Capítulo 5
ROSE se despertó al oír cerrarse una puerta. Tardó un rato en darse cuenta de que no estaba
n su casa y se frotó los ojos con los nudillos. ¿Lo de el día anterior había sucedido de verdad? Javier Valdespino iba a ser pariente suyo. Soltó un gemido y se vio tentada a meterse de nuevo entre las sábanas.
-Lo siento, Rose, pero tienes que levantarte -dijo Ann al tiempo que se acercaba a su cama con una
taza de café en la mano. .
-¿Qué hora es?
-Las once y media. Tómate esto y prepárate cuanto antes. Nos marchamos dentro de nada.
-¡Las once y media! ¿Por qué no me habéis despertado? -respondió ella saltando prácticamente de la cama.
Luego tomó la humeante taza de café.
-Porque Javier nos recordó que tu jefe te había
mandado "de vuelta aquí para descansar e insistió en que te dejáramos dormir. ¡Creo que has hecho una conquista! -dijo Ann sonriendo-. Así que agradéceselo a él, no a mí.
Cuando bajó después de ducharse, Javier le dijo: -Buenos días, Rosalyn, espero que hayas dor
mido bien.
.La estaba esperando en la parte baja de las escaleras, vestido con unos pantalones negros y un polo del mismo color. Estaba magnífico, como siempre.
-Sí, gracias. Pero podías haberme despertado.
-Esa es 'una invitación que me resultaría casi im posible recházar. Lo recordaré la próxima vez que te quedes dormida.
Rose se ruborizó y tomó una decisión repentina.
No iba a ir a ninguna parte con él.
Ann, Jean y Teresa estaban en la cociriay, tan pronto como Rose entró, le pusieron delante un plato
con huevos y beicon. Le dijeron que se lo comiera. pronto que se marchaban dentro de media hora.
-Estamos en el siglo siglo XXI. Nadie necesita una carabina en la actualidad.
-Por favor, Rose, deja de perder el tiempo -dijo Ann-. Javier ya ha llamado dos veces a su piloto y ya han establecido una hora de salida. El aeropuerto está muy ocupado en esta época del año y, si perdemos esa hora, tendremos que esperar hasta mañana.
Rose casi se atragantó. Javier tenía su propio avión. Pero por qué no, si lo tenía todo, pensó amargamente.
-¿Has hecho la maleta?
-No. Mis cosas para el fin de semana están arriba
y el resto en el coche. No puedo dejar a Bertram -dijo triunfalmente.
En ese momento entraron en la cocina Javier y el
tío Alex. Javier parecía muy tenso.
-Seguramente tu novio puede vivir de los recuerdos durante una semana por la familia -dijo él-o Yo lo he tenido que hacer también.
Entonces Ann y Alex se rieron. Evidentemente él se estaba refiriendo a los recuerdos de su esposa. Debía haberla amado mucho. Rose casi sintió lástima por él.
Alex le dio una palmada a Javier en la espalda. -No, viejo, te equivocas. Rosalyn no tiene novio.
Está demasiado involucrada en servir al mundo.
Bertram es su coche.
Luego se volvió a Rose y añadió:.
-No te preocupes por él. Yo lo cuidaré. De hecho,
me harás un favor. No puedo esperar a volver a conducirlo. Tu padre me dejaba hacerlo a veces y a mí
me encantaba.
Rose pensó que eso no la dejaba otra opción. -Iré a por mis cosas y las llaves -dijo rindiéndose
y poniéndose en pie.
-Buena chica -respondió Javier con una sonrisa que hizo desaparecer la tensión de sus rasgos-o Te prometo que serán unas vacaciones muy interesantes.
Ella casi le devolvió la sonrisa, pero el sentido común prevaleció. Necesitaba otra promesa de Javier Val des pino tanto como un agujero en la cabeza, pero no dijo nada y subió a su habitación.
Poco después bajó con sus cosas y, una vez fuera, abrió el maletero del Jaguar para sacar el resto del
equipaje.
-Permíteme -dijo Javier y tomó las maletas. -No soy ninguna inútil.
-¿He sugerido que lo seas? Cualquier mujer que
llama Bertram a una maravillosa máquina como esta, tiene que tener bastante confianza en sí misma.
