Capítulo 6

Destiny reapareció a las dos horas y encontró a Stephanie en la cocina. La mesa estaba dispuesta para dos y su prima se afanaba alrededor del horno provista de unas manoplas especiales. Se había recogido el pelo en una cola de caballo. Vestía un pantalón corto y una blusa.
—Callum se ha ido —dijo sin esperar la pregunta.
—¿Adónde ha ido?
—Se ha vuelto a Londres. Les he dicho a Harold y a Deirdre que yo me ocuparía de la cena y que podían retirarse.
—¿Has preparado la cena tu sola? —preguntó Destiny con escepticismo.
—¡Dios me libre! —respondió Stephanie y sonrió—. Lo único que sé preparar son huevos batidos y tostadas. Deirdre lo ha preparado todo y me ha dado instrucciones muy precisas sobre el tiempo que debía calentar cada cosa. Parecía convencida de que iba a arruinar su cena.
—Pero no lo has hecho.
—Bueno, en parte. El soufflé está en la basura. Me olvidé de apagar el horno a tiempo —Stephanie llevó varias bandejas a la mesa, llenó las copas y se sentó con un pequeño suspiro—. Hay suficiente comida para alimentar a un regimiento. Espero que tengas apetito porque yo lo he perdido esta tarde.
—No tenías qué salir en mi defensa esta tarde, Stephanie —dijo Destiny con una sombra de culpa en la voz—. No me gustaría pensar que te has metido en un lío por mi culpa.
—No seas tonta. No es culpa tuya.
Stephanie, que había adquirido un aspecto mucho más frágil sin maquillaje, jugaba con la comida con desgana. Se llevaba el tenedor a la boca y lo devolvía al plato. Levantó su copa y bebió un poco de vino.
—Tendríamos que haber terminado mucho antes, pero las cosas se alargan en el tiempo sin que te des cuenta. Nunca hemos discutido, pero nunca ha existido una verdadera comunicación entre nosotros. Sencillamente, nos hemos soportado amablemente los últimos meses. Pero la magia había desaparecido. Éramos dos personas con una buena relación y sin una razón para pelearnos.
Y ese entendimiento se había roto con la llegada de Destiny. Eso fue lo primero que ella pensó, avergonzada. Se refugió en la comida. Había de sobra para compensar la frugalidad del mediodía. Hasta ese día, las comidas en los restaurantes no la habían satisfecho. Ahora, por fin, se enfrentaba a un verdadero banquete de comida tradicional casera.
—Entonces, ¿habéis roto?
—Le he devuelto el anillo de compromiso y, la verdad, ha sido un alivio. No ha habido escenas ni nada parecido. Todo ha sido muy civilizado. Nos hemos separado como amigos —afirmó Stephanie.
—Bueno, algo es algo.
—Estoy segura de que lo echaré de menos. Nos habíamos acostumbrado a estar juntos. Pero eso no es suficiente. ¿Qué clase de matrimonio habríamos tenido?
—Sí, supongo que tienes razón.
—Al final —señaló Stephanie— hubiera sido cómo estar casada con mi hermano. Me he dado cuenta de que quería alcanzar la luna. No me bastaba con salir con un hombre que es la envidia de casi todas las mujeres que conozco. Y Callum siempre me ha tratado como una niña.
—¿Le has dicho todo eso?
—¿De qué hubiera servido? —preguntó Stephanie—. No siento la urgencia de seguir con él. Me alegra que lo hayamos aclarado todo. Estoy triste, pero aliviada. Así que estoy otra vez en el mercado, dispuesta a encontrar el amor de mi vida.
Levantó su copa y la vació de un trago en una representación que quería ser dramática, pero que la propia Stephanie arruinó con sus risas.
Estuvieron charlando de lo divino y de lo humano el resto de la velada. A las diez y media de la noche, Stephanie se desperezó y se fue a la cama. En ese momento, Destiny sintió una punzada de dolor en la boca del estómago y asumió que echaría de menos a su prima. Recordaría con cariño su frivolidad, su descaro y su risa, atributos todos muy alejados de su rutina diaria en el Centro. Echaría de menos que alguien se preocupara por su vestuario, por su corte de pelo o la combinación de los colores en el maquillaje. Y echaría de menos sus comentarios acerca de los hombres. Por primera vez, pensó en su casa en Panamá con cierto distanciamiento. Y comprendió que había necesidades que su vida en la selva nunca colmaría.
