Capítulo 12

–¿Quién es usted? – preguntó una voz aflautada.

Ya que ella tenía una mano tapándome la boca y la otra sostenía un cuchillo sobre mi cuello, yo no podía contestar. Ella pareció entender esto después de un segundo, porque me dijo;

–Entremos, – y comenzó a empujarme hacia la espalda del edificio.

Yo no podía aguantar esto. Si ella hubiera sido una de las brujas en el edificio, una de las brujas bebe-sangre, yo no podría haberme escapado de ésta, pero era una simple bruja normal, y ella no había mirado a Sam terminar tantas luchas de bar como yo. Con ambas manos, alcancé y aferré su muñeca con el cuchillo y la doblé con tanta fuerza como podía, mientras la golpeaba duro con mi cuerpo inferior. Me fui sobre ella, en el asqueroso pavimento frío y aterricé directamente encima de ella, aporreando su mano contra la tierra hasta que liberara el cuchillo. Ella sollozaba, la voluntad escapándosele.

–Eres una mierda como vigilante, – dije a Holly, manteniendo mi voz baja.

–¿Sookie? – Los grandes ojos de Holly me miraron detenidamente debajo de una gorra tejida. Ella se había vestido pensando en esta noche, pero todavía llevaba puesto el lápiz de labios rosa brillante.

–¿Qué demonios haces aquí?

–Ellos me dijeron que atraparían a mi hijo si no les ayudaba.

Me sentí enferma.

–¿Desde cuándo has estado ayudándoles? ¿Antes de que yo viniera a tu apartamento, pidiendo ayuda? ¿Desde cuándo? – La sacudí tan fuerte como podía.

–Cuando ella vino al bar con su hermano, supo que había otra bruja allí. Y sabía que no eras tú o Sam, después de que ella se había dirigido a ti. Hallow puede hacer lo que sea. Ella lo sabe todo. Más tarde, aquella noche, ella y Mark vinieron a mi apartamento. Ellos habían estado en una lucha; estaban hecho un asco y muy cabreados. Mark me sostuvo mientras Hallow me golpeaba. Le gustó esto. Ella vió la foto de mi hijo; la tomó y dijo que ella podría maldecirlo por larga distancia, todo el camino a Shreveport-hacerlo correr en el tráfico o cargar el arma de su papi… -Holly lloraba a estas alturas. No la culpé. Me hizo sentir descompuesta el pensar en ello, y él ni siquiera era mi niño. – Tuve que decir que yo la ayudaría, – Holly gimió.

–¿Hay otros allí como tú?

–¿Obligados a hacer esto? Algunos de ellos.

Esto, hizo más comprensibles algunos pensamientos que había escuchado.

–¿Y Jason? ¿Él está allí? – Aunque hubiera revisado completamente los tres sesos de los hombres en el edificio, todavía tuve que preguntar.

–¿Jason es un Wiccan? ¿En serio? – Ella se quitó la gorra y corrió sus dedos por su pelo.

–No, no, no. ¿Lo mantienen como rehén?

–No lo he visto. ¿Por qué diablos Hallow tendría a Jason?

Yo había estado engañándome desde el principio. Un cazador encontraría los restos de mi hermano algún día: son siempre cazadores, o la gente que anda con sus perros, ¿verdad? Sentí desmoronarse el suelo bajo mis pies, como si la tierra me hubiera abandonado literalmente, pero me llamé al aquí y al ahora, lejos de emociones que yo no podía permitirme sentir, hasta que estuviera en un lugar seguro.

–Tienes que salir de aquí, – dije con la voz más baja que podría manejar. – Tienes que salir de esta área ahora.

–¡Ella conseguirá a mi hijo!

–Te garantizo que ella no lo hará.

Holly pareció leer algo bajo la débil vista que ella tenía de mi cara.

–Espero que los mates a todos ellos, – dijo ella tan apasionadamente como una puede decirlo en un susurro. – Los únicos que valen la pena de salvar son Parton, Chelsea y Jane. Los chantajearon exactamente igual que a mí. Normalmente, ellos son solamente Wiccans a quiénes les gusta vivir de verdad tranquilos, como yo. No queremos hacer daño a nadie.

–¿Como se ven ellos?

–Parton es un tipo aproximadamente de veinticinco, pelo castaño, corto, marca de nacimiento sobre su mejilla. Chelsea tiene aproximadamente diecisiete, su pelo teñido tiene ese brillante rojo. Jane, um, bien-Jane es solamente una anciana, ¿ya sabes? Pelo blanco, pantalones, blusa con flores sobre ella. Gafas. – Mi abuela habría reñido a Holly por amontonar a todas las ancianas y meterlas en el mismo saco, pero, Dios la bendiga, ella no estaba por aquí y yo no tenía tiempo de hacerlo.

–¿Por qué Hallow no puso a una de su gentes más resistentes aquí fuera, de guardia? – Pregunté, curiosidad pura y dura.

–Ellos realizaran un gran ritual de embrujo acerca de algo esta noche. No puedo creer que el embrujo de mantenerse lejos no funcionó contigo. Debes ser muy resistente. – Entonces Holly susurró, con un pequeño dejo de risa en su voz, – Aparte, ninguno de ellos querían estar en el frío.

–Adelante, sal de aquí, – dije casi inaudiblemente, y le ayudé a pararse. – No importa donde aparcaste tu auto, vete por el Norte de aquí. – Por si acaso ella no supiera qué dirección era el Norte, la señalé.

Holly se fue, su Nikes casi sin hacer ruido sobre la agrietada acera. Su deslucido pelo teñido de negro pareció absorber la luz del farol cuando ella pasó bajo él. El olor alrededor de la casa, el olor de magia, pareció intensificarse. Me pregunté que hacer ahora. De alguna manera, tenía que asegurarme que tres Wiccans locales dentro de aquel edificio desvencijado, esos quiénes habían sido obligados a servir a Hallow, no fueran dañados. No podía pensar en una manera eficiente para hacer esto. ¿Podría incluso salvar a uno de ellos?

Tuve una completa colección de medio pensamientos y abortados impulsos en los próximos sesenta segundos. Todos ellos conducían a un callejón sin salida.

Si yo corriera dentro y gritara, “¡Parton, Chelsea, Jane-hacia fuera!” esto alertaría al aquelarre para un ataque inminente. Algunos de mis amigos-o al menos mis aliados-morirían.

Si yo perdiera el tiempo y tratara de decirle a los vampiros que tres de las personas en el edificio eran inocentes, ellos (más probablemente) no harían caso de mí. O, si un chispazo de piedad los golpeaba, ellos tendrían que salvar a todas las brujas y luego entresacar los inocentes, lo que daría al aquelarre de las brujas el tiempo para contraatacar. Las brujas no necesitaban armas materiales.

Demasiado tarde, me percaté de que debería haber mantenido a Holly junto a mí y haberla usado como mi entrada en el edificio. Pero poner en peligro a una madre asustada no era una opción buena, tampoco.

Algo grande y caliente se presionó contra mi costado. Los ojos y los dientes brillaron en la luz de la noche de la ciudad. Casi grité, hasta que reconocí al lobo como Alcide. Él era muy grande. La piel de plata alrededor de sus ojos hizo parecer el resto de su pelaje aún más oscuro.

Puse un brazo a través de su espalda.

–Hay tres allí que no deben morir, – dije. – No sé que hacer.

Ya que él era un lobo, Alcide no sabía que hacer, tampoco. Él examinó mi cara. Él gimió, solamente un poco. Yo, se suponía, que debía estar de vuelta en los autos por ahora; pero aquí estaba yo, al pie del cañón, en la zona de peligro. Podía sentir el movimiento en la oscuridad, todos alrededor de mí. Alcide se escabulló lejos, a su posición designada en la puerta trasera del edificio.

–¿Qué haces aquí? – Bill dijo furiosamente, aunque esto sonara extrañamente trillado en un diminuto susurro. – Pam te dijo marcharte una vez que hubieras contado.

–Tres allí son inocentes, – susurré de vuelta. – Ellos son locales. Los forzaron.

Bill masculló algo encubierto y no fue algo feliz.

Le pasé las descripciones incompletas que Holly me había dado.

Podía sentir la tensión en el cuerpo de Bill, y luego Debbie se nos unió en nuestra trinchera individual. ¿Qué pensaba ella, al embalarse tan estrechamente con el vampiro y la humana que la odiaban más?

–Te dije quedarte atrás, – Bill dijo, y su voz era espantosa.

–Alcide me abjuró, – ella me dijo, justo como si yo no hubiera estado allí cuando pasó.

–¿Qué esperabas? – Me exasperó su lento entender y su actitud herida. ¿No había escuchado alguna vez acerca de las consecuencias?

–Tengo que hacer algo para ganar de nuevo su confianza.

Ella había venido a la tienda equivocada, si quería comprar algo de auto-respeto.

–Entonces ayúdame a salvar los tres allí quiénes son inocentes. – Reconté mi problema otra vez. – ¿Por qué no te has cambiado en tu animal?

–Ah, no puedo, – dijo ella amargamente. – He sido repudiada. No puedo cambiarme con la jauría de Alcide más. Ellos tienen licencia para matarme, si lo hago.

–¿En qué cambiabas de todos modos?

–Lince.

Muy apropiado.

–Ven, – dije. Comencé a moverme hacia el edificio. Aborrecía a esta mujer, pero si ella pudiera serme de utilidad, tenía que aliarme con ella.

–Espera, se supone, que yo voy a la puerta de atrás con el lobato, – Bill siseó. – Eric ya está allí.

–¡Entonces vete!

Sentí que alguien más estaba en mi espalda y arriesgué un vistazo rápido para ver que era Pam. Ella me sonrió y sus colmillos estaban fuera, de modo que esto me acobardó un poco.

Tal vez, si las brujas dentro no hubieran estado implicadas en un ritual, y no hubieran estado tan confiadas en su centinela tan poco dedicada y su magia, no habríamos llegado hasta la puerta desapercibidas. Pero la suerte nos favoreció durante aquellos pocos minutos. Llegamos a la puerta principal del edificio, Pam, Debbie y yo, y allí nos encontramos con el jóven lobato, Sid. Podría reconocerlo hasta en su cuerpo de lobo. Bubba estaba con él.

Fui iluminada por una súbita inspiración. Me alejé unos pies con Bubba.

–¿Puedes volver corriendo a las Wiccans, esas que están de nuestro lado? ¿Sabes dónde están ellas? – Susurré.

Bubba asintió con la cabeza enérgicamente.

–Les dices que hay tres Wiccans locales dentro quienes han sido forzados dentro de ésto. Pregúntales si ellos pueden arreglar alguna embrujo para conseguir que los tres inocentes se destaquen.

–Se los diré, señorita Sookie. Ellos me caen muy bien.

–Bien, compañero. Sé rápido, y tranquilo.

Él asintió y se fue en la oscuridad.

El olor alrededor del edificio se intensificaba a tal grado que tenía problemas con la respiración. El aire estaba tan impregnado con el olor, que me recordó cuando pasaba una tienda de velas en una alameda.

Pam dijo;

–¿Dónde has enviado a Bubba?

–De vuelta con nuestras Wiccans. Ellos tienen que hacer que las tres personas inocentes se destaquen de alguna manera para que no los “matemos”.

–Pero él tiene que regresar ahora. ¡Él tiene que abrir la puerta para mí!

–Pero… -Estuve desconcertada por la reacción de Pam. – Él no puede entrar sin una invitación, como tú.

–Bubba es un cerebro dañado, degradado. Él no es totalmente un vampiro verdadero. Él puede entrar sin una invitación expresa.

Miré boquiabierta a Pam.

–¿Por qué no me lo dijiste? – Ella solamente alzó sus cejas. Cuando rememoré, era cierto que podía recordar, al menos dos veces, que Bubba había entrado en una vivienda sin invitación. Nunca había sumado dos más dos.

–Así que tendré que ser la primera por la puerta, – dije, más normalmente de lo que yo me sentía realmente. – ¿Entonces los invito a todos ustedes dentro?

–Sí. Tu invitación será suficiente. El edificio no les pertenece.

–¿Deberíamos hacer esto ahora?

Pam dio un resoplido casi inaudible. Ella sonreía bajo el brillo de la farola, de repente divertida.

–¿Esperas una invitación caligrafiada?

Dios me libre de los vampiros sarcásticos.

–¿Crees que Bubba tuvo bastante tiempo para llegar con las Wiccans?

–Seguro. Vamos a clavar algunos culos de brujas, – dijo ella felizmente. Podría decir que el destino de las Wiccans locales era lo último en su lista de prioridades. Cada uno pareció evadir esta cuestión, a excepción de mí. Incluso los jóvenes lobatos mostraban mucho deseo de encajar el colmillo.

–Doy de patadas, tú entras, – dijo Pam. Ella me dió un picotazo rápido sobre la mejilla, completamente sorprendente para mí.

Pensé, así no quiero estar aquí.

Entonces me levanté de mi posición acuclillada, estuve de pie detrás de Pam y contemplé con temor mientras ella amartilló una pierna y dió un patada con la fuerza de cuatro o cinco mulas. La cerradura se rompió, la puerta saltó hacia adentro mientras la vieja madera clavada sobre ella se astilló y se rajó, yo salté dentro y grité;

–¡Entren! – al vampiro detrás de mí y aquellos en la puerta de atrás. Durante un momento raro, yo estuve en el refugio de las brujas sola, y todos ellos habían dado vuelta para verme con completo asombro.

El cuarto estaba lleno de velas y gente sentada sobre cojines en el suelo; durante el tiempo que habíamos esperado fuera, todo los demás en el edificio parecieron haberse concentrado en este cuarto delantero y sentarse con las piernas cruzadas en un círculo, cada uno con una vela ardiendo ante ellos, un tazón, y un cuchillo.

