ACTO PRIMERO

San Luis de Francia fundó en el siglo XIII el Hospicio de los Quince Veintes para dar cobijo a trescientos ciegos de París. Miente la leyenda que la fundación fue hecha por el rey para recoger allí a trescientos de sus caballeros, cegados en la Cruzada. Mas el Hospicio no se creó para nobles, sino para mendigos, y mendigos siguieron siendo, siglo tras siglo, casi todos los desvalidos invidentes que en él encontraron amparo. En la Edad Moderna la Institución conoció, no obstante, prósperos tiempos. Las bulas y edictos a su favor de papas y reyes, el acopio de legados, mandas y limosnas, la volvieron poderosa, y sus rectores hubieron de reprimir el lujo con que llegaron a vestir los pensionistas. La venerable fundación ha llegado hasta nuestros días y se encuentra hoy en el antiguo cuartel de los mosqueteros negros, cerca de la plaza de la Bastilla, lugar donde fue trasladada en 1780. Nueve años antes, el Hospicio de los Quince Veintes se hallaba en Champourri, donde fue fundado: terreno vecino al claustro de San Honorato que hoy ocupa en parte la plaza del Carrousel. Por concesión regia, el desaparecido edificio multiplicaba en aposentos y utensilios las lises francesas, que también ornaban las ropas de los acogidos. Pero la limosna no deja de ser el principal medio de vida de los ciegos, y en el siglo XVIII una gran parte de los flordelisados pensionistas sigue mendigando. Del Hospicio a la Feria de San Ovidio, que se celebraba desde aquel año en la que es hoy plaza de la Concordia y era entonces la plaza de Luis XV, las andanzas de un grupo de ellos determinaron sin saberlo el destino de un gran hombre y motivan esta historia. La calle se supone a veces en el primer término. En el resto del escenario, elevado mediante un entarimado con uno o dos peldaños, el Hospicio, la casa de Valindin y la barraca de la Feria son sugeridos sobriamente según lo requiere la acción.

(Antes de alzarse el telón se oye rezar a un coro de hombres y mujeres. El telón se levanta sobre una sala del Hospicio: grandes cortinas azules, salpicadas de flores de lis, penden tras los peldaños del entarimado. De cara al proscenio y a la derecha, la PRIORA, en pie e inmóvil. Es una dama de fría mirada, vieja y magra, que parece pensativa. Tras ella, cerca de los peldaños, dos monjas. A la izquierda, el señor VALINDIN, sonriente, observa a la PRIORA. Es un cincuentón recio y de aire resuelto, con los cabellos sin empolvar. Viste negra casaca de terciopelo con botones de plata, botas de media caña con vueltas claras y tricornio negro con fino galón plateado, que sostiene bajo su brazo derecho mientras con la izquierda acaricia el pomo del espadín que ciñe.)

(Sin mirarlo, la PRIORA le ordena silencio levantando la mano.)

(Una pausa.)

(Un silencio, que cortan las VOCES tras las cortinas.)

(VALINDIN se inclina y sale tras la monja por la izquierda bajo la mirada de la PRIORA. SOR ANDREA atisba por las cortinas.)

(SOR ANDREA se inclina y sale por el centro de las cortinas. La PRIORA pasea, pensativa. Se oyen dos palmadas de SOR ANDREA que la distraen un segundo de su meditación y luego sigue su paseo.)

(SOR ANDREA reaparece y sostiene la cortina mientras entran los seis ciegos, a alguno de los cuales ayuda a bajar los peldaños.)

(Van bajando los ciegos. El último es GILBERTO, que sonríe con aire inocente.)

(Tocándose unos a otros, se alinean ante la PRIORA.)

(La PRIORA sonríe sin gana, contesta con un gruñido y sigue paseando. La hilera de los seis ciegos aguarda. Al pronto no es fácil distinguirlos. Sus ojos sin vida, la cortedad de sus movimientos, las ropas seglares, que, si bien diferentes, se parecen entre sí por lo humildes y maltrechas, el cayado que trae cada uno y el rectángulo de tela azul con una flor de lis color de azafrán, emblema de los Quince Veintes que todos llevan cosido al pecho, contribuyen a confundirlos. Vienen todos destocados y, excepto LUCAS, llevan colgada del cuello con una cuerda la caja de hojalata para las limosnas, que descansa sobre el pecho bajo la flor de lis. Una observación más detenida permite advertir lo distintos que son. LUCAS es un viejo de cabellos grises y aire fatigado. DONATO, un muchacho que aún no cuenta diecisiete años, cuyos movimientos y sonrisas quieren ser desenfadados, pero carecen de aplomo y denuncian la inseguridad de la adolescencia. Su rostro no carecería de gracia si no fuese porque lo tiene atrozmente picado por las viruelas que lo dejaron ciego. NAZARIO es maduro y corpulento, de fuertes manos y ancha cara, donde también quedan algunas señales de viruela; cara sonriente y burlona por lo general, de pícaro de ferias. ELÍAS es un ciego flaco, de párpados cerrados sobre la atrofia de sus ojos, que, en cambio, nunca sonríe. GILBERTO ya no es un mozo: acaso tenga cuarenta años. Su fisonomía angulosa y trabajada posee cierta belleza dolorosa y viril; sus ojos, que bizquean un tanto, parecen a veces mirar. Mas todo ello contrasta con la risa boba, las infantiles inflexiones de la voz, la aniñada inocencia del meningítico. Finalmente, DAVID es un ciego de unos treinta y cinco años, pálido y delgado, cuyas bellas manos varoniles permanecen ahora quietas en contraste con las de sus inmóviles compañeros, que traicionan con sus leves palpaciones sobre las ropas la expectación con que aguardan las palabras de la PRIORA.)

