Como si me importara eso.

Mientras seguía con mi trabajo, sonriendo y hablando con los clientes habituales, traté de imaginarme a mí misma marchándome de Bon Temps con Lattesta. Crearían algún tipo de aparato para medir mi precisión. Finalmente creerían que no era una psíquica sino una telepática. Cuando supieran cuales eran los límites de mi talento, me llevarían a lugares donde pasarían cosas horribles para buscar supervivientes. Me pondrían en habitaciones llenas de agentes de inteligencia de otros países o con Americanos que sospechaban habían hecho algo malo. Tendría que decirle al FBI si esas personas eran culpables o no de cualquier tipo de crimen. Tendría que estar cerca de asesinos en serie, quizás. Imaginaba como sería ver la mente de una persona así, y me sentí enferma. ¿Pero no sería de gran ayuda los conocimientos acumulados? Quizás aprendería como prever muertes.

Sacudí la cabeza negativamente. Mi mente estaba dando demasiadas vueltas. Y todo eso quizás podría pasar. Un asesino en serie podría estar pensando en donde estaban enterradas sus víctimas mientras yo escuchaba su mente. Pero con mi amplia experiencia, la gente casi nunca pensaba "Sí, enterré el cuerpo en el 1218 de la calle Clover bajo el rosal." O "El dinero que robé está a salvo en mi cuenta del banco número 12345 del banco Suizo." Y mucho menos, "Estoy a punto de hacer volar el edificio XYZ el 4 de mayo, y mis seis compinches son…"

Sí, podría hacer alguno bueno. Pero nunca podía alcanzar las expectativas del gobierno. Y nunca sería libre de nuevo. No pensaba que me fueran a dejar en una celda ni nada no soy tan paranoica. Pero no creía que me dejaran vivir la vida como quería.

Así que de nuevo, decidí que quizás estaba siendo una mala cristiana, o al menos una mala Americana. Pero sabía que a no ser que me obligaran, no iba a marcharme de Bon Temps con la agente especial Weiss o con Lattesta. Estar casada con un vampiro era mucho mejor.

Capítulo 8 Estaba enfadada con casi todo el mundo cuando volví en coche a casa esa noche. De vez en cuando, tenía noches así; quizás todo el mundo las tiene. Es algo hormonal o cíclico. O quizás es solo el cambio en la alineación de las estrellas.

Estaba enfadada con Jason porque llevaba así varios meses. Estaba enfadada con Sam porque me dolían sus comentarios. Estaba cabreada con los agentes del FBI porque estaban ahí para presionarme aunque a decir verdad no habían hecho nada.

Estaba sobrepasada por Eric y su asunto del cuchillo, el destierro de Quinn, aunque tenía que admitir que Eric había dicho la verdad cuando dijo que le daría primero a Quinn un puñetazo de buenos días. Eso no quería decir que no quisiera volver a verle (¿O no quería?) Lo que quería decir seguro era que Eric podía decir a quién podía ver y a quién no.

Y quizás estaba molesta conmigo misma, porque cuando tuve la oportunidad de hablar con Eric de todo eso, había escuchado sus recuerdos. Como los flashback de Lost, los recuerdos de Eric el vikingo habían roto el curso de la historia.

Para enfadarme más todavía, había un coche que no reconocía aparcado ante mi casa, donde aparcaban solo las visitas. Fui a la puerta trasera y subí las escaleras del porche, frunciendo el ceño y sintiéndome contrariada. No quería compañía. Todo lo que quería era ponerme el pijama, lavarme la cara y meterme con un libro en la cama.

Octavia estaba sentada en la mesa de la cocina con un hombre que no conocía. Era el hombre más negro que había visto nunca, y su cara tenía tatuajes rodeando los ojos.

A pesar de su atrevida decoración, parecía tranquilo y agradable. Se puso de pie cuando entré.

"Sookie." Dijo Octavia con la voz temblorosa. "Este es mi amigo Louis."

"Encantada." Dije, y extendí la mano para saludarle. Me dio un apretón suave, y me senté para que el pudiera hacerlo también. Entonces noté las maletas del pasillo.

"¿Octavia?" Dije, señalándolas.

"Bueno, Sookie, incluso las mujeres viejas tenemos romance en nuestras vidas."

Dijo Octavia, sonriendo. "Louis y yo éramos amigos íntimos antes del Katrina. Vivía a unos diez minutos en coche de mi casa en Nueva Orleans. Después de lo que pasó, le busqué. Finalmente dejé de hacerlo."

"Pasé mucho tiempo buscando a Octavia." Dijo Louis, con los ojos sobre ella.

"Finalmente encontré a su sobrina hace un par de días, y ella tenía este teléfono. No podía creer que la hubiera encontrado al fin."

"¿Tu casa sobrevivió al…?" Incidente, catástrofe, desastre, apocalipsis; escoge la que quieras, todas sirven.

"Sí, gracias a Dios, lo hizo. Y tengo electricidad. Queda mucho por hacer, pero tengo luz y calefacción. Puedo cocinar de nuevo. El frigorífico funciona y la calle está casi limpia. Ahora ya tengo hasta tejado. Y Octavia puede venirse conmigo a un lugar donde ella encaja."

"Sookie." Dijo ella amablemente. "Has sido muy amable, dejándome que me quedara contigo. Pero quiero estar con Louis y tengo que regresar a Nueva Orleans.

Podré hacer algo para reconstruir la ciudad. Es mi hogar."

Octavia obviamente pensaba que estaba dando una mala noticia. Traté de parecer triste. "Tienes que hacer lo que sea mejor para ti, Octavia. Me ha encantado tenerte en casa." Estaba tan contenta de que ella no fuera telepática. "¿Amelia está aquí?"

"Sí, escaleras arriba preparándome algo. De alguna forma, me consiguió un regalo de despedida."

"Awwww." Dije tratando de no pasarme. Miré detenidamente a Louis, pero Octavia me hizo una mueca. Nunca la había visto hacer eso antes, y me gustaba como se veía.

"Solo me alegro de haber podido ayudarte." Dijo ella, asintiendo sabiamente.

Era algo complicado mantener mi sonrisa valiente pero triste al mismo tiempo, pero lo conseguí. Gracias a dios que Amelia bajó las escaleras en ese momento con un paquete entre las manos, era delgado pero largo y estaba atado con un gran lazo. Sin mirarme, Amelia dijo, "Aquí tienes algo de mi parte y de la de Sookie. Esperamos que te guste."

"Oh, que dulce. Siento haber dudado de tus habilidades, Amelia. Eres una buena bruja."

"Octavia, eso significa mucho para mí." Amelia estaba genuinamente emocionada y llorosa.

Gracias a dios que Louis y Octavia se levantaron entonces. Aunque me gustaba y respetaba a la vieja bruja, había conseguido cambiar algunas de nuestras costumbres que Amelia y yo habíamos creado.

Respiré aliviada cuando la puerta principal se cerró tras ella y su compañero. Les dijimos adiós una y otra vez, y Octavia nos dio las gracias por muchas cosas, repetidamente, y también consiguió hacernos recordar cosas que había hecho por nosotras de las que no nos acordábamos.

"Gracias al cielo." Dijo Amelia, sentándose en las escaleras. Amelia no era una chica religiosa, o al menos no una religiosa normal, así que viniendo de ella eso quería decir mucho.

Me senté en el borde del sillón. "Espero que sean felices." Dije.

"¿No crees que deberíamos vigilarles de alguna forma?"

"¿Crees que una bruja como Octavia no puede ocuparse de ella misma?"

"eso es verdad. ¿Pero viste los tatuajes?"

"Eran muy llamativos, ¿Verdad? Supongo que será algún tipo de brujo."

Amelia asintió. "Sí, seguro que practica magia africana." Dijo. "No creo que tengamos que preocuparnos del índice criminalístico afecte a Louis y a Octavia en nueva Orleans. No creo que nadie se atreva a meterse con ellos."

"¿Qué era lo que le has regalado?"

"llamé a mi padre y me envió un cheque regalo de sus tiendas."

"Hey, buena idea. ¿Cuánto te debo?"

"Nada. Insistió en pagarlo él."

Al menos este feliz incidente apartó el resto de mi enfado. Me sentí mejor con Amelia, ahora que ya no tenía esa ola de resentimiento hacia ella por haber traído a Octavia a casa. Nos sentamos en la cocina y hablamos casi durante una hora antes de ir a dormir, aunque estaba demasiado cansada para contarle todo lo que me había pasado últimamente. Nos fuimos a la cama siendo mejores amigas de lo que habíamos sido en semanas.

Mientras me preparaba para meterme en la cama, estaba pensando en nuestro regalo para Octavia, y eso me recordó el sobre que me había dado Bobby Burnham. Lo saqué de mi bolso y abrí el sobre con un abrecartas. Saqué el contenido. Enmarcada había una foto que no había visto nunca, claramente tomada en la sesión de fotos para el calendario de Fangtasia. En el calendario, Eric (Míster Enero) estaba sobre una gran cama con sábanas blancas. El fondo era gris, con copos de nieve por todas partes. Eric tenía un pie en el suelo, la otra rodilla doblaba descansando sobre la cama. Sujetaba un albornoz blanco de forma estratégica. En la foto que me había dado hoy, estaba más o menos con la misma pose, pero estaba levantando una mano hacia la cámara, como si estuviera invitando al que miraba a unirse a él en la cama. Y el albornoz no tapaba todo. "Espero con impaciencia la noche en que vengas a mí." Había escrito en el dorso con su fantástica escritura. ¿Ligeramente cursi? Sí. ¿Tentador? Oh, ya lo puedes jurar. Casi podía notar como mi sangre aumentaba su temperatura. Me arrepentí de haberlo abierto antes de meterme en la cama. Me costó mucho tiempo dormirme.

Fue extraño levantarse sin escuchar los sonidos de Octavia por la casa. Había desaparecido de mi vida tan rápido como aparecido. Esperaba que en algún momento que pasaron juntas, Octavia y Amelia hubieran hablado de lo que quedaba de su Aquelarre en Nueva Orleans. Era complicado creer que Amelia pudiera convertir un hombre en un gato (durante el acto sexual), pensé, mientras miraba como mi compañera corría hacia la puerta para ir a la oficina. Amelia, con pantalones y chaqueta azul marino, parecía estar lista para salir con las Girl Scout. Cuando se cerró la puerta, respiré profundamente. Estaba sola en casa por primera vez en siglos.

La soledad no duró mucho. Estaba dando el segundo trago a mi tazón de café y comiendo una tostada cuando Andy Bellefleur y el agente especial Lattesta llamaron a la puerta. Me puse unos vaqueros y una camiseta para abrir la puerta.

"Andy, Agente especial Lattesta." Dije. "Entren." Les llevé hasta la cocina. No iba a dejar que alejaran de mi taza de café. "¿Quieren algo?" Les pregunté, pero ambos negaron con la cabeza.

"Sookie." Dijo Andy con la cara seria. "Estamos aquí por Crystal."

"Claro." Mordí un trozo de galleta, mastiqué y tragué. Me preguntaba si Lattesta seguía una dieta o algo. Seguía cada movimiento mío. Me metí en su cerebro. No estaba muy contento de que no llevara sujetador, porque mi pecho le distraía. Estaba pensando que tenía demasiadas curvas para su gusto. Estaba pensando que sería mejor que dejara de pensar en mí así. Echaba de menos a su esposa. "Supuse que sería prioritario." Dije, tratando de fijar mi atención en Andy.

No podía saber cuánto sabía Andy cuanto le había contado Lattesta sobre lo que había pasado en Rodas, pero Andy asintió. "Creemos" Dijo después de mirar a Lattesta y a mí, "Que Crystal murió hace tres noches, entre la una y las tres de la mañana."

"Claro." Dije de nuevo.

"¿Sabías eso?" Lattesta se puso a señalar, casi como un perro de caza.

"Es lógico. Siempre queda gente en el bar hasta la una o las dos, y después normalmente Terry viene a limpiar el suelo entre las seis y las ocho de la mañana.

Terry no fue tan pronto ese día porque se ocupaba de otro bar y tenía que dormir más, pero mucha gente pensaría eso ¿verdad?"

"Cierto." Dijo Andy después de una larga pausa.

"Entones." Dije, una vez llegados al grano, y me puse más café.

"¿Cómo de bien conoces a Tray Drawson?" Preguntó Andy.

Esa era una pregunta complicada. La respuesta adecuada era "No tanto como piensas." Una vez había sido vista en un callejón con Tray Dawson y él estaba desnudo, pero no era lo que pensó la gente. (Sabía que habían pensado mucho en ello.) "Ha estado saliendo con Amelia." Dije, cosa que era algo prudente. "Es mi compañera de piso." Le recordé a Lattesta, quién parecía perdido. "La conoció hace dos días. Ahora está trabajando. Y por supuesto, Tray es un hombre lobo."

Lattesta parpadeó. Llevaría un tiempo que la gente asimilara eso sin poner una cara extraña. La expresión de Andy no cambió.

"Vale." Dijo Andy. "¿Estaba Amelia con Tray la noche que murió Crystal?"

"No lo recuerdo. Preguntadle a ella."

"Lo haremos. ¿Tray había dicho algo alguna vez sobre su cuñada?"

"No recuerdo nada. Por supuesto, se conocían, ya que ambos eran were."

"¿Hace cuanto que conoces la existencia de los hombres lobo? ¿Y de los otros were…?" Preguntó Andy, como si no hubiera podido evitarlo.

"Oh, desde hace un tiempo." Dije "Primero a Sam, luego los demás."

"¿Y no se lo dijiste a nadie?" Preguntó Andy incrédulo.

"Claro que no." Dije. "La gente ya piensa que soy bastante rara tal y como están las cosas. Además, no era cosa mía contarlo." Era mi turno de mirarle raro. "Andy, tu también lo sabías." Después de la noche en el callejón en la que había sido atacado por un were, Andy había visto a Tray en su forma animal y luego como humano desnudo.

Cualquier persona sería capaz de unir ambas cosas.

Andy miró al cuaderno que había sacado de su bolsillo. No escribió nada. Respiró profundamente. "¿La vez que vi a Tray en el callejón, acababa de cambiar? Me alegro.

Nunca pensé que fueras del tipo de chica que tiene sexo en lugares públicos con alguien que casi no conoce." (Eso me sorprendió; siempre había pensado que Andy se creía todo lo malo que decían sobre mí.) "¿Qué pasa con el perro que estaba contigo?"

"Ese era Sam." Dije, levantando mi taza de café.

"Pero en el bar se transformó en collie."

"Los collies son lindos." Dije. "Supuso que le gustaría a más gente. Es su forma habitual."

A Lattesta parecía que le iban a saltar los ojos. Parecía molesto. "Volvamos al tema inicial." Dijo.

"La coartada de tu hermano parece buena." Dijo Andy. "Hemos hablado con Jason dos o tres veces, y con Michele dos, y dice que estuvo con él todo el tiempo. Nos contó detalladamente todo lo que pasó aquella noche." Andy medio sonrió. "Demasiado detalladamente."

Esa era Michele. Era muy directa, demasiado. Su madre era exactamente igual.

Había ido de vacaciones a una escuela de verano y la Sra. Schubert era nuestra monitora. "Decid la verdad y alejad al demonio." Nos decía. Michele se había tomado eso en serio, quizás no de la forma en que su madre quería.

"Me alegro de que la crean." Dije.

"También hablamos con Calvin." Andy dobló los codos. "Nos contó lo de Dove y Crystal. Según él, Jason conocía su aventura."

"Así es." Cerré mi boca de plenito. No iba a hablar de aquel incidente si podía evitarlo.

"Y hablamos con Dove."

"Obviamente."

"Dove Beck." Dijo Lattesta, mirando sus propias notas. "veintiséis, casado, dos hijos."

"Su primo Alcee insistió en estar presente cuando hablamos con él." Dijo Lattesta.

"Dove dice que estuvo toda la noche en casa, y su mujer lo respalda."

"No creo que fuera Dove." Dije, y ambos parecieron sorprendidos.

"Pero nos diste la pista de que ella y Dove tenían una aventura." Dijo Andy.

Me empecé a mortificar. "Siento haberlo hecho. Odiaba que todo el mundo mirara a Jason como si lo hubiera hecho él, cuando yo sabía que no. No creo que Dove matará a Crystal. No creo que le importara tanto como para hacerle eso."

"Pero quizás ella arruinó su matrimonio."

"Aun así, no haría eso. Dove se enfadaría consigo mismo, no con ella. Y estaba embarazada. Dove no mataría a una mujer embarazada."

"¿Cómo puedes estar tan segura?"

Porque leí su mente y vi que era inocente, pensé. Pero los vampiros y los Were eran quienes habían salido a la luz, no yo. Yo casi no era una criatura sobrenatural. Solo era una variante de humano. "No creo que fuera Dove." Dije. "No me lo imagino."

"¿Y tenemos que aceptar eso como prueba?" Dijo Lattesta.

"No me importa lo que hagan con esa información." Dije, parando en seco sin decirle lo que podría hacer con ella. "Habéis preguntado, yo he respondido."

"¿Entonces crees que fue un crimen de odio?"