Destiny se había puesto algo melancólica y sentimental. En parte gracias al vaso de oporto que Stephanie le había ofrecido antes de retirarse. Estaba sentada en la más pequeña de las salas de estar cuando escuchó pasos. Si se trataba de Stephanie, en busca de algunas palabras de consuelo, no tendría reparos. A Destiny se le daba bien consolar a la gente. Tenía mucha experiencia en ese campo. Se quedó mirando fijamente la puerta y se puso lívida cuando vio de quien se trataba.
—Creía que habías regresado a Londres —dijo Destiny.
Se había incorporado, pero se sentó de nuevo con la copa de oporto entre las manos. La somnolencia producida por la abundante comida y el alcohol desapareció y fue sustituida por un estado de nerviosismo crispado que la dejó la boca seca.
—He olvidado algo —replicó Callum, que se sentó en el sofá—. ¿Qué estás bebiendo?
—Una copa de oporto.
—Primero vino y ahora oporto. ¿No te estarás acostumbrando demasiado deprisa a los placeres de esta vida? —preguntó con malicia.
—¿Qué has olvidado?
—Se suponía que mañana tengo que enseñarte las tierras —y abarcó con un gesto de la mano la totalidad de la finca.
—Creo que hubiera podido hacerlo sola.
—¿Y que pensaras que no soy un perfecto caballero? —señaló y acompañó la ironía con una sonora carcajada—. ¿Por qué no me sirves una copa de oporto? Ha sido una noche muy completa. Seguro que sabes a lo que me refiero.
—La botella de oporto está en la cocina —indicó Destiny—. Y si esperas que sienta lástima por ti, te estás equivocando de plano.
—¿Y qué razón tendrías para sentir lástima de mí? No, no contestes todavía —se levantó y se dirigió hacia la cocina—. Espera a que me haya servido una copa.
En vez de relajarse durante los minutos que se quedó a solas, Destiny estuvo a punto de sufrir un colapso. Callum regresó con una copa en una mano y la botella en la otra.
—Y bien —recordó mientras se recostaba otra vez en el sofá—. Estabas diciendo…
—Lamento que las cosas no hayan funcionado entre Stephanie y tú —dijo Destiny.
—¿Por qué?
—No ha sido culpa mía —murmuró, revelando su sentimiento de culpa.
—Nunca dije que lo fuera —dijo, pero estaba mintiendo.
Había aparecido en su vida, tranquila y acomodada, y la había hecho saltar en mil pedazos. Era cierto que había tenido dudas acerca de Stephanie y habría terminado por romper con ella. Pero nunca habría regresado a medianoche para beber una copa de oporto a pesar de la borrachera que llevaba. Había salido de allí con la intención de volver a Londres, pero la realidad era que se había detenido en el primer pub. Y había bebido más de la cuenta. Afortunadamente, el pub estaba a poco más de veinte minutos de la finca y había encontrado un taxi para llevarlo de vuelta.
Estaba bien que ella se sentara frente a él y lo mirara con sus cautivadores ojos verdes como si fuera un loco, pero ella lo volvía loco. Acababa de cerrar una puerta y otra se abría ante él. Callum había comprendido, con la inestimable ayuda de varios vasos de whisky, que lo que en principio había considerado un divertimento inofensivo ahora se había convertido en una obsesión. Estaba enamorado de Destiny. El simple hecho de haber aceptado una realidad tan meridiana implicaba que había llegado a un punto donde ya no podía dar marcha atrás.
—Quizás no estabais hechos el uno para el otro —razonó Destiny—. A lo mejor habías perdido la magia. ¿Qué sentido habría tenido entonces vuestra boda?
—¿Y qué te hace pensar que la magia y la chispa son lo único necesario para que un matrimonio funcione? —se burló sarcástico mientras apuraba la copa—. Para tu información, todo eso desaparece en menos que canta un gallo.
—Si quieres convencer a Stephanie para que vuelva a tu lado deberías hablar con ella, no conmigo —dijo Destiny con cautela.
—¿No vas a subir a su habitación para persuadirla de que me ha roto el corazón? —dijo Callum, apoyando ambos codos en las rodillas.