(Calla.)

(La PRIORA lo mira fijamente. Luego desvía sus ojos y da unos pasos.)

(Sale. Un silencio hondo.)

(Lo hace.)

(Tantea con el cayado y se sienta a su vez. GILBERTO, LUCAS y ELÍAS se sientan. DAVID sigue en pie, sin moverse. Vuelve el silencio.)

(Se relame.)

(DAVID vuelve la cabeza para escucharlo.)

(DAVID deniega en silencio, irritado y conmovido.)

(DAVID se retuerce las manos, indeciso. Un silencio.)

(LUCAS chasquea la lengua con pesar.)

(Breve pausa.)

(ELÍAS ríe.)

(Carcajadas de ELÍAS, que secunda, inocente, GILBERTO.)

(Tantea y le estrecha la mano, que retiene.)

(Un silencio.)

(Sube los peldaños.)

(NAZARIO y él salen por las cortinas.)

(GILBERTO se levanta y lo toma del brazo.)

(Salen los dos por las cortinas. Una pausa.)

(Comienza a oírse el allegro del Concerto grosso, en sol menor, de Corelli. Oscuro lento. Cuando vuelve la luz las cortinas se han descorrido y vemos un aposento de la casa del señor VALINDIN. Hay una puerta al fondo, otra en el chaflán izquierdo y otra en el primer término de la derecha. A la derecha, una mesita con un joyero de plata, una labor de calceta, una jarra de vino y copas. Algunas sillas junto a la mesita y las paredes. Es el saloncito de un burgués acomodado. El concierto sigue oyéndose unos instantes. Cuando cesa se abre la puerta del fondo y entra VALINDIN con aire satisfecho.)

(Se sirve una copa de vino y, tras una ojeada a la puerta de la derecha, se la bebe de un trago. Luego mueve la mesita y da unos golpecitos en una de sus patas.)

(Mueve la mesita.)

(La coge y la mira.)

(Va a ponérsela.)

(Lo hace y la besa en el cuello.)

(Se separa y pasea.)

(Golpecitos en la puerta del fondo.)

(Se abre la puerta y aparece CATALINA, una sirviente no mal parecida y de aire bobalicón.)

(Se encamina a la derecha.)

(ADRIANA, contrariada, se sienta junto a la mesita y toma su calceta. CATALINA conduce a NAZARIO, tras el cual, tocándose, entran los restantes ciegos. El emblema de los Quince Veintes ha desaparecido de sus pechos.)

(Pausa.)

(ADRIANA ahoga una exclamación de desagrado. VALINDIN considera, perplejo, a GILBERTO.)

(VALINDIN mira a ADRIANA, que menea la cabeza, disgustada; se toca la frente con un dedo y deniega, despectivo, para indicarle que DAVID no debe de estar en sus cabales.)

(Los ciegos se buscan entre sí y tantean el camino con la seca musiquilla de sus garrotes.)

(VALINDIN sale.)

(Los ciegos salen tras él y el ruido de sus cayados se va perdiendo. DAVID, que va a salir el último, se vuelve despacio, bajo el vago recuerdo de que alguien sigue en el aposento. ADRIANA lo mira fijamente y se levanta, dejando su labor.)

(Entra JERÓNIMO LEFRANC: un hombre flaco, de enfermiza palidez y turbia sonrisa. Viste con cierto atildamiento, pero la ropa es vieja. Lleva sin empolvar el cabello y la blancura de sus puños y chorrera es más que dudosa.)

(VALINDIN entra por el chaflán.)

(Se encamina al chaflán.)

(Amortiguado por la distancia, comienza a oírse un violín que toca el adagio del tercer tiempo del concierto de Corelli.)