Ahora me tocaba a mí mirar a la mesa. No tenía un cuaderno para escribir, pero quería pensar porqué iba a decir que sí. "Sí." Dije finalmente. "Creo que fue un crimen de odio. Pero no sé si era odio personal, porque Crystal era una puta… o si era racial, porque era una werepantera." Me encogí de hombros. "Si escucho algo, os lo diré.

Quiero que esto se resuelva."

"¿Escuchar algo? ¿En el bar?" La expresión de Lattesta estaba ávida. Finalmente, un humano me miraba como si fuera de valor. Po r suerte para mí él estaba felizmente casado y pensaba que era una freak.

"Sí." Dije. "Quizás escuche algo en el bar."

Se marcharon después de eso, y me alegré de verles marchar. Era mi día libre.

Pensaba que debía hacer algo especial hoy, ya que había salido airosa de muchas cosas complicadas, pero no se me ocurría nada. Miré el canal del tiempo y vi que hoy la máxima rondaría los veinte. Decidí que el invierno se había terminado afilamente, aunque todavía estuviéramos en Enero. Haría frío otra vez, pero iba a disfrutar del día.

Cogí la tumbona del almacén y la puse en el jardín trasero. Me até el pelo con una coleta para que no estuviera colgando. Me puse mi bikini más pequeño, que era naranja y turquesa. Me puse crema solar. Cogí la radio y un libro y una toalla, y salí al patio. Sí, hacía frío. Sí, me dieron escalofríos al salir. Pero este siempre era un día feliz de mi calendario, el primer día que me daba un baño de sol. Lo iba a disfrutar. Lo necesitaba.

Cada año pensaba los motivos por los cuales no debería tumbarme al sol. Cada año contaba mis virtudes: no bebía, no fumaba, y casi no tenía sexo, aunque estaba dispuesta a cambiar eso. Pero adoraba el sol, y hoy lucía alto en el cielo. Antes o después pagaría por ello, pero seguía siendo mi debilidad. Me preguntaba si la sangre de hada me ayudaría a no tener cáncer de piel. No: mi tía Linda había muerto de cáncer, y tenía más sangre de hada que yo. Bueno… maldición.

Me tumbé boca arriba, con los ojos cerrados, con gafas de sol tapando la luminosidad del sol. Suspiré, ignorando el hecho de que hacía algo de frío.

Cuidadosamente pensé en muchas cosas: Crystal, la venganza misteriosa de las hadas, el FBI. Después de quince minutos, me puse boca abajo, escuchando la radio de western de Shreveport, cantando todo el tiempo ya que no había nadie a mí alrededor para escucharme. Tengo una voz horrible.

"¿Qué estás haciendo?" preguntó una voz en mi oreja.

Nunca antes he levitado, pero creo que entonces lo hice, saltando como seis centímetros sobre la tumbona. También grité.

"Dios mío de mi vida." Dije cuando finalmente me di cuenta de que la voz pertenecía a Diantha, la nieta mediodemonio del mediodemonio Cataliades.

"Diantha, me has dado un susto de muerte."

Diantha se reía en silencio, su pecho se movía de arriba a abajo. Estaba sentada con las piernas cruzadas sobre el suelo, llevaba pantalones de Lycra rojos y una camiseta con dibujos verde. Zapatillas rojas con calcetines amarillos. Tenía una nueva cicatriz, una que bajaba por su pantorrilla.

"La explosión." Dijo cuando vi lo que estaba mirando. Diantha también se había cambiado el color de pelo; ahora era platino. Pero la cicatriz era suficientemente mala como para llamar mi atención.

"¿Estás bien?" Pregunté. Era fácil ponerse tensa cuando hablas con Diantha, cuya conversación era como leer un telegrama.

"Mejor." Dijo, mirando ella misma su cicatriz. Entonces sus extraños ojos verdes se posaron en los míos. "Mi tío me ha enviado." Ese era el comienzo del mensaje que venía a entregarme, comprendí, porque lo dijo lenta y pausadamente.

"¿Qué es lo que me quiere decir tu tío?" Todavía estaba boca abajo, apoyada sobre los codos. Mi respiración había vuelto a la normalidad.

"Dice que las hadas se están moviendo. Dice que tengas cuidado. Dice que te llevarán si pueden, y que te harán daño." Diantha parpadeó.

"¿Por qué?" Pregunté, todo mi placer de estar al sol se evaporó como si nunca hubiera estado ahí. Me sentía fría. Miré nerviosamente al jardín.

"Tu bisabuelo tiene muchos enemigos." Dijo lenta y cuidadosamente Diantha.

"Diantha, ¿Sabes por qué tiene tantos enemigos?" Esa era una pregunta que no podía hacerle directamente a mi bisabuelo, o al menos no había tenido el valor de hacerlo.

Diantha me miró interrogativa. "Están en un lado; el está en el otro." Dijo como si fuera retrasada. "Cogieronatuabuelo"

"Esas… ¿Las otras hadas mataron a mi abuelo Fintan?"

Asintió vigorosamente. "Elnotelodijo." Dijo ella.

"¿Niall? Dijo solo que su hijo había muerto."

Diantha empezó a reírse. "Se podría decir eso." Dijo, y se dobló, todavía riendo.

"¡Cortado en trocitos!" Me golpeó en el hombro para liberar su emoción. Hice una mueca.

"Lo siento." Dijo. "Losientolosientolosiento."

"Vale." Dije. "Dame un minuto." Me froté el brazo fuertemente para recuperar la sensibilidad. ¿Cómo te proteges si sabes que las hadas van a por ti?

"¿De quién tengo que tener miedo exactamente?" Pregunté.

"Breandan." Dijo. "Quieredeciralgo; semehaolvidado."

"Oh. ¿Qué quiere decir Niall?" Cambio de tema radical, esa era yo.

"Nube." Dijo Diantha. "Toda la gente de Niall tiene nombres estelares."

"Vale. Así que Breandan viene a por mí. ¿Quién es?"

Diantha parpadeó. Esta era una conversación demasiado larga para ella. "El enemigo de tu bisabuelo." Dijo cuidadosamente, como si fuera retrasada. "El príncipe hada."

"¿Porqué te envió el Sr. Cataliades?"

"Porque le ayudaste." Dijo sin respirar. Sus ojos estaban fijos en mí, y asintió y me acarició la mano.

Lo había hecho lo mejor posible para sacar a todos del Pirámide vivos. Pero no había funcionado. Era bueno saber que el abogado apreciaba mis esfuerzos. Había pasado una semana enfadada conmigo misma por no haber descubierto todo el complot de la bomba antes. Si hubiera prestado más atención, si no me hubiera distraído con otras cosas que me pasaban…

"También, tu cheque llegará."

"Oh, ¡bien!" Podía sentirme iluminada de nuevo, a pesar de la preocupación por el mensaje de Diantha. "¿Me has traído una carta o algo así?" Pregunté, esperando más suerte.

Diantha sacudió negativamente la cabeza, y mechones de su pelo platino cayeron sobre sus hombros, haciéndola parecer un puercoespín agitado. "Mi tío tiene que permanecer neutral." Dijo claramente. "nada de cartas, ni llamadas ni emails. Por eso me ha enviado."

Cataliades se había arriesgado por mí. No, había arriesgado a Diantha. "¿Qué pasa si te capturan Diantha?" Dije.

Encogió sus huesudos hombros. "Pelearé." Dijo. Su cara se entristeció. Aunque no puedo leer la mente de los demonios igual que puedo hacer con las humanas, cualquiera podía ver que Diantha estaba pensando en su hermana, Gladiola, que había muerto bajo la espada de un vampiro. Pero después de un segundo, Diantha parecía simplemente letal. "Los quemaré." Dijo. Me senté y levanté las cejas para mostrar que no lo comprendía.

Diantha puso su mano con la palma hacia arriba. Una pequeña llama apareció dentro.

"No sabía que podías hacer eso." Dije. No estaba muy impresionada. Pero recordé que tenía que mantenerme siempre del lado de Diantha.

"Un poco." Dijo, encogiéndose de hombros. Deduje por eso que Diantha solo podía hacer una llama pequeña, no una grande. Gladiola debió de ser pillada por sorpresa por el vampiro que la había matado, porque los vampiros eran inflamables, mucho más que los humanos.

"¿las hadas arden como los vampiros?"

Sacudió la cabeza. "Pero todo se quema." Dijo ella, con una voz seria. "Antes o después."

Evité estremecerme. "¿Quieres tomar algo de beber o de comer?" Dije.

"No." Se levantó del suelo, se quitó el polvo de su ropa. "Tengo que irme." Me acarició la cabeza, se giró, y desapareció, corriendo más rápido que un ciervo.

Me tumbe de nuevo para pensar en todo eso. Ahora Niall me había avisado, el Sr.

Cataliades también, empezaba a tener realmente miedo.

Pero los avisos, aunque eran buenos, no me daban más información de cómo protegerme contra esta amenaza. Podrían aparecer en cualquier momento o lugar, por lo que yo sabía. Podía asumir que no aparecerían en Merlotte's ya que las hadas querían permanecer ocultas; pero aparte de eso, no tenía ni idea de donde me podrían atacar ni de cómo defenderme. ¿Cerras las puertas las detendrían? ¿Había que invitarlas como a los vampiros? No, no recordaba tener que haberle dicho a Niall que podía entrar, y había estado en la casa.

Sabía que algunas hadas solo aparecían de noche, igual que los vampiros. Sabía que eran muy fuertes, tanto como los vampiros. Sabía que las hadas (al contrario de los goblins o los elfos) eran hermosas y despiadadas; incluso los vampiros respetaban su ferocidad. Las hadas más viejas no vivían en este mundo, como Claudine y Claude; había un lugar al que podían ir, un lugar secreto y mucho mejor que este: uno sin hierro. Si podían limitar su exposición al hierro, las hadas vivían tanto que perdían la noción del tiempo. Niall, por ejemplo, había dejado de contar hace cientos de años.

Quizás pudiera decir que un evento de hace quinientos años, pero que en realidad tuviera doscientos. No podía seguir el paso del tiempo, quizás en parte porque había pasado la mayor parte de su vida en nuestro mundo.

Me estrujé el cerebro para buscar más información. Sabía una cosa, no me creía que lo hubiera olvidado. Si el hierro es malo para las hadas el jugo de limón es mucho peor. La hermana de Claude y de Claudine había sido asesinada con zumo de limón.

Ahora que pensaba en ello, quizás pudiera serme de utilidad hablar con Claude y Claudine. No solo eran mis primos, pero Claudine era mi hada madrina, y tenía que ayudarme. Estaría trabajando en la tienda donde se ocupaba de las quejas y envolvía paquetes. Claude estaría en el club de striptease del que era dueño. Él sería más fácil de localizar. Entré a la casa para coger el ´numero. Claude respondió el teléfono él mismo.

"Si." Dijo, tratando de mostrar indiferencia, aburrimiento y molestia todo en una palabra.

"¡Hola, cielo!" Dije alegre. "Tengo que hablarte cara a cara. ¿Puedo ir allí, o estás ocupado?"

"No, ¡No vengas!" Claude sonaba casi alarmado ante la idea. "Nos veremos ene l centro comercial."

Los gemelos Vivian en Monroe, que tenía un buen centro comercial.

"Vale." Dije. "¿Dónde y cuándo?"

Hubo un momento de silencio. "Claudine puede salir para almorzar. Nos reuniremos en una hora y media en el patio de comidas, al lado del ChickfilA."

"Nos vemos allí." dije, y Claude colgó. Sr. Encantador. Me puse mis vaqueros favoritos y una camiseta verde y blanca. Me cepillé el pelo enérgicamente. Había tenido siempre un montón de problemas para peinármelo, pero no conseguirá ir a cortármelo.

Desde que había intercambiado sangre con Eric varias veces, no sólo no había atrapado ni un resfriado, pero ni siquiera se habían abierto las puntas. Además, mi cabello es brillante y, de hecho, parecía más espeso.

No me sorprendió que la gente comprara sangre de vampiro en el mercado negro.

Si me sorprendía que la gente fuera tan tonta como para confiar lo suficiente en los vendedores cuando decían que el rojo era en realidad verdadera sangre de vampiro. A menudo, en los viales había TrueBlood, o sangre de cerdo, o incluso la sangre del propio vendedor. Si el comprador no obtenía sangre vampiro auténtica, se podría volver completamente loco. Yo nunca hubiera comprado sangre de vampiro. Pero ahora que la había tomado varias veces (y muy fresca) ni siquiera necesidad de utilizar base de maquillaje. Mi piel era perfecta. ¡Gracias, Eric!

No sé por qué me preocupaba en estar orgullosa de mí mismo, porque nadie me iba a mirar dos veces cuando estuviera con Claude. Mide casi metro ochenta de altura, con un precioso cabello negro y ojos marrones, tiene el físico de un stripper, y la mandíbula y los pómulos de una estatua renacentista. Desafortunadamente, él también tiene la personalidad de una estatua.

Hoy Claude llevaba una camiseta verde bajo una camisa de seda abierta. Estaba jugueteando con un par de gafas de sol. Aunque la cara de Claude cuando estaba "fuera de servicio" variaba de blanco a hosco, hoy parecía estar realmente nervioso.

Miraba la zona de comidas, como si se sospechase que alguien me podía haber seguido, y no se relajó cuando me senté en su mesa. Tenía una taza delante de él, pero no había pedido nada para comer, así que yo tampoco pedí nada.

"Prima." dijo, "¿Estás bien?" Ni siquiera trataba de sonar sincero, pero al menos dijo las palabras adecuadas. Claude empezó a ser un poco más cortés cuando descubrió que mi bisabuelo era su abuelo, pero él nunca olvidaría que yo era humana (mayoritariamente). Claude sentía tanto desprecio por los seres humanos como la mayoría de las hadas, pero le gustaba la ropa de humanos de cama mientras tuviera relleno.

"Sí, gracias, Claude. Ha pasado mucho tiempo."

"¿Desde que nos vimos la última vez? Sí." Y eso fue suficiente para él. "¿Cómo puedo ayudarte? Ah, aquí viene Claudine." Parecía aliviado.

Claudine vestía un traje marrón con grandes botones de oro y una camisa café, crema con a rayas. Vestía de forma muy conservadora para el trabajo, y aunque el conjunto era bueno, había algo acerca del corte que le hacía parecer menos delgada, noté. La gemela de Claude, tenían otra hermana más, la trilliza Claudette, pero Claudette había sido asesinada. Supongo que si hay dos en vez de tres, ¿se les puede llamar "gemelos"? Claudine era tan alta como Claude, y se inclinó para darle un beso a él en la mejilla, sus cabellos (de exactamente el mismo tono) se mezclaron en una cascada de ondas oscuras. Ella me besó también. Me preguntaba si todos los seres sobrenaturales les gustaría tanto el contacto físico como a las hadas. Mi primo tenía una debilidad por los alimentos: patatas fritas, nuggets de pollo, topo tipo de postre, grandes bebida azucarada.

"¿En qué tipo de problema está metido Niall?" Les pregunté, yendo directamente al grano. "¿Qué clase de enemigos tiene? ¿Son todas hadas? ¿O son otro tipo de seres?"

Hubo un momento de silencio mientras Claudine y Claude observaban mi estado de ánimo. No les sorprendieron en absoluto mis preguntas, lo que me pareció importante.

"Nuestros enemigos son hadas." dijo Claudine. "Los otros seres no se mezclan en nuestra política, normalmente, aunque somos todos variantes de lo mismo como los pigmeos, los caucásicos, y los asiáticos son variaciones de los seres humanos." Ella parecía triste. "Somos menos numerosos de lo que solíamos ser antes." Ella abrió un paquete de kétchup y lo puso todo sobre sus patatas fritas. Se metió tres patatas fritas en la boca a la vez. Wow, sí que tenía hambre.

"Nos llevaría horas explicarte todo nuestro linaje." dijo Claude, pero no me estaba dejando de lado. Era simplemente un hecho. "Descendemos de las hadas que tienen parentesco con el cielo. Nuestro abuelo, tu bisabuelo, es uno de los pocos supervivientes de nuestra familia real."

"Es un príncipe", dije, era una de las pocas cosas que sabía. Príncipe Encantador.

Príncipe valiente. Príncipe de la ciudad. El título llevó implicaba muchas responsabilidades.

"Sí. Hay otro príncipe, Breandan. "Claude lo pronunció "BrenDawn". Diantha había mencionado a Breandan. "Él es el hijo del hermano mayor de Niall, Rogan. Rogan alegó tener parentesco con el mar, y por eso su influencia se extendió a todas las masas de agua. Rogan recientemente ha pasado a la Summerlands."

"Muerto." Claudine tradujo antes de darle un bocado a su pollo.

Claude se encogió de hombros. "Sí, Rogan está muerto. Era el único que podría detener a Breandan. Y debes saber que Breandan es el que…" Pero Claude se detuvo en mitad de la frase porque su hermana le había puesto la mano sobre el brazo. Una mujer que estaba dando patatas fritas a un niño nos miraba curiosamente, su atención atraída por el gesto brusco de Claudine. Claudine miró a Claude de una forma que casi podría pintar una pared. Él asintió, liberó su brazo y comenzaron a hablar de nuevo.

"Breandan está en desacuerdo con las leyes al contrario que Niall. Él…"

Los gemelos se miraron mutuamente. Por último Claudine asintió.

"Breandan cree que todos los seres humanos con sangre de hada deben ser erradicados. En su opinión, cada vez que uno de nuestros compañeros está con un humano, perdemos algo de nuestra magia."

