SEIS MIL LENGUAS QUE CONSERVAR

La facultad humana del lenguaje, propiedad única y distintiva de nuestra especie, ni se manifiesta en abstracto, ni se corresponde con una lengua única. Ni siquiera existe una lengua particular y privilegiada que represente de manera fiel las características esenciales de la facultad lingüística. Más bien al contrario, cada una de las lenguas del mundo, sin prioridad alguna, ha de ser entendida como una de las realizaciones posibles, o de las concreciones, de la predisposición general de los humanos hacia el lenguaje.

La multiplicidad de las lenguas del mundo, en torno a las seis mil, es un caso relativamente paralelo al de la variedad y la diversidad de las especies de los mundos vegetal y animal, dignas de ser conservadas y potenciadas. Además, es muy frecuente que cada lengua se encuentre asociada a una cultura: una cultura que deja sus huellas en el léxico de la lengua. Desde esta perspectiva, la defensa de la diversidad lingüística es indisociable de la reivindicación de la dignidad de los grupos humanos, porque todos comparten, bajo formas diferentes, las mismas propiedades del lenguaje.

El panorama lingüístico del mundo ha sido objeto de estudio y de clasificación durante los dos últimos siglos. Las lenguas pueden ser agrupadas básicamente a partir de dos criterios: el criterio genético, que establece familias de lenguas (gracias al estudio de los parecidos y las diferencias), y el criterio tipológico, que investiga las características internas de las lenguas en un ejercicio de comparación estructural.

De este segundo método deriva de forma natural la investigación sobre los universales lingüísticos o las propiedades comunes a todas las lenguas, que, hipotéticamente, deberán ser asignadas a la facultad común del lenguaje: si las seis mil lenguas del mundo tienen verbos, por ejemplo, se ha de deducir en consecuencia que la posibilidad de hacer referencia a las acciones es un universal lingüístico y, por lo tanto, propiedad de la condición humana.

La variedad lingüística del mundo incluye, entre otros, dos casos especiales. Por un lado, el problema de las lenguas artificiales creadas idealmente para superar la maldición mítica de la torre de Babel. Por otro lado, la creación de lenguas mixtas en determinadas situaciones de contacto lingüístico.