de un lado al otro de la mesa hacia mí tal como el camarero trajese mis huevos y budín inglés.

Bueno, lo rellené en mi bolso. Wow, podía hablar con Barry mientras comía, la respuesta más chévere para hablar con su boca llena alguna vez podría idear.

Echa un vistazo.

Mientras Barry hizo una incisión en un panecillo para untarle mantequilla, escudriñé las páginas. Un orden del día para la noche, el cuál fue muy útil. El juicio de Sophie-Anne había sido el caso más serio que para ser adjudicado, el único involucrando realeza. Pero había un par de otros. La primera sesión fue determinada para las 8:00, y era una disputa sobre una lesión personal. Un vampiro de Wisconsin llamada Jodi (que pareció improbable adentro y de sí mismo) estaba siendo demandada por un vampiro de Illinois Michael llamado. Michael alegó que Jodi había esperado hasta que él se había quedado dormido por el día y luego había tronchado uno de sus colmillos. Con alicates.

Wow. Eso suena… interesante. Arqueé mis cejas. ¿Por qué los sheriffs no manejan esto? A los vampiros realmente no les gusta airear su ropa sucia.

“Interestatal,” dijo Barry sucintamente. El camarero justamente había traído una cafetera entera de café, por lo tanto Barry lleno mi taza y la suya.

Me salté a la siguiente página. El siguiente caso involucraba a un vampiro de Kansas City, Missouri, llamada Cindy Lou Suskin, quien había dado vuelta a un niño. Cindy Lou afirmaba que el niño se estaba muriendo de una enfermedad de la sangre de cualquier manera, y ella siempre había querido a un niño; ahora ella tenía a un perpetuo vampiro pre-adolescente. Además, el niño había sido convertido con consentimiento de sus padres, por escrito. Kate Book, el abogado de Kansas City, Kansas, señalado por el estado para supervisar el bienestar del niño, se quejaba que ahora el niño se rehusaba a ver a sus padres humanos o tener cualquier interacción con ellos, lo cual era contrario al acuerdo entre los padres y Cindy Lou.

Sonaba como algo en televisión de día. ¿El juez Judy, quizás?

Entonces, esta noche es de casos de tribunal, resumí después de escudriñar las hojas restantes. “¿Especulo que somos necesarios?”

“Sí, creo que sí. Habrá testigos humanos en el segundo caso. Stan quiere que yo esté allí, y apuesto a que su reina te querrá allí, también. Su sujeto Bill es uno de los jueces señalados. Sólo los reyes y las reinas pueden juzgar a otros reyes y otras reinas, pero para casos que involucran vampiros menores, los jueces son escogidos de una piscina. El nombre de Bill salió del sombrero.”

“Oh, buen tipo.”

¿Tuviste una historia con él?

Sí. Pero pienso que él probablemente sea un buen juez. No estaba segura por qué creí eso; después de todo, Bill había mostrado que era capaz de gran engaño. Pero pensé que él trataría de ser justo y desapasionado.

Había notado que los casos “tribunalicios” tomarían las horas entre las ocho y las once. Después de eso, de la medianoche para las cuatro a.m. estaba marcado como “Comercio.” Barry y yo nos miramos y nos encogimos de hombros.

“¿Trueque?” Sugerí. “¿Mercado de Pulgas?”

Barry no tenía ni idea.

La cuarta noche de la convención era la última, y la primera mitad estaba señalada como “Tiempo Libre para Todo el Mundo en Rodas.” Algunas de las actividades sugeridas: Bailarines Melancólicos de la Luna otra vez, o su división más explícita, Luna Negra. La diferencia no estaba explicada, pero tuve la idea definitiva que los empleados de Luna Negra hacían actuaciones mucho más sexualmente orientadas. Los equipos de diferentes bailarines de estudio se encontraban enumerados al parecer como en jurisdicciones diferentes. Los vampiros visitantes estaban también bien invitados a visitar el zoológico, el cual estaría abierto en la noche por arreglo especial, o el museo de la ciudad, ídem. O podrían visitar un club “para el goce particular de aquellos que disfrutan de sus placeres en el lado más oscuro.” Era llamado Beso de Dolor. Recuérdame caminar del otro lado de la calle de este, le dije a Barry.