Me aclaré la garganta, tratando de deshacerme del miedo que había aparecido. "Así que Breandan es un enemigo. ¿Hay más gente de la realeza del lado de Niall?"

Pregunté con voz ahogada.

"Un mediopríncipe. Su título no se puede traducir." Dijo Claude. "Nuestro padre, Dillon hijo de Niall, y su primera mujer, Branna. Nuestra madre Binne. Si Niall va a Summerlands, Dillon le reemplazará como príncipe. Pero por supuesto, debe esperar."

Los nombres no me sonaban. El primero se parecía a Dylan, el segundo sonaba como BEEnah. "Deletréalos por favor." Dije, y Claudine dijo "BINNE. DILLON.

Niall no vivió felizmente con Branna, y le llevó mucho tiempo amar a nuestro padre, Dillon. Niall prefiere a sus hijos mediohumanos." Me sonrió para demostrarme que le parecían bien los humanos, supongo.

Niall me había dicho una vez que era su única pariente viva. Pero eso no era verdad.

Nial estaba cegado por las emociones, no los hechos. Necesitaba recordar eso. Claude y Claudine no parecieron culpar a Niall de su imparcialidad conmigo, para mi gran alivio.

"¿Y quién está del lado de Breandan?" Pregunté.

"Dermot." Dijo Claudine. Me miró expectante.

Conocía ese nombre. Traté de recordad donde lo había escuchado antes.

"Es el hermano de mi abuelo Fintan." Dije lentamente. "El otro hijo de Niall con Einin. Pero es medio humano." Einin había sido una mujer humana seducida por Niall hace cientos de años. (Pensaba que él era un ángel, cosa que da una idea de cómo ven los humanos a las hadas cuando no están en su forma de humanos). ¿Mi tío medio humano estaba tratando de matar a su padre?

"¿Niall te contó que Fintan y Dermot son gemelos?" Preguntó Claude.

"No." Dije asombrada.

"Dermot es el más joven con una diferencia de escasos minutos. Los gemelos no son idénticos, sabes." Dijo. Estaba disfrutando de mi ignorancia. "Eran…" Se detuvo, parecía pensar. "No sé cuál es la palabra adecuada." Dijo.

"Muy fraternal e interesante. ¿Y qué?"

"A decir verdad" Dijo Claudine, mirando intensamente el pollo, "Tu hermano Jason, es igualito a Dermot."

"¿Estás diciendo que…? ¿Qué estás diciendo?" Estaba preparada para indignarme, una vez supiera porqué.

"Solo decirnos que por eso Niall siempre se ha negado a ver a tu hermano." Dijo Claude. "Niall amaba a Fintan, pero Dermot lo desafió siempre. Se rebeló abiertamente contra nuestro abuelo y juró lealtad a Breandan, aunque Breandan le odia. Además no solo Dermot se parece a Jason, cosa que es puramente genética, sino que Dermot es un imbécil igual que Jason. Puedes ver porque a Niall no le agrada mucho."

Sentí un poco de lástima por Jason hasta que mi sentido común se despertó.

"¿Entonces Niall tiene más enemigos aparte de Breandan y Dermot?"

"Tienen sus propios seguidores y asociados, incluyendo unos pocos asesinos."

"¿Pero vuestro padre y vuestra madre están del lado de Niall?"

"Sí. Otros también, claro. Toda la gente del cielo."

"Entonces tengo que vigilar que no se me acerquen hadas, porque podrían atacarme en cualquier momento debido a que llevo sangre de Niall."

"Sí. El mundo de las hadas es peligroso. Especialmente ahora. Es uno de los motivos por el que vivimos en el mundo de los humanos." Claude miró a Claudine, quién estaba comiéndose los nuggets de pollo como si estuviera muerta de hambre.

Claudine tragó, se limpió la boca con una servilleta y dijo "Esto es lo más importante." Cogió otro trozo de pollo y miró a Claude, diciéndole que siguiera.

"SI ves a alguien que se parece a tu hermano pero que no lo es…" Dijo Claude.

Claudine tragó. "Corre por tu vida." Terminó.

Capítulo 9 Conduje a casa más confusa que nunca. Aunque quería a mi bisabuelo l máximo posible dado lo poco que nos habíamos visto… Y estaba totalmente dispuesta a quererle más, y estaba dispuesta a seguirle hasta el límite porque éramos familia…Pero todavía no sabía cómo pelear en esta guerra, o como evitarla. Las hadas no querían darse a conocer en el mundo de los humanos, y nunca lo harían. No eran como los Were o los vampiros, que quieran compartirlo con los demás. Las hadas tenían mucho más complicado cumplir las normas humanas. Podían hacer cualquier cosa y desaparecer en su lugar secreto.

Por millonésima vez, desee tener un bisabuelo normal en vez de esta improbable, gloriosa y molesta versión principesca.

Entonces me sentí culpable. Debería estar contenta de mi suerte. Esperaba que Dios no notara ese lapso de falta de gratitud.

Ya había tenido un complicado, y solo eran las dos de la tarde. Este no iba a ser un día normal. Normalmente hacía la colada, limpiaba la casa, iba a comprar, leía, pagaba las facturas… pero hoy hacía tan buen tiempo que apetecía estar fuera. Quería hacer algo que me permitiera eso. Seguro que había muchas.

Miré las flores que había alrededor de la casa, decidí plantar más. Era mi tarea menos preferida, quizás porque era la que siempre me tocaba hacer de niña. La abuela pensaba que debíamos crecer trabajando. Era en su honor que mantenía las flores en buen estado, y ahora suspiré y me preparé para trabajar. Empecé con las flores que había en el camino, al sur de la casa.

Fui a buscar la caja de herramientas de la cabaña, que había servido a la familia Stackhouse por generaciones. Abrí la puerta con una mezcla de horror y placer, porque algún día iba a tener que trabajar duro para limpiar el interior. Todavía tenía la vieja pala de mi abuela; no sabía quién la había usado antes que ella. Era vieja pero estaba bien cuidada. Me metí en la cabaña y encontré mis guantes de jardinería y la pala.

Sabía, por un documental, que había gente que iba recolectando viejas herramientas de granja. Esta cabaña sería como la cueva de aladdín para ellos. Mi familia no era de las tiraban las cosas si todavía podían ser utilizadas. Aunque estaba llena, la cabaña estaba organizada, al estilo de mi abuelo. Cuando habíamos venido a vivir con la abuela, había puesto una zona con herramientas habituales. Ahí es donde había que poner las herramientas cada vez que las usábamos, y todavía seguían ahí.

Pude coger la pala sin problemas, ya que era una de las herramientas más viejas y usadas. Era pesada, afilada y más estrecha que las modernas, pero su forma me era cómoda.

Si hubiera sido primavera, me hubiera puesto el bikini para combinar el placer con el trabajo. Pero como todavía brillaba el sol, ya no estaba tan despreocupada. Me puse los guantes de jardinería, porque no quería arruinarme la manicura. Algunas de las malas hierbas parecían revelarse contra mí. Una crecía fuerte, densa, había florecido y las hojas eran puntiagudas. Era fea y pringosa, y tendía que quitar hasta las raíces.

Había algunas más entre las flores.

A la abuela le hubiera dado un ataque.

Me puse manos a la obra y me agaché. Con la mano derecha, clavaba la pala bajo la tierra, aireaba las raíces y quitaba las malas hierbas con la mano izquierda. Removí con la pala para quitar todas las raíces de las malas hierbas y las ponía a un lado. Antes de empezar había encendido la radio bajo el porche. En poco tiempo, estaba cantando de nuevo con LeAnn Rimes. Empecé a sentirme menos preocupada. En unos pocos minutos, tenía un respetable montón de malas hierbas y estaba más alegre.

Si no hubiera hablado, las cosas hubieran terminado de otra forma. Pero como era muy orgulloso, tuvo que abrir la boca. Su orgullo me salvó la vida.

También, escogió mal las palabras. Diciendo. "Disfrutaré matándote para mi amo."

No es una buena forma de presentarse.

Tengo buenos reflejos, y me levanté rápidamente poniéndome la pala en la mano y llevándola hacia su estómago. Se clavó dentro, como si estuviera diseñada para herir a las hadas.

Y exactamente así es como fue, porque la pala estaba hecha de hierro y él era un hada.

Retrocedí y me medio tumbé, todavía sujetando la pala ensangrentada, y esperé a ver que hacía. Estaba mirando hacia la sangre que goteaba entre sus dedos como increíble sorpresa, como si no pudiera creérselo. Había roto su conjunto. Entonces me miró, sus grandes y pálidos ojos azules, y había una gran pregunta en su cara, como si me quisiera preguntar si realmente yo le había hecho eso, si no era algún tipo de error.

Empecé a retroceder hacia las escaleras del porche, sin apartar mi mirada de él, pero ya no era tan amenazador. Cuando me acerqué para abrir la puerta, mi casi asesino se derrumbó en el suelo, todavía parecía sorprendido.

Entré en la casa y cerré la puerta. Entonces con las piernas temblorosas me acerqué a la ventana que había sobre el fregadero para mirar, alejándome lo máximo posible.

Desde ese ángulo podía ver un trozo de su curvado cuerpo. "vale." Dije en voz alta.

"Vale." Estaba muerto, eso parecía. Había sido tan rápido.

Empecé a coger el teléfono, luego noté que mis manos temblaban y vi mi teléfono móvil donde lo había dejado cargando. Como esto era una crisis tenía que llamar a una cabeza pensante, llame al número para emergencias de mi bisabuelo. Una voz de hombre, no la de Niall, respondió. "¿Sí?" La voz dijo cautelosamente.

"Ah, ¿Está Niall ahí?"

"Puedo contactar con él. ¿Puedo ayudarla?"

Tranquila, me dije a mi misma. Tranquila. "¿Podría decirle que he matado a un hada y que está en mi jardín y no sé qué hacer con el cuerpo?"

Hubo un momento de silencio.

"Si, le diré eso."

"¿Cree que será pronto? Porque estoy sola y algo asustada."

"Sí. Enseguida."

"¿Y vendrá alguien?" Dios, sonaba como una llorica. Me obligué a comportarme.

"Quiero decir, puedo meterle en mi maletero, supongo, o llamar al sheriff." Quería impresionar a este desconocido haciendo parecer que yo era autosuficiente y capaz.

"Pero está todo el asunto del secretismo, y no parecía tener un arma, y obviamente no puedo demostrar que dijo que iba a disfrutar matándome."

"Ha… ha matado un hada."

"Eso he dicho. Antes." Señorlento. Miré de nuevo por la ventana. "Sí, sigue sin moverse. Muerto y bien muerto."

Esta vez el silencio duró tanto que pensé que se había desmayado o algo. Dije. "¿Lo siento?"

"¿De verdad lo siente? Llegaremos pronto." Y colgó.

No podía no mirar, no podía soportar mirar. Había visto muertos antes, humanos y nohumanos. Y desde que había conocido a Bill Compton en Merlotte's, había visto más de los cuerpos que me correspondían. No es que fuera la culpa de Bill, por supuesto.

Tuve escalofríos por todas partes.

En unos cinco minutos, Niall y otra hada salieron del bosque. Tenía que haber un portal por esa zona. Quizás Scotty les había subido. O bajado. O quizás yo no estaba pensando demasiado claramente.

Las dos hadas se detuvieron cuando vieron el cuerpo y luego intercambiaron algunas palabras. Parecían asombrados. Pero no asustados, y no actuaban como si esperaran que el tipo se levantara y luchase, así que fui a la parte trasera del porche y abrí la puerta de tela metálica.

Ellos sabían que yo estaba allí, pero continuaron mirando el cuerpo.

Mi bisabuelo levantó su brazo y me coloqué bajo el. Me abrazó y le miré para ver que estaba sonriendo.

Bueno, eso era inesperado.

"Eres una bendición para nuestra familia. Has matado a mi enemigo." dijo. "Tenía tanta razón sobre los seres humanos." Parecía tan orgulloso.

"¿Esto es algo bueno?"

La otra hada se rió y me miró por primera vez. Tenía el pelo del color de la mantequilla, y sus ojos iban a juego con su cabello, para mí era tan raro que me dejó fuera de combate, aunque pasaba lo mismo con todas las hadas que había conocido, era hermoso. Tuve que reprimir un suspiro. Entre los vampiros y las hadas, yo estaba condenada a ser una simple Jane.

"Soy Dillon." dijo.

"Oh, el padre de Claudine. Encantada de conocerle. Supongo que su nombre significa algo también ¿Verdad?" Le dije.

"Rayo." dijo, y me dedicó una sonrisa atractiva.

"¿Quién es este?" Dije, señalando el cuerpo con mi cabeza.

"Era Murry." dijo Niall. "Era un gran amigo de mi sobrino Breandan."

Murry parecía muy joven; para el ojo humano quizás tendría dieciocho. "Dijo que no podía esperar a matarme." les dije.

"Pero en cambio, tu lo hiciste. ¿Cómo?"Preguntó Dillon, como si estuviera preguntando cómo había separado un pastel de hojaldre.

"Con la pala de mi abuela." Dije. "En realidad, ha pertenecido a mi familia durante mucho tiempo. No es que tengamos un fetiche de herramientas de jardinería o algo así, sino que como funciona y está ahí, no hay necesidad de comprar otra." Palabrería.

Ambos me miraron. No podía saber si se pensaban que estaba loca o qué.

"¿Podrías mostrarnos esa herramienta de jardinería?" Dijo Niall.

"Claro. ¿Queréis un té o algo? Creo que tenemos algo de Pepsi y limonada." ¡No, no, no limonada! ¡Podrían morir! "Lo siento, cancelad la limonada. ¿Té?"

"No", dijo Niall muy suavemente. "Creo que ahora no."

Había tirado la sangrienta pala entre las flores. Cuando la recogí y se la acerqué, Dillon se estremeció. "Hierro." dijo.

"No llevas los guantes puestos." Le dijo Niall a su hijo y cogió la pala de mis manos.

Sus manos estaban cubiertas por una tela flexible desarrollada por las empresas químicas que eran propiedad de las hadas. Con esa sustancia, las hadas eran capaces de adentrarse en el mundo de los humanos sin tener que temer ser envenenadas en el proceso.

Dillon parecía arrepentido. "No, lo siento, padre."

Niall sacudió su cabeza como si le decepcionara Dillon, pero su atención estaba fija en la pala. Estaba preparado para sujetar algo venenoso, pero noté que todavía la cogía con sumo cuidado.

"Se clavó en él fácilmente." Dije, y tuve que reprimir unas nauseas repentinas. "No sé porqué. Es afilada, pero no tanto."

"EL hierro nos puede cortar la carne como un cuchillo la mantequilla." Dijo Niall.

"Ugh." Bueno, al menos sabía que no había conseguido súperfuerza.

"¿Te sorprendió?" Preguntó Dillon. Aunque no tenía las mismas arrugas finas que hacían que mi bisabuelo fuera hermoso, Dillon parecía solo ligeramente más joven que Niall, lo que hacía su relación más desconcertante. Pero cuando miré de nuevo al cuerpo, volví al presente de golpe.

"Me sorprendió. Estaba trabajando con las flores, y lo siguiente que supe, es que lo tenía delante diciendo lo mucho que iba a disfrutar matándome. Nunca le había hecho nada a él. Y me aterró, tanto que moví la pala y se la clavé en el estómago." De nuevo, mi estómago se revolvió.

"¿Dijo algo más?" Mi bisabuelo trataba de hablar casualmente, pero parecía muy interesado en la respuesta.

"No, señor." Dije. "Pareció algo sorprendido, y entonces… murió." Bajé por las escaleras y me senté pesadamente.

"No es que me sienta culpable." Dije rápidamente. "Es solo que él trataba de matarme y se alegraba por ello y yo nunca le había hecho nada. Y no sabía nada de él, y ahora está muerto."

Dillon se arrodilló delante de mí. Me miró a la cara. No parecía exactamente amable, pero si menos agresivo. "Él era tu enemigo, y ahora está muerto." dijo. "Eso es motivo de alegría."

"No exactamente", le dije. No sabía cómo explicarlo.

"Eres cristiana." dijo, como si hubiera descubierto que era un hermafrodita o vegetariana.

"Soy una realmente mala." le dije apresuradamente. Sus labios comprimidos, y pude ver que estaba intentando no reírse. No me sentía con ganas y menos con el cuerpo del hombre que había matado a pocos metros de distancia. Me pregunto cuántos años Murry había caminado sobre esta tierra, y ahora estaba arrugado formando un montón sin vida, su sangre manchando mi grava. ¡Espera un minuto! Él ya no estaba. Estaba convirtiéndose en… polvo. No era como la desintegración gradual de un vampiro, era más como si alguien estuviera borrando a Murry.

"¿Tienes frío?" Niall preguntó. No parecía pensar de la desaparición de trozos del cuerpo fuera algo inusual.

"No, señor. Solo estoy triste. Quiero decir, estaba tomando el sol, después fui a ver a Claude y Claudine, y ahora aquí estoy." No podía apartar los ojos del cuerpo que se desintegraba.