De los tres que yo intentaba salvar, “la anciana” era la más fácil de reconocer. Había sólo una mujer con el pelo blanco en el círculo. Ella llevaba puesto su lápiz de labios rosa brillante, un poco sesgado y corrido, y había sangre seca sobre su mejilla. Agarré su brazo y la empujé en una esquina, mientras todos sobre mí eran un caos. Había sólo tres hombres humanos en el cuarto. El hermano de Hallow, Mark, ahora atacado por una jauría de lobos, era uno de ellos. El segundo macho era un hombre de mediana edad con mejillas cóncavas y pelo sospechosamente negro y él, no sólo murmuraba una especie de embrujo, sino que sacaba un estilete de la chaqueta que yacía sobre el suelo, a su derecha. Él estaba demasiado lejos para mí para poder hacer algo sobre ello; tuve que confiar en los demás para protegerse. Entonces divisé al tercer hombre, con la marca de nacimiento sobre la mejilla-debe ser Parton. Él se agachaba cubriendo con sus manos su cabeza. Sabía como se sentía.

Agarré su brazo y lo tiré, y él se incorporó dando de puñetazos, desde luego. Pero yo no iba a aguantar nada de eso, nadie iba a golpearme. Entonces, apunté mi puño, ignorando sus brazos que ineficazmente revoloteaban y le acerté sobre la nariz. Él chilló, añadiendo otra capa de ruido al cuarto ya cacofónico y lo empujé a la misma esquina donde había escondido a Jane. Entonces vi que la mujer más vieja y el hombre más jóven ambos brillaban. Bien, los Wiccans había llegado con un embrujo y estaba funcionando, aunque algo tarde. Ahora tenía que encontrar a una joven mujer brillante con el pelo teñido de rojo, la tercera de los locales.

Pero entonces mi suerte se agotó; la de ella desde hacía rato. Ella brillaba, pero estaba muerta. Su garganta había sido desgarrada por uno de los lobos: uno nuestro o uno de ellos, esto, realmente no importaba.

Me levanté a pesar del tumulto, regresé a la esquina y aferré a ambos de los Wiccans sobrevivientes del brazo. Debbie Pelt llegó precipitadamente.

–Salgan de aquí, – les dije. – Encuentren a los otros Wiccans ahí, o váyanse a casa ahora. Caminen, consigan un taxi, lo que sea.

–Este es un vecindario peligroso, – tembló Jane.

La contemplé.

–¿Y esto no lo es? – Fue lo último que vi de los dos, Debbie marcaba y les daba instrucciones. Ella había salido a la entrada con ellos. Estuve a punto de salir junto con ellos, ya que yo, como se suponía, no debía estar aquí de todos modos, cuando uno de los lobato-brujas se abalanzó sobre mi pierna. Sus dientes omitieron la carne, pero rasgaron la tela de mis pantalones, y tuvo bastante para tironearme hacía atrás. Tropecé y casi me caí al suelo, pero logré asir la perilla de la puerta a tiempo para recobrar el balance en mis pies. En aquel momento, la segunda ola de lobatos y vampiros llegó del cuarto trasero, y el lobo se giró para encarar el nuevo asalto a sus espaldas.

El cuarto estaba lleno de cuerpos voladores, sangre que rociaba y salpicaba y gritos.

Las brujas luchaban con todo lo que tenían y aquellos quiénes podía cambiar lo habían hecho así. Hallow se había cambiado, y ella era un destello de gruñidos y dentelladas. Su hermano trataba de trabajar una especie de magia, que requería que tuviera que estar en su forma humana, y él trataba de aplazar a los Lobatos y los vampiros el tiempo suficiente para completar el embrujo.

Él cantaba algo, él y el hombre con las mejillas cóncavas, incluso cuando Mark Stonebrook dirigió un puñetazo en el estómago de Eric.

Una niebla pesada comenzó a cubrir lentamente el cuarto. Las brujas, que luchaban con cuchillos o dientes de lobo, captaron la idea, y aquellos que podían hablar comenzaron a añadirse a cualquier cosa que Mark decía. La nube de niebla en el cuarto comenzó a hacerse más espesa y más gruesa, hasta que fue imposible decir quién era el amigo del enemigo.

Brinqué hacía la puerta para escaparme de la nube sofocante. Esta cosa hacía que el respirar fuera un verdadero esfuerzo. Era como intentar inhalar y exhalar dentro de bolas de algodón. Extendí mi mano, pero el trozo de pared que toqué no incluyó una puerta. ¡Había estado allí mismo! Sentí un estremecimiento de pánico en mi estómago cuando busqué frenéticamente, tratando de trazar el contorno de la salida.

No sólo fallé al encontrar la perilla de la puerta, perdí totalmente el toque con la pared en mi siguiente paso lateral. Tropecé con el cuerpo de un lobo. No podía ver una herida, así que conseguí asirme de sus hombros y me arrastré, tratando de rescatarlo del espeso humo.

El lobo comenzó a retorcerse y cambiarse bajo mis manos, lo que fue bastante desconcertante. Incluso peor, porque se cambió en una desnuda Hallow. No sabía que alguien podría cambiarse tan rápido. Aterrorizada, la dejé ir inmediatamente y retrocedí en la nube. Había estado tratando de ser una buena Samaritana con la víctima equivocada. Una mujer anónima, una de las brujas, me agarró con fuerza sobrehumana. Ella trató de prensar mi cuello con una mano, sosteniendo mi brazo con la otra, pero su mano siguió resbalando, y yo la mordí tan fuerte como pude. Ella podría ser una bruja, y podría ser lobato, y podría haberse bebido un galón de sangre de vampiro, pero no era ningúna guerrera. Ella gritó y me dejó libre.

Ahora estaba completamente desorientada. ¿Cual era el camino hacia fuera? Yo tosía y mis ojos me ardían. El único sentido del que estaba segura era el de la gravedad. Vista, oído, tacto: todos fueron afectados por las gruesas olas blancas, que se ponían cada vez más densas. Los vampiros tenían una ventaja en esta situación; ellos no tienen que respirar. El resto de nosotros lo hacía. Comparado con la espesa atmósfera en la vieja panadería, el aire de ciudad contaminado fuera, habría sido puro y delicioso.

Jadeando y lloriqueando, arrojé mis brazos hacia fuera delante de mí y traté de encontrar una pared o una entrada, cualquier clase de señal. Un cuarto que no había parecido tan grande ahora pareció cavernoso. Sentí que había tropezado con metros de la nada, pero no era posible, a menos que las brujas hubieran cambiado las dimensiones del cuarto, y mi mente prosaica sencillamente no podía aceptar tal posibilidad. Alrededor de mí oí gritos y sonidos que fueron amortiguados en la nube, pero no menos espantosos. Un rocío de sangre de repente apareció bajo el frente de mi abrigo. Sentí salpicar de golpe mi cara. Emití un ruido de angustia que no podría formar en palabras. Sabía que esto no era mi sangre, y sabía que yo no había sido herida, pero, de alguna manera, era difícil para mí el creerlo.

Entonces, algo se cayó por delante de mí, y cuando iba sobre su camino al suelo distinguí una cara. Era la cara de Mark Stonebrook y él estaba en proceso de morir. El humo se cerró alrededor de él y podría haber estado también en otra ciudad.

¿Tal vez debería ponerme en cuclillas, también? El aire podría ser mejor cerca del suelo. Pero el cuerpo de Mark estaba allí abajo, y otras cosas. Tanto que Mark iba a quitar el embrujo sobre Eric, pensé desordenadamente. Ahora necesitaremos a Hallow. “Los mejores proyectos se tuercen al final…”¿Donde habría conseguido mi abuela aquella frase? Gerald me dio un empellón de paso, cuando él se impulsaba por delante en la búsqueda de algo que yo no podía ver.

Me dije que yo era valiente e inventiva, pero las palabras sonaron huecas. Cometí un error más delante, intentando no caerme con los escombros sobre el suelo. La parafernalia de las brujas, los tazones, los cuchillos y los trozos de hueso y vegetación que no pude identificar, habían sido dispersados durante la riña. Un punto claro se abrió de improviso, y pude ver un tazón volcado y uno de los cuchillos sobre el suelo a mis pies. Recogí el cuchillo, justo antes de que la nube lo cubriera todo de nuevo. Estaba segura que el cuchillo, como se suponía, sería usado para algún ritual-pero yo no era una bruja, y lo necesitaba para defenderme. Me sentí mejor cuando tuve el cuchillo, que era en verdad bonito y se sentía muy filoso.

Me pregunté lo que nuestros Wiccans hacían. ¿Podrían ellos ser responsables de la nube? Lamentaba que esto no se hubiera puesto a votación.

Nuestras brujas, resultó que conseguían unas vividas escenas de la lucha por medio de una de sus hermanas de aquelarre, que era una adivinadora. (Aunque ella estuviera físicamente con ellos, ella podría ver lo que ocurría a través de la superficie de un tazón con agua, aprendí más tarde.) Ella podría distinguir más utilizando este método de lo que nosotros podríamos, aunque por qué ella no veía sencillamente un montón de humo blanco que ondeaba sobre la superficie de aquella agua, no lo sé.

De todos modos, nuestras brujas hicieron llover… en el edificio. De alguna manera, la lluvia despacio redujo la capa de la nube, y aunque yo me sintiera húmeda y sumamente fría, también descubrí que estaba cerca de la puerta interior, la que conducía al segundo cuarto grande. Gradualmente, me di cuenta que podía ver; el cuarto había comenzado a brillar con luz, y yo podría discernir formas. Una, saltó hacia mí sobre piernas que parecieron no exactamente humanas, y la cara de Debbie Pelt me gruñó. ¿Qué hacía ella aquí? Ella había salido por la puerta para mostrar a las Wiccans de qué modo encontrarse seguras, y ahora estaba de vuelta en el cuarto.

No sé si ella pudiera controlarse o no, o si ella acababa de ser imbuida en la locura de la batalla, pero Debbie se había cambiado parcialmente. Su cara comenzaba a echar pelaje, y sus dientes habían comenzado a alargarse y afilarse. Ella intentó morder mi garganta, pero una convulsión causada por el cambio hizo que sus dientes fallaran. Traté de retroceder, pero tropecé con algo sobre el suelo y tomé un segundo precioso o dos para recobrar mi equilibrio. Ella comenzó a embestir otra vez, su intención inequívoca, y recordé que yo tenía un cuchillo en mi mano. Acuchillé decidida en su dirección, y ella vaciló, gruñendo.

Ella iba a usar la confusión para saldar nuestra deuda. Yo no era bastante fuerte para luchar contra una adaptoformas. Tendría que usar el cuchillo, aunque algo dentro de mí se rebelara ante el pensamiento.

Entonces de entre las capas y los restos de la niebla vino una mano grande manchada con sangre, y aquella mano grande agarró la garganta de Debbie Pelt y apretó. Y apretó. Antes de que yo pudiera rastrear la mano, luego el brazo y así la cara de su dueño, un lobo saltó del suelo para derribarme.

Y olisqueó mi cara.

Vale, esto era… entonces el lobo encima de mí fue hecho caer y rodó sobre el suelo, gruñendo e intentando morder a otro lobo. Yo no podía ayudar, porque los dos se movían tan rápido que no podía estar segura que ayudaría al aliado correcto.

La bruma se dispersaba ahora con buena velocidad, y podía ver el cuarto por completo, a pesar de que todavía quedaban remedos de la niebla opaca. Aunque hubiera estado desesperada por este momento, estuve casi arrepentida cuando llegó. Los cuerpos, tanto muertos como heridos, estaban esparcidos en el suelo, entre la parafernalia del aquelarre, y la sangre salpicada en las paredes. Portugal, el apuesto joven lobato perteneciente a la base de la fuerza aérea, estaba tumbado delante de mí. Él estaba muerto. Culpepper se puso en cuclillas al lado de él, lamentándose y sollozando ahogadamente. Esto era un pedacito de guerra y lo odié.

Hallow estaba de pie todavía y completamente en su forma humana, desnuda y chorreando sangre. Ella recogió a un lobo y lo lanzó contra la pared cuando miré. Era magnífica y horripilante. Pam se acercaba detrás de ella, y Pam estaba despeinada y sucia. Nunca había visto a la vampira tan desarreglada y perturbada, casi no la reconocí. Pam se lanzó contra Hallow, atrapándola en las caderas y llevándola al suelo. Fue una tacleada tan buena como algunas veces había visto durante años de fútbol en la noche de los viernes, y si Pam hubiera embestido a Hallow un poco más alto podría haber conseguido un excelente apretón sobre ella, y todo esto habría terminado. Pero Hallow estaba resbaladiza con la lluvia nebulosa, por la sangre, y sus brazos estaban libres. Ella se giró sobre el asimiento de Pam y agarró el largo pelo liso de la vampira con ambas manos y tiró, y arrancó varios mechones de pelo, junto con un buen trozo del cuero cabelludo.

Pam chilló como un tetera gigante. Jamás había oído semejante pitido así de alto salir de una garganta-en este caso no una garganta humana, pero de todas maneras, era una garganta. Ya que Pam era definitivamente “quien hacia las reglas” del juego, ella fijó a Hallow al suelo, agarrando ambos de sus brazos superiores, presionando y apretando, hasta que Hallow estuvo bien aplanada en el suelo. Y como la bruja era tan fuerte, era una lucha terrible, y Pam estaba obstaculizada por la sangre que corría por su cara. Pero Hallow era humana, y Pam no lo era. Pam iba ganando hasta que una de los brujos, el hombre de las mejillas concavas, avanzó lentamente a la dos mujeres y mordió en el cuello de Pam. Ambos de sus brazos estaban ocupados, así que ella no podía pararlo. Él no mordió solamente, él bebió, y conforme él bebía, su fuerza aumentó, como si su batería se hubiera recargado. Él drenaba directamente de la fuente. Nadie pareció observar a excepción de mi. Trepé a través del cuerpo blando y peludo de un lobo y uno de los vampiros para aporrear al hombre de las mejillas chupadas, que simplemente me ignoró.

Tendría que usar el cuchillo. Nunca antes había hecho algo como esto; cuando había devuelto el golpe a alguien, fue siempre una situación de vida-o-muerte, y la vida o la muerte habían sido las mías. Esto era diferente. Vacilé, pero tenía que actuar rápido. Pam se debilitaba delante de mis propios ojos, y ella no sería capaz de retener a Hallow mucho más tiempo. Tomé el cuchillo negro aplanado con su mango negro, y lo sostuve contra su garganta; lo pinché, un poco.

