Capítulo 7
JAVIER llegó a su lado en dos pasos, lleno de ira. -¿Qué te crees que estás haciendo? -rugió de nuevo.
-Yo...
-Calla.
Luego, ignorándola por completo, se dirigió en español al dueño del bar, sacó unos billetes y los dejó sobre la mesa. Solo entonces se dignó mirarla
de nuevo a ella.
-¿Estás bien? -le preguntó.
Rose se encogió de hombros.
-Lo estoy. Aparte de haberme perdido y estar asfixiada de calor.
-Tienes suerte de que eso sea lo único que te ha pasado -dijo él agarrándola del brazo-. Ahora nos vamos.
Rose le dedicó al dueño del bar lo que esperó que fuera una sonrisa de agradecimiento y se dejó arrastrar hacia el coche, que estaba interrumpiendo el tráfico y, en medio del ruido de los cláxones y los insultos de los demás conductores, Javier la metió
poco ceremoniosamente en el asiento del conductor I y, después de hacerles un gesto muy gráfico con la mano a los demás conductores, se sentó tras el vo'lante, arrancó y salieron de allí.
Sin saber qué decir y para romper el momento de tensión, Rose lo miró y dijo lo primero que se le ocurrió:
-¿ Cómo te hiCiste esa cicatriz?
-¡Por Dios! -gritó él-o Parece que te gusta vivir
peligrosamente. Lo sabes muy bien y, si valoras en algo tu vida, te callarás hasta que estemos en casa.
¿Saberlo? Ella no tenía ni la menor idea. Solo se lo había preguntado para romper el silencio.
-Lamento haber hablado.
Vio entonces la fuerza con la que él estaba agarrando el volante y decidió que era mejor no añadir nada más.
Cuando llegaron y una vez en el interior de la casa, Rose le dijo:
-Mira, esto no ha sido culpa mía. Te tuve que llamar porque no tenía dinero español. Si no me hubie
ras arrastrado a este país con tan poco tiempo...
Él le apretó el brazo y se limitó a decirle:
-En mi despacho.
Un momento más tarde estaban allí y él cerró la puerta fuertemente.
-Bueno, me perdí, no es para tanto -insistió ella. -Te perdiste en el barrio chino. ¿O es que eres
como el agua y encontraste tu propio nivel? ¿Qué pasó? ¿Es que no te gustó el hombre que se te
acercó?
-¿Cómo sabes que alguien me habló?
-Porque el dueño me lo contó con todo detalle y me exigió que le pagara por el tiempo que estuviste ofreciendo tus servicios en el bar.
Rose se quedó pálida.
¿ Tú pagaste...? ¿De verdad que era el barrio chino? No, debes estar equivocado. Yo elegí ese sitio porque ya hat:>ía una chica sentada sola en la terraza, así que...
De repente se dio cuenta de su propia estupidez y añadió:
-¿Quieres decir que...?
-Exactamente. Esa chica estaba allí por negocios. Un porcentaje de sus ganancias va al dUeño del bar por permitirle el uso de la mesa'e hizo lo mismo contigo.
-¡Oh, cielos!
Rose no lo pudo evitar, los labios empezaron a temblarle y se le escapó la risa.
-¿Quieres decir que pensó que yo estaba en el mercado?
No se pudo contener y siguió riendo. La imagen del gran Javier Valdespino teniendo que pagar por el tiempo que una prostituta había pasado en una mesa era para partirse de risa. No era de extrañar que él estuviera furioso.
-Te hace gracia, ¿verdad? Me pregunto si seguirías encontrándolo tan divertido si el hombre no hubiera aceptado un no por respuesta.
Con un súbito movimiento, le rodeó la cintura con el brazo, apretándola contrá su duro cuerpo y la
besó.
-¿Qué habrías hecho entonces?
Cuando ella abrió la boca para protestar, él se lo impidió con otro beso que produjo en ella un efecto devastador.
Trató de resistirse, pero como siempre, no pudo.
La mano de él se apoyaba ahora en su trasero, apretándola contra su vientre y haciéndola notar la fuerza de su deseó. Mientras tanto, su otra mano se le deslizaba por debajo de la parte de arriba del vestido y le acariciaba uno de sus senos.