"Has estado tumbada al sol y haciendo tareas de jardinería. A nosotros nos gusta el cielo y el sol." Dijo, como si eso fuera una prueba positiva de que éramos de la misma familia. Me sonrió. Era tan hermoso. Me sentía como una adolescente a su alrededor, una adolescente con acné y gorda. Ahora me sentía como una asesina adolescente.

"¿Vais a recoger sus… cenizas?" Pregunté. Me levanté, tratando de hacer algo.

Moverme me haría sentir menos miserable.

Dos pares de ojos sorprendidos me miraron inexpresivamente.

"¿Por qué?" Dillon preguntó.

"Para enterrarle."

Parecieron horrorizados.

"No, no en la tierra." Dijo Niall, tratando de sonar menos agitado de lo que estaba.

"Así no es como lo hacemos."

"¿Entonces como lo hacéis?" Había mucho polvo brillante que empezaba a acumularse sobre mi camino y mis flores, y todavía quedaba el torso. "No quiero ser pesada, pero Amelia puede venir en cualquier momento. Y no solemos tener muchas visitas, pero a veces viene el de la agencia de transportes y el que mide el consumo."

Dillon miró a mi bisabuelo como si estuviera hablando en japonés. Niall dijo "Sookie comparte su casa con otra mujer, y esta mujer puede volver en cualquier momento."

"¿Vendrá alguien más a por mí?" Pregunté, cambiando de tema.

"Probablemente." Dijo Niall. "Fintan hizo un mejor trabajo que yo protegiéndote, Sookie. Incluso te protegió de mí, y yo solo quiero quererte. Pero no me quería decir dónde estabas." Niall parecía triste, hostigado y cansado por primera vez desde que le había visto. "He tratado de mantenerte alejada de todo eso. Pienso que solo quería conocerte antes de que consiguieran matarme, y me las arreglé con los vampiros para que mis movimientos no se notaran tanto, pero ese arreglo te ha creado problemas.

Puedes confiar en mi hijo Dillon." Puso su mano sobre el hombro del joven hada. Dillon sonrió encantadoramente, mostrando sus blancos y afilados dientes. Vale, daba miedo, incluso aunque fuera el padre de Claude y Claudine.

"Hablaremos pronto." Dijo Niall, inclinándose para darme un beso. Su fino y brillante pelo me rozó la mejilla. Olía muy bien; como todas las hadas. "Lo siento, Sookie." Dijo. "Pensé que podría obligarles a aceptarlo… Bueno, no pude." Sus verdes ojos me miraron con intensidad y pesar. "¿Tienes… una manguera? Podríamos amontonar la mayoría de las cenizas, pero creo que será más sencillo si simplemente… las distribuyes."

Puso sus brazos a mi alrededor y me abrazó, y Dillan me despidió con un gesto burlón. Los dos dieron unos pasos hacia los árboles, y desaparecieron en la tierra, como cuando te encuentras un ciervo en el bosque.

Eso era todo. Me dejaron sola en mi soleado patio, con una montaña de cenizas con forma de cuerpo en el camino.

Lo añadí a mi lista mental de cosas raras del día. Había estado con la policía, tomado el sol, ido a un centro comercial con dos hadas, quitado malas hierbas, y matado a alguien. Ahora tocaba deshacerse del cuerpo. Y el día todavía no se había terminado.

Encendí el grifo, desenrollé la manguera para que el agua llegara hasta esa zona, y apreté el extremo para pulverizar el agua sobre las cenizas de hada.

Tuve un sentimiento extraño. "Cualquiera pensaría que debería de estar acostumbrada a estas alturas." Dije en voz alta, sorprendiéndome todavía más. No quería sumar la gente que había matado. Antes de los dos últimos años (quizás menos si lo contaba por meses), nunca había puesto un dedo encima de nadie por ira, dejando a un lado el golpe que le di a Jason con un bate de baseball de plástico cuando le quitó el pelo a mi muñeca.

Traté de recomponerme. Ya estaba hecho. No había vuelta atrás.

Solté el extremo de la manguera y apagué el grifo.

Bajo la luz decreciente del sol, era complicado notarlo, pero pensaba que había dispersado bastante bien las cenizas.

"Pero no de mi memoria." Dije seriamente. Entonces tuve que reírme, y soné como una loca. Estaba de pie en mi patio lavando sangre de hada con una manguera y diciéndome a mí misma frases melodramáticas. Lo siguiente sería interpretar el soliloquio de Hamlet que tuve que memorizar en la escuela.

Esta tarde me había desgastado, pero mucho.

Me mordí el labio inferior. Ahora que se me había pasado la intoxicación de tener familiares, tenía que admitir que el comportamiento de Niall era agradable (casi siempre) pero impredecible. Por lo que había dicho, me había puesto en riesgo adrede.

Quizás debería haber preguntado antes como había sido mi abuelo Fintan. Niall me había dicho que había cuidado de mí sin que le notaran, una imagen que era aterradora pero conmovedora. Niall era aterrador y conmovedor también. El tío abuelo Dillon solo parecía aterrador.

La temperatura disminuía con la creciente oscuridad, y estaba temblando cuando entré en la casa. Quizás se congelara la manguera esta noche, pero no me importaba.

Había ropa en la secadora y tenía que comer ya que no había comido nada en el centro comercial. Se acercaba la hora de cenar. Tenía que concentrarme en las pequeñas cosas.

Amelia llamó mientras estaba doblando la colada. Me dijo que estaba a punto de salir del trabajo y que iba a juntarse con Tray para ver una película y cenar. Me pregunto si quería ir, pero dije que estaba ocupada. Amelia y Tray no necesitaban una tercera en discordia, y no quería sentirme como tal.

Hubiera estado bien tener algo de compañía. ¿Pero que hubiera contado para dar conversación? Wow, esa pala se le clavó dentro como si fuera gelatina.

Me encogí de hombros y traté de pensar qué hacer. Un compañero que no pudiera criticarme, eso era lo que necesitaba. Echaba de menos al gato que llamábamos Bob (aunque no nació gato, ahora sí lo era). Quizás debería comprarme un gato de verdad.

No era la primera vez que había considerado ir a la perrera. Sería mejor esperar a que la crisis de las hadas terminara antes de hacerlo. No tenía sentido coger un animal si me iban a matar en cualquier momento ¿No? No sería justo para el animal. Empecé a reír, y sabía que no podía ser bueno.

Tiempo para dejar de hacer el tonto, hora de hacer algo. Primero, limpiaré la pala y la tiraré. La llevé al fregadero de la cocina y la lavé y froté. El hierro aprecia tener un nuevo brillo, como un cepillo que acaba de ser limpiado. Lo sostuve bajo la luz y miré la herramienta. Me estremecí.

Vale, esa había sido una comparación desagradable. Eliminé la idea y seguí frotando. Cuando pensé que ya estaba inmaculada, la sequé de nuevo. Después salí rápidamente por la puerta trasera y en la oscuridad la dejé de nuevo en su lugar.

Me preguntaba si sería mejor comprar una nueva pala en el Walmart. No estaba segura de poder usarla la próxima vez que quisiera trasplantar algo. Sería como usar una pistola para clavar clavos. Dudé, la pala colgaba de su gancho. Entonces cambié de idea y la volví a llevar a la casa. Me detuve en las escaleras, mirando los últimos rayos de luz en el horizonte antes de que mi estómago hiciera ruido.

Qué día tan largo había tenido. Estaba lista para sentarme ante la televisión con un plato de algo malo para mi salud, mirando una serie que no fuera bueno para mi mente.

Escuché un coche subiendo por el camino que iba a la casa mientras abría la puerta trasera. Esperé fuera para ver quién era. Fuera quien fuera, me conocía un poco, porque el coche giró hacia la parte trasera.

Después de un día entero de problemas, aquí venia otro: mi visitante era Quinn, quien se suponía no debía ni poner un pie en el Área Cinco. Conducía un Ford Taurus, un coche alquilado.

"OH, genial." Dije. Antes quería compañía, pero esto no era compañía. Por mucho que me gustara Quinn y le admirara, esta conversación prometía ser igual que el resto del día.

Salió del coche hacia mí, andando grácilmente, como siempre. Quinn es un hombre rapado al cero muy alto y con ojos morados. Es uno de pocos weretigres que quedan en el mundo y probablemente el único macho de América del norte. La última vez que nos vimos habíamos roto. No estaba orgullosa de cómo se lo había dicho, pero pensaba que había quedado claro que ya no éramos pareja.

Y aun así ahí estaba, con sus grandes y cálidas manos sobre mis hombros. Cualquier placer que había podido sentir al verle desapareció llevada por una ola de ansiedad.

Podía oler los problemas en el aire.

"No deberías estar aquí." Dije. "Eric denegó tu petición, me lo dijo."

"¿Te lo preguntó primero? ¿Sabías que yo quería verte?" La oscuridad ahora era intensa y era difícil ver sin las luces. La cara de Quinn mostraba duros trazos bajo la luz amarillenta. Su mirada estaba fija en mí.

"No, pero ese no es el tema." Dije. Sentí ira en mí. Pero no era mi ira.

"Creo que si."

Era el anochecer. No había tiempo para hablar más. "¿No lo hablamos la última vez?" No quería montar otra escena, sin importar lo mucho que me gustara él.

"Dijiste que habíamos terminado, chica. Yo no estoy de acuerdo."

Oh, genial. ¡Justo lo que necesitaba! Pero como sé que no todo es sobre mí, conté hasta diez y dije "Sé que no te dejé muchas opciones cuando te dije que no deberíamos vernos más, Quinn. Pero lo decía en serio. ¿Qué ha cambiado de tu situación personal? ¿Tu madre ya se puede ocupar de ella misma? ¿O Frannie ha crecido lo suficiente para poder controlar a tu madre si se escapa?" la madre de Quinn lo había pasado muy mal, y se había vuelto más o menos loca. A decir verdad, era más.

Su hermana, Frannie, todavía era una adolescente.

Inclinó su cabeza un momento, como si tratara de reunir valor. Entonces me miró directamente a los ojos de nuevo. "¿Porqué eres más dura conmigo que con los demás?" preguntó.

"No lo soy." Dije al instante. Pero entonces pensé, ¿Lo soy?

"¿Le has pedido a Eric que deje Fangtasia? ¿Le pediste a Bill que abandonara su programa de ordenador? ¿Le pediste a Sam que le diera la espalda a su familia?"

"¿Qué…?" Empecé a decir, tratando de buscar la conexión.

"Me estás pidiendo que deje a la gente que quiero mi madre y mi hermana si quiero estar contigo."

"No te estoy pidiendo que hagas nada." Dije, sintiendo la tensión dentro de mi aumentar hasta niveles casi intolerables. "Te dije que quería ser lo primero para el chico con el que estuviera. Y supongo todavía lo hago que tu familia viene antes porque tu madre y tu hermana no son exactamente muy autosuficientes. ¡No le he pedido a Eric que deje Fangtasia! ¿Por qué iba a hacer eso? ¿Y por qué has metido a Sam de por medio?" Ni siquiera encontré motivos para mencionar a Bill. Hacía mucho que estaba superado.

"A Bill le encanta su estatus en el mundo humano y vampiro, Eric adora su pequeña porción de Luisiana más de lo que te querrá a ti." Dijo Quinn, y sonaba casi apenado por mí. Eso era ridículo.

"¿De dónde viene todo este odio?" Pregunté, cruzando los brazos delante de mí.

"No dejé de salir contigo porque sintiera algo por otra persona. Lo dejamos porque pensaba que tenías tu dosis cubierta."

"Está tratando de alejarte de todo el mundo al que le importas." Dijo Quinn, mirándome intensamente. "Y mira todos los súbditos que tiene."

"¿Estás hablando de Eric?" Los súbditos de Eric eran vampiros que pueden ocuparse perfectamente de ellos mismos.

"Nunca dejará su pequeña área por ti. Nunca dejará que su grupo de vampiros sirva a otra persona. Nunca…

No podía soportar más eso. Grité frustrada. Pisé fuerte con el pie como una niña de tres años. "¡No le he pedido que lo haga!" grité. "¿De qué estás hablando? ¿Has venido a decirme que nadie más me querrá como tú? ¿Pero a ti que te pasa?"

"Sí, Quinn." Dijo una familiar y fría voz. "¿Qué te pasa?"

Juro que al menos di un salto de diez centímetros sobre el suelo. Había dejado que mi pelea con Quinn centrara toda mi atención, y no había sentido la llegada de Bill.

"Estás asustando a Sookie." Dijo Bill que estaba varios metros por detrás de mí, y mi espalda se estremeció bajo la amenaza de su voz. "Eso no va a pasar, tigre."

Quinn gruñó. Sus dientes empezaron a crecer, a afilarse, bajo mi mirada. Bill apareció a mi lado al segundo siguiente. Sus ojos brillaban con un tono plateado marrón.

No solo tenía miedo de que se mataran mutuamente, noté que me estaba empezando a cansar de que apareciera gente en mi propiedad como si fuera una estación de tren.

Las manos de Quinn se convirtieron en garras. Un gruñido salió de su pecho.

"'¡No!" Dije, deseando que me escucharan. Este era un día infernal.

"Ni siquiera estás en la lista, vampiro." Dijo Quinn, y su voz realmente ya no era la suya. "Estás en el pasado."

"Te convertiré en alfombra para mi suelo." Dijo Bill, y su voz era más fría y suave que nunca, como el hielo sobre el cristal.

Esos dos idiotas iban a pelearse.

Me puse entre ellos para evitarlo, pero la parte racional de mi cerebro me dijo que sería suicida hacerlo. Mi césped se va a manchar con u n poco más de sangre esta noche. Lo que debería estar pensando era, necesito apartarme. De hecho, debería haberme marchado corriendo y cerrado la puerta de casa.

Pero eso no pasó. En realidad, lo que hice fue quedarme en medio un momento, agitando las manos inútilmente, tratando de pensar en cómo separarlos…y entonces los dos empezaron a luchar y a moverse. Quinn empujó a Bill con todas sus fuerzas. Bill me golpeó con tal fuerza que me elevé varios centímetros del suelo, y claro, todo lo que sube tiene que caer.

Capítulo 10 El agua fría caía sobre mi cara y cuello. Empecé a toser cuando una parte de ella cayó dentro de mi boca.

"¿Demasiado?" Preguntó una voz, y abrí mis ojos para ver a Eric. Estábamos en mi habitación, y solo estaba encendida la luz del baño.

"Suficiente." Dije. La cama se movió cuando Eric se levantó para llevar el paño de cocina al baño. En un segundo estaba de vuelta con una toalla de mano, secando mi cara y cuello. La almohada estaba mojada, pero decidí no preocuparme por ello. La casa se estaba enfriando ahora que el sol se había marchado, y yo estaba tumbada solo vestida con mi ropa interior. "Frío." Dije. "¿Dónde está mi ropa?"

"Manchada." Dijo Eric. Había una sábana en el extremo de la cama, y me la puso encima. Me dio la espalda un momento, y escuché como sus zapatos tocaron el suelo.

Entonces se metió bajo la sábana conmigo y se puso sobre un codo. Me estaba mirando. De espaldas a la luz que venía del baño, así que no podía ver su cara. "¿Le quieres?" Dijo.

"¿Están vivos?" No tenía sentido decidir que sí quería a Quinn si estaba muerto ¿Verdad? O quizás Eric hablaba de Bill. No podía saberlo. Me di cuenta de que me sentía algo rara.

"Quinn se marchó con varias costillas y la mandíbula rotas." Me dijo Eric, su voz era neutral. "Bill se curará esta noche, si no lo ha hecho ya."

Pensé en ello. "¿Supongo que tú tenías algo que ver con que Bill estuviera aquí."

"Se cuando Quinn desobedeció las normas. Le vimos una vez había pasado media hora desde que entró en nuestra área. Y Bill era el vampiro más cercano a tu casa. Su trabajo era asegurarse de que no te acosara mientras yo venía. Se tomó su trabajo demasiado en serio. Siento que salieras herida." Eric dijo, con la voz tensa. No estaba acostumbrado a disculparse, y sonreí en la oscuridad. Era casi imposible no estar ansiosa, noté distantemente. ¿Y seguramente debería estar molesta y enfadada, no?

"Espero que dejaran de pelear cuando caí sobre el suelo."

"Sí, el golpe terminó la… Refriega."

"¿Y Quinn se marchó con su propio pie?" Pasé mi lengua por mi boca, sabía rara: algo metálica.

"Sí, lo hizo. Le dije que me ocuparía de ti. Sabe que había pasado demasiados límites viniendo aquí para verte, ya que le dije que no podía entrar en mi área. Bill tardó más en aceptarlo, pero le hice volver a su casa."

Típico comportamiento de sheriff. "¿Me diste algo de tu sangre?" Pregunté.

Eric asintió casualmente. "Estabas inconsciente." Dijo. "Y sabía que era serio. Quería que te sintieras mejor. Fue todo mi culpa."

Suspiré. "Señor déspota." Murmuré.

"Explícamelo. No entiendo esa palabra."

"Se refiere a alguien que cree que sabe lo que es mejor para todos. Que toma decisiones por ellos sin preguntarles." Quizás le había dado una definición más personal, ¿Y qué?

"Entonces lo soy." Dijo Eric sin lástima alguna. "También esto muy…" Acercó su cabeza y me besó lenta y pausadamente.

"Caliente." Dije.

"Exactamente." Dijo, y me besó de nuevo. "He trabajado con mis nuevos maestros.

