Anexo II. Relájese

Tres técnicas de relajación muy sencillas pero efectivas

 

1. Respirar lenta y profundamente

 

Si cierra los ojos y se concentra en su respiración lenta y profundamente, sin pensar en nada más, notará un efecto muy relajante y placentero, sobre todo por dos razones:

 

1. Al cerrar los ojos, en el cerebro empiezan a dominar las ondas alfa, mucho más relajantes que las ondas beta, que son las que predominan con los ojos abiertos.
2. Cuando uno presenta ansiedad, su respiración se hace muy rápida y superficial, mientras que cuando uno está relajado o durmiendo plácidamente, respira lenta y profundamente, lo que quiere decir que el control de la respiración es fundamental para mantener los distintos estados mentales.

 

Sabiendo esto, cuando se sienta muy angustiado y respire muy deprisa (hiperventilación), como en las crisis de ansiedad, lo que debe hacer es comenzar a respirar en una bolsa, para que, de esta manera, vuelva a inhalar el dióxido de carbono que está expulsando tan rápidamente; volverá a la calma y se le revertirá la sensación de angustia, ahogo y miedo, y ese hormigueo de manos y dedos tan característico de estas situaciones de crisis de ansiedad.

 

 

2. Tres sencillos estiramientos para hacer en la oficina

 

  Póngase las manos entrelazadas en la nuca, cierre los ojos y flexione la cabeza, intentando que la barbilla le toque el pecho, ayudándose con las manos, de forma tranquila y relajada; respire lenta y profundamente y mantenga esta postura durante 10-15 segundos. Notará que todos los músculos de la espalda se le estiran y la tensión del cuello se reduce, lo que es muy positivo para reducir los dolores cervicales y ciertos tipos de cefaleas.
  Flexione la cabeza como en el estiramiento anterior, pero, esta vez, los brazos están en disposición de abrazarse a sí mismos; ¡abrácese, con energía y cariño!, mantenga esta postura otros 10-15 segundos y notará que le mejora la higiene corporal y mental, mientras está sentado, tecleando en su ordenador.
  Entrelace ambas manos por detrás de la espalda y estire los brazos, todo lo que pueda, hacia atrás y arriba, al tiempo que eleva la cabeza como queriendo situar en una línea vertical su columna y su cabeza. Respire profundamente durante 10-15 segundos y sea consciente de cómo los músculos de la espalda se estiran.

 

 

3. La relajación progresiva de Edmund Jacobson

 

Esta sencilla técnica de relajación desarrollada por el doctor Jacobson tiene como principal ventaja que la puede llevar a cabo uno mismo, su aprendizaje es muy sencillo e intuitivo, y se ha demostrado que realizarla de forma habitual contribuye a mejorar las cefaleas, reduce la tensión arterial, mejora el pronóstico de los enfermos cardíacos, ayuda a conciliar el sueño y descansar mejor, y reduce la ansiedad, los síntomas depresivos y los dolores crónicos e inespecíficos. Por tanto, ¿a qué espera para aprenderla y aplicársela?

 

Posición inicial

 

Puede ser tanto sentado en una silla o tumbado en la cama o en el suelo.

 

Ejecución

 

Se van tensando al máximo los músculos de cada zona corporal durante un corto período de tiempo (3-5 segundos); la tensión debe ser máxima pero sin llegar a hacernos daño. Cuando se relajan los músculos se hace de golpe, dejándolos lo más sueltos y relajados posible, durante un tiempo más largo (15-20 segundos).

 

Secuencia

 

1. Brazos: se comienza con el brazo derecho, se extiende, se cierra el puño y se dobla el brazo hacia el pecho, sin tocarlo, y se aprieta fuertemente el puño, el antebrazo y todo el brazo hasta el hombro. Nos vamos centrando en las sensaciones de tensión («el músculo está blanco, sentimos la tensión muscular, el temblor»), concentrándonos y visualizando solamente nuestro brazo. Posteriormente, se deja caer el brazo de golpe sobre el muslo, dejándolo lo más suelto posible, a la vez que nos vamos centrando en las sensaciones asociadas a la relajación («la sangre está fluyendo, recuperamos el color, la sensación de placer tras el esfuerzo»). Continuamos con el brazo izquierdo.
2. Cara: arrugamos la frente, levantamos las cejas, sintiendo la tensión; seguidamente, apretamos los ojos y arrugamos la nariz, para continuar poniendo en tensión la mandíbula y el cuello. Tras la tensión, relajamos y disfrutamos de la sensación.
3. Hombro, pecho y espalda: nos incorporamos un poco en la silla, hacia delante, y llevamos los hombros hacia atrás, intentando juntar las escápulas. Después, relajamos la espalda.
4. Abdomen: ponemos el estómago duro, apretándolo hacia dentro; para relajarlo, lo hinchamos.
5. Piernas y pies: empezamos por la pierna derecha, levantándola un poco y tensándola, desde el pie hasta el muslo, para relajarla; la dejamos caer de golpe. Continuamos con la pierna izquierda.

 

Cuanto más practique, mejor le saldrá y mayor placer y relajación obtendrá.