La mente racional y madura de ella le dijo que debía resistirse, pero su cuerpo se comportó con la misma ansia que cuando tenía diecinueve años, le rodeó el cuelló con los brazos y se apretó más contra él con una necesidad que no se atrevió a negar. Cuando él levantó la cabeza, ella tragó saliva y luego Javier siguió acariciándole el seno sin parar.
-No -exclamó ella estremeciéndose.
-¿Es esto lo mejor que puedes hacer? Inténtalo de nuevo, Rosalyn.
-No puedo murmuró ella como atontada.
La verdad que llevaba unos días tratando de abrirse paso en su cerebro se hizo oír por fin. ¿Estaba enamorada de él? No lo sabía. Pero.él era el único hombre que había conocido en su vida que podía derribar todas sus defensas con tanta facilidad, el único hombre que la había hecho sentir de esa manera.
-No puedes -repitió Javier mientras le colocaba . bien la ropa-o Realmente eres una esclava de tus sentidos. Bueno, me doy cuenta de que, cuando seas mi esposa, deberé tenerte vigilada de cerca.
La ira se impuso entonces al momento de debilidad de ella.
-Yo puedo cuidar de mí misma, Javier. Lo llevo haciendo desde hace bastante tiempo.
Estaba claro que él la tenía por poco más que unacualquiera. No sabía de dónde habría sacado esa idea, pero no estaba dispuesta a desilusionado. Iba a dejar que pensara que se podía ir con cualquier hombre. Eso era preferible a que supiera que, solo con que él la tocara, se derretía como la mantequilla en el horno.
-Te sugiero que sigas con tu amante y a mí me dejes en paz.
-No creo que vaya a necesitar una amante. Tu respuesta me indica que contigo tendré bastante. Por lo menos durante un tiempo.
Antes de que ella pudiera responder adecuadamente ,llamaron a la puerta del despacho y la voz de Jamie dijo:
-Tío Javier, ¿puedo hablar contigo?
Javier se acercó y abrió la puerta.
-y yo también quiero hablar contigo -le dijo al joven cuando entró.
Jamie lo miró primero a él y luego a Rose dándose cuenta de lo que pasaba. Ella tenía el cabello despeinado y los labios hinchados, lo que era una muy buena pista.
-Vaya, vaya, así que has encontrado a Rose -dijo sonriendo-o ¿O es que lo habíais preparado todo para pasar la mañana juntos como hemos hecho Ani1 y yo?
Javier tomó a Rose del brazo y le dijo:
-Sube a hacer tu maleta. Déjame a nú a Jamie.
Ella lo hizo y, nada más cerrar la puerta, empezaron los gritos dentro. Casi sintió lástima por el chico, pero ni la mitad de la que sentía por ella IDlsma.
- A la hora del almuerzo, ella fue la última en aparecer" en el comedor. Javier se puso en pie inmediatamente y le ofreció una silla y don Pablo intentó levantarse .también.
-Por favor, llego tarde. No es necesario... -dijo ella.
-En mis tiempos, la cortesía con una dama era una necesidad para los caballeros -afIrmó don Pablo y se volvió a sentar mirando reprobatoriamente a Jamie, que no se había levantado-. Aunque parece que los jóvenes lo olvidan a menudo.
-Eso no es lo único que olvidan -dijo Javier al tiempo que se sentaba al lado de Rose y mirando sombríamente a Jamie.
Evidentemente, seguía enfadado con la pareja por dejarla sola esa mañana, pensó Rose.
-No sé por qué te pones así, tío Javier. A mí me parece que te hicimos un favor. Pudiste hacer de caballero andante salvando a una dama en apuros -dijo Jamie alegremente.
Desafortunadamente, don Pablo insistió en que le explicaran de qué se trataba y, para horror de Rose, Jamie le contó muy divertido todos los acontecimientos de la mañana. Entonces el anciano sonrióampliamente, fIjó sus chispeantes ojos en ella y dijo algo en español que hizo que tanto Jamie como Javier se echaran a reír.
Rose se ruborizó, no le gustaba ser objeto del humor masculino, sobre todo cuando no entendía lo que habían dicho.
-¿Qué era lo que le tenías que decir antes a Jamie? -le preguntó entonces a Javier en un aparte.