Les apoyé con mi autoridad. Ahora puedo tener mi propia vida. Y quiero reclamar lo que es mío."

Me dije a mi misma que yo podía decidir por mí misma, sin importar el vínculo de sangre con Eric. Después de todo, todavía tenía mi voluntad propia. Pero si el deseo lo había creado la donación de sangre de Eric o no, noté que mi cuerpo estaba más que dispuesta a devolverle el beso y a bajar mi mano por su ancha espalda. A pesar de la tela de su camiseta, podía sentir los músculos, tendones y huesos de su espalda mientras se movía. Mis manos parecían acordarse de la topografía de Eric igual que mis labios se acordaban de sus besos. Seguimos así durante varios lentos minutos mientras nos acostumbrábamos de nuevo.

"¿Realmente lo recuerdas?" Le pregunté. "¿Realmente te acuerdas de cuando estuvimos juntos? ¿De lo que sentías?"

"Oh, sí." Dijo. "Lo recuerdo." Me desató el sujetador antes de que me diera siquiera cuenta de que tenía su mano en mi espalda. "¿Cómo podría olvidarme de esto?" Dijo, con el pelo cayéndole sobre la cara mientras su boca recorría mi pecho. Sentí los ligeros pinchazos de sus colmillos y el placer que me daba su boca. Pasé mi mano sobre el cierre de sus vaqueros. Apretando mi mano contra el bulto que había dentro, y de pronto la indecisión desapareció.

Sus pantalones, su camiseta y mis bragas también. Su largo y frío cuerpo estaba apretado sobre mi cuerpo caliente. Me besó una y otra vez con frenesí. Emitió un sonido de hambre, y yo lo repetí. Sus dedos me recorrieron, acariciándome de una forma que me hizo estremecerme.

"Eric." Dije tratando de ponerme debajo de él. "Ahora."

Dijo "Oh, sí." Se deslizó dentro de mí como si nunca se hubiera marchado, como si hubiéramos estado haciendo el amor cada noche del último año. "Esto está mejor."

Susurró, y su voz tenía un acento que rara vez había escuchado, como si estuviera en un lugar lejano que no me podía ni imaginar. "Esto está mejor" Dijo de nuevo. "Esto se siente bien." Salió un poco, e hizo un sonido ahogado.

"¿No te duele?" Preguntó.

"Casi nada." Dije.

"Quizás soy demasiado grande."

"Hazlo de nuevo." Dije.

La volvió a meter.

"Ohdiosmio" Dije entre dientes. Mis dedos se aferraban fuerte a los músculos de su brazo. "Sí. ¡Otra vez!" Estaba lo más dentro de mi posible, y brillaba sobre mí, su blanca piel reluciendo en la oscura habitación. Fijo algo en un idioma que no fui capaz de reconocer; después de un momento, lo repitió. Y entonces empezó a moverse más y más rápido hasta que pensé que me iba a hacer pedazos, pero siguió. Yo seguí, hasta que vi sus colmillos brillar cuando se inclinó sobre mí. Cuando me mordió el hombro, abandoné mi cuerpo un minuto. Nunca había sentido nada tan bueno. No tenía aliento suficiente para gritar ni para hablar. Mis brazos estaban en la espalda de Eric, y noté como se estremecía entero cuando llegó al orgasmo.

Estaba tan agitada que no hubiera hablado aunque mi vida dependiera de ello. Nos tumbamos en silencio, agotados. No me importaba tenerle encima. Me sentía segura.

Lamió la marca del mordisco vagamente, y sonreí en la oscuridad. Acaricié su espalda como si estuviera acariciando un animal. Me sentía mejor de lo que me había sentido en meses. Había pasado mucho desde la última vez que tuve sexo, y esto era como… sexo de gourmets. Incluso ahora seguía sintiendo pequeñas repeticiones de mi orgasmo.

"¿Esto hará que cambie el vínculo de sangre?" Pregunté. Tuve cuidado de no sonar como si le estuviera culpando de algo. Pero por supuesto, lo hacía.

"Felipe te deseaba. Cuanto más fuerte sea nuestro vínculo, menos oportunidades tendrá de hacerse contigo."

Me estremecí. "Yo no puedo hacer eso."

"No tendrás que hacerlo." Dijo Eric, su voz me acariciaba como una pluma.

"Estamos unidos por el cuchillo. Estamos vinculados. No te me puede arrebatar."

Solo podía agradecer no tener que ir a Las Vegas. No quería irme de casa. No podía imaginarme lo que sería estar rodeada de tanta codicia; bueno, sí, podía. Sería horrible. Las frías y grandes manos de Eric se posaron sobre mi pecho, y lo acarició con sus pulgares.

"Muérdeme." Dijo Eric, y lo decía literalmente.

"¿Por qué? Dijiste que ya me habías dado antes."

"Porque me gusta." Dijo, y se puso encima de mí. "Solo… por eso."

"No puedes estar…" Pero estaba listo otra vez.

"¿Quieres ponerte encima?" Preguntó Eric.

"Podríamos ponernos así un rato." Dije, tratando de no sonar como una mujer fatal.

De hecho, era complicado no gruñir. Antes de que pudiera recomponerme, habíamos invertido nuestra posición. Sus ojos estaban fijos en los míos. Sus manos sobre mi pecho, acariciándolos y pellizcándolos suavemente, y su boca siguió a sus manos.

Tenía miedo de perder el control de los músculos de las piernas, de lo relajada que estaba. Me moví lentamente, de forma irregular. Notaba la tensión aumentar gradualmente. Empecé a centrarme, moviéndome sin parar.

"Más despacio" Dijo, y ralenticé. Sus manos se pusieron sobre mis caderas para dirigirme.

"Oh." Dije cuando empecé a notar el afilado placer llenarme. Él había encontrado mi centro de placer con su pulgar. Empecé a acelerar, y si trató de detenerme después de eso, lo ignoré. Me levantaba y caía cada vez más rápido, entonces cogí su muñeca y le mordí con todas mis fuerzas, chupando la herida. Gritó, un sonido incoherente de liberación y alivio. Lamí su muñeca, aunque yo no tenía ese poder coagulante que él tenía.

"Perfecto." Dijo. "Perfecto."

Empecé a decir que no podía ser así, por la cantidad de mujeres con las que había estado a lo largo de los siglos, pero pensé ¿Por qué estropear el momento? Dejémoslo así. En un extraño momento de sabiduría, escuché mi propio consejo.

"¿Puedo contarte lo que me ha pasado hoy?" Pregunté cuando llevábamos varios minutos descansado.

"Por supuesto, mi amor." Sus ojos estaban medio abiertos. Estaba tumbado de espaldas a mi lado, y la habitación olía a sexo y a vampiro. "Soy todo oídos de momento, al menos." Rió.

Esto era lo mejor, bueno o al menos una de las mejores cosas tener a alguien con quien compartir los acontecimientos del día. A Eric se le daba bien escuchar, al menos cuando estaba relajado. Le conté la visita de Andy y Lattesta, la aparición de Diantha mientras estaba tomando el sol.

"He saboreado el sol en tu piel." Dijo, acariciándome. "Continua."

Así que seguí hablando, contándole la cita con Claude y Claudine y lo que me habían contado sobre Breandan y Dermot.

Eric estaba más atento cuando hablaba de las hadas. "La casa olía a hada." Dijo.

"Pero la ira de ver a tu pretendiente tigre hizo que lo ignorara. ¿Quién vino?"

"Bueno, su nombre de hada era Murry, pero no te preocupes, le maté." Dije. Si alguna vez había dudado de que Eric me prestase atención, ya no lo haría más.

"¿Cómo hiciste eso, mi amor?" Preguntó amablemente.

Se lo expliqué, y cuando llegamos a la parte en la que aparecieron mi bisabuelo y Dillon, Eric se sentó, la sábana se deslizó. Estaba totalmente serio y despierto.

"¿El cuerpo ha desaparecido?" Preguntó por tercera vez, y dije "Sí, Eric, así es."

"Sería una buena idea que te quedaras en Shreveport." Dijo Eric. "Incluso podrías quedarte en mi casa."

Esto era una novedad. Nunca había sido invitada a la casa de Eric. Ni siquiera sabía dónde estaba. Estaba sorprendida y también algo emocionada.

"Me gustaría mucho." Dije. "Pero sería demasiado duro ir desde Shreveport al bar para trabajar."

"Estarías más segura si dejaras de trabajar hasta que se resuelva este asunto de las hadas." Eric inclinó la cabeza al mirarme, su cara inexpresiva.

"No, gracias." Dije. "Es muy amable de tu parte. Pero sería una molestia para ti, seguro, y sé que también para mí."

"Pam es la única persona que he invitado a venir a mi casa."

Dije alegremente "¿Solo las rubias están permitidas, eh?"

"Te doy el honor de invitarte a mi casa." Nada en su cara. Si no hubiera estado tan acostumbrara a leer la mente de la gente, quizás hubiera podido interpretar su lenguaje corporal. Pero estaba demasiado acostumbrada a saber lo que la gente pensaba, sin importar que lo dijeran con palabras o no.

"Eric, estoy perdida." Dije. "Las cosas claras, ¿Vale? Sé que quieres que reaccione de una manera, pero no tengo ni idea de cómo."

Estaba perplejo; así es como se veía.

"¿Qué es lo que quieres?" Preguntó, sacudiendo la cabeza. Su hermoso y dorado pelo se agitó sobre su cara. Estaba enredado de hacer el amor. Se veía mejor que nunca. Era terriblemente injusto.

"¿Qué es lo que quiero?" Se tumbó, y me giré para mirarle a la cara. "No creo que quiera nada." Dije cuidadosamente. "Quería un orgasmo, y he tenido muchos." Sonreí, esperando que fuera la respuesta correcta.

"¿No quieres dejar tu trabajo?"

"¿Porqué iba a querer eso? ¿Cómo viviría entonces?" pregunté tontamente.

Entonces, finalmente, lo comprendí. "¿Crees que como estamos juntos y dijiste que soy tuya, me gustaría dejar mi trabajo y cuidarte la casa? ¿Comer caramelos por el día y dejar que tú me comas por la noche?"

Sí, era eso. Su cara lo confirmó. No sabía cómo sentirme. ¿Dolida? ¿Molesta? No, había tenido suficiente ya por hoy. No podría exteriorizar otra emoción fuerte aunque tuviera toda la noche por delante. "Eric, me gusta trabajar." Dije. "Tengo que salir de casa todos los días y esta con gente. Si me alejo, habrá un estruendoso ruido cuando regrese. Es mucho mejor para mí tener que ocuparme de las voces todos los días, para mantener la costumbre." No me estaba explicando muy bien. "Además, me gusta estar en el bar. Me gusta ver a la gente con la que trabajo. Supongo que darle a la gente alcohol no es un noble trabajo o un servicio público, quizás sea justo lo contrario. Pero soy buena en lo que hago, y me pega. ¿Estás diciendo…? ¿Qué estás diciendo?"

Eric parecía inseguro, una expresión que le sentaba rara en su normalmente segura cara. "Esto es lo que otras mujeres querían de mí." Dijo. "Trataba de ofrecértelo antes de que lo pidieras."

"No soy cualquier otra mujer." Dije. Era difícil encogerme de hombros estando tumbada, pero lo intenté.

"Eres mía." Dijo. Entonces notó como yo había fruncido el ceño y trató de arreglarlo. "Eres mi única amante. No la de Quinn, ni la de Sam, ni la de Bill." Hubo una larga pausa. "¿Lo eres?" Dijo.

Una conversación sobre la relación empezada por el chico. Esto era diferente, si teníamos en cuenta las historias que había escuchado de las otras camareras.

"No sé si la comodidad que siento contigo es por el intercambio de sangre o si es un sentimiento que podría tener naturalmente por ti." Dije, escogiendo cada palabra con cuidado. "No creo que hoy hubiera estado preparada para hacer el amor contigo si no hubiera sido por el vínculo, porque hoy he tenido un días asqueroso. No puedo decir `Oh, Eric, te quiero, llévame lejos' porque no sé lo que es real y lo que no lo es.

Hasta que no esté segura, no tengo la intención de cambiar mi vida drásticamente."

Las cejas de Eric se empezaron a juntar, una señal de descontento.

"¿Si soy feliz cuando estoy contigo?" Puse la mano sobre su mejilla. "Sí, lo soy. ¿Si pienso que hacer el amor contigo es lo mejor que existe? Sí, lo pienso. ¿Si quiero hacerlo de nuevo? Ya lo puedes jurar, pero no ahora mismo que tengo algo de sueño.

Pero pronto. Y de forma frecuente. ¿Voy a hacerlo con alguien más? No. Y no lo haré a no ser que decida que lo único que hay entre nosotros es el vínculo."

Parecía como si estuviera sopesando varias respuestas. Finalmente dijo, "¿Te arrepientes de lo de Quinn?"

"Sí." Dije, porque tenía que ser sincera. "Porque empezamos algo bueno, y quizás cometí un grave error al dejarle irse. Pero nunca he salido con dos hombres a la vez, y no voy a empezar ahora. Ahora mismo, el único eres tú."

"Me quieres." Dijo, y asintió.

"Te aprecio." Dije con cuidado. "Te deseo. Me gusta tu compañía."

"Hay una diferencia." Dijo Eric.

"Sí, la hay. ¿Pero a mí no me ves pidiéndote que me digas lo que sientes por mí verdad? Porque estoy segura de que no me gustaría la respuesta. Así que será mejor que te contengas un poco."

"¿No quieres saber lo que siento por ti?" Eric parecía incrédulo. "No puedo creer que seas una mujer humana. Las mujeres siempre quieren saber lo que sientes por ellas."

"Y seguro que luego se arrepienten de que se lo hayas dicho, ¿Verdad?"

"¿Eso debería darme confianza?"

"Siempre te digo la verdad." Dijo. Y no quedaba rastro de sonrisa en su cara.

"Quizás no te diga todo ahora, pero lo que te digo… es cierto."

"¿Porqué?"

"El intercambio de sangre ha sido mutuo." Dijo. "He tomado la sangre de muchas mujeres. He tenido control sobre ellas. Pero nunca bebieron de la mía. Han pasado décadas, quizás siglos desde que le di mi sangre a una mujer. Quizás ninguna desde que convertí a Pam."

"¿Esa es la norma general que existe entre los vampiros?" No estaba segura de cómo preguntar lo que quería saber.

Dudó, después asintió. "Principalmente. Hay algunos vampiros que les gusta tener control total sobre un humano… hacerlo su Renfield." Usó el término con desagrado.

"¿Eso de de Drácula, verdad?"

"Sí, del sirviente humano de Drácula. Una criatura degradada… ¿Porqué un hombre tan poderoso como Drácula querría a un hombre así…?" Eric sacudió la cabeza con asco. "Pero a veces pasa. Los demás miramos con recelo a los vampiros que crean sirviente tras sirviente. El humano enloquece cuando el vampiro lo controla demasiado. Cuando el humano está totalmente perdido, no merece la pena convertirlo. No merece la pena hacer nada con él. Antes o después, hay que matarlo."

"¡Matarlo! ¿Porqué?"

"Si el vampiro que lo ha controlado abandona a su Renfield, o si el vampiro muere… la vida del Renfield no merece la pena."

"Tienen que ser sacrificados." Dije. Como si se tratara de un perro con la rabia.

"Sí." Eric apartó la mirada.

"Pero eso no me pasará a mí. Y no me convertirás." Lo decía completamente en serio.

"No. Yo nunca te obligaría a ser mi sirvienta. Y no te convertiré, ya que no quieres eso."

"Incluso aunque esté a punto de morir, no me conviertas. Odiaría eso más que cualquier otra cosa."

"Lo acepto. Sin importar lo mucho que quiera estar contigo."

Después de habernos conocido, Bill no me había convertido cuando había estado a punto de morir. Nunca me había dado cuenta de que quizás estuvo tentado. En vez de eso había salvado mi vida humana. Lo dejé a un lado para pensar en ello más tarde. No tenía que pensar en un hombre si estaba con otro distinto en la cama.

"Me salvaste de quedar vinculada a Andre." Dije. "Pero tuve consecuencias."

"Si hubiera seguido con vida, también yo las hubiera tenido. Sin importar su reacción, Andre hubiera venido a por mí por haber intervenido."

"Parecía tan calmado aquella noche." Dije. Eric había persuadido a Andre de dejarme. Me había alegrado mucho en aquel momento, ya que Andre me daba escalofríos y yo no le importaba nada. Recordé mi charla con Tara. Ahora sería libre si Andre hubiera tomado mi sangre esa noche, ya que está muerto. Todavía no sabía cómo sentirme sobre eso probablemente de varias maneras.

Esta noche estaba empezando a ser una de revelaciones. No paraban de venirme todo el tiempo.

"Andre nunca dejó pasar un desafío." Eric dijo. "¿Recuerdas como murió, Sookie?"

Sep.

"Con una gran astilla de madera en el pecho." Dije, tragando saliva. Como Eric, no siempre contaba la pura verdad. La astilla no se le había clavado por accidente. Quinn lo había hecho.

Eric me miró durante lo que pareció un largo rato. Podía sentir mi ansiedad, por supuesto. Esperé para ver si seguía con el mismo tema. "No echo de menos a Andre."

