Agradecimientos
Ninguna búsqueda del misterioso hombre irresistible, del verdadero seductor, podría llevarse a cabo en solitario. En mi caso, un ejército de guías, ángeles de la guarda y personas inteligentes me han ayudado a que este libro sea posible. Gracias en primer lugar a la generosidad de los hombres y las mujeres (con nombres ficticios) a quienes entrevisté. Sus expresivas voces, sus historias y pistas iluminan el camino y dan vida al seductor.
También me siento en deuda con el Programa de Estudios Liberales de la Universidad de Nueva York, donde tuve la oportunidad de explorar la figura del seductor en la historia y la literatura con mis estudiantes de los cursos de bases de la cultura. Allí tuve la gran suerte de conocer a Walter J. Miller, un seductor por derecho propio, quien leyó y corrigió una primera versión del libro.
Entre las personas que me ayudaron a perfilar las ideas durante el proceso están los doctores Marlene Powell, Robert E. Harrist Jr., Michael Parker, John Clubbe y Joan Blythe. Asimismo fueron de mucha ayuda el profesor István Deák, Gloria Deák, la doctora Sylvia Karasu, Peter Buckley, Maxine Antell, Scott Goldsmith, y Monica Peacocke. Igualmente fueron muy valiosas las contribuciones de Marc Daniels, Kate Hurney, Bob Braverman, Joni Evans, Barbara Stern, Sheila Kohler, Kathryn Staley, Catherine Hiller, John Pritchard y Molly Peacock.
Me gustaría dar las gracias a los estudiosos de Praga que me abrieron sus archivos y compartieron conmigo una amplia información, a menudo desconocida, sobre Casanova: el doctor Paolo Sabbatini, Miloš Cˇurˇík, Maria Tarantova y Marcela Gottliebová.
Mis amigos y conocidos me pusieron en la pista del seductor y me ilustraron con ejemplos del pasado y el presente, ofreciéndome datos muy interesantes. Gracias a Theodora Simons, Bette y Francis Mooney, Carol Curtis, Selva Ozelli, Hannah Solomon, Sylvia Chavkin, Finn MacEoin, Michael Rosker, Neide Hucks, Delores Cook, Jenni Kirby, Helen Rogers, Jean-Jacques Célérier y muchas otras personas que me hicieron comentarios certeros mientras escribía este libro.
En especial estoy muy agradecida a mi excelente editora, Amy Cherry, cuya visión de conjunto mantuvo el rumbo del proyecto y cuyo ojo de lince logró que no me desviara. Gracias también a Laira Romain por su colaboración durante todo el proceso editorial; a la infalible correctora Mary Babcock; al departamento de diseño de Norton y a mi extraordinaria agente literaria, Lynn Nesbit. Mi más sincero agradecimiento va también para el experto en tecnología de la información Frank Vasquez y la ayudante de derechos, Kristen Lefevre.
Y sobre todo, me gustaría agradecer de forma infinita a mi familia, que soportó el período de investigación y redacción del libro y que me apoyó en el día a día. Mis familiares fueron los primeros lectores y mis críticos más puntill osos: mi hija Phoebe y mi marido Philip, el ejemplo e inspiración de esta obra.