–Déjala ir, – dije. Él no hizo caso de mí.

Pinché más fuerte, y un río color escarlata descendió bajo la piel de su cuello. Entonces él dejó ir a Pam. Su boca estaba toda cubierta con su sangre. Pero, antes de que me pudiera alegrar porque él la había liberado, se giró, mientras todavía se encontraba debajo de mí y vino a por mí, sus ojos absolutamente enloquecidos y su boca abierta para beber de mí, también. Podía sentir el ansia en su cerebro, quiero, quiero, quiero. Puse el cuchillo en su cuello otra vez y, justo cuando estaba reuniendo el coraje necesario, él embistió avanzado y enterró la lámina en su propio cuello.

Sus ojos perdieron brillo casi al instante.

Él se había matado por vía de mí. No creo que él hubiera registrado alguna vez que el cuchillo estaba allí.

Esta era una matanza cercana, una muerte directamente-en-mi-cara, y yo había sido el instrumento de muerte, sin embargo, inadvertidamente.

Cuando pude alzar la vista, Pam se sentaba sobre el pecho de Hallow, sus rodillas fijaban los brazos de Hallow, y ella sonreía. Esto era tan extraño que miré alrededor del cuarto para encontrar la razón, y vi que la batalla pareció haber terminado. No podía imaginar cuando habría durado aquella lucha ruidosa pero invisible entre la densa bruma, pero ahora podía ver los resultados demasiado claramente.

Los vampiros no matan limpio, ellos matan sucio. Los lobos, tampoco son reconocidos por sus buenas maneras en la mesa. Las brujas parecieron conseguir salpicar un poco menos de sangre, pero el resultado final era realmente horrible, como una película muy mala, el tipo de la que se avergonzarían de haber pagado para ver.

Parecía que habíamos ganado.

En este momento, apenas me preocupé. Estaba hecha polvo, mental y físicamente, y esto significó que todos los pensamientos de los humanos, y algunos pensamientos de Lobatos, giraran alrededor en mi cerebro como la ropa dentro de la secadora. No había nada que pudiera hacer sobre ello, entonces dejé filtrarse estas cosas en mi cabeza por un rato, mientras, usando lo último de mi fuerza, me impulse lejos del cadáver. Estuve acostada boca arriba, mirando en el techo. Ya que no tenía ningun pensamiento, me llené con cada uno de los demás. Casi todos pensaban la misma clase de cosas que yo: que cansados estaban, que sangriento se veía el cuarto, que difícil era creer que ellos habían estado en una lucha como esta y habían sobrevivido. El chico de los pelos parados había vuelto a su forma humana, y pensaba cuanto había disfrutado de ello quizás más de lo que él debería, pensó. De hecho, su cuerpo sin ropas mostraba pruebas visibles de cuánto había disfrutado de ello, y él trataba de sentirse avergonzado sobre esto. Sobre todo, él quería ubicar aquella joven Wiccan tan mona y encontrar un lugar tranquilo. Hallow odiaba a Pam, ella me odiaba, ella odiaba a Eric, ella odiaba a cada uno allí. Ella comenzó a tratar de mascullar un embrujo para hacernos a todos nosotros enfermos, pero Pam le dio un codazo en el cuello, y esto cerró el asunto.

Debbie Pelt se levantó del suelo en la puerta y contempló la escena. Ella lucía extraordinariamente prístina y enérgica, como si ella nunca hubiera tenido una cara peluda y los deseos de matar a alguien. Ella escogió su camino por entre los cuerpos esparcidos sobre el suelo, algunos vivos y otros no, hasta que encontró a Alcide, todavía en su forma de lobo. Ella se agachó para comprobar sus heridas, y él gruñó contra ella en clara advertencia. Tal vez ella no creyó que él la atacaría, o tal vez ella solamente se engañó en creerlo, pero cuando ella puso su mano sobre su hombro, él la mordió lo bastante salvaje para sacarle sangre. Ella chilló y se echó hacía atrás. Durante unos segundos, se quedó en cuclillas allí, acunando su mano sangrante y llorando. Sus ojos se encontraron con los míos y casi brillaron con odio. Ella jamás me perdonaría. Me culparía el resto de su vida por el descubrimiento de Alcide acerca de su naturaleza oscura. Ella había jugado un estira y afloja con él durante dos años, ocultándole los elementos de su naturaleza que él nunca aceptaría, pero deseándolo con ella a pesar de todo. Ahora había terminado.

¿Y esto era mi culpa?

Pero yo no pensaba en los términos de Debbie, yo pensaba como un ser humano racional, y desde luego, Debbie Pelt no lo era. Deseé que la mano que había agarrado su cuello durante la lucha en la nube la hubiera ahogado hasta la muerte. Miré su espalda cuando ella empujó la puerta para salir y anduvo a zancadas en la noche, y en aquel momento supe que Debbie Pelt esperaría vengarse de mí por el resto de su vida. ¿Tal vez la mordedura de Alcide se infectaría y ella conseguiría envenenamiento de sangre?

En una acción refleja, me castigué: éste era un pensamiento perverso; Dios no quería que nosotros le deseáramos el mal a nadie más. Solamente deseé que Él también me cuidara de Debbie a mí, del mismo modo que esperas que el agente de tránsito que te paró por una infracción, vaya también a parar al tipo detrás tuyo que trataba de pasarse sobre la doble línea amarilla.

La lobato pelirroja, Amanda, se acercó. Ella fue mordida aquí y allá, y tenía un chichón que crecía sobre su frente, pero estaba radiante.

–Mientras estoy de buen humor, quiero pedirte perdón por insultarte, – dijo ella directamente. – Viniste a ayudar en esta lucha. Incluso, si tú puedes tolerar a los vampiros, no te lo reprochare más. Tal vez algún día verás la luz. – Asentí, y ella se alejó para checar a sus compañeros de jauría.

Pam había amarrado a Hallow, y Pam, Eric, y Gerald había ido a arrodillarse al lado de alguien del otro lado del cuarto. Me pregunté vagamente lo que pasaba ahí, pero Alcide estaba regresando a su forma humana, y cuando él se hubo orientado, avanzó lentamente hacía mí. Estaba demasiado agotada para preocuparme que él anduviera desnudo, pero tenía una idea nebulosa que debería tratar de recordar la vista, ya que querría evocarla en mis momentos de ocio más tarde.

Él tenía algunos arañazos y puntos sangrientos, y una laceración profunda, pero en general se veía bastante bien.

–Hay sangre sobre tu cara, – dijo él, con esfuerzo.

–No es mía.

–Gracias a Dios, – él dijo, y se sentó sobre el suelo junto a mí. – ¿Qué tan herida estás?

–No estoy lastimada, no realmente, – dije. – Quiero decir, me empujaron alrededor mucho, y me sofoqué y ahogué un poco, tal vez, e intentaron morderme, ¡pero nadie me golpeó! – Por diosito, iba lograr realizar la resolución de mi Año Nuevo, después de todo.

–Siento que no encontráramos a Jason aquí, – dijo él.

–Eric preguntó a Pam y Gerald si los vampiros lo tenían, y ellos dijeron que no, – comenté. – Él pensó en una razón buenísima para que los vampiros lo retuvieran. Pero ellos no lo hicieron.

–Chow está muerto.

–¿Cómo? – Pregunté, sonando tan tranquila como si apenas me importara. Sinceramente, nunca había sido muy apegada al cantinero, pero habría mostrado una preocupación decente si no hubiera estado tan cansada.

–Uno del grupo de Hallow tenía un cuchillo de madera.

–Nunca antes vi uno, – dije después de un momento, y eso fue todo lo que se me ocurrió decir acerca de la muerte de Chow.

–Yo tampoco.

Después de un momento largo, dije;

–Siento lo de Debbie. – Lo que quería decir era, que yo lamentaba que Debbie le hubiera hecho tanto daño y hubiera resultado ser una persona tan terrible que él había tenido que tomar un paso tan drástico para conseguir sacarla de su vida.

–¿Cual Debbie? – él preguntó, y se impulso para ponerse de pie y trotar lejos a través del asqueroso suelo esparcido con sangre, cuerpos, y escombros sobrenaturales.

Capítulo 13

La secuela de una batalla es melancólica y repugnante. Supongo que podrían llamar a lo que habíamos tenido una batalla… ¿o quizás más bien una escaramuza sobrenatural? Los heridos tienen que ser atendidos, la sangre tiene que ser limpiada, los cuerpos tienen que ser sepultados. O, en este caso, dispuestos-Pam decidió incendiar la tienda, dejando los cuerpos del aquelarre de Hallow dentro.

No todos habían muerto. Hallow, desde luego, estaba todavía viva. Una bruja más sobrevivió, aunque ella estaba muy mal herida y baja de sangre. De los lobatos, el Coronel Flood estaba gravemente herido; Mark Stonebrook había matado a Portugal. Los demás estaban más o menos bien. Del contingente vampiro, sólo Chow había muerto. Los demás tenían heridas, algunas horribles, pero los vampiros se curarían.

Me sorprendió que las brujas no hubieran hecho una mejor exhibición.

–Probablemente eran buenas como brujas, pero no eran buenas luchadoras, – dijo Pam. – Fueron escogidos por su habilidad mágica y su deseo de seguir a Hallow, no por sus habilidades de batalla. No deberían haber tratado de asumir Shreveport con tales seguidores.

–¿Por qué Shreveport? – Pregunté a Pam.

–Voy a averiguarlo, – dijo Pam, sonriendo.

Me estremecí. No quise considerar los métodos de Pam.

–¿Cómo vas a impedirle lanzar un embrujo contra ti mientras la interrogas?

Pam dijo;

–Algo se me ocurrirá. – Ella sonreía todavía.

–Lamento lo de Chow, – dije, un poco renuente.

–El trabajo de cantinero en Fangtasia no parece ser un trabajo de buena suerte, – admitió ella. – No sé si seré capaz de encontrar alguien que sustituya a Chow. Después de todo, él y Long Shadow, ambos fallecieron un año después de comenzar el trabajo.

–¿Qué vas a hacer sobre desembrujar a Eric?

Pam pareció bastante complacida de charlar conmigo, a pesar de que fuera sólo una humana, ahora que ella había perdido a su compinche.

–Haremos que Hallow lo haga, tarde o temprano. Y ella nos dirá por qué lo hizo.

–¿Si Hallow les dice el contorno general del embrujo, será suficiente? ¿O tendrá que realizarlo ella misma? – Traté de replantear esto de otra manera en mi cabeza, así estaría más claro, pero Pam pareció entenderme.

–No sé. Tendremos que preguntárselo a nuestras amigables Wiccans. Aquellos que tu salvaste deberán estar lo bastante agradecidos como para darnos cualquier ayuda que necesitemos, – dijo Pam, mientras esparcía un poco más de gasolina alrededor del cuarto. Ya había comprobado el edificio para quitar las pocas cosas que ella podría querer de él, y el aquelarre local había recogido la parafernalia mágica, en caso de que alguno de los polis que viniera para investigar este fuego pudiera reconocer los remanentes.

Eché un vistazo a mi reloj. Esperé que, para este momento, Holly hubiera logrado llegar a casa. Le diría que su hijo estaba a salvo.

Mantuve mis ojos apartados del trabajo que la bruja más jóven hacía sobre la pierna izquierda del Coronel Flood. Él había recibido una fea cuchillada en el quadriceps. Era una herida seria. Él alumbró la herida y después que Alcide le trajo su ropa, el Coronel cojeó alrededor con una sonrisa sobre su cara. Pero cuando la sangre se filtró por la venda, el packmaster tuvo que permitir que sus Lobatos lo llevaran a un doctor que resultó ser un doble-natura complaciente y deseoso de ayudar a borrar su nombre de los registros del hospital, ya que nadie podría pensar en una buena historia que explicaría tal herida. Antes de marcharse, el Coronel Flood dió la mano ceremoniosamente a la cabeza de las brujas y a Pam, aunque yo pudiera ver las gruesas gotas de sudor sobre su frente, hasta en el frígido aire del viejo edificio.

Pregunté a Eric si sentía algo diferente, pero él estaba todavía ignorante de su pasado. Él pareció disgustado y al borde del terror. La muerte de Mark Stonebrook no había hecho ninguna diferencia, así que Hallow permanecería en la tierra durante unas cuantas horas terribles, cortesía de Pam. Simplemente acepté esto. No quise pensar en ello detenidamente. O en absoluto.

En cuanto a mí, yo me sentía completamente pérdida. ¿Debería irme a casa en Bon Temps, llevando a Eric conmigo? (¿Todavía era responsable de él?) ¿Debería tratar de encontrar un lugar para pasar las horas restantes de la noche aquí en la ciudad? Shreveport era la casa para todos, a excepción de Bill y yo, pero Bill planeaba usar la cama vacía de Chow (o lo que sea que fuera) para el día que se aproximaba, por sugerencia de Pam.

Remoloneé nerviosa alrededor, de manera indecisa durante unos minutos, tratando de decidir. Pero nadie pareció necesitarme para algo específico, y nadie me buscó para conversar. Así que, cuando Pam estuvo implicada en dar a los otros vampiros indicaciones sobre el transporte de Hallow, sencillamente camine fuera. La noche era bastante más quieta y silenciosa de lo que debería ser, pero algunos perros ladraron cuando anduve calle abajo. El olor de la magia había disminuido. La noche era más oscura y hasta más fría, y yo andaba de capa caída. No sabía lo que diría si un policía me paraba; iba salpicada de sangre y desarreglada, y no tenía ninguna explicación. En este momento, encontré muy difícil el preocuparme.

Había conseguido tal vez andar un bloque cuando Eric me alcanzó. Él estaba muy preocupado-casi temeroso.

–No te quedaste allí. Cuando miré alrededor tú ya no estabas allí, – dijo él de modo acusador. – ¿A dónde vas? ¿Por qué no me dijiste nada?

–Por favor, – dije, y levanté una mano para suplicarle que guardara silencio. – Por favor.