Dijo finalmente. "Pero a SophieAnne sí. Era valiente."

"Cierto." Dije, aliviada. "Por cierto, ¿Cómo te van con tus nuevos jefes?"

"de momento, bien. Son muy directos. Me gusta eso."

Desde finales de octubre, Eric había tenido que aprenderse la nueva organización, el carácter de los vampiros que la formaban, y como ocuparse de los nuevos sheriffs.

Incluso para él, era bastante.

"Seguro que los vampiros que estaban contigo aquella noche están más que alegres de serte leales, ya que sobrevivieron al contrario que muchos de los vampiros de Luisiana."

Eric sonrió ampliamente. Eso hubiera sido aterrador si no hubiera visto antes sus colmillos. "Sí." Dijo con gran satisfacción. "Me deben sus vidas, y lo saben."

Deslizó su brazo a mí alrededor y me acercó a su frío cuerpo. Estaba llena y saciada, y mis dedos recorrieron su dorado pelo. Pensé en la imagen provocativa del calendario, Míster Enero de "Vampiros de Luisiana". Me gustaba más la que me había dado. Me preguntaba si podría tener una copia tamaño poster.

Se rio cuando se lo pregunté. "Deberíamos pensar en hacer otro calendario." Dijo.

"Nos produjo muchas ganancias. Si consigo una foto tuya con esa misma pose, te daré un poster de la mía."

Pensé en ello unos veinte segundos. "No creo que pudiera posar desnuda." Dije con algo de pesar. "Siempre regresan luego para morderte el culo."

Eric se rio de nuevo, baja y roncamente. "Dices mucho eso." Dijo. "¿Debería probar a morderte el culo?" Eso llevó a muchas otras cosas, maravillosas y pícaras. Después de haber terminado esas cosas, Eric miró el reloj que había junto a mi cama.

"Tengo que irme." Susurró.

"Lo sé." Dije. Mis ojos me empezaban a pesar.

Empezó a vestirse para regresar a Shreveport, y puse las sábanas y mantas ordenadamente sobre la cama. Era complicado mantener los ojos abiertos, aunque verle moverse por la habitación era una vista muy dulce.

Se inclinó para besarme, y puse mis manos alrededor de su cuello. Por un segundo, supe que estaba pensando en meterse otra vez en la cama conmigo; esperaba que fuera su lenguaje corporal y el murmuro de placer lo que me hiciera ver sus pensamientos. De vez en cuando, podía ver una imagen rápida de la mente de un vampiro, y me aterraba. No pensaba que fuera a durar mucho si los vampiros supieran que también podía leer sus mentes, aunque fuera algo muy ocasional.

"Te deseo de nuevo." Dijo, sonaba algo sorprendido. "Pero tengo que irme."

"Te veré pronto, supongo." Estaba suficientemente despierta como para estar insegura.

"Sí." Dijo. Sus ojos eran brillantes y su piel relucía. La marca de la muñeca había desaparecido. Toqué el lugar donde había estado. Se inclinó para besar la marca de mi cuello, y me estremecí. "Pronto."

Y se fue, y escuché la puerta trasera cerrarse. Con las últimas fuerzas que me quedaban, me levanté y fui a la cocina para cerrar el pestillo. Vi el coche de Amelia aparcado junto al mío; en algún momento había vuelto a casa.

Fui a la cocina a beber agua. Conocía la cocina como la palma de mi mano, así que no tuve que encender la luz. Cuando bebí noté lo sedienta que estaba. Mientras me giré para ir a la cama, vi algo moverse en el límite del bosque. Me congelé, con el corazón latiendo rápidamente.

Bill salió de entre los árboles. Sabía que era él, aunque no podía ver su cara claramente. Se quedó de pie mirando, sabía que había visto a Eric marcharse. Bill se había recuperado ya de la pelea con Quinn.

Pensé que me pondría furiosa al saber que Bill me estaba mirando, pero la ira no apareció. No importaba lo que había pasado entre nosotros, no podía quitarme de encima el sentimiento de que Bill no solo me estaba espiando sino que me vigilaba.

También más razonablemente no había nada que yo pudiera hacer. No podía abrir la puerta y disculparme por haber estado con un hombre. En este momento, no estaba nada arrepentida de haberme acostado con Eric. De hecho, me sentía llena igual que en Acción de gracias. Eric no se parecía en nada a un pavo pero después tuve la imagen mental de él tumbado en la mesa de la cocina con patatas y condimentos, y solo fui capaz de pensar en la cama. Me deslicé bajo las sábanas con una sonrisa en mi cara, y casi tan pronto como mi cabeza se posó sobre la almohada, me dormí.

Capítulo 11 Debería haber sabido que mi hermano vendría a verme. Solo me tendría que haber sorprendido que no hubiera venido antes. Cuando me levanté al día siguiente, siéndome igual de relajada que un gato en una caja al sol, Jason estaba en el patio sobre la tumbona que había usado el día anterior. Pensé que había hecho bien en no entrar, considerando lo extraña que era nuestra relación ahora mismo.

Hoy no hacía tanto calor como el día anterior. Hacía frío. Jason llevaba una chaqueta pesada y un gorro de lana. Estaba mirando al cielo ausente.

Recordé el aviso de los gemelos, y le miré detenidamente; pero no, era Jason. Su mente me era familiar, pero quizás un hada podía fingir hasta la personalidad de alguien. Así que escuché un momento. No, este era definitivamente mi hermano.

Era raro verle sentado y más raro era verle solo. Jason siempre estaba hablando, bebiendo, rodeado de mujeres, trabajando en el trabajo o en casa; y aunque no estaba con ninguna mujer, casi siempre iba con su sombra masculina Hoyt (hasta que Holly se le adelantó) o con Mel. Verle pensar o estar solo no eran estados que asociara con mi hermano. Al verle mirando al cielo mientras yo me preparaba una taza de café, pensé, Jason ahora es viudo.

Esa era una nueva y extraña identidad para Jason, una gran carga que quizás no fuera capaz de manejar. Se había preocupado más por Crystal que por él mismo. Eso había sido también una nueva experiencia para él. Crystal linda, estúpida e infiel había sido la versión femenina de él. Quizás su infidelidad había sido un intento de buscar su independencia, de luchar contra el embarazo que la ataba a Jason. Quizás solo había sido una mala mujer. Nunca la comprendí, y nunca lo haría ya.

Sabía que iba a tener que hablar con mi hermano. Aunque le había dicho que se alejara de mí, no me escuchaba. ¿Lo había hecho alguna vez? Quizás había una tregua debido a la muerte de Crystal para mostrar que algo había cambiado.

Suspiré y fui hacia la puerta trasera. Como había dormido hasta tarde, me había dado una ducha antes de preparar el café. Cogí mi abrigo rosa del ropero y me lo puse sobre los vaqueros y el jersey.

Puse una taza de café junto a Jason, y se sentó en la silla para dejarme hueco junto a él. NO movió la cabeza, aunque sabía que yo estaba allí. Sus ojos estaban tapados por gafas de sol.

"¿Me has perdonado?" Preguntó después de darle un sorbo al café. Su voz sonaba ronca y brusca. Pensé que había estado llorando.

"Supongo que lo haré antes o después." Dije, "Pero nunca volveré a pensar lo mismo de ti."

"Dios, eres muy dura. Eres toda la familia que me queda." Las gafas oscuras se giraron hacia mí. Tienes que perdonarme, porque eres la única que puede hacerlo.

Le miré, sintiéndome algo molesta, y algo triste. Si me estaba volviendo más dura, era en respuesta al mundo que había a mi alrededor. "Si me necesitas tanto, supongo que deberías haberlo pensado dos veces antes de que meterme en algo así." Froté mi cara con mi mano libre. Tenía algo de familia que él desconocía, y no se lo iba a decir.

Solo trataría también de utilizar a Niall.

"¿Cuándo dejarán que te ocupes del cuerpo de Crystal?" Pregunté.

"Quizás dentro de una semana." Dijo. "Entonces podremos hacer un funeral. ¿Vendrás?"

"Sí. ¿Dónde será?"

"Hay una capilla cerca de Hotshot." Dijo. "No es gran cosa."

"¿La iglesia Tabernáculo Sagrado?" era un edificio destartalado en mitad del campo.

Asintió. "Calvin dice que hacen allí todos los funerales de Hotshots. Uno de los tipos de Hotshot es el cura."

"¿Cuál?"

"Marvin Norris."

Marvin era el tío de Calvin, aunque era cuatro años más joven.

"Creo que recuerdo haberle visto en el cementerio que hay detrás de la iglesia."

"Sí. La comunidad hace el agujero, uno de ellos mete dentro el ataúd, y otro de ellos oficia la misa. Es muy hogareño y personal."

"¿Has ido antes a un funeral allí?"

"Si, en octubre. Uno de los bebes murió."

No había salido en los periódicos la muerte de un bebe nacido en Bon Temps. Me pregunté si el bebe había nacido en el hospital o en una de las casas de Hotshots; si quedaba algún rastro de su existencia.

"Jason, ¿Te ha ido a ver la policía otra vez?"

"Una y otra vez. Pero no lo hice, y no tienen pruebas que lo respalden. Además, tengo una coartada."

No podía discutir con eso.

"¿Cómo te va en el trabajo¿" Me preguntaba si le iban a despedir. No era la primera vez que se metía en problemas. Y aunque Jason nunca era culpable de los crímenes que le atribuían, antes o después su reputación de buen tipo se derrumbaría.

"Catfish dice que me tome un tiempo libre hasta e funeral. Van a enviar una corona a la funeraria cuando tengamos el cuerpo."

"¿Y Hoyt?"

"Hace tiempo que no le veo." Dijo Jason, sonaba dolido.

Holly, su prometida, no quería que fuera con Jason. Podía entender eso.

"¿Y Mel?" Pregunté.

"Sí." Dijo Jason, iluminándose. "Mel viene a verme. Ayer trabajamos en su camión, y este fin de semana vamos a pintar mi cocina." Jason sonrió, pero desapareció rápidamente."Me gusta Mel." Dijo. "Pero echo de menos a Hoyt."

Esa era una de las cosas más sinceras que le había escuchado decir a Jason.

"¿No has escuchado nada sobre esto, Sookie?" Me preguntó Jason. "Ya sabes. ¿No has escuchado nada¿ Si pudieras poner a la policía en la dirección correcta, podrían averiguar quién mató a mi mujer y a mi hijo, y podría recuperar mi vida de nuevo."

No pensaba que Jason fuera a recuperar su vida. Seguro que él no lo comprendería, aunque se lo deletreara. Pero entonces vi con claridad lo que había en su cabeza.

Aunque Jason no podía verbalizar esas ideas, lo comprendía, y estaba fingiendo, mucho, que todo sería igual… si pudiera librarse del peso de la muerte de Crystal.

"O si nos lo dices." Dijo. "Nos ocuparemos de ello. Calvin y yo."

"Haré lo que pueda." Dije. ¿Qué otra cosa podía decir? Había salido de la mente de Jason y me había jurado a mi misma que no volvería a entrar.

Después de un largo silencio, se levantó. Quizás estaba esperando a ver si decía algo más. "Supongo que entonces volveré a casa." Dijo.

"Adiós."

Escuché su camión arrancar momentos más tarde. volví a entrar, colgando el abrigo en el ropero.

Amelia me había dejado una nota pegada al envase de leche dentro del frigorífico.

"¡Hey, compañera!" decía el principio. "Me pareció que tenías compañía la otra noche. ¿Olía a vampiro? Escuché como alguien cerraba la puerta trasera alrededor de las tres y media. Escucha, mira a ver el contestador. Tienes mensajes."

Los cuales Amelia había escuchado, porque la luz ya no parpadeaba. Le di al botón de Play.

"Sookie, soy Arlene. Siento todo aquello. Creo que tendríamos que hablar.

Llámame."

Miré la maquina, sin saber cómo sentirme ante ese mensaje. Habían pasado varios días, y Arlene había tenido tiempo de reconsiderar la pelea del bar. ¿Eso quería decir que había dejado de lado las creencias de la Hermandad del Sol?

Había otro mensaje, de parte de Sam. "Sookie, ¿Puedes venir antes a trabajar hoy?

Tengo que hablar contigo."

Miré al reloj. Era solamente la una de la tarde, y no empezaba a trabajar hasta las cinco. Llamé al bar. Sam respondió.

"Hola, soy Sookie." Dije. "¿Qué sucede? Acabo de oír tu mensaje."

"Arlene quiere volver a trabajar." Dijo. "No sé qué decirle. ¿Qué te parece?"

"Me dejó un mensaje en el contestador. Quiere hablar conmigo." Dije. "Yo tampoco sé que pensar. Siempre sale con algo nuevo, ¿Verdad? ¿Crees que quizás haya abaldonando la Hermandad del Sol?"

"Si Whit la ha dejado." Dijo, y me reí.

No estaba segura de querer recuperar su amistad, y cuanto más pensaba en ello, más dudas tenía. Arlene me había dicho cosas horribles. Y si las decía en serio, ¿Por qué querría reconciliarse con alguien como yo? Y si no lo pensaba de verdad, ¿Por qué las había dicho? Pero sentí un retortijón cuando pensé en sus hijos, Coby y Lisa. Había pasado con ellos muchas tardes, y estaba orgullosa de ellos. No les había visto hace semanas. No estaba demasiado triste por perder la relación con su madre Arlene había matado nuestra amistad hacía tiempo. Pero los niños, si les echaba de menos. Se lo dije a Sam.

"Eres demasiado buena, querida." Dijo. "No creo que la quiera tener de nuevo aquí." Había tomado una decisión. "Espero que pueda encontrar otro trabajo, y le daré referencias por el bien de sus hijos. Pero ya me había causado problemas antes de la pelea, y no hay razones para tener que recuperar nuestra relación."

Después de colgar, noté que la decisión de Sam había sido influenciada por mí. Ya que Arlene y yo no íbamos a tener la oportunidad de hacer las paces gradualmente en el bar, trataría al menos de arreglar las cosas para que pudiéramos saludarnos si nos cruzábamos en el supermercado algún día.

Cogió al primer tono. "Arlene, soy Sookie." Dije.

"Hey, cielo. Me alegro de que me hayas llamado." Dijo. Hubo un silencio.

"Pensé en ir a verte, un rato." Dije de forma extraña. "Me gustaría ver a los niños y hablar contigo. Si te parece bien."

"Claro, vente. Dame unos minutos, para recoger un poco."

"No necesitas hacer eso por mí." Había limpiado tantas veces la caravana de Arlene a cambio de algunos favores que me había hecho o porque no tenía nada más que hacer mientras estaba con los niños.

"No quiero perder los buenos modales." Dijo alegremente, sonaba tan cariñosa que mi corazón se elevó… solo un segundo.

Pero no esperé varios minutos.

Me marché inmediatamente.

No podía explicar porqué no estaba haciendo lo que me había pedido. Quizás había escuchado algo en la voz de Arlene, incluso por teléfono. Quizás recordaba los tiempos en los que Arlene me había dejado tirada, todas las ocasiones en las que me había hecho sentirme mal.

No creía que me fuera a dejar llevar otra vez por esos incidentes, porque dejaban ver mi falta de piedad. Necesitaba tanto una amiga que me había aferrado a Arlene, aunque ella siempre se había aprovechado de mí. Cuando había empezado una relación, ella no había dudado en dejarme a un lado para poder disfrutar de ella.

De hecho, cuanto más lo pensaba, más tenía la tentación de darme la vuelta y volver a casa. ¿Pero no les debía a Coby y Lisa tratar de arreglar mi relación con su madre? Recordé todos los juegos que habíamos jugado, las veces que les había acostado y pasado la noche en la caravana porque Arlene había llamado para decir que pasaría la noche fuera. ¿Qué demonios estaba haciendo? ¿Por qué confiaba en Arlene ahora?

No lo hacía, no del todo. Por eso iba comprobar la situación.

Arlene no vivía en un aparcamiento de caravanas sino en un terreno que había heredado de su padre. Solo habían limpiado una parte del terreno, lo suficiente para dejar la caravana y un pequeño jardín. Había unos pequeños columpios que uno de los admiradores de Arlene había hecho para los niños, y también había dos bicicletas apoyadas en la caravana.

Estaba mirando la caravana desde atrás, porque me había salido de la carretera hacia el patio de una casa que estaba al lado. Su mal cableado había causado un incendio hacia un par de meses. Desde entonces lo que la rodeaba estaba carbonizado, y los inquilinos se habían marchado a vivir a otro lugar. Fui capaz de rodear la casa, porque el frío había evitado que crecieran las malas hierbas.

Cogí el camino rodeado de maleza y árboles que separaba la casa de la caravana de Arlene. Evitando los baches más grandes, conseguí llegar a la zona de aparcamiento que había delante. Solo se veía el coche de Arlene desde la carretera, ya que lo habían dejado delante.

Desde donde estaba, podía ver que detrás de la caravana había aparcado un todoterreno negro, un Ford Ranger, quizás de unos diez años, y un Buick Skylark rojo de la misma época. El todoterreno estaba cargado de maderas y troncos. Cada madera medía varios metros de largo.

Mientras miraba, una mujer que casi no reconocí salió de la caravana hacia el patio.

