INTRODUCCIÓN A LA PRIMERA PARTE
¿En qué consiste la invención, tanto en la Ciencia-Ficción como en la Ciencia? La definición que da el diccionario, como tantas definiciones del diccionario, es vaga, demasiado general, variable, abarca una extensión excesivamente amplia y se presta a interpretaciones contradictorias.
Dice el Webster: «Invención: la facultad de inventar, concebir, proyectar, crear, etc… Algo inventado; specif.: a. Un producto de la imaginación; ficción; falsedad. b. Un mecanismo, dispositivo, o similar, creado tras estudio y experimentación.»
En otras palabras, «invención» no significa únicamente un aparato o un proceso patentables que pueden utilizarse para aumentar el lujo, la eficiencia, o la complejidad de la vida moderna. Puede significar muchas otras cosas. Por considerar un simple ejemplo, existen las «invenciones» musicales; el gran Juan Sebastián Bach escribió que su finalidad no consistía sólo en enseñar al estudiante «A aprender… a adquirir buenas ideas, sino también a desarrollarse por sí mismos…» El propósito de la invención, en la ciencia, en la ficción, en la música, en cualquier actividad, es por consiguiente el de aumentar el uso de la imaginación, tanto como el de conseguir algo «nuevo».
¡Con qué amplitud se ha utilizado este término! Algunos poetas han dicho que Dios «inventó» el universo. Ciertos críticos alaban con frecuencia la «inventiva» de un actor al caracterizar un personaje o describir una situación. En cierta ocasión un poeta social escribió:
«Así significa cada gran invención
un nuevo multimillonario
cuyas máquinas y sus mercenarios
subsisten por menos que el guardia de una prisión».
Fue un autor americano casi olvidado, que se llamaba John Luckey McCreery († 1906).
En la presente selección están representadas casi todas las diversas clases de invención, excepto la musical. Una de ellas inicia una nueva civilización, otra viene a poner término a una antigua. Otra invención, muy banal, hace inútil la publicidad aérea… por poco tiempo y en una superficie limitada. Y otra, muy seria esta vez, esclaviza a la humanidad. Uno de estos relatos habla de un hombre que «inventó» un nuevo animal, mientras que otro concierne a un individuo que «desinventó» el ruido. También hay otros dos que describen invenciones que se hallan patentemente (perdón por el retruécano) más allá de la ciencia; quizá participen más de los aspectos de la definición del Webster referentes a «productos de la imaginación» que de los dispositivos «creados a través del estudio y la experimentación». En otras palabras, se trata de puras invenciones fantásticas.
Sólo uno de los tipos importantes de la Ciencia-Ficción más generalizada se ha omitido en esta selección, que casi se ha convertido en tópico durante los últimos años: la máquina del tiempo. No hay máquinas del tiempo en nuestra selección porque —vamos a decir las cosas claras— lo primero que esperaría cualquiera es hallar aquí una historia de este género. Y no hay razón para incluir lo obvio en una antología tan singularmente imprevista como ésta.
Entretanto, confío en que usted saboree la presente selección y que, al mismo tiempo, saque de ella sus propias conclusiones, comparando sus singulares ideas con el mundo real que conocemos. Resultado: ¡casi todo puede ser inventado! ¿Podría resultar algo tan increíble como la radio para una persona nacida en un mundo que desconociese las ondas hertzianas? ¿O las bombas de hidrógeno en un mundo sin E = Mc2? No se sorprenda entonces si algunas de las invenciones contenidas en esta antología se han hecho realidad antes de que usted termine su lectura. Ni, por supuesto, se asombre de lo contrario…
Existen, como es natural, muchos cientos de «invenciones» en la mina de oro de la Ciencia-Ficción, pero en un libro tan breve como éste, apenas podemos ahondar un poco en la superficie del filón. Quienes deseen más, la mayor parte del centenar de antologías aparecidas en los últimos doce años se hallan repletas de invención de primera calidad como un buen racimo lo está de uvas. Este libro, sin embargo, debe limitarse a una visión selectiva de la casi increíblemente rica vena de ideas que los mejores especialistas suelen explotar, y su intención no es otra. Si logra animarle a internarse en un campo tan excitante como éste, tanto mejor.
GROFF CONKLIN