Estuve tan cansada de ser fuerte para él, y tuve que luchar contra una depresión galopante, aunque no podría decirles exactamente por qué; después de todo, nadie me había golpeado. Debería estar feliz, ¿correcto? Los objetivos de la noche habían sido alcanzados. Hallow fue derrotada y puesta en cautiverio; aunque Eric no hubiera sido restituido a él mismo, pronto lo sería, porque Pam estaba segura de convencer a Hallow con la manera de pensar vampiro, de un modo doloroso y terminal.

Indudablemente, Pam descubriría también por qué Hallow había comenzado este completo curso de acción. Y Fangtasia adquiriría un nuevo cantinero, algún vampiro tipazo, quién haría llegar las pelas turísticas. Ella y Eric abrirían el club stripper que ellos habían estado considerando, o la tintorería abierta durante toda la noche, o el servicio de guardaespaldas.

Mi hermano todavía estaría perdido.

–Déjame ir a casa contigo. No los conozco a ellos, – dijo Eric, su voz baja y casi suplicante. Me dolía interiormente cuando Eric decía algo así, tan contrario de su personalidad normal. ¿O estaba viendo la verdadera naturaleza de Eric? ¿Eran sus exhibiciones de alarde y seguridad algo que él había asumido, como otra piel, durante años?

–Seguro, ven, – dije, tan desesperada como Eric lo era, pero en mi propio estilo. Solamente deseaba que él estuviera tranquilo, y fuerte.

Me conformaría con tranquilo.

Él me prestó su fuerza física, al menos. Me cargó y me llevó al auto. Estuve sorprendida de descubrir que mis mejillas estaban empapadas con lágrimas.

–Tienes sangre por todas partes de tu cuerpo, – dijo él en mi oído.

–Sí, pero no te emociones con ello, – advertí. – Esto no significa nada para mí. Solamente quiero ducharme. – Yo estaba en la etapa de tener hipo-sollozo mientras lloraba, casi había terminado.

–Ahora tendrás que deshacerte de este horroroso abrigo, – dijo él, con algo de satisfacción.

–Lo limpiaré. – Estuve exhausta como para responder comentarios despectivos sobre mi abrigo.

Escaparse del peso y el olor de la magia era casi tan bueno como una gran taza de café y un golpe de oxígeno. Cuando nos encontrábamos cerca de Bon Temps, ya no me sentía hecha jirones, y estaba calmada cuando arribamos en la puerta de atrás. Eric entró detrás de mí y dio un paso a mi derecha para rodear la mesa de la cocina, cuando me estiré a la izquierda para prender el interruptor de la luz.

Cuando encendí la luz, Debbie Pelt me sonreía.

Ella había estado sentándose en la oscuridad en mi mesa de cocina, y tenía un arma en su mano.

Sin decir una palabra, ella disparó contra mí.

Pero ella había calculado todo sin Eric, quién era tan rápido, más rápido que cualquier humano. Él recibió la bala dirigida a mí, y la recibió directamente en el pecho. Él se derrumbo delante de mí.

Ella no había tenido tiempo para registrar la casa, lo que fue una suerte. Del calentador de agua, atrapé la escopeta que había tomado de la casa de Jason. Cargué y corte cartucho-uno de los sonidos mas aterradores en el mundo-y le pegué un tiro a Debbie Pelt mientras ella todavía miraba fijamente, impresionada, en Eric, quién estaba sobre sus rodillas y tosiendo sangre. Recargué otro cartucho, pero no tuve que pegarle un tiro a ella otra vez. Sus dedos se relajaron y su arma se cayó al suelo.

Me senté sobre el suelo yo misma, porque no podía sostenerme sobre mis piernas.

Eric estaba ahora completamente extendido sobre el suelo, jadeando y retorciéndose nerviosamente en un charco de sangre.

No había quedado mucho del pecho superior de Debbie y cuello.

Mi cocina pareció como si hubiera estado desmembrando cerdos, cerdos que presentaron batalla.

Comencé a gatear para alcanzar el teléfono al final de contador. Mi mano cayó de nuevo al suelo cuando me pregunté a quien iba a llamar.

¿La ley? ¡Já!.

¿Sam? ¿Y continuar a enfangarlo en mis problemas? No lo creo.

¿Pam? ¿Dejarle ver lo cerca que había estado de que mataran a mi encargo? Sí, como no.

¿Alcide? Genial, a él le fascinaría contemplar lo que yo había hecho con su novia, abjurada o no abjurada.

¿Arlene? Ella tenía su vida para hacer, y dos pequeños niños. Ella no tiene que estar envuelta en algo ilegal.

¿Tara? Demasiado delicada.

Aquí era cuando yo habría llamado a mi hermano, si supiera donde estaba. Cuando tienes que limpiar la sangre de la cocina, es familia a quién necesitas.

Tendría que hacer esto sola.

Eric venía primero. Me acerqué a él, ayudándome con un codo para apoyarme.

–Eric, – dije en voz alta. Sus ojos azules se abrieron. Ellos brillaban con dolor.

El agujero en su pecho burbujeó sangre. Odiaba pensar como luciría la herida de salida. ¿Tal vez habría sido una calibre veintidós? ¿Tal vez la bala estaba todavía dentro? Vi la pared detrás donde él había estando de pie, y no pude ver salpicaduras de sangre o un agujero de bala. Realmente, pensé, si la bala hubiera pasado a través de él, me habría golpeado. Vi abajo de mi misma, palpé mi abrigo. No, ninguna sangre fresca.

Cuando miré a Eric, él comenzó a verse un poco mejor.

–Sangre, – él dijo, y casi puse mi muñeca sobre sus labios, cuando reconsideré. Logré conseguir algo de TrueBlood del refrigerador y calentarla, aunque el frente del microondas fuera todo menos que inmaculado.

Me arrodillé para dársela.

–¿Por qué no tú? – él preguntó dolorosamente.

–Lo siento, – me disculpé. – Sé que te lo ganaste, cariño. Pero tengo que mantener toda mi energía. Tengo más trabajo por delante.

Eric sorbió la bebida con tragos grandes. Ya había desabotonado su abrigo y su camisa de franela, y cuando mire su pecho para delimitar el progreso del sangrado, vi una cosa asombrosa. La bala que lo había alcanzado estalló fuera de la herida. En otros tres minutos, o quizás menos, el agujero se había cerrado. La sangre todavía se secaba sobre su vello del pecho, y la herida de bala se desvanecía.

–¿Más sangre? – Eric preguntó.

–Seguro. ¿Cómo te sientes? – Yo misma estaba entumecida.

Su sonrisa fue torcida.

–Débil.

Le conseguí más sangre y él bebió esta botella más despacio. Estremeciéndose, se empujó a una posición sentada. Él contemplo el lío del otro lado de la mesa.

Entonces él me vio.

–¡Lo sé, lo sé, es terrible! – Dije. – ¡Lo siento tanto! – Podría sentir que las lágrimas-otra vez-se deslizaban por mis mejillas. Difícilmente me podía sentir más miserable. Había hecho una cosa terrible. Había fallado en mi trabajo. Tenía una limpieza masiva delante de mí. Y me veía espantosa.

Eric pareció suavemente sorprendido por mi arrebato.

–Tú podrías haber muerto por el balazo, yo sabía que no moriría, – indicó él. – Detuve la bala por ti del modo más efectivo, y luego tú me defendiste con eficacia.

Este seguramente era un modo sesgado de verlo, pero por extraño que parezca, me sentí realmente menos mal.

–Maté a otro humano, – dije. Esto hizo dos en una noche; pero en mi opinión, el brujo de las mejillas chupadas se había matado cayendo sobre el cuchillo.

Definitivamente yo había disparado la escopeta sola.

Me estremecí y gire lejos de la cáscara irregular de hueso y carne que había sido una vez Debbie Pelt.

–No, tú no lo hiciste, – dijo él bruscamente. – Tú mataste una adapto que era una perra traidora, cruel, una adapto quién ya había tratado de matarte dos veces. – Así que había sido la mano de Eric la que había apretado su garganta y la había alejado de mí. – Debí terminar el trabajo cuando la tenía antes, – dijo él, por vía de confirmación. – Esto nos habría ahorrado a ambos algo de dolor; en mi caso, literalmente.

Tenía el presentimiento que esto no era lo que Reverendo Fullenwilder diría. Murmuré algo para tal efecto.

–Nunca fui Cristiano, – dijo Eric. Bien, esto no me sorprendió. – No puedo imaginar un sistema de creencia que te dijera quedarte inmóvil y dejarte matar.

Parpadeé, preguntándome si no era exactamente lo que el Cristianismo enseñaba. Pero no soy ningúna teóloga o erudita de la Biblia, y tendría que dejar el juicio sobre mi acción a Dios, que tampoco es ningún teólogo.

De alguna manera me sentí mejor, y de hecho estaba agradecida de estar viva.

–Gracias, Eric, – dije. Lo besé sobre la mejilla. – Ahora vete a limpiar en el cuarto de baño mientras comienzo aquí.

Pero él no hizo nada de esto. Dios lo bendiga, él me ayudó con gran celo. Ya que él podía manejar las cosas más asquerosas sin aparente náusea, estuve encantada de dejarlo.

No quieren saber lo horrible que fue, o todos los detalles. Pero conseguimos a Debbie juntos y la empaquetamos, y Eric se la llevó en los bosques, la sepultó y ocultó la tumba, él juró, mientras yo limpié. Tuve que bajar las cortinas sobre el fregadero y meterlas en la lavadora con agua fría, y también lancé mi abrigo con ellas, aunque sin muchas esperanzas de que lo pudiera usar otra vez. Me puse guantes de goma y usé lejía para empapar, limpiar y tallar repetidas veces la silla, la mesa y el suelo, y rocié el frente de los gabinetes con el jabón de madera y limpié y limpié.

No creerían donde habían aterrizado las motas de sangre.

Me di cuenta que la atención a estos detalles diminutos me ayudaba a mantener mi mente fuera del acontecimiento principal, y que más dilatara en verlo directamente-más permitiría que las prácticas palabras de Eric penetraran en mi conciencia-sería lo mejor. No había nada que pudiera deshacer. No había ningún modo que pudiera enmendar lo que había hecho. Había tenido un número limitado de opciones, y tendría que vivir con la decisión que había hecho. Mi Abue me decía siempre que una mujer-cualquiera que se preciara a si misma-podría hacer lo que sea que tuviera que hacer. Si hubieran llamado a Abue una mujer liberada, lo habría negado enérgicamente, pero ella había sido la mujer más fuerte que yo conocí jamás, y si ella creyera que yo podría completar esta espeluznante tarea, sencillamente porque tenía que hacerlo, lo haría.

Cuando acabé, la cocina apestó a productos de limpieza, y a simple vista estaba literalmente intachable. Estaba segura que un experto del crimen sería capaz de encontrar rastros de evidencia (cortesía del The Learning Channel), pero no proyectaba que un experto forense tuviera alguna vez razón de entrar en mi cocina.

Ella había roto la chapa de la puerta principal. Jamás se me había ocurrido comprobarla antes de que entrara por atrás. Cuanto por mi carrera como guardaespaldas. Acuñé una silla bajo la manija para mantenerla bloqueada durante el resto de la noche.

Eric, regresó del entierro, parecía estar tremendamente entusiasmado, así que le pedí ir a buscar el auto de Debbie. Ella tenía un Mazda Miata, y lo había escondido sobre una cuneta, directamente a través del camino vecinal donde se daba vuelta a mi casa. Eric había tenido la previsión de quitarle sus llaves, y él se ofreció voluntario para conducir su auto en otra parte. Debería haberlo seguido, devolverlo a mi casa, pero él insistió que podría hacer el trabajo por si solo, y estaba demasiado agotada para andar dando órdenes. Estuve de pie bajo una corriente de agua y me fregué fuertemente mientras él estaba ausente. Me alegré de estar sola, y me lavé repetidas veces. Cuando estuve tan limpia como podía ponerme exteriormente, me puse un camisón de noche de nilón rosado y trepé lentamente en la cama. Estaba cerca del alba, y esperé que Eric estuviera de vuelta pronto. Ya había abierto el armario y el agujero para él, y había puesto una almohada suplementaria en él.

Lo oí entrar justo cuando me dormía, y él me besó sobre la mejilla.

–Hecho, – él dijo, y yo mascullé;

–Te lo agradezco, bebé.

–Lo que sea por ti, – dijo él, su voz suave. – Buenas noches, amada.

Se me ocurrió que yo era letal para las ex´s. Había eliminado al gran amor de Bill (y su mami); ahora acababa de matar al caramelito intermitente de Alcide. Conocía a cien hombres. Y nunca había sido mortal sobre su ex´s. Pero las criaturas de las que me preocupaba, bueno, pues parecía ser diferente. Me pregunté si Eric tendría alguna antigua novia por allí. Probablemente unas cien más o menos. Bien, ellas deberían estar prevenidas contra mí.

Después de esto, lo quisiera o no, fui chupada dentro de un agujero negro de extenuación.

Capítulo 14

Supongo que Pam trabajó sobre Hallow directamente hasta que el alba coloreó sobre el horizonte. Yo misma dormí pesadamente, necesitada tanto de la curación física como mental, no desperté hasta las cuatro por la tarde. Esto era un día sombrío de invierno, la clase que hace encender la radio para ver si una tormenta de nieve se avecina. Comprobé para asegurarme que tenía suficiente leña subida en el porche trasero para tres o cuatro días.

Eric se levantaría temprano hoy.

Me vestí y comí a la velocidad de un caracol, tratando de conseguir manejar mi estado de ánimo.

Físicamente, estaba genial. Una contusión aquí o allí, un pequeño dolor muscular-que no era nada. Era la segunda semana de enero y me atenía a la resolución de mi Año Nuevo, grandioso.

En la otra mano-y hay siempre otra mano-mentalmente, o tal vez emocionalmente, yo era todo menos estable. No importa que práctica seas, no importa que fuerte y aguantadora seas, no se puede hacer algo como lo que yo había hecho sin sufrir algunas consecuencias.

Este es el modo que es.

Cuando imaginé a Eric levantándose, pensé que tal vez nos haríamos algunos arrumacos antes de que yo tuviera que ir a trabajar. Y sentí el placer en estar con alguien que creía que yo era tan importante.

