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¡Soy ejecutivo! No puedo seguir las dietas habituales

Fallos de las dietas normales
 y requisitos de una dieta «ejecutiva»

 

En general, cualquier tipo de dieta tiene una tasa de fracaso del 90-95% a los dos años de haberla empezado, es decir, que de cada cien que la comienzan, solo cinco o, en el mejor de los casos, diez no habrán recuperado el peso perdido, mientras que el resto pesará lo mismo o más de lo que pesaba antes de empezar la dieta. Entre las razones para ello, podemos considerar las siguientes:

 

1. No es por el «efecto rebote»

 

Popularmente se habla de este efecto, también llamado «yo-yó», cuando se recupera todo el peso –o incluso más– que perdimos tras hacer una dieta. Aunque a la gente le gusta hablar mucho de este efecto, incluso a los nutricionistas y dietistas, con el fin de amenazarnos para que no hagamos determinadas dietas que ellos no ofertan, en realidad no existe. Todo empezó cuando las personas que, tras una dieta, no habían conseguido cambiar sus hábitos y continuaban comiendo en exceso –y alimentos procesados y muy calóricos–, y que eran sedentarias, se justificaban de esta forma: «la dieta me ha rebotado y he vuelto a ganar peso».

De hecho, si consumimos entre 80 y 120 calorías de más al día de las que se gastan, aumentaremos unos siete kilos en un año, y aunque parezcan muchas calorías, en realidad son muy pocas (una lata de bebida gaseosa tipo cola, naranjada, etc., en su versión normal, no light). De igual modo, sabemos que un simple exceso de 10 calorías por día (medio sobre de azúcar) supone 10 kg de más en 20 años, hayamos hecho o no dietas a lo largo de nuestra vida. Por tanto, se puede entender que se recupere el peso inicial siempre y cuando no hayamos hecho el esfuerzo de cambiar nuestros hábitos de vida.

En general, cualquier dieta cosecha una alta tasa de fracasos, no por efecto rebote, sino por nuestra pereza, falta de voluntad y capacidad de cambiar nuestros hábitos; tal y como podemos ver en la tabla, el metabolismo a largo plazo no cambia, lo que demuestra que el efecto rebote no existe.

 

Para que una dieta sea efectiva a largo plazo, usted debe elaborar un plan de por vida y que pueda mantener sin grandes esfuerzos y en condiciones de vida real, teniendo en cuenta la vida social, amigos, vacaciones, etc.

 

 

2. Las dietas y las academias de inglés son un negocio

 

Si su nutricionista le pusiera una dieta, perdiera peso y le insistiera en que tiene que hacer tales cosas para mantener el peso perdido, no descuidarse más de 2-3 kg antes de iniciar un plan de «choque» para bajarlos y volver al peso saludable, solo lo vería una vez en su vida y no ganaría ese gustoso dinero que le ha hecho mejorar su nivel de vida y ser cada día más y más rico. El efecto es el mismo que el de las academias y cursos de inglés: la gente se apunta, adquiere cierto nivel, se desapunta, lo pierde y vuelta a empezar.

 

3. No se fíe de un nutricionista gordo ni de un calvo que vende crecepelo

 

Conozco a muchos endocrinos, dietistas y nutricionistas que tienen sobrepeso o son obesos; de hecho, el que me daba las clases en la universidad pesaba, al menos, 20 kg más de su peso saludable, y encima tenía la desfachatez de tener consulta privada de nutrición, metabolismo, endocrinología y pérdida de peso. ¿Cómo es posible esto? El fenómeno psicológico que explica tales comportamientos tan incoherentes y absurdos es la llamada incongruencia cognitiva, que consiste en que, dos situaciones contrapuestas, que nos suponen una contradicción mental y que son irreconciliables (en este caso, vender dietas de adelgazamiento y estar gordos), se ven obligadas a cohabitar en el mismo lugar del cerebro, hasta que ocurre una de dos: o nos acostumbramos a ellas y conseguimos que tengan un sentido, o una de ellas «se va», es decir, que somos conscientes de la realidad y que la reconocemos como tal (no venderíamos dietas o crecepelo, si estamos gordos o somos calvos). ¿Qué suele pasar? En nueve de cada diez casos aprendemos a llevarnos bien con las ideas contradictorias.

 

Que nueve de cada diez casos de incongruencia cognitiva se resuelvan a favor de la convivencia pacífica de las dos ideas irreconciliables no habla muy a favor de la ética del ser humano. ¡Téngalo en cuenta la próxima vez que vaya a contratar un servicio o ponerse en manos de un «profesional»!