Destiny intentó imaginarse a ese hombre alto y fuerte, hecho de acero, con el corazón partido y comprendió que le dolía pensar que Stephanie hubiera hecho algo así.
—La verdad es que no quiero que hagas eso —dijo y dirigió a Destiny una mirada feroz—. Tenías razón al pensar que Stephanie y yo tendríamos que habernos limitado a ser buenos amigos.
Se levantó y empezó a pasear de un lado a otro de la habitación como una fiera enjaulada. Destiny lo miraba, hipnotizada por unos movimientos tan felinos.
—Claro que —añadió— no ha ayudado mucho que la instigaras a la revolución. Te has esmerado en convencerla de que era una mujer pobre y oprimida que necesitaba luchar por sus derechos.
—¡Yo no he hecho semejante cosa! —protestó Destiny.
—Pues te ha estado citando toda la tarde —recordó Callum—. Destiny esto, Destiny lo otro, Destiny lo de más allá…
—Eso no es justo —dijo ella.
—No, no lo es —afirmó Callum, que fue hacia ella y se inclinó sobre su persona como el mismísimo ángel caído—. Porque, perdida en medio de ninguna parte, me cuesta creer que puedas ser una experta en temas sexuales.
—¡Yo nunca he dicho que lo fuera! —dijo incorporándose, pero no pudo sostener su mirada.
—¡Tú! —la acusó y la acorraló contra la silla, aprisionándola entre sus brazos—. Siempre tan filosófica cuando se trata de dar consejos. Apostaría algo a que Stephanie y tú habéis intercambiado secretos mientras yo ahogaba mis penas en whisky en el pub del pueblo…
—Creía que te habías marchado a Londres.
—Así era. Pero el viaje terminó antes de lo previsto. Es curioso cómo ocurren las cosas.
Destiny pensó que había ocurrido porque, aunque no quisiera admitirlo, había supuesto un trauma para él la ruptura con Stephanie. Era un hombre que necesitaba una mujer sumisa a su lado y en el momento en que Stephanie había mostrado los primeros signos de rebeldía, había reaccionado con excesiva intensidad. Puede que la verdad fuera otra y Stephanie hubiera roto con él. Y el orgullo lo impidiera pedirle que volviera.
Todo estaba demasiado enrevesado y nada era lo que parecía. En la ciudad todos representaban un papel y nadie actuaba con sinceridad.
—¿Así que has estado bebiendo? —dijo Destiny fríamente.
—Un vaso o dos de whisky. Creo que puedo permitírmelo después de lo ocurrido.
—Será mejor que te acuestes —dijo Destiny, que empezaba a padecer por culpa de la postura en que estaba sentada.
—¿Eso es una proposición?
—No, no lo es.
Pero la idea despertó una sensación nueva en su cuerpo. La idea de acostarse con Callum Ross precipitó su pulso. Imaginó sus cuerpos desnudos entrelazados y sudorosos, revueltos entre las sábanas. La imagen la hizo estremecer.
—Puedo prepararte un poco de café —ofreció, ansiosa por levantarse y alejarse.
—¿Crees que eso es lo que necesito?
—Puede que te ayude a serenarte…
—No estoy bebido.
—Es posible, pero…
—¿Y por qué no? —se apartó y metió las manos en los bolsillos.
—¿Café solo?
—Cualquier cosa —dijo y se encogió de hombros.
Destiny se escapó y, después de unos segundos de indecisión, caminó a oscuras hasta la cocina. No le oyó entrar. No descubrió su presencia hasta que se giró con la taza de café en la mano y se lo encontró de frente. Paralizada por el susto, Destiny dio dos pasos atrás, tropezó con la encimera y, un segundo después, se derramó todo el café. La mayor parte del líquido cayó sobre su mano. Esta vez su grito no tenía nada que ver con él, sino con el agudo dolor que sintió. Corrió hasta el fregadero y lo llenó de agua fría. Después sumergió la mano y emitió un gruñido de dolor.
—¡Ha sido por tu culpa! —bramó—. ¿Por qué tenías que entrar a hurtadillas en la cocina?
Podía ver la piel enrojecida a través del agua. Tendría una ampolla y escocería un poco, pero no era grave. Destiny miró a Callum, que estaba horriblemente pálido.