No había esperado que el embrujo ya estuviera roto.

Eric se levantó a las cinco treinta. Cuando oí el movimiento en el dormitorio de invitados, di un toque sobre la puerta y la abrí. Él giró, sus colmillos salieron fuera y sus manos se curvaron en garras delante de él.

Yo había dicho casi, “Hola, cariño”, pero la precaución me mantuvo muda.

–Sookie, – él dijo despacio. – ¿Estoy en tu casa?

Me alegré de haberme vestido.

–Sí, – dije, reagrupándome como loca. – Has estado aquí por seguridad. ¿Sabes qué pasó?

–Fui a una reunión con algunas personas nuevas, – dijo él, con duda en su voz. – ¿Lo hice? – Él vió abajo su ropa de Wal-Mart con un poco de sorpresa. – ¿Cuándo compré estos?

–Tuve que conseguirte eso para ti, – dije.

–¿Me vestiste, también? – preguntó, corriendo sus manos por su pecho y más abajo. Él me dedicó una sonrisa muy de Eric.

Él no recordó. Nada.

–No, – dije. Mientras tuve algunos destellos en mi mente sobre Eric en la ducha conmigo. La mesa de la cocina. La cama.

–¿Dónde está Pam? – él preguntó.

–Deberías llamarle, – dije. – ¿Recuerdas algo sobre ayer?

–Ayer yo tenía la reunión con las brujas, – dijo él, como si fuera indiscutible.

Sacudí mi cabeza.

–Eso fue hace varios días, – le conté, incapaz de sumar el número de ellos en mi cabeza. Mi corazón se hundió aún más abajo.

–No recuerdas anoche, después de que volvimos de Shreveport, – lo presioné, de repente viendo un destello de luz en todo esto.

–¿Hicimos el amor? – él preguntó esperanzado. – ¿Finalmente te rendiste a mí, Sookie? Es sólo cuestión de tiempo, por supuesto. – Él me sonrió abiertamente.

No, anoche desaparecimos un cuerpo, pensé.

Yo era la única que lo sabía. Y ni siquiera yo sabía donde fueron sepultados los restos de Debbie, o lo que había pasado con su auto.

Me senté en la esquina de mi angosta cama vieja. Eric me observó estrechamente.

–¿Algo anda mal, Sookie? ¿Qué ocurrió mientras yo estuve-Por qué no recuerdo qué pasó?

Menos digas, más pronto se enmienda.

Lo que empieza bien se termina bien.

Fuera de la vista, fuera de la mente. (Ah, deseé que esto fuera verdad.)

–Apuesto que Pam llegará aquí en cualquier minuto, – dije. – Mejor dejo que sea ella quien te informe.

–¿Y Chow?

–No, él no estará aquí. Él murió anoche. Fangtasia parece tener mal efecto sobre los cantineros.

–¿Quién lo mató? Obtendré venganza.

–Ya la obtuviste.

–Algo más anda mal contigo, – dijo Eric. Él siempre ha sido astuto.

–Sí, un montón de cosas andan mal conmigo. – Habría disfrutado abrazándolo en ese momento, pero esto solo complicaría todo. – Y pienso que va a nevar.

–Nieve, ¿aquí? – Eric estuvo tan deleitado como un niño. – ¡Me encanta la nieve!

¿Por qué no estuve sorprendida?

–Tal vez nos quedaremos encerrados juntos debido a la nieve, – dijo él provocativamente, meneando sus cejas rubias.

Me reí. No pude evitarlo. Y esto era condenadamente mejor que llorar, lo cual había hecho últimamente muy seguido.

–Como si tu dejarás alguna vez al clima detenerte, – dije, y estuve de pie. – Ven, te calentaré algo de sangre.

Incluso unas noches de intimidad me habían suavizado al grado que tuve que controlar mis acciones. Una vez casi acaricié su pelo cuando pasé cerca de él; y una vez me incliné para darle un beso, y tuve que fingir que había dejado caer algo sobre el suelo.

Cuando Pam llamó a mi puerta principal treinta minutos más tarde, estaba lista para irme al trabajo, y Eric estaba impaciente como nadie.

Pam apenas se había sentado frente a él cuando él comenzó a bombardearla con preguntas. Les dije tranquilamente que me marchaba, y ni siquiera creo que ellos notaron cuando salí por la puerta de cocina.

Merlotte´s no estaba demasiado ocupado esa noche, después de que lidiamos con una muchedumbre grande a la hora de la cena. Algunos copos de nieve habían convencido a la mayoría de los habituales que irse a casa sobrios podría ser una idea muy buena. Hubo bastantes clientes para mantenernos a Arlene y a mí moderadamente ocupadas. Sam me interceptó cuando cargaba en mi bandeja siete tarros de cerveza y quiso enterarse de lo que había ocurrido la noche anterior.

–Te contaré más tarde, – prometí, pensando que tendría que editar mi narrativa cuidadosamente.

–¿Algún rastro de Jason? – él preguntó.

–No, – dije, y me sentí más triste que alguna vez. La encargada en la oficina de policía había sonado casi irritada cuando había vuelto a llamar para preguntar si existía alguna noticia.

Kevin y Kenya vinieron aquella noche después de que había terminado su turno en la policía. Cuando llevé sus bebidas a la mesa (un bourbon con Coca-Cola y una ginebra con tónica), Kenya dijo;

–Hemos seguido buscando a tu hermano, Sookie. Lo siento.

–Sé que todos han estado intentándolo, – dije. – ¡Aprecio de corazón que todos ustedes organizaran un pelotón de búsqueda! Solamente quisiera… -Y luego no pude pensar en nada más que decir. Gracias a mi discapacidad, yo sabía algo sobre cada uno de ellos que el otro no sabía. Ellos se amaban el uno al otro. Pero Kevin sabía que su madre pegaría su cabeza en el horno antes de verlo casado con una negra, y Kenya sabía que sus hermanos preferirían estampar a Kevin contra una pared a verlo recorrer el pasillo junto con ella.

Y yo supe esto, a pesar de que ninguno de ellos lo sabía; y odié tener este conocimiento personal, este conocimiento íntimo, que no me ayudaba el conocerlo.

Peor que saber, incluso, era la tentación de interferir. Me dije a mi misma severamente que ya tenía bastantes problemas propios sin necesidad de causarle problemas a otra gente. Por suerte, estuve bastante ocupada el resto de la noche para borrar la tentación de mi mente. Aunque yo no pudiera revelar aquellas clases de secretos, me recordé que estaba en deuda con los dos oficiales. Si oyera algo que pudiera ayudarlos, les avisaría.

Cuando el bar se cerró, ayudé a Sam a subir las sillas sobre las mesas así Terry Bellefleur podría entrar, fregar y limpiar los baños temprano en la mañana. Arlene y Tack se habían marchado, cantando “Let It Snow” mientras ellos salían por la puerta de atrás. Efectivamente, los copos de nieve comenzaban a caer mas pesadamente, aunque no creía que duraran hasta la mañana. Pensé en las criaturas fuera en los bosques, esta noche, tratando de mantenerse calientes y secas. Yo sabía que en algún punto en el bosque, Debbie Pelt yacía en un frío agujero, para siempre.

Me pregunté desde cuando yo pensaba en ella así, y deseé intensamente que también pudiera recordar claramente la clase de persona horrible que ella había sido, rencorosa y cruel.

De hecho, me había puesto a mirar fijamente hacia fuera de la ventana durante un par de minutos cuando Sam pasó detrás de mí.

–¿Qué estás pensando? – preguntó. Él me tomó por codo, y podía sentir la fuerza en sus dedos.

Suspiré, no por primera vez.

–Solamente preguntándome sobre Jason, – dije. Era bastante cercano a la verdad.

Él me acarició a manera de consuelo.

–Cuéntame acerca de anoche, – dijo, y durante un segundo pensé que él me preguntaba sobre Debbie. Pero casi inmediatamente supe que él se refirió a la batalla con las brujas, y fui capaz de darle un recuento.

–Así que Pam vino esta noche a tu casa. – Sam sonó contento sobre esto. – Ella debe haber quebrantado a Hallow, y la obligó a deshacer el embrujo. ¿Eric es el mismo otra vez?

–Por lo que pude ver.

–¿Qué tuvo él que decir sobre la experiencia?

–Él no recordó nada sobre ello, – dije despacio. – No pareció tener una pista.

Sam apartó la mirada cuándo él dijo;

–¿Como estás tú, con esto?

–Creo que es lo mejor, – le dije.

Definitivamente. Pero me iría a casa… a una casa vacía otra vez. Este conocimiento pasó rozando sobre los bordes de mi conciencia, pero no lo examinaría detenidamente.

–Qué mal que no trabajarás hoy en el turno de la tarde, – dijo él, de alguna manera siguiendo un hilo de pensamiento similar. – Calvin Norris estuvo aquí.

–¿Y?

–Creo que él vino con la esperanza de verte a ti.

Contemplé a Sam escépticamente.

–Seguro.

–Pienso que él va en serio, Sookie.

–Sam, – dije, sintiéndome incomprensiblemente herida, – estoy sola, y a veces esto no es divertido, pero no tengo que trabar amistad con un hombre-lobo solamente porque él la ofrece.

Sam pareció estar suavemente perplejo.

–No tendrías. La gente en Hotshot no son Lobatos.

–Él comento que cambiaban.

–No, no en Lobatos. Ellos son demasiado orgullosos para llamarse solo adaptos, pero eso es lo que son. Ellas son adapto-panteras.

–¿Qué? – Juro que vi puntitos flotar en el aire alrededor de mis ojos.

–¿Sookie? ¿Qué ocurre?

–¿Panteras? ¿No sabías que la impresión sobre el muelle de Jason era la huella de una pantera?

–¡No, nadie me dijo nada sobre una huella! ¿Estás segura?

Le dirigí una mirada exasperada.

–Desde luego, que lo estoy, seguro. Y él desapareció la noche que Crystal Norris lo esperaba en su casa. Eres el único cantinero en el mundo que no conoce todos los chismes de la ciudad.

–¿Crystal-ella es la muchacha de Hotshot que andaba con él la Nochevieja? ¿La muchacha flaca de pelo negro en la búsqueda?

Asentí.

–¿La que Felton ama tanto?

–¿Quién?

–Felton, ya sabes, él que vino a la búsqueda. Ella ha sido el gran amor de su vida.

–¿Y tú cómo sabes esto? – Como yo era la adivinador del pensamiento, y no lo sabía, estuve claramente picada.

–Él me lo dijo una noche cuando tomó demasiado. Estos tipos de Hotshot, no vienen seguido, pero cuando lo hacen, beben en serio.

–¿Entonces, por qué participaría él en la búsqueda?

–Creo que tal vez deberíamos ir hacer unas cuantas preguntas.

–¿Tan tarde?

–¿Tienes algo mejor que hacer?

Él tenía un punto, y seguro quería saber si ellos tendrían a mi hermano o podrían decirme lo que le había pasado. Pero, de cierta manera, me asustaba lo que podría averiguar.

–Esa chaqueta es muy ligera para este tiempo, Sookie, – dijo Sam, mientras nos poníamos las chamarras.

–Mi abrigo está en la lavandería, – dije. Realmente, no había tenido la oportunidad para ponerlo en el secador, o hasta comprobar y asegurarme que toda la sangre había salido. Y tenía agujeros.

–Hmmm -fue todo lo que Sam dijo, antes de que me prestara un suéter de jersey verde para meterme bajo mi chaqueta. Entramos en la camioneta de Sam porque la nieve arreció realmente, y como todos los hombres, Sam era un convencido que él podría conducir en la nieve, aunque él casi nunca lo hiciera.

El camino hacia Hotshot pareció aún más largo por la noche oscura, con la nieve que se arremolinaba bajo los faros.

–Te agradezco por traerme aquí fuera, pero comienzo a pensar que estamos chiflados, – dije, cuando íbamos a mitad de camino.

–¿Tienes puesto el cinturón de seguridad? – Sam preguntó.

–Seguro.

–Bien, – él dijo, y seguimos nuestro camino.

Finalmente llegamos a la pequeña comunidad. No había ninguna farola aquí fuera, desde luego, pero un par de residentes habían pagado para hacer poner luces de seguridad sobre los postes eléctricos. Las ventanas brillaban en algunas casas.

–¿Dónde crees que deberíamos ir?

–Calvin. Él es quién tiene el mando, – dijo Sam, sonando seguro.

Recordé cuan orgulloso Calvin había estado de su casa, y tuve algo de curiosidad por ver el interior. Sus luces estaban prendidas, y su camioneta aparcada delante de la casa. Bajar de la caldeada camioneta en la noche nevosa se pareció al andar por una fría cortina mojada para alcanzar la puerta principal. Llamé, y después de una pausa larga, la puerta se abrió. Calvin pareció complacido hasta que él vio a Sam detrás de mí.

–Pasen, – dijo él, no muy hospitalario, y se hizo a un lado. Limpiamos nuestros pies cortésmente antes de entrar.

La casa era sencilla y limpia, mobiliario barato pero cuidado y decorada con cuadros. Ninguno de los cuadros tenían gente en ellos, lo que pensé era interesante. Paisajes. Fauna Salvaje.

–Esta es una mala noche para andar conduciendo fuera, – observó Calvin.

Sabía que tendría que manejar esto de manera muy cuidadosa, aun cuando lo único que deseara fuera agarrar el frente de su camisa de franela y gritarle en su cara. Este hombre era líder. El tamaño del reino no importó realmente.

–Calvin, – dije, tan tranquilamente como podría, – ¿sabías que la policía encontró una huella de pantera sobre el muelle, junto a la impresión de la bota de Jason?

–No, – él dijo, después de un momento largo. Podía ver la cólera que crecía en sus ojos. – No oímos mucho chisme de ciudad por aquí. Me pregunté por qué el pelotón de búsqueda tenía a hombres con armas, pero solemos poner a la gente nerviosa, y nadie habló mucho con nosotros. Huella de pantera. ¡Eh!.

–Yo no sabía que era tu, um, otra identidad, hasta esta noche.