Su nombre era Helen Ellis, y había trabajado en Merlotte's cuatro años antes. Aunque Helen era competente y tan hermosa que atraía a los hombres como la miel a los osos, Sam tuvo que despedirla por llegar siempre tarde. Helen se había enfadado monumentalmente. Lisa y Coby seguían a Helen hacia el patio. Arlene estaba en el marco de la puerta. Llevaba un top de leopardo y unos pantalones ajustados marrones.

Los niños parecían mucho más mayores que la última vez que los había visto.

Parecían desanimados e infelices, especialmente Coby. Helen les sonrió para animales y se giró para decirle a Arlene "Avísame cuando termines." Hubo una pausa mientras Helen parecía pensar en decir algo de forma que los niños no lo comprendieran. "Solo va a tener lo que se merece." Podía ver a Helen de perfil, pero su alegre sonrisa hizo que mi estómago se revolcara. Tragué saliva.

"Vale, Helen. Te llamaré cuando los puedas traer de vuelta." Dijo Arlene. Había un hombre detrás de ella. Estaba demasiado dentro para poder verle claramente, pero pensé que era el hombre que había golpeado con una bandeja hace un par de meses, el que había tratado tan mal a Pam y a Amelia. Era uno de los nuevos amigos de Arlene.

Helen y los niños se fueron en el Skylark.

Arlene cerró la puerta para evitar que entrara el frío. Cerré los ojos y la localicé dentro de la caravana. Vi que había dos hombres con ella. ¿En qué estaban pensando?

Estaba algo lejos, pero traté de concentrarme.

Estaban pensando en hacerme cosas horribles.

Me encogí entre la maleza, sintiéndome más miserable que nunca. Sabía que no éramos las mejores amigas. Desde hacía tiempo sabía que Arlene no era realmente una buena persona. Había escuchado sus sermones y sobre cómo habría que erradicar a los seres sobrenaturales del mundo. Vale, sabía que me empezaba a ver como a uno de ellos. Pero me había obligado a pensar que era la Hermandad la que le había hecho pensar así.

Saqué mi teléfono de mi abrigo. Llamé a Andy Bellefleur.

"Bellefleur." Dijo toscamente.

No éramos amigos, pero me alegré de escuchar su voz.

"Andy, soy Sookie." Dije, tratando de mantener la voz baja. "Escucha, hay dos tipos con Arlene en su caravana, y grandes trozos de madera en uno de sus coches. No saben que sé que están con ella. Planean hacerme lo mismo que le hicieron a Crystal."

"¿Tienes pruebas?" Preguntó cautelosamente. Andy siempre había sabido que podía leer mentes, aunque eso no quería decir que fuera mi mayor fan.

"No." Dije. "Están esperando a que yo vaya." Me encogí mas, esperando que no miraran por la ventana. También había una caja de clavos extra largos en el coche.

Tuve que cerrar los ojos un momento mientras me llené de horror.

"Weiss y Lattesta están conmigo." Dijo Andy. "¿Estarías dispuesta a entrar si te respaldan?"

"Claro." Dije, sintiendo nada más que dudas. Pero sabía que tendría que hacerlo. Así dejarían de sospechar de Jason. Así tendríamos a los que habían matado a Crystal y a su bebe. Podríamos meter entre rejas a algunos de la Hermandad del Sol y quizás que les sirviera de lección a los demás. "¿Dónde estás?" Pregunté, alejando mi miedo.

"Estamos ya en el coche listos cerca del motel. Podemos llegar en siete minutos."

Dijo Andy.

"He aparcado detrás de la casa Freer." Dije. "Tengo que irme. Alguien sale de la caravana."

Whit Spradlin y su amigo, cuyo nombre no recordaba, bajaron las escaleras y sacaron la madera del coche. Los trozos estaban ya cortados con las medidas adecuadas. Whit se giró hacia la caravana y gritó algo, y Arlene abrió la puerta y bajó las escaleras, con su bolso sobre un hombro. Fue andando hacia el maletero del coche.

Maldición, iban a marcharse, dejando el coche aparcado delante como si estuviera allí. El poco aprecio que pudiera tenerle desapareció en ese momento. Miré el reloj.

Quizás tres minutos más hasta que Andy llegara.

Besó a Whit y le dijo adiós al otro hombre, y se fue a esconder dentro de la carava para que no les viera. Según su plan, iría por delante, llamaría a la puerta, y uno de ellos la abriría y me arrastraría dentro.

Fin del juego.

Arlene abrió la puerta de la caravana, con las llaves en la mano.

Tenía que quedarse. Era el eslabón más débil. Sabía eso de forma intelectual, emocional y con todos mis sentidos.

Esto va a ser horrible. Traté de contenerme.

"hola, Arlene." Dije, saliendo de mi escondite.

Gritó y se sobresaltó. "Dios mío, Sookie, ¿Qué haces en mi patio trasero?" Trató de recomponerse. Su cabeza estaba llena de rabia, miedo y culpabilidad. Y también de arrepentimiento. Había algo, lo juro.

"Estaba esperándote." Dije. No sabía qué hacer ahora, pero al menos la había frenado un poco. Quizás pudiera con ella físicamente. Los hombres de dentro no habían notado mi aparición, pero eso no duraría mucho a no ser que tuviera mucha suerte. Y no tenía mucho de eso últimamente.

Arlene estaba quita, con las llaves en la mano. Era fácil meterse en su cabeza y leer la horrible historia que había dentro.

"¿Para qué te estás preparando, Arlene?" Pregunté, en voz baja. "Deberías estar dentro, esperando a que llegue."

Vio todo, y cerró los ojos. Culpable, culpable, culpable. Trató de crear una burbuja para encerrar dentro lo que iban a hacer los hombres, para que no le afectara. No funcionó pero no había evitado su traición de hoy.

Dije. "Te has metido demasiado." Mi propia voz sonaba nivelada. "Nadie comprenderá porqué ni te perdonará." Sus ojos se agrandaron al saber que lo que decía era verdad.

Pero yo también estaba sorprendida. Sabía, de pronto, que ella no había matado a Crystal ni tampoco esos hombres; habían planeado crucificarme imitando la muerte de Crystal, porque les parecía buena idea, para mostrar sus ideas. Me habían elegido como a un cordero para sacrificar, a pesar de que sabían que no era una cambia formas; de hecho, pensaban que no pelearía tanto ya que solo era una simpatizante de los cambiaformas, no uno de ellos. No sería tan fuerte, en su opinión. Encontré eso increíble.

"Eres una patética imitación de una mujer." Le dije a Arlene. No podía parar, y no podía evitar que sonara como una verdad como un templo. "Nunca has sido sincera contigo misma en toda tu vida, ¿verdad? Todavía te ves como una hermosa jovencita, y crees que algún hombre vendrá y reconocerá eso en ti. Alguien que se ocupará de ti, que te haga dejar de trabajar, que envié tus hijos a una escuela privada en la que nunca hablaran con nadie diferente a ellos. Eso no va a pasar, Arlene. Esta es tu vida."

Abrí la mano señalando la caravana y el patio. Era lo más cruel que había hecho, pero cada palabra era cierta.

Y gritó. No podía parar de gritar. La miré a los ojos. Parecía tratar de evitar mi mirada, pero no podía conseguirlo. "¡Bruja!" Sollozó. "Eres una bruja. ¡Esas cosas existen, y tu eres una de ellas!"

Si hubiera tenido razón, podría haber evitado lo que sucedió después.

En ese momento, Andy aparcó en el patio de la casa Freer, igual que yo. Por lo que sabía, todavía había tiempo. Escuché su coche acercarse. Mi entera atención estaba concentrada en Arlene y en la puerta de la caravana. Weiss, Lattesta y Andy aparecieron detrás de mí justo cuando Whit y su compañero salieron por la puerta trasera, con rifles en sus manos.

Arlene y yo estábamos entre dos grupos armados. Sentía el sol en mis brazos. Sentí el frio aire agitar mi pelo sobre mi cara. Por encima del hombro de Arlene, vi la cara del amigo de Whit y finalmente recordé que su nombre era Donny Boling. Se había cortado el pelo hace poco. Podía notarlo por el blanco de su nuca. Llevaba una camiseta del servicio de carreteras de Orville. Sus ojos eran marrones como el barro. Y estaba apuntando a la agente Weiss.

"Tiene hijos." Grité "No lo hagas."

Sus ojos se llenaron de miedo.

Donny apuntó el rifle hacia mí. Pensó, dispárale a ELLA.

Me tiré al suelo cuando se disparó el rifle.

"¡Suelten las armas!" Gritó Lattesta. "¡FBI!"

Pero no lo hicieron. Ni siquiera creo que le escucharan.

Así que Lattesta disparó. No se podía decir que no les hubiera avisado antes.

Capítulo 12 Después de que el agente especial Lattesta les dijera de bajar las armas, las balas atravesaron el aire como polen de pino en primavera.

Aunque yo estaba expuesta, ninguno de ellas me alcanzó, cosa que me pareció totalmente increíble.

Arlene, quien no se tumbó tan rápidamente como yo, le rozó una en el hombro. La agente Weiss también la misma que había rozado a Arlene impactó en la parte derecha de su pecho. Andy disparó a Whit Spradlin. El agente especial Lattesta falló la primera vez que disparó hacia Donny Boling, pero le alcanzó con el segundo. Tardaron semanas en establecer la secuencia, pero así fue.

Y el tiroteo se terminó. Lattesta estaba llamando al 911 mientras yo todavía estaba en el suelo, contándome los dedos y pies para ver que seguía intacta. Andy fue especialmente rápido llamando al departamento para decir que se había producido un tiroteo y que había oficiales y civiles caídos.

Arlene gritaba como si su pequeña herida fuera un disparo de verdad.

La agente Weiss estaba tumbada sobre la hierba sangrando, con los ojos llenos de miedo, su boca cerrada. La bala le había dado bajo el brazo. Estaba pensando en sus hijos y en su marido y de morir en la maleza, abandonándoles. Lattesta se quitó el abrigo y puso presión sobre la herida, y Andy fue a vigilar a los dos hombres.

Lentamente me incorporé. No había forma en que pudiera ponerme de pie. Me senté entre la mugre y las hojas de pino mirando a Donny Boling, que estaba muerto.

No había el más mínimo rastro de actividad en su cerebro. Whit todavía seguía vivo aunque no estaba en su mejor forma. Después de que Andy examinara a Arlene le dijo que se callara, dejó de gritar y se acurrucó para llorar.

Tenía muchas cosas de las que culparme a lo largo de mi vida. Añadí este incidente a la lista mientras miraba como la sangre de Donny goteaba por un lado. Nadie hubiera salido herido si me hubiera metido en el coche y me hubiera marchado. Pero no, tenía que intentar atrapar a los asesinos de Crystal. Y ahora sabía aunque era tarde que esos idiotas ni siquiera eran los culpables. Me dije a mi misma que Andy me había pedido que le ayudara, y que Jason necesitaba mi ayuda… pero ahora mismo, no podía sentirme bien por ello.

Por un breve momento, pensé en tumbarme y desear morirme.

"¿Estás bien?" me dijo Andy después de haber esposado a Whit y revisado a Donny.

"Sí." Dije. "Andy, lo siento." Pero se había ido corriendo hacia la ambulancia que había aparecido. De pronto hubo mucha más gente.

"¿Estás bien?" Preguntó una mujer que llevaba traje de enfermera. Sus mangas estaban dobladas mostrando los músculos que no sabía que una mujer pudiera tener.

Podías ver cada uno de ellos bajo su piel de color café. "Pareces algo exhausta."

"No estoy acostumbrada a que disparen a mi alrededor." Dije. Cosa que era verdad.

"Creo que será mejor que vayas a sentarte a esa silla." Dijo, señalado una silla que había en el patio que había visto mejores días. "Después de atender a los que están sangrando, te revisaremos."

"¡Audrey!" Dijo su compañero, un hombre con una gran tripa. "Necesito otro par de manos aquí." Audrey se fue para ayudar, y otro equipo de médicos vino hacia la caravana. Tuve casi la misma conversación con ellos.

La agente Weiss fue la primera en ser trasladada al hospital de Clarice, y supuse que la idea era estabilizarla y trasladarla al hospital de Shreveport en avión. Whit fue metido en una segunda ambulancia. Una tercera llegó para llevarse a Arlene. El tipo muerto tenía que esperar a que aparecieran los de la funeraria.

Esperé para ver qué pasaba después.

Lattesta miró vacíamente las hojas de pino. Sus manos estaban manchadas de sangre de Weiss. Mientras le miraba, se estremeció. Las emociones regresaron a su cara, y sus pensamientos empezaron a fluir de nuevo. Él y Andy empezaron a hablar.

En aquel momento, el patio estaba lleno de agentes de la ley, todos ellos parecían tener el susto en el cuerpo. Los oficiales que se ven envueltos en un tiroteo no son muy comunes en Bon Temps. Cuando el FBI se presentó en la escena, la excitación y tensión de multiplicaron por cuatro.

Más personas me preguntaron si estaba bien, pero nadie parecía tener ganas de decirme que hacer o sugerirme que me moviera, así que me senté en la raquítica silla con las manos sobre mi regazo. Miré toda la actividad, y traté de mantener mi mente en blanco. Eso no fue posible.

Estaba preocupada por la agente Weiss, y todavía sentía una gran culpabilidad dentro de mí. Debería estar triste de que el tipo de la Hermandad estuviera muerto, suponía. Pero no lo estaba.

Pasado un rato, noté que iba a llegar tarde a trabajar si todo esto no aceleraba un poco. Sabía que era un pensamiento trivial, cuando estás mirando un charco de sangre en el suelo, pero también sabía que no sería trivial para mi jefe.

Llamé a Sam. No recuerdo lo que le dije, pero sí recuerdo que tuve que disuadirle para que no viniera a buscarme. Le dije a Sam que había mucha gente conmigo y que todos estaban armados. Después de eso, no tuve nada más que hacer que mirar el bosque. Había muchas ramas caídas, varios tonos de marrón diferentes, pinos rotos a varias alturas. El luminoso día hacía que las sombras fueran fascinantes.

Mientras miraba en las profundidades del bosque, me di cuenta de que me estaban mirando. A varios cientos de metros dentro del bosque, un hombre estaba de pie; no, no un hombre un hada. No puedo leer la mente de las hadas tan fácilmente; no son tan opacas como los vampiros, pero casi.

Era fácil leer su hostilidad, eso sí. Esta hada no estaba del lado de mi bisabuelo. Se hubiera alegrado de verme tumbada y sangrando en el suelo. Me enderecé, notando de pronto que ni siquiera todos los policías armados del mundo podrían protegerme de un hada. Mi corazón se aceleró alarmado de nuevo, respondiendo a la adrenalina.

Quería decirle a alguien que estaba en peligro, pero sabía que si mencionaba a las hadas a cualquiera de los presentes, no solo desaparecería en el bosque, sino que quizás pusiera en peligro a los humanos. Ya había hecho suficiente por hoy.

Mientras me levantaba de la silla sin un plan claro en mente, el hada se giró y desapareció. ¿Puedo tener un momento de tranquilidad? Ante ese pensamiento, tuve que taparme la cara con las manos porque estaba riéndome. Y no era una buena risa. Andy se me acercó, tratando de mirarme a la cara. "Sookie." Dijo, y por una vez su tono de voz era amigable. "Hey, chica, tranquilízate. Tienes que hablar con el sheriff Dearborn."

No solo hablé con Bud Dearborn, también tuve que hablar con mucha más gente.

Más tarde, no pude recordar ninguna de las conversaciones que tuve. Solo le decía la verdad a los que preguntaban.

No mencioné que había visto un hada en el bosque simplemente porque nadie me lo pregunto´. "¿Viste a alguien más aquí esta tarde?" Cuando durante un segundo dejé de sentirme miserable, me pregunté por qué se había mostrado, porqué había venido. ¿Me estaba vigilando? ¿Tenía algún tipo de sistema de seguimiento sobrenatural encima?

"Sookie." Dijo Bud Dearborn. Parpadeé.

"¿Siseñor?" Me incorporé, y mis músculos temblaban.

"Puedes irte ya, hablaremos más tarde." Dijo.

"Gracias." Le dije, sin darme cuenta de lo que decía. Me metí en mi coche, sintiéndome totalmente entumecida. Me dije a mi misma de conducir hasta casa y ponerme el uniforme para trabajar. Servir bebidas sería mejor que estar sentada en casa recordando los eventos del día de hoy, si podía mantenerme de pie tanto tiempo.

Amelia estaba trabajando, así que tenía la casa para mi sola mientras me puse los pantalones y la camiseta de manga larga de Merlotte's. Tenía frio hasta los huesos y desee por primera vez que Sam hubiera pensado en añadir un jersey al uniforme. Mi reflejo en el baño era terrible: estaba blanca como un vampiro, tenía grandes ojeras, y supuse que me veía como alguien que había visto a mucha gente sangrar hoy.

La tarde era fría mientras salía hacia el coche. La noche caería pronto. Desde que Eric y yo estábamos vinculados, pensaba en él todos los días cuando oscurecía. Ahora que nos habíamos acostado juntos, mis pensamientos se habían convertido en deseos.

Traté de apartarlo de mi mente y conducir hasta el bar, pero seguían saliendo.