¿Nunca disfrutaste de un pequeño mordisco? Barry tocó con su lengua sus colmillos desafilados así no podía perder la implicación.

Hay mucho placer en eso, dije, porque apenas lo podía negar. Pero pienso que este lugar probablemente traspasa un poco un mordisco en el cuello. ¿Estás ocupado ahora mismo? Porque tengo que hacer algún trabajo para Eric, y podría usar algo de ayuda.

“Seguro,” Barry dijo. “¿Qué hay?”

“Necesitamos encontrar lugares de tiro al arco,” dije.

“Esto fue dejado para usted en el escritorio, señorita,” dijo nuestro camarero, quien dejó caer un sobre del papel manila sobre el tapete y se retiró como si él sospechase que teníamos rabia. Evidentemente nuestros intercambios silenciosos habían metido miedo a alguien.

Abrí el sobre para encontrar una foto de Kyle Perkins dentro. Había un papel con una nota sostenida con un clip con la familiar escritura a mano de Bill. “Sookie: Eric dice que necesitas esto para hacer algún trabajo de detective, y que esta foto es necesaria. Por favor se cautelosa. William Compton.” Y cuando estaba a punto de pedirle al camarero una guía telefónica, vi que había una segunda hoja. Bill había buscado en Internet y había hecho una lista de todos los lugares de práctica de arquería en la ciudad.

Había sólo cuatro. Hice un intento para no quedar impresionada por la previsión de Bill y su asistencia. Había terminado con quedar impresionada por Bill.

Llamé al garaje del hotel para obtener uno de los autos del contingente de Arkansas. La reina había asumido su propiedad, y Eric me había ofrecido uno de ellos.

Barry subió corriendo a su cuarto para tomar una chaqueta, y estaba de pie por la puerta principal, en espera del coche a ser traído y preguntándose cuánto le debería dar de propina al ayuda de cámara cuando divisé a Todd Donati. Él se acercó a mí, caminando lentamente y en cierta forma con exceso, aunque era un hombre delgado. Se veía mal hoy, el cuero cabelludo expuesto por su menguante cabello viéndose gris y desalentado, incluso su bigote combado.

Él aguardó de cara a mí por un momento, sin hablar. Pensé que él juntaba coraje, o desesperación. Si alguna vez vi muerte sobre el hombro de un hombre, era en Todd Donati.

“Mi jefe está tratando de interesar a su jefe en engancharse,” él dijo abruptamente. Si me había imaginado cómo abriría nuestra conversación, nunca hubiese incluido esa línea.

“Bueno, ahora que ella es una viuda, ella atrae bastante interés,” dije.

“Es un tipo del viejo estilo en una gran cantidad de formas,” Todd Donati dijo. “Proviene de una familia de alcurnia, no le gusta el moderno pensamiento.”

“Um-hum,” dije, tratando de sonar neutral pero alentadora.

“No cree en mujeres pensando por sí mismas, pudiendo mantenerse a sí mismas,” el jefe de seguridad dijo.

No podía verme como si entendiese de qué hablaba Donati, porque seguro no entendía.

“Aun las mujeres vampiro,” él dijo, y me miró recta y directamente.

“Okey,” dije.

"Piense acerca de eso,” Donati dijo. “Haga que su reina le pregunte dónde está la cinta de seguridad que muestra el área delante de su cuarto.”

“Lo haré,” dije, no teniendo idea por qué estaba aceptando. Luego el hombre enfermo giró sobre sus talones y se alejó con un aire de haber cumplido con su deber.

Luego vino el coche, Barry salió corriendo del elevador y se unió a mí, y cualquier pensamiento que podría haber tenido acerca del encuentro se desvaneció en mi miedo de entrar en auto a la ciudad. No pienso que Eric alguna vez considerase qué tan duro sería para mí ir en auto a Rodas, porque justamente él no pensaba acerca de cosas como esas. Si no hubiese tenido a Barry conmigo, habría sido casi imposible. Podría conducir, o podría mirar el mapa que el guardacoches nos prestó, pero no ambos.

