Agradecimientos

Muchas gracias a Doug Bennett, por llevarme a Pentonville y sacarme de allí el mismo día, y compartir más tarde conmigo sus visiones sobre las cárceles y su funcionamiento; a Jim Burr, por su imaginaria visita a White Deer, Texas, y por las aventuras de Nueva York; a Ros Stanwell-Smith, por su detallada y entusiasta descripción de las plagas y cómo iniciarlas; a Barbara Boote, mi incansable editora, cuyo entusiasmo ha resultado ser el mejor acicate de la inventiva.