EPILOGO

No debería ser necesario consignar obviedades, pero tengo comprobado que en este mundillo a veces hace falta. Éste es un relato de ficción. Por ejemplo: el «ayuntamiento de Edimburgo»

del original no existe. Como todo lo demás, es producto de mi imaginación. No tengo motivo alguno para creer que el auténtico ayuntamiento de Edimburgo adopte prácticas de empleo ni que acoja a personajes como los descritos en este libro. Gracias a los amigos que tengo en las maravillosas ciudades de Edimburgo, Londres, Chicago, San Francisco y Dublín, por concederme el espacio y el sustento requeridos para escribir este libro.

Gracias especiales a Robin Robertson, a Katherine Fry y a Sue Amaradivakara, de Random House.

Al empezar a escribir este libro perdí a mi buen amigo Mi-chael Kerr. Ya después de escrito, otros dos grandes amigos, Wi-lliam Orman y James Crawford, fallecieron de forma prematura. Para mucha gente, Edimburgo es ahora un lugar más triste y menos pintoresco. Descansad en paz y pasadlo bien, Mikel, Billy y Big Crawf.