No lo hice demasiado mal, aunque el tráfico era duro y el clima frío y lluvioso. No había estado fuera del hotel desde que habíamos llegado, y era refrescante ver el mundo exterior. También, esto era probablemente el único vislumbre del resto de la ciudad que obtendría. Miré tanto como pude. ¿Quién sabía si alguna vez regresaría? Y esto era muy lejos en el norte.

Barry trazó nuestro recorrido, y empezamos nuestra excursión de tiro de arco en Rodas.

Comenzamos con el negocio más lejano llamado Flecha Directa. Era un lugar largo, estrecho en una avenida muy transitada. Era deslumbrante, bien alumbrado y altamente capacitados instructores detrás del mueble mostrador armados hasta los dientes. Supe esto, porque un gran cartel lo decía. Los hombres allí no quedaron impresionados por el acento sureño de Barry. Pensaron que lo hacía sonar estúpido. Aunque cuando hablé, pensaron que era linda. ¿De acuerdo, qué tan ofensivo es eso? El subtexto, el cuál leí muy claramente de sus mentes, era: las mujeres suenan estúpidas de cualquier manera, así es que un acento sureño justamente realza esa adorable semiobscuridad. Se supone que los hombres suenen crujientes y directos, por lo tanto los sureños suenan estúpidos y débiles.

De cualquier manera, aparte de sus prejuicios incorporados, estos hombres no fueron de ayuda. Nunca habían visto a Kyle Perkins en cualquiera de sus clases de noche, y no pensaron que él alguna vez alquilase tiempo para práctica en su establecimiento.

Barry estaba furioso por la falta de respeto que había resistido, y aun no quiso ir al segundo lugar. Troté adentro por mí misma con la foto, y el único tipo en el trabajo en la segunda tienda de suministros de tiro de arco, que no tenía rango, dijo, “No,” inmediatamente. Él no discutió la foto, preguntándome por qué quería saber acerca de Kyle Perkins, o desearme un bonito día. Él no tenía un cartel para decirme qué tan formidable era. Creí que él simplemente era grosero hasta morir.

El tercer lugar, alojado en un edificio que yo pensé que pudo ser una cancha de boliche, tenía algunos autos en el estacionamiento y una puerta opaca pesada. DETENGASE E IDENTIFÍQUESE decía un cartel. Barry y yo lo podíamos leer desde el coche. Pareció un poco ominoso.

“Estoy cansado de estar en el coche de cualquier manera,” dijo galantemente, y salió conmigo. Nos paramos donde podíamos vernos, y alerté a Barry cuando divisé la cámara por encima de nuestras cabezas. Barry y yo nos vimos tan placenteros como podíamos. (En el caso de Barry, eso era muy agradable. Justamente tenía una forma acerca de él.) Después de algunos segundos, oímos un chasquido fuerte, y la puerta se destrabó. Recorrí con la mirada a Barry, y él tiró de la puerta pesada mientras di un paso dentro del cuarto y hacia un lado así él podría entrar, también.

Enfrentamos un largo mueble mostrador de la longitud de la pared opuesta. Había una mujer cerca de mi edad detrás del mueble mostrador, con pelo y piel cobrizo, producto de un preparado racial interesante. Ella había teñido de negro sus cejas, lo cual le añadió un toque bizarro al efecto enteramente en un solo color.

Ella nos vio igual de e cuidadosamente en persona como sobre la cámara, y podía leer el pensamiento que ella era mucho más feliz de ver a Barry que de verme a mí. Le dije Barry, mejor tomas esta.

Bueno, entiendo la idea, contestó, y mientras coloqué la foto de Kyle sobre el mueble mostrador, él dijo, “¿Nos podría decir usted si este tipo alguna vez vino aquí a comprar flechas o practicar?”

Ella no preguntó por qué queríamos saber. Ella se inclinó para mirar la foto, tal vez un poco más allá de lo necesario para darle a Barry el beneficio de su escote. Ella escudriñó la foto de Kyle e inmediatamente frunció la cara. “Bueno, él vino aquí inmediatamente después de anochecer ayer,” dijo. “Nunca habíamos tenido un cliente vampiro, y realmente no quise servirle, ¿pero qué puedes haces? Él tenía el dinero, y la ley dice que no podemos discriminar.” Ella era una mujer que estaba lista y dispuesta a discriminar, sin lugar a dudas.

“¿Estaba alguien con él?” Barry preguntó.