Él me observó atentamente.

–Tú piensas que uno de nosotros tiene a tu hermano.

Estuve de pie silenciosa, sin desviar la mirada de sus ojos. Sam estaba igualmente quieto al lado de mí.

–¿Piensas que Crystal se enfureció con tu hermano y lo dañó?

–No, – dije. Sus ojos de oro se hicieron más amplios y redondos cuando le hablé.

–¿Tienes miedo de mí? – él preguntó de repente.

–No, – dije. – No lo tengo.

–Felton, – él dijo.

Asentí con la cabeza.

–Vamos a ver, – dijo él.

De regreso a la nieve y oscuridad. Sentía el picor que provocaban los copos de nieve sobre mis mejillas, y me alegré que mi chaqueta tuviera una capucha. La mano enguantada de Sam tomó la mía cuando tropecé con algún instrumento desechado o el juguete en la yarda de la casa al lado de Felton. Cuando arribamos hasta el suelo de concreto que formaba el porche delantero de Felton, Calvin ya llamaba en la puerta.

–¿Quién es? – Felton demandó.

–Abre, – dijo Calvin.

Reconociendo su voz, Felton abrió la puerta de inmediato. Él no tenía el mismo bicho de la limpieza que Calvin, y su mobiliario no estaba cuidado, más como si empujarlo contra cualquier pared fuera lo más práctico. De la manera que él se movía no era humano, y esta noche eso pareció aún más pronunciado que durante la búsqueda. Felton, pensé, estaba más cercano a su naturaleza de animal. La endogamia había dejado definitivamente su huella sobre él.

–¿Dónde está el hombre? – Calvin preguntó sin preámbulos.

Los ojos de Felton se abrieron asombrados, y se movió nerviosamente, como si pensara en correr. Él no habló.

–¿Dónde está? – Calvin exigió otra vez, y luego su mano cambio en una zarpa y él golpeó a Felton a través de la cara. – ¿Vive él?

Estampé mis manos a través de mi boca, así no podría gritar. Felton cayó sobre sus rodillas, su cara cruzada con tajos paralelos que comenzaban a escurrir sangre.

–En el cobertizo trasero, – dijo él vagamente.

Me lancé hacía la puerta principal tan rápidamente que Sam apenas me alcanzó. Llegando a la esquina de la casa volé, y caí cuan larga era sobre un pila de leña. Aunque supiera que esto dolería más tarde, salté y me encontré sostenida por Calvin Norris, que, como él hizo en los bosques, me levantó sobre la pila antes de que yo supiera lo que él intentaba. Él mismo saltó con gracia felina, y luego llegamos a la puerta del cobertizo, que era uno de aquellos que se ordenan en Sears o Penney. Tus vecinos vienen a ayudarte a ensamblarlo, cuando el camión del concreto viene para verter el piso.

La puerta se encontraba cerrada con candado, pero estos cobertizos no están hechos para repeler a intrusos determinados, y Calvin era muy fuerte. Él rompió la cerradura, empujó atrás la puerta, y encendió la luz. Era asombroso que tuviera electricidad, porque esto no es la norma.

Al principio yo no estaba segura que veía a mi hermano, porque esta criatura no lucía para nada como Jason. Él era rubio, seguro, pero estaba tan asqueroso y maloliente que me estremecí, a pesar del aire congelado. Y estaba azul por el frío, ya que sólo tenía puestos sus pantalones. Él descansaba sobre una manta, echado en el suelo macizo.

Estuve sobre mis rodillas al lado de él, abrigándolo lo mejor que pude con mis brazos, y sus párpados se abrieron con dificultad.

–¿Sookie? – él dijo, y escuche la incredulidad de su voz. – ¿Sookie? ¿Estoy a salvo?

–Sí, – dije, aunque de ninguna manera estuviera tan segura. Recordé lo que le había pasado al sheriff que había venido aquí y había descubierto que algo andaba mal. – Vamos a llevarte a casa.

Él había sido mordido.

Él había sido mordido muchísimo.

–Oh, no, – dije suavemente, el importante significado de las mordeduras me perforo.

–No lo maté, – dijo Felton defensivamente, desde fuera.

–Lo mordiste, – dije, y mi voz sonó como otra persona. – Querías que fuera como tú.

–Así Crystal no lo preferiría. Ella sabe que tenemos que reproducirnos fuera, pero realmente la quiero, – dijo Felton.

–Así que lo atrapaste, y lo escondiste mientras lo mordías.

Jason se encontraba muy débil como para ponerse de pie.

–Por favor llévenlo a la camioneta, – dije rígidamente, incapaz de encontrar los ojos de nadie alrededor de mí. Sentía la furia que surgía dentro de mí como una onda negra, y supe que debería contenerla hasta que estuviéramos fuera de aquí. Tenía bastante control para hacer esto. Sabía que lo haría.

Jason lanzó un grito cuando Calvin y Sam lo levantaron. Ellos tomaron la manta, también, y la meti alrededor de él. Tropecé después de ellos cuando comenzaron su camino de regreso a la casa de Calvin y la camioneta.

Tenía a mi hermano de regreso. Había una posibilidad que él iba a convertirse en una pantera de vez en cuando, pero lo tenía de vuelta. No sabía si las reglas para todos los adaptos fueran las mismas, pero Alcide me había dicho que quiénes eran Lobatos mordidos, no nacidos-lobatos creados, en lugar de lobatos genéticos-cambiaban en medio-humano, medio-bestia el tipo de criaturas que pueblan las películas de horror. Me obligué a dejar aquella pista, y pensar en la alegría de tener a mi hermano de nuevo, vivo.

Calvin colocó a Jason en la camioneta y lo deslizó, y Sam trepó en el asiento del conductor. Jason quedó entre nosotros dos después de que subí en la camioneta. Pero Calvin tenía algo que decirme primero.

–Felton será castigado, – dijo él. – Ahora mismo.

El castigo del Felton no había estado en lo alto de mi lista de cosas para pensar, pero asentí, porque deseaba largarme de allí cuanto antes.

–Si nos encargamos de Felton, ¿irías a la policía? – preguntó. Él estaba de pie rígidamente, como si tratara de sonar casual sobre la pregunta. Pero éste era un momento peligroso. Ya sabía que le pasaba a la gente que atraía la atención sobre la comunidad Hotshot.

–No, – dije. – Fue sólo Felton. – Aunque, desde luego, Crystal tuvo que haberlo sabido, al menos sobre algún nivel. Ella me había dicho que había olido a un animal esa noche en casa de Jason. ¿Cómo podría haber confundido el olor de pantera, cuando ella era una? Y probablemente sabía desde el principio que la pantera había sido Felton. Su olor le sería familiar a ella. Pero este no era el momento para pensar en esto; Calvin lo sabría así como yo, cuando él tuviera un momento para considerarlo. – Y mi hermano puede ser uno de ustedes ahora. Él te necesitará, – añadí, con las voz más tranquila que pude usar. No fue mucho, supongo.

–Vendré a ver a Jason, en la siguiente luna llena.

Asentí con la cabeza otra vez.

–Gracias, – le dije, porque sabía que no habríamos encontrado a Jason si él no nos hubiera respaldado. – Tengo que llevar a mi hermano a casa ahora. – Sabía que Calvin quiso que yo lo tocara, quería que conectara con él de alguna manera, pero sencillamente no pude hacerlo.

–Seguro -él dijo, pasado un momento largo. El adaptoforma retrocedió mientras yo trepaba en la cabina. Pareció saber que no querría ninguna ayuda de él ahora mismo.

Había pensado que los insólitos modelos cerebrales que yo había captado de la gente de Hotshot eran porque ellos practicaron la endogamia. No se me había ocurrido suponer que ellos fueran otra cosa que lobos. Había asumido. Sé lo que siempre decía mi entrenador escolar de voleibol sobre “asumir”. Desde luego, él nos había dicho también que teníamos que dejar todo fuera de la cancha y que después seguiría allí cuando regresáramos, lo que todavía tenía que entender.

Pero él había tenido razón acerca de las asunciones.

Sam había puesto la calefacción de la camioneta, pero no a toda potencia. Demasiado calor muy pronto sería malo para Jason, estaba segura. Segundos después de que Jason comenzó a calentarse, su olor fue evidente, y casi me disculpé con Sam, pero salvarle una humillación a Jason era más importante.

–Aparte de las mordeduras, y tener tanto frío, ¿estás bien? – Pregunté, cuando pensé que Jason había dejado de temblar y podría hablar.

–Sí, – él dijo. – Sí. Cada noche, cada maldita noche, él venía al cobertizo, y se trasformaba delante de mí, y yo pensaba; “Esta noche él va a matarme y comerme”. Y cada noche, él me mordía. Y luego se cambiaba de vuelta y me dejaba. Podría decir que era muy difícil para él, después de que había olido la sangre… pero él nunca hizo más que morderme.

–Ellos lo matarán esta noche, – dije. – A cambio de que no vayamos con la policía.

–Buen trato, – dijo Jason, y él lo decía en serio.

Capítulo 15

Jason fue capaz de estar de pie solo el suficiente tiempo para darse una ducha, que dijo fue la mejor que él había tomado en su vida. Cuando él estuvo limpio y olió como cada cosa perfumada en mi cuarto de baño, y fue modestamente cubierto por una toalla grande, lo embadurne por todas partes con Neosporin. Consumí un tubo entero para las mordeduras. Ya parecían estarse curando limpiamente, pero no podía detenerme de tratar de pensar en cosas de hacer para él. Él había tenido una taza de chocolate caliente, y había comido algo de avena caliente (que pensé era una opción rara, pero él dijo que todo lo que Felton le había traído para comer había sido carne apenas cocinada), y se había puesto los pantalones para dormir que yo había comprado para Eric (demasiado grandes, pero la cintura de cordón ayudada), y se había puesto una vieja camiseta holgada que yo había conseguido cuando hice el maratón Walk for Life (Camina para Vivir) dos años antes. Él se mantuvo tocando el material como si estuviera encantado de estar vestido.

Él pareció querer estar caliente y dormir, más que nada. Lo puse en mi viejo cuarto. Con un vistazo triste en el armario, que Eric había dejado todo patas para arriba, le desee a mi hermano buenas noches. Él me pidió encender la luz del pasillo y dejar entreabierta la puerta un poco. Le costó a Jason pedir esto, así que no dije una palabra. Solamente hice cuanto él había solicitado.

Sam se sentaba en la cocina, bebiendo una taza de té caliente. Él alzó la vista para mirarme por encima del vapor y me sonrió.

–¿Cómo se encuentra él?

Me deje caer en mi silla habitual.

–Él esta mejor de lo que pensé que estaría, – dije. – Considerando que permaneció todo el tiempo en un cobertizo sin calefacción y siendo mordido cada día.

–¿Me pregunto hasta cuándo Felton lo habría guardado?

–Hasta la luna llena, adivino. Entonces Felton habría averiguado si había tenido éxito o no. – Me sentí un poco enferma.

–Revise tu calendario. Él tiene un par de semanas.

–Bien. Jason necesita tiempo para recuperar su fuerza antes de que él tenga algo más para afrontar. – Descansé mi cabeza en mis manos durante un minuto. – Tengo que llamar a la policía.

–¿Para avisarles que paren la búsqueda?

–Ahá.

–¿Has decidido qué decir? ¿Mencionó Jason alguna idea?

–¿Quizás que los parientes masculinos de alguna muchacha lo secuestraron? – Realmente, esto tenía ciertos tintes de verdad.

–Los polis querría saber donde fue mantenido cautivo. Si él se escapó solo, ellos querrían saber como, y estarían seguros que él tendría más información para ellos.

Me pregunté si me había quedado suficiente poder cerebral para pensar. Miré fijamente sin expresión la mesa: el familiar servilletero que mi abuela había comprado en una feria de manualidades, junto con la azucarera, y el salero y pimentero en formas de gallo y gallina. Noté que algo había sido metido bajo el salero.

Era un cheque por 50,000 dólares, firmado por Eric Northman. Eric no sólo me había pagado, él me había dado la propina más grande de mi carrera.

–Ah, – dije, muy suavemente.-Ay, hombre. – Lo vi durante un minuto más, asegurándome que yo leía correctamente. Se lo pasé a través de la mesa a Sam.

–Guau. ¿Pago por cuidar a Eric? – Sam alzó la vista, y asentí. – ¿Qué harás con esto?

–Depositarlo en mi cuenta bancaria, a primera hora de la mañana.

Él sonrió.

–Supongo que pensaba en términos más largo que eso.

–Solamente relajarme. Me relajará el poder contar con esto. Saber eso… -Para mi vergüenza, aquí llegaron las lágrimas. Otra vez. Maldición. – Así no tendré que preocuparme todo el tiempo.

–Las cosas han sido apretadas recientemente, lo noté. – Asentí, y la boca de Sam se comprimió. – Tú… -él comenzó, y luego no terminó su oración.

–Te lo agradezco, pero no puedo hacerle eso a la gente, – dije firmemente. – Abue siempre decía que era el modo mas seguro de terminar una amistad.

–Podrías vender esta tierra, comprar una casa en la ciudad, tener vecinos, – sugirió Sam, como si él hubiera estado muriéndose por decirme esto durante meses.

–¿Mudarme de esta casa? – Algún miembro de mi familia había vivido en esta casa continuamente durante más de cientos cincuenta años. Por supuesto, esto no la convertía en sagrada o nada por el estilo, y la casa había sido ampliada y modernizada muchas veces. Pensé vivir en una pequeña casa moderna con suelos de un mismo nivel y cuartos de baño actualizados y una cocina muy mona y práctica con muchos enchufes. Ningún calentador exterior para el agua. Buen aislamiento en el desván. ¡Un cobertizo para autos!

Deslumbrada ante la visión, tragué.

–Lo pensaré, – dije, sintiéndome enormemente tentada a tomar en consideración la idea. – Pero no puedo pensar demasiado ahora mismo. El paso de mañana será bastante difícil.

Pensé en las horas que los hombres de policía pusieron en la búsqueda de Jason. De repente estuve tan cansada, ni siquiera podía hacer una tentativa de armar una historia para la ley.