 

Estas son algunas de las razones por las que la mayoría de las dietas fallan en las personas normales; por tanto, si las dietas comunes no son efectivas en la población normal, ¿cómo van a ser útiles para los ejecutivos, cuyas exigencias de trabajo, estrés y hábitos diarios son totalmente distintas a las de otro tipo de personas? Por tanto, es evidente que si uno es ejecutivo no debe ir a seguir dietas estandarizadas y sistemas de escasa utilidad, ya que lo único que va a conseguir es gastar mucho dinero, no perder peso de forma efectiva y aumentar su nivel de ansiedad y frustración, lo que le llevará a comer más y aumentar de peso.

 

 

Las siete características que definen al ejecutivo…

… y por qué no puede seguir dietas normales

 

En general, podemos decir que estas son las siete características que definen a la mayoría de los empresarios y ejecutivos durante los días laborables y en los viajes de negocios:

 

  No come en casa.
  Tiene comidas de trabajo y negocios frecuentemente.
  Come solo en la oficina.
  Tiene poco tiempo.
  Llega a casa y no cocina, porque vive solo o con familia.
  Vida social importante los fines de semana.
  Cierto grado de estrés y ansiedad.

 

Antiguamente, comer fuera de casa estaba reservado para ocasiones especiales y celebraciones importantes, pero hoy día, el 33% del gasto en comida se debe a no comer en casa. Este crecimiento de la industria alimentaria hacia el cliente ha conllevado la elaboración de estrategias para incrementar los beneficios, mediante la reducción de los costes; para ello, uno de los recursos más utilizados es la oferta de menús con alta densidad calórica, ricos en grasas y sal, que nos generan –a costa de ingerir casi la mitad de calorías diarias que deberíamos en una sola comida– una sensación placentera inmediata; además, los alimentos que componen dichos menús –alimentos procesados y con índices glucémicos elevados– tan rápido nos sacian como nos generan sensación de hambre a las pocas horas de haberlos ingerido, y eso provoca que piquemos entre horas para «matar el gusanillo».

La situación que acabamos de describir no solo no mejora, sino que empeora al acudir a las comidas de negocios, ya que aumentamos la ingesta de alcohol y calorías por el mecanismo llamado de alimentación hedónica, que consiste en que el entorno y las emociones a las que estamos sometidos (posibles negocios e incremento de beneficios, junto con la ansiedad normal de la situación) envía señales a la corteza cerebral, que nos refuerza el placer de nuestra conducta, mientras que el sistema fisiológico para el que estamos diseñados es la llamada alimentación homeostática, que consiste en que la falta de energía promueve la señal de hambre y activa el hipotálamo, de manera que se ingiere lo necesario para una correcta reposición de reservas energéticas.

El estrés y la falta de tiempo a la que estamos sometidos durante los días de trabajo nos lleva a decantarnos por la ingesta de alimentos de preparación rápida, de ahí la gran expansión de las cadenas de comida rápida y su inversión creciente en publicidad; de hecho, las campañas de marketing de estas empresas suponen 500 veces más inversión anual que las campañas del Gobierno destinadas a promocionar el consumo de una alimentación sana.

Tras la semana laboral, intensa y estresante, la cosa no mejora para nuestra alimentación, ya que, para dos días libres que tenemos a la semana, no vamos a quedarnos en casa ayunando, haciendo ejercicio y meditando, sino que salimos con los amigos o la familia a comer, tomar una copa y hacer algo de vida social, que, por un lado, nos viene genial para reducir la carga de estrés, pero que, por otro, nos sigue fomentando el consumo calórico excesivo. Las compañías farmacéuticas se han dado cuenta de lo importante que es fenómeno de cometer excesos los fines de semana, y han «pagado» a los que desarrollan el manual de diagnóstico psiquiátrico para que en la versión de 2012 aparezca el llamado trastorno por atracón, que consiste en asegurar que si usted, al menos una vez al mes, come de forma excesiva con amigos y familiares, tiene una patología psiquiátrica que debe ser tratada, y ¿cómo?, ¡con pastillas, que es lo que da dinero! Fíjese que aquí nadie pierde la oportunidad de sacar todo el beneficio posible a su costa; el del establecimiento de restauración ofreciéndole porquerías a precio de delicatessen y las farmacéuticas tratando de estigmatizar en forma de enfermedad, «pero que tiene tratamiento», una de las pocas conductas medio saludables para su mente y de las que disfruta durante su tiempo de descanso semanal. No digo que sea sano comer mucho durante el fin de semana, pero es mejor comer mucho y estar feliz, que no hacerlo y seguir con el estrés que lleva asociado el día a día. Además, le vamos a proponer un estilo de vida sencillo pero muy efectivo, sin tener que acudir semanalmente a consulta a dejarse el dinero sin obtener resultados.

 

Si, con un poco de voluntad y ánimo, sigue el plan completo de dieta «ejecutiva» que le proponemos, y los consejos y trucos que le daremos, no recuperará el peso inicial y mantendrá un peso saludable.