¿Qué es la cuarta dimensión?

En la actualidad nuestras acciones están condicionadas en buena medida por nuestras teorías. Hemos abandonado el modo de vida simple y espontáneo de las antiguas civilizaciones por otro regulado por los supuestos de la ciencia y completado con todos los artificios del intelecto. En semejante situación es posible concebir que el peligro surja, no ya de una carencia de conocimientos y de habilidades prácticas, sino incluso de la misma presencia y posesión de ambos en un cierto sector cuando en los restantes falta información. Si, por ejemplo, construyéramos casas con nuestros actuales conocimientos de las leyes físicas y de las experiencias de la mecánica, sin tener en cuenta las condiciones impuestas por la fisiología, probablemente —por adaptar una aparente conveniencia— las haríamos perfectamente estancas, y las mansiones mejor construidas estarían llenas de asfixiantes cámaras. El conocimiento del organismo humano y de las condiciones necesarias a su salud nos preserva del daño que sufriríamos a causa del desarrollo de nuestros poderes sobrenaturales.

Igualmente, el equilibrio mental está protegido de los peligros que acompañan a un interés concentrado en argumentos que no tienen un contacto directo con la realidad.

Pero no por eso deberíamos abandonarlos.

El curso del conocimiento es como el flujo de un poderoso río que, atravesando las fértiles tierras bajas, recoge en su seno la contribución de cada valle. En semejante río es probable que desemboque un torrente de montaña, el cual, encontrando difícil su paso entre las estériles tierras altas, se precipita por alguna escarpada pendiente en el curso de agua más importante, exhibiendo en el momento de su confluencia el más hermoso espectáculo de que es capaz un sistema fluvial. Y esta corriente es el símbolo más idóneo de una línea de pensamiento matemático, que, atravesando difíciles y recónditas regiones, sacrifica, por mor de su limpidez cristalina, la riqueza que aportan estudios más concretos. Semejante curso puede resultar estéril si nunca se incorpora al curso principal de las observaciones y experimentaciones. Pero, si logra abrirse camino hasta la gran corriente del saber, en el momento de su confluencia proporciona un espectáculo de sublime belleza intelectual, contribuyendo así a revitalizar la corriente con un poco de impulso y de misteriosa habilidad.