(VALINDIN va a la mesita, se sirve una copa y bebe.)

(Golpecitos en el fondo.)

(Entra CATALINA.)

(VALINDIN da en la mesa un golpe que, extrañamente, parece de contrariedad.)

(Y se encamina rápido al chaflán, seguido del violinista.)

(Sale con LEFRANC. CATALINA sale también. Una pausa, durante la que ADRIANA escucha, intrigada, el violín lejano. Entra IRENEO BERNIER. Viste de menestral y aparenta cincuenta años, aunque tal vez cuente menos. Su aire es humilde; el rostro denuncia su origen campesino.)

(El violín calla. Ella va al chaflán, escucha un momento y cierra la puerta.)

(BERNIER mira la mesa.)

(El chaflán se abre y BERNIER calla. LEFRANC entra con mala cara y se detiene en el primer término. Tras él, DAVID, que va rápido a su lado, pero que tantea constantemente a su paso, muebles, quicios, paredes. Entra, finalmente, VALINDIN y se cruza de brazos cerca del chaflán, conteniendo su indignación.)

(DAVID titubea.)

(DAVID vuelve la cabeza al escucharle.)

(De pronto, DAVID va hacia la mesita. ADRIANA se levanta al verle llegar; él nota su presencia y se desvía, tanteando el borde. Ante BERNIER vacila y tantea la pared con el garrote.)

(DAVID se acerca a la puerta.)

(Pasea, alterado.)

(Y da al tiempo un seco golpe con la punta de su garrote sobre el pie de VALINDIN, quien se separa con una exclamación de dolor. DAVID retrocede un paso, alerta. VALINDIN lo mira fijamente.)

(VALINDIN mira a LEFRANC, que hace un gesto de incredulidad.)

(DAVID se desprende y, muy despacio, sale por el chaflán seguido de LEFRANC. VALINDIN corre a la puerta y cierra suavemente. BERNIER carraspea y mira a ADRIANA.)

(Se sirve una copa de vino.)

(Bebe. ADRIANA suspira y se sienta, reanudando su labor.)

(Sale BERNIER.)

(Va a salir. ADRIANA se levanta.)

(Se acerca.)

(Sale por el fondo. Una pausa. ADRIANA se acerca al chaflán y escucha. Luego va, despacio y cavilosa, al centro de la sala, donde se detiene un segundo para mirar con disgusto su labor. Al fin suspira y se encamina rápida a la puerta de la derecha. Cuando va a salir se detiene porque la puerta del chaflán se abre. Entra LEFRANC, seguido de DAVID y de DONATO, que traen sus violines.)

(Y sale por el chaflán, cerrando. ADRIANA se acerca, intrigada.)

(DAVID se dirige a una silla, se cerciora de que está allí y se sienta, bajando la cabeza.)

(DAVID levanta la cabeza un momento.)

(Deja el violín en el suelo y se toma las manos.)

(Bebe, nervioso. ADRIANA se acerca a DAVID con la otra copa.)

(Acaricia sobre sus rodillas el violín; pizca una cuerda, que emite su sorda nota.)

(Abre la puerta y sale, cerrando.)

(De pronto, llega el sonido amortiguado del adagio de Corelli. ADRIANA mira al fondo, perpleja.)

(DONATO se estremece. Impulsivo, toma con sus dos manos la de ella.)

(Le besa la mano y, sin soltársela, solloza.)

(La puerta del chaflán se abre. DONATO retira aprisa sus manos y procura esconder su rostro. Entra LEFRANC.)

(Recoge su violín.)

(Se levanta y da unos pasos torpes. ADRIANA lo toma de la mano.)

(LEFRANC va a la puerta del fondo.)

(Sale con él por el chaflán. ADRIANA corre a cerrar la puerta y va después a la del fondo. La abre sin ruido y mira afuera. El violín se oye más fuerte. ADRIANA sale. Momentos después calla el violín.)

(Un silencio.)

(DAVID da unos pasos hacia la izquierda.)

(Sigue su camino.)

(Va a salir.)

(Pausa.)

(Llega a la puerta, la abre sin titubeo y sale, cerrando. Turbada, ADRIANA llega a ella y toma el picaporte con intención de abrir, mas no se decide. VALINDIN entra por el fondo sin ruido. La observa sonriente y al fin choca dos llaves iguales que trae en la mano. ADRIANA se vuelve con un respingo. VALINDIN ríe.)

(Abre el joyero.)

(VALINDIN gruñe y pasea, hosco. ADRIANA se sienta sin perderle de vista.)

(Ríe a carcajadas.)

(Le acaricia una oreja.)

(ADRIANA descubre su rostro.)

(Le ofrece una copa.)

(Beben entre risas.)

TELÓN