No es precisamente el coche más fácil de conducir o mantener.
Luego':iñir6; con admiración el magnífico coche
y, lentamente; lo rodeó.
Rose ocultó una sonrisa. Si Javier tuviera que elegir entre el coche y ella, el Jaguar ganaría con toda seguridad.
Le dio las llaves a su tío y Alex se alejó silbando alegremente hasta la puerta, donde estaba el resto de la familia.
Javier volvió de nuevo alIado de ella.
-Se dice que- a los hombres nos gustan los depor
tivos porque son como una extensión fálica de nosotros mÍsmos. De repente se me ha ocurrido que se podría decir lo mismo de una mujer como tú, Rosalyn.
-¿Qué?
-Admítelo, Bertram tiene que ser un verdadero
sustituto para ti.
-Estás loco.
Poco después salieron para el aeropuerto y pronto
estaban sentados en el avión particular de Javier, que se sentó en la parte delantera y se puso a hablar con el piloto. Jamie y Ann estaban embelesados el uno con el otro, como era habitual, y Rose fronda el ceño al ver el lujo del aparato. Después de toda la miseria que había visto en esos últimos años, le parecía ofensivo que un solo hombre tuviera tanto.
El vuelo pasó rápidamente tan pronto como se pusieron a hablar del desigual reparto de la riqueza. Él era un hombre inteligente y al que le gustaba argumentar, por lo que a ella le dio la impresión de que estaba disfrutando realmente con la discusión. En un momento dado, Rose dijo que lo que tenían que hacer los países del primer mundo y los bancos era perdonar la deuda externa de-los países deudores, ya que estos apenas pueden pagar los intereses de dicha deuda con sus productos nacionales brutos. Javier, como era banquero, no estuvo de acuerdo, con lo que ella se enfadó y lo llamó capitalista avaricioso, controlador compulsivo y algunas cosas menos bonitas todavía, por lo que Jamie intervino entonces.
-Tranquila, Rose, te está llevando a donde quiere. Javier hace muchos donativos, apoya a docenas de estudiantes africanos y cualquiera sabe qué más. ,
-¿Es eso cierto? -le preguntó ella un poco avergonzada.
-Lo es. Pero lo cierto es que te picas con tanta facilidad, Rosalyn, que no me he podido resistir.
-Entonces lamento haberte llamado lo que te he llamado.
-Tus disculpas son prematuras. Por lo menos tenías la mitad de la razón. Soy una especie de controlador compulsivo.
Esas palabras le parecieron a ella una .especie de amenaza, pero en ese momento el piloto les dijo que estaban a punto de aterrizar y que se abrocharan los cinturones de seguridad, por lo que dejaron de hablar.
Más tarde, cuando terminaron con las forÍnalidades del aeropuerto, Javier les dijo a Jamie y Ano que ellos fueran en la limusina, ya que Rose y él los seguirían en su Ferrari, con la excusa de que no habría sitio para el equipaje de todos. Una vez dentro del deportivo'y'ya de camino, ella le dijo:
-Debería haberme imaginado que tendrías un Ferrari.
-Me conoces muy bien -respondió él y Rose se dio cuenta de que casi había vuelto a meter la pata.
-Bueno, te gustó mi coche. Evidentemente, eres de los que te gustan los deportivos.
-Correcto, tengo una colección de coches antiguos. Están en una nave fuera de la ciudad. Ya te los enseñaré algún día. Pero para conducir todos los días me encanta mi Ferrari rojo.
-¿Por qué rojo?
-Soy un tradicionalista y, para mí, un Ferrari solo puede ser rojo.
. Rose no dijo nada más y miró por la ventanilla. Él le acababa de conftrmar lo que ya sabía y había descubierto duramente con diecinueve años. Se sintió deprimida y no sabía la razón. Javier no signiftcaba nada para ella. La razón por la que estaba sentada a su lado en ese coche era simplemente otra tradición, actuar como carabina de su prima.
De repente Javier soltó una maldición e hizo una maniobra violenta para evitar una furgoneta que se interpuso de repente ante ellos. Cuando la adelantó, Javier insultó a gritos por la ventanilla al otro conductor.