–Tienes que acostarte, – dijo Sam astutamente.

Solamente pude asentir.

–Gracias, Sam. Te lo agradezco tanto. – Estuvimos de pie y le di un abrazo. Esto se convirtió en un abrazo más largo de lo que yo había planeado, porque abrazarlo a él era de improviso relajante y cómodo. – Buenas noches, – dije. – Por favor, conduce con cuidado cuando vuelvas a casa. – Pensé brevemente ofrecerle una de las camas de arriba, pero mantenía aquel piso cerrado y estaría terriblemente frío; y yo tendría que subir y hacer la cama. Él estaría más cómodo manejando el corto trayecto, incluso en la nieve.

–Lo haré, – él dijo, y me soltó. – Llámame por la mañana.

–Gracias otra vez.

–Basta con las palabras de gratitud, – él dijo. Eric había puesto un par de uñas en la puerta principal para conservarla cerrada, hasta que pudiera conseguir poner una chapa. Cerré la puerta detrás de Sam, y apenas logré cepillar mis dientes y colocarme un camisón de noche antes de trepar lentamente en mi cama.

La primera cosa que hice a la mañana siguiente fue checar a mi hermano. Jason estaba todavía profundamente dormido, y a la luz del día, podía ver claramente los efectos de su encarcelamiento. Su cara tenía una barba incipiente. Incluso en su sueño, él pareció más viejo. Había contusiones aquí y allí, solamente sobre su cara y brazos. Sus ojos se abrieron cuando me senté en la esquina de la cama, viéndolo. Sin siquiera moverse, él giro sus ojos alrededor, registrando el cuarto. Se detuvieron cuando llegaron a mi cara.

–No lo soñé, – dijo él. Su voz era ronca. – Tú y Sam vinieron y me sacaron. Ellos me dejaron ir. La pantera me dejó ir.

–Sí.

–¿Qué pasó mientras estuve fuera? – él preguntó después. – Espera, ¿puedo ir al cuarto de baño y beber una taza de café antes de que me lo digas?

Me gustó su petición en vez de decir (un rasgo de Jason, podría decir), y me alegré de decirle sí y hasta ofrecerme para traerle el café. Jason pareció contento trepando lentamente de nuevo en la cama con el tarro del café con azúcar, y apoyarse sobre las almohadas mientras hablamos.

Le dije sobre la llamada telefónica de Siluro, el ir y venir con la policía, la búsqueda de la yarda y cuando recogí su escopeta Benelli, que él inmediatamente exigió ver.

–¡La disparaste! – él dijo indignadamente, después de checarla.

Solamente lo contemplé.

Él se estremeció primero.

–Supongo que funcionó como una escopeta “debe servir”, – dijo él despacio. – Ya que estas sentada aquí luciendo un aspecto más o menos bien.

–Gracias, y no vuelvas a preguntarme, – dije.

Él asintió.

–Ahora tenemos que pensar en una historia para la policía.

–Supongo que no podemos decirles la verdad.

–Seguro, Jason, ve a decirles que el pueblo de Hotshot esta lleno de adapto-panteras, y que ya que tú dormiste con una, su novio quiso hacerte un adapto-pantera, también, así ella no te preferiría sobre él. Por eso él cambiaba en una pantera y tomaba un trozo tuyo cada día.

Hubo una pausa larga.

–Ya puedo ver la cara de Andy Bellefleur, – dijo Jason en una especie de voz sometida. – Él todavía no termina de creer que soy inocente de asesinar a aquellas muchachas del año pasado. Le fascinaría conseguir comprometerme para no quedar desilusionado. Siluro tendría que despedirme, y no creo que me gustaría ir a parar al hospital psiquiátrico.

–Bueno, tus oportunidades de tener citas seguramente serían limitadas.

–Crystal-¡Dios que muchacha! Tú me advertiste sobre ella. Pero estaba tan enganchado por ella. Y resultó ser… eh, ya sabes.

–¡Ah, por el amor de Dios Jason! ella es una adaptoformas. No continúes como si ella fuera la criatura de la Laguna Negra, o Freddy Krueger, o algo así.

–Sook, tu conoces mucha cosas que no sabemos, ¿verdad? Empiezo a percibirlo.

–Sí, supongo que sí.

–Además de los vampiros.

–Cierto.

–Hay muchas otras cosas más.

–Traté de decírtelo.

–Creí lo que me dijiste, pero no lo entendí del todo. Algunas personas que conozco-digo, fuera de Crystal-ellos no son siempre gente, ¿¡eh!?

–Así es.

–¿Como cuántos?

Sumé los dos doble-natura que yo había visto en el bar: Sam, Alcide, aquélla pequeña adapto-zorra que había estado bebiendo unos tragos con Jason y Hoyt hace un par de semanas…

–Al menos tres, – dije.

–¿Cómo sabes eso?

Solamente lo contemplé.

–Correcto, – él dijo, después de un momento largo. – No quiero saberlo.

–Y ahora, tú, – dije gentilmente.

–¿Estás segura?

–No, y no estaremos seguros durante un par de semanas, – dije. – Pero Calvin te ayudara si lo necesitas.

–¡No aceptaré la ayuda de ellos! – Los ojos de Jason ardían, y él pareció positivamente febril.

–No tienes otra opción, – dije, tratando de no resquebrajarme. – Y Calvin no sabía que estabas allí. Él es un buen tipo. Pero este ni siquiera es el tiempo para hablar de ello aún. Ahora mismo, tenemos que imaginar que decirle a la policía.

Durante al menos una hora estuvimos estudiando repetidas veces nuestras historias, tratando de encontrar hilos de verdad que nos ayudaran a hilvanar un buen pedazo de cuento.

Finalmente, llamé a la comisaría. La encargada del turno de día estaba cansada de oír mi voz, pero ella trataba todavía de ser agradable.

–Sookie, como te dije ayer, cielo, te llamaremos cuando averiguamos algo sobre Jason, – dijo ella, tratando de suprimir la nota de exasperación bajo su tono comprensivo.

–Lo tengo, – dije.

–Tú-¿QUÉ? – El chillido me llegó ruidoso y claro. Incluso Jason se estremeció.

–Lo tengo.

–Enviaré alguien inmediatamente.

–Vale, – dije, aunque en realidad no quisiera.

Tuve la previsión de conseguir quitar las uñas de la puerta principal antes de que la policía llegará. No los quise preguntando lo que le había pasado. Jason me vió de una manera extraña cuando saqué el martillo, pero él no dijo una palabra.

–¿Dónde está tu auto? – Andy Bellefleur preguntó de buenas a primeras.

–Está en Merlotte´s.

–¿Por qué?

–¿Puedo decírtelo al mismo tiempo, cuando tú y Alcee estén juntos? – Alcee Beck subía los escalones de la entrada. Él y Andy llegaron juntos a la casa, y a la vista de Jason que descansaba arropado sobre mi sillón, ambos se quedaron paralizados. Entonces percibí que ellos no habían esperado volver a ver con vida a Jason otra vez.

–Me alegra verte sano y salvo, hombre, – Andy dijo, y estrechó la mano de Jason. Alcee Beck fue el siguiente. Luego se sentaron, Andy en el sillón reclinable de Abue y Alcee en el silla con brazos que por lo general yo usaba, me posé en el canapé al lado de los pies de Jason. – Nos alegramos que sigas en la tierra con vida, Jason, pero tenemos que saber donde estuviste y lo que te pasó.

–No tengo ni idea, – dijo Jason.

Y él se atuvo a ello durante horas.

No hubo ninguna historia creíble que Jason pudiera contar y que podría explicar todo: su ausencia, su deplorable estado físico, las señales de mordedura, su reaparición repentina. La única línea posible que podría seguir fue decir la última cosa que él recordó, había oído un ruido gracioso fuera mientras él entretenía a Crystal, y cuando él había salido a investigar, había sido golpeado sobre la cabeza. No recordaba nada hasta que de alguna manera él se había sentido arrojado de un vehículo en mi yarda la noche anterior. Yo lo había encontrado allí cuando Sam me trajo a casa del trabajo. Yo había venido a casa con Sam porque me asustó conducir en la nieve.

Desde luego, habíamos aclarado todo esto con Sam antes, y él aceptó, de mala gana, que esto era lo mejor para decir. Yo sabía que a Sam no le gustaba mentir, y a mí tampoco, pero teníamos que mantener esta particular lata de gusanos bien cerrada.

La belleza de esta historia era su simplicidad. Siempre y cuando Jason resistiera la tentación de adornarla, él estaría a salvo. Sabía que sería difícil para Jason; le gustaba hablar, y le gustaba farolear. Pero, al menos mientras yo permanecí sentada allí, recordándole las consecuencias, mi hermano logró contenerse. Tuve que levantarme para traerle otra taza de café-los oficiales de policía no quisieron nada-y cuando volvía a la sala de estar, Jason decía que pensó que él recordaba un oscuro cuarto frío. Le dirigí una mirada muy clara, y él dijo;

–Pero como saben, mi cabeza esta tan confundida, puede ser que sólo es algo que soñé.

Andy miró de Jason a mí, claramente poniéndose más y más enojado.

–Es que no puedo entenderlos a los dos, – dijo él. Su voz era casi un gruñido. – Sookie, sé que te preocupaste por él. No me confundí con eso, ¿verdad?

–No, estoy tan contenta tenerlo de regreso. – Acaricié el pie de mi hermano bajo la manta.

–Y tú… tú no querías estar dondequiera que estuviste, ¿cierto? Tú faltaste al trabajo, le costaste a la Región miles de dólares de nuestro presupuesto para buscarte, y trastocaste las vidas de cientos de personas. ¡Y aquí estas, sentado, mintiéndonos! – La voz de Andy era casi un grito cuando él terminó. – ¡Ahora, la misma noche que tu apareces, este vampiro ausente, cuya cara estuvo en todos esos carteles, llamó a la policía en Shreveport para decir que él se repone de su amnesia, también! ¡Y hubo un extraño incendio en Shreveport con todas clases de cuerpos recuperados! ¡Y tú tratas de decirme que no hay ninguna conexión!

Jason y yo nos miramos boquiabiertos el uno al otro. Realmente, no había ninguna conexión entre Jason y Eric. Sólo que no se me había ocurrido lo extraño que parecería.

–¿Qué vampiro? – Jason preguntó. Él fue tan bueno, que yo misma casi le creí.

–Marchémonos, Alcee, – dijo Andy. Cerró de un golpe su cuaderno de notas. Él metió con tal fuerza de regreso la pluma en su bolsillo de la camisa que estuve sorprendida que le hubiera quedado bolsillo. – Este bastardo no nos dirá la verdad.

–¿No crees que yo te lo diría si pudiera? – Jason dijo. – ¿No crees que me gustaría ponerle las manos encima a quienquiera que me hizo esto? – Él sonó absolutamente, cien por ciento sincero, porque él lo era. Los dos detectives fueron sacudidos en su incredulidad, sobre todo Alcee Beck. Pero aún así se marcharon molestos con nosotros dos. Lo lamentaba, pero no había nada que yo pudiera hacer.

Más tarde ese día, Arlene pasó a recogerme, así podría traer mi auto de Merlotte´s. Estuvo feliz de ver a Jason, y le dió un gran abrazo.

–Tenías a tu hermana muerta de la preocupación, bribón, – dijo ella, con ferocidad fingida. – No vuelvas a asustar a Sookie así otra vez.

–Haré todo lo posible, – dijo Jason, con una buena aproximación de su vieja sonrisa pícara. – Ella ha sido una buena hermana para mí.

–He aquí una verdad de Dios, – dije, un poco ácidamente. – Cuando traiga de vuelta mi auto, creo que podría llevarte a casa, gran hermano.

Jason pareció asustado durante un minuto. Estar solo nunca había sido su cosa favorita, y después de horas de estar abandonado en el cobertizo, podría ser aún más difícil.

–Apuesto que las muchachas por todas partes de Bon Temps preparan comida para traer a tu casa ahora que saben que estás de vuelta, – Arlene dijo, y Jason se calmó de manera perceptible. – Sobre todo ya que le he estado diciendo a todo mundo lo indefenso e inválido que estás.

–Te lo agradezco, Arlene, – dijo Jason, mirándose mucho más como él.

Repetí esto durante el camino a la ciudad.

–Realmente aprecio que lo animarás. No sé por todo lo que él pasó, pero tendrá momentos muy duros para poder superarlo, supongo.

–Corazón, no tienes que preocuparte de Jason. Él es un verdadero sobreviviente. No sé por qué él no intentó dedicarse al espectáculo.

Nos reímos todo el camino hacía la ciudad con la idea de organizar un episodio de Sobreviviendo en Bon Temps.

–Con lo de los jabalíes en los bosques, y aquella huella de pantera, ellos podrían tener un buen material emocionante para rodar el episodio Sobreviviente: Bon Temps, – dijo Arlene. – Tack y yo nos recostaríamos y nos reiríamos como locos.

Esto me dió pie para embromarla sobre Tack, de lo cual ella disfrutó, y al mismo tiempo ella me animó igual que Jason. Arlene era buena en esto. Tuve una breve conversación con Sam en la despensa de Merlotte´s, y él me dijo que Andy y Alcee habían estado allí para ver si su historia concordaba con la mía.

Él me calló antes de que yo pudiera agradecerle otra vez.

Llevé a Jason a casa, aunque él insinuara ampliamente que le gustaría quedarse conmigo una noche más. Tomé la Benelli con nosotros, y le dije que debía limpiarla esa noche. Él prometió que lo haría, y cuando él me vió, podría decir que quiso preguntarme otra vez por qué había tenido que usarla. Pero no lo hizo. Jason había aprendido algunas cosas para sí mismo en los pocos días pasados.

Yo trabajaba en el turno de la noche otra vez, así que me quedaba un poco de tiempo entre manos cuando llegue a casa antes de tener que ir a trabajar. La perspectiva me agradó. No vi a ningún hombre corriendo sobre mi camino de regreso a casa, y nadie telefoneó o pasó por una crisis durante dos horas. Fui capaz de cambiar las sábanas en ambas camas, lavarlas, trapear la cocina y arreglar el armario que oculta el hoyito secreto, antes de que tocaran en la puerta principal.