“Oh, déjeme pensar.” Ella posó, su espalda estirada, para beneficio de Barry. Ella no pensó que su acento sureño sonaba estúpido. Ella pensó que era adorable y sexualmente atractivo. “Justamente no puedo recordar. Escucha, te diré lo que haré. Obtendré la cinta de seguridad de anoche; la tenemos todavía. Y te dejaré echarle una vista, ¿Okey?”

“¿Podemos hacer eso ahora mismo?” Pregunté, sonriendo dulcemente.

“Pues bien, no puedo dejar el mostrador ahora mismo. No hay nadie más aquí para observar la tienda si tengo que ir a la parte de atrás. Pero si vienen a ver esta noche después que mi reemplazo viene” ella le dió una mirada a Barry, para poner seguro que me percatase que no necesitaba venir “Te dejaré atisbar.”

“¿A qué hora?” Barry dijo, más bien a regañadientes.

“¿Digamos a las siete? Salgo inmediatamente después de eso.”

Barry no tocó el indicio, pero él acordó estar de regreso a las siete.

“Gracias, Barry, ” dije como nos abrochamos los cinturones de seguridad otra vez. “Realmente me estás ayudando.” Llamé el hotel y le dejé un mensaje a la reina y Andre, explicando donde fui y lo que estaba haciendo, para que no se enfureciesen cuando no estuviese a su disposición en el momento en que se despertaron, lo cuál debería ser pronto. Después de todo, seguía las órdenes de Eric.

“Entrarás conmigo,” Barry dijo. “No veré a esa mujer por mí mismo. Me comerá vivo. Esa fue la Guerra de Agresión Del Norte, con seguridad.”

“Okey. Permaneceré fuera en el coche, y puedes gritar para mí de tu cabeza si ella trepa encima tuyo.”

“Trato hecho.”

Para llenarse el tiempo, tomamos una taza de café y algún pastel en una panadería. Fue genial. Mi abuela siempre había creído que las mujeres del norte no podían cocinar. Era encantador enterarse exactamente qué tan falsa esa convicción había sido. Mi apetito fue también encantador. Era un alivio permanente encontrarse con que estaba tan hambrienta como normalmente. ¡Nada vampy acerca de mí, no señor!

Después de que llenamos el tanque y confirmamos de nuevo nuestra ruta a la Pirámide, fue finalmente el tiempo de regresar al rango de tiro de arco para hablar con Copper. El cielo ya estaba oscuro, y la ciudad resplandeció con luz. Sentí algo urbano y encantador, conduciendo alrededor de una ciudad tan grande y famosa. Y había recibido una tarea y la había realizado exitosamente. Ningún ratón del campo, yo.

Mi sentimiento de felicidad y superioridad no duró bastante.

Nuestra primera pista que no todo estaba bien en la Compañía de Tiro de Arco Monteagle fue la puerta pesada de metal pendiendo oblicuamente.

“Carajo,” dijo Barry, que resumió mis sentimientos en una palabra.

Salimos - muy a regañadientes - y, con muchas miradas de un lado para el otro, nos acercamos a la puerta para examinarla.

“¿Volada o rasgada?” dije.

Barry se arrodilló en la grava para tener una mirada más cercana.

“No soy 007,” dijo, “pero pienso que esto fue arrancado a rasgones.”

Miré la puerta dudosamente. Pero cuando me incliné para ver más estrechamente, vi el metal retorcido de los goznes. Una levantada para Barry.

“Okay,” dije. Aquí está la parte donde nosotros en realidad tenemos que entrar.

La mandíbula de Barry estaba rígida. Bueno, dijo, pero no sonó demasiado seguro. Barry no estaba definitivamente metido en violencia o confrontamientos. Barry estaba metido en dinero, y tenía al jefe que paga mejor. Ahora mismo, él se preguntaba si cualquier cantidad de dinero compensaría esto, y pensaba que si él no estuviese con una mujer, él justamente tomaría el coche y conduciría fuera.

Algunas veces el orgullo masculino puede ser una buena cosa. Seguro que no quise hacer esto por mí misma.

Aparté de un empujón la puerta, la cual respondió en una forma espectacular cayéndose de sus goznes y chocando con la grava.