—Lo siento —se excusó—. ¿Quieres que llame a un médico?
—No seas ridículo. Es una simple quemadura, y yo soy médico.
—¡Dios mío! Seguro que Abe tendría un botiquín de primeros auxilios en alguna parte de este maldito mausoleo —dijo Callum y empezó a buscar en los armarios.
—Estaré bien.
—No tienes que hacerte la mártir —dijo Callum mesándose los cabellos.
—No lo hago. ¿Por qué no te sientas y te tranquilizas? Podrías prepararte otro café.
—Tienes razón. Ha sido culpa mía.
Destiny sacó la mano del agua fría. Estaba más calmada.
—¿Ves? Ya tiene mucho mejor aspecto.
—No te muevas.
Callum buscó un trapo de cocina seco y la secó la mano con mucha delicadeza. Destiny sintió el corazón en la garganta.
—Es mejor que vengas y te sientes —añadió Callum.
—¡Estás exagerando! —protestó Destiny sin efecto.
—Ahora, siéntate —ordenó Callum.
Destiny obedeció y se sentó en el sofá. Callum se sentó a su lado, el cojín cedió bajo su peso y sus cuerpos se acercaron apenas unos centímetros hasta rozarse. Callum apoyó la mano de Destiny sobre su pierna y quitó el paño de cocina.
—Está mucho mejor —señaló Destiny con voz débil.
—Tiene un aspecto horrible.
—La mordedura de una serpiente o el ataque de un cocodrilo son horribles —dijo Destiny—. La mano está bien.
—No sé cómo lo haces —dijo Callum.
Destiny seguía teniendo la mano sobre su pierna. Tenía la boca entreabierta, netamente consciente del tacto de su muslo bajo sus dedos. Pero afortunadamente Callum no parecía al tanto de todo eso.
—¿El qué?
—Llevar esa vida —señaló Callum y sus miradas se encontraron.
—Lo dices de una forma que cualquiera diría que soy una especia de heroína —dijo con una sensación de vértigo—, pero no lo soy.
—¿Alguna vez has sentido ganas de cambiar de vida?
—Todos hemos sentido eso alguna vez —indicó, repentinamente consciente de que la habitación estaba en penumbra.
—¿Qué tal tienes la mano?
—Apenas siento nada —contestó con sinceridad.
—¿Tienes ganas de volver a Panamá?
—¿Es tu forma de preguntarme si ya he tomado una decisión acerca de esta casa?
Destiny apartó la mano del muslo de Callum y la llevó hasta su regazo.
—¡No, claro que no! —la fulminó con la mirada—. Al diablo la casa. Es lo último en lo que se me ocurriría pensar en estos momentos.
—¿Y qué es lo primero en lo que pensarías? —preguntó con recelo.
Callum permaneció en silencio unos segundos, mientras contemplaba como Destiny palidecía para, a continuación, sonrojarse hasta ponerse encarnada.
—En esto —dijo Callum.
Llevó la mano hasta la nuca de Destiny, la atrajo hacia sí y la besó. Fue un beso apasionado. Sus labios presionaban los suyos y la lengua luchaba por abrirse camino hasta la humedad de su boca. Callum la empujaba con la mano y Destiny, después de debatirse unos momentos, se rindió ante el empuje de Callum y se entregó a los instintos primarios que invadieron su ser.
Ese despertar a la sexualidad resultó explosivo. Era como si toda su vida hubiera estado sumida en una especie de letargo. Lo rodeó con sus brazos, gimiendo entre el placer y la sorpresa. Callum empezó a besarla en el cuello. Sentía cómo un animal salvaje se había apoderado de sus sentidos. Se deslizaron hasta quedar tumbados en el sofá y Destiny cerró los ojos. Levantó los brazos por encima de la cabeza para que Callum pudiera quitarle la blusa. Nunca se había sentido molesta con su cuerpo y estar sin la blusa hizo que se sintiera libre.
—Eres preciosa —masculló Callum y Destiny sonrió.
—No hables —susurró.