Quizás porque el día había sido una pesadilla, descubrí que usaría todo el dinero que tenía para poder ver a Eric ahora. Atravesé la puerta de empleados, sujetando la pala que tenía en mi bolso. Pensé que estaba lista para un posible ataque, pero estaba tan preocupada que no utilicé mis sentidos para ver si había alguien más, y no noté a Antoine en las sombras del contenedor hasta que casi me tropecé con él. Estaba fumando.

"Dios mío, Antoine, me has dado un susto de muerte."

"Lo siento, Sookie. ¿Planeas plantar algo?" Sus ojos se fijaron en lo que sobresalía de mi bolso.

"No estamos muy ocupados esta noche. Me cuesta un minuto salir a fumar."

"¿Todo tranquilo esta noche?" Metí la pala en mi bolso sin tratar de explicarlo.

Quizás lo atribuyera a mis extravagancias.

"Si, nadie nos sermonea; nadie está siendo asesinado." Sonrió. "D'Eriq no deja de hablar de un tipo que ha venido antes. D'Eriq pensaba que era un hada. D'Eriq es muy simple, pero cree que puede ver cosas que los demás no pueden. Pero… ¿Hadas?"

"¿No hada en el sentido de gay, sino hada de cuentos de hadas?" Pensaba que no me quedaban energías suficientes para asustarme. Miré alrededor del aparcamiento con considerable miedo.

"¿Sookie? ¿Es cierto?" Antoine me miraba.

Me encogí de hombros vagamente. Pillada.

"Maldición." Dijo Antoine. "Bueno. Este ya no es el mundo que era antes, ¿Verdad?"

"No, Antoine. No lo es. Si D'Eriq dice algo mas, por favor, dímelo. Es importante."A lo mejor era mi bisabuelo, o su hijo Dillon. O podría haber sido el Señor Hostilidad del bosque. ¿Qué había pasado en el mundo de las hadas? Durante años, no había visto ninguna. Y ahora no podías mover una pala sin darle a una.

Antoine me miró dubitativo. "Claro, Sookie. ¿Estás metida en algún problema que debería saber?"

Hasta el cuello. "No, no. Solo trato de evitar un problema." Dije, porque no quería que Antoine se preocupara, y mucho menos que compartiera su preocupación con Sam. Sam ya estaba suficientemente preocupado.

Por supuesto, Sam había escuchado varias versiones de lo que había sucedido en la caravana de Arlene, y tuve que hacer un breve resumen mientras me preparaba para trabajar. Le molestaron mucho las intenciones de Donny y Whit, y cuando le dije que Donny estaba muerto dijo "También deberían haber matado a Whit."

No estaba segura de haberlo escuchado bien. Pero cuando miré la cara de Sam, creo que estaba realmente furioso, casi vengativo. "Sam, creo que ya ha muerto suficiente gente." Dije. "No les he perdonado, y quizás no podría nunca, pero no creo que fueran los que mataron a Crystal."

Sam se giró soltando un gruñido y sacó una botella de ron con tanta fuerza que pensé que se había roto.

A pesar de las medidas de seguridad que tomamos… no pasó nada de nada.

Nadie anunció de pronto que era una gárgola y que quería hacerse un hueco en América.

Nadie dejó escapar ni un silbido. Nadie trató de matarme ni de advertirme ni de mentirme; nadie me prestó especial atención. Volvía a ser parte del ambiente general de Merlotte's, una situación que antes me aburría. Recordé las tardes antes de conocer a Bill Compton, cuando sabía que los vampiros existían pero todavía no había conocido a ninguno. Me creía las noticias, que decían ser víctimas de un virus que le había hecho alérgicos a varias cosas (luz solar, ajo, comida= y que solo eran capaces de sobrevivir bebiendo sangre.

Lo último, al menos, era verdad.

Mientras trabajaba, pensé en las hadas. Eran diferentes de los vampiros y los were.

Las hadas podían escaparse y volver a su propio mundo, donde fuera. Era un mundo que no tenía ganas de ver ni visitar. Las hadas nunca habían sido humanas. Al menos los vampiros tenían recuerdos de su época humana, y los Were eran humanos casi todo el tiempo; ser un Were era como tener doble nacionalidad, supuse. Había una diferencia notable entre las hadas y los otros seres sobrenaturales, y eso las hacía más aterradoras. Mientras pasaba la tarde y yo servía las mesas, esforzándome para coger bien los pedidos y tratar de sonreír, hubo momentos cuando me pregunté si hubiera sido mejor no haber conocido a mi bisabuelo. Era una idea muy tentadora.

Le serví a Jane Bodehouse su cuarta bebida y le dije a Sam que tenía que dejar de beber. Jane bebería fuera servida o no. Su decisión de dejar la bebida no había durado ni una semana, pero nunca pensamos que lo conseguiría. Había hecho proposiciones así antes, con el mismo resultado.

Al menos si Jane bebía aquí, nos podríamos asegurar de que regresaba a casa a salvo. Maté a un hombre ayer. Quizás su hijo podría venir a buscarla; era un hombre simpático que nunca había bebido una gota de alcohol. He visto como le disparaban a un hombre hoy. Tuve que quedarme quieta un momento porque la habitación parecía estar dando vueltas.

Después de un segundo, me sentí mejor. Me pregunté si podría terminar bien la tarde. poniendo un pie delante del otro aparté las cosas malas (por mi pasado, era una experta en hacerlo), y lo conseguí. Incluso recuerdo haberle preguntado a Sam por su madre.

"Está mejor." Dijo, cerrando la caja. "Mi padrastro ha rellenado ya los papeles de divorcio. Dice que no ella merece parte de las posesiones porque no desveló su doble naturaleza cuando se casaron."

Aunque siempre había estado del lado de Sam, fuera el que fuera, tenía que admitirlo (solo a mi misma) que podía entender a su padrastro.

"Lo siento." Dije. "Sé que es un mal momento para tu madre, y para tu familia entera."

"La prometida de mi hermano tampoco está muy contenta." Dijo Sam.

"Oh, no, Sam. ¿Le asusta el hecho de que tu madre…?"

"Sí, y por supuesto también sabe lo mío. Mi hermano y mi hermana se han acostumbrado. Así que no pasa nada pero Deidra no siente lo mismo. Y creo que sus padres tampoco."

Pasé una mano por el hombro de Sam, porque no sabía qué decir. Me sonrió ligeramente y después me abrazó. Dijo. "Has sido una roca, Sookie." Y entonces se tensó. Olisqueó. "Hueles a… hay trazas de vampiro." Fijo, y el calor desapareció de su voz. Me soltó y me miró duramente.

Me había frotado duramente y había usado todos mis productos para la piel después, pero el agudo sentido de olfato de Sam había notado rastros del olor que había dejado Eric.

"Bueno." Dije y me detuve en seco. Traté de pensar lo que iba a decir, pero las últimas cuarenta horas habían sido demoledoras. "Si." Dije. "Eric vino la otra noche."

Lo dejé ahí. Mi corazón se encogió. Pensé en tratar de explicarle a Sam sobre mi bisabuelo y los problemas que teníamos, pero Sam ya tenía bastantes. Además, todo el personal se sentía bastante mal por lo de Arlene y su arresto.

Estaban pasando demasiadas cosas.

Tuve otro momento de mareo, pero se me pasó rápidamente, igual que había venido. Sam ni siquiera lo notó. Estaba perdido en su propio reflejo, al menos por lo que podía ver en su mente.

"Acompáñame al coche." Dije impulsivamente. Necesitaba ir a casa y dormir, y no sabía si Eric iba a aparecer esta noche o no. Y no quería que nadie más me sorprendiera, como Murry había hecho. No quería verme involucrada en más tiroteos.

No más traición por parte de la gente que me importaba.

Tenía una larga lista de requisitos, y sabía que no era bueno.

Mientras sacaba mi bolso del cajón de la oficina de Sam y le decía a Antoine buenas noches, quién todavía estaba limpiando la cocina, noté que mi mayor ambición ahora mismo era irme a casa y dormir sin hablar con nadie más, y dormir toda la noche de un tirón.

Me pregunté si eso iba a ser posible.

Sam no dijo nada más sobre Eric, y pareció atribuir mi petición de ser acompañada a un efecto secundario del tiroteo. Podría haberme quedado dentro del bar y buscar con mi mente, pero era mejor ser muy cuidadosa; mi telepatía y la nariz de Sam eran una buena combinación. Él tenía ganas de revisar el aparcamiento entero. De hecho, se decepcionó al ver que no había nadie más que nosotros dos ahí fuera.

Mientras me alejaba con el coche, vi como Sam se inclinaba sobre su coche, que estaba aparcado delante de su caravana. Tenía las manos en los bolsillos, y estaba mirando la grava del suelo como si odiara verla. Justo cuando giré la curva, Sam golpeó la parte delantera del coche ausentemente y regresó al bar, con los hombros encogidos.

Capítulo 13 "¿Amelia, qué funciona contra las hadas?" Pregunté. Había tenido una placentera noche de sueño, y por ello me sentía mucho mejor. El jefe de Amelia estaba fuera de la ciudad, así que tenía la tarde libre.

"¿Te refieres a algo que actúe como repelente?" Preguntó.

"Sí, o incluso que les cause la muerte."Dije. "Es mejor eso que sea yo la que muera.

Necesito defenderme."

"No sé mucho de hadas, ya que son raras y se ocultan." Dijo. "No estaba segura siquiera de su existencia hasta que apareció tu bisabuelo. Necesitas algo que sea su debilidad, ¿Eh?"

Tuve una idea. "ya tengo algo, Amelia." Dije, sintiéndome muy feliz. Miré en el frigorífico. Obviamente, había una botella de ReaLimón. "Todo lo que tengo que hacer es comprar una pistola de agua en el supermercado." Dije. "No es verano, pero seguro que tienen alguna en la sección de juguetes."

"¿Eso funcionará?"

"Sí, un hecho conocido. El simple contacto es fatal. Supongo que si se bebe el efecto sería mucho peor. Si lo pudiera meter en la boca de un hada, sería un hada muerta."

"Suena que estás metida en un buen lío, Sookie." Amelia estaba leyendo, pero ahora había dejado a un lado su libro.

"Sí, lo estoy."

"¿Quieres hablar de ello?"

"Es complicado. Difícil de explicar."

"Lo siento. Bueno, quizás no sea seguro contarte los detalles. ¿Puedes ayudarme? ¿Tus conjuros funcionaran contra las hadas?"

"Miraré mis fuentes." Dijo Amelia con su tono de no tengo ni idea. "Llamaré a Octavia si es necesario."

"Te lo agradecería. Y si necesitas algún ingrediente, el dinero no es un problema."

Me había llegado el cheque de ShopieAnne esta mañana. El Señor Cataliades me había dado el dinero que ella me debía. Lo iba a ingresar esta tarde en el banco, ya que estaría abierto.

Amelia respiró profundamente, parada. Esperé. Como es una clarísima emisora de pensamientos, sabía de lo que quería hablar, pero para mantener nuestra buena relación, simplemente esperaría hasta que lo dijera en voz alta.

"Tray me ha dicho, tiene un par de amigos en la policía aunque no muchos que Whit y Arlene niegan haber matado a Crystal. Ellos… Arlene dijo que quería usarte de ejemplo para que vieran lo que le pasa a la gente que va con los sobrenaturales; fue la muerte de Crystal la que les dio la idea."

Mi buen humor desapareció. Sentí un gran peso sobre mis hombros. Escucharlo en voz alta era todavía peor. No sabía qué decir. "¿Qué sabe Tray de lo que les va a pasar a ellos?" Dije finalmente.

"Depende de quién fuera la bala que golpeó a la agente Weiss. Si era de Donny bueno, está muerto. Whit puede decir que le apuntaban, y que disparó. Puede decir que no sabía nada acerca del plan de hacerte daño. Que estaba visitando a su novia y que tenía trozos de madera en el coche."

"¿Y Helen Ellis?"

"Le dijo a Andy Bellefleur que fue a recoger a los niños porque habían sacado buenas notas, y que les había prometido llevarles a tomar un helado por ello. Aparte de eso, no sabe nada más." La cara de Amelia expresaba algo de escepticismo.

"Entonces Arlene es la única que ha dicho algo." Sequé la bandeja del horno. Había preparado galletas esa mañana. Terapia de cocina, barata y satisfactoria.

"Sí, y quizás se retracte en cualquier momento. Estaba muy agitada cuando habló, pero se le pasará. Quizás demasiado tarde. Eso espero al menos."

Tenía razón, Arlene era el eslabón más débil. "¿Tiene un abogado?"

"Sí. No podía permitirse pagar al Matt Lancaster, así que ha contratado a Melba Jennings."

"Buen movimiento." Dije pensativa. Melba Jennings era un par de años mayor que yo. Era la única mujer afroamericana de Bon Temps que había ido a la universidad.

Tenía una fachada muy dura y se le daban bien las confrontaciones. Otros abogados habían hecho atajos increíbles para evitar enfrentarse a ella. "Le hace verse menos intolerante."

"No creo que vaya a engañar a nadie, pero Melba es como un pit bull." Melba había estado en la agencia de seguros de Amelia con un par de clientes. "Será mejor que suba a hacer la cama." Dijo Amelia, estirándose. "Hey, Tray y yo vamos al cine en Clarice esta noche. ¿Quieres venir?"

"Últimamente siempre tratas de meterme en tus citas. ¿No te estarás cansando ya de Tray, verdad?"

"Para nada." Dijo Amelia, sonando sorprendida. "De hecho, creo que es genial. El amigo de Tray, Drake, no deja de molestarle. Drake te ha visto en el bar, y quiere conocerte."

"¿Es un were?"

"Solo un chico. Cree que eres guapa."

"No salgo con chicos normales." Dije, sonriendo. "No suele salir bien." Solía salir desastrosamente, de hecho. Imagínate como sería salir con alguien si puedes escuchar sus pensamientos todo el rato.

Además, estaba Eric y nuestra indefinida pero íntima relación.

"Piénsatelo por si acaso. Es muy guapo, y por guapo, quiero decir que está que arde."

Después de que Amelia subiera por las escaleras, me puse algo de té en un vaso.

Traté de leer algo, pero no me podía concentrar en el libro. Finalmente, puse un marca páginas y miré al vació, pensando en muchas cosas.

Me pregunte donde estarían ahora los hijos de Arlene. Con la tía de Arlene quizás, que vivía en Clarice. ¿O todavía con Helen Ellis? ¿Helen apreciaba a Arlene lo suficiente como para quedarse con Coby y Lisa?

No podía quitarme de la cabeza la responsabilidad de la mala situación de los niños, pero iba a ser una de las cosas que simplemente tendría que sufrir en silencio. La persona realmente responsable era Arlene. No había nada que pudiera hacer por ellos.

Como si pensar en los niños hubiera movido algún nervio del universo, el teléfono sonó. Me levanté y fui a la cocina. "Hola." Dije sin entusiasmo.

"¿Srta. Stackhouse? ¿Sookie?"

"Sí, soy yo." Dije adecuadamente.

"Soy Remy Savoy."

El ex marido de mi prima muerta Hadley, padre de sus hijos. "Me alegro de que llames. ¿Cómo va Hunter?" Hunter tenía un don, que dios le bendiga. Tenía el mismo don que yo.

"Está bien. Eh, sobre eso."

"Claro." Íbamos a hablar de telepatía.

"Dentro de poco empezará a ir a la guardería. Van a notarlo. Quiero decir, les llevará un tiempo, pero antes o después…"

"Si, lo notarán." Abrí la boca para sugerir que Remy me trajera a Hunter al día siguiente para poderle llevar a Red Ditch. Pero entonces me di cuenta de que era el objetivo de un grupo de hadas homicidas. No era un buen momento para tener visita, ¿Y quien decía que no me iban a seguir hasta Red Ditch? De momento nadie conocía nada sobre Hunter. Ni siquiera le había contado a mi bisabuelo su don. Si Niall no lo sabía, quizás ninguno de los malos lo había descubierto tampoco.

En resumen, era mejor no arriesgarse.

"Me gustaría mucho verle y saber cómo le va. Lo prometo. Le ayudaré lo más que pueda." Dije. "Ahora mismo no puedo. Pero como tenemos algo de tiempo hasta que empiece en la guardería, ¿Quizás en un mes o así?"

"Oh." Dijo Remy. "Esperaba poder llevarle contigo en mi día libre."

"Tengo un pequeño problema que tengo que resolver." Si seguía con vida después de resolverlo… pero no iba a pensar en eso. Traté de pensar en una excusa aceptable, y por supuesto, tenía una. "Mi cuñada acaba de morir." Le dije a Remy. "Te puedo llamar cuando no tenga que ocuparme de los detalles del…" No podía pensar en cómo terminar la frase. "Prometo que será pronto. Si no tienes un día libre, quizás Kristen podría traerle." Kristen era la novia de Remy.

"Bueno, ese es parte del problema." Dijo Remy, y sonaba cansado pero también divertido. "Hunter le dijo a Kristen que sabía que realmente no le gustaba, y que debería dejar de pensar en su padre sin ropa encima."

Respiré profundamente, tratando de no reírme, no lo conseguí. "Lo siento mucho."

Dije. "¿Cómo se lo tomó Kristen?"

"Empezó a llorar. Entonces me dijo que me quería pero que mi hijo era un freak, y se marchó."

"El peor escenario posible." Dije. "Ah… ¿Crees que se lo dirá a otras personas?"