-¡Cielos! ¡Para habernos matado! -exclamó Rose y entonces se dio cuenta de lo rápidos que iban todos los coches.
-Bienvenida a Sevilla, Rosalyn. Se dice que aquí tenemos a los conductores más caóticos de España, que no es poco.
-Te creo. Casi todos los coches tienen abollones. -No el mío -respondió él arrogantemente. -Nadie se atrevería.
En un semáforo en rojo, él detuvo el coche y la miró.
-¿Me tienes miedo?
-No.
Rose era una mujer madura y sus días de sentirse intimidada por los hombres habían pasado hacía ya
tiempo.
-Tal vez debieras tenérmelo.
Javier arrancó y ella se preguntó qué habría que
rido decir, pero luego toda su atención se vio centrada en lo que la rodeaba, ya que, al parecer, Javier le estaba dando un paseo por toda la ciudad y era un experto guía.
Pasaron por la Catedral de Santa María de la Sede, la Giralda, la Torre del Oro, el Parque María Luisa y demás.
-No sabía que pasara un río por el centro de Sevilla -dijo ella dejando ver su desconocimiento de la geografía.
-El Guadalquivir es un río famoso, pero lo que estás viendo en realidad es el Canal de Alfonso Xlli. El río fue desviado al principio del siglo xx para evitar las riadas y permitiendo que la ciudad siguiera siendo un puerto.
-¡Pero está muy tierra adentro! -exclamó Rose para demostrar que no estaba tan mal en geografía
como pudiera haber parecido antes.
Javier se rio.
-El río ha sido siempre una famosa vía de navegación, un gran puerto interior. La reina Isabel la Católica. lo eligió como sede de la Casa de Contratación y del tráfico con el Nuevo Mundo porque, al estar tan tierra adentro, estaba a salvo de los piratas ingleses y otros enemigos. Los sevillanos decimos que Cristóbal Colón salió de aquí para descubrir América aunque, como todo el mundo sabe, realmente salió de Palos de la Frontera, en Huelva. Hay una gran estatua suya en la catedral y se supone que también está allí su tumba, una de las cinco que hay repartidas por toda Europa. I
Rose se sintió cautivada por la arquitectura y la
genuina sensación española de la ciudad. Cuando el coche tomó una curva y pasó por debajo de una gran arcada de piedra, tragó saliva, sorprendida. Esa casa no se parecía a ninguna otra que hubiera visto anteriormente. Probablemente había sido construida en el siglo XIX, tenía una gran valla de piedra con entradas para las caballerizas y los establos y, dentro de ella, estaban los jardines y la casa en sí. Una escalera en semicírculo daba a unas grandes puertas de roble que estaban completamente abiertas. Un hombre pequeño y moreno estaba de pie muy fIrme a un lado, esperando evidentemente su llegada. Javier salió del coche y luego le abrió la puerta a ella.
-Bienvenida a mi casa, Rosalyn.
Rose salió del coche con más difIcultad que gracia. Lo miró y lo sorprendió admirándola. El corazón le dio un salto al ver esa mirada.
-Es preciosa -dijo y se tensó cuando él la tomó del brazo.
Subieron las escaleras y él le dijo unas palabras en español al hombre que los esperaba. Luego se lo presentó.
Se llamaba Maxi y, aparentemente, era el chófer y'mayordomo, mientras que su esposa, Marta, era la cocinera.
Después del calor y la luz del exterior, el interior de la casa era sorprendentemente fresco y muy impresionante. Una mezcla de arquitectura española y árabe, el suelo del recibidor era de mosaico y el techo era de artesonado de madera. Las paredes eran también de mosaico y los arcos estilo árabe. Más allá se .veía una impresionante escalera de madera.
-Mi padre está descansando ahora, lo conocerás
en la cena. Te mostraré tu habitación.
De repente Ann y J amie aparecieron en lo alto de las escaleras.
-Vamos a irnos de exploración. Os veremos a las
siete -dijo Jamie mientras las bajaban.
-¿No es fantástico esto? -exclamó Ann cuando pasó a su lado.
Rose se volvió hacia ellos.
-¡Esperad!
Pero los dos jóvenes ya habían desaparecido por la puerta.