-Normalmente, cuando me enfado, pierdo los estribos, así que le dije muy claramente mi opinión de un hombre que deja desprotegida a una mujer y las consecuencias desafortunadas de esa dejadez en su deber. ¿Cómo iba yo a saber que luego lo iba a contar? Perdóname.
Viendo que don Pablo estaba observándolos con interés, Rose le dio un trago a su copa de vino y res
pondió dulcemente:
-Sí, por supuesto.
El almuerzo fue horrible. Javier se dedicó a hacer
de posible novio con una habilidad y ardor que a ella la dejó sin palabras. La miraba con ojos lánguidos y no paraba de decide tonterías. Rose alternaba entre el rubor y la furia. Cuando sintió una de las manos de él acariciándole un muslo por debajo de la mesa, casi dio un respingo. Solo con un gran esfuerzo de voluntad pudo evitar tirarle la copa de vino a la cara.
-Es una casa preciosa y el lago es como un milagro -le dijo Rose a Ano más tarde, ya en la marquesina del cortijo que daba a un lago muy cercano.
El viaje había transcurrido sin problemas en el gran autobús que habían alquilado para todos, don Pablo, Maxi y su esposa incluidos. Javier y Jamie habían ido en el Ferrari.
-Sí, está bien para descansar, pero es demasiado tranquilo para mí -respondió Ann-. Jamie me ha dicho que no hay ni una tienda decente o una discoteca en muchos kilómetros a la redonda.
-Pobrecilhi -bromeó Rose.
Se estaba empezando a relajar por primera vez
desde hacía tres días.
Jamie y Javier estaban en el patio delantero jugando ,al fútbol con algunos de los hombres del personal y don Pablo se había retirado ya y le servirían la cena eñ su habitación. Así que a ellos se la servirían a las diez, una hora bastante más anda
luza.
Ann la miró entonces más seria.
-Pobre yo... No creo que tenga nada de que preo
cuparme, Rose. Pero tú podrías estar en un peligro inminente de resultar herida. Ya sé que te dije que fueras amable con Javier, pero bueno... He visto la forma en que te mira y Jamie me ha contado que os pilló encerrados en su despacho haciendo cualquiera sabe qué. Ya sé que eres mayor que yo y que has visto más mundo, pero lo cierto es que nunca le habías prestado mucha atención a los hombres antes. Después de los años que te has pasado en el desierto o donde sea, podrías ser vulnerable a un hombre como Javier.
-No pasa nada, yo sé lo que hago -respondió Rose, muy conmovida por la preocupación de su pnma.
Pero esa preocupación solo confirmaba lo que ella ya sabía, que tenía que seguir adelante con lo que fuera que quisiera Javier.
-Ya soy mayor, ¿sabes? Y no tan inocente como
pareces creer.
Ann sonrió.
-Gracias a Dios. Jamie y yo casi discutimos por eso. Me dijo que tú podías cuidar de ti misma, pero yo le respondí que cualquier hombre que tuviera una amante no debería andar por ahí ligando con otras. Me refiero a que Javier es viudo, así que, ¿por qué no se trae a casa a su novia? Eso no tiene sentido.
Rose se rio. De repente se sintió muy mayor. -Vamos, ya es casi la hora de la cena -dijo.
Durante la misma, Javier fue un perfecto anfi
trión y, como no estaba don Pablo, la cena fue mucho menos formal.
Luego se sirvió champán y Javier brindó por los
jóvenes amantes, pero mirando a Rose.
Ella respondió al brindis y le dio un largo trago a su copa.
Cuando terminaron, Jamie y Ann se levantaron para dar un paseo y Rose sonrió y dijo:
-Voy con vosotros.
-De eso nada -dijo Javier riendo y agarrándola del brazo-. Dejemos solos a los tortolitos, Rosalyn, y permite que te acompañe a tu habitación.
-j y esto me lo dice el hombre que me exigió que viniera a España para hacer de carabina! Has cambiado.
-No, solo me inclino ante lo inevitable, como tú harás también.
Entonces Jamie dijo mientras Ann y él se marchaban:
-Tío Javier, confío en que cuides bien de Rose...
Tiene un poco de mala cara.
-¡Mira que es malo! -murmuró Rose-. Debe ser cosa de familia.
Pero no hizo nada para evitar que Javier le pasara un brazo obre los hombros.
-Ya es hora de que te acuestes, Rosalyn. Sola...