Ya sabía quién era. Estaba completamente oscuro fuera, y en efecto, Eric estaba de pie sobre mi porche delantero.

Él me vio con una cara muy poco feliz.

–Me encontré en problemas, – dijo él sin preámbulo.

–Entonces tengo que dejar caer todo, así puedo echarte una mano, – dije, yendo al instante sobre la ofensiva.

Él arqueó una ceja.

–Seré cortés y preguntaré si puedo entrar. – No había rescindido su invitación, pero él no quiso invadir mi casa. Demostró tacto.

–Sí, puedes pasar. – Retrocedí.

–Hallow está muerta, habiendo sido forzada a eliminar la maldición sobre mí, obviamente.

–Pam hizo un buen trabajo.

Él asintió con la cabeza.

–Era Hallow o yo, – dijo él. – Me prefiero.

–¿Por qué escogió Shreveport?

–Sus padres fueron encarcelados en Shreveport. Eran brujos, también, pero ellos también manejaban estafas de alguna clase, usando su arte para convencer a sus víctimas de su sinceridad. En Shreveport, su suerte se agotó. La comunidad sobrenatural rechazó hacer cualquier esfuerzo para sacar a los Stonebrooks de la cárcel. La mujer murió por un conflicto con una sacerdotisa de vudú mientras estuvo encarcelada, y el hombre se enredó en una reyerta del cuarto de baño y recibió una puñalada.

–Una buena razón para tenerla en contra de los supernaturales de Shreveport.

–Ellos dicen que estuve aquí durante varias noches. – Eric había decidido cambiar el sujeto de charla.

–Sí, – dije. Traté de parecer agradablemente interesada en lo que él tenía que decir.

–Y en aquel tiempo, nosotros nunca…?

Ni siquiera pretendí malinterpretarlo.

–Eric, ¿parece probable? – Pregunté.

Él no se había sentado, y se me acercó, como si verme con fuerza le revelaría la verdad. Habría sido fácil dar un paso, estar aún más cerca.

–Es que no lo sé, – dijo él. – Y me saca un poco de quicio.

Sonreí.

–¿Disfrutas estando de vuelta en el trabajo?

–Sí. Pero Pam controló todo muy bien durante mi ausencia. Estoy enviando muchas flores al hospital. Para Belinda, y una lobato llamada Maria-Cometa no se qué.

–Maria-Estrella Cooper. Tú no me enviaste ninguna, – indiqué de manera cortante.

–No, pero te dejé algo más significativo bajo el salero, – dijo él, casi igual. – Tendrás que pagar impuestos sobre ello. Si te conozco, le darás a tu hermano un poco de ello. Oí que lo recuperaste.

–Lo hice, – dije brevemente. Sabía que me sentía tentada cada vez mas de decirle algo, y sabía que él debería marcharse pronto. Le había dado a Jason el buen consejo de mantenerse callado y tranquilo, pero me era difícil seguirlo yo misma. – ¿Y tu punto es?

–Eso no durará mucho tiempo.

No creo que Eric se percatara cuánto dinero eran cincuenta mil dólares, para mis estándares.

–¿Cuál es tu punto? Puedo decir que tienes uno, pero no tengo idea cual podría ser.

–¿Existe una razón del porqué encontré tejido cerebral sobre la manga de mi abrigo?

Sentí escapar la sangre de mi cara, del mismo modo que sucede cuando estás al borde del desmayo. La siguiente cosa que supe, era que estaba sobre el canapé y Eric estaba al lado de mí.

–Pienso que hay algunas cosas que no me has dicho, Sookie, mi querida, – dijo él. Su voz era más gentil, sin embargo.

La tentación era casi abrumadora.

Pero pensé en el poder que Eric tendría sobre mí, incluso hasta más poder del que ya tenía ahora; sabría que yo había dormido con él, y sabría que yo maté a una mujer y él era el único quién lo había atestiguado. Sabría que no sólo él me debía su vida (muy probablemente), ciertamente yo le debía la mía.

–Me gustabas mucho más cuando no recordabas quién eras, – dije, y con aquella verdad por delante en mi mente, sabía que tenía que callarme.

–Palabras duras y ásperas, – dijo, y casi creí que realmente lo había herido.

Por suerte para mí, alguien más vino a mi puerta. El golpe era ruidoso y perentorio, y sentí una sacudida de alarma.

El visitante era Amanda, la insultante mujer pelirroja lobato de Shreveport.

–Estoy en visita oficial hoy, – dijo ella, – así que seré cortés.

Sería un cambio agradable.

Ella saludó con la cabeza a Eric y dijo,

–Contenta de tenerte de vuelta con tu mente completa, vampiro, – en un tono completamente indiferente. Obviamente los lobatos y los vampiros de Shreveport habían vuelto a su relación de siempre.

–Es bueno verte, también, Amanda. – Dije.

–Seguro -ella dijo, pero apenas como si le preocupara. – Señorita Stackhouse, pedimos informes para los adaptos de Jackson.

Oh, no.

–¿En serio? ¿No quieres pasar y sentarte? Eric ya se marchaba.

–No, me gustaría quedarme y oír las preguntas de Amanda, – dijo Eric, sonriendo ampliamente.

Amanda me vió con las cejas levantadas.

No había una maldita cosa que podría hacer sobre esto.

–Ah, por supuesto, quédate, – dije. – Por favor, tomen asiento. Lo lamento, pero no tengo mucho tiempo antes de que deba irme a trabajar.

–Entonces iré directo al grano, – dijo Amanda. – Hace dos noches, la mujer qué Alcide abjuró-la adapto de Jackson, ¿esa con el corte de pelo chistoso?

Asentí, para demostrar que la seguía. Eric pareció agradablemente en blanco. No lo estaría dentro de un minuto.

–Debbie, – la lobato ilustró. – Debbie Pelt.

Los ojos de Eric se ensancharon. Claro, aquel nombre realmente lo conocía. Él comenzó a sonreír.

–¿Alcide la abjuró? – él dijo.

–Tu estuviste allí cuando pasó, – espetó Amanda. – Ah, espera, lo olvidé. Fue mientras estabas bajo una maldición.

Ella disfrutó una barbaridad diciendo esto.

–Como sea, Debbie no volvió a Jackson. Su familia está preocupada por ella, sobre todo ya que ellos oyeron que Alcide abjuró de ella, y están con miedo de que algo pudiera haberle pasado.

–¿Por qué crees tú que ella me habría dicho algo?

Amanda hizo una cara.

–Bueno, realmente pienso que ella preferiría masticar vidrio que hablar contigo otra vez. Pero estamos obligados a comprobar con cada uno de los que estaban allí.

Entonces, esto era solamente rutinario. No estaba siendo seleccionada. Podía sentirme relajar. Desafortunadamente, Eric también. Como tenía su sangre; él podía saber cosas sobre mí. Él se levantó y dió un paseo por la cocina. Me pregunté lo que haría allí.

–No la he visto desde aquella noche, – dije, lo que era cierto, ya que no especifiqué a que hora. – No tengo ni idea de donde este ella ahora. – Lo que era incluso hasta verdadero.

Amanda me dijo;

–Nadie admite haber visto a Debbie después de que ella dejó el área de la batalla. Ella se fue en su propio auto.

Eric regresó a la sala de estar. Eché un vistazo hacia él, preocupada sobre lo que se traía entre manos.

–¿Ha sido visto su auto? – Eric preguntó.

Él no sabía que él había sido quién lo había escondido.

–No, no se le ha visto ni un pelo, – dijo Amanda, que era una imagen extraña de usar para referirse a un auto. – Estoy segura que ella solamente se escapó a algún sitio para superar su rabia y humillación. Ser abjurada; eso es terrible. Ya han pasado años desde que oí decir aquellas palabras.

–¿Su familia no cree que esto sea el caso? ¿Qué ella haya ido a algún sitio, er, a meditar las cosas?

–Ellos tienen miedo de que ella se haya hecho algo a sí misma. – Amanda resopló. Intercambiamos vistazos, mostrando que estábamos perfectamente de acuerdo sobre la escasa probabilidad de Debbie suicidándose. – Ella no haría nada tan conveniente, – dijo Amanda, ya que ella tenía el nervio para decirlo en voz alta y yo no.

–¿Cómo lo lleva Alcide? – Pregunté con inquietud.

–Difícilmente puede participar en la búsqueda, – indicó ella, – ya que él es quién la abjuró. Él actúa como si nada, pero noté que el Coronel le llama para avisarle lo que pasa. Que, hasta ahora, es cero. – Amanda se puso de pie, y la acompañe hasta la puerta principal. – Seguro ha sido una mala temporada para que la gente se extravíe, – dijo ella. – Pero escuche por allí que tú recuperaste a tu hermano, y Eric ha vuelto a ser el mismo, según parece. – Ella le echó un vistazo para asegurarse que él supiera que tan poco le gustaba eso. – Ahora Debbie es quien anda extraviada, pero tal vez aparezca, también. Lamento haberte molestado.

–No tengas cuidado. Buena suerte, – dije, lo que era sin sentido dadas las circunstancias. La puerta se cerró detrás de ella, y deseé desesperadamente el poder caminar hacia fuera y entrar en mi auto y conducir para trabajar.

Me obligué a girar. Eric estaba de pie.

–¿Te vas? – Dije, incapaz de impedirme sonar sobresaltada y aliviada.

–Sí, dijiste que tienes que irte a trabajar, – dijo él suavemente.

–Cierto.

–Te sugiero que lleves puesta aquella chaqueta, esa que es demasiado ligera para este clima, – dijo él. – Ya que tu horroroso abrigo está todavía en mal estado.

Lo metí en la lavadora con agua fría, pero supongo que no lo revisé lo suficientemente bien para estar segura de que todo había salido. Allí era donde él fue, a buscar mi abrigo. Él lo había encontrado colgado sobre el porche trasero, y lo examinó.

–De hecho, – Eric dijo, cuando él se dirigió a la puerta principal, – yo lo tiraría tal cual. Tal vez lo quemaría.

Se marchó, cerrando la puerta detrás de él muy silenciosamente.

Yo sabía, tan seguro como conocía mi nombre, que mañana él me enviaría otro abrigo, en una gran caja de una boutique, con un gran moño sobre ella. Sería de la talla correcta, sería una marca exclusiva, y sería caliente.

Era color rojo arándano, a prueba de agua con material aislante, una capucha desmontable, y botones de carey.

Fin del cuarto libro.

Estimado Lector,

En caso de que usted no me haya conocido antes, mi nombre es Sookie Stackhouse. He estado trabajando en el Bar Merlotte´s durante cuatro años. Durante los primeros tres, las cosas fueron tranquilas. Entonces, una noche, Bill el Vampiro entro caminando en el bar, y mi vida cambió para siempre. Nuestra relación ha seguido un modelo familiar (vampiro encuentra a la muchacha, vampiro consigue a la muchacha, vampiro pierde a la muchacha) pero tengo el presentimiento de que en nuestra asociación aún están por venir más giros y vueltas.

En el primer mes que conocí a Bill, había un asesino múltiple en el área que perseguía a las camareras con novios vampiros-y el principal sospechoso era mi hermano Jason (MUERTO HASTA EL ANOCHECER).

Entonces, a principios de Otoño, los vampiros de Dallas les preguntaron a los vampiros de Shreveport si ellos podían tomarme prestada para investigar un poco la ausencia de un hermano de nido suyo. Al mismo tiempo, el cocinero de medio tiempo en Merlotte´s fue asesinado, y ya que me contaba como su amiga, sentí que debería hacer todo lo posible para solucionar el misterio de su muerte. El jefe de Bill, Eric, tuvo mucho que ver conmigo durante mi viaje a la Gran D, y él desarrolló un interés por mí que no ha decaído (VIVIENDO MUERTO EN DALLAS).

Un poco antes de la Navidad, comencé a pensar que Bill estaba metido en algún tipo de engaño. Él dejó la ciudad, y desapareció en Misisipí. Eric habló conmigo para irlo a buscar a Jackson. Como cubierta, fui escoltada por un Hombre-lobo; Alcide Herveaux. Buscando a Bill, conocí a algunos ciudadanos poco respetables de la comunidad sobrenatural en Jackson, en un lugar llamado CLUB MUERTO.

Esto me trae al inicio de MUERTO PARA EL MUNDO.

Ahora estoy muy mosqueada con todo el mundo, y Jason podría ser un Adapto para la siguiente luna llena ¿Qué va a pasar después?

Este es el camino que mi vida está yendo desde que Bill Compton entró en Merlotte´s, más no puedo saber.

"¡Soy una fan! En el momento que un nuevo libro de esta sensacional serie está en las librerías. Soy la primera en la línea para comprarlo. Una heroína magnífica y unas maravillosas aventuras supernaturales. Harris escribe con un estilo acogedor y cálido.” -Jayne Ann Krentz

"Harris escribe con esmero y cuidado.” -The New York Times Book Rewiew

"Harris conjuga varios géneros para crear uno nuevo que es su propia y brillante creación.” -Rocky Mountain News

“Usted no querrá perderse ningún párrafo de la serie “Vampiros Sureños”… una mezcla deliciosa de humor, intriga, erotismo dentro de la naturaleza humana (y no-humana).” -Cementery Dance

“Extraordinariamente original, altamente detallada, erótica y exótica…Harris narra de manera mágica una historia de vampiros dentro de un pueblecito de Luisiana.” -Lynn Hightower

"Una autora con un raro talento” -Publishers Weekly

"Un toque magistral." -Crescent Blues

“Charlaine Harris entrega la clase de emociones vampiricas que hacen las novelas de Anita Blake de Laurell Hamilton tan populares." -Locus

En Sookie Stackhouse-una camarera de cóctel del Sur con un regalo sobrenatural-Harris ha creado una heroína como pocas, y una serie que vuelve a poner en el ojo la ficción con vampiros. Ahora la serie se lanza en tapa dura para la aventura más grande de Sookie.

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05/05/2009

LRS to LRF parser v.0.9; Mikhail Sharonov, 2006; msh-tools.com/ebook/