-Pues vaya una carabina estoy hecha -añadió decepcionada. .
-Oh, estoy seguro de que encontraremos alguna manera de que ocupes tu tiempo en algo beneficioso.
Subieron las escaleras y recorrieron un largo pasillo. Javier le abrió la puerta de la tercera habitación.
. -Marta te ha preparado la suite de la esquina. Espero qoe te guste.
Rose entró y se quedó pasmada.
-,¡CieJps! -exclamó.
Nunca el! su vida había visto nada semejante.
Una enorme cama circular con dosel ocupaba. el centro de la habitación. Las pesadas cortinas de seda del dosel-estaban ribeteadas en azul y había cuatro elegantes ventanas ovaladas en dos de las paredes. Cuando se acercó, se quedó más perpleja aún. Un lado daba a los tejados de las casas y a la Giralda a lo lejos y el otro tenía una vista espectacular hacia el río. Los muebles eran todos azules y dorados y un exquisito escritorio estaba situado entre dos de las ventanas y un sofá tapizado de terciopelo con su sillón a juego rodeaban una mesita de café tan bonita como todo io demás.
Javier se había acercado a la enorme cama según ella lo iba recorriendo todo con la mirada.
-La cama es del harén de un jeque. ¿Te gusta?
-le preguntó él.
-Que si me gusta... ¿y qué no me gusta? He visto a familias enteras viviendo en tiendas de campaña no mayores que esa cama.
Javier se rio. .
-Por aquí están el cuarto de baño y el vestidor, que da a un salón al que tanibién se puede llegar por el pasillo.
Javier se aproximó a la pared sin ventanas, abrió una puerta y Rose se acercó para volver a quedarse pasmada. Aquello se estaba transformando en una costumbre.
Las paredes del baño eran de mánnol blanco del suelo al techo. Otra puerta debía dar a lo que sería el vestidor, y toda la grifería era de oro o lo parecía. Una ducha doble, el correspondiente bidé, pero lo más llamativo era un gran jacuzzi circular de mármol blanco inmaculado.
-Decadente es la palabra que se me viene a la mente -dijo ella.
Volvió al dormitorio y se encontró con que Javier
estaba justo detrás de ella. .
Le puso las manos en los hombros y Rose trató de soltarse, no quería que él la tocase, pero Javier la hizo mirarlo.
-Te pega muy bien, una habitación decadente
para una chica decadente... Maylyn.
Por un momento ella estuvo convencida de que había oído mal. Lo miró a los ojos y se puso pálida. No se equivocaba, él lo sabía. Lo sabía desde el principio que ella era Maylyn. La había recordado. Había estado jugando con ella todo el fin de semana y ahora estaba mirándola para ver cómo reaccionaba.
Después de la breve pero desastrosa relación con él hacía tantos años, había aprendido a disimular sus sentimientos. Y tras años de trabajar en África, había aprendido a bloquear sus emociones, era algo muy necesario para un médico.
-La única persona decadente aquí eres tú -le dijo-. Y también algo melodramático. Si me habías
reconocido, ¿por qué no lo dijiste?
Rose retrocedió un paso, apartándose de él. -Yo podría hacerte esa misma pregunta. Pero sé
la respuesta. La pude leer en tu rostro cuando Teresa nos presentó. Estabas muy pálida, absolutamente horrorizad.a... ¿ Qué te pasaba? ¿Tuviste miedo de que yo fuera a revelar que la seria y dedicada médico fue una vez una modelo con un gusto particular por los ligues de una noche?
Rose nó le pudo responder. Durante las últimas veinticuatro horas había estado viviendo con el miedo de que él la fuera a reconocer y ahora se había quedado sin habla.
-Yo estaba mirando por la ventana cuando llegaste -continuó Javier-. Creí reconocerte, pero tu cabello me engañó, ahora lo llevas más largo y rizado y es más claro. Pero los años han sido amables contigo. Incluso eres aún más hennosa que con diecinueve años y tu figura... La has rellenado de una fonna sutil pero voluptuosa.
-Quieres decir que estoy gorda...
-No -afirmó él recorriéndola con la mirada. Entonces extendió una mano como si le fuera a tocar un seno.
-¡Las manos quietas! -exclamó ella apartándosela.
Javier se rio.
-Qué defensiva. Cuando los dos sabemos que podría hacer que te derritieras en un momento. Una vez que te di a probar el sexo, te acostaste con el siguiente hombre que conociste. No lo puedes evitar.
Ese comentario hizo que a ella le hirviera la sangre. -¡Tú...!
Fue a abofetearlo, pero él le atrapó la mano y la hizo apretarse contra su cuerpo.
-No, querida. No voy a aparecer en la cena con la marca de tu mano en la cara, con una vez basta. Pero tú y yo tenemos que hablar.
Ella cerró los ojos y contó hasta diez en voz baja.
'No se iba a rebajar discutiendo de moral o de su falta con ese canalla... Abrió los ojos y le dijo:
-Si quieres hablar, hazlo. Pero no creo que tengamos nada que decimos. Nos conocimos hace mucho tiempo, pero los dos hemos evolucionado.
-Como dices, eso fue hace mucho tiempo y el pasado, pasado está. Lo que me preocupa es el pre
sente.
-¿Qué es lo que quieres?
Él la volvió a recorrer lentamente con la mirada,
pero esta vez de una forma tremendamente fría. Rose le puso una mano en el pecho, pero ya era demasiado tarde, porque él bajó la cabeza y la besó.
En todos esos años a Rose la habían besado unas cuantas veces, pero nada comparable a aquello. Javier la obligó a entreabrir los labios con una brutalidad que la asustó a la vez que la excitó. Javier no había perdido nada de su habilidad y, aunque al principio ella trató de resistirse con todas sus fuerzas, por fin se rindió y se le escapó un gemido cuando toda idea de resistencia desapareció de su mente.
Dándose cuenta de su victoria, Javier la soltó y entonces ella vio cuál era su verdadero miedo. ¿ Cómo su cuerpo podía haberla traicionado tan rápida y completamente?
-Creo que es mejor que te marches ahora... -dijo sin querer mirarlo.
Él le abarcó la barbilla con la mano y la hizo mirarle a los ojos.
-¿Me preguntas que qué es lo que quiero? Ya sa.bes... Lo que"quieren todos los hombres que te ven. Pero lo cierto es que yo quiero un poco más.
-Te od!o. Y sea lo que fuere lo que pienses, no tiene nada que ver conmigo.
-Sí que tiene todo que ver contigo. Quiero que seas mi esposa -le dijo como si le estuviera pregun
tando la hora.
Ella se quedó boquiabierta.
-O estás de broma o te has vuelto loco.
-No, solo estoy siendo lógico. Mi padre está enfermo y no le queda mucho en este mundo. Sus últimos meses serían mucho más felices para él si supiera que estoy casado.
-No conmigo -respondió ella agitando vigorosamente la cabeza.
-Es una pena. Creía que Jamie y tu prima hacían buena pareja. Pero con un poco de sutil persuasión por mi parte, no se casarán en septiembre. No, creo que Jamie puede decidir esperar a terminar la universidad. Y, mientras tanto, me aseguraré de que pruebe un poco de la buena vida. Se ha pasado mucho tiempo estudiando y creo que le gustará disfrutar un poco de la vida por una temporada. Es una lástima por tu prima, pero sin duda, ya encontrará a otro hombre al que amar.
-Tú, tú... ¿De verdad que tratarías de romper su
relación? No, ellos se aman. No te lo permitirán. .
-Si quieres aceptar el riesgo de hacer infeliz a tu prima, por mí de acuerdo. Pero tanto tú como yo sabemos que el amor juvenil es muy frágil.
Si Jamie se parecía en algo a su tío, entonces Ann estaría mejor sin él. Estuvo a punto de decírselo, pero entonces recordó la conversación que había te
nido con su prima en la fiesta.
-Tú le pagas los gastos.
-Sí. La decisión es tuya. Si accedes a casarte
conmigo, Jamie seguirá teniendo los gastos pagados y le aumentaré la suma para que vivan mejor los dos. Algo que estoy seguro de que tu prima agradecerá. Si no es asÍ...
Javier se encogió de hombros como si realmente la felicidad de esos dos jóvenes no le importara nada en absoluto