Esas palabras fueron la mecha que encendió el fuego de Callum, que se propagó por todo su cuerpo como la fiebre. Podía sentir la respiración entrecortada de Destiny bajo su cuerpo. Escucharla lo excitaba todavía más. Nunca se había sentido tan consumido por el deseo como esa noche. Todas las citas anteriores le parecían meros ensayos con relación a ese momento junto a Destiny. Apenas podía reprimir el deseo de quitarle el sujetador. Sus pechos rebosaban por todas partes. Callum empezó a mordisquear con los labios la curva de sus pechos en el escote y Destiny se abandonó ante la pericia de su lengua.
El amor y la lujuria formaban una combinación excitante.
Callum podía palpar la inocencia de Destiny bajo sus dedos, sin la timidez que demostraban otras mujeres. Destiny lo deseaba y no lo ocultaba. Callum desabrochó el sostén y gimió anticipadamente antes de liberar sus pechos de la cárcel que los oprimía. Quería ir más despacio, pero no podía. Estaba empezando a comprender cuánto había deseado a esa mujer. Era un sentimiento imperecedero.
Apartó el sujetador y su respiración se aceleró ante la visión de sus pechos. Eran firmes, grandes, coronados por unos pezones rosados que parecían implorar la presencia de sus labios. No quería apresurarse, aunque notaba la premura de su cuerpo en la firme erección que pugnaba por salir de su encierro. Se agachó sobre uno de los pechos y succionó el pezón con fuerza. El cuerpo de Destiny sabía a gloria. Deseaba recorrer cada milímetro de su piel y repetirlo sin descanso.
Las manos de Destiny lo empujaban a seguir. Callum deslizó la mano sobre su estómago y avanzó lentamente hasta acariciar el secreto que guardaban sus muslos. Desde lo más profundo de su ser, Destiny supo qué buscaba la mano de Callum. Ella quería lo mismo. Estaba a punto de derretirse. Callum empezó a acariciarla y Destiny acomodó el movimiento de sus caderas a la cadencia de la mano de Callum. Sintió cómo Callum desabrochaba el primer botón de su pantalón y bajaba la cremallera. De pronto, el terror se apoderó de ella.
Nunca había hecho el amor y esa no era la forma en que había soñado con perder la virginidad. Se debatió bajo su cuerpo y Callum la miró sorprendido.
—¿Qué te ocurre?
—No puedo hacerlo —dijo casi sin aliento.
—¿No puedes?
—Lo siento —se excusó—, pero nunca…
—Voy a tener mucho cuidado, querida…
—No. No lo entiendes.
Puede que la hubiera llamado querida, pero no lo era. La cruda realidad se hizo patente de pronto ante sus ojos. No se había parado a pensar de dónde surgía esa remota atracción física por su persona. Pero la respuesta apareció nítida ante ella. Lo habían rechazado, se sentía vulnerable y ella había respondido favorablemente.
—¿Qué es lo que no entiendo? Hace un minuto estabas dispuesta…
—Esto no está bien.
Destiny se revolvió, pero Callum ya se había apartado. Se había sentado mientras miraba, desconcertado, cómo Destiny luchaba con el sujetador. Después se puso la blusa. Estaba desarreglada, pero al menos estaba vestida.
—¿Por qué no? —preguntó Callum—. Somos adultos.
—No puedo. Lo siento, pero… no quiero ser la sustituía de Stephanie.
—Nunca he pensado que lo fueras —explotó Callum.
—Y además, no quiero… tengo que estar enamorada. Ya sé que me queda mucho por aprender, pero —vaciló—. No puedo y quiero subir a mi habitación. Por favor.
—Adelante —dijo bruscamente—. No voy a detenerte. Pero tu madre debería haberte advertido sobre el peligro que encierra animar a los hombres.
Esas palabras resonaron en su cabeza mientras se encaminaba a su dormitorio y sintió la mirada de Callum sobre su espalda. Era consciente de que estaba huyendo, presa del pánico. El deseo y la lujuria estaban bien, pero no lo eran todo. Destiny necesitaba estabilidad, seguridad, un matrimonio e hijos, aun que fuera de otra época. Se tumbó en la cama, hundió la cara en la almohada y pensó que tenía que tomar una decisión. Sabía que estaba haciendo equilibrios sin red y no quería caer al vacío. Necesitaba que alguien la recordara cual era su sitio en el mundo y solo había una persona a quien podía acudir.