Por el momento.
A la mañana siguiente, Rose se despertó con dolor de cabeza y él vago recuerdo de unas manos quitándole la ropa y Depositándola en la cama luego. También recordaba el leve contacto de un beso en la frente.
-¡Oh, no! -gimió.
Lo cierto era que aguantaba muy mal el alcohol y
normalmente se tomaba solo un par de vasos de vino, como mucho. El día anterior había bebido mucho más que eso y había mezclado, por lo que no era de extrañar que se sintiera tan mal. .
Se dio una ducha fría bajo la que permaneció hasta que se sintió más o menos normal. Luego se puso unos pantalones cortos y un top azul. Salió a la terraza y recibió de lleno todo el sol de la mañana. Por un segundo se vio cegada por la luz y aplastada por el calor. Por fin sus ojos se acostumbraron y respiró profundamente. .
Su habitación estaba en la parte trasera de la casa y daba a los jardines y al lago que había más allá. Se quedó allí un momento, admirando el panorama y luego entró de nuevo en su habitación y empezó a cepillarse el cabello.
Llamaron a la puerta. Seguramente sería Ann para contarle que había hecho el tonto.
-Adelante -dijo sin mirar-o No digas nada, lo sé...
Se volvió y se quedó pasmada. No era Ann, sino Javier.
Se acercó a donde estaba ella con una bandeja en la mano sobre la que había una cafetera, leche azúcar y dos tazas. .
Solo con vedo de nuevo se le secó la boca y tuvo que humedecérsela con la lengua.
-¿Qué es lo que quieres? -le preguntó.
No fue una pregunta muy inteligente. Él dejó la
bandeja en la mesilla de noche y la miró con las facciones duras como la piedra mientras sonreía salvaje y sensualmente. A Rose se le cayó el cepillo al suelo y Javier lo recogió.
-Oh, creo que ya lo sabes -respondió él acariciándole la mejilla y luego el cuello.
Ese contacto la quemó como fuego.
-¿Puedes darfue el cepillo, por favor?
-Eres tan fría. Pero tal vez eso sea lo mejor por el momento. Tú sirve el café que yo me ocuparé de tu cabello.
Rose quiso oponerse, pero él se sentó a su lado y empezó a cepillarle el cabello lentamente.
-Tienes un cabello magnífico. Es como un buen vino tinto con destellos dorados.
-Demasiado sol, lo reseca y es como si me diera mechas -balbuceó ella sintiéndose tentada de apoyar la cabeza en su duro pecho-. Ya es suficiente -<lijo.
-Suficiente es una palabra que no me veo usando
nunca cuando se trate de ti, Rosalyn.
Entonces Javier se inclinó y la besó.
La presión de su boca y su súbita y acalorada respuesta la hizo olvidarse por completo del sentido común. Una leve presión de la mano de Javier sobre su hombro la hizo tumbarse en la cama y allí la siguió sin romper el beso. Le metió una pierna entre las de ella y se instaló allí en medio. Mientras tanto, continúaba .con el beso.
- Empezó a acariciarle el cuello, bajando poco a poco hasta uno de sus senos. Las oleadas de sensaciones que _la recorrieron hicieron que entrelazara sus piernas con las de él. Javier le levantó entonces el top por encima de los senos y se puso a acariciarle los duros pezones.
Rose deseó vedo desnudo y empezó a quitarle la
camiseta con dedos tembloroso.
Entonces, de repente, el retrocedió y se levantó. -No.
¿No? ¿Qué quería decir con ese no? Rose lo miró
sin levantarse de la cama. Se estaba colocando bien la camiseta, pero el bulto de sus pantalones cortos indicaba claramente que estaba muy excitado.
-Incorpórate y serviré el café.
Rose se sentó en la cama y se colocó el top tapán
dose de nuevo los senos. Debía haber parado aquello cuando él empezó a tocarla. Era humillante darse cuenta de que no tenía ninguna defensa contra ese hombre. .
Disgustada, se puso en pie y le dijo:
-No te molestes, ya debe estar frío. Voy a la cocina a por otro.
-Buena idea -respondió él y le abrió la puerta de la habitación.
Rose pasó a su lado sin mirarle a la cara. Pero entonces él la hizo detenerse